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mado Augustobriga, movida por el ejemplo de Aranda, da dicho, don Juan de Zúñiga. En Francia fino otrosi que no lejos le cae, se entregó tambien á la infanta doña Nicolao, hijo de Juan, duque de Lorena. Quedaba toIsabel. El sentimiento del Rey se dobló, y en particu- davía en vida Renato, su abuelo, cuyo nieto, hijo de lar del conde de Medinaceli, á quien tenia hecha mer- una hija suya , llamado asimismo Renato, sucedió en ced de aquel pueblo. En esta misma sazon don Alonso el ducado de Lorena por parte de su abuela materna, Carrillo, arzobispo de Toledo, que acompañó en esta mujer que fué del mismo Renato. Este nuevo duque de jornada á la Infanta, convocó para aquella villa de Aran- | Lorena alcanzó gran renombre, mas que por otra cosa da un concilio provincial de los obispos sus sufragáneos. por una famosa batalla que ganó de los flamencos cerca Despachó sus edictos y cartas en esta razon; acudie- de Nanci, ciudad de aquel su estado, en que quedó venron los obispos y arciprestes de toda la provincia sin cido y muerto Carlos, duque de Borgoña, que llamaron otro gran número de personas, así eclesiásticas como el Atrevido. Juan, conde de Armeñaque, despues que seglares. La voz corria que se juntaban para reformar se huyó á España, como queda dicho, nunca entró en las costumbres de los eclesiásticos, muy estragadas con gracia de su Rey uri dél se hizo confianza. Por este desvicios y ignorancias por la revuelta de los tiempos. pecho con ayuda y gentes del duque de Borgoña hizo Puédese sospechar que el principal intento fué afirmar guerra en la Guiena, y en ella prendió la persona de con aquel color la parcialidad de Aragon y granjear Pedro de Borbon, gobernador de aquel ducado, por

voluntades de los que allí se hallasen. A los 5 de trato que tuvo con los suyos. Este insulto ofendió mudiciembre promulgaron cuatro decretos solos, que fue- cho mas al dicho Rey, mayormente que no le quiso ron estos : «Los obispos en público siempre anden con soltar antes de ser restituido en su villa de Lectorio, roquete. Cada cual de los sacerdotes por lo menos diga de que el tiempo pasado le despojaron. El Cardenal almisa tres o cuatro veces al año. Los eclesiásticos no bigense con gentes que le dieron recobró á Lectorio y asienten al servicio ni lleven gajes de ningun señor fue- le echó por tierra; y al mismo Conde, sin embargo que ra del Rey. Los beneficios curados y las dignidades no se le rindió á partido, le hizo morir. Dió este caso muse provean á ninguno que no sepa gramática.» Apenas cho que decir, si bien los pareceres eran diferentes; habian despedido el Concilio, cuando el rey don Fer- todos concordaban comunmente en que tenia muy menando llegó á Almazan y Berlanga. Allí el conde de Me- recido aquel desastre y castigo. Sus delitos y desórdedinaceli y Pedro de Mendoza, señor de Almazan, mucho nes eran muy feos; uno en particular y muestra de su le festejaron. Dende pasó á Aranda; con su presencia soltura, que con bulas falsas del Papa en razon de dispretendia dar calor á sus aficionados y adelantar su pensar con él, se casó con su misma hermana, y della partido. Fallecieron en este mismo año en Castilla el se aprovechó; torpeza vergonzosa y afrenta digna y almirante don Fadrique y el maestre de Alcántara don merecedora por justo juicio de Dios de aquella su muerGomez de Cáceres y Solís, á quien sucedió, como que- te desgraciada.

LIBRO VIGÉSIMOCUARTO.

CAPITULO PRIMERO.

capacidad del Rey era tan corta, que no entendia estas La inlanta dora Isabel se reconcilia con el Rey, su hermano.

tramas; si las entendia , disimulaba; tal era su poque

dad. En particular deseaba con el alcázar de Madrid No sosegaban las pasiones entre los grandes y nobles juntar el de Segovia. Parecíale si lo alcanzaba tendria de Castilla. El partido de Aragon todavía se adelantaba en su poder como con grillos al Rey, y para todo lo que en fuerzas y reputacion. El maestre de Santiago no se podia suceder se aseguraria mucho por este camino. descuidaba en allegar riquezas, poder y vasallos y Este era su mayor deseo; solo y principalmente Andrés apercebirse de los mayores reparos que pudiese. Crecia de Cabrera por la privanza que tenia con el Rey y ser con el aumento la codicia de tener mas; dolencia ordi- persona de grande ingenio, y que no fiaba de las pronaria y sin remedio. El miedo le aquejaba grandemen- mesas que le hacia el Maestre, bien que eran muy te si los aragoneses viniesen á tener el mando y el go-grandes, le hacia resistencia; de donde resultaron sosbierno, que á él seria forzoso partir mano de gran pechas y se aumentaron entre ellos los disgustos. Cada parte de su estado, como de herencia que fué de aque- cual trataba de usar de maña y derribar al contrario, llos infantes de Aragon y por el mismo caso de sus hijos. como personas que eran el uno y el otro sagaces y asPor este recelo pretendió desbaratar el casamiento de tutas. El Maestre tenia mas poder y fuerzas; Andrés los principes don Fernando y doña Isabel, y al presente de Cabrera fué mas venturoso y acertado. Puso todas intentaba lo mismo del que tenian concertado entre sus fuerzas y la mira en reconciliar á doña Isabel con don Enrique de Aragon y la princesa doña Juana. Re- el rey don Enrique, su hermano. Venia muy á propópresentaba para entretener grandes dificultades. La sito para esto la ausencia de su competidor; que su liijo el marqués de Villena por su edad no era persona de en el alcázar de Segovia á 28 de diciembre, principio tantas mañas y astucia. Al contrario, don Andrés asis- del año del Señor de 1474. Sabida su venida, los ánitia mucho con el Rey, y con servicios que le hacia con- mos de todos se alteraron, así de los ciudadanos como forme al tiempo le ganaba de cada dia mas la voluntad. de los cortesanos, unos de una manera, otros de otra, Sucedió que cierto dia tuvo comodidad para persuadi- conforme á la aficion que cada uno tenia. El marqués lle con muchas palabras mandase llamar á la infanta de Villena por sospechar algun engaño y tratado, en dona Isabel, y diese lugar para que le visitase; cosa un caballo muy de priesa y con mucho miedo se fué á que decia seria saludable para la república, y para el recoger á Ayllon, que es un pueblo por allí cerca. El Rey en particular provechosa y honesta. Añadió que rey don Enrique en el bosque de Balsain se entretenia ninguno ignoraba dónde iban a parar los intentos del en el ejercicio de la caza cuando le vino esta nueva. Maestre, que era con la revuelta del reino acrecentar Acudió luego á Segovia y fué á visitar á su hermana. las riquezas de su casa; codicia y ambicion intolerable. Las muestras de alegría con que se saludaron y abraza«De su poca lealtad y firmeza dan muestra claramen- ron fueron grandes, tanto con mayor aficion, que de te, aunque yo lo calle, las alteraciones graves y largas mucho tiempo atrás no se vieran. Gastaron mucho tiemde que él mismo ha sido causa, como hombre que es po en hablar en puridad. Por la despedida la infanta compuesto de malicias y engaño. Bien veo que el amor. doña Isabel encomendó sus negocios á su hermano y de la Princesa impide esto, y que parece cosa indigna su derecho, que dijo entendia ser muy claro. Respondespojar su inocente edad de la herencia paterna. Ver- dió el Rey que miraria en lo que le decia. Desta manedad es esto; pero si va á decir verdad, ¿cómo podré- ra se despidieron ya muy tarde. El dia siguiente ceno mos persuadir al pueblo desenfrenado en sus opiniones el Rey en el alcázar con su hermana, y el tercero la Inque sea vuestra hija? Los príncipes prudentes no deben fanta salió á pasear por las calles de la ciudad en un papretender en la república cosa alguna de que los vasa- lafren que él mismo tomó de las riendas para mas honllos no son capaces. No se puede hacer fuerza a los ralla. Ningun dia amaneció mas claro, así para aquellos corazones como á los cuerpos; y los imperios y man- ciudadanos como para toda España, por la cierta espedo se conservan y caen conforme á la opinion de la mu- ranza que todos concibieron de una concordia muy chedumbre y conforme á la fama que corre. Mas en esto, firme, despedido el miedo que por la discordia tenian sea lo que fuere, ¿por ventura para dotar á la herma- de grandes males. Aumentose esta esperanza y confirna y á la hija no bastarán las riquezas grandes deste no- móse con que el mismo rey don Fernando, de Turućbilísimo reino, repartidas conforme al concierto que se gano, do estaba alerta y á la mira por ver en qué parahiciere entre ambas? Que si parece cosa pesada dimi- ba esto, vino tambien á Segovia movido de la fama de nuir la majestad del reino y sus fuerzas, muy más gra- lo que pasaba y persuadido por las cartas de su mujer. ve será enredarle con una guerra civil y despeñarle en El dia de los Reyes, don Enrique, don Fernando y doña los daños perpetuos que della resultaran. Este sin duda Isabel salieron a pasear juntos por la ciudad, que fué es el camino ó ningun otro hay para excusar tantos ma- un acompañamiento muy lucido y espectáculo muy les; en que si hay alguna cosa contraria á los intentos agradable para los ojos de todos. Despues del paseo particulares, entiendo se debe disimular por el deseo yantaron juntos y á una mesa en las casas obispales, en de la paz y amor de la patria. Cuantos males hayan de que Andrés de Cabrera les tenia aparejado un banqueresultar de la discordia civil, es razon considerarlo con te muy regalado. Diego Enriquez del Castillo dice que tiempo y con eficacia 'evitárlos. » Movióse con este ra- comió con ellos don Rodrigo de Villandrando,

conde zonamiento el ánimo del rey don Enrique, como per- de Ribadeo, en virtud de uņ privilegio que se dió á su sona que fué por toda la vida de una maravillosa in- padre, como arriba queda dicho, que todos los primeconstancia en sus acciones y consejos, indigno del ros dias del año se asentase y comiese á la mesa del nombre de Rey y afrenta de la silla real. Pasó adelante Rey. Alzadas las mesas , hobo música y saraos, y por Andrés de Cabrera , y en otras ocasiones que se le pre- remate trajeron colacion de conservas varias y muy resentaron por su buena diligencia y amonestaciones galadas. La alegría de la fiesta se enturbió algun tanto persuadió al Rey hiciese llamar á su hermana. Hecho con la indisposicion del rey don Enrique, que le retenesto, dió órden que doña Beatriz de Bobadilla, su mu- tó un dolor de costado de tal manera, que le fué forzoso ger, se partiese para la villa de Aranda, y para que to- irse á su palacio. Lo que sucedió acaso, como lo juzgan do fuese mas secrelo, disfrazada, en un jumento y los mas prudentes; el vulgo, inclinado siempre á lo traje de aldeana. Hizose así: habló ella con la infanta do- peor y que en todo y con todos entra a la parte, lo na Isabel y la persuadió que sin dar parte á nadie se fuese echaba a que le dieron algo; opinion y sospecha que se lo mas presto que pudiese á Segovia. Avisóle de la afi

aumentó por la poca salud que en adelante siempre cion que el Rey, su hermano, la mostraba; y que si se tuvo, y la muerte, que le sobrevino antes de pasado el trocase estaria en el alcázar segura para que nadie la año. La perpetua felicidad de aquellos principes, don biciese agravio. Decia que dado que corriese cualque Fernando y doña Isabel, y la grandeza de las cosas que peligro, en cosas grandes era forzoso aventurarse. En hicieron dan bastante muestra que por lo menos si aquella ocasion convenia usar de presteza, que cual- hobo alguna cosa no tuvieron ellos parte; ni es de creer quiera detenimiento seria dañoso, pues muchas veces diesen principio á su reinado con una tan grande malen poco espacio se hacen grandes mudanzas. Concerla- dad como sus contrarios les achacaban. Los odios endo el negocio, doña Beatriz se volvió á su marido; en cendidos que andaban y la grande libertad que se veia pos della á poca distancia la princesa doña Isabel entró en decir unos de otros mal, dieron lugar á sospechar esta y otras semejantes fábulas. Hiciéronse por la salud que le diese á Carrion , villa principal en Castilla la Viedel Rey muchas procesiones, votos, rogativas y plega- ja. Hecha la merced, la fortificó con muros y con rerias para aplacar á Dios, con que mejoró algun tanto paros. Llevaba esto mal el marqués de Santillana á por entonces de aquel accidente.

causa que aquella villa de tiempo antiguo estaba á su

devocion por la naturaleza que la casa de Mendoza teCAPITULO II.

nia en ella por los de la Vega y Cisneros, linajes incor

porados en el suyo. Demás desto , movido por sus rueDe la muerte del maestre don Juan Pacheco.

gos y lágrimas, persuadió al conde de Treviño que al Luego que el Rey convaleció, 'se comenzó á tratar improviso se apoderase con gente de aquella villa. Hide concertar aquellos príncipes y hacer capitulaciones zolo él como lo concertaron; para socorrerle el marpara ello. Pedia doña Isabel que todos los estados del qués de Santillana se partió de priesa de Guadalajara reino la jurasen por heredera , pues tenia derecho para con golpe de soldados. El conde de Benavente para venello. Si esto se hacia , que ella y su marido perpetua- gar por las armas aquel agravio hizo lo mismo desde mente estarian á obediencia del Rey. Ofrecia otrosí que Segovia, do le tomó la nueva. Con esto y por estar dipor seguridad daria su hija en rehenes para que estu- vididos los demás grandes y acudir con sus gentes, viese como en tercería en el alcázar de Avila y en poder unos á una parte, otros á otra, corria peligro que sude Andrés de Cabrera. Por el contrario, el conde de Be- cediese algun desman señalado por cualquiera de las navente pedia con instancia que la princesa doña Juana partes que la victoria quedase. Acudieron por diversas casase con don Enrique de Aragon. Sentido de la burla partes los reyes mismos, don Fernando para asistir al que hicieron á su primo, amenazaba que si esto no se marqués de Santillana , bien acompañado por si fuesen hacia , desbarataria el asiento que se pretendia tomar menester las manos, don Enrique para poner paz, coentre los dos reyes y pondria impedimento para que no mo lo hizo, que puestas sus estancias en medio de los pasase mas adelante, como el que podia mucho por an- dos reales contrarios y entre las dos huestes, apenas y dar al lado del rey don Enrique y agradarle mas por el con trabajo pudo alcanzar que dejasen las armas. El mismo caso que esto pedia. Los otros grandes no eran conde de Benavente se puso de todo punto en las made un parecer ni de una misma voluntad. Los corlesa- nos del Rey. Dióle el arzobispo de Toledo en recomnos y palaciegos parte favorecian á doña Juana, los mas pensa el lugar de Magan, y con tanto vino en que abase inclinaban á doña Isabel , y mas los que tenian mas tiesen el castillo de Carrion y le echiasen por tierra, que cabida y mas privanza en la casa real, cosa que mucho era la principal causa porque aquel pueblo estaba alteayudó á mejorarse su partido. Todos se gobernaban rado, y la villa volvió a la corona real. Hechas las paces, por aficion sin hacer mucha diferencia entre lealtad y el de Santillana se vió con doña Isabel en Segovia; dendeslealtad. En particular la casa de Mendoza se co- de se volvió a Guadalajara , ya determinado de todo menzó á inclinar a esta parte, señores muchos en nú- punto de tomar nuevo partido y seguir nuevas esperan

muy poderosos en riquezas y en aliados. Por el zas, así él como los suyos. El rey don Enrique, despues mismo caso el arzobispo de Toledo comenzaba á diver- de visitar á Valladolid y detenerse algun tanto en Setirse y aficionarse á la parcialidad contraria de doña govia , á persuasion y por consejo del maestre don Juan Juana, de quien le parecia se podian esperar mayores Pacheco para comunicar y tratar cosas muy importanpremios y mas ciertos. El rey don Enrique se hallaba tes, se partió para Madrid; tal era la voz. Hizole grande muy dudoso de lo que debia hacer. El maestre don Juan instancia, y al fin le persuadió que tratase de casar á la Pacheco con cartas que de secreto le envió le persua- princesa doña Juana con el rey de Portugal, y que para dia que de noche se apoderase de la ciudad y prendiese poner esto en efecto se partiese, si bien tenia poca say pusiese en su poder á don Fernando y á doña Isabel, lud, hasta la raya de aquel reino. Este era el color que pues se le presentaba tan buena ocasion de tenerlos

se tomó para este viaje. El mayor y mas verdadero cuicomo dentro de una red metidos en el alcázar; para dado del Maestre era de apoderarse de Trujillo; granefectuallo le prometia su ayuda y su industria. Cosa tan de codicia y deseo de amontonar riquezas y estados. grande como esta no pudo estar secreta ni desbaratarse Conformáronse los moradores con la voluntad del Rey por fuerzas humanas el consejo divino y lo que del cielo por tener el Maestre granjeada gran parte del regiestaba determinado. Luego pues que se supo lo que se miento y seguir el pueblo lo que la nobleza queria ; solo trataba, don Fernando se fué arrebatadamente á Tu- el castillo por su fortaleza les era impedimento, que el ruégano. La infanta doña Isabel se quedó en el alcázar alcaide Gracian de Sese no le queria entregar basta de Segovia, resuelta de ver en qué paraban aquellos tanlo que le gratificasen lo que en él gastara, que era intentos y no dejar la posesion de aquel alcázar nobi- mucha parte de su hacienda, y le tomasen las cuentas. lísimo en que tenian los tesoros y las preseas mas ricas El rey don Enrique con la tardanza y por ser aquellos de la casa real, y de donde entendia tomaria princi- lugares malsanos y el tiempo poco á propósito, agrapio y se abriria la puerta para comenzar á reinar; hem- vada la indisposicion, se volvió á Madrid. El Maestre, bra de grande ánimo, de prudencia y de constancia ma- algo mejor de una enfermedad que mismo le sobreyor que de mujer y de aquella edad se podian esperar. vino, se hizo llevar á Trujillo en hombros. Llegó con Despues que el rey don Enrique y don Fernando se este intento á Santa Cruz de la Sierra, que es una alapartaron, se tornaron á juntar por un nuevo accidente. dea dos o tres leguas á la parte de mediodía de aquella Fué así, que el conde de Benavente alcanzó del rey don ciudad. Trataba de persuadir al Alcaide que entregase Enrique los años pasados con la revuelta de los tiempos / la fortaleza y de ganalle, cuando en medio destas prá

mero,

ticas murió de repente. La ocasion fué que se le hin- catalanes. Allí se apercebia para la guerra, bien que se chó una mejilla yun corrimiento, con que mucha sangre hallaba en lo postrero de su larga edad y doliente de se le cuajó en la garganta, que le salia por la boca y por cuartanas. Tenia sus fuerzas gastadas; determinó buslas narices. Dicen que a las postreras boqueadas ninguna car socorros de fuera. Envióle el rey don Fernando de otra cosa preguntaba a los que presentes tenia y le ayu- Nápoles, su sobrino, por el mar quinientos hombres de daban á bien morir, salvo si quedaba entregado el al- á caballo, pequeña ayuda para guerra tan larga. Don cázar; pensamiento poco á propósito para quien se ha- Fernando, su hijo, por el mes de junio se apoderó de. Haba tan cercano a la muerte ; bien que sin duda fué Tordesillas, que es una buena villa en Castilla la Vieja. gran persona, de mucho valor, de maña y ingenio no- Los vecinos le llamaron para valerse de sus fuerzas contable. Tuvieron secreta su muerte hasta tanto que el al- tra Pedro Mendavia, alcaide de Castro Nuño, que hacia cázar se entregó. En recompensa dieron al alcaide Gra- mal y daño por los pueblos y campos comarcanos cou cian el lugar de San Félix, en Galicia, por juro de he- una compañía de salleadores, de los que en gran núredad, dádiva para él muy desgraciada, porque en una mero andaban por todo el reino desmandados. Hecho revuelta, no se sabe por qué causa, los vecinos de aquel esto y vuelto á Segovia , do quedó su mujer, avisado pueblo le apedrearon y mataron; venganza del cielo del peligro y poca salud de su padre, determinó irse á por dejarse granjear con dádivas, como el vulgo lo de- ver con él, como lo hizo. Púsose en camino á 2 de jucia, muy inclinado á semejantes dichos y hablas y á lio; de pasada visitó en Alcalá al arzobispo de Toledo, creer y decir de ordinario lo peor.

que estaba allí retirado. Pretendia con aquella corte

sía quitalle el disgusto que tenia grande y ganalle si CAPITULO III.

pudiese. Desde allí pasó á Guadalajara para visitar al

tanto al marqués de Santillana y obligalle mas con esto. Cómo el rey don Fernando fué á Barcelona.

Llegó por sus jornadas á Zaragoza y á Barcelona, do Los franceses y aragoneses tenian diferencia y con- hallo á su padre, viejo de mucha prudencia y que nuntienda sobre lo de Ruisellon y Cerdania. Los aragone- ca reposaba. Sucedieron a la misma sazon muy fuera de ses pretendian recobrar aquellos sus estados ; los fran- tiempo alteraciones en el reino de Valencia. Fue así, cesesse excusaban con que los tenian empeñados por que Segorve y Ejerica, dos pueblos principales en aqueel dinero que prestó su Rey al Aragonés y el que gas- lla comarca, lomaron las armas y se alborotaron á un taron en el sueldo de los soldados con que ayudaron en mismo tiempo. La porfia fué igual, los intentos contrala guerra de Barcelona y aun no estaba pagado. No se rios; los de Ejerica para librarse del señorío de Franconformaron;yasí, las armas, que se dejaron por causa cisco Sarsuela, que pretendian les tenia hechos grande las treguas que concertaron, las tornaban á tomar des agravios y demasías , los de Segorve por consery á mover la guerra. El temor de los nuestros no era varse contra la voluntad del Rey en la obediencia de menor que la esperanza, por ser la guerra contra las don Enrique de Aragon. Fueron estas alteraciones mas riquezas de Francia y contra aquel Rey muy poderoso, largas que grandes, sin que en ellas sucediese cosa mesin estar sosegadas las pasiones de Castilla , de

morable mas de que al fin se hizo lo que el Rey quiso y mismo resultaban muchas y grandes dificultades. Pro- era razon, que Segorve quedó confiscada, y Ejerica volcaróse componer estas diferencias , y con este intento vió á cuya antes era. Don Fernando en Barcelona conse enviaron embajadores á Paris para tratar de con- sultaba con su padre sobre la guerra de Ruisellan, cierto, personas de gran cuenta. Estos fueron don Juan cuando le vino aviso de Castilla que el maestre de SanFolch, conde de Cardona, y Hugon de Rocaberti, cas- tiago don Juan Pacheco era pasado desta vida á 4 de tellan de Amposta; para que tuviesen mas autoridad octubre. Por su muerto andaba mayor alboroto que llevaron grande acompañamiento y repuesto. Preten- nunca entre los grandes ; muchos señores pretendian dian dar razon por donde no parecia se debiese pagar aquel maestrazgo; la diligencia era igual y la ambicion; el dinero que pedian, lo uno que los socorros de Fran- los caminos diversos y el color que para su pretension cia para la guerra de Barcelona ni se enviaron á tiempo cada cual alegaba. El de Alburquerque, el de Bonani fueron de provecho; lo otro que contra las capitu- vente, el de Santillana, el de Medina Sidonia confiaban laciones del concierto, Juan, duque de Lorena, fue ayu- mas en sus riquezas que en alguna otra cosa. Por votos dado con gentes de Francia. Volvíanse los embajadores de los caballeros fueron nombrados dos, cada cual en sin concluir cosa alguna. Detuviéronlos en Leon con- uno de los principales conventos de la órden, donde tra el derecho de las gentes y las leyes divinas y hu- los caballeros, unos en una parte, otros en otra, sejunmanas. Por quedar estos señores arrestados en Fran- taron. En el de Leon fué elegido don Alonso de Cardecia y como en rehenes, los aragoneses no se atrevian nas, comendador mayor que erå de Leon ; en Uclés por el peligro que sus personas corrian á hacer graude nombraron á don Rodrigo Manrique , conde de Pureresistencia, magüer que por el mismo tiempo al prin- des. El marqués de Villena por tener el favor del Rey cipio del verano quinientos caballos franceses debajo y ser sus fuerzas muy grandes pretendia despojar los de la conducta de Juan Alonso, señor de Aluda, entra- dos, y alegaba que el Pontifice en vida de su padre lo ron en son de guerra por la parte de Ruisellon , y jun- hizo gracia de aquella dignidad ; pero como quier que tándose con las demás guarniciones y gentes francesas, no presentase bulas ni testimonio alguno de la volunse pusieron sobre la ciudad de Elna, cuya parte mas tad del Papa , los mas sospechaban era invencion á baja desampararon á la hora los ciudadanos por ser propósito de tener tiempo para usar de mayor ditiDaca. El rey de Aragon en Barcelona tonia Cortes á los gencia y ganar del Papa aquella dignidad. Andaba en

que asi

su pretension con poco recato; iba camino del Villa- seguian el partido de la princesa doña Leonor , y los rejo de Salvanés para hablar con el conde de Osorno, agramonteses, de muy antiguo aficionados al servicio del comendador mayor de Castilla; echáronle mano y lle- rey de Aragon. El pueblo seguia el ejemplo de los prinváronle preso á Fuentidueña. Fué grande esta afrenta cipales en semejantes locuras y en hacerse unos á otros y resolucion; con que el rey don Enrique irritado, y desaguisados. por no parecer que el conde de Osorno obedeceria á

CAPITULO IV. sus mandatos , determinó acudir á las armas ; y dado

De la muerte del rey don Enrique: que andaba con poca salud, se puso con gente sobre Fuentidueña. Acudiéronle los prelados de Tole- Agravábase de cada dia la dolencia del rey don Enrido y de Búrgos, el de Benavente, el Condestable y el que, que de algun tiempo atrás le traia trabajado; y con de Santillana, sin otros señores, todos deseosos de ser- el movimiento de aquel viaje que hizo y los cuidados vir á su Rey y alterados contra un hecho tan atroz. pesados y desabridos se hizo mortal. Ordenaron los Erales muy pesada la tardanza por irse agravando la en- médicos que volviese á Madrid. Confiaban que con aquefermedad del Rey y ser el tiempo poco á propósito. llos aires mejoraria; ni la bondad del cielo muy saludaAcordaron valerse de un engaño contra otro; esto fué ble de que goza aquella villa ni muchos remedios que que Lope Vazquez de Acuña, hermano del arzobispo de le aplicaron fueron parte para que aflojase el dolor del Toledo, á quien no menos pesaba que á los demás del costado, antes se embraveció de manera, que perdida la agrario que se hizo al marqués de Villena, con muestra esperanza y recebidos los sacramentos como buen crisque queria tener habla con la mujer del conde de Osor- tiano, á 11 de diciembre, dia domingo, á la segunda hora no , la prendió á ella y á un hijo suyo, y los llevó á la de la noche rindió con reposo el alma, al fin del año ciudad de Huete. Con esta maña, vencido el ánimo de cuarenta y cinco de su edad. Reinó veinte años, cuatro su marido, puso al de Villena en libertad. Desta mane- meses, veinte y dos dias. No otorgó algun testamento; ra se desbarataron los intentos del conde de Osorno, solo hizo escribir algunas cosas á Juan de Oviedo, su que por aquel camino y prision pretendia ganar la gra- secretario, de quien mucho se fiaba. Nombró por ejecia de don Fernando, y con su ayuda quitar el maestraz- cutores de lo que ordenaba al cardenal de España y al go de Santiago a todos los demás, mayormente que la marqués de Villena. Preguntado por fray Pedro de Maprincesa doña Juana se tenia en Escalona , apartada de zuelos, prior de San Jerónimo de Madrid, que le consu madre por su poca honestidad, y en poder del dicho fesó en aquel trance, á quién dejaba y nombraba por marqués de Villena. Sabidas todas estas cosas en Bar- sucesor, dijo que á la princesa doña Juana, que dejó encelona, el rey don Fernando dejó el cuidado de la guerra comendada á los dos ejecutores de su testamento, y á su padre, que pretendia luego marchar la vuelta de junto con ellos al de Santillana, al de Benavente, al ConAmpúrias, y él se volvió a Zaragoza con intento, si las destable y al duque de Arévalo, de quien mas que de cosas de Castilla diesen lugar, juntar alli Cortes de los otros hacia confianza. Su cuerpo por la larga dolencia aragoneses para efecto de allegar dinero, de que tenian estaba tan flaco, que sin embalsamalle le depositaron grande falta; tanto mas, que de cada dia acudian nue- en San Jerónimo de Madrid. El enterramiento y honras vas compañías de franceses, y estaban ya juntos sobre que le hicieron no fueron muy grandes ni tampoco Elna novecientos caballos y diez mil infantes, con que muy pequeñas. Despues, en cumplimiento de lo que éi el cerco de aquella ciudad se apretó de suerte, que por mismo mandó a la hora de su muerte, le sepultaron falta de mantenimientos y de todo lo necesario los cer- en la iglesia de Guadalupe, junto al sepulcro de su macados se rindieron un lúnes, á 5 de diciembre, á partido dre. Fué este Príncipe señalado en ninguna cosa mas que la guarnicion de soldados y los capitanes saliesen

que en la manera torpe de su vida, en su descuido libres, sin embargo que durante el cerco tuvieron en- y flojedad, faltas con que desdoró mucho su reinado. No Ire si mas diferencias que ánimo para contra los enemi- dejó hijo alguno varon, y fué en la línea y alcuna de los gos. Con la pérdida de Eloa tenian gran niedo no se varones que decendieron del rey don Enrique el Basperdiese tambien Perpiñan, por caelle muy cerca y es- tardo el postrero como en el tiempo y cuento, así bien tar rodeada aquella villa por todas partes de guarnicio- en la fama. Punto asaz de advertir, y que hace maranes de enemigos, además que el mismo castillo de Per- villar sea la inconstancia de las cosas tan grande como piñan estaba en poder de franceses; por todo esto se se re, y su mudanza tal, que no solo mueren los homrecelaban que no se podria mantener largo tiempo. Fué bres, sino tambien se acaba el vigor y fuerza de los lieste año memorable, particularmente en Sicilia, por el

najes, y mas en la sucesion de los príncipes, en que conestrago grande que en las ciudades y pueblos se hizo de venia mas continuarse. Cada uno de los particulares los judíos. La muchetumbre del pueblo sin saberse la

estamos sujetos á esto; las propiedades y virtud asicausa como furiosos tomaban las armas, sin tener cuen- mismo de las plantas , yerbas y animales en comun tieta ni respeto a los mandatos y autoridad del virey don nen sus nacimientos y aumentos, y en fin se envejecen Lope de Urrea, ni aun enfrenallos la justicia que hizo y faltan. Tuvo el rey don Enrique, tronco y principio de algunos de los culpados. Mataron muchos de aquella deste linaje, el natural muy vivo, y el ánimo tan grande, gente miserable, y les saquearon y robaron sus casas. que suplia la falta del nacimiento. Don Juan, su hijo, fué Los moros de Granada á este tiempo tenian sosiego, ni persona de menos ventura, y de industria y ánimo no trataban los nuestros de hacelles guerra por la grande tan grande ni valeroso. Don Enrique, su nieto, tuvo el revuelta y alteracion en que las cosas se hallaban. En entendimiento encendido y altos pensamientos, el coNavarra andaban alborotos entre los biamonteses, que razon capaz del cielo y de la tierra; la falta de salud y

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