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Por vos mi poder se muestre.
De Alvar Fañez vueso primo
Recebí vueso presente,
No en feudo vueso, Rodrigo,
Sinon como de parientes.
Las banderas que ganasteis
A sarracenos de allende,
Por vuesa mandaderia
En San Pedro las veredes,
La vuesa Jimena Gomez,
Que tanto vos quiso siempre,
Porque la desmaridé

Mil pleitos contra mí tiene.
Non escucheis sus querellas.
Cuando á mí las enderece,

Que á las fembras mas astutas
Cualquier enojo las vence.
Acudid en su presencia.
Que cuido que vos atiende
Mas ganosa de vos ver
Que vos venides de verme,
Que si malos consegeros
Facen oficios que suelen,
En cambio de saludarme
Atenderedes mi muerto :

Non la atendais, home bueno ,.
Ansí os valga san Llorente,
Y riñas de por san Juan
Sean paz que dure siempre,
Prended al cuello los brazos.
Que vuesos brazos bien pueden
Prender en paz vueso rey,
Pues en guerra cinco prenden.
El rey don Alfonso el Sesto
Le dice esto al Cid valiente,
Que de lidiar con los moros
Victorioso á su rey vuelve,

xxv. -(Anónimo.)

Fablando estaba en celada.
El Cid con la su Jimena
Poco antes que se fuese
A las lides de Valencia:

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Un punto no esteis ociosa, Pues es lo mismo que muerta. Guardad vuesos ricos paños Para cuando yo dé vuelta, Que la fembra sin marido Debe andar con gran llaneza. Mirad por las vuesas fijas. Celadlas, pero no entiendan Que algun vicio presumis, Porque fareis que lo entiendan : No las aparteis un punto De junto à vuesa cabeza, Que las fijas sin su madre Muy cerca están de perderla. Sed grave con los criados, Agradable con las dueñas, Con los estraños sagáz, Y con los propios severa. Non enseñeis las mis cartas, A la mas cercana dueña, Porque no sepa el mas sabio Cómo paso yo las vuesas: Mostradlas á vuesas fijas, Si non tuvieres prudencia Para encubrir vuestro gozo, Que suele ser propio en fembras. Si vos consejaren bien, Faced lo que vos consejan, Y si mal vos consejaren, Faced lo que mas convenga. Veinte y dos maravedís Para cada dia os quedan, Tratadvos como quien sois, Non endureis la despensa : Si dineros vos faltaren, Faced como no se entienda, Enviádmelos á pedir, Non empeñeis vuestras prendas: Buscad sobre mi palabra, Que bien fallareis sobre ella Quien á vuestra cuita corra,' Pues yo acudo á las agenas: Con tanto, señora, á Dios, Que el ruido de armas resuena. Y tras un estrecho abrazo Ligero subió en Babieca.

XXVI. - (Anónimo.)

Apretada está Valencia, Puédese mal defensar, Porque los Almoravides No la quieren ayudar. Viendo aquesto un moro viejo, Que solia adivinar.

Subiérase á una alta torre Para bien la contemplar. Cuanto mas la mira hermosa,

Mas le crece su pesar,
Sospirando con gran pena,
Aquesto fué á razonar:

¡O Valencia ! ¡o Valencia,
Digna de siempre reinar!
Si Dios de tí no se duele,
Tu honra se va apocar,
Y con ella las holganzas
Que nos suelen deleitar :
Las cuatro piedras caudales
Do fuiste el muro á sentar,
Para llorar si pudiesen
Se querrian ayuntar:
Tus muros tan preminentes,
Que fuertes sobre ella están,
De mucho ser combatidos
Todos los veo temblar:
Las torres que las tus gentes
De lejos suelen mirar,
Que su alteza ilustre y clara
Los solia consolar,
Poco á poco se derriban
Sin podellas reparar;
Y las tus blancas almenas,
Que lucen como el cristal,
Su lealtad han perdido
Y todo su bel mirar:
Tu rio tan caudaloso,
Ta rio Guadalaviar,
Con las otras aguas tuyas
De madre salido ha:
Tus arroyos cristalinos
Turbios ya siempre vendrán
Tus fuentes y manantiales
Todos secado se han:
Tus verdes huertas viciosas
A ninguno gozo dan,
Que la raiz de sus yerbas
Bestias roido las han:
Tus prados de cien mil flores
Olores de sí no dan,
Mustios andan y marchitos,
Sin color ni olor están :
Aquel honrado provecho
De tu playa y de tu mar,
En deshonra y daño torna,
¡Mal te puede aprovechar !
Los montes, campos y tierras
Que tú solias mandar,
El humo de los sus fuegos
Tus ojos cegado han:
Es tan grave tu dolencia
Y tanta tu enfermedad,
Que los hombres desesperan
De salud poderte dar.
10 Valencia!¡o Valencia !
Dios te quiera remediar,
Que muchas veces predije

Lo que agora veo llorar.

XXVII.-(Sepúlveda)

Cercada tiene á Valencia
Ese buen Cid castellano,
Con los moros que están dentro
Cada dia peleando :
Muchos ha muerto y prendido
Y á otros ha cautivado.
Al real del buen Rodrigo
Un caballero ha llegado,
Martin Pelaez ha por nombre,
Martin Pelaez asturiano;
Muy crecido es en el cuerpo,
En los miembros arreciado.
Aqueste es de buen donaire,
Pero muy acobardado,
Halo mostrado en las lides
Y batallas do se ha hallado.
Mucho le pesó al buen Cid
Cuando lo vido á su lado,
No es para vivir con él
Hombre tan afeminado.
Un dia entrára el buen Cid
Y con él los sus vasallos
En batalla con los moros,
Pelean como esforzados.
Allá va Martin Pelaez
Bien armado y á caballo:
Antes de dar el torneo
Al real habia tornado,
Fuese para su posada
Cubierto y disimulado.
En ella anduvo escondido
Hasta que el Cid ha tornado ;
Dejó muertos muchos moros
A ellos ganára el campo.
El Cid se sentó á comer
Como tiene acostumbrado,
Solo en su cabo á una mesa
Y en el su escaño asentado,
Y en otra sus caballeros,
Los que tiene por preciados.
Con aquestos nadie come
Sino los mas afamados,
Así lo ordenó el buen Cid
Por facerlos esforzados,
Y que cada uno procure
Facer fechos estimados
Para comer á la mesa

De Alvar Fañez y su hermano.
Bien cuidó Martin Pelaez
Que non vió el Cid lo pasado,
Y así las manos se lava,
A la mesa se ha sentado
Donde está don Alvar Fañez
Con la compaña de honrados.

-

El Cid se fué para él
Y del brazo le ha trabado,
Diciendo: Non sois vos tal
Para en tal mesa sentarvos
Con estos parientes mios
A quien vos podais llegarvos:
Mas valen que yo ni vos,
Que son buenos y aprobados,
Sentadvos á la mi mesa.
Comed conmigo á mi plato.
Con mengua de entendimiento
No creyó que es baldonado,
Asentóse con el Cid

A su mesa y á su lado,

-

Y el Cid con grande cordura
Esta reprension le ha dado.

XXVIII. —(Anónimo.)

A solas le reprehende
A Martin Pelaez el Cid,
Que las faltas de los buenos
A solas se han de reñir.
Dicele con rostro airado ;
¿Es posible que fuir
Pueda un home, siendo noble,
Por temores de una lid,
Y mas vos siendo quien sois,
Viniendo de do venis,
Que cuando fincárais muerto
Os fuera honroso el morir?
Levantéme de la mesa
Do bocado no comí,
¡Qué buena pro me tuviera
Cuidando en el que vos ví!
Atended lo que vos digo
Y non cuideis en fuir,.
Porque fuyendo afrentades
A vuesa honra y á mí.
Si me dades por disculpa
Decir que visteis venir
Mucha multitud de moros,
Non la quiero recibir,
Entraos en la religion
Adonde podreis vivir

Sirviendo á Dios, que en las guerras
Non sois para lo servir.
Pusiéraisos á mi lado,
Que pudiera ser que allí
Se vos quitára el pavor
Y vuesas menguas cubrir,
Salid esta tarde al campo,
Que quiero ver si sufris

Mas que os afrenten mil homes
Que quedar muerto en la lid,
Y podrá ser quedeis vivo
Que yo tengo de ir allí,
Y veré lo que facedes

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Corrido Martin Pelaez
De lo que el Cid ha fablado,
Dello cobró gran verguenza,
Dello está muy ocupado.
Fuése para su posada,
Triste estaba y muy cuitado.
Viendo como el Cid ha visto
Su cobardía tan claro,
Por lo cual no consintió
Que coma con los honrados;
Propónese ser valiente
O de morir en el campo.
Otro dia salió el Cid,
Junto á Valencia ha llegado,
Salieron luego los moros
A ferir en los cristianos,.
Llegan denodadamente
Con los esfuerzos sobrados.
Martin Pelaez fué el primero
Que la lid habia entrado,
Y firió tan recio en ellos
Que á muchos ha derribado;
Allí perdió todo el miedo,
Muy gran esfuerzo ha cobrado,
Peleó valientemente
Mientras la lid ha durado,
Unos mata y otros hiere,
Hizo en ellos grande estrago:
Los moros dicen á gritos :

-¿De dó ha venido este diablo?
Hasta aquí no le hemos visto
Tan valiente esforzado,
A todos nos hiere y mata,
Del campo nos ha lanzado.
Por las puertas de Valencia
A los moros ha encerrado,
Los brazos hasta los codos
En sangre lleva bañados,
Ninguno hay tal como él
Si no es el Cjd afamado.
Los moros fueron vencidos,
Pelaez se habia tornado,
Esperándole está el Cid
Fasta que fuera llegado,
Con muy crecido placer
Rodrigo lo habia abrazado,
Díjole :- Martin Pelaez,
Vos sois bueno y esforzado,
Non sois tal que merezcais
De hoy mas conmigo sentaros,

Asentaos con Alvar Fañez
Que era mi primo hermano,
Y con estos caballeros
Que son buenos y estimados,
Que los vuesos buenos fechos
Siempre serán bien mentados,
Sereis dellos compañero,
Sentaros heis á su lado.—
De aquel dia en adelante
Fizo fechos muy granados
De esforzado caballero,
Bueno como el mas preciado.
Aquí se cumplió el proverbio
Entre todos divulgado,

Que el que á buen árbol se arrima De buena sombra es tapado.

XXX.—(Anónimo.) (*)

Desterrado estaba el Cid De la corte y de su aldea De Castilla por su rey, Cansado de vencer guerras, Y en las venturosas armas Apenas las manchas secas De la sangre de los moros Que ha vencido en sus fronteras, Y aun estaban los pendones Tremolando en las almenas De las soberbias murallas Humilladas de Valencia, Cuando para el rey Alfonso Un rico presente ordena De cautivos y caballos, De despojos y riquezas. Todo lo despacha á Búrgos, Y á Alvar Fañez que lo lleva, Para que lo diga al rey Le dice desta manera:

Dile, amigo, al rey Alfonso, Que reciba su grandeza De un fidalgo desterrado La voluntad y la ofrenda, Y que en este don pequeño Solamente tome en cuenta Que es comprado de los moros A precio de sangre buena : Que con mi espada en dos años Le he ganado yo mas tierras

Que le dejó el rey Fernando
Su padre, que en gloria sea:
Que en feudo dello le tome,
Y que no juzgue á soberbia
Que con parias de otros reyes
Pague yo á mi rey mis deudas;
Que pues él como señor
Me pudo quitar mi hacienda,
Bien puedo yo como pobre
Pagar con hacienda agena:
Y que juzgue que en su dicha
Son delante mis enseñas
Millaradas de enemigos

Como ante el sol las tinieblas :
Y espero en Dios que mi brazo
Ha de hacello rico, mientras
La mano aprieta Tizona
Y el talon fiere á Babieca :
Y en tanto mis envidiosos
Descansen, mientras les sea
Firme muralla mí pecho
De su vida y de sus tierras,
Y entreténganse en palacio,
Y guárdense no me vendan,
Que del tropel de los moros
Soltaré una vez la presa
Y llegarán su avenida
A ver entre sus almenas;
Y defiendan bien sus honras
Como manchan las agenas ;
Y si les diere en los ojos

Lo

que les dió en las orejas,
Verán que el Cid no es tan malo
Como son sus obras buenas ;
Y si sirven á su rey

En la paz como en la guerra
Mentirosos lisonjeros,

Con la espada ó con la lengua,
Y verá el buen rey Alfonso
Si son de Búrgos las fuerzas
Los caminos de ladrillo
O los ánimos de piedra :
Que le suplico permita
Se pongan esas banderas
A los ojos del glorioso
Mi príncipe de la Iglesia,
En señal que con su ayuda
Apenas enhiestas quedan
En toda España otras tantas,
Y ya me parto por ellas:
Y le suplico me envie

(*) Es al mismo asunto que el de los romances de Sepúlveda : « Ganado tiene á Valencia » con algunas variantes.

Mis fijas y mi Jimena,
Desta alma sola afligida
Regalada y dulce prenda :
Que si non mi soledad,
La suya al menos le duela,
Porque de mi gloria goce
Ganada en tan larga ausencia.
Mirad, Alvaro, no erreis,
Que en cada razon de aquestas
Llevais delante del rey
Mi descargo y mi limpieza.
Decidlo con libertad,

Que bien sé que habrá en la rueda
Quien mis pensamientos mida
Y vuesas palabras mesmas.
Procurad que aunque les pese
A los que mi bien les pesa,
No lleven mas que la envidia
De mí, de vos, ni de ellas:
Y si en mi Valencia amada
No me halláreis á la vuelta,
Peleando me hallaredes
Con los moros de Consucgra.

XXXII.-(Anónimo.)

Llegó Alvar Fañez á Búrgos
A llevar al rey la empresa
De cautivos y caballos,
De despojos y riquezas.
Entró á besarle la mano,
Despues de darle licencia,
Y puesto ante él de rodillas
Este recaudo comienza :

Poderoso rey Alfonso,
Reciba vuesa grandeza
De un fidalgo desterrado
La voluntad y la ofrenda.
Don Rodrigo de Vivar,
Fuerte muro en tu defensa,
Por envidia desterrado
De su casa y de su tierra,
Pide que con libertad
Hable puesto en su defensa,
Y así quiero por no errar
Decir sus palabras mesmas.
Dice que este don pequeño
Tomeis solamente en cuenta,
Que es ganado de los moros
A precio de sangre buena :
Que con su espada en dos años
Te ha ganado el Cid mas tierras
Que te dejó el rey Fernando,
Tu padre, que en gloria sea:
Que en feudo desto lo tomes,
Y no juzgues á soberbia

Que con parias de otros reyes
El pague á su rey sus deudas;

Y pues tú como señor
Le quitaste su facienda,
Que bien puede como pobre
Pagar con facienda agena.
Que fies en Dios y en él

Que te ha de hacer rico, mientras
La mano aprieta á Tizona

Y el talon hiere á Babieca.
Y que gustes que en San Pedro
Se pongan estas banderas
A los ojos del glorioso
Gran príncipe de la Iglesia
En señal que con su ayuda
Apenas enhiestas quedan
En toda España otras tantas,
Y ya se parte por ellas.
Que te suplica le envies
Sus fijas y su Jimena,
Del alma triste afligida
Regaladas duices prendas:
Y si non su soledad,
La suya al menos te duela,
Para que su alma goce
Ganada en tan larga ausencia.
No quisiera haber errado,
Que en cada palabra destas
Te traigo, rey, de Rodrigo
Su descargo y su limpieza. -
Apenas dió la embajada
Cuando la envidia revienta
De envidiosos lisonjeros
Y corredores de orejas.
Movióse un conde agraviado,
Y díjole al rey : Tu alteza
No dé crédito á estas cosas,
Que son engaños que ceban.
Querrá ahora el Cid Rodrigo
Con esto que te presenta
Venirse á Búrgos mañana
A confirmar tus ofensas.
Caló Alvar Fañez la gorra
Y empuñando en la derecha,
Tartamudo de corage

Le dió al conde esta respuesta:
Nadie se mude ni hable,
Y el que se moviere atienda
Que le fabla el Cid presente,
Pues yo lo soy en su ausencia :
Y cuando en mi pobre esfuerzo
Cupiere alguna flaqueza,
La gran firmeza del Cid
Me ayuda desde Valencia :
No le venda ningun falso
Ni sus lisonjas le vendan,
Que dél y de mí, en su nombre,
No aseguro la cabeza.

Y tú, rey, que las lisonjas
Acomodas y aprovechas

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