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de nosotros en los venideros tiempos quedase un glo- los navarros en esta batalla, porque su rey don Filipe rioso nombre y perpetua fama, pues con vuestro es- se hallaba embarazado en las guerras de Francia. Era fuerzo, valerosos soldados, tenemos ya sujetas todas gobernador de Navarra Reginaldo Poncio, hombre de las provincias que con nuestro imperio confinan. El nacion francés. Don Gil de Albornoz, arzobispo de Toamor de nuestra nacion y el deseo del aumento de nues- ledo, nunca se quitó del lado del rey de Castilla, que tra sagrada y paterna religion y vuestros ruegos me siendo en la batalla casi desamparado de los suyos, se hicieron pasar en España. Cosa fea seria no cumplir en iba á meter con grande furia donde se via el mayor golla batalla lo que en tiempo de la paz me teneis prome- pe de los moros, mas el Arzobispo le echó mano del tido, y mal parecerá ser flojos en la pelea y en sus casas brazo y le detuvo. Díjole con una grande voz no pusiese hacer grandes amenazas y blasones. Cuando nuestros en contingencia una victoria tan cierta con arriscar inenemigos fueran otros tantos como nos, estuviera yo consideradamente su persona. Ganóse esta batalla el en vuestro valor bien confiado; cuando el peligro fuera año de 1340 de nuestra salvacion. Del dia varían los cierto, sin duda tuviera por mejor quedar todos muer- historiadores, empero nosotros de certísimos memotos en el campo que mostrar ninguna flaqueza. Al riales tenemos averiguado que esta nobilísima batalla presente teneis llana la victoria, nuestros enemigos son se dió lúnes, 30 de octubre, como está señalado en el pocos, mal armados, sin disciplina militar y con me- Calendario de la iglesia de Toledo, do cada año por annos uso de la guerra; lo que mas al ente se puede tigua constitucion con mucha solemnidad y alegría se temer es no sea caso de menos valer venir á las manos celebra con sacrificios y hacimiento de gracias la mecon gente semejante aquellos que han domado la pode- moria desta victoria. rosa Africa, pues de cualquiera manera que á ellos les avenga , les será mucha honra contrastar con nosotros.

CAPITULO VIII. Tened presentes aquellas insignes victorias de Fez, de

De lo restante desta guerra. Tremecen y del Algarve. Pelead con aquel ánimo y con aquella confianza que es razon tengan concebida en sus Los moros, vencidos y desbara tados, se recogieron pechos los que están acostumbrados á vencer. Acome- á Algecira, dende, por no confiarse de la fortificacion ted con gallardía, tened firme en los peligros, menos- de aquella ciudad, con temor de ser asaltados de los preciad vuestros enemigos y aun la misma muerte.» nuestros, el rey de Granada se fué á Marbella, y AlboDe parte de los cristianos guiaron al rio y llegaron los hacen á Gibraltar, y la misma noche se pasó en Africa primeros don Juan de Lara y don Juan Manuel. Estu- por miedo que su hijo Abderraman, á quien dejara por vieron un rato parados, no se sabe si de miedo, si por gobernador del reino, no se alzase con él cuando suotra ocasion; pero es cierto que se sospechó y derramó piese la pérdida de la batalla; que los moros no guarpor todos los escuadrones que estaban conjurados y dan mucho parentesco ni lealtad con padres, hijos ni que lo hacian de propósito. Los dos hermanos Lasos, mujeres; cásanse con muchas, segun la posibilidad y Gonzalo y García , pasado un pequeño puente, fueron hacienda que cada uno alcanza, y con la multitud dellas los primeros que comenzaron á pelear. Cargó muy ma- y de los hijos se mengua y divide el amor, y las unas y yor número de enemigos que ellos eran; estaban estos las otras se estiman y quieren poco. Así, Albohacen no caballeros muy apretados, socorriólos Alvar Perez de sintió mucho le hobiesen cautivado en esta batalla á su Guzman, siguiéronles los demás. El rey de Portugal principal mujer Fátima , hija del rey de Túnez, y otras caminaba a la parte siniestra por la ladera de los cer- tres de sus mujeres y á Abohamar, su hijo; otros dos ros. El rey de Castilla , con un poco de rodeo que hizo hijos de Albohacen fueron muertos en la batalla. Los la vuelta de la marina, con grande impetu dió en los reales de los moros se hallaron llenos de todo género moros. Alzaron de ambas partes grandes alaridos, ani- de riquezas, así del Rey como de particulares, costosos mábanse unos á otros á la batalla , peleábase por todas vestidos, preseas y tanta cantidad de oro y plata , que partes valerosamente. Detienense los escuadrones y á fué causa que en España abajase el valor de la moneda pié quedo se matan, hieren y destrozan. Los capitanes y subiese el precio de las mercadurías. Nuestros reyes hacen pasar los pendones y banderas á aquellas partes victoriosos se volvieron la misma noche á los reales; donde es la mayor priesa de la batalla y donde ven que de los soldados, los que ejecutaron el alcance volvieron los suyos tienen mayor necesidad de ser acorridos. Cier- cansados de herir y matar; otros que tuvieron mas coditas bandas de los nuestros se apartaron de la hueste por cia que esfuerzo, tornaron cargados de despojos. El dia sendas que ellos sabian; dieron en los reales de los mo- siguiente se fueron á Tarifa, repararon los muros que ros, y desbaratada la guarnicion que los guardaba , se por muchas partes quedaron arruinados, basteciéronla los ganaron. Destruyeron y robaron cuanto en ellos ha- y pusieron en ella un buen presidio. El miedo que tellaron. Visto esto por los moros que andaban en la ba- nian los moros era grande, y parece fuera acertado potalla, y hasta entonces se defendian valientemente, co- ner luego cerco sobre Algecira; pero desistieron de la menzaron á desmayar y retraerse, y á poco rato voivie- conquista de aquella ciudad á causa que no venian aperron las espaldas y fueron puestos en huida. Fué grande cebidos de mantenimientos y mochila sino para pocos la matanza que se hizo, murieron en la batalla y en el dias, de que se comenzaba á sentir falta. Por esto y alcance docientos mil moros, cautivaron una gran mul- porque ya entraba el invierno, les fué forzoso á los re. titud dellos; de los cristianos no murieron mas de vein- yes volverse á Sevilla. Allí fueron recebidos con pompa te, cosa que con dificultad se puedecreer y que causa Triunfal; saliólos á recebir toda la ciudad, niños y viegrande espanto. Los soldados de la armada fueron de jos, eclesiásticos y seglares y todos estados de gente. poco provecho, porque todos los aragoneses, sin faltar Llamábanlos con alegres y amorosas voces augustos, uno, se estuvieron dentro de sus naves. No se hallaron libertadores de la patria, defensores de la fe, principes victoriosos. En toda España se hicieron muchas pro- | queria poner cerco sobre Málaga ; ocupáronse los mocesiones para dar graciasá Dios, nuestro Señor, por tan ros y embebeciéronse en bastecerla, y luego el Rey de alta victoria como les diera , grandes fiestas y alegrias improviso cercó á Alcalá la Real, que se le entregó á y luminarias por todos el reino. El rey de Portugal de partido en 26 de agosto, con que dejase salvos y libres toda la presa de los moros tomó algunos jaeces y alfan- á los de la villa. Causó esta pérdida grande dolor á los jes para que quedasen por memoria y señal de tan in- moros por ver como fueron engañados. Tomada esta signe victoria. Dierónsele algunos esclavos y volvióse á villa, Priego, Rutes, Benamejir y otras villas y castisu reino, ganada grande fama y renombre de defensor llos de aquella comarca se rindieron al Rey, unas dellas de los cristianos y de capitan valeroso. Acompañóle su por su voluntad se entregaron, y otras fueron entradas yerno el rey de Castilla hasta Cazalla de la Sierra. De la por fuerza; sucedian á los vencedores todas las cosas presa de los moros envió á Aviñon al papa Benedicto prósperamente, y á los vencidos al contrario; así aconen reconocimiento un presente de cien caballos con tece en la guerra. Volvióse el ejército á invernar, y en sendos alfanjes y adargas colgados de los arzones, y lugares convenientes se dejaron presidios para que viente y cuatro banderas de los moros y el pendon real guardasen las fronteras. Tenia el Rey puesto todo su y el caballo con que el mismo rey don Alonso entró en cuidado y pensamiento en cercar á Algecira y en allela batalla y otras cosas. Salieron un buen espacio los gar para ello dineros de cualquiera manera que pudiese. cardenales á recebir el embajador, por nombre Juan Aconsejáronle que impusiese un nuevo tributo sobre Marlinez de Leyva, que llevaba este mandado. El Papa, las mercadurías. Esta traza , que entonces pareció fádespues de dicha la misa , como es de costumbre, en cil, despues el tiempo mostró que no carecia de graves accion de gracias á nuestro Señor delante de muchos inconvenientes. Es tan corto el entendimiento humano, principes y de toda la corte predicó y dijo grandes que muchas veces viene á ser dañoso aquello que pricosas en honra y alabanza del rey don Alonso. Despues mero se juzgó prudentemente que seria provechoso y desto hizo el rey de Castilla almirante del mar á un ca- saludable; tomado este consejo, el Rey se partió para ballero ginovés, llamado Gil Bocanegra , y le enco- Burgos, ciudad principal; dejó la frontera encargada al mendó guardase el estrecho de Gibraltar, porque los maestre de Santiago. Tuvo la pascua de Navidad en Vamoros no rehiciesen su armada y volviesen á entrar en lladolid en el principio del año de 1342. Llamó el Rey á España; esto por gratificar á los ginoveses lo que sir- | Búrgos muchos grandes y prelados, y en particular á don vieron en esta jornada, y tambien porque, como era Gil de Albornoz, arzobispo de Toledo, y á don Juan acabada la guerra, no mandasen volver sus galeras, co- de Lara y á don García, obispo de Burgos, para que mo lo hicieron los aragoneses y portugueses , bien que terciasen y granjeasen las voluntades. Por la grande despues las volvieron á enviar en mayor número que instancia que el Rey y estos señores liicieron, los de de antes á instancia y ruego del mismo rey de Castilla, Búrgos concedieron al Rey la veintena parte de lo que que se recelaba , y con él todos los hombres inteligen- se vendiese para que se gastase en la guerra de los motes y de mas prudencia juzgaban que los moros no so- ros; concedióse otrosi por tiempo limitado, tan solasegarian, sino que, rehecho que hobiesen su ejército, mente mientras durase el cerco de Algecira. A imitacion á la primavera volverian á España y acometerian de nue- de Burgos concedieron lo mismo los de Leon y casi tovo su primera demanda.

das las demás ciudades del reino. El ardiente deseo que

entonces todos tenian de acabar la guerra de los moros CAPITULO IX.

los allanaba, ninguna cosa les parecia demasiada. AdeDel principio de las alcabalas.

lante, perdido ya el miedo, el uso ha enseñado cuán

oneroso sea este tributo si por rigor se cobrase. Los miLibres de un miedo tan grande, así el Rey como los nistros reales por granjear el favor del Rey procuraban españoles, por la victoria que ganaron á los moros cerca acrecentar las rentas reales con mucha industria. El de Tarisa, crecióles el ánimo y deseo de desarraigar del próspero suceso de muchos que han seguido este camitodo las reliquias de una gente tan mala y perversa. no hace que sean muy validas mañas semejantes. LlaTrataban de llegar dinero para la guerra, que se enten- móse este nuevo pecho ó tributo alcabala, nombre y dia seria larga. El oro y plata que se ganó á los moros ejemplo que se tomó de los moros. Alentaron al reino Jo mas dello se despendió en hacer mercedes y premiar para que esto concediese unas nuevas que á esta sazon los soldados y en pagarles el sueldo que se les debia. El vinieron que los nuestros habian vencido la armada reino se hallaba muy falto y gastado con los tributos y de los moros. Estaban en Ceuta en la costa de Africa pechos ordinarios; solos los mercaderes eran los que ochenta y tres galeras para renovar la guerra, y en el restaban libres, ricos y holgados; todos los demás estados puerto de Bullon otras doce. A estas, diez galeras nuese pobres y oprimidos con lo muchoque pechaban. En Elle- tras que sobrevinieron a la primavera , antes que tuvierena y en Madrid concedió el reino un servicio extraor- sen tiempo de poderse juntar con las demás de su ardinario, de que se llegó una razonable suma de dinero, mada las embistieron y destrozaron; despues toda la pero era muy pequeña ayuda para tan grandes gastos armada de los moros, que aporló á la boca del rio Guacomo tenian hechos y se recrecian de nuevo. Sin embar- damecil, fué vencida en una muy reñida y memorable go, en el principio del año de nuestra salvacion de 1341 balalla. Tomaron y echaron á fondo veinte y cinco gadesde Córdoba, do se mandó juntar el ejército, se hizo leras de los enemigos, y mataron dos generales, el de entrada en el reino de Granada; alcanzaron una famosa Africa y el de Granada. No se hallaron en esta batalla victoria, mas con industria y arte que con poder y fuer- las galeras de Aragon; verdad es que al volver de Arazas; enviaron algunas naves cargadas de mantenimien- gon, do eran idas, vencieron junto á Estepona trece gatos para desmentir al enemigo con dar muestra que se leras que encontraron de los moros, cargadas de bastimentos. Rindieron cuatro dellas y echaron dos al fondo. torre de Cartagena, puesta cerca de la ciudad. El Rey Las demás se pusieron en huida y se salvaron en la cos- estuvo un dia en liarto peligro de ser muerlo con un ta de Africa. No parecia sino que la tierra y el mar de puñal que para ello un cautivo arrebató a un soldado; acuerdo favorecian y ayudaban á la felicidad y fortale- hiriérale malamente, si de presto no se lo estorbaran za de los cristianos. Diéraseles mayor rota si en Gua- los que se hallaron con él. Entendíase que el cerco iria damecil fueran por mar y por tierra acometidos los mo- muy á la larga; comenzaron á traer madera y fagina, ros. Con determinacion de hacerlo así era ido el Rey á y hacer losos y trincheas, que servian mas de atemomuy largas jornadas á Sevilla y despues á Jerez, en do rizar los cercados que no de provecho alguno. Entre le dieron la nueva de la victoria. Un caso que sucedió tanto que en esto andaban, en el mes setiembre, con forzó á los nuestros á dar la batalla. En la menguante grandísimo pesar del Rey, la armada de Aragon se fué del mar quedaron encalladas en unos bajíos tres naves con achaque de la guerra de Mallorca, para donde el de las nuestras, y como los moros las acometiesen, fué rey de Aragon se apercebia. Verdad es que despues á forzoso para defendellas trabar aquella batalla. muy re- ruegos

del

rey de Castilla le envió diez galeras de sonida y porfiada.

corro con el vicealmirante Mateo Mercero. Desde al

gunos dias le socorrió de otras tantas con el capitan CAPITULO X.

Jaime Escrivá, ambos caballeros valencianos. Murió á detenerse mucho en aquella comarca, porque tenia avi- mo de presentar la batalla. En el puerto de Ceuta teso que las ciudades vecinas se apellidaban contra él. nian aprestada una gruesa armada , allegada de las La otra gente fué desbaratada por Fernando de Agui- fuerzas de toda la Africa , para luego que diese lugar lar, que salió á ellos y les quitó una grande presa que el tiempo pasar en España. Venian estos de refresco y llevaban. Era ya entrado el año de 1343, y en Algecira descansados; los cristianos se hallaban quebrantaaun no se hacia cosa alguna que fuese de importancia, dos con los continuos trabajos y incomodidades. Las solamente se entendia en algunos pertrechos que Iñigo cosas de España, que corrian gran riesgo , los santos Lopez de Horozco por mandado del Rey solicitaba. Hi- patrones della las ampararon y la perpetua felicidad y ciéronse fosos, trincheas, y en contorno de la ciudad constancia grande con que el Rey vencia todos los mase labraron unas torres ó castillos de madera y tra- les y dificultades que ocurrian. Así, en unos mismos dias bucos y máquinas para batir los muros. Mas eran tantas le vino un buen número de gente de socorro de Inglalas defensas, preparamentos y tiros que de antiguo te- terra , de Francia y de Navarra, lugares muy apartados nia la ciudad, que con ellos todo el trabajo y diligencia los unos de los otros; acudieron muchos señores y node los nuestros era perdido y sin efecto, y las máqui- bles á ayudarle. De Inglaterra, con licencia del rey nas las haçian pedazos con picdras que de los muros Eduardo, los condes de Arbid y de Soluzber; de Franarrojaban; especial que el lugar no era á propósito pa- cia el conde de Fox con su hermano don Bernardo y ra poder cómodamente arrimar las máquinas á la mu- otros que se les juntaron. El papa Clemente VI, lemoralla, y ni los soldados podian tenerse en pié por la vicense, que el año antes fué electo en lugar de Beneaspereza del lugar, ni menos sin gran peligro podian dicto, tenia concedida cruzada á los que se hallasen andar ni estar en los ingenios. En el estrecho de Gibral- en esta santa guerra. El rey don Felipe de Navarra en tar hay dos senos en el tamaño desiguales, pero de una el mes de julio, enviados delante muchos mantenimienmisma forma. Tarifa está puesta sobre el menor, y un tos por mar, y dejando mandado le siguiese su ejército poco apartada estaba Algecira, asentada sobre el ina- por tierra , vino con gran priesa por no dejarse de layor en un cerro de subida agria y pedregosa. Y dejado llar en la batalla, que corria fama seria muy presto. El en medio un espacio, dividiase en dos partes, en la Rey, como era razon, recibió muy gran contento con vieja y en la nueva ; cada cual tenia sus muros enteros la venida destos príncipes , y á los nuestros con la ciery barbacana, como si fueran dos pueblos. Era esta ciu- ta' esperanza de la victoria les creció el ánimo y el dad en España la silla del imperio africano, nobilisima aliento para pelear. Vivieron antes don Juan Nuñez de y hermosísima. La grande diligencia del Rey y la guar- Lara y don Juan Manuel, y cada dia concurrian nuevas da de los soldados hacia que no entraban a los cercados compañías de todo el reino. Los moros, como vieron bastimentos, excepto algunos pocos que sin verlos, cu- tan reforzado el ejército del Rey, rehusaban dar la babiertos con la obscuridad de la noche, les metian en al- talla. Afrentábalos Albohacen por ello, enviábales á gunas barcas, muy pequeño refrigerio paru los que ya preguntar la causa de su miedo. Respondieron que en padecian hambre y necesidad.

naran, tenian

esta sazon Del cerco de Algecira.

maestre de Santiago de una larga enfer

medad, varon en paz y en guerra muy señalado, y en Con tantas victorias como por mar y por tierra se ga- este tiempo por la privanza que tenia con el Rey muy esperanza que

lo restante de la guerra se estimado. Dióse esta dignidad en los mismos reales á acabaria muy á gusto ; nuestra armada estaba junto don Fadrique, hijo del Rey, si bien por su poca edad á Tarifa en el puerto de Jatarez. Allí fué el Rey con el aun no era suficiente para el gobierno de la religion. En deseo grande que tenia de conquistar á Algecira para por el mes de otubre sobrevinieron tan grandes lluvias, mar reconocer el sitio della y la calidad de su tierra. Pa- que todo cuanto tenian en los reales destruyó y echó á recible que era unaprincipal ciudad, y su campaña muy perder. Comenzaron asimismo a sentir muchas desfértil, y los montes que la cercaban hermosos y apa- comodidades, en particular era grande la falta de dicibles; veíanse muchos molinos, aldeas y casas de pla- nero; que, por estar el reino muy falto y gastado , le cer esparcidos por aquellos campos cuanto la vista po- fué forzoso al Rey de pedirle prestado á los príncipes dia alcanzar. Con esto, y con que de los cautivos se amigos, al papa Clemente VI, que sucedió á Benedicsabia que la ciudad no estaba bien bastecida de trigo, to, á los reyes de Francia y de Portugal. Don Gil de se encendió mucho mas el ánimo del Rey en el deseo Albornoz, arzobispo de Toledo , fué para esto con emde ganarla y quitar á los moros una guarida tan fuerte bajada á Francia. Prestó aquel Rey cincuenta mil escuy segura como allí tenian; que ganada , todo lo demás dos de oro; veinte mil se dieron luego de contado, los juzgaba le seria fácil. Este ardor y deseo del Rey le demás en pólizas para que á ciertos plazos se pagasen entibiaba el verse con pequeño ejército y pocos basti- en bancos de Génova. El papa Clemente VI al lanto mentos; mas no obstante esto, con grande presteza otorgó cierta parte de las rentas eclesiásticas. Era esjuntó algunas compañías de los pueblos comarcanos y to pequeño subsidio para tan grandes empresas; pero llamó de por sí á muchos grandes. Vino el arzobispo de la constancia grande del Rey lo vencia todo. Los cerToledo don Gil de Albornoz, don Bartolomé, obispo cados, por entender que mientras el Rey viviese no de Cádiz, y los maestres de Calatrava y Alcántara con podian tener sosiego ni seguridad, hicieron grandes buena copia de caballeros. Los concejos de Andalucía, promesas á cualquiera que le matase. Decian que se hamovidos con el deseo grande que tenian de que esta ria un gran servicio á Mahoma en matar á un tan gran conquista se hiciese, enviaron á su costa mas gente de enemigo de los moros. No faltaban algunos que con sdaquella que por antigua costumbre tenian obligacion de mejante hazaña pensaban quedar famosos y ennoblecienviar. Y como quier que al que desea mucho una co- dos sin temor del riesgo á que. ponian sus vidas, que sa cualquiera pequeña tardanza se le hace muy larga, es lo que suele ser estorbo para que no se emprendan el Rey para proveer bastimentos y mumciones y lo de

graudes hechos. Un moro, tuerto de un ojo, que fué más necesario á esta guerra se partió á la ciudad de preso, confesó venia con intento de matar al Rey, y que Sevilla. Habíanse juntado dos mil y quinientos caba- olros muchos quedaban hermanados para hacer lo misllos y hasta cinco mil peones; con este ejército se puso mo. Así lo confesaron dende a pocos dias otros dos el cerco á Algecira en 3 del mes de agosto. La guarda moros que fueron presos y puestos á cuestion de tordel mar se encomendó á las armadas de Castilla y de mento; pero á los que Dios tiene debajo de su amparo Aragon, porque los portugueses, despues de la batalla los libra de cualquier peligro y desman. Los reyes moque se dió en el rio Guadamecil, se volvieron á Portu- ros deseaban socorrer á los cercados. El rey de Margal sin que en ninguna manera pudiesen ser detenidos. ruecos estábase quedo en Ceuta por no estar asegurado Entendíase que los cercados , confiados en la fortaleza de su bijo Abderraman, al cual por este tiempo costo de la ciudad y en la mucha gente que en ella tenian, no la vida el intentar novedades. El rey de Granada no se se querian rendir ni entregar la ciudad. Era la guarni- | atrevia con solas sus fuerzas á dar la batalla á los nuescion ochocientos hombres de á caballo y al pié de doce tros; mas porque no parecicse que no hacia algo , enmil flecheros, bastante número, no solo para defender vió algunas de sus gentes á que corriesen la tierra de la ciudad, sino tambien para dar batalla en campo Ecija, y él fué á Palma, pueblo que está edificado a la abierto. Hacian los moros muchas salidas, y con varios junta de los dos rios Jenil y Guadalquivir, saqueo y sucesos escaramuzaban con los nuestros; ganóseles la quemó esta villa. No osó dejar en ella guarnicion ni

la batalla pasada experimentaron harto á su costa cuán

grande fuese el esfuerzo y constancia de los cristianos, CAPITULO XI.

y que ahora tenian mayores fuerzas, por tener mayor De la toma de Algecira.

número de soldados que estonces tenian. Que de léjos

no se podia dar consejo conveniente al tiempo y ocaGastados muchos dias y trabajos en el cerco, no se siones que ocurrian; si tuviese por bien de pasar el Eshacia cosa de importancia. Los nuestros se 'hallaban trecho, que ellos en ninguna cosa contradiriap á su dudosos y suspensos, pensaban de dia y de noche cuál voluntad. Que conservar su ejército en tiempo tan pede dos cosas seria la mejor, si levantar el cerco, porque ligroso y aciago les era mucha mas honra que pelear cra sin algun provecho el proseguirle y continuar, si temerariamenle con el enemigo, mas poderoso y mas esperar el fin de la guerra, que en lo demás les era fa- bien afortunado. En el entre tanto no dejaban los moros vorable. El Rey se recelaba de perder algo de su honra de pedir treguas con muchas embajadas. Quisieron los y reputacion, principalmente que ya tenia consumido embajadores ver los reales; otorgó el Rey con su deseo. el dinero que le prestaron el Papa y el rey de Francia, Púsoles en admiracion el concierto y buena disposique el de Portugal ninguna cosa contribuyó, y tenia cion de los pabellones, los soldados repartidos por sus falta de bastimentos, y el número de los soldados cada cuarteles, las calles de oficiales, las plazas coino en dia era menor. Los mas sagaces le aconsejaban que hi- una ciudad. llenas de provision ; parecíales todo lan cięse algun buen concierto con el enemigo. Siendo me- bien, que confesaron que los nuestros les hacian grande dianero y llevando recaudos de uua parte á otra Ruy ventaja en la disciplina militar y policía, y que ellos en Pavon, primero se trató de paz, y despues de que se su comparacion sabian poco de aquel menester. Por el hiciesen treguas; pero todos estos tratados salieron tratado de las treguas no se dejaba de combatir la ciuvanos por estar puesto el rey de Castilla en no hacer dad con muchas armas y piedras que le arrojaban con acuerdo ninguno con el rey de Granada , si primero no Jos tiros; de la ciudad hacian otro tanto, en especial dejaba la aunistad de Africa, la cual quitada, ¿qué le tiraban muchas balas de hierro cou tiros de pólvora, que quedaba al que se sustentaba y entretenia mas con las con grande estampido y no poco daño de los contrarios fuerzas ajenas que con las suyas propias ? El rey de las lanzaban en los reales. Esta es la primera vez que Granada, perdida ya la esperanza de concertarse con de este género de tiros de pólvora hallo hecha mencion el Rey, acercó sus reales al rio Guadiarro, á cinco le- en las historias. En el mes de agosto en Cervera en el guas de Algecira, con que antes daba á entender el condado de Urgel nació un niño con dos cabezas y cuainiedo que tenia que no que se pensase venia con áni- tro piernas. Creyeron aquellos hombres con supersti

cioso y vano pensamiento que el tal era prodigio que su hijo legitimo don Pedro casase con su hija Juana. pronosticaba algun mal; por tanto, para evitarle con Don Alonso por entonces vino en ello; mas adelante no su muerle le enterraron vivo. Sus padres, conforme á tuvieron efecto estos desposorios. Las voluntades de

los príncipes son variables, y sin tener cuenta á las vetarse esta crueldad con su consentimiento. Este mismo ce

ces con su palabra conforme á las cosas y á las comoaño murió el rey Roberto en Nápoles, mas famoso por didades se mudan. En la batalla pasada de Tarifa caula aficion y estudio de las letras que señalado por el tivaron los nuestros dos hijas de Albohacen ; estas por ejercicio de las armas. Deste Rey fué aquel dicho: Mas tenerle grato se le enviaron sin rescate. No quiso el quiero las cosas de Bárbaro dejarse vencer de la liberalidad y cortesia del Algecira. Los soldados extranjeros, en quien los pri- Rey, antes le envió luego desde Africa sus embajadores meros ímpetus son muy fervorosos y con la tardanza

con muy ricos presentes. La fama desta victoria binchó se resfrian, se fueron de los reales luego que vino el á toda España y á todos los cristianos de Europa de otoño; los de Inglaterra , llamados de su Rey, asi qui- alegría por quedar acabada la guerra de los moros , dos sieron se entendicse, y el conde de Fox, que dió asi- poderosos reyes vencidos, las fuerzas de Africa quemismo para irse por excusa el poco sueldo que á sus sol- brantadas. Hiciéronse grandes fiestas y alegrías; todo dados se daba. Esto se decia ; yo sospecho que les hizo género de gentes, niños, viejos, religiosos, de todos volver á su tierra llevar mal los calores que en tiempo estados y edades visitaban los templos, daban gracias del estío hace en el Andalucía y el estar quebrantados á Dios, cumplian sus votos; no dejaban ningun génecon las enfermedades y trabajos de la guerra. Aprueba ro de alegría ni de religiosa demonstracion de agradenuestra conjetura lo que despues sucedió, que el conde cimiento, con que publicaban el contento y regocijo de Fox á la vuelta murió en Sevilla, y el rey Filipo de singular que tenian concebido dentro de sus pechos. Navarra, habida licencia del Rey, murió en Jerez. Sucedieron ambas muertes en el mes de setiembre; sus

CAPITULO XII. cuerpos fueron llevados á sus tierras. Con la ida des

De la guerra de Mallorca. tos principes cobraron avilenteza los enemigos, y mudado parecer, se determinaron de dar la batalla. Se- Durante el tiempo que las cosas sobredichas pasaban senta galeras de los moros que en el mes de olubre en el Andalucia , se revolvieron las armas de Aragon. surgieron en Estepona Juego se pasaron á Gibraltar. Lo que resultó fué que el rey de Mallorca quedó despoCorria el rio Palmones entre los dos campos, y como jado de su reino paterno, grande desafuero del rey de dos y tres veces en diferentes dias llegasen á encon- Aragon don Pedro el Ceremonioso, que era el que tenia trarse en el rio, finalmente, al pasarle se vino á la bata- mas obligacion á le defender y amparar. La insaciable lla, en que los moros mostraron no ser iguales con y rabiosa sed de señorear le cegó y endureció su coragran parte á los españoles, ni en fuerzas, ni en esfuer- zon para que los trabajos y desastres de un Rey, su pazo, ni en disciplina militar; así, fueron en poco tiempo riente, no le enterneciesen, ni considerase lo mal que vencidos y puestos en huida. En la ciudad se padecia ex- parecia un hecho tan feo delante los ojos de Dios y de trema necesidad de mantenimientos á causa que nues- los hombres. Mompeller es una noble y rica ciudad de tra armada en dos veces les tomó dos galeras cargadas la Gallia Narbonense, que en otro tiempo solia estar de bastimentos. Entraron cinco barcas en el principio sujeta a los obispos de Magalona , por cuya permision del año de 13 14 , y vuellos estos bajeles á Africa, die- ó disimulacion tuvo esta ciudad señores particulares ron aviso que los cercados no se podian ya sustentar que eran feudatarios destos prelados. Recayó este semas tiempo, ca estaban puestos en tan grande aprieto, ñorío primero en los aragoneses , y despues en los reque les era fuerza perecer todos ó entregar la ciudad. yes de Mallorca cómo y en la forma que arriba se mosCon esto los moros luego movieron prática y trataron tró. Desta manera, poco a poco fué en diminucion la de concertarse. En 26 de marzo se entregó la ciudad autoridad y señorío de los obispos de Magalona, ca precon estos partidos : que el rey de Granada, como feu- valece mas la fuerza y antojo de los reyes que no la radatario del rey de Castilla , pechase las parias que cada zon y la justicia. Como no pudiesen ellos recobrar su año le solia dar antes que se rompiese la guerra ; que antigua autoridad y señorío, hicieron lo que pudieron, todos los cercados quedasen libres y pudiesen irse con que fué vender, como vendieron mas de cincuenta anos sus haciendas á donde quisiesen ; concertáronse otrosi antes deste tiempo, este derecho por cierto precio y treguas con los reyes moros por espacio y tiempo de cantidad á los reyes de Francia. Con color desta comdiez años. Hechos los conciertos, muchos moros se pra los franceses no desistian de requerir á los reyes de pasaron á Africa. El rey de Castilla entró en la ciudad Mallorca que les hiciesen el juramento y homenaje que con una solemne procesion en 27 de marzo, y el si- estaban obligados como sus feudatarios, y que á los veguiente dia se bendijo la iglesia mayor, y se le puso por cinos de Monpeller se les permitiese apelar para Paris. nombre Santa María de la Palma, por ser Domingo de Rehusaban hacerlo los de Mallorca; decian que el deRamos ó de las Palmas, y se celebraron en él los divi- recho de los señoríos no pendia de unos pergaminos nos oficios con gran solemnidad y regocijo. Los cam- viejos, sino de la moderna costumbre usada y guardapos se repartieron a los soldados, que á porfia pasaban da, y que pues los reyes de Francia no tenian mas desus casas y menaje a la ciudad, y se querian allí ave- recho que los obispos de Magalona, no debian ni se les ciudar por la fertilidad y frescura de aquellas vegas y pudo dar mayor ni mejor accion de aquella que poseian campos. Puestas en órden las cosas de Algecira, el Rey los mismos prelados. Vinose á las armas, y por fuerza se partió para Sevilla. Allí le vino embajada de Eduar- los franceses tomaron muchos pueblos de la jurisdicdo, rey de Inglaterra, para pedir al rey don Alonso que cion y señorio de Mompeller, y pusieron en ellos sus

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