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tres cuartas partes de la ciudad, corre por la parte delle que lo mejor era tener sufrimiento, reforzar su ejército vante, y revuelve hácia mediodía y poniente. Para que y esperar las gentes que cada dia vendrian de sus amise pudiese pasar de los unos reales á los otros y se favo- gos y de los pueblos que tenian su voz. Esto que le reciesen en tiempo de necesidad mandó fabricar un aconsejaban era lo que en todas maneras debiera sepuente de madera, que fué despues muy provechoso. guir, si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la Los toledanos sufrian constantemente el cerco , puesto divina justicia, ya determinada de muy presto castiga-' que harto inclinados á don Enrique; mas no osaban ad- llas. Estando en este aprieto, sucedióle otro desastre, mitille en la ciudad por miedo no lo pagasen los rebe- y fué que Victoria , Salvatierra y Logroño, que eran de nes que consigo se llevara don Pedro, que eran los mas su obediencia, fatigadas de las armas del rey de Navarnobles de Toledo. La ciudad de Córdoba en este tiem- ra y por falta de socorro por estar don Pedro tan léjos, po, quitada la obediencia á don Pedro, seguia la parte 'se entregaron al Navarro. Ayudó á esto don Tello, el de don Enrique con tanto pesar y enojo de su contrario, cual, si estaba mal con don Pedro, no era amigo de su que no dudó de pedir al rey de Granada le enviase su hermano don Enrique, y así se entretenia en Vizcaya ayuda para irla á cercar. Envióle Mahomad gran nú- sin querer ayudar á ninguno de los dos. Proseguíase en mero de moros jinetes, con que y su ejército puso en este comedio el cerco de Toledo. Y como quier què gran estrecho la ciudad y la apretó de manera, que un aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en afidia estuvo á punto de ser entrada, ca los moros á escala ciones algunos de los que favorecian á don Enrique vista subieron la muralla y tomaron el alcázar viejo. intentaron de apoderalle de una torre del muro de la Acudieron los cordobeses, considerado el peligro y cuán ciudad que miraba al real, que se dice la torre de los sin misericordia serian tratados si fuesen vencidos, y Abades. Como no les sucediese esa traza, procuraron pelearon aquel dia con gran desesperacion, y rebatie- dalle entrada en la ciudad por el puente de San Martin, ron tan valerosamente los moros, que mal de su grado sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a las los forzaron á salir de la ciudad. A muchos hicieron sal

manos, en que sucedieron algunas muertes de ciudadatar por los adarves, y les tomaron las banderas y fueron nos. Sabidas estas revueltas por el rey don Pedro, diose en pos dellos hasta bien lejos. Señaláronse inucho en este muy mayor priesa á irla á socorrer, por no hallalla perdia las mujeres cordobesas, ca visto que era entrada la dida cuando llegase. Para ir con menor cuidado mandó ciudad por los moros, no se escondieron ni cayeron recoger sus tesoros, y con sus hijos don Sancho y don en sus estrados desmayadas, sino con varonil essuerzo Diego llevallos á Carmona, que es una fuerte y rica visalieron por las calles y á los lugares en que sus maridos la del Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, y hijos peleaban, y con animosas palabras los incitaron junto arrebatadamente su ejército y aprestó su partida á la pelea; con esto los cordobeses tomaron tanto'brio para el reino de Toledo. Llevaba en su campo tres mil y coraje, que pudieron recobrar la ciudad, que ya se per- hombres de á caballo; pero la mitad dellos, mal pecadia, y hacer gran estrago y matanza de sus enemigos.do, eran moros y de quien no se tenia entera confianza, Desesperados los reyes de poder ganar la ciudad, le- ni se esperaba que pelearian con aquel brio y gallardía vantaron el cerco. Don Pedro se fué á Sevilla á proveer que fuera necesario. Dícese'que al tiempo de su partida lo necesario para la guerra, que todo se hacia mas de consultó á un moro sabio de Granada, llamado Benagaespacio y con mayores dificultades de lo que él pensa- tin, con quien tenia mucha familiaridad, y que el Moro ba; el rey de Granada , sin que don Pedro le fuese á la le anunció su muerte por una profecía de Merlin, homa mano, saqueó y robó las ciudades de Jaen y Ubeda, que bre inglés, que vivió antes deste tiempo como cuatro á imitacion de Córdoba seguian el bando de don Eori- cientos años. La profecía contenia estas palabras : « En que; taló otrosí lo mas de los campos del Andalucía, las partes de occidente, entre los montes y el mar, nacon que llevaron los moros á Granada gran muchedum- cerá una ave negra, comedora y robadora, y tal, que tobre de cautivos, tanto, que fué fama que en sola la villa dos los panales del mundo querrá recoger en sí, todo de Ctrera fueron mas de once mil almas las que cauti- el oro del mundo querrá poner en su estómago, y desvaron. Con esto toda la Andalucía se via estar llena de pues gormarlo ha, y tornará atrás. Y no perecerá luellantos y miseria; por una parte los apretaban las ar- go por esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle mas de los moros, por otra la crueldad y fiereza de don han las plumas al sol, y andará de puerta en puerta y Pedro.

ninguno la querrá acoger, y encerrarse ha en la selva CAPITULO XIII.

у allí morirá dos veces, una al mundo y otra á Dios, y

desta manera acabará.» Esta fué la profecía, fuese verQue el rey don Pedro fué muerto.

dadera ó ficcion de un hombrewanísimo que le quisiese El rey don Pedro, desamparado de los que le podian burlar; como quiera que fuese, ella se cumplió dentro ayudar y sospechoso de los demás, lo que solo restaba, de muy pocos dias. El rey don Pedro con la hueste que se resolvió de aventurarse, encomendarse á sus manos hemos dicho bajó del Andalucía á Montiel, que es una y ponerlo todo en el trance y riesgo de una batalla; sa- villa en la Mancha y en los oretanos antiguos, cercada bia muy bien que los reinos se sustentan y conservan de muralla, con su pretil, torres y barbacana, puesta mas con la fama y reputacion que con las fuerzas y ar- en un sitio fuerte y fortalecida con un buen castillo. mas. Teníale con gran cuidado el peligro de la real ciu- Sabida por don Enrique la venida de don Pedro, dejó á dad de Toledo; estaba aquejado, y pensaba cómo me- don Gomez Manrique, arzobispo de Toledo, para que jor podria conservar su reputacion. Esto le confirmaba prosiguiese el cerco de aquella ciudad, y él con dos mas en su propósito de ir en busca de su enemigo y da- mil y cuatrocientos hombres de á caballo, por no espeIle la batalla. Procuráronselo estorbar los de Sevilla; rar el paso de la infantería, partió con gran priesa en decíanle que se destruia y se iba derecho á despeñar; busca de don Pedro. Al pasar por la villa de Orgaz, que

está á cinco leguas de Toledo, se juntó con él Beltran amigos y parientes. Confiad en nuestro Señor, cuyos Claquin con seiscientos caballos extranjeros que traia sagrados ministros sacrílegamente ha muerto, que os de Francia; importantísimo socorro y á buen tiempo, favorecerá para que castigueis tan enormes maldades, porque eran soldados viejos y muy ejercitados y dies- y le hagais un agradable sacrificio de la cabeza de un tros en pelear. Llegaron al tanto allí don Gonzalo Mejía, tal monstruo horrible y fiero tirano.» Acabada la plátimaestre de Santiago, y don Pedro Muñiz, maestre de ca, luego con gran brio y alegría arremetieron á los Calatrava, y otros señores principales que venian con enemigos; hirieron en ellos con tan gran denuedo, que deseo de emplear sus personas en la defensa y libertad sin poder sufrir este primer impetu en un momento se de su patria. Partió don Enrique con esta caballería; desbarataron. Los primeros huyeron los moros, los cascaminó toda la noche, y al amanecer dieron vista á los tellanos resistieron algun tanto; mas como se riesen enemigos antes que tuviesen nuevas ciertas que eran perdidos y desamparados, se recogieron con el rey don partidos de Toledo. Ellos, cuando vieron que tenian tan Pedro en el castillo de Montiel. Murieron muchos de cerca á don Enrique, tuvieron gran miedo, y pensaron los moros en la batalla, muchos mas fueron los que peno hobiese alguna traicion y trato para dejarlos en sus recieron en el alcance; de los cristianos no murió sino manos; á esta causa no se fiaban los unos de los otros. solo un caballero. Ganóse esta victoria un miércoles Recelábanse tambien de los mismos vecinos de la villa. 14 dias de marzo del año de 1369. Don Enrique, visto Los capitanes con mucha priesa y turbacion hicieron como don Pedro se encerró en la villa, á la hora la hizo recoger los mas de los soldados que tenian alojados en cercar de una horma, pared de piedra seca, con gran Jas aldeas cerca de Montiel ; muchos dellos desampara- vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenzaron las banderas de miedo ó por el poco amor y menos ron los cercados á padecer falta de agua y de trigo, ca gana con que servian. Al salir el sol formaron sus es- lo poco que tenian les dañó de industria, á lo que pacuadrones de ambas partes y animaron sus soldados á rece, algun soldado de los de dentro, deseoso de que se la batalla. Don Enrique habló á los suyos en esta sus- acabase presto el cerco. Don Pedro, entendido el pelitancia : « Este dia, valerosos compañeros, nos ha de gro en que estaba , pensó cómo podria huirse del castidar riquezas, honra y reino, ó nos lo ha de quitar. No Ilo mas á su salvo. Hallábase con él un caballero que le nos puede suceder mal, porque de cualquiera manera era muy leal, natural de Trastamara, decíase Men Roque nos avenga, serémos bien librados; con la muerte driguez de Sanabria; por medio deste hizo á Beltran saldremos de tan inmensos é intolerables afanes como

Claquin una gran promesa de villas y castillos y de dopadecemos; con la victoria darémos principio á la li- cientas mil doblas castellanas, á tal que dejado á don bertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No Enrique le favoreciese y le pusiese en salvo. Extrañó podemos entretenernos ya mas; si no matamos á nues- esto Beltran; decia que si tal consintiese, incurriria en tro enemigo, él nos ha de hacer perecer de tal género perpetua infamia de fementido y traidor; mas como do muerte, que la ternémos por dichosa y dulce si fuere todavía Men Rodriguez le instase, pidióle tiempo para ordinaria , y no con crueles y bárbaros tormentos. La pensar en tan grande hecho. Comunicado el negocio naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario secretamente con los amigos de quien mas se fiaba, le tributo, que es la muerte; esta no se puede excusar, em- aconsejaron que contase á don Enrique todo lo que en pero los tormentos, las deshonras, afrentas é injurias este caso pasaba; tomó su consejo. Don Enrique le evitarálas vuestro esfuerzo y valor. Hoy alcanzaréis una agradeció mucho su fidelidad, y con grandes promesas gloriosa victoria, ó quedaréis como honrados y valero- le persuadió á que con trato doble hiciese venir á don sos tendidos en el campo. No vean tal mis ojos, no per- Pedro á su posada , y le prometiese haria lo que deseamita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuo- ba. Concertaron la noche; salió don Pedro de Montiel sos y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada armado sobre un caballo con algunos caballeros que le y miserable nos puede venir que sea peor que la vida acompañaban, entró en la estancia de Beltran Claquin acosada que traemos ? No tenemos guerra con enemigo con mas miedo que esperanza de buen suceso. El receque nos concederá partidos razonables ni aun una to- lo y temor que tenia dicen se le aumentó un letrero lerable servidumbre cuando queramos ponernos en sus que leyó poco antes, escrito en la pared de la torre del manos; ya sabeis su increible crueldad, y teneis bien á homenaje del castillo de Montiel, que contenia estas vuestra costa experimentado cuán poca seguridad hay palabras : «Esta es la torre de la Estrella.» Ca ciertos en su fe y palabra. No tiene mejor fiesta ni mas alegre astrólogos le pronosticaran que moriria en una torre que la que solemniza con sangre y muertes, con ver deste nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad sea la destrozar los hombres delante de sus ojos. ¿Por ven- destos adevinos, y como despues de acontecidas las cotura habémoslo con algun malvado y perverso tirano, y sas se suelen fingir semejantes consejas. Lo que se reno con una inhumana y feroz bestia ? Que parece ha fiere que le pasó con un judío médico es cosa mas de sido agarrochada en la leonera para que de allí con ma- notar. Fué así, que por la figura de su nacimiento le hayor braveza salga á hacer nuevas muertes y destrozos. bia dicho que alcanzaria nuevos reinos y que seria muy Confio en Dios y en su apóstol Santiago que ha caido dichoso. Despues cuando estuvo en lo mas áspero de en la red que nos tenia tendida, y que está encerrado sus trabajos, dijole : Cuán mal acertastes en vuestros donde pagará la cruel carnicería que en nos tiene he- pronósticos. Respondió el astrólogo : Aunque mas hiccha ; mirad, mis soldados, no se os vaya, detenedla, lo caiga del cielo, de necesidad el que está en el baño la la dejeis huir, no quede lanza ni espada que no pruebe de sudar. Dió por estas palabras á entender que la voen ella sus aceros. Socorred por Dios á nuestra misera- luntad y acciones de los hombres son mas poderosas ble patria, que la tiene desierta y asolada ; vengad la que las inclinaciones de las estrellas. Entrado pues don sangre que ha derramado de vuestros padres, hijos, Pedro en la tienda de don Beltran, díjole que ya era

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tiempo que se fuesen. En esto entró don Enrique ar- y empobrecieron otros; tal es la usanza de la guerra, mado; como vió á don Pedro, su hermano, estuvo un y mas de la civil. Todas las cosas en un momento se poco sin hablar como espantado; la grandeza del he- trocaron en favor del vencedor, diose á la hora Moncho le tenia alterado y suspenso, o no le conocia por tiel. Llegada la nueva de lo sucedido á Toledo, tuvieron Jos muchos años que no se vieran. No es menos sino que gran temór los vecinos de aquella ciudad. Padecian á los que se hallaron presentes entre miedo y esperanza la sazon necesidad de bastimentos. Acordaron de havacilaban. Un caballero francés dijo á don Enrique se- cer sus pleitesías con los de don Enrique, que los tenian á Pedro Mirad que ese es

ferocidad que tenia, respondió dos veces : Yo soy, yo Pedro se entendia quedaban libres del homenaje y fisoy. Entonces don Enrique sacó su daga y dióle una delidad que le prometieron. Entre los principes exherida con ella en el rostro. Vinieron luego á los bra- tranjeros se levantó una nueva contienda sobre quién zos, cayeron ambos en el suelo; dicen que don Enrique tenia mejor derecho á los reinos de Castilla. Convenian debajo, y que con ayuda de Beltran , que les dió vuelta todos en que Enrique no tenia accion á ellos por el dey le puso encima , le pudo herir de muchas puñaladas, fecto de su nacimiento. Demás desto, cada uno pensaba con que le acabó de matar; cosa que pone grima. Un quedarse en estas revueltas con lo que mas pudiese Rey, hijo y nieto de reyes, revolcado en su sangre der- apañar; que desta suerte se suelen adquirir nuevos reiramada por la mano de un su hermano bastardo. ¡Ex- nos y aumentarse los antiguos. El rey de Navarra, setraña hazaña! A la verdad cuya vida fué tan dañosa gun poco ha dijimos, se apoderara de muchos y buepara España, su muerte le fué saludable; y en ella se nos pueblos de Castilla. Al rey de Aragon por traicion echa bien de ver que no hay ejércitos, poder, reinos ni de los alcaides se le entregaron Molina, Cañete y Reriquezas que basten á tener seguro á un hombre que quena. El rey de Portugal pretendia toda la herencia y vive mal é insolentemente. Fué este un extraño ejem- sucesion, y se intitulaba rey de Castilla y de Leon por plo para que en los siglos venideros tuviesen que con- ser sin contradicion alguna bisnieto del rey don Sansiderar , se admirasen y temiesen y supiesen tambien cho, nieto de doña Beatriz, su hija. Teníanse ya por él que las maldades de los principes las castiga Dios, no Ciudad-Rodrigo, Alcántara y la ciudad de Tuy en Galisolamente con el odio y mala voluntad con que mien- cia. El rey de Granada tramaba nuevas esperanzas retras viven son aborrecidos, ni solo con la muerte, sino celoso por la constante amistad que guardó á don Pecon la memoria de las historias, en que son eternamen- dro. La mayor tempestad de guerra que se lemia era te afrentados y aborrecidos por todos aquellos que las de Inglaterra y Guiena, á causa que don Juan, duque de leen, y sus almas sin descanso serán para siempre ator- Alencastre, hermano del príncipe de Gales, se casara mentadas. Frosarte, historiador francés deste tiempo, con doña Costanza, hija del rey don Pedro, y el Conde dice que don Enrique al entrar de aquel aposento dijo: cantabrigense, hermano tambien del mismo Príncipe, ¿Dónde está el hideputa judío que se llama rey de tenia por mujer á doña Isabel, hija menor del mismo, Castilla? Y que don. Pedro respondió : Tú eres el hi- habidas ambas en doña Maria de Padilla. Desta suerte deputa, que yo hijo soy del rey don Alonso. Murió don dentro el nobilísimo reino de Castilla se temian discorPedro en 23 dias del mes de marzo, en la flor de su dias civiles, y de fuera le amenazaban grandes moviedad, de treinta y cuatro años y siete meses; reinó diez mientos y asonadas nuevas de guerras. El remedio que y nueve años menos tres dias. Fué llevado su cuerpo sin estos temores tenian era con presteza ganar las voninguna pompa funeral á la villa de Alcocer, do le de- luntades de las ciudades y grandes del reino. Como don positaron en la iglesia de Santiago. Despues en tiempo Enrique fuese sagaz y entendiese que era esto lo que del rey don Juan el Segundo le trasladaron por su man- le cumplia, luego que puso cobro en Montiel, se partió dado al monasterio de las monjas de Santo Domingo el sin detenerse á Sevilla , do fué recebido con gran Real de Madrid, de la orden de los Predicadores. Pren- triunfo y alegría. Todas las ciudades y villas del Andadieron despues de muerto el rey don Pedro á don Fer- lucía vinieron luego á dalle la obediencia, excepto la nando de Castro, Diego Gonzalez de Oviedo, hijo del villa de Carmona en que don Pedro dejó sus hijos y lemaestre de Alcántara, y Men Rodriguez de Sanabria, soros, y por guarda capitan Martin Lopez de Córque salieron con él de la villa para tenelle compañía. doba, maestre que se llamaba de Calatrava, que

todavía Estos tiempos tan calamitosos y revueltos no dejaron hacia las partes de don Pedro, aunque muerto. En los de tener algunos hombres señalados en virtud y letras; dias que el rey don Enrique estuvo en Sevilla, por no uno destos fué. don Martin Martinez de Calahorra', ca- tener á un tiempo guerra con tantos enemigos, pidió nónigo de Toledo y arcediano de Calatrava, dignidad treguas

al rey moro de Granada, no sin diminucion y de la santa iglesia de Toledo, que está enterrado en la nota de la majestad real; mas la necesidad que tenia capilla de los Reyes Viejos de aquella iglesia con un le- de asegurar y confirmar el nuevo reinado le compelió á trero en su sepulcro que dice, como por honra de la que disimulase con lo que era autoridad y pundonor. santidad y grandeza de la iglesia de Toledo no quiso No se concluyó desta vez nada con el Moro; por esto, aceptar el obispado de Calahorra para el cual fué elegi- puesto buen cobro en las fronteras y asentadas las codo en concordia de todos los votos del cabildo de aque- sas del Andalucía, el nuevo Rey volvió a Toledo por lla iglesia.

tener aviso que de Burgos eran alli llegados la Reina, su CAPITULO XIV.

mujer, y el Infante, su hijo. En esta ciudad se buscó

traza de allegar dineros para pagar el sueldo que se deQue don Enrique se apoderó de Castilla.

bia á los soldados extraños, y lo que se prometió á BelCon la muerte del rey don Pedro enriquecieron unos tran Claquin en Montiel por el buen servicio que hizo en ayudar á matar al enemigo. Juntose lo que mas se las cosas de la guerra. Valió á los portugueses la nueva pudo del tesoro del Rey y de los cogedores de las que don Enrique tuvo de los daños y robos que el rey rentas reales. Todo era muy poco para hartar la co- de Granada hacia en el Andalucía, junto con la pérdida dicia de los soldados y capitanes extraños, que decian de la ciudad de Algecira, que el Moro tomó y la echó públicamente y se alababan tuvieron el reino en su por el suelo, de manera tal, que jamás se volvió á reedimano y se le dieron a don Enrique, palabras al Rey ficar. Debiéralo de hacer en venganza de las muchas afrentosas y para el reino soberbias; la dulzura del vidas de moros que aquella ciudad costara. Demás reinar hacia que todo se llevase fácilmente. Para pro- desto, el Rey tenia necesidad de volver á Castilla para veer en esta necesidad hizo el Rey labrar dos géneros proveer todavía de dineros con que pagar los soldados de moneda, baja de ley y mala , llamada cruzados la extraños y despachar á Beltran, que en esta sazon era una, y la otra reales, traza con que de presente se sacó solicitado del rey de Aragon para que pasase en Cergrande interés, y con que salieron del aprieto en que deña á castigar la gran deslealtad del juez de Arborea estaban; pero para lo de adelante muy perniciosa y Mariano, que de nuevo andaba alzado en aquella isla y mala, porque á esta causa los precios de las cosas su- tenia ganados muchos pueblos, y se entendia aspiraba bieron á cantidades muy excesivas. Desta manera casi á hacerse señor de toda ella. Habia enviado el rey de siempre las trazas que se buscan para sacar dineros del Aragon contra él á don Pedro de Luna, señor de Almopueblo, puesto que en los principios parezcan acertadas, nacir, el cual, sin embargo que tenia parentesco de afial cabo vienen a ser dañosas, y con ellas quedan las nidad cou Mariano, por estar casado con doña Elfa, paprovincias destruidas y pobres. Todas estas dificul- rienta suya, le apretó reciamente en los principios, y tades vencia la afabilidad, blandura y suave condicion puso brevemente en tanto estrecho, que por no se atrede don Enrique, sus buenas y loables costumbres, que ver á esperar en el campo, aunque tenia mayor ejérpor excelencia le llamaban el Caballero ; ayudábanle cito que el Aragonés, se encerró dentro los muros de la Otrosí á que le tuviesen respeto y aficion la majestad ciudad de Oristan. Túvole don Pedro cercado muchos y hermosura de su rostro blanco y rubio , ca dado que dias; y como quier que por tener en poco al enemigo era de pequeña estatura, tenia grande autoridad y gra- en sus reales faltase la guarda y vigilancia que pide la vedad en su persona. Estas buenas partes de que la na- buena disciplina militar, el juez, que estaba siempre turaleza le dotó, la benevolencia y aficion que por ellas alerta y esperaba la ocasion para hacer un notable el pueblo le tenia las aumentaba él con grandes dádi- hecho, salió repentinamente con su gente y. dió tan vas y mercedes que hacia. Por donde entre los reyes de rebato sobre sus enemigos y con tan grande presde Castilla él solo tuvo por renombre el de las Merce- teza, que primero vieron ganados sus reales, presos y des, honroso título con que le pagaron lo que merecia muertos sus compañeros que supiesen qué era lo que la liberalidad y franqueza que con muchos usaba. A la venia sobre ellos. Finalmente, fué desbaratado todo el verdad fuéle necesario hacerlo desta manera para ase- ejército y muerto el general don Pedro de Luoa y con gurar mas el nuevo reino y gratificar con estados y ri- él su hermano don Filipe. Pasados algunos dias, Branquezas á los que le ayudaron á ganarle y tuvieron su caleon Doria, que en estas revoluciones seguia la parparte en los peligros, ocasion de que en Castilla mu- cialidad del señor de Arborea , quier por algun desabrichos nuevos mayorazgos resultaron, estados y señoríos. miento que con él tuvo, quier con esperanza de maAvivábanse en este tiempo las nuevas de la guerra que yor remuneracion, se reconcilió con el Rey, con que hacian en las fronteras los reyes de Portugal y de Ara- alcanzó, no solamente perdon de los delitos que tenia cogon; proveyó á esto prestamente con un buen ejército metidos, sino tambien favores y mercedes. Poco tiempo que envió á la frontera de Aragon, cuyos capitanes, despues el juez de Arborea forzó á la ciudad de Sacer, Pero Gonzalez de Mendoza, Alvar García de Albornoz, que es la mas principal de Cerdeña, á que se le rindiese,

cobraron á Requena, echados della los soldados arago- con que se perdió tanto como fué de provecho reducirse i neses. El por su persona fué á Galicia, en que tenia nue- al servicio del rey de Aragon un señor lan poderoso é

vas que andaban los portugueses esparcidos y desman- importante como era Brancaleon. Estuvo entonces dados y con gran descuido; y que por ir cargados de esta isla á pique de perderse; para entretenerla lo melo que robaban en aquella tierra podrian fácilmente ser jor que ser pudiese mientras el Rey iba á socorrerla desbaratados. Cercó en el camino a Zamora, y sin es- envió allá por capilan general á don Berenguel Carroz, perar á ganarla entró en Portugal por aquella parte que

conde de Quirra; fuera desto, con grandes promesas está entre los rios Duero y Miño, que es una tierra fér- solicitó á Beltran Claquin quisiese pasar en Cerdeña y til y abundosa ; destruyó y corrió los campos de toda tomar á su cargo aquella guerra. Era muy honroso aquella comarca, quemó y robó muchas villas y aldeas, para él que los principes de aquel tiempo le hacian seganó las ciudades de Braga y Berganza. Desta manera, ñor de la paz y de la guerra, y que tenia en su mano el puesto grande espanto en los portugueses y vengadas dar y quitar reinos., Estaba para conceder con los ruelas demasías y osadía que tuvieron de entrar en su reino, gos del rey de Aragon, cuando otra guerra mas imporse volvió para Castilla. Hallóse con el rey don Enriqueen tante que en aquella coyuntura se levantó en Francia esta guerra su hermano el conde don Sancho, ya res. se lo estorbó y llevó a su tierra. Los pueblos del ducatado por mucho precio de la prision en que estuvo cado de Guiena se hallaban muy fastidiados y querelloen poder de los ingleses despues que le prendieron en sos del gobierno de los ingleses, que les echaron un la batalla de Najara. El rey de Portugal no se atrevió á intolerable pecho que se cobraba de cada una de las pelear con don Enrique, aunque antes le enviara á de- familias; esto para restaurar los excesivos gastos que safiar, por no estar tan poderoso como él, ni se le igua- el rey Eduardo hiciera en la entrada de su hijo el laba en la ciencia militar ni en la experiencia y uso de principe de Gales en España cuando restituyó eu su reino de Castilla á don Pedro. Llevaron muy mal esta un nuevo y poderoso reino, bien que por estar rodeacarga los guieneses, y lamentaban la opresion y servi- do de tantos enemigos no dejaba de ser molestado de dumbre; mas les faltaba cabeza que los favoreciese y varios y enojosos pensamientos. Representábasele que acaudillase que no gana de rebelarse. No tenian otro muchas veces un pequeño yerro suele estragar y ser principe mas á propósito á quien se entregar que el ocasion que se pierdan poderosos estados. Todos los rey de Francia; avisáronle de su determinacion, y su- buenos en Castilla le querian bien y se agradaban de su plicáronle tuviese lástima de aquel noble estado, que señorío; no era posible tenellos a todos contertos, foren otro tiempo fué de su corona, y al presente le tenian zosamente los que tenian recebidas algunas mercedes tiranizado y en su poder sus capitales enemigos. Pa- de don Pedro, ó por su muerte perdieron sus comodireció al Francés que era esta buena ocasion para pa- dades é intereses', defendian las partes del muerto y garse de lo que los ingleses hicieron en la batalla de les pesaba del buen suceso de don Enrique. Los porPotiers. Por esto holgó con la embajada, y los animó y tugueses tenian en este tiempo en Ciudad-Rodrigo una confirmó en su propósito; prometióles de encargarse de buena guarnicion de hombres de armas, dende hacian su defensa; que les exhortaba no dudasen de echar de grandes daños en las tierras de Castilla, corrian Jos su tierra los presidios de los ingleses, que él los socor- campos, robaban y quemaban las aldeas, con que los reria con un buen ejército. Animáronse con esto los labradores, como mas sujetos á semejantes daños, eran. guieneses. Los primeros que arbolaron banderas y to- malamente molestados. Para remedio destos males y maron cajas por Francia fueron los de Cahors. El Rey, reducir á su servicio esta ciudad, que es de las mas visto que ya estaba rompida la guerra y que para em- principales de aquella comarca , el Rey con toda su presa de tan gran riesgo é importancia le faltaba un hueste la cercó en el principio del año de 1370. Penprudente y experimentado capitan de quien se pudiese saba hallalla desapercebida y bacer que por fuerza o de fiar, juzgó que Beltran Claquin era el mejor de los que grado se la entregasen; hallóse en todo engañado, la ciupodia escoger y el que con mas amor y lealtad le ser- dad bien prevenida , y se la defendieron valerosamente viria. Con este acuerdo le envió á llamar á España; jun- los portugueses, por donde el cerco duró mas tiempo tamente rogó al rey de Navarra le fuese á ayudar en de lo que el Rey tenia imaginado. La aspereza de aquel esta guerra. Determinóse el Navarro de pasar á Francia, invierno fué grande, no pudo por ende el ejército esdado que á la sazon tenia en Aragon á Juan Cruzate, tar mas en campaña, y fué forzoso levantar el cerco é dean de Tudela, para que tratase de confederalle con irse á Medina del Campo á esperar el buen tiempo. Tuaquel Rey. Dejó en Navarra por gobernadora del reino vo Cortes en aquella villa. Lo principal que dellas reá la reina doña Juana, su mujer; y partido de España, sultó fué un gran socorro y servicio de dineros que los se quedó en Chireburg, una villa fuerte de su estado, procuradores de las ciudades le hicieron para que acaque está en Normandía. No se atrevió á fiarse del rey base de allanar el reino, por ser ya consumido lo que de Francia por las antiguas contiendas que entre sí tu- monlaron los intereses que se sacaron de las monedas vieran. Demás desto, como hombre astuto, queria desde de cruzados y reales que el año pasado se acuñaron allí estarse á la mira sin arriscarse en nada , propio de y arrendaron, gastados en pagar sueldos y premiar cagente tloblada, y visto en qué para ban estos movimien- pitanes y en satisfacer su demasiada codicia. Debiantos, despues inclinarse á aquella parte de que con me- sele á Beltran Claquin ciento y veinte mil doblas que le nos costa y peligro pudiese sacar mayor ganancia é in- prometió don Enrique porque le entregase en Montiel terés. Procuraba el rey de Francia amansar y sosegar al rey don Pedro, que para en aquella era fué una Ja feroz é inquieta condicion del Navarro, por saber grandísima cantía. Dióle en precio de las setenta mil que muchas veces de pequeñas ocasiones suelen resul- á don Jaime, hijo del rey de Mallorca y rey de Nápoles, tar irreparables daños y mudanzas notables de reinos. que era el rescate que la Reina, su mujer, señora riquiEnvióle con este fin una amigable embajada con ciertos sima , tenia prometido. Lo demás se le dió en oro de caballeros principales de su corte. Poco se hacia por contado, y ultra de sus pagas le hizo el Rey merced de medio de los embajadores; acordaron de bablarse en la ciudad de Soria y de las villas de Almazan, Atienza, Vernon, que es una villa asentada en la ribera del rio Montagudo, Molina y Seron. Con estas riquezas y granSeina ó Secuana en los confines de los estados de am- de estado que por su valor adquirió, ganada ultra desbos reyes. Concertaron en aquellas vistas que el rey

de to una fama y gloria inmortal, se volvió á nuevas esNavarra dejase al de Francia las villas de Mante y Meu

peranzas que se le representaban en Francia. Maurello lench y el condado de Longavilla, que eran los pueblos Fienno, que era condestable de Francia, hizo dejacion sobre que tenian diferencia, y que el rey de Francia del cargo, con que el Rey le proveyó á don Beltran; él diese en recompensa al Navarro la baronía y señorío de con su valor reprimió los brios de los ingleses que abraMompeller; empero estas vistas y conciertos se hicieron saban todo aquel reino, y alcanzó dellos grandes vicmas adelante de donde ahora llega nuestra liistoria, torias, unas con esfuerzo, y otras con industria y arte, que fué en el año de 1375. Volvamos á lo que se queda con que restituyó á su gente la honra y gloria militar atrás y lo que pasaba en Castilla.

perdida de tantos años atrás. En el mes de julio deste

año se concordaron en Tortosa los aragoneses y pavarCAPITULO XV.

ros y se aliaron; la voz era favorecerse los unos á los Cómo murió don Tello.

otros contra sus enemigos, en realidad de verdad no

era otra cosa sino juntar sus fuerzas para hacer guerra Muy alegre se hallaba don Enrique con la victoria ú don Enrique. Fueron entonces restituidas por la reique alcanzó de su enemigo; su fama se extendia y vo- na de Navarra al rey de Aragon las villas de Salvatierra laba por toda Europa como del que fundara en España y la Real , que antiguamente eran de aquel reino; hi

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