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de la retaguardia llevaba el mismo don Pedro de Por- las armas. Tuvo este rey dos mujeres, la una mora de tugal. Las gentes de don Fernando eran menos en nú- nacion, cuyo hijo fué Boabdil, que adelante se llamó el mero, que no pasaban de setecientos caballos y mil in- Rey Chiquito, la otra era cristiana renegada , por nomfantes. Ordenáronlas desta manera: la avanguardia se bre Zoroira; della tuvo dos hijos, llamados el uno Cado, encomendó al conde de Prades; Hugon de Rocaberti, y el otro Nacre, los cuales en tiempo del rey don Fercastellan de Amposta y Mateo Moncada fortificaban los nando el Católico, cuando se ganó Granada, se volviecostados; don Enrique, hijo del infante de Aragon don ron cristianos; el mayor se llamó don Fernando, y el Enrique, quedó de respeto para socorrer donde fuese menor don Juan. Su madre al tanto, movida del ejemnecesario; en el postrer escuadron iba el príncipe don plo de sus dos hijos, se redujo á nuestra fe y se llamó Fernando, acompañado de muchos nobles. Bernardo doña Isabel. En tiempo deste rey Albohacen hobo por Gascon, natural de Navarra, con la infantería de su algun tiempo paz con los moros. Por frontero a la parcargo llevó órden de tomar la parte de la montaña para le de Jaen estaba Iranzu, el condestable; por la parte que no les pudiesen acometer por aquel lado. Antes de Ecija don Martin de Córdoba. Por el mismo tiempo que se diese la señal de pelear, el príncipe don Fer- don Fernando, rey de Nápoles, vencidos y desbaratanando armó caballeros algunas personas nobles. Co- dos sus enemigos, así los de dentro como los de fuera, menzaron á pelear los adalides, que iban delante, con afirmaba su imperio en Italia. Despues que en una bagrande vocería que levantaron; cargaron los demás, y talla muy señalada que se dió cerca de Sarno, en Tieren breve espacio el primero y segundo escuadron de ra de Labor, quedó vencido, se rehizo de fuerzas, y los portugueses fueron forzados á retirarse, y en fin, ayudado de nuevos socorros del Papa y duque de Mitodos se desbarataron por el esfuerzo de los aragone- lan y de Scanderberquio, como arriba queda dicho, el ses. Con tanto, atemorizados los demás que pusieron año siguiente despues que perdió aquella jornada buen la retaguardia, en que se hallaba el mismo don Pe- milló al enemigo, que soberbio quedaba, en una batalla dro de Portugal y la fuerza del ejército, poca resisten- que le ganó cerca de Troya, ciudad de la Pulla. No cia pudieron hacer. Volvieron las espaldas y huyeron paró hasta tanto que forzó á Juan, duque de Lorena, á desapoderadamente, la gente de á pié por los montes cer- retirarse á la isla de Isquia; de donde, sosegadas las canos, los de á caballo por los llanos. Don Pedro de alteraciones de los barones y apaciguada la provincia, Portugal se valió de maña para escapar; quitóse la sobre- perdida toda esperanza, fué forzado con poca honra á veste, y mezclado con los vencedores, el dia siguiente dar la vuelta á Francia. Era este Principe igual en essin ser conocido se puso en salvo. Los borgoñones, á fuerzo á sus antepasados, y dejó gran fama de su mulos cuales se dió la primera carga, casi todos quedaron cha bondad; la fortuna y el cielo no le fueron mas que en el campo; peleaban entre los primeros, y conforme á ellos favorables. Desta manera el rey don Fernando, á su costumbre tienen por cosa muy fea volver el pié puesto lin á la guerra de los barones de Nápoles, que atrás. De los demás muchos fueron presos, y entre fué muy dudosa y muy larga, entró en Nápoles como ellos el conde de Pallas, principal atizador de toda esta en triunfo de sus enemigos á 14 del mes de setiembre; guerra. Dióse esta batalla postrero dia de febrero del grande magnificencia y aparato, concurso del pueblo año 1465. La victoria fué tanto mas alegre, que de los y de los nobles extraordinario, que le honraron á porfía aragoneses pocos quedaron heridos, ninguno muerto. con todas sus fuerzas, regocijos y alegrías que se hiDon Pedro de Portugal se volvió a Manresa. Beltran cieron muy grandes. La reina doña Isabel, su mujer, Armendario, sin embargo, fortificó con gente el lugar como quier que atribuia la victoria á Dios y á los sande Cervera, en que metió parte del ejército, bien que tos, visitaba las iglesias con sus hijos pequeños que desbaratado, no con menor ánimo que si ganara la Hevaba delante de sí; arrodillábase delante los altavictoria. De allí pasó la fuerza de la guerra á la co- res, cumplia sus votos, hacia sus plegarias, hembra marca de Ampúrias, en que llevaban siempre lo me- que era muy señalada en religion y bondad, y que mejor los aragoneses, y los portugueses lo peor. Pare- recia gozar de mas larga vida para que el fruto de la cia que todas las cosas eran fáciles á los vencedores, victoria fuera mas colmado. Todo lo atajó la muerte; tanto mas, que los alborotos de Navarra estaban casi falleció casi al mismo tiempo que el reino quedaba apaacabados y los biamonteses reducidos á la obediencia ciguado. El rey don Fernando, su marido, fundada la del Rey con el perdon que otorgó á don Luis y á don paz y ordenadas las demás cosas á su voluntad, tuvo el Cárlos, hijos de don Luis, ya difunto, conde de Lerin reino mas de treinta años. Emprendió en lo de adelany condestable de Navarra, y juntamente les fueron te y acabó muchas guerras felizmente en ayuda de sus restituidos sus bienes, cargos y dignidades que solian amigos y confederados. Fuera desto, á los turcos que tener; lo mismo se hizo con don Juan de Biamonte, se apoderaron pasados algunos años de Otranto y de hermano del dicho Condestable, prior que era de San buena parte de aquella comarca, desbarató y echó de Juan, en Navarra. Declararon otrosí por herederos de Italia por su mandado don Alonso, su hijo , duque de aquel reino á Gaston, conde de Fox, y doña Leonor, Calabria. En conclusion, si este Rey en el tiempo de la su mujer, que ya se intitulaban príncipes de Viana. paz continuara las virtudes con que alcanzó y se manIsmael , rey de Granada, gozaba de tiempo atrás de tuvo en el reino, como fué tenido por muy dichoso, una paz muy sosegada, cuando le sobrevino la muerte, así se pudiera contar entre los buenos principes y en 57 de abril, que fué domingo, año de los árabes 869, virtad señalados; mas hay pocos que en la prosperidad å 10 dias del mes de xavan. Sucedióle Albohacen, su y abundancia no se dejen vencer de sus pasiones y sehijo, varon de grande ánimo y de grande esfuerzo en pan con la razon enfrenar la libertad.

tenencia como la de la Mota de Medina. A Avila acuCAPITULO IX.

dieron los conjurados llamados por el Arzobispo; asiQue el Infante don Alonso fué alzado por rey de Castilla.

mismo el Almirante, como lo tenia acordado, se apo

deró de Valladolid, do estos señores pensaban hacer la No sosegaron las alteraciones de Castilla por quedar el masa de la gente. Con estas malas nuevas y por el pelolante don Alunso en poder de los grandes; antes fué ligro que corria de mayores males, despertado el Rey para mayor daño lo que se pensó seria para remediar de su grave sueño, á solas y las rodillas por tierra, las los males. Como fueron los intentos y consejos errados, manos lendidas al cielo, habló con Dios, segun se dico, asi tuvieron los remates no buenos. El Rey, de Cabezon, desta manera : «Con humillad, Señor, Cristo lijo do cerca de donde sué la junta y la habla que luvo con don Dios y rey por quien los reyes reinan y los imperios Juan Pac'ieco, se parliú para el reino de Toledo; los gran- se mantienen, imploro tu ayuda; á ti eucoiniendo mi des se fuerou á Plasencia. El maestre de Calatrava don estado y mi vida; solamente te suplico que el castigo, Pedro Giron, que en Castilla la Vieja era señor de Ureña, que confieso ser menor que mis maldades, me sea á mi se partió para el Anılalucía, do tenia lambien la villa de cn particular saludable. Dame, Seiior, constancia para Osuna, con intento de mover los andaluces y persuadilles sufrille, y haz que la gente en comun no reciba por mi que tomasen las arinas contra su Rey. Era el Maestre causa algun grave daño. » Dicho esto, muy de priesa sc hombre vario y uo de mucha constancia ni muy firme volvió a Salamanca. Los alborotados en Avila acordaron en la amistad, y que tenia mas cuenta con llevar adelante de acometer una cosa memorablo; tiemblan las carnes sus pretensiones y salir con lo que deseaba, que con lo en pensar una afrenta tan grande de vuestra nacion; que era horesto y santo. Quitaron el priorado de San pero bien será se relate para que los reyes por esté Juan á don Juan de Valenzuela, y al obispo de Jaen des- ejemplo aprendan á gobernar primero á sí mismos, y pojaron de sus bienes y rentas, no por otra causa sino despues á sus vasallos, y adviertan cuántas sean las porque eran leales al Rey; delito que se tiene por muy fuerzas de la mucheduinbre alterada, y que el resplangrare entre los que están alborolados y amotinados. dor del nombre real y su grandeza mas consiste en el Por toda aquella provincia trató de levantar la gente, respelo que se le tiene que en fuerzas; ni el Rey, si le en especial de meter en la misma culpa á los señores y miramos de cerca, es otra cosa que un hombre con los nobles; prometia á cada cual conforme a lo que era y deleites flaco; sus arreos y la escarlata ; de qué sirve sino su calidad cosas muy grandes, con que muchos se alen- de cubrir como parche las grandes llagas y graves contaron y resolvieron de juntarse con los alborotados, en gojas que le atormentan ? Si le quitan los criados, tanto particular las comunidades y regimientos de Sevilla y de mas miserable; que con la ociosidad y delcites mas Córdoba y el duque de Medina Sidonia y conde de Ar- sabe mandar que hacer ni remediarse en sus necesicos y don Alonso de Aguilar. El rey don Enrique, vista dades. La cosa pasó desta manera. Fuera de los muros do la tempestad que se aparejaba y armaba, en Madrid hizo Avila levantaron un cadabalso de madera en que pusicuna junta para tratar del remedio. Preguntó a los con- ron la estatua del rey don Enrique con su vestidura real gregados lo que les parecia se debia bacer, si acudir á y las demás insignias de rey, trono, celro, corona; junlas arınas, ó pues las cosas no se encaminaban como se táronse los señores, acudió una infinidad de pueblo. Ea pensó, si seria bien tornar á mover tratos de paz. Ca- esto un pregonero á grandes voces publicó una sentenllaron los demás; el arzobispo de Toledo dijo que su cia que contra él pronunciaban , en que relataron malparecer era debian procurar que el infante don Alonso dadus y casos abomioables que decian tenia comelivolviese á poder del Rey, porque ¿quién seria mas á dos. Leiase la sentencia, y desnudaban la estatua poco propósito para guardalle como prenda de la paz y para á poco y á ciertos pasos de todas las insignias reales; seguridad del casamiento poco antes concertado que últimamente, con grandes baldones la echarop deltaso mismo hermano, y que poco despues seria su sue- blado abajo. Hízose este auto un miércoles, á 5 de junio. Ero? Que si no obedeciesen, en tal caso se po:Iria acudir Con esto el infante don Alonso, que se halló presente á á las armas y á la fuerza y castigar la contumacia de los todo, sué puesto en el cadahulso y levantado en los que se desmandasen. Para lo cual debia la corte con liombros de los nobles, le pregonaron por rey de Castilla, brevelad pasarse á Salamanca, por estar aquella ciudad alzando por él, como es de costumbre, los estandarles cerca de donde los conjurados se hallaban, y por esta reales. Toda la muchedumbre apellidaba como suele : causa ser muy á propósito para asentar la paz ó hacer Castilla, Castilla por el rey don Alonso, que fué meter en la guerra. Parecia á algunos que estas cosas las decia el caso todas las prendas posibles y jugar á resto abiercon llaneza; así, vinieron los demás en el mismo parecer, to. Como se divulgase tan grande resolucion, no fueron sin que ninguno de los que mejor senlian se atreviese todos de un parecer; unos alababan aquel hecho, los á chistar; todo procedia, no por razon y justicia, sino por mas le reprehendian. Decian, y es así, que los reyes fuerza y violencia. Envióse pues por una parte emba- nunca se mudan sin que sucedan grandes daños; quo jada á los grandes, y por otra mandaron que las compa- ni en el mundo hay dos soles, ni una provincia puede ñías de soldados acudiesen á Salamanca. l'asó el Rey á sufrir dos cabezas que la gobiernen; llegó la disputa a Castilla la Vieja y á Salamanca, y con las gentes que los púlpitos y á las cátedras. Quién pretendia que fucra llevaba y alli lialló puso cerco sobre Arévalo, que se te- de herejía , por ningun caso podrian los vasos de ponia por los alborotados. Desde allí el arzobispo de To- ner al rey; quién iba por camnino contrare AMO el ledo,quitada la máscara, se fué á Avila, ciudad que lenia nuevo Rey mercedes asaz de lo que poco le costaba, en en su poder, que poco untes le dió el Rey, asi aquella particular á Gutierre de Solis, por conteblacion del

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maestre de Alcántara, su hermano, dió la ciudad de Co- grandes que estaban con el Rey, aunque no sirvieron, 6 ria con título de conde. Las ciudades de Burgos y de poco, se dieron en Medina del Campo premios muy Toledo aprobaron sin dilacion lo que hicieron los gran- grandes. Particularmente á don Pedro Gonzalez de des. Al contrario, no pocos señores comenzaron á mos- Mendoza, obispo de Calahorra, hizo el Rey merced de trarse con mas servor por el rey don Enrique; teníanle las tercias de Guadalajara y toda su tierra; al marqués muchos compasion, y parecíales muy mal á todos que le de Santillana, su hermano, dió la villa de Santander en Hobiesen afrentado por tal manera. Pensaban otrosí que las Astúrias; al conde de Medinaceli dió á Agreda; al de en lo de adelante daria mejor órden en sus costumbres Alba el Carpio; al de Trastamara la ciudad de Astorga y eso mismo en el gobierno. Don García de Toledo, en Galicia con nombre de marqués, sin otras muchas conde de Alba, ya reconciliado con el Rey, acudió luego mercedes que a la misma sazon se hicieron á otros secon quinientas lanzas y mil de á pié. La Reina y la in- ñores y caballeros. Los alborotados se partieron para fanta doña Isabel fueron enviadas al rey de Portugal Arévalo. Con su ida Valladolid volvió al servicio del para alcanzar por su medio le enviase gentes de socorro. Rey. Tenian al infanle don Alonso como preso, y porHabláronle en la ciudad de la Guardia, a la raya de Por- que trataba de pasarse á su hermano, le amenazaron de tugal; pero suera del buen acogimiento que les hizo y matalle; ; miserable condicion de su reinado ! Dél estabuenas palabras que les dió, no alcanzaron cosa alguna. ban apoderados sus súbditos, y él, en lugar de mandar, Las gentes de los señores acudieron á Valladolid; las del forzado á obedecellos. Con todo se tornó á tratar de Rey á Toro, mas en número que fuertes. Los rebeldes, hacer paces. Prometian los alterados que si la infanta muy obstinadəs en su propósito, cargaron sobre Peña- dona Isabel casase con el maestre de Calatrava, se renfor. Defendiéronse los de dentro animosamente, que dirian, así el Macstre como su hermano el de Villena, fué causa de que, tomada la villa , le allanasen los mu- en cuyas manos y voluntad estaba la guerra y la paz. ros. Querian con este rigor espantar á los demás. Acu- Daba este consejo el arzobispo de Sevilla don Alonso do dieron á Simancas; el Rey para su defensa despachó al Fonseca. El Rey vino en ello, y con esta determinacion capitan Juan Fernandez Galindo desde Toro con tres despidieron de la corte al duque de Alburquerque y al mil caballos. Con su llegada cobraron los cercados tanto obispo de Calahorra por ser muy contrarios al dicho brio y pasaron tan adelante, que como por escarnio y Maestre, que para el dicho efecto hicieron llamar. La en menosprecio de los contrarios los mochilleros se Infanta sentia esta resolucion lo que se puede pensar; atrevieron á pronunciar sentencia contra el arzobispo su pesadumbre grande, sus lágrimas continuas; conside Toledo y arrastrar por las calles su estatua, que úl- deraba y lemia una cosa tan indigna. Su camarera matimamente quemaron; pequeño alivio de la afrenta he- yor, llamada doña Beatriz de Bovadilla , con la mucha cha al Rey en Ayila y satisfaccion muy desigual, así por privanza que con ella tenia , le preguntó cuál suese la la calidad de los que hicieron la bela como del á quien causa de tantas lágrimas y sollozos. a : No veis, dice se hacia. Alzaron los conjurados el cerco por la resis- ella, mi desventura lan grande, que siendo hija y nieta tencia que hallaron, especial que se sabia haberse jun- | de reyes, criada con esperanza de suerte mas alta y tado en Toro un grueso ejército de gentes que acudian aventajada, al presente, vergüenza es decillo, me preal Rey de todas partes, liasta ochenta mil de á pić y tenden casar con un hombre de prendas en mi compacatorce mil de á caballo. Con estas gentes marcharon la racion lan bajas?; Oh grande afrenta y deshonra! No vuelta de Simancas; en el camino cerca de Tordesillas me deja el dolor pasar adelante.» «No permitirá Dios, sefué en una escaramuza y encuentro herido y preso el ca- ñora, tan grande maldad, respondió dona Beatriz, 10 pitan Juan Carrillo, que seguia la parte de los grandes. en mi vida, no lo sufriré. Con este punal, que le nuose Ya que estaba para espirar, llamó al Rey y le avisó de tró desenvainado, luego que llegare, os juro y aseguro cierlo tratado para malalle. Declaróle otrosi en parti- de quilalle la vida cuando esté mas descuidado!» ; Doncular y en secreto los nombres de los conjurados; mas cella de ánimo varonil! Mejor lo hizo Dios. Desile su el rey don Enrique los encubrió con perpeluo silencio villa de Almagro se apresuraba el Maestre para efectuar por sospechar, como se puede creer, que aquel capitan, aquel casamiento, cuando en el camino súbitamento aunque á punto de muerte, fingia aquel aviso, ó por odio adolesció de una enfermedad que le acabó en Villaruque tenia contra los que nombraba, ó para congraciarse bia por principio del año de nuestra salvacion de 1466. con el misino Rey. Llegó pues á poner sus reales junto Su cuerpo sepullaron en Calatrava en capilla particuá Valladolid ; no pudo ganar aquella villa por estar for- lar. Dijose vulgarmente que las plegarias muy devotas tificada con muchos soldados, demás que en la gente de la Infanta, que aborrecia este casamiento, alcanzadel Rey se veia poca gana de pelear, y á ejemplo del ron de Dios que por este medio la librasc. Estábale que los gobernaba, una increible y vergonzosa flojedad aparejado del cielo casamiento mas aventajado y muy y descuido, Tornaron en aquel campo á mover tratos de mayores estados. En los bienes y dignidades del difunto concierto; acordaron de nuevo de hablarse el rey don sucedieron dos hijos suyos. Don Alonso Tellez Giron, Enrique y el marqués de Villena. Fué mucho lo que se el mayor, conforme al testamento de su padre, quedó prometió, ninguna cosa se cumplió; solamente persua- por conde de Ureña. Don Rodrigo Tellez Girou,

el dieron al Rey que, pues sus tesoros no eran bastantes segundo, hobo el maestrazgo de Calatrava por bula para tan grandes gastos , deshiciese el campo; que en del Papa que para ello tenia alcanzada. Sin estos tuvo breve el infante don Alonso, dejado el nombre de rey, otro tercer hijo, llamado don Juan Pacheco, todos hacon los demás grandes se reduciria á su servicio. Desta bidos fuera de matrimonio. Poco antes de la muerle del manera derramaron los soldados porambas partes; yálos Maestre se vió en tierra de Jucu lauta muchedumbre do langostas, que quitaba el sol. Los hombres atemoriza- | ban las cosas de Navarra con poco sosiego. En Cataluña dis, cada uno tomaba estas cosas y señales como se le se mejoraba notablemente el partido aragonés. Los antojaba conforme a la costumbre que ordinariamente contrarios en diversas partes y encuentros fueron rentienen de haeer en casos seinejantes pronósticos dife-cidos, y muchos pueblos se recobraron por toilo aquel rentes, movidos'unos por la experiencia de casos seme- estado. Lo que hacia mas al caso, don Pedro el Compejantes, olros por liviandad mas que por razones que para tidor, yendo de Manresa á Barcelona , falleció de su enello haya. En este tiempo, Rodrigo Sanchez de Aré- fermedad en Granolla un domingo, á 29 de junio. Su valo, castellano que era en Roma del castillo de San- cuerpo enterraron en Barcelona en nuestra Señora de tangel, escribía en lalin uva historia de España mas pia la Mur con solemne enterramiento y exequias. El pueque elegante, que se llama Palentina, por su autor, que blo tuvo entendido que le mataron con yerbas, cosa muy fué obispo de Palencia. Dióle aquella iglesia á instan- usada en aquellos tiempos para quitar la vida á lof cia del rey don Enrique, al cual intituló aquella histo- príncipes. Yo mas sospecho que le vino su fin por tenet ria, el pontifice Paulo II, con quien, puesto que era el cuerpo quebrantado con los trabajos, y el ánimo español, el dicho Rodrigo Sanchez tuvo mucho trato aquejado con los cuidados y penas que le acarreó aquey familiaridad.

lla desgraciada empresa. Este fué solo el fruto que sacó

de aquel principado que le dieron y el aceptó poco CAPITULO X.

acertadamente, como lo daba a entender un alcotas con De la batalla de Olmedo.

su capirote que traia pintado como divisa en su escudo

y blason en sus armas, y debajo estas palabras: «moMuy revueltas andaban las cosas en Castilla, y todo lestia por alegría, » Dejó en su testamento á don Juan, estaba muy confuso y alterado, no la modestia y la ra- príncipe de Portugal, su sobrino , hijo de su hermana, zón prevalecian, sino la soberbia y antojo lo mandaban aquel condado, en que tan poca parte tenia ; además todo. Vcíanse rubos, agrarios y muertes sin teinor al que los aragoneses con la ocasion de faltar a los calaguno del castigo, por estar muy enfaquecida la autori- Janes cabeza, se apoderaron de la ciudad de Tortosa y dad y fuerza de los magistrados. Forzadas por esto las de otros pueblos. Para remedio deste daño los calalaciulades y pueblos, se hermanaron para efecto que las nes, en una gran junta que tuvieron en Barcelona, nome insolencias y maldades fuesen castigadas. A las her- braron por rey á Renuto, duque de Anjou, perpetuo mandades, con consentimiento y autoridad del Rey, se enemigo del nombre aragonés; resolucion en que sie pusieron muy buenas leyes para que no usasen mal del gieron mas la ira y pasion que el consejo y la razon. poder que se les daba y se estragasen. Comunnente la A la verdad poca ayuda podian esperar de Portugal, y gente avisada temia no se volviese á perder España y llamado el duque de Anjou , era caso forzoso que los solos males antiguos se renovasen por estar cerca los mo- corros de Francia desamparasen al rey de Aragon, y ros de Africa, como en tiempo del rey don Rodrigo por andar el conile de Fox alterado en Navarra, entenacopleció. La ocasion no era menor que entonces, ni dian no tendria fuerzas bastantes para la una y la otra menos el peligro á causa de la grande discordia que rei- guerra. Por el contrario, por miedo desta tempstad et naba en el pueblo y la deshonestidad y cobardia de la rey de Aragon convidó al duque de Saboya y á Galeazo gente priocipal. Pasaron en esto tan adelante, que vul- en lugar de su padre Francisco Esforcia, ya difunto, garmente llama ban por baldon al arzobispo de Toledo daque de Milan, para que se aliasen con él. Represen. don Oppas, en que daban á entender le era semejable y lábales que Renato con aquel nuevo principaio que se que seria causa á su patria de otro tal estrago cual acar- le juntaba , si no se proveia, era de temer se quisieso Teó aquel Prekido. Estas discordias dieron a vilenteza al aprovechar de Saboya, que cerca le caia, y de los inilua conde de Fox, que con las armas pretendia apoderarse neses por la memoria de los debates pasados. Acomelio del reino de Navarra como dote de su mujer, y que se asimismo á valerse por una parte de los ingleses; por le hacia de mal aguardar hasta que su suegro muriese. otra, al principio del año de nuestra salvacion de 1467, Conforme al comuu vicio y falta natural de los hombres, envió á Pedro Peralta , su condestablo , & Castilla para hacia él lo que en su cuñado culpaba , el príncipe don que procurase atraer á su partido y hacer asiento con Cárlos. Y aun pasaba adelante con su pensamiento, ca los señores confederados y conjurados contra su Rey. queria hacer guerra á Castilla y forzar al rey don Enri- Y para mejor expedicion le dió comision de concertur que le entregase los pueblos de Navarra, en que tenia dos casamientos de sus loijos, doña Juana y don Fernanpuestas guarniciones castellanas. De primera entrada do, con el infaute don Alouso, bermano del rey don EnSe apoderó de la ciudad de Calahorra y puso cerco sobre rique, y con doña Beatriz, hija del marqués de Villena; Allaro. Para acudir á este daño despachó el de Castilla tan grande era la autoridad de aquel caballero poco aná Diego Euriquez del Castillo, su capellan y su coro- tes particular, que pretendia ya segunda vez mezclar su vista, cuya corónica anda de los liechos desle Rey. Lle- sangre y emparentar con casa real. Ayudábale para ello gado, acometió con buenas razones á reportar al Con- el arzobispo de Toledo , clara muestra de la grande flade; mas como por bien no acabase cosa alguna , junta- queza y poquedad del rey don Enrique. Verdad es que das que lobo arrebatadamente las gentes que pudo , le ninguno destos casamientos tuvo efecto. Al infante don forzó á que, alzado el cerco de priesa, se volviese y rea Alonso asimismo poco antes le sacaron de poder del tirase

. Asimismo la ciudad de Culaliorra volvió á la obe-, arzobispo de Toledo con esta ocasion. El conde de Bediencia del Rey, ca los ciudadanos echaron della la navente don Rodrigo Alonso Pimentel, reconciliado guarnicion que el de Fox alli dejó. Desta manera pasa- | que se hobo con el rey don Enrique, alcanzó dés de lui

ciese mérced de la villa de Portillo, de que en aquella perdon de su yerro pasado, fué enviado por su padre revnelta de tiempos estaba ya él apoderado. Deseaba con setecientos de á caballo y un fuerte escuadron de servir este beneficio y merced con alguna hazaña seña- gente de á pié. Por este servicio alcanzó se le hiciese lada. El infante don Alonso y el arzobispo de Toledo, merced de los diezmos del mar; así se dice comunmendonde

algun tiempo estuvieron, pasaban á Castilla la te y es cierto que se los dió. Era tanto el miedo del Rey Vieja. Hospedólos el Conde en aquel pueblo. El apo- y el deseo que tenia de ganar á los grandes, que para sento del Infante se hizo en el castillo; á los demás dic- asegurar en su servicio al marqués de Santillava puso ron posadas en la villa. Coino el dia siguienle tratasen en su poder á su bija la princesa doña Juana, y así la de seguir su camino, dijo no daria lugar para que el llevaron á su villa de Buitrago; grande mengua. Todos Infante estaviese mas en poder del Arzobispo. Usar de los grandes vendian lo mas caro que podian su servifuerza no era posible por el pequeño acompañamiento cio á aquel Príncipe cobarde ; persuadianse que con que llevaban y ningunos tiros ni ingenios de batir; aquello se quedarian que alcanzasen y apañasen en sujetáronse á la necesidad. El rey don Enrique, alegre aquellas revueltas. Despues que el Rey tuvo junto un por esta nueva, en pago deste servicio le dió intencion buen ejército, enderezó su camino la vuelta de Medina. de dalle el maestrazgo de Santiago, que el Rey tenia en Llegó por sus jornadas á Olmedo; los conjurados, con administracion por el lufanle, su hermano. Merced intento de impedir el paso á la gente del Rey, salieron grande, pero que no surtió efecto por la astucia del de aquella villa puestos en ordeuanza. El rey don Enrimarqués de Villena, con quien el de Benavente comu- que deseaba excusar la batalla; su autoridad era tan nicó este negocio y puridad. Pensaba por estar casado poca y los suyos tan deseosos de pelear, que no les pndo con hija del Marqués que no le pondria ningun impedi- ir á la mano. La batalla , que fué una de las mas seiamento. Engañóle su pensamiento, ca el Marqués quiso ladas de aquel tiempo, se dió á 20 de agosto, dia de san mas aquella dignidad y rentas para sí que para su yer- Bernardo. Encontráronse los dos ejércitos, pelearon no; y no hay leyes de parentesco que basten para re- por grande espacio y desparliéronse sin que la victoria primir el corazon ambicioso. De aquí resultaron entre del lodo se declarase, dado que cada cual de las dos aquellos dos señores odios inmortales y asechanzas que partes pretendia ser suya. La escuridad de la noche el uno al otro se pusieron. El Marqués era mañoso. Hizo hizo que se retirasen. Los parciales se volvieron a Oltanto con el Conde, que restituyó el infante don Alon- medo con el infante don Alonso; las gentes del Rey, que so á los parciales. Con esto la esperanza de la paz se eran dos mil infantes y mil y setecientos caballos, properdió y volvieron a las armas. El rey don Enrique siguieron su camino y pasaron á Medina del Campo. El sintió mucho esto por ser muy deseoso de la paz, en rey don Enrique no se halló en la batalla. Pedro Peralta tanto grado, que sin tener cuenta con su autoridad, de le aconsejó, ya que estaban para cerrar las haces, SO puevo toruó á tener habla con el marqués de Villena, saliese del peligro; algunos cuidaron sué engaño y trato primero en Coca, villa de Castilla la Vieja, y despues en doble á causa que de secreto favorecia á los conjurados, Madrid; y aun para mayor seguridad del Marqués puso á los cuales habia venido por embajador. En particular aquella villa como en terceria en poder del arzobispo era amigo del arzobispo de Toledo, á cuyo hijo, llamade Sevilla. No fueron de efecto alguno estas diligen- do Troilo , dió poco antes por mujer á doña Juaua, su cias, dado que dona Leonor Pimentel, mujer del conde hija y heredera de su estado. Tampoco se hallo presente de Plasencia, acudió alli, llamada de consentimiento el marqués de Villena por estar embarazado en el reino de las partes por ser hembra de grande ánimo y muy de Toledo, a causa de la junta y capítulo que tenian aficionada al servicio del Rey; por este respeto juzga- los treces de Santiago, que por el mismo tiempo le nomban seria á propósito para reducir á su marido y á los braron por maestre de aquella órden; debió ser con demás alterados y concertar los debates. Tenia el mar- beneplácito del Rey, tal fué su diligencia, su autoridad qués de Villena mas maña para valerse que el rey don y su maña. Con esto él creció grandemente en poder, ! Enrique recalo para guardarse de sus trazas. Concerta- el recelo y temor de los demás grandes, pues con ser él ron nueva habla para la ciudad de Plasencia. Los gran- el principal autor de toda aquella tragedia , al tiempo des que andaban en compañía del Rey llevaban mal es- que otro fuera castigado, de nuevo acumulaba nuevas tos tratos. Temian algun engaño, y deciau no era de dignidades y juntaba mayores riquezas. En Navarra sufrir que aquel hombre astuto se burlase tantas veces tenia el gobierno por su padre doña Leonor, condesa de la mujestad real. De Madrid pasó el Rey á Segovia al de Foz, en el tiempo que por diligencia de don Nicolás principio del eslio; los rebeldes se apoderaron de 01- Echavarri, obispo de Pamplona, recobraron los navarmedo. Entrególes aquella villa Pedro de Silva, capitan ros á Viana, que hasta entonces quedó en poder de case de la guarnicion que allí tenia

. La Mota de Medina se tellanos. Un hijo desta señora , llamado Gaston , como tenia por el arzobispo de Toledo. Los moradores de su padre, de madama Madalena, su mujer, hermana aquella villa por el mismo caso erau molestados, y cor- que era de Luis, rey de Francia , hobo á esta sazon ua ria peligro de que los señores no se apoderasen della. hijo, llamado Francisco , al cual por su grande hermoEl rey don Enrique, movido por el un desacato y por el sura le dieron sobrenombre de Febo. Otra hija del misotro, mandó hacer grandes levas de gente. Llamó en mo, que se llamó doña Catalina, por muerte de su herparticular á los grandes ; acudió el conde de Medinace- mano juntó por casamiento el reino de Navarra con el li, el obispo de Calahorra y el duque de Alburquerque estado de Labrit, que era una nobilísima casa y linajo don Beltran, que hasta entonces estuvo suera de la cor.' de Francia, como se declara en su lugar. Hacia de orle. Asimismo Pero Hernandez de Velasco, alcanzado | dinario su residencia el rey de Aragon en Tarragona

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