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para proveer desde allí á la guerra de Cataluña; y dado cerse de la prision quo se hizo en la persona de Pedro que era de grande edad y tenia perdida la vista de am- Arias, su hermano, contador mayor sin alguna culpa bos ojos, todavía el espíritu era muy vivo y el brio suya, solo por engaño del arzobispo de Sevilla , olvidagrande. En aquella ciudad concerto de casar una hija do de les mercedes recebidas y que su hermano ya essuya bastarda, llamada doña Leonor, con don Luis de taba puesto en libertad, se determinó entregar aquella Biamonte , conde de Lerin. Desposólos, á 22 de enero ciudad de Segovia á los parciales. Ayudáronle para ello del año 1468, don Pedro de Urrea, arzobispo de aquella Prejano, su vicario, y Mesa, prior de San Jerónimo, con ciudad y patriarca de Alejandría. Seña láronle en dote quien se comunicó. Es aquella ciudad fuerte y grande, quince mil florines, todo á propósito de ganar aquella puesta sobre los montes con que Castilla la Vieja parte familia poderosa y rica en el reino de Navarra; buen término con la Nueva, que es el reino de Toledo. Acumedio , si la deslealtad se dejase vencer con algunos dieron todos los grandes como tenian concertado. Fué beneficios. Hacíanse las Cortes de Aragon en la ciudad tan grande el sobresalto, que la Reina, que allí se halló, de Zaragoza, presidia en ellas la Reina en lugar de su | yla duquesa de Alburquerque apenas pudieron alcanzar marido. Allí, de enfermedad que le sobrevino, fallcció, les diesen entrada en el castillo, á causa que Pedro Muná 13 de febrero, con grande y largo sentimiento del Rey. zares, el alcaide, de secreto era tambien uno de los Doliase que siendo el viejo y su hijo de poca edad, les parciales. La infanta doña Isabel, como sabidora de hobiese fallado el reparo de una hembra tan señalada. aquella revuella y trato, se quedó en el palacio real, A la verdad ella era de grande y constante ánimo, no y tomada la ciudad, se fué para el infante don Alonso, menos bastante para las cosas de la guerra que para su hermano, con intento de seguir su partido. Estas las del gobierno. Poco antes de su muerte tuvo habla nuevas y fama llegaron presto á Medina del Campo, do con doña Leonor, su antepada , condesa de Fox, en el rey don Enrique se hallaba , con que recibió mas pena Egea, á la raya de Aragon, do pusieron alianza en que | que de cosa en toda su vida, por haber perdido aquella expresaron que los mismos tuviesen las dos por amigos ciudad, ca la tenia como por su patria, y en ella sus y por enemigos; palabras de ánimo varonil*y mas de tesoros y los instrumentos y aparejos de sus deportes. soldados que de mujeres. Su cuerpo fué sepultado en Desde este tiempo, por ballarse no menos falto de conPoblete. De sola una cosa la tachan coinunmente, que | sejo que de socorro, comenzó á andar como fuera de sí. fué la muerte del príncipe don Cárlos, su antenado; así | No hacia confianza de nadie. Recelábase igualmente do lo hablaba el vulgo. Añaden que la memoria deste caso los suyos y de los enemigos, de todos se recataba, y la aquejó mucho a la hora de su muerte, sin que ningu de repente se trocaba en contrarios pareceres. Ya le na cosa fuese bastante para aseguralla y sosegar su parecia bien la guerra, poco despues queria mover traconciencia muy alterada. Las revoluciones y parciali-. tos de paz, cosa que por su natural descuido y flojedad dades dan lugar á hablillas y patrañas.

siempre prevalecia. Señaló la villa de Coca para tener

habla de nuevo con el marqués de Villena, magüer que CAPITULO XI.

los suyos se lo disuadian, y como no fuesen oidos, los

mas le desampararon. En Coca no se cfectuó cosa alComo falleció el infante don Alonso.

guna; pareció se tornascn á ver en el castillo de SegoLlegó la fama de las alteraciones de Castilla á Roma; via. Allí se hizo concierto con estas capitulaciones, que en especial el rey don Enrique por sus cartas hacia ins no fué mas firme y durable que los pasados. Las conditancia con el pontífice Paulo Il para que privase á los ciones eran: el castillo de Segovia se entregue al infanobispos sediciosos de sus dignidades y pusiese pena te don Alonso; el rey don Enrique tenga libertad de de descomunion á los grandes, si no sosegaban en su sacar los tesoros que allí están , mas que se guarden en servicio. Por esta causa Antonio Venerio, obispo de el alcázar de Madrid, y por alcaido Pedro Munzares : Leon, enviado á Castilla por nuncio con poderes bas la Reina para seguridad que se cumplirá esto esté en tantes, despues de la batalla de Olmedo, en que se ha poder del arzobispo de Sevilla ; cumplidas estas cosas, lló presente, primero fué á bablar al rey don Enrique dentro de seis meses próxirnos, los grandes restiluyan en Medina del Campo, teniendo en esto consideracion al al Rey el gobierno y se pongan en sus manos. Vergonsu autoridad real; despues como procurase hablar con zosas condiciones y miserable estado del reino. ¡Cuán los conjurados , apenas pudo alcanzar que para ello le torpe cosa que los vasallos para allanarse pusiesen lodiesen lugar, antes le despidieron primera y segunda yes á su Príncipe, y tantas veces hiciesen burla de su vez con palabras afrentosas, y pusieran en él las manos majestad! La mayor afrenta de todas sué que la Reina si no fuera por tener respeto a su dignidad. Como ame- en el castillo de Alahejos, do la hizo llevar el Arzobispo nazase de descomulgallos , respondieron que no perte

conforme á lo concertado, puso los ojos en un cierto decia al Pontisice entrepieterse en las cosas del reino. mancebo, y con la conversacion que tuvieron se lizo Juntamente interpusieron apelacion de aquella desco preñada , que fué grave maldad y deshonra de toda Eso muvion para el concilio próximo, condicion muy propia paña y ocasion muy bastante para que el poco crédito de ánimos endurecidos y obstinados en la maldad, que que se tenia de su honestidad pasaso muy adolaule y siempre se adelante en el mal hasta despeñarse, y la causa de los rebeldes ya pareciese mejor que antes. quiera remediar un daño con otro mayor, sin moverse El Rey, cercado de trabajos y menguas tan grandes, por algun escrúpulo de conciencia. Sucedis un nuevo desamparado casi de todos y como fuera de si, andaba inconveniente para el Rey que mucho le alteró, y fué , por diversas partes casi como particular, acompañado que don Juan Arias, obispo de Segovia, por satisfa | de solos diez de á caballo. Acordó por pòstrer rernedio

de liacor prueba de la dealtad del conde de Plasencia y tenta mil maravedís de juro perpetuo cada un año. El enlrarse por sus puertas y ponerse en sus manos. Fué | Obispo asimismo fué forzado a dejar la ciudad. Todo lo allí muy bien recebido, y entrelúvose en el alcázar cual se trocó en breve; los ruegos, importunaciones y de aquella ciudad por espucio de cualro meses. En es lágrimas de su mujer pudieron tanto con el Alcalde, le lienpo, por muerte del cardenal Juan de Mela, que que arrepentido de lo liechi, dentro de cuatro dias despues de don Pedro Lujen tuvo encomendada la igle tornó á llamar al Rey. Volvió pues, y halló las cosas en sia de Sigüenza , aquel obispado se dió á don Pedro mejor estado que pensaba. Solo por la instancia que hiGonzalez de Mendoza, sin einbargo que don Pero Lo zo el pueblo y por su importanidad les confirmó sau prz, dean de Sigüenza desde los años pasados, como antiguos privilegios y les otorgó olros ile nuevo. A Peelegiilo por votos del cabildo, pretendia y traia pleito ro Lopez de Ayala en remuneracion de aquel servicio .contra el diclo cardenal Mela. Envió el Papa un nuevo dió lítulo de conde de Fuensalida, y de nuevo le enconuncio para convidar á los grandes que se redujesen al mendó el gobierno de aquella ciudad, con que el Rey servicio de su Rey, y porque no obedecian, últimamente se parlió para Madrid. Alli bizo prender al alcaide l'elos descomulgó. No se espantaron ellos por esto ni se dro Munzares por no estar enterado de su lealtad; conemendaron, bien que lo sintieron mucho , lanto, que tenlose de quitalle la alcaidia, y con tanto poco despues enviaron á Roma sus embajadores; mas no les fué dado le sollo de la prision. Alteró grandemcnte la pérdila de lugar para hablar con el Pontifice ni auo para entrar Toledo á los parciales, tanto, que salieron de Arévalo, en la ciudad untes que hiciesen juramento de no dar ti do tenian la masa de su gente, con intento de poner certulo de rey al infante don Alonso. Oltinamente, en co á aquella ciullad. Marchaba la gente la vuelta de consistorio el Papa con palabras muy graves los repre Avila , cuando un desastre y revés no pensado des bahendió y amonesto que avisa sen en su nombre á los rató sus pensamientos. Esto fué que en Carigiosa, rebeldes procederia con todo rigor contra ellos si no se Jugar que está en el mismo camino, dos leguas de Aviemendaban; que semejantes atrevimientos no pasarian la, sobrevino de repente al infante. don Alouso una sin castigo; si los hombres se descuidasen debian te tan gravedolencia, que en breve le acabó. Falleció á 5 de -mer la venganza de Dios. Añadió que sentia mucho julio; su cuerpo, vuelto á Arévalo, le sepultaron en San que aquel Principe mozo por pecados ajenos seria Francisco; dende los años adelante le trasladaron al castigado con muerte antes de tiempo. No fué vana es monasterio de Miraflores de cartujos de la ciudad de ta prufecla ni falsa. Con esta demonstracion del Pontifice Búrgos. De la manera y causa de su muerte hobo pareJas cosas del rey don Enrique se mejoraron algun tanto, ceres diferentes ; quos dijeron que murió de la peste en especial que por el mismo tiempo se redujo á su obe que por aquella comarca andaba muy brava ; los inas diencia la ciudad de Toledo con esta ocasion. Era Pe- | sentian que le malaron con yerias en una truetia, y que ro Lopez de Ayala alcalde de aquella ciudad; su cuñado se vieron desto señales en su cuerpo despues de muerfray Pedro de Silva, de la orden de Santo Domingo, 10. Alonso de Palencia en la historia deste tiempo y en obispo de Badajoz, á la sazon estaba en Toledo; el cual, sus Décadas, que compusó como coronista iletinismulucomunicado su intento con donia Maria de Silva, su sante, con la liberlad que suele, no duló de contar esto hermana, mujer del Alcalde, dió al Rey aviso de lo que por cierto, basta selular por aulor de aquella maldad pensaba diacer, que era entregalle la ciudad. Acudió él y parricidio al maryués de Villena , miesire de Santiasin dilacion, y en dos dias Hegó desde Plasencia á To- | go, lo que yo no creo. Porque ¿a qui propósito un seledo para prevenir con su presteza no hiciese el pueblo. ñor tan principal habia de mancillar su sangre y casa alguna alteracion. Entró muy de noche, hospedóse en con lieclio tao afrentoso? O que ocasion le pudo dar el monasterio de los dominicos, que está en medio y en pora ello uo mozo quo apenas era de diez y seis anos? Jo mas alto de la ciudad. Luego que se supo su llegada, Sospecho que las grandes alteraciones y la corrupcion tocaron al arma con una cainpana; acudió el pueblo de los tiempos dieron ocasion á que la historia en alaalborotado. Pero Lopez de Ayala como supo lo que pa. | bar á uvos y murmurar de otros, conforme a las aficiosaba, pretendia que el rey don Enrique no saliese en pos de cada cual, unde por este livinpo estragada. público ni se pasase adelante en aquella traza. Alegaba que le perderian el respeto; así, pasada la media noche,

CAPITULO XII. cuando el alboroto eslaba sosegado, se salió de la ciu Que al principe de Aragop don Fernando loé nombrado por rey dad. Partiose el Rey muy triste, y en su compañía Pe

de Sicilia, rafan de Ribera, hijo de Pelayo de Ribera , y dos trijos | Renato, duque de Anjou., sin dilacion aceptó el prinde Pero Lopez de Ayala, Pedro y Alonso. Al salir de la cipado que de su voluntad los catalanes le ofrecian. Mociudad reconoció el Rey el causancio de su caballo, / viale á aceptar la ambicion sin propósito, enferinedad que habia caminado aquel dia diez y ocholeguas. Pidió ordinaria , y el deseo que tenia de vengar en España los & quo de los que le acompañaban te diese el suyo; no agravios que los aragoneses le liicierou en Italia. Verquiso. Vista esta cortedad, los dos hijos de Pero Lopez dad es que el por su larga edad no pudo ir allá; envió á de Ayala á priesa se arrojaron de sus caballos, y dero. su lijo, llamado Juan, duque que era de Lorena, de dillas suplicaron al Rey se sirviese dellos, del uno para quien arriba se dijo sué echado de Italia, para apodesu persona, del otro para su paje de lanza. El Rey los rarse de aquel estado; pretendia ayadurse de sus fuersomó y pantió de la ciudad acompañándole a pié aque zas y de los socorros de Francia. El rey Francés, posdlos caballeros que le dieron los caballos. Llegados á puesta la confederacion que tenia con Aragon asenlaOllas, kizo el Rey merced & Pero Lopez de Ayala de se- 1 da, le cavió alguna ayudu despues que bobo puesto fin i la guerra civil y muy áspera que tuvo con su herma | gran riesgo del partido de Aragon. Lo que mas deseaba Bo el duque de Berri, y con Carlos, duque de Borgoña; el de Lorena era apoderarse de Girona por entender, parte poco adelantc le trajo Juan, conde de Armeñac, tomada aquella ciudad, en todo lo demás no hallaria con quien el de Lorena, no solo tenia puesta confedera resistencia. Con esta resolucion se volvió a Francia pacinn, sino tambien aseutada hermandad para acudirsera hacer nuevas juntas de gentes, como lo hizo con tanel uno al otro en las cosas de la guerra. Con tantas ayu ta diligencia , que solo en lo de Ruisellon y lo de Cerdas como tuvo, el de Lorena dió alegre principio á esta dania levanto quince mil hombres, fuerzas contra las empresa; el remate fué diferente. La ciudad de Barce cuales, juntas con las gentes que antes tenia , los araJona , luego que vino, le abrió las puertas. Tratose de goneses no eran bastantes, tanto, que no pudieron mela guerra, y acordaron hacer el mayor esfuerzo por la ter en Girona, que de nuevo la tenian cercada y con parte de Ampúrias. Acudió cl rey de Aragon á la de gran porfía la batian, ni vituallas ni socorros. Verdad es fensa, aunque viejo y ciego. Cerca de Rosas en un en que por el esfuerzo y diligencia de don Juan Melguericuentro sué desbaralada cierla banda de aragoneses. La te, obispo de aquella ciudad y de los otros capitanes fuerza del ejército francés marchó la vuelta de Girona que dentro estaban, magüer que el peligro fué grancon intento, si Pedro de Rocaberti, que tenia el car de, la ciudad se defendió. Entre tanto que combatian go de la guarnicion , y los demás capitanes saliesen de & Girona, el rey don Fernando volvió sus fuerzas á otra la ciudad, presentalles la batalla; si se defendiesen parte, y se apoderó de un pueblo, llamado Verga, por dentro de los muros, tenian esperanza con cerco de entrega de los de dentro, que le hicieron á 17 de seapoderarse de aquella ciudad fuerte y rica. Sacaron los tiembre. Con esta toma, aunque no de mucha imporaragoneses su gente con grande ánimo; hobo algunos tancia, se comenzaron á mejorar las cosas, mayormente encuentros, siempre con mayor daño de los de fuera que el rey de Aragon á la misma sazon recobró la vista, que de los de dentro. Acudió el príncipe don Fernando, cosa de milagro. Fué así, que un judío, natural de Lémetió todas sus gentes dentro de la ciudad; con tanto rida, llamado Abiabar, gran médico y astrologo, se enhizo que se alzase el cerco. En breve aquella alegría cargó de la cura, y mirado el aspecto de las estrellas, se deslempló y trocó en grave pesadumbre. Salió don á 11 de setiembre, con una aguja le derribó la catarata Fernando de la ciudad, y en una batalla que se dió cer del ojo derecho, con que de repente comenzó á ver. Reca de un pueblo llamado Villademar le desbarató cierta husaba el Judío volver á probar cosa tan peligrosa como parte del ejército francés; y muertos muchos de los aquella ; decia que el aspecto de las estrellas niera pisearagoneses, el Principe se salvó por los piés. Quedó ria en mucho tiempo favorable y que bastaba servirse del preso y en poder de los enemigos Rodrigo Rebolledo, un ojo; ¿á qué propósito intentar con peligro lo que excapitan de gran nombre, cuya diligencia que hizo y cedia las fuerzas humanas? Parecia bien lo que decia á esfuerzo de que usó en la defensa del Príncipe fué los mas prudentes; pero como quier que el Rey hiciese grande. Los primeros impetus de los franceses, mas instancia, á 12 de octubre se volvió a la misma cura, fuertes que de varones, con mana y dilacion mas que con que quedó tambien sano el ojo izquierdo. Esta alecon fuerza se han de rebatir. Tomaron este acuerdo, y gría, que por la salud del Rey fué, como era razon, muy por estar cerca el invierno, pusieron guarniciones en grande, se aumentó mucho y en breve por alzarse el lugares á propósito, y dejaron á don Alonso de Aragon cerco de Girona, que tenia a todos puestos en mucho para que tuviese cuidado de aquella guerra. Hecho es miedo. Fué la causa sobrevenir el invierno y la falta to, el principe don Fernando se partió para Zaragoza, que los enemigos tenian de cosas necesarias. Así, la do se tenian Cortes á los aragoneses, y se halló presen prontitud y alegría con que los franceses vinieron pate á la enfermedad de su madre la Reina y á su muer recia haberse caido, y que cada dia la empresa se hacia te, de que queda hecha mencion. Difunta su madre y mas dificultosa. En Portugal se desposó el principe don por estar su padre ciego y en edad de setenta años, fué Juan con doña Leonor, su prima, olvidado del concierDecesario que las cosas de la paz y de la guerra, cargasen to liecho con Castilla de casar con doña Juana. La posobre los hombros del principe don Fernando, que, aun ca honestidad y poco recato de aquella Reina confirgne de poca edad, daba grandes muestras de virtudes maban mucho la opinion de los que decian que su hija y de un natural excelente. Era menester que luviese era habida de mala parte. El padre de la desposada doautoridad para gobernar cosas tan grandes; por esto ña Leonor, que era don Fernando, duque de Viseo, aperen aquella ciudad fue nombrado por rey de Sicilia co cebida una armada en que pasó á Africa, ganó allí almo compañero de su padre en aquella parte. Eslo su gunas victorias de los moros, y vuelto a su tierra, de cedió casi á los mismos dias y tiempo en que el infante su mujer doña Beatriz, bija de don Juan, maestre que don Alonso de Castilla pasó desta vida, como queda di- | fué de Santiago en Portugal, le nació un hijo, llamacho. El cielo le aparejaba mayor imperio en Italia y en do don Emanuel, que los años adelante por voluntad España y la gloria de deshacer el reino de los moros de Dios vino á heredar el reino de Portugal. Cuentan de Granada. Sabida que fué en Zaragoza la muerte del los portugueses que en su nacimiento se vieron señales infante don Alonso, luego fué Pedro Peralta con muy en el cielo que pronosticaban la gloria de aquel Infanbastantes poderes enderezados á los grandes parciales te y su majestad, como gente muy aficionada á sus rede Castilla para pedilles diesen á la infanta doña Isabel yes y que gusta de hallar cualquier camino y motivo por mujer a don Fernando. Su padre el rey de Aragon | para honrallos. se quedó en Zaragoza, y él se volvió a Cataluña á conlipuar la guerra, que se bacia por mar y por tierra con

CAPITULO XIII.

ciones : la infanta doña Isabel sea declarada y jurada

por lieredera del reino y por princesa; para su acostaQue ofrecieron el reino de Castilla a la infanta dofia Isabel.

miento le entreguen las ciudades de Avila y Ubeda, las La muerte del infante don Alonso fué ocasion que mu villas de Medina del Campo, Olmedo y Escalona, que chos se redujesen al servicio del rey don Enrique; pero son pueblos muy apartados entre sí, con tal condicion la paz duró poco, y la guerra que luego resultó fué lar- que jure de no casarse sin consentimiento del Rey;con ga y grave, con que las fuerzas de España quedaron la Reina se hará divorcio con beneplácito del Papa; bequebrantadas. La ciudad de Burgos volvió á la obedien cho esto, ella y su hija sean enviadas á Portugal; á los cia del rey don Enrique, á ejemplo de Toledo y á per | conjurados sea dado perdon y restituidos todos sus biesuasion de Pero Fernandez de Velasco. Juntamente en | nes y oficios y cargos que en tiempo de las revueltas les Madrid el arzobispo de Sevilla, el conde de Benavente quitaron; para que todas estas cosas se efectuasen sey otros grandes le hicieron de nuevo sus homenajes. ñalaron tiempo de cuatro meses. Estas capitulaciones Los parciales, por verse ,de repente despojados de la | no contentaron al marqués de Santillana y á sus berayuda y arrimo del mal logrado Infante, para tener per- | manos, que por el mismo tiempo eran venidos á Madrid, sona en cuyo nombre ellos reinasen, trajeron á la in- y juzgaban les era mas á propósito tener en su poderá fanta doña Isabel desde Arévalo á la ciudad de Avila. la pretensa princesa doña Juana, tanto mas, que por el Allí se resolvieron de ofrecelle el nombre de reina y mismo tiempo la Reina, con ayuda de Luis de Men loza, las insignias reales. Tomó el arzobispo de Toledo la del castillo en que la tenian, se fué una noche á Buimano y cuidado de persuadille acelase el reino, que de trago á verse y estar con su hija. El sentimiento de dereclio y razon decia era suyo. Relató por menudo la arzobispo de Sevilla, que la tenia encomendada, por esafrenta de la casa real, la cobardia , el descuido, la la causa fué grande. En el tiempo que estuvo detenida deshonestidad, los partos adulterinos, con peligro que parió dos hijos, á don Fernando y á don Apóstol; tienelos que no debian heredasen el reino ajeno, las infa se por averiguado que secretamente los criaron en Santo mias perpetuas de toda la nacion; para cuyo remedio | Domingo el Real, monasterio de monjas de Toledo. Toera menester su autoridad, su sombra y su amparo. mó la prelada de quel convento este cuidado por ser Que no era justo reliusase ponerse á cualquier trabajo parienla de don Pedro, padre de aquellas criaturas, y y peligro por el bien comun de la patria. A todo esto el mismo don Pedro muy cercano deudo del arzobispo respondió ella. « Yo os agradezco mucho esta voluntad de Sevilla. Sin embargo, se señaló el monasterio de y aficion que mostrais á mi servicio, y desco poder en Guisando, que está entre Cadalalso y Cebreros y á la mialgun tiempo gratificalla; pero aunque la voluntad es lad del camino que liay desde Madrid á la ciudad de buena, que estos vuestros intentos no agradan á Dios

Avila, para que allí los grandes alterados tuviesen hada bien á entender la muerte de mi hermano mal logra- bla con el Rey. En aquella habla se hicieron muchos do. Los que descan cosas nuevas y mudanza de esta | conciertos y sacaron grandes condiciones y partidos. do ¿qué otra cosa acarrean al mundo sino males mas Todos se persuadian se quedarian con todo lo que en graves, parcialidades, discordias, guerras ? Pur los | aquella sazon cada cual alcanzaso, y que el Rey y su 'evitar i no será mejor disiinular cualquier otro daño? | liermana rendrian en cualquier partido, por estar inuy Ni la naturaleza de las cosas ni la razon de mandar sus cansados de la guerra y deseosos grandemente de la sre que haya dos reyes. Ningun (rulo hay temprano y sin paz. Refieren otrosí que el Rey y marqués de Villena sazon que dure mucho; yo deseo que el reino me venga luvieron habla en secreto, sin que se sepa lo que co ella muy tarde para que la vida del Rey sea mas larga y su acordaron. Solo por lo que adelante sucedió entendiemajestad inas durable. Primero es menester que él seal ron se enderezó lodo á asegurar sus cosas el de Villena quituto de los ojos de los hombres que yo acometa á lo y aumentar su casa y estados. El obispo Antonio Vemar el nombre de reina. Volved pues el reino á don En- nerio, nuncio del Papa, absolvió i los grandes del horique, mi hermano, y con esto restituiréis ú la patria la menaje hecho al infante don Alonso, demás quc prepolz. Este tendré yo por el mayor servicio que me podeis tendian por su muerte, alleradas las cosas, cesar la hacer, y este será el fruto mas colmado y gustoso que obligacion que le lenian. Con esto hicieron de nuevo desla vuestra alicion podrá resultar.» Forzó aquella mo sus homenajes al rey don Enrique; y la insanla dona deslia á que, no solo aprobasen su determinacion, sino Isabel de comun consentimiento fué jurada tambien por que la alabasen, maravillados todos los que presentes princesa heredera del reino. Lo uno y lo otro se hizo á estaban de la grandeza de su corazon , que menospre los 19 de setiembre, dia lúnes. A los demás conjura los ciaba lo que por alcanzar otros se molen por el fuego y se dió perdon. El enojo que el Rey tenia muy mayor por las espadas; por el mismo caso la juzgaban por contra los dos hermanos Arias, que estaban apoderados mus digna del nombre real que le ofrecian. Pero era de la ciudad de Segovia, ejecutó con aquella ocasion pesada a todos tan larga tempestad de discordias, y así de haber concertado las paces y restituidole las ciudase comenzaron á inclinar á la paz; mayormente que el des, en que al momento les quiló el alcázar de Segovia, rey don Enrique por sus embajadores les ofreció per | que tenian á su cargo, y el gobierno de aquella ciudon si se reducian á su servicio. Con este intento el ar | dad, y le entregó á Andrés de Cabrera; ocasion y escazobispo de Sevilla á ruegos de los grandes y por permi- lon para alcanzar adelante gran poder y muchas riquesion del Rey fué á Avila, por cuyo medio é ayudado zas. Por este tiempo en tierra de Toledo, en un lugar tambien por su parte de Andrés de Cabrera, marordo- l que se llama Peromoro, corrió de los haces que ciermo de lu cusa real, se asentó la puz con estas capitula- | Los loinbres segabap gran copia de sangre, cosa quc

al presente causó gran maravilla , y adelante se enten- , condestable (ranzú; luego despues desto redujo á su dió era anuncio y pronóstico de los grandes males que servicio la ciudad de Córdoba por entrega que della le sobre los pasados avinieron á España. El marqués de hizo con ciertas condiciones don Alonso de Aguilar. Villena, vuello á la privanza de antes, se comenzó de Sosegados los alborotos que allí andaban entre este nuevo á apoderar de todo, con disgusto de los demás grandes; gran descuido y poquedad del rey don Enri venido el estío, pasó a Sevilla. Sucedió lo mismo allí, que; tanto mas, que á persuasion del Marqués, y en su que por autoridad del Rey y con su presencia se sosegacompañía su hermana la infanta doña Isabel, se fué á ron las alteraciones de los señores que moraban en Ocaña, casi al principio del año 1469. Tenia el de Vi aquella ciudad y se compusieron sus diferencias. Los llena intento de casar la Infanta con el rey de Portugal, moros estaban quietos, cosa que hacia maravillar por y á su persuasion vino por embajador sobre el caso don andar los nuestros tan revueltos y alterados, que no so Alonso de Noguera, arzobispo de Lisboa, acompaña aprovechasen de la ocasion que se les presentaba. Esdo de otras personas principales. Por el contrario, el ar tahan los fronteros, que eran capitanes de grande eszobispo de Toledo pretendia casarla con don Fernando, fuerzo, mayormente el Condestable ya dicho, alerta y rey de Sicilia; y despues de partido Pedro Peralta, em en vela, y no les daban lugar para hacer algun insulto. bajador de Aragon, no cesaba de hablarla en este pro- i Las discordias asimismo que entre los moros se levanpósito, á que ella de su yo se inclinaba; y aun como la taran de nuevo los embarazaban para no acudir a la bablasen en el casamiento de Portugal, respondió lla guerra de fuera. Fué así, que Alquirzote, gobernador namente que no era su voluntad ni le queria. Aconse- / de Málaga, hombre muy experimentado en la guerra jaba el de Villena que le hiciesen fuerza y por mal la | y de gran renombre y fama, como se viese apoderado constriiesen á conformarse. El rey don Enrique, du- 1 de aquella ciudad, se rebeló contra el rey Albohacen, doso de lo que liaria , en fin se resolvió en lo que le pa- ayudado de muchos que se tenian por agraviados del reció ser mas seguro, de despedir por entonces los em- | Rey, demás que de ordinario aquella gente, por ser do bajadores de Portugal con color que el negocio no es- ingenio mudable, gusta que haya mudanza en el estaba sazonado y que adelante se podria tratar dél. En tado. Vinieron á las armas y diose la batalla: llevó especial que se ofrecia un nuevo partido asaz conside- Alquirzote lo peor por ser sus fuerzas mas flacas; trató rable. El Cardenal atrebatense vino por embajador de Luis XI, rey de Francia, á pedir que la infanta doo tener habla á Archidona, que está á la raya del reino na Isabel casase con su hermano Cárlos, duque de Ber de Granada. Vino allí el Moro muy alegre con grandes ri, nueva ocasion para que los grandes se dividiesen y presentes que traia; partiose con no menor confinoza tuviesen sobre este negocio diversos pareceres. Todo por la palabra que el Rey le dió de envialle socorros y era sementera de nuevas discordias, sin estar apenas ayuda, que fué ocasion para que Albohacen con las sosegadas las pasadas; en particular el Andalucía no se armas hiciese este año y el siguiente muchas veces enquielaba ni queria dejar las armas. Por muerte de don

tradas y rompiese por tierra de cristianos. Llevaron Juan, duque de Medina Sidonia, sucedió en aquel rico los moros grandes cabalgadas de hombres y de ganaestado don Enrique, su hijo bastardo, como heredero, dos, quemaron campos y poblados. Era tan grande su no solo de sus bienes, sino tambien de sus parcialida- indignacion y su avilenteza tal, que hacian lo últiino des y enemistades. Seguíanle el conde de Arcos y donde poder , y pasaron muy mas adelante de lo que antes Alonso de Aguilar, que todos en nombre de la infanta | solian en las talas, quemas y robos. Pero aunque fué donu Isabel alborotaban aquella tierra. Pareció conve grande el estrago y que se podia comparar con los Dia acudir el Rey en persona á sosegar estos bullicios antiguos, ningun pueblo señalado tomaron á los nucs. en sazon que el marqués de Villena renunció en su hi- | tros; solo diversos escuadrones de soldados moros por jo don Diego Lopez Pacheco el marquesado de Villena toda el Andalucía y por el reino de Murcia hacian corcon intento que el Rey y el Papa le confirmasen á él | rerías, mas á manera de salteadores que de guerra conel maestrozgo de Santiago y gozar sin contraste de certada. Volvamos con nuestro cuento á la infanta dona aquella rica dignidad. Quedóse la Infanta en Ocaña; Isabel, que se quedó en Ocaña; muchos y grandes hicieronla jurar de nuevo no casaria ni trataria dello principes la pediun á un mismo tiempo por mujer. Tesin que el Rey, su hermano, lo supiese y sin su volun- | nia grandes partes de virtudes, honestidad, hermosutad. El conde de Benavente y Pero Hernandez de Ve 1 ra , edad á propósito, sobre todo el dote, que era granlasco fueron á Valladolid para gobernar el reino duran dísimo, no menos que el reino de su hermano. A los te la ausencia del Rey.

demás pretensores, es á saber , al de Portugal, que era

viudo, y al duque de Berri, mozo extranjero, se la CAPITULO XIV.

ganó finalmente el rey don Fernando, no sin voluntad y Del casamiento y bodas de los principes doña Isabel providencia del cielo. Ayudó mucho la diligencia del y don Fernando.

rey de Aragon, su padre; con muchos presentes que Asentadas las cosas en la manera que dicho es, el rey dió, y mayores promesas para adelante, manera la don Enrique enderezó su camino para el Andalucía. Iban mas segura de negociar y la mas eficaz, granjeó los en su compañía el maestre de Santiago y los prelados criados de la Infanta. El que mas podia con ella y mas de Sevilla y de Sigüenza; llegaron a pequeñas jornadas privaba era Gutierre de Cárdenas, su maestresala, y a Ciudad-Real. Allí se quedó enfermo el de Sevilla. Ea con él Gonzalo Chacon, tio del mismo de parte de maJaen fué el Rey muy bien recebido y festejado por su ) dre, mayordomo que era y contador de la Princesa. A

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