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Papa es el Señor y no el dispensador de los ben ficios, y que los puede dar como le place, y á quien le place? Y los libros de Considerat. de San Bernardo al Papa Eugenio 111; ¿qué otra cosa son sino unos clarísimos espejos dende mirándose los Papas viesen los defectos que cometian, ó por falta de po-der, ó por abuso de su poder legítimo? Tendré yo jamas por un osado, temerario y sacrilego, por mas que lo diga este artículo de esta ordenanza, á Guillelmo Durando, obispo de Mende en el Languedoc, que en el concilio de Viena en el año 1311 admiró á los Padres por el zelo apostólico con que presentó su memorial de excesos de los Romanos Pontífices con que afligian la iglesia? Léase, si se quiere, la carta de nuestro sábio español y valenciano Luis Vives al Papa Adriano vi en su exaltación á la suprema siHa de Roma; léase y se verá si se anduvo, en miramientos, y no le dixo quales fueron los Papas que le precedieron; y eso que era llamado el sábio juicioso de su tiempo. Dirán los ultramontanos que mas es de alabar lo que hizo el nobilísimo y muy sábio cardenal de Inglaterra Reginaldo Polo, que despues de haber escrito contra el Papa Paulo Iv, echó su libro á las llamas diciendo aquellas palabras del Génesis: non deteges virilia patris tui. Pues yo digo que lo hizo muy bien, y que hizo lo que debió hacer; pero que no lo hizo mejor, y que no es por ello mas de alabar. ¿Qué tiene que ver lo que este cardenal hizo con lo que los demas hicieron? Este hombre, que de repente se ve privado por el Papa de la dignidad de legado que le tenia conferida, , y lo mas sensible, sin mas causa que el tenerlo por favorecedor de los hereges, porque estaba muy mal con el espantoso y cruel rigor con que se les perseguia; ¿qué es lo que hizo? Ve que la reyna se pone de su parte, y se opone al nuevo nombramiento de legado, y él sin dársele nada de las insignias, se las quita: ¡qué bien! Toma la pluma, y escribe una ardiente apología....; no hizo mal, porque un hombre de honor derecho tiene á hacer patente la injuria: luego la arroja al fuego: ¡ resolucion hermosa, digna por cierto de su generoso pecho! Claro es, Señor, sin que yo lo diga, qué es lo que le moveria á hacerlo. Pero si como la quemó, la hubiera publicado, diganme los ultramontanos: ¿ fuera este cardenal otro de los desgraciados, y tratado, segun su ordenanza, de osado, sacrilego y temerario? Vaya, Señor, ya con esto, sigo con mi discurso adelante, sin dár-, seme nada de que digan de mí quanto quieran buenas ó malas lenguas.

son y

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,,Señor, los Papas son por lo comun de opinion que á ellos privativamente toca por derecho divino el decidir en puntos de fe; y quando los Papas no lo son, que de todo ha habido, lo son los cardenales, y siempre lo lo han sido los curiales, que en Roma es gente que se ha hecho respetar, y aun temer mucho aun de los mismos Papas. ¡Ah! Señor, y quanto hay que decir sobre esto! No molestaré á V. M.; solo referiré lo que pasó el año 1148. Sabida cosa es lo mucho que se amaron toda su vida el Papa Eugenio II y San Bernardo, monge y abad de Claraval. El Papa nunca se olvidó de que lo tuvo por maestro en el claustro; y aunque esto no mediara, quien no amaria á un hombre como San Bernardo? Amábanle, pues, como digo, entrañablemente. Sucedió que hallándose el Papa dicho año en Paris, por haber dexado á Roma, que andaba algo revuelta, pensé en juntar y juntó un concilio en Rems. El concurso de obispos fué numerosísimo: no acertaré á decir quantos fueron; pero sí podré asegurar que pasaron de mil. En este concilio fué la gran disputa de San Bernardo con el

herege obispo de Poitiers Gilberto de la Porea, que tuvo la dicha de ser vencido, y de abjurar sus errores, que ya se habian esparcido demasiado. Gozoso el Papa de tan buen suceso, quiso que el concilio por un cánon condenase estos errores ya abjurados por Gilberto. Hízolo así el concilio. Sábenlo los cardenales, y pesarosos del hecho, todos de mancomun, y sin guardar ningun comedimiento, se entran por la cámara del Papa, y tomando uno la palabra, le habla de esta manera: debeis saber que nosotros los cardenales somos sobre quien se apoya, se muere ó vuelve la iglesia, como se Duelve sobre sus quicios una puerta. Debeis saber que nosotros somos los que os hemos elevado al gobierno de toda la iglesia, y que de un hombre particular que erais, os hemos hecho el Padre universal de todos los fieles. Desde entonces se os debieron acabar todas las amistades particulares, y no debisteis pensar sino en el bien comun, y en mantener á la corte de Roma con todo el esplendor de su gran preeminencia. Esto es así. Pues decidnos ahora, ¿qué es lo que con vuestra órden, y aun con mucho gusto vuestro acaba de hacer ese vuestro abad, 6 ese vuestro querido Bernardo, y con él este clero galicano? ¿Cómo han tenido la osadía de levantar la cabeza sobre, 6 For mejor decir, contra la grandeza de la silla de Roma? Esta, esta es la única silla que abre, y ninguna otra cierra: esta es la que cierra, y otra ninguna abre. Esta es la única que decide en puntos de fe, sin poder comunicar esta prerogativa con nadie. Ni aun el Papa, no estando en su silla, puede ni debe sufrir lo que ahora se ha permitido hacer á este clero y á este vuestro Bernardo.

,,Señor, ¿se podria creer un razonamiento tan extraño y grosero como este en boca de unos cardenales, á no referirlo un autor contemporáneo, como que murió diez años despues de este suceso? Pues tal es Cton, obispo de Flesinga: él lo refiere en su obra de Gestis Friderici 1 imperatoris. Y si no supiéramos lo mucho que puede la preocupacion en el hombre, & quán, to no admiraríamos que el cardenal Barcnio, lejos de desagradarse de este razonamiento, lo aplauda y celebre como lo celebra? Este grande hombre, Señor, cuya memoria será siempre grata mientras haya algun amor á las letras, aunque no hubiera escrito mas que sus Anales, sin embargo de habérsele descubierto algunos lunares ó defectos; este hombre grande, repito, despues de referir aquel razonamiento, fué tanto lo que se agradó de él, que vuelto á su lector, le pregunta: ¿qué te parece de esto? ¿No te parece que estás oyendo á otros tantos Pablos, que á rostro firme resisten 6 reprehenden á San Pedro? ¡Otros tantos Pablos con un lenguage tan distinto y contrario al de San Pablo! Permítame V. M. que en honor de este cardenal diga que esta comparacion no fué digna de su sabiduría, ni de su juicio, ni de su ingenio. Y qué dicen los ultramontanos? ¿ Piensan que sobre los cardenales, , y no sobre los obispos se apoya, se mueve y gira la iglesia, como dixeron estos Pablos? ¡Ah! Señor, ¡quán ridículo se hace el hombre quando á trueque de mantener su sistema, no atiende á su razon, y hace del ciego! Esto que acabo de decir me recuerda aquel tan largo cemo disparatado discurso que sobre la jurisdiccion de los Papas y Obispos pronunció en el santo concilio de Trento un teólogo ultramontano, de ingenio muy brillante á la verdad, , pero muy malogrado. Decia él, y con frente muy serena:,,los obispos reciben del Papa su jurisdiccion; y aunque el apóstol San Pablo parece que dice lo contrario, no hay por que embarazarse en esto; porque si

Oxalá

es verdad que dixo que el Espíritu Santo puso por gobernadores de su iglesia á los obispos, tambien lo es, y nadie lo dada, que hay dos modos de ponerlos, ó por sí, ó por otro y en este segundo modo se debe entender San Pablo; de suerte que á San Pedro se le dixo: mi iglesia á tí te la encargo; tú solo no has de bastar para esto: elegirás, pues, ó pondrás para que te ayuden los criados que te parezca."¡ Ay Dios, y qué interpretacion esta! ¡Los obispos unos criados del Papa! Dixo mas: un obispo quando se consagra no recibe jurisdiccion ninguna. ¡Qué otra proposicion esta! Por fortuna nuestro arzobispo de Braga hizo ver quan verdadera era su contraria. ¿Qué significa el báculo, decia, que se le entrega al obispo quando se consagra sino la jurisdiccion? Pues qué? ¿Se le miente quando se le entrega? Dixo mas aquel ultramontano: la jurisdiccion se da en la simple colacion, y esta la puede dar el Papa á un simple clérigo, y aun á quien no lo sea. ¡ Pobres obispos! ¡A qué extremo de abatimiento os reduxo este escritor! Pues qué, dirá alguno, ¿este hombre se olvidó de que los obispos son sucesores de los apóstoles? ¡Oxalá que así fuera, que se olvidara, oxalá que nunca lo dixera, pues si lo dixo fué para mas abatirlos ú envilecerlos! Dixo que eran sucesores solo en quanto á decirles misa á los fieles. Señor, y habrá pecho católico que esto oyga con paciencia? ; que esto oyga con paciencia? Y no se me diga, Señor, para mi consuelo, que esto y lo demas que este ultramontano dixo, pasaria ó se tendria por un delirio ó por un sueño. Hubo muchos, y fueron los mas, que por tal lo juzgaron; pero algunos hubo lo así, y que no creyeron peor y mas sensible es que quiza hoy dia habrá muchos que no lo crean. Mis motivos tengo para temerlo. Léanse, si es que hay paciencia para leerlos, esos diez y nueve volúmenes de Decisiones de la Rota, en especial la parte duodécima, y se verán á millares prodigios como estos. Pregunto: ¿y se han condenado alguna vez? Se les ha puesto alguna censura hasta ahora, á lo menos de esas que algun tanto los desacrediten? No. Y se querrá de mí que no tema que haya todavía quien no los tenga por delirios? Léase el cardenal de Luca en su obra intitulada Teatro de la verdad y justicia, y se verá otro tanto que en las Decisiones. Y tampoco se ha prohibido? ¿Cómo se ha de prohibir? ¿Qué injusticia no seria condenar un Teatro de justicia? ¿Quiere V. M. una muestra de lo que siente este autor de verdades y de justicias? En su obra Relacion de la corte de Roma, en el segundo ó tercero discurso, que sobre esto no estoy cierto, dice: los obispos, arzobispos y patriarcas son unos meros oficiales del Papa.. Vea V. M. si dias pasados nos dixo bien un sabio diputado del Congreso en su solidísimo discurso, quando aseguró que los obispos son tenidos por unos sacristanes: expresion, que segun nos dixo, y es así la verdad, usó lamentándose de ello el obispo de Córdoba D. Francisco de Solís. Y mientras se piense así de los obispos, i podremos esperar que Dios nos bendiga, y mejore los tiempos? No nos engañemos, Señor, no nos dexemos llevar de esta vana esperanza. Mientras no honremos á los obispos, como Dios manda que los honremos, no hay que esperar el fin de nuestros males: de cada dia irán en aumento.

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,,¿Y no nos debia bastar, no digo para desechar, sino para abominar estas opiniones que tanto los degradan, el saber como se introduxeron? No lo quiero pasar en silencio. La iglesia, Señor, fué muy perseguida en los tres siglos primeros, y en los quatro que se siguieron muy floreciente. Pere

en el octavo, dice el sabio Augustiniano Cristiano Lupo, que ni á la Silla apostólica, ni á la potestad eclesiástica se tuvo la menor consideracion ó respeto. En los gaulas y germanos la deprimian los francos; en España los sarracenos; en Italia los lombardos, y en Iliria los griegos. Tras esto, como era natural, se corrompieron las costumbres. Ni habia escuelas, ni estudios, ni mas sabios que los clérigos, y estos no pasaban de piadosos, por-. que en quanto á letras eran unos ignorantes y necios. Para levantar, pues, la iglesia de Roma de este abatimiento en que habia caido, no sé que fiel cristiano, continúa Lupo, forxó baxo el nombre de los primeros Papas las epístolas decretales, llamadas comunmente Coleccion de Isidoro Mercator." Hasta aquí Cristiano Lupo.

,,Un sabio, de cuyo nombre no puedo acordarme, pero que lo cita VanEspen, dice:,,por cierto que fué una piedad bien ridícula fabricar tan gran número de cartas, donde á los Pontífices y Mártires mas respetables de la iglesia se les hace decir lo que no dixeron, lo contrario de lo que dixeron, y aun de lo que se hubieran horrorizado, si á la imaginacion les viniera. El Isidoro, prosigue este sabio, fué un malvado; si conoció lo que hizo ; y si no lo conoció, fué un menguado é iluso. Pero sea lo que fuere de su intencion, que sobre eso ya le habrá juzgado Dios, lo cierto es que en su siglo pasó por un sabio, se fió de sus luces, y se le creyó exâcto. Su coleccion ademas ahorraba del penoso trabajo de recurrir y desojarse en exâminar las fuentes. Por esto, y por creer que en todo decia verdad, porque en muchas cosas la decia, su crédito pasó á admiracion, y á tenerlo por digno de ser seguido á ciegas." Hasta aquí este sabio. ¿Y quién debió ser este Isidoro Mercator, este malvado si conoció el mal que con esto hizo, y si no lo conoció, un menguado é iluso? Este fué un tal Riculfo, arzobispo de Moguncia. No puede ser, se me dirá. Si él halló esta Coleccion aquí en España quan do estuvo por los años de 787; si la coleccion misma decia que su autor era el Isidoro Mercator; si el Riculfo se la llevó, y la mostró á todo el mundo á su vuelta de España, ¿cómo puede ser él su autor? Todo esto es verdad; pero con todo esto, gentes muy honradas dicen que todo fué ficcion de Riculfo; y que la coleccion ya por los años 784 estaba fraguada en Roma; y me lo dicen con tales razones, que me lo hacen creer. Yo sole digo que buscando por las historias de España el tal Isidoro, no parece ni ha parecido janias; y segun reglas de derecho, he oido decir que aquel en quien se encuentra el cuerpo del delito se tiene por delinqüente, si él no prueba lo contrario. Pero esto importa poco, Señor, el mal ya está hecho: lo que importa es remediarlo. Para lo qual es necesario velar mucho sobre los libros que se deben permitir leer, porque hay un sin número de ellos que así en lo civil y temporal, como en lo eclesiástico y espiritual engaan. ¿Creerá V. M. que hay escritor ultramontano que por sostener que el Papa puede quitar los reynos ó imperios; y dispensar á los súbditos de la fidelidad y obediencia debida á emperadores y reyes, viendo que le son contrarios los apóstoles San Pedro y San Pablo por recomendarla tanto como la recomiendan, se atreve á tratarlos de aduladores? Pues oygalo V. M. ,,Como en tiempo, dice, de San Pablo habia tantas novedades, y temerosos los príncipes de que iban á perder su imperio por un trastorno general de cosas; se enfurecian contra el nombre cristiano: el apóstol que vió esto, æduló en este capítulo á los reyes y emperadores, y lo mismo hizo San Pe

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dro en su primera carta diciendo á los ficles: estad sujetos á toda criatura por Dios, ya sea al rey por su preeminencia, ya sea á los capitanes que él os envia." Quoniam Pauli tempore multa nova prodibant, et principes contra Christi nomen furebant, quasi de rerum publicarum eversione dubitantes, et de concisione sui imperii, blanditur hoc capite Paulus imperatoribus et regibus, quemadmodum Petrus in priori sua epistola: subjecti, inquit, estote omni creaturæ propter Deum, sive regi quasi præcellenti, sive du cibus tanquam ab eo missis. Ahora dígaseme, ¿qué males no podrian temerse de esta opinion ultramontana en lo civil y respecto á los monarcas? Pues otro tanto puede temerse de otras opiniones ultramontanas en lo eclesiástico, y respecto á los obispos, cuyos sacrosantos derechos en mucha parte se ultrajan. Y no habia yo de aprobar este artículo, en que lo primero que se dice es que se dexan expeditas las facultades de los obispos y sus vicarios para conocer en las causas de fe, con arreglo á los sagrados cánones y derecho comun? Dios no lo permita. Desde los sepulcros, donde yacen sus frias cenizas, me parece que me estan dando voces que lo apruebe los sapientísimos obispos españoles que tanto las reclamaron. ¡Oxalá que al tiempo de votar se me permitiera adornar mi voto con algunas palabras! Pero puesto que a nadie se concede sino un sí ó un no; ahora, que soy libre en decir lo que quiero, digo que no solo apruebo el artículo, sino que lo aplaudo, porque todo él, á mi juicio, está respirando verdad, justicia y prudencia."

El Sr. Canedo:,,He visto que varios señores han impugnado, dirigiéndose á mí, las opiniones ultramontanas que jamas han entrado en mis ideas; y lo he mirado con indiferencia. En la actualidad con motivo de la exposicion tan erudita, exâcta y encantadora, que para mí lo ha sido, la del señor preopinante, he entrado en algun rezelo con respecto á las opiniones que he manifestado; porque aunque allí se propone como principio incontextable que la cabeza de la iglesia por uno de los derechos de primacía tiene autoridad para velar sobre la pureza de la fe y doctrina en qualquiera parte de la cristiandad, no creo yo que esté envuelto en el sistema del ultramontanismo el que la autoridad absoluta del Papa vele sobre toda la cristiandad por un derecho comun y ordinario, ni que esto pueda negarse sin contravenir á la unidad de la iglesia. Juzgaba yo que esto no estaba en las ideas del ultramontanismo; pero si se entiende por ultramontanismo la dependencia que tienen los obispos á la cabeza de la iglesia, que se deduce de las palabras del Salvador passe oves meas, pasce hados meos, digo que en este sentido soy ultramontano, y lo seré siempre, así como en otro sentido jamas llegué á tener la mas leve impresion de estas ideas. El otro sentido está autorizado por la constante tradicion de las iglesias de España; prescindamos de las demas. En España no se conoce otro sistema que el de la legacion, como se ve en lo que escribió el Papa Zacarias á N. arzobispo de Sevilla..... lo que hizo el mismo Zacarias quando escribió á Pedro de Tarragona autorizándole para lo mismo. A la sabiduría de V. M. no se oculta quanto valen los documentos, y sobre todo los indicados. Contra esto se alega que el Papa San Gregorio hubiese rehusado admitir el dictado de aquella autoridad que exerció aun sobre nuestra misma iglesia como Primado. Al señor preopinante no se ocultan las circunstancias que concurrieron en tiempo de San Gregorio para que rekusase admitir ese pompos●

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