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yas cenizas están aun calientes, y de otros muchos va- ! Mas á qué esperar tanto ? repusieron mis amigos. rones ilustres, que sin el auxilio de las artes y las cien Tenemos ahora lugar y tiempo; y puesto que nos has cias triunfaron noblemente de sus enemigos solo por lieclio ya mencion de tu trabajo, deseamos con avidez su educacion militar y la grandeza de sus alınas? oir lo que sobre tan grave asunto recogiste, bien nos

Extraño, repliqué yo entonces, que hombres como lo leas, bien nos lo recites de memoria en esta y las sitú quieran darnos principes toscos y sin instruccion al guientes noches. No tememos que nos sea pesado el guna, es decir, troncos ó piedras sin ojos, sin orejas, trabajo de castigar tu obra, ni rehusamos tampoco adsin sentido; ¿es pues acaso mas el hombre que no ha | vertirte lo que, segun nuestro parecer, merezca correcultivado las letras ni las artes liberales ? Sacas á plaza girse. el carácter verdaderamente varonil y militar de nues Bien, dije, acepto pues la condicion, amo y amé tros compatricios; mas;crees acaso que no exigen co siempre la franqueza. Tengo para mí que es de personocimientos los negocios de la guerra? No sin razon nas delicadas y no de amigos querer inevos ser el autor pintó armada la antigüedad a la diosa Minerva, ni sin de un libro que recibirle castigado por la mano de otro razon la miró á la vez como la diosa de la sabiduría y de amigo. Voy pues, si os place, á empezar la explicacion la guerra; quiso con esto indicar que así como las ar- de mis Comentarios, dejándolo tan solo cuando así lo tes de la paz se encuentran guardadas á la sombra de exija el tiempo ó vuestro cansancio en oirme. las armas, así las de la guerra no pueden florecer sin el No, no, repuso Calderon, nosotros deseamos ya arauxilio de la sabiduría. ¿Es por otra parte comparable | dientemente oirte; me atrevo á asegurarlo hasta en el número de nuestros indoctos capitanes con los mu nombre de Suasola. ¿ Qué cosa puede haber mas agrachos que se aventajaron en las letras y en todo género de dable mientras se está disponiendo la cena que oir haconocimientos? Debes además advertir cuánto mas blar sobre el modo de educar á un príncipe ? Qué mas admirables hubieran sido los principes de que hablas agradable que secundar lus nobles esfuerzos en lo quo si á sus excelentes facultades hubiesen añadido el cul sea necesario y nosotros alcancemos? tivo de su ingenio. Divino Platon, no sin motivo so Agradezco, dije á la sazon, en lo que debo vuestra lias tú decir que no habian de ser felices las repúblicas favorable disposicion para conmigo; solo siento que hasta que empezasen á gobernarlas los filósofos ó á filo | mis facultades oratorias no corran al par de vuestra sofar los reyes. Nadie tampoco puede ignorar cuánto y erudicion ni de vuestras esperanzas. Si Sócrates decon cuánta frecuencia recomiendan las sagradas letras | biendo vituperar el amor en presencia de Fedro, no se á los principes el estudio de las ciencias.

atrevió á hacerlo sin cubrirse antes con su manto la Es cierto, dijo Calderon, mas conviene que no lo lle cabeza, cuánto mas no debo sonrojarme yo al pasar ves al extremo; un príncipe no debe tampoco invertir á desenvolver mis pobres pensamientos delante de un en las letras todos los años de su vida ni buscar en la varon instruidísimo que hace tanto tiempo está expliextension de sus conocimientos una inútil gloria; su cando teología en Alcalá con universal aplauso de las verdadera sabiduría ha de consistir mas en el temor gentes? No he salido, por otra parte, nunca de la vida de Dios y en la inteligencia de las leyes divinas que en privada: ¿qué podré decir sin temor acerca de la malas artes y la ciencia de la tierra.

nera de educar é instruir á un príncipe? No parecerá ya Si, repliqué yo con algun calor, convengo en que el en mi atrevimiento, sino temeridad y hasta impudenculto de la divinidad es el principal fruto de la sabidu cia. ¿Si correré yo la suerte de aquel anciano Formion ría; mas no me negarás que adornado el príncipe del que se atrevió á hablar del arte militar delante del gran conocimiento de otras artes liberales, llegará á tener capitan cartaginés Aníbal ? Mucho be de temer en visalgo de grande y de divino; no me negarás que si se la de este ejemplo que no recoja en vez de alabanzas le instruye desde niño, como aconsejan la razon y la ex carcajadas y sea vituperado al fin de necio y loco. periencia, podrá hacer muchos adelantos en sus pri ¿Mas cómo? dijo Calderon, no hay para qué temas; meros años, sobre todo si está dotado de ese ingenio liquién podrá hallar mal que de tu mucha lectura hayas y de esa fácil y tenaz memoria que atribuye la fama á sacado preceptos saludables, confirmados por la apronuestro Príncipe y confirman varones eminentes. Se. bacion de todos los siglos y naciones, y sobre todo por la alcanzarán cultivándole increibles resultados; los cam experiencia de los hombres mas ilustres? Podrias adepos de que no cuida la mano del hombre, cuanto son más escudarte con el ejemplo de Platon, Aristóteles y paturalmente mas fecundos, tanto mas y mas pronto se otros filósofos, que sin haber intervenido nunca en los cubren de espinas y de nocivas yerbas. Pero he liablado negocios de la república, escribieron sutil y prudenteya mucho acerca de esto en los comentarios que escri mente sobre el modo de constituirla, ya por lo que bí dias pasados sobre el monarca y la institucion mo leyeron, ya por lo que les inspiró su aventajado innárquica. He de dároslos á conocer para que los corris genio. jais en cuanto los tenga limados. No solo encontraréis Es preciso, sin embargo, evitar el fastidio, dije, y en ellos cosas relativas a la instruccion del Principe; alender además á que estamos en verano; os daré á veréis además mis opiniones sobre la manera de for conocer por partes mis ideas durante los ratos que tene marle é inocularle las costumbres propias de su rango, gamos de ocio en los dias sucesivos. Si algo os pareco cosa en que debiamos fijar principalmente nuestras digno de censura, ó lo vemos de noche ó despues de miras. Si lo he hecho bien o mal, lo juzgaréis vosotros; concluida la lectura de la obra; no sea que crezca muestoy pronto á hacer las enmiendas que os parezcan cho el libro si conferenciamos en particular sobre cada oportunas,

uno de los puntos de que trata. Podeis además asi corM-11,

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regir mi obra sin necesidad de que entremos en cues- entre la benignidad del rey y la crueldad del tirano, tiones enojosas. El papel, como suele decirse, no se de la gloria que se puede alcanzar matando al principe sonroja; y bueno será tambien que miremos algo por que se atreva á violar las leyes del Estado, por mas nuestro amor propio, aunque no sea tan delicado como que sea esto de sentir profundamente. Explico hasta el de muchos hombres. Empezaré, si os parece, mi ta dónde llegan los límites del poder real, y examino si el reo explicando los motivos que me indujeron a escribir de las repúblicas es mayor que el de los reyes, para lo mi libro, y os manifestaré luego sus principales divi- cual indico los argumentos emilidos por una y otra siones, á fin de que me esteis mas atentos y mas pre

parte. parados para mi lectura.

Señalados ya los términos de la potestad real, conPlácenos, dijeron entrambos; satisfarás así nuestros sagro el libro segundo á la manera cómo han de ser deseos y te evitarás la molestia de tener que entrar en educados é instruidos los principes desde sus primeros contiendas literarias, para las cuales no te vemos hace | años, deteniéndome, por considerarlas como las que mas ya mucho tiempo dispuesto.

pueden adornarlos y servirles para la direccion de los Efectivamente, repuse, cambian mucho con la edad negocios públicos, en la honestidad, la clemencia, la lilas inclinaciones; jóvenes, amamos el ruido y las dis beralidad, la grandeza de alma, el amor á la gloria y putas; ya de mas edad, no sentimos amor sino por el sobre todo el culto de nuestra santa religion, el mas tranquilo estudio de las letras. Mas es hora ya de que poderoso tal vez para dominar y cautivar el ánimo de la empiece á cumplir con lo que deseais y con la promesa | muchedumbre. que os he hecho. Años atrás, cuando á mi regreso de Trato por fin en el tercer libro de las obligaciones de Italia y Francia fijé mi residencia en Toledo, empleé los reyes, para lo cual he sacado de la mas profunda fialgunos años en escribir en latin una Historia General losofía y del ejemplo de los varones mas ilustres los de España, única cosa que nos faltaba y pedian con preceptos que se deben dar al príncipe al llegar á la instancia nalurales y extranjeros. Tuve en tanto lugar mayor edad para que no caiga en error por ignorancia de fijar la atencion en grandes y numerosos ejemplos ó por descuido. Explico cómo debe ser gobernada la de varones principales, ejemplos que creí de mucha república en tiempo de paz, defendida en la guerra y importancia recoger en un solo cuerpo de obra mien- si conviene ser ensanchada y dilatada ya por contrato, tras daba á luz mi historia para dispertar algun tanto el ya por la fuerza de las armas. Examino á quiénes debe gusto de los lectores, ya por los hechos de nuestra na encargarse la administracion de la justicia, quiénes cion, ya por trabajos de la naturaleza de los que yo em- | deben entender mas directamente en los negocios de prendia. Observé además que con estos ejemplos y pre- la guerra, cómo y con qué recursos puede hacerse, ceptos podia contribuir tal vez á formar nuestro prín- hasla qué punto puesen exigirse tributos, cuánto y cuán cipe Felipe, llenando así los deseos de nuestro maestro grande ha de ser el respeto a la justicia, qué motivo que me habia rogado en muchas cartas le hiciese ob- legítimo tienen las diversiones públicas y hasta que

el mejor desempeño de su difícil cargo. Obró él como en no consentir innovaciones peligrosas en materias de varon prudente solicitando con tanta modestia el auxi- religion, sin cuya pureza es imposible que subsista una lio aun de los que menos valen; y hubiera creido ha república. cerme acreedor á la nota de ingrato, cosa que recha- Pongo en este punto fin á mi larga controversia. zan mis costumbres, si no hubiese correspondido de Espero que la examinaréis detenidamente en vuestras algun modo á tan grande amistad y deferencia. Escribí horas de ocio, convencidos de que cuanto mas severos entonces solo lo necesario para llenar este deber sa seais en la censura, tanto mayor ha de ser para vosgrado, mas reservándome siempre dejar lo demás para otros mi agradecimiento, pues no he podido aprobar este libro.

nunca la conducta de aquellos que para evitar una liAprobamos, dijo entonces Calderon, la ocasion que gera molestia cuidan poco ó nada de la opinion que los para escribir has escogido. ¿Quién podrá viluperar demás han de formar de sus amigos. Los mas prudennunca con razon que hayas querido emplear tus fuer tes médicos son los que menos consideraciones guarzas en cuestiones de la mayor y mas conocida tras dan al enfermo; la indulgencia tiene siempre sus pecendencia? No falta ahora sino que cumplas tu pro ligros. mesa antes que llegue el tiempo de volvernos.

Dicho eslo, nos levantamos á instancias de nuestros Sí, añadió Suasola, porque ya me parece que nos | criados Ferrera y Navarro, que empezaban á darnos están llamando nuestros fastidiosos é importunos cria prisa, diciéndonos una y otra vez que estaba dispuesta dos.

la cena; no hubiéramos luego ido á atribuir á culpa He dividido pues mi obra, continué, en tres libros, | suya lo que no era sino una consecuencia de nuestra y cada libro en capítulos para evitar el fastidio que na tardanza. Volvimonos por el mismo punto, Calderon, á turalmente produce todo asunto tralado sin que estén causa de su gran debilidad, á caballo de una mula, y compartidas sus diferentes partes. Es indudable que se los demás á pié, procurando divertir con fábulas y nos hace menos pesado el camino cuando le vemos di- cuentos lo largo y molesto del camino. Llegados que vidido á trechos por miliarios. Trato en el primer libro hubimos a la capilla, saludamos a la Virgen, arrodillán. del origen de la potestad real, de la utilidad relativa donos, como de costumbre, ante su sagrada imágen; de esta forma de gobierno, del derecho hereditario pasamos luego á la cena, mas agradable que por olra entre agnados y cognados, de la diferencia que medial cosa alguna por nuestras eruditas conversaciones; y cuando estaban ya en su descenso las estrellas y la luna opiniones seguir para adularles, no habia nunca cuesá poca distancia de su ocaso, nos sentamos bajo la es- tiones de términos, no habia guerras que fuesen á perpesa sombra de un castaño vecino, donde pasamos la turbar el curso de su tranquila vida. La insaciable y mayor parte de la noche en modestas bromas respiran sórdida avaricia no habia aun interceptado y acaparado do las apacibles auras que á la sazon soplaban. para sí los beneficios de la naturaleza; antes, como dice

Hé aquí pues en resúmen, príncipe Felipe, lo que el poeta: me atrevo á dedicar tal cual es a tu augusto nombre, sin

Mallebant lenul contenti vivere cullu : que me mueva á ello otra ambicion que la de hacerte

Me signare quidem, aut parliri limite campum

Fas erat, un pequeño obsequio, fomentar el desarrollo de los grandes virtudes y esclarecido ingenio, y por estos bienes con los que hubieran podido igualar en felicidad mismos esfuerzos merecer bien de toda la república. | y convidar hasta lus que habitaban en el cielo, si no Aunque pues estando educado en un palacio lleno de hubiesen carecido por otra parte de cosas necesarias y gravedad y sabiduría, entre varones prudentísimos, la debilidad del cuerpo no les hubiese hecho tan sensiy lo que mas es, á la sombra de tan gran padre y lanbles á las impresiones del aire y á otras inclemencias. eruditos profesores, no pueden fallarte preceptos exce Sabia empero Dios, creador y padre del género lentes y de gran filosofía, he pensado que no podrás de- humano, que no hay cosa como la amistad y la caridad jar de confirmarlos mas y mas leyéndolos en este libro, mútua entre los hombres, y que para excitarlas era y aun observando otros que me parecen de gran fuerza preciso reunirlos en un solo lugar y bajo el imperio de para determinar la conducta privada y gobernar con unas mismas leyes. Habíales concedido ya la facultad acierto los imperios. De pequeñas cosas nacen á veces de hablar para que pudiesen asociarse y comunicarse las mayores; y no es bueno despreciar lo que puede sus pensamientos, cosa que ya de por sí fomenta mucon el tiempo llegar a ser de gravísima importancia. cho el amor mútuo; y para mas obligarlos á querer lo Antes empero de entrar en materia, te ruego, Príncipe, que estaba ya en sus facultades, les creó sujetos á neque no tomes á mal mi trabajo y procures correspon cesidades y expuestos á muchos males y peligros, para der ya á tu buen carácter, ya á la nobleza de lus ante satisfacer y obviar los cuales fuese indispensable la pasados. Te suplico ; oh Dios! que favorezcas nuestros concurrencia de la fuerza y habilidad de muchos. Dió esfuerzos y perpetúes lus excelsos dones, es decir, las á los demás animales con que comiesen y se cubriesen grandes dotes de su alma y de su cuerpo. ¡Ah! Oye con contra la intemperie; armó á los unos de cuernos, benignidad mi súplica y ya por tu liberalidad, ya por dientes y uñas para que pudieran rechazar los atala intercesion de la castísima Virgen, tu madre, baz ques exteriores; dotó á los otros de ligeros piés para que el éxito iguale por lo menos la esperanza. que les fuese fácil salvarse de inminentes riesgos; pero

abandonó al hombre a las miserias de la vida, dejándoCAPITULO PRIMERO.

le desnudo é inerme como al desgraciado náufrago que

acaba de ver sumergida su fortuna en el fondo de los El hombre es por su naturaleza animal sociable.

mares. Nacemos y no sabemos siquiera buscar el pecho En un principio los hombres como las fieras ånda que ha de alimentarnos, no podemos sobrellevar las ban errantes por el mundo; ni tenian hogar fijo, ni pen inclemencias del cielo, no nos es dado movernos por saban mas que en conservar la vida y obedecer al agra nosotros mismos, mientras no salgan los piés de su endable instinto de procrear y de educar la prole. Ni habia torpecimiento. Empezamos esta miserable vida con el leyes que les obligasen ni jefes que les mandasen; solo suspiro en nuestros labios y el llanto en nuestros ojos, si por cierto impulso de la naturaleza tributaba cada presagio cierto de la infelicidad que nos apremia y de familia el mayor respeto al que por su edad parecia las desventuras que nos amenazan; seguimus, conforme tener sobre todos una decidida preferencia. Verdad es | á estos principios, privados de una infinidad de cosas, que a medida que iban los hombres aumentando en nú que no solo no podemos proporcionarnos individualmero, iban presentando, aunque vaga y rudamente, las mente, sino que ni aun con el auxilio de un reducido formas de la sociedad, ó por inejor decir, de un pueblo. número de gentes. Faltaba el jefe de la familia, bien fuese el abuelo, bien . ¿Cuántos artesanos y cuánta industria no son necesael padre, é hijos y nietos se distribuian en diversos | rias para cardar el lino, la seda y la lana, para llarlas, grupos, convirtiendo en muchas una sola aldea.

para tejerlas, para trasformarlas en las variadas lelas Vivian entonces los hombres tranquilamente y sin con que cubrimos nuestras carnes? Cuántos obreros ningun grave cuidado; contentos pues con poco , apa-para domar el hierro, forjar herramientas y armas, exgaban el hambre con la leche de sus ganados y los fru- plotar las minas, fundir los metales, convertirlos en altos que daban de sí los árboles silvestres, la sed con el hajas ? Cuántos, por fin, para la importacion y la exagua de los arroyos y demás corrientes. Defendianse portacion de las mercancías, el cultivo de los campos, con la piel de los animales contra los rigores del calor y el plantio de los árboles, la conduccion de las aguas, la el frio, se entregaban dulcemente al sueño bajo la som canalizacion de los rios, el riego de los campos, la bra de frondosos árboles, preparaban agrestes convi construccion de los puertos artificiales por medio de les, jugaba cada cual con sus iguales, divertian el liem vastas moles de piedra, arrojadas en el seno de los mapo en familiares y amistosas pláticas. No habia entre res, cosas todas que, cuando no son absolutamente no. ellos lugar al fraude ni á la mentira , no habia entre ellos cesarias, sirven para hacer mas agradable y embellecer poderosos cuyos umbrales conviniese saludar ni cuyas la vida ? No nos es menos difícil procurarnos los medi

camentos con que hemos de curar nuestras enferme- | que no se obtenia en aquel tiempo con intrigas ni con dades. ¡Cuántos remedios desconocidos de los antiguos dádivas, sino con la moderacion , la honradez y otras no debemos ahora á la experiencia y al mayor conoci- virtudes manifiestas. miento de la paturaleza ! Procúranse los demás anima- No debemos pues atribuir sino á la carencia de les por su simple instinto los recursos de la vida, bus las cosas necesarias a la vida, y sobre todo al temor y can escondrijos ó cuevas donde vivan, cosas de que co conciencia de nuestra propia fragilidad, ya los derechos man acomodadas á su naturaleza, yerbas que puedan que nos constituyen hombres, ya esa sociedad civil en remediar sus males; solo nosotros nacemos rodeados que gozamos de tantos bienes y de tan tranquila calma. de tanta oscuridad y tan gravísima ignorancia, que no Entre los demás animales reúnense tambien los mas podemos aprender nada sino á fuerza de tiempo, ni débiles y medrosos para defender su misma debilidad proporcionarnos sino á fuerza de tiempo las cosas de y pobreza, puestas así en comun las fuerzas, que sepaque mas necesitamos. ¿Qué vida por larga que sea ha de radamente nada pueden. No van solos sino los leones, bastar para que constituyamos una sola ciencia, si no las panteras, los osos y estos porque aventajan en rotenemos antes recogidas las observaciones de muchos y bustez y valor á los que podian ser sus enemigos. Es los resullados que ha podido dar una larga experiencia? verdaderamente debido al puro instinto la formacion Hemos debido tomar lecciones hasta de los demás seres de las sociedades; y gracias a ella el hombre, que en animados. Si heinos empleado el dictamo para extraer un principio se veia privado de todo sin tener siquiera del cuerpo las saetas, lo hemos aprendido de la cabra armas con que defenderse ni apoyo á que arrimarse, montés, que usa de aquella yerba al sentirse herida por está hoy rodeado de bienes, reuniendo él solo mayores los dardos de los cazadores; si la celidonia para las ca recursos que los de todos los demás animales que destaratas, de la golondrina, que abre con este remedio á de su origen parecian baber recibido medios de conla luz los ojos de sus hijos; si el orégano, de la cigüe- servacion y de defensa. Neciamente pues acusan alña; si la hiedra, del jabalí; si la lechuga silvestre, deldra gunas á la naturaleza de que, no ya como madre, sino gon, que detiene sus náuseas con el jugo de esta planta. como madrastra del linaje humano, al paso que colmó

Mas, para qué debo ya sacar á plaza tantos ejemplos? de bienes á los demás séres animados, creó débil y poBasta lo dicho para dejar completamente demostrado bre al hombre para que sirviera, ya á sus semejantes, ya que el hombre necesita de ajeno auxilio y fuerzas, que á las fieras de presa y de juguete. Con no menos razon con las suyas no puede siquiera procurarse una escasa yuo sin merecer las notas de impíos acusan otros á la parte de los recursos de su vida. Anádase ahora á esto | divina Providencia quejándose, ora de que todo aconJo débil que es su cuerpo para rechazar la fuerza exte- , tezca en la tierra sin órden ni direccion alguna , ora rior y evitar los atentados contra su existencia. La vi de que precisamente el sér mas noble lleve la mas desda del hombre no estaba segura ni contra las muchas graciada vida careciendo de cuanto pueda hacerla mas fieras que poblaban la tierra cuando estaba esta sin | agradable y escudarla. Cabalmente esos motivos de cultivo y no se habia arrasado todavía ningun bosque; acusacion contra la Providencia y la naturaleza son los no lo estaba ni aun contra sus mismos semejantes, en que mas hacen resaltar el poder y la divinidad de entre los cuales, fiando cada cual en sus propias fuerzas, trambas. Si hubiese tenido el hombre fuerzas suficiense arrojaban contra las fortunas y la vida de los mas tes para vencer los peligros y no hubiese debido apelar débiles los que mas podian, séres feroces y salvajes que á las ajenas, ¿habria habido nunca sociedad ? Habria aterraban ó temian, segun se sintiesen mas o menos habido ese respeto mutuo que constituye la tranquilifuertes. Lo estaba mucho menos cuando asociados ya dad de nuestra existencia ? Habria habido órden, halos que pretendian abusar de su superioridad física, se bria habido la buena fe necesaria en los contratos, liadejaban caer en cuadriHa conlra los campos, los gana bria habido por fin hombres? Nada hay ahora mejor ni dos y hasta las aldeas, cometiendo todo género de atro | mas apreciable que el hombre corregido y llamado á la pellos, llevándoselo todo y hasta encrueleciéndose cone | moderacion por la fuerza de la disciplina , sujeto por tra la vida de los que se atrevian á resistirles, situacion las leyes, y sobre todo, por un poder superior, contra por cierlo desgraciada y miserable. ¿Dónde podia en- cuya accion es impotente. ¿Qué empero habria mas contrar entonces la inocencia y la pobreza un abrigo cruel ni bárbaro que él sino le detuvieran las prescripcontra tantos latrocinios, saqueos y matanza? ciones del derecho y los fallos de los tribunales? ¿Habria

Viendo pues los hombres que estaba su vida cer acaso fieras que causasen tanto estrago? Es violentisicada conslantemente de peligros y que ni aun los pa | ma la injusticia cuando armada. Nacieron así de nuestra rientes se abstenian entre sí de violencias y de asesi- / propia debilidad la sociedad, los sentimientos de hunatos, empezaron los que se sentian oprimidos por los manidad y las mas santas leyes, bienes todos divinos, poderosos á asociarse y á fijar los ojos en el que pare con los cuales hemos podido embellecer y asegurar la cia aventajarse á los demás por su lealtad y sus sen- | vida; y es indudable que todo el ser del hombre depentimientos de justicia , esperando que bajo el amparo de principalmente de haber nacido frágil y desnudo, es de este evitarian todo género de violencias privadas y decir, de haber necesitado de los demás para alimenpúblicas, establecerian la igualdad , mantendrian su- tarse y defenderse. jetos por los lazos de unas mismas leyes á los inferiores y á los superiores , á los superiores y á los del estado medio. Derivaron de aquí, como es de suponer , las primeras sociedades coustityidas y la dignidad real, !

llegándose á contar el número de los monarcas por el CAPITULO II.

de las ciudades. No es raro que leamos así en las sa

gradas escrituras como en las profanas que aun en no Entre todas las formas de gobierno es preferible la monarquia.

muy extensas comarcas hubo en aquella época multiTienen pues una grande y admirable razon de exis tud de reyes. Andando empero el tiempo, ya que les tencia las cosas que parecen mas caprichosamente moviese la ambicion de poseer mucho, ya el amor á constituidas. De la indigencia y de la debilidad nacen los aplausos y á la gloria, ya como una que otra vez las sociedades civiles, tan necesarias para la salud y podia suceder las injurias recibidas, empezaron algunos hasta para el placer del hombre; con ellas la dignidad príncipes á querer subyugar naciones libres, á tomar real, como escudo y guarda de los pueblos , dignidad la codicia de mando por motivo de guerra, á arrojar que en un principio ni alerraba con su imponente del trono a los demás reyes , á dominar, por fin, solos fausto y aparato, ni eslaba limitada por leyes, ni llevaba v señores sobre la fortuna de todos los pueblos á que consigo privilegio alguno, ni hallaba defensa contra pudieron extender la espada. Así obraron Nino , Ciro, los peligros sino en el amor y la benevolencia de los Alejandro , César, que fueron los primeros en fundar ciudadanos, ni apelaba sino á su voluntad y albedrío y constituir grandes y dilatadísimos imperios, que fuepara dirigir los negocios generales de la república y ron reyes, pero no legitimos, que lejos de domar cl decidir los pleitos entre particulares, ni habia cosa en monstruo de la tiranía y extirpar los vicios, como al que no entendiese por creer los hombres que nada ha-l parecer deseaban, no ejercieron otras artes que las del bia tan grave que no pudiese conseguirse por medio de robo, por mas que el vulgo celebre aun sus hechos con los principes, con tal que fuese justo. Escribiéronse mas inmensas y gloriosas alabanzas. tarde leyes y hubo á la verdad dos motivos poderosos 1 Estos fueron los principios de la dignidad real, estos para que así se hiciese. Empezóse á sospechar de la sus progresos. Mas dejando esto a parte, de lo que prinequidad del príncipe por ser difícil que estuviese libre cipalmente ban dudado grandes y esclarecidos varones de cólera y odios y supiese mirar con igual amor á to- es de si debemos preferir á las demás esta forma de dos los que viviesen debajo de su imperio ; y se creyó gobierno, cuestion que se reduce á examinar si es mas que para obviar tan grande inconveniente podian pro- | ventajoso para la direccion de los negocios humanos mulgarse leyes que fuesen y tuviesen para todos igual que gobierne uno solo en cada sociedad constituida , ó autoridad é igual sentido. Es, pues, la ley una regla que el poder y el mando estén divididos, ya entre unos indeclinable y divina que prescribe lo justo y prohibe i pocos elegidos entre la muchedumbre, ya entre todos lo contrario. Observóse desde entonces que la exage- | los que habitan dentro de unas mismas fronteras y virada malicia de los hombres se hallaba contenida por ven bajo el yugo de unas misinas leyes. Preséntanse por la majestad del rey y por las armas de los soldados, li- | una y otra parte muchos y poderosos argumentos que, gada por la severidad de las leyes y el temor de los á nuestro modo de ver, hemos de exponer ,aunque en tribunales de tal modo, que por evitar cada uno en resúmen. Es, en primer lugar, preferible la monarquía particular el castigo, se abstuviesen todos de cometer á las demás formas de gobierno por ser mas conforme maldades. Es, sin embargo, verosímil que existieron a las leyes de la naturaleza, en la cual obedecen al imen aquellos tiempos muy escasas leyes, y que, escritas pulso de uno solo cielo y tierra, se difunde la vida y el estas en muy pocas y claras palabras, no necesitaban espíritu desde el corazon por todos los miembros de los de comentario alguno; mas luego fué creciendo tanto séres animados, dirige una sola abeja los trabajos de la depravacion del hombre, que hemos debido llegar á todas, se arreglan y dependen de un sonido dominante tiempo en que nos molestan menos las leyes que nues todas las voces de un concierto. Confirmalo el hecho de tros propios vicios, sin que basten ya ni la fuerza ni la | ser conforme, no solo á la direccion general del munindustria de Hércules alguno para limpiar los establos do, sino tambien á la de cada una de las partes de quo de nuestros leguleyos. No es tampoco de creer que hu este se compone, pues no hay casa, aldea ni ciudad biesen sido entonces adoptados castigos demasiado donde no se vea con malos ojos que en lugar de uno fuertes; mas como desgraciadamente fuese declarando manden muchos. Movidos por la fuerza de este argula experiencia que tenian aun en el hombre mayor mento, que podriamos ilustrar con muchos argumentos, fuerza para excitar su ambicion el incentivo del pla- abrazaron esta forma de gobierno los primeros homcer y la esperanza de procurarse cosas útiles que no bres , que por estar menos distantes de su origen y por tenia para extinguirla el temor de las penas adoptadas, consiguiente de la mejor raza , comprendian mas fifueron cada dia estableciéndose otras mas severas hasta cilmente la naturaleza de las cosas ; hecho que no deja llegará la de muerte. Ni aun esta bastaba para imponer de confesar en muchos pasajes de sus obras Aristóteá ciertos hombres malvados, verdadera peste de la les, segun el cual han pasado los hombres del gobierrepública; así que sintióse al fin la necesidad de ar no de uno solo al gobierno de muchos. Cuando no pumarla de mayores y mas estudiados tormentos para diésemos probar esto históricamente, es, á nuestro paque infundiese terror hasta á los que por la violencia 1 recer, indudable que seria cuando menos verosímil por de sus deseos se sintiesen mas arrastrados á la maldad lo que llevamos dicho, pues es mas que natural que y al crímen.

oprimida la muchedumbre por los que disponian du Ocupábanse en un principio los reyes mas en guar | mayores fuerzas, se diese despues de asociarse un jefo dar que en extender la frontera de su imperio, razon que evitase y vengase las injurias de sus enemigos. Con por la cual tenia cada ciudad y aun cada pueblo el suyo, I el tiempo se fueron inventando los deinas sistemas do

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