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bajada en que fué al rey de Portugal; y por su consejo se aderezó su partida para el castillo de Montalvan, que vino con él don Juan de la Cerda, á quien el Rey reci- es una fortaleza sentada a la ribera del rio Tajo, donbió en su gracia con palabras amorosas; mas no se pudo de dejó á su amiga, que antes era ya combleza. La Reialcanzar del que le quisiese restituir los pueblos que na, su madre, y su tia la reina doña Leonor, avisadas de tomó á su suegro, que ya comenzaba á señorear en él lo que el Rey queria hacer, le hablaron en secreto y con no la razon y equidad, sino el rigor, la fuerza, el an- muchas lágrimas le rogaron y conjuraron por Dios y por tojo y apetito. Daba por excusa que de la mayor parte sus santos que no fuese á despeñarse y á perder y destenia biecha merced á su hija, como si ya la recien na- truir temerariamente su persona , fama, reino y todas cida luviera necesidad de dote para casarse y de estado sus cosas; que mirase lo que se diria en el mundo; que con que sustentarse. Por este mismo tiempo doña seria causa de que Francia le hiciese guerra, porque no Blanca de Borbon llegó á Valladolid, acompañada del sufriria tan grande agravio y mengua, además que davizconde de Narbona y del maestre de Santiago don ria ocasion para que los suyos se revolviesen, pues los Fadrique, que la salió á recebir; don Alonso de Albur

estados se sustentan mas que con otra cosa con la buequerque queria que se hiciesen luego las bodas. Era á

na fama y opinion, y que contra aquellos que no están la sazon el que lo mandaba todo con autoridad y seño- bien con Dios y los deja de su mano, se conjuran y harío tan grande, que á las veces decia al Rey palabras cen á una los hombres y todos los males é infortunios pesadas. Pesábale, y con razon temia que los deudos de del mundo; que tuviese lástima y le moviese las lágridoña María de Padilla viniesen á ser los mas íntimos y mas de su esposa, y no trocase su amor por una torpe privados del Rey, por esto le queria casar. Mas como deshonestidad, no viniese desta maldad á caer en su se hallaba enlazado en los amores de doña María no total destruición. No se movió el Rey por cosa que le podia sufrir que le necesitasen á obedecer, especial-dijesen, antes negó tener tal intento; pero luego hizo mente que con los años se hacia mas fiero é indoma- traer de secreto los caballos y se fué sin hablar á nadie. ble, ni ya don Alonso de Alburquerque podia tanto con Don Enrique y don Tello y los infantes de Aragon fueél y privaba menos. Los ministros y consejeros muy ron tras él, que muchos de los grandes daban en acoprivados suelen ser pesados á sus señores, mayormente modarse con el tiempo yen lisonjear y saborear el gusto si ellos se adelantan en la privanza ó los señores se mu- del Rey, un pésimo género de servicio. Solo uno, que dan de voluntad. De aquí tuvo principio su caida con era don Gil de Albornoz, cardenal y antes arzobispo de menor sentimiento y lástima del pueblo, en cuanto to- Toledo, como el que era en todo muy señalado, no dedos creian gue él fuera el principio, por la mala crianza jaba de amonestarle lo que le convenia y de palabra y del Rey, de todos los desórdenes pasados. Celebráronse por cartas le reprehendia ; ocasion y principio de sertodavía las bodas en 3 de junio con poca solemnidad y le pesado y odioso. Cuanto las causas de aborrecerle aparato, pronóstico de que serian desgraciadas; así lo eran mas injustas, tanto era el odio mayor. Antes de sospechaba la gente. Fueron los padrinos don Alonso este tiempo con color que tenia en su tierra ciertos nede Alburquerque y la reina de Aragon doña Leonor; gocios tocantes a su casa , alcanzada licencia, se retiró halláronse presentes en la fiesta don Enrique y don á Cuenca. De allí pasó á Francia, do los papas residian, . Tello, hermanos del Rey, don Fernando y don Juan, ca tenią por mejor vivir desterrado que traer la vida al infantes de Aragon, don Juan Nuñez, maestre de Ca- tablero por estar el Rey enojado, en especial que tres latrava, don Juan de la Cerda y otros ricos hombres. años antes, como ya se dijo, fuera criado cardenal por Por estos mismos dias en Francia se celebraron otras Clemente VI. Sucedió a Clemente Inocencio el año pabodas mas dichosas que las nuestras, por los muchos sado, el cual con este Prelado consultaba todos los nehijos que dellas procedieron yel grande amor que hobo gocios. El Rey y doña María de Padilla desde Montalvan entre don Cárlos, rey de Navarra, y su esposa madama se fueron á Toledo. En Valladolid se consultó de haJuana , hija mayor del rey de Francia. Deste matrimo- cerle volver por fuerza; no se le encubrió este trato al nio tuvieron tres hijos, que fueron Cárlos, Filipe y Pe- Rey. Indignose grandemente contra don Juan Alonso dro (don Filipe murió en sus primeros años); otras tres de Alburquerque, que fué el que movió esta plática, hijas María , Blanca y Juana. Blanca falleció de edad en tanto grado, que para aplacarle le fué necesario darde trece años; sus hermanas casaron con grandes prín- le en rehenes un hijo suyo llamado Gil; en fin, con cipes. De otra señora le nació antes desto al rey Carlos grandísimos ruegos de los grandes se alcanzó que quiotro hijo llamado Leon, de quien descienden en Navar- siese volver á Valladolid á ver la Reina, pero no estuvo ra los marqueses de Cortes. De don Pedro, hijo legi- con ella sino solos dos dias; tan desasosegado le traia timo del mismo Rey, se precian venir por línea feme- y tan loco el amor deshonesto. Fué fama que le enhenina los marqueses de Falces, casa asimismo principal chizaron con una cinta, sobre la cual un judío hizo tade Navarra.

les conjuros, que le parecia al Rey que era una grande

culebra. Algunos tuvieron sospecha temeraria y desCAPITULO XVIII.

vergonzada que el Rey no sin causa se apartó tan reQue el rey de Castilla dejó á la reina doña Blanca.

pentivamente de su mujer doña Blanca, sino porque

halló cierta traicion de su hermano don Fadrique, paAun no eran bien acabadas las fiestas de las bodas, dre de don Enrique, á quien en Sevilla no parió, sino cuando ya al rey de Castilla daba en rostro la novia , y crió una judía llamada doña Paloma, tronco de quien no la podia ver por estar embebecido y loco con los desciende la casa y familia de los Enriquez, inserta en amores de doña María de Padilla , no mas hermosa que la casa real de Castilla. Cosas que no me parecen vela Reina, y de linaje , aunque noble, humilde, si se risimiles , antes creo que despues que un deshonesto compara con la excelencia real. Dende a dos dias el Rey amor se apodera del corazon y entrañas de un hombre

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aficionado, no hay que buscar otros hechizos ni causas dias pasados se hobiese huido á Aragon por miedo qus para que parezca que un hombre está loca y fuera de no le atropellasen, llamado del Rey con cartas blandas juicio. De Valladolid se fué el Rey á Olmedo, villa de y amorosas, se vino á su villa de Almagro, pueblo prinaquella comarca , y por su mandado vino allí de Toledo cipal de su maestrazgo. Allí por mandado del Rey le doña María de Padilla, sin que mas el Rey tuviese me- prendió don Juan de la Cerda , que ya estaba favorecimoria ni lástima de la Reina, su mujer. Don Alonso de do y aventajado con nuevos cargos. El mayor delito Alburquerque algunos dias se recogió en ciertas villas que el Maestre lenia cometido era ser amigo de don fuertes de su estado; despues por miedo que el Rey Juan Alonso de Alburquerque, y ser parte en el conseno le hiciese fuerza se pasó á Portugal. Parecióle que jo que se tomó de suplicar al Rey volviese con la reina no se podia nada fiar de la fe y palabra de quien tenia doña Blanca luego que la dejó. No paró en esto la saña, en poco la santidad del matrimonio y la religion del sa- antes hizo que a la hora eligiesen en su lugar por maescramento. Don Fadrique, maestre de Santiago , habia tre á don Diego de Padilla, sin guardar el orden y cereestado mal con el Rey desde que hizo matar a su ma- monias que se acostumbraban ensemejantes elecciones, dre. Ahora, vuelto á su amistad, se vino á Cuellar, do sino arrebatada y confusamente sin consulta alguna; entonces la corte estaba. Con su hermano don Tello y al maestre don Juan Nuñez súbitamente le hicieron casó en Segovia doña Juana , hija mayor de don Juan morir en la fortaleza de Maqueda, en que le tenian prede Lara. Llevó en dote el señorío de Vizcaya; favore- so. Dió el Rey á entender que le pesaba de que le hocieron á este casamiento los deudos de doña María de biesen muerto, no se sabe si de corazon, si fingidaPadilla, con intento de hacerse amigos y tener obliga- mente por evitar la infamia y odio en que podia incurrir dos los hermanos del Rey, que ya estaban mal con don con una maldad tan atroz y descargarse de un hecho tan Alonso de Alburquerque. La reina doña Blanca residia feo con echar la culpa á otros. Pero, como quier que en Medina del Campo en compañía de la Reina, su sue- no se hizo ninguna pesquisa ni castigo, todo el reino gra; pasaba la vida mas de viuda que de.casada con se persuadió ser verdad lo que sospechaban, que lo maalgunos honestos entretenimientos. De allí por man- taron con voluntad y órden del Rey. Despues desto se dado del Rey fué llevada á Arévalo, con órden que no hizo guerra en la tierra de don Juan Alonso de Alburla dejasen hablar con su suegra ni con ninguno de los querque, que tenia muchas villas y castillos muy fuergrandes. Pusieron por guardas de la que no pretendia les y bien bastecidos. Cercaron la villa de Medellin, huir á don Pedro Gudiel, obispo de Segovia , y á Tello que está en la antigua Lusitania; desconfiado el alcaiPalomeque, caballero de Toledo. Mudó el Rey los ofi- de de podella defender, dió aviso á don Alonso del escios de su casa, y hizo su camarero á don Diego García tado en que se hallaba y con su licencia la entregó. de Padilla, hermano de su amiga, dió la copa á Alva- Asimismo se puso cerco á la villa de Alburquerque, ro de Albornoz, y la escudilla á Pero Gonzalez de Men- plaza fuerte y que la tenian bien apercebida; así, no la doza , fundador de la casa de Mendoza, digo de la pudieron entrar. Levanlóse el cerco y quedaron por grandeza que hoy tiene, que entonces en aquella parte fronteros en la ciudad de Badajoz don Enrique y don . de Vizcaya que se llama Alava poseia un pueblo desle Fadrique, para que los soldados de Alburquerque no nombre, de que se tomó este apellido de Mendoza. Fué hiciesen salidas y robasen la tierra. Esta traza dió ocahijo deste caballero Diego de Mendoza , que el tiempo sion á muchas novedades que despues sucedieron. Fuéadelante llegó á ser almirante. Eslas mudanzas de ofi- se el Rey á Cáceres; desde allt envió sus embajadores cios se hicieron en odio de don Alonso de Alburquer-arey don Alonso de Portugal, que en ajuella sazon en que, que en la casa real tenia obligados á muchos. Lo la ciudad de Ebora celebraba con gran les regocijos las mismo se hizo en Sevilla, donde el Rey se fué venido el bodas de su niela doña María con don Fernando, inotoño, que quitó en el Andalucía muchos oficios que fante de Aragon. Los embajadores, habida audiencia, el de Alburquerque á muchos grandes y ricos hombres pidieron al Rey les mandase entregar á don Juan Alonproveyó el tiempo de su privanza. Así se truecan y mu- so de Alburquerque para que diese cuinta de las rendan las cosas deste mundo. No haycosa mas incierta, tas reales de Castilla, que tuvo muchos años á su cargo, mudable y sin firmeza que la privanza con los reyes, que sin eslo no debia ni podia ser amparado en Portuespecialmente si es granjeada con malos medios. Ha- gal. Como don Juan Alonso estaba ya irritado con tan bíase el Rey entregado de todo punto, para que le

go

continuos trabajos no sufrió su generoso corazon este beroasen, á doña María de Padilla y á sus parientes; ultraje. Respondió con grande brio á esta demanda de ellos eran los que mandaban en paz y en guerra, por los embajadores que él siempre gobernó el reino y adcuyo consejo y voluntad el Rey y reino se regian. Los ministró la hacienda del Rey, su señor, leal y fielmente; grandes y los mismos hermanos del Rey, conformán- que estaba aparejado para defender esta verdad en dose con el tiempo, caminaban tras los que seguian el campo por su persona; que retaba como á fernentido á viento próspero de su buena fortuna, y á porsia cada cualquiera que lo contrario dijese; cuanto á lo que deuno pretendia con presentes, servicios y lisonjas tener cian de las cuentas, dijo estaba presto para darlas con granjeada la voluntad de doña Maria de Padilla, con pago como se las tomasen en Portugal. Pareció que se que se veia el reino lleno de una avenida de torpes y justificaba bastantemente. Con esto los embajadores feas bajezas. En el invierno con las grandes y conti- fueron despedidos sin llevar otro mejor despacho. A los nuas lluvias salieron de madre los rios; especial en Se- hermanos del Rey pesaba mucho que las cosas del reivilla la creciente fué tal, que por miedo no la asolase no anduviesen revuellas y estuviesen expuestas para ser calafetearon fuertemente las puertas de la ciudad. En presa de cada cual. Pensaron poner en ello algun remeel principio del año siguiente de 1354, como quier que dio; la comodidad del lugar los convidaba, acordaron don Juan Nuñez de Prado, maestre de Calatrava, en de confederarse con don Juan Alonso de Alburquerque, que cerca se hallaba. Enviáronle su embajada , y me

cada dia otros grandes, en especial don Fernando de diante ella concertaron de verse entre Badajoz y Yel

Castro , hermano de doña Juana de Castro, por vengar ves. Allí trataron de sus haciendas y consultaron de ir con las armas la injuria que el Rey hizo á su hermana, á la mano al Rey en sus desatinos y temerarios inten- se confederó con ellos. Lo mismo hicieron los ciudadatos. Arrimáronseles otros grandes. Las fuerzas no eran nos de Toledo por estar mal con la locura y desatino iguales á empresa tan grande; solicitaron al infante del Rey y tener lástima de la reina doña Blanca. Las don Pedro, hijo del rey de Portugal, para que se aliase ciudades de Córdoba , Jaen, Cuenca y Talavera siguiecon ellos, con esperanzas que le dieron de le hacer rey ron la autoridad y ejemplo de Toledo; despues se les de Castilla, así por el derecho de guerra como por el juntaron los hermanos infantes de Aragon. Favorecian de parentesco, como nieto que era del rey don San- las reipas doña Leonor y doña María este partido por cho, hijo de doña Beatriz, su hija. Dejóse de intentar parecerles que la enfermedad y locura del Rey no se esto á causa que el rey de Portugal, luego que supo es- podia sanar con medicinas mas blandas. Desta suerte tas trazas, estuvo mal en ello y lo estorbó. Esta nueva se abrian las zanjas y se echaban los fundamentos de tela se urdia en la frontera de Portugal. El rey de Cas- unas crueles guerras civiles, que mucho afligieron á. tilla, con su acostumbrado descuido y desalmamiento, España y por largo tiempo continuaron, y el cielo abria echó el sello á sus excesos con una nueva maldad tan el camino para que el conde don Enrique viniese á manifiesta y calificada, que cuando las demás se pudie

reinar. ran algo disimular y encubrir, á esta no se le pudo dar ningun color ni excusa. Doña Juana de Castro, viuda,

CAPITULO XIX. mujer que sué de don Diego de Haro, á quien ninguna

De la guerra de Cerdeña. en hermosura en aquel tiempo se igualaba, pasaba el trabajo de su viudez con singular loa de honestidad. Paréceme será bien apartar un poco el pensamiento El Rey, que no sabia refrenar sus apetitos y codicias, de los males de Castilla y recrear al lector con una puso los ojos en ella. Sabia cierto que por via de amo- nueva narracion; que no va fuera de nuestro intento res no cumpliria su deseo; procurolo con color de ma- contar las cosas que en otras provincias de España trimonio. Fingió para esto que era soltero, alegó que acontecieron. El rey de Granada Juzef Bulhagix, desno estaba casado con su mujer doña Blanca, presentó pues que reinó por espacio de veinte yun años, le made todo indicios y testigos, que

en fin al Rey no le po- taron este año sus vasallos. El autor principal desta dian faltar. Nombró por jueces sobre el caso á don traicion, que fué Mahomad, á quien por la vejez llaSancho, obispo de Avila, ya don Juan, obispo de Sala- maron Lago, tio que era de Juzef, hermano de su pamanca. Ellos, por sentencia que pronunciaron en fa- dre y hijo de Farraquen, señor de Málaga, se apoderó vor del Rey, le dieron por libre del primer matrimonio. del reino, y le tuvo toda su vida con grandes trabajos y No se atrevieron á contradecir á un príncipe furioso; muchas desgracias que le sucedieron , como sea así que venció el miedo del peligro al derecho y manifiesta jus- nunca sale bien el señorío adquirido con parricidio y ticia. ¡Oh hombres nacidos, no ya para obispos, sino maldad. El imperio de los moros á grande priesa se iba para ser esclavos! Asi pasaban los negocios por los des- á acabar por estar los señores del divididos en bandos dichados hados de la infeliz Castilla. Dado que se hobo у

mudar reyes á cada paso. Este mismo año el rey de la sentencia en Cuellar, do el Rey era ido , se hicieron Aragon en Huesca, ciudad antigua en los pueblos ilercon grandísima priesa las bodas. El alcanzar lo que getes, fundó una universidad, y la dotó de suficientes pretendia, al tanto que en las primeras, le causó fasti- rentas para sustentar a los profesores que enseñasen en dio. Detúvose muy poco tiempo con la novia ; algunos ella las ciencias. Hacíase esto en tiempo que todo Aradicen que no mas de una noche. El color fué que los gon estaba alborotado y los pueblos llenos de ruido grandes se aliaban contra el Rey, y que convenia ata- de armas y aparejos de guerra que se hacian para pa· jalles los pasos antes qne con la dilacion se hiciesen mas sar con el Rey á Cerdeña. Tuvieron un tiempo los pisa

poderosos. Doña Juana de Castro se retrujo en Dueñas; nos usurpada esta isla ; despues por concesion del papa allí cubria su injuria y afrenta con el vano título de Bonifacio VIII los echaron della por fuerza de armas Reina. Destas bodas nació un hijo, que se llamó don los aragoneses. Duró entonces la guerra muchos años, Juan, para consuelo de su madre; juego que fué ade- en que hobo varios trances; el remate fué á los aragolante de la fortuna. A los principios de las guerras ci- neses favorable. Erales muy dificultoso sustentar aqueviles que se tramaban, en Castrojeriz, villa de Castilla la lla isla por estar en el mar Mediterráneo, léjos de la Vieja , casó doña Isabel, hija segunda de don Juan Nu- costa de España, y tener de una parte á Africa y de ñez de Lara, con don Juan, infante de Aragon. Llevó otra á Génova tan cerca, que solamente está en medio en dote el señorío de Vizcaya que el Rey quitó á don dellas la isla de Córcega como escala, de la cual divide Tello, su hermano, á quien pertenecia de derecho por á Cerdeña un angosto estrecho de mar. Los isleños, estar casado con la hermana mayor. La causa del enojo deseosos de novedades, con las esperanzas que concefué estar aliado con los demás grandes. No era cosa bian temerarias, no les agradaba lo que era mas sano justa castigar la culpa del marido con despojar á la ino- y seguro. Poseian en aquella isla los Orias, linaje nocente mujer de su estado patrimonial, si en el reinado bilísimo de Génova, algunos pueblos. Estos, confiados de don Pedro valiera la razon y justicia y se hiciera al- en las voluntades y aficion de la gente de la tierra, se guna diferencia entre tuerto ó derecho. En el mismo pusieron en querer echar de la isla á los aragoneses con pueblo doña María de Padilla parió á doña Costanza, su ayuda que para ello les hizo la señoría de Génova. Quehija , que adelante casó en Inglaterra con el duque de jábanse los Orias que sin ser oidos y sin causa bastante Alencastre. Con los señores aliados se confederaban les tomaron los aragoneses á Sacer y Caller, dos fuertes ciudades y cabeceras, que solian ser suyas, y están Juntóse esta armada en el puerto de Rosas. De allí, asentadas en los postreros cabos de la isla. Rompida la mediado el mes de junio, alzaron anclas y se hicieron á guerra, ganaron la ciudad de Alguer, y pusieron cerco la vela. Dejó el Rey por gobernador del reino á su tio sobre Sacer; no la pudieron entrar porque los ciuda- don Pedro. Tuvieron razonable tiempo, con que á cadanos fueron fidelísimos á los aragoneses, y la defen- bo de ocho dias descubrieron á Cerdeña, surgieron á dieron valientemente hasta tanto que el rey de Aragon tres millas de Alguer y echaron la gente en tierra. les envió en socorro sų, armada, con que algun tiempo Marchó luego el ejército la via de la ciudad, y tras ellos se entretuvo con varia fortuna la guerra. Los venecia- con su armada por la mar Bernardo de Cabrera. El Rey nos, que siempre fueron émulos y enemigos de los gi- mostró este dia su valor y buen ánimo, ca iba delante noveses, enviaron sus embajadores al rey de Aragon los escuadrones para escoger los lugares en que se para pedille se aliase con ellos, y juntadas sus fuerzas, asentasen los reales. Hallábase en los peligros, y con mejor castigasen la soberbia y orgullo con que los gi- su ejemplo animaba á los demás para que en las ocanoveses andaban. Hechas sus alianzas, las armadas de siones se hobiesen esforzadamente. Principe que si no Aragon y de venecianos tres años antes deste en el es- fuera ambicioso y no tuviera tan demasiada codicia de trecho de Gallipoli junto a la ciudad de Pera, que en señorear, por lo demás pudiera igualarse con cualaquel tiempo era de ginoveses, pelearon con gran por- quiera de los antiguos y famosos capitanes. Descufía con las galeras de Génova , no obstante que el mar briéronse en el mar hasta cuarenta galeras de los ginoandaba muy alto y levantaba grandes olas ; fueron veses, mas para hacer ostentacion con su ligereza que vencidos los ginoveses, y les tomaron veinte y.tres ga- fuertes y bien guarnecidas para dar batalla. El señor leras; otras muchas con la fuerza de la tempestad die- de Arborea con dos mil hombres de á caballo y quince ron en tierra al través. Murió en la batalla Ponce de mil de á pié asentó su real á vista de los aragoneses; Santapau, general de la armada de Aragon, y se per- no osaron dar la batalla porque era gente allegadiza, dieron doce galeras de las suyas. Esta victoria no fué sin uso ni disciplina militar, no acostumbrados á obede mucha utilidad, ni aun por entonces estuvo muy decer y guardar las ordenanzas, y que ni en vencer cierto cuál de las dos partes fuese la vencedora , antes ganaban honra, ni se afrentaban por quedar vencidos. cada cual dellas se atribuia la victoria. Los papas Cle- Batieron los aragoneses los muros de dia y de noche mente é Inocencio, por ver cuán grandes daños se se- con máquinas y tiros y otros ingenios militares. Como guian á la cristiandad destas discordias, procuraron de el tiempo era muy áspero y la tierra malsana, comenapaciguar los aragoueses y venecianos con los ginove- zaron á ensermar muchos en el ejército de Aragon; el ses; rogáronles instantemente hiciesen paces, á lo me- mismo Rey adoleció; por esto de necesidad se hobo de nos asentasen algunas buenas treguas; enviáronles pa- tratar de acuerdo con el enemigo. Concluyóse la paz ra este efecto muchas veces sus legados, que nunca los con feas condiciones para el rey de Aragon. Estas fuepudieron concordar. Estaban tan enconados los cora- ron : que el juez de Arborea y Mateo Doria fuesen zones, que parecia no se podrian sosegar á menos de perdonados y se quedasen con los vasallos y pueblos la total destruicion de una de las partes. A la de los gi- que tenian. Demás desto, dió el Rey al juez de Arborea noveses en Cerdeña á esta sazon se allegó Mariano, muchos lugares en Gallura, que es una parte de aquejuez de Arborea , príncipe antiguo de Cerdeña, rico y ·lla isla. Desta manera como, contra lo que lemian por poderoso por los muchos vasallos y allegados que te- sus deméritos, quedasen los enemigos premiados, pania. Este caballero con la esperanza de la presa y ga- ra adelante se hicieron mas fieros y desleales. Entregónancia se juntara con Mateo Doria, cabeza de bando do se la ciudad de Alguer al Rey; á los vecinos se dió lilos ginoveses, con la mayor parte de los isleños que le cencia para que fuesen á vivir donde les pareciese, y seguian. Con esto en brevísimo tiempo se apoderaron en su lugar se avecindaron en ella muchos de los solde las ciudades , villas y castillos de toda la isla, ex- dados viejos catalanes. La Reina, que en compañía de cepto de Sacer y Caller, que siempre fueron leales álos su marido se halló presente á todo, hacia instancia por aragoneses y se tuvieron por ellos. Llegó el negocio á la partida. Por esta causa y por la muerte de Olo de riesgo de perderlo todo. No tenian fuerzas que basta- Moncada y de don Filipe de Castro y de otros nobles sen á resistir al enemigo poderoso y bravo en el mar se apresuraron estos conciertos, y se concluyeron en el con la armada de Génova, y por ser las voluntades de mes de noviembre. Detúrose el Rey en Cerdeña otros los isleños tan inciertas é inconstantes. Sabidas estas siete meses, en que se pusieron en órden las cosas, y cosas en Aragon, se juntó una grande y poderosa ar- se acabaron de allanar los isleños con castigar algunos mada de cien velas, entre las cuales se contaban cin- culpados. El juez de Arhorea y Mateo Doria , que volcuenta y cinco galeras. Iban en esta flota mil hombres vian á intentar ciertas novedades, se sosegaron de nuede armas, quinientos caballos ligeros y al pie de doce vo. Asentado el gobierno de la isla y puesto por vimil infantes, toda gente muy lucida

у

rey en ella Olfo Prochita , volvió la armada en salvaacometer cualquier grande empresa. Hicieron otrosi mento á Barcelona. El ruido y aparato desta empremochila para muchos dias y matalotaje, como se re- sa fué mayor que el provecho ni reputacion que se saqueria. Vinieron á servir al rey de Aragon muy buenos có della; pero muchos grandes principes no pudieron soldados y caballeros de Alemaña, Inglaterra y Navar- á las veces dejar de conformarse con el tiempo ni de ra. Todos los nobles del reino se quisieron hallar en obedecer a la necesidad, que es la mas fuerle arma esla famosa jornada, señaladamente don Pedro de Ejerica , Rugier Lauria, don Lope de Luna , Oto de Moncada y Bernardo de Cabrera, que iba por general del mar, y por cuyo consejo todas las cosas se gobernaban,

de valor para

que se llalla.

tre,

CAPITULO XX.

con ello. Fueron sobre Medina del Campo, y la gana

ron sin sangre. Acudió á esta villa el maestre don FaDe los alborotos y revueltas de Castilla.

drique, en ella murió á la sazon Juan Alonso de AlburDespues que el rey de Castilla combatió las villas y querque con yerbas que le dió en un jarabe un médico castillos de don Juan Alonso de Alburquerque y le to- romano que le curaba , llamado Paulo, inducido con mó la mayor parte dellos, como quisiese ir á cercar á grandes promesas á que lo hiciese por sus contrarios su hermano don Fadrique, que se hacia fuerte en el y en gracia del Rey. Este fin tuvo un caballero, como él castillo de Segura, ya que se queria partir para aquella era, entre los de aquella era señalado. Alcanzó en Casjornada , envió depde Toledo á Juan Fernandez de Hi- tilla grande señorío, puesto que era natural de Portunestrosa á Castilla la Vieja para que trujese presa á la gal, hijo de don Alonso de Alburquerque y nieto del reina doña Blanca y la pusiese á buen recaudo en el rey don Dionis. De parte de la madre no era tan ilusalcázar de Toledo. El color, que era causa de la guerra , pero ella tambien era noble. Privó priinero mucho y de las revoluciones del reino. Fué este mandato ri- con el Rey, como el que fué su ayo; despues fué dél guroso en demasía, y cosa inhumana no dejar á una aborrecido, y acabó sus dias en su desgracia con tan inocente moza sosegar con sus trabajos. Traida á To- buena opinion y fama acerca de las gentes cuanto la ledo, antes de apearse fué á rezar á la iglesia mayor tuvo no tal en el tiempo que con él estuvo en gracia. con achaque de cumplir con su devocion; no quiso Su cuerpo, segun que él mismo lo mandó en su testadende salir por pensar defender su vida con la santidad mento, los señores, como lo tenian jurado, le trajeron de aquel sagrado templo, como si un loco y temerario embalsamado consigo, sin darle sepultura hasta tanto mozo tuviera respeto á ningun lugar santo y religioso. que aquella demanda se concluyese. Enviaron los noEl Rey, avisado de lo que pasaba, se alborotó y enojó bles de nuevo su embajada al Rey con ciertos caballeros mucho. Dejó el camino que llevaba , vínose á la villa de principales para ver si, como se decia, le hallaban con Ocaña. Hizo que en lugar de su hermano don Fadrique el tiempo mas a placado y puesto en razon. Lo que refuese allí elegido por maestre de Santiago don Juan de sultó desta embajada fué que concertaron para cierto Padilla , señor de Villagera, no obstante que era casa- dia y hora que señalaron se viese el Rey con estos sedo, lo que jamás se hiciera. El antojo del Rey pudo ñores en una aldea cerca de la ciudad de Toro, lugar mas que las antiguas costumbres y santas leyes. Deste á propósito y sin sospecha. El dia que tenian aplazado principio se continuó adelante que los maestres fuesen vinieron á hablarse con cada cincuenta hombres de casados, y se quebraron las antiguas constituciones á caballo con armas iguales. Llegados en distancia que por amor de doña María de Padilla, cuyo hermano era se pudieron hablar , se recibieron bien con el término el nuevo Maestre. Crecian en el entre lanto las fuerzas y mesura que a cada uno se debia; y los grandes aliade los grandes. Vino de Sevilla don Juan de la Cerda dos, conforme y segun se usa en Castilla, besaron al para juntarse con ellos. Todos los buenos entraban en

Rey la mano. Hecho esto, Gutierre de Toledo por su esta demanda. Cualquier hombre bien intencionado y mandado brevemente les dijo que era cosa pesada, de valor deseaba favorecer los intentos destos caballe

que el Rey sentia mucho ver apartados de su servicio ros aliados. Demás de su natural crueldad embravecia tantos caballeros tan ilustres y de cuenta como ellos al Rey la mala voluntad que veia en los grandes y la re- eran, y que le quisiesen quitar la libertad de poder orbelion de Toledo por ocasion de amparar la Reina , so- denar las cosas á su albedrío, cosa que los hombres, bre todo que no podia ejecutar sú suña por no hallarse mayormente los reyes, mas precian y estiman, quecon bastantes fuerzas para ello. Acudió á Castilla la rer bien y hacer merced á los que tienen por mas leaVieja para juntar gente y lo demás necesario para la

do ignorancia cayeran, á tal que despidiesen la gente de estaba su madre la Reina. Los de Toledo llamaron al

guerra , deshiciesen el campo que tenian y en todo lo maestre don Fadrique para valerse dél; vino luego en al se sujetasen; en lo que le suplicaban tocante á la su ayuda con setecientos de á caballo. Los demás gran- reina doña Blanca, que haria lo que ellos pedian, sino des al tanto acudieron de diversas partes; y alojados era que tomaban este color para intentar otras cosas en derredor de Tordesillas, tenian al Rey como cerca - mayores. Los grandes, habido su consejo sobre lo que do, con intento de, cuando no pudiesen por ruegos, el Rey les propuso, comelierọn á Fernando de Ayala forzarle á que viniese en lo que tan justamente le su- que respondiese en nombre de todos. El, habida licellplicaban. Esto era que saliese del mal estado en que cia, dijo : «Suplicamos á vuestra alteza , poderoso Seandaba con la amistad de doña María de Padilla y la ñor, que nos perdoneis el venir fuera de nuestra cosenviase fuera del reino; que quitase de su lado y del tumbre armados á vuestra presencia; no nos atreviégobierno á los parientes de la dicha doña María; con ramos si no fuera con vuestra licencia, y no la pidiéEsto que todos le obedecerian y se pasarian á su servi- ramos si no nos compeliera el justo miedo que tenemos cio. Llevó esta embajada la reina de Aragon doña Leo- de las asechanzas y zalagardas de muchos que nos nor. Valióle para que no recibiese daño el derecho de

quieren mal, de quienes no hay inocencia ni lealtad las gentes, ser mujer y la autoridad de reina y el pa- que esté segura. Por lo demás, todos somos vuestros; rentesco que con el Rey tenia. Volvió empero sin al- de nos como de criados y vasallos podeis, Señor, hacanzar cosa alguna. Con esto los grandes perdieron la cer lo que fuere el vuestro servicio y merced. La suerte esperanza

de

que de su voluntad haria cosa de las que de los reyes es de tal condicion, que no pueden hacer le pedian. Y como la Reina y el Rey, su hijo, se saliesen cosa buena ni mala que esté secreta y que el pueblo de Tordesillas, dieron la vuelta para Valladolid y inten- no la juzgue y sepa. Dícese, y nos pesa mucho dello, taron de entrar aquella villa, mas no pudieron salir que la reina doña Blanca, nuestra señora , a quien en

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