Paradiso: edición críticaParadiso es, en principio, el viaje ritual que Dante Alighieri cumple en la Divina Comedia, al tener que descender a los infiernos Para luego reaparecer dejando en prenda su luz en la oscuridad. Esto hace de Paradiso una obra aut nticamente dentro de la tradici n rfica. la edici n cr tica de esta obra fundamental de la literatura latinoamericana est coordinada por Cintio Vitier y participan en el an lisis de la obra: Ciro Bianchi Ross, Raquel Carri , Julio Ortega, Benito Pelegr n, Severo Sarduy, Justo C. Ulloa y Mar a Zambrano, entre otros. |
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Índice
Las vías del desvío en Paradiso Retórica de la oscuridad Benito | 621 |
Lecturas concurrentes Resúmenes críticos de los capítulos | 646 |
morfología de la excepción Julio | 682 |
Bibliografía establecida por Justo C Ulloa y Leonor A Ulloa | 767 |
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Términos y frases comunes
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Pasajes populares
Página 232 - ... respuesta, pero siempre he soñado, y esa ensoñación será siempre la raíz de mi vivir, que esa sería la causa profunda de tu testimonio, de tu dificultad intentada como transfiguración, de tu respuesta. Algunos impostores pensarán que yo nunca dije estas palabras, que tú las has invencionado, pero cuando tú des la respuesta por el testimonio, tú y yo sabremos que sí las dije y que las diré mientras viva y que tú las seguirás diciendo después que me haya muerto.
Página 184 - Pero esas tres manchas le dieron en verdad el relieve de esplendor a la comida. En la luz, en la resistente paciencia del artesanado, en los presagios, en la manera como los hilos fijaron la sangre vegetal, las tres manchas entreabrieron como una sombría expectación.
Página 35 - ... después, sin poder precisar en qué cuadrado del tablero comenzaría a cantar. A veces, la voz desprendida del cuerpo, evaporada lentamente, se reconocía en torno a las lámparas o al ruido del agua en los tejados, mientras el cuerpo se hacía más duro al liberarse de aquellas sutilezas y corrientes lunares. Se entreabrió la puerta, y apareció amoratada, en reverso, chillante, la mujer que despaciosamente abría y alineaba la boca como extraída de la resistencia líquida, con las pequeñas...
Página 163 - Un rápido animismo iba transmutando las losetas, como si aquel mundo inorgánico se fuese transfundiendo en el cosmos receptivo de la imagen. Por un momento parecía que se mantenía en acecho, semejante a la oreja parada o moviente del gamo, cuando percibe la llegada de un ruido embozado, umbral de una sensación muy delicada, que se apresta a reconocer si se trata de una visita, de un enemigo o de un conjuro.
Página 232 - ... rezaba el rosario y me decía: ¿Qué le diré a mi hijo cuando regrese de ese peligro? El paso de cada cuenta del rosario, era el ruego de que una voluntad secreta te acompañase a lo largo de la vida, que siguieses un punto, una palabra, que tuvieses siempre una obsesión que te llevase siempre a buscar lo que se manifiesta y lo que se oculta. Una obsesión que nunca destruyese las cosas, que buscase en lo manifestado lo oculto, en lo secreto lo que asciende para que la luz lo configure.
Página 204 - Farraluque — . Y lo peor del caso es que no sé por qué me han impuesto ese castigo. — El director y su esposa han salido — le contestó la criadita — . Estamos pintando la casa, si nos ayudas, procuraremos recompensarte — . Sin esperar respuesta, cogió por la mano a Farraluque, yendo a su lado mientras subían la escalera. Al llegar a la casa del director, vio que casi todos los objetos estaban empapelados y que el olor de la cal, de los barnices y del aguarrás, agudizaban las evaporaciones...
Página 138 - A pesar luego de áspides volantes 420 — sombra del Sol y tósigo del viento — de caribes flechados, sus banderas siempre gloriosas, siempre tremolantes, rompieron los que armó de plumas ciento lestrigones el istmo, aladas fieras: 425 el istmo que al Océano divide, y — sierpe de cristal — juntar le impide la cabeza, del Norte coronada, con la que ilustra el Sur cola escamada de antarticas estrellas.
Página 210 - ... ánimo, en el sistema nervioso de una ciudad. En el primer café de la esquina, pudo observar cómo el padre de una niña, intentaba quitarle la grasa residual de un mantecado de su blusa blanca con puntitos azules. En la otra esquina una manejadora, toda de blanco, intentaba arrancar a una niña del farol donde se había trabado su globo rojo con negros signos islámicos. Cerca de la alcantarilla, un garzón soltaba su trompo, traspasándolo después a la palma de la mano. Se rascaba la mano,...

