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agudos resulta una música suave, y una voz despedi- cinio; mas no debe entregarse entre estas á las que da sin compás hiere desagradablemente el tímpano del sean bajas, serviles y propias solo de esclavos, á no ser oido; haciendo conspirar á un solo punto todos los afec- que se le haya de enseñar á evitar con honestos ejertos sin reprimirlos mas de lo que couviene ni relajar- cicios el ocio, que puede traer consigo todo género de Jos fuera de medida resulta tambien una admirable vicios. Convendrá que estudie algunas moderadamenarmonía, que arrebata los ánimos de cuantos nos ro- te, sobre todo si producen placeres inocentes y excitan dean. Si en la organizacion general de la república, y nobles pensamientos; mas nunca de modo que consusobre todo en la constitucion de las leyes, guardan unas ma en ellas toda su atencion y un tiempo debido excludisposiciones con otras el debido acuerdo, creemos, no sivamente á la república, cosa que, además de ser un solo que ha de existir esa admirable armonía , sino lam- gran crímen, no se hace generalmente sin perjuicio del bien que ha de ser esta mas suave que la que resulta de Estado. Hay, en cambio, otras artes, á que deberá consala dulzura de las voces y de la combinacion de los so- grar todas sus facultades, y son las que sirven para denidos. No solo pues ha de cultivar el rey la música para fender la nacion y colmarlas de los mas pingües benedistraer el ánimo, templar la violencia de su carácter y ficios. La música no es un arte vil, sino liberal y noble, armonizar sus afectos, sinó tambien para que con la mas no tampoco tan importante que en ella pueda pomúsica comprenda que el estado feliz de una república nerse la salud y la dignidad de los imperios. Dedíquese consiste en la moderacion y la debida proporcion y algun tiempo, mas por via de recreo, es decir, para acuerdo de sus partes.

sazonar los trabajos y desvelos, no tomándolo como una Deben, sin embargo, evitarse sobre esle punto tres cosa seria. Ha de examinar, por fin, el príncipe qué parvicios capitales. Evilese, sobre todo, que mientras el te de la música ha de oir y si hay alguna que pueda ejerpríncipe busque en la música un deleite, no se destruya citar él mismo. Creo muy oportuno seguir la costumla armonía de su ánimo por ser lascivas y obscenas, ya bre de los medos y de los persas, cuyos reyes se deleila letra de los cantares que la acompañan, ya la misma taban con oir tocar ó cantar, sin hacerlo nunca ellos combinacion de los sonidos, como acontece en nuestros mismos ni manifestar en este arte su pericia. Entre-los tiempos, donde está tan afeada por la liviandad la mas dioses de la gentilidad no se ha pintado nunca á Júpiter hermosa arte que se ha conocido, que no hay ya casi cantando ni tocando la citara con el plectro, aun cuando honestos oidos que puedan tolerarla y escucharla. Cor- se le haya supuesto rodeado de las nueve musas, herompen por sí solos el ánimo los discursos torpes y afe- cho que se dirige á probar que el príncipe no debe ejerminados, y es evidente que si van sujetos a medida y cer nunca el arte por sí mismo. No doy yo á la verdad compás, han de ejercer una mas fuerte y perniciosa grande importancia á que se piense del uno ó del otro influencia, pudiéndose casi asegurar que no haya quien modo; mas no podré nunca convenir en que el princiresista el mal si son dulces y suaves las armonías en pe se dedique a tocar ciertos instrumentos, que son para que van envueltos. Pensamientos expresados en bellos un hombre de su clase poco decorosos y dignos. No toversos aguzados por la música ¿cómo no han de ad

cará nunca, por ejemplo, la flauta, que se dice haber herirse con mas violencia que el dardo que dispare la sido rechazada por su misma inventora Minerva, quimas robusta y vigorosa mano? Por esto Aristóteles y zás por ver cuán sea pone la boca; y á mi modo de ver, Platon establecieron sabiamente que no fuese cada cual no ha de tocar nunca instrumento alguno de viento. No Jibre para cantar las canciones que quisiere, sino tan debe tampoco cantar, principalmente delante de otros, solo para cantar las que dispertasen piadosos afectos y cosa que apenas puede tener lugar sin que su majestad fuesen propias de pechos varoniles y constantes; por se mengüe; concederé cuando mas que se satisfagan en esto Alejandro, llevado á Troya para que viese los mo- este punto sus inclinaciones cuando no haya jueces ni numentos de los que murieron en aquel vasto campo esté sino delante de unos pocos criados de su casa y de batalla , rechazó lejos de si la citara de Paris, di

corte. No creo tampoco que desdiga de un príncipe tociendo: no es esa la que quisiera yo; quisiera sí la de car instrumentos de cuerda, tales como la citara ó el Aquiles. Palabras notables y dignas de Alejandro, con laud, ya con la mano, ya con el plectro, con tal que no las que manifestó cuán impropio es de un rey todo lo invierta en este ejercicio mucho tiempo ni se jacte de lánguido y afeminado, aun hablándose de cantos y de tener en el mucha destreza. Bellamente un noble caninstrumentos músicos, por ser siempre motivo de ma

tor antiguo, oyendo al rey de Macedonia Filipo, que yores males. La música lasciva y disoluta debe pues ser hablaba de lo ingeniosísima que es la música, nunca, desterrada , no solo del palacio de los príncipes , siuo

oh rey, le dijo, te quieran tan mal los dioses que lletambien del reino, si queremos que se conserven puras gues á vencerme tú en el canto. Palabras con que el las costumbres y no mengüen la fortaleza ni la cons- Rey dejó aquella inoportuna ambicion y aspiró por tancia en el pecho de los ciudadanos. ¿No es cosa ver- vias enteramente contrarias á alcanzar elogios. Del gonzosa que en un pueblo cristiano se celebren con la

grande emperador Alejandro Severo decia por otra música y el canto las hazañas é intrigas de Vénus y parte Lampridio: Conoció y ejerció la geometria, pinto resuenen hasta en los mismos teinplos tan obscenos admirablemente, cantó con singular habilidad é ingelimnos?

nio, mas no teniendo nunca por testigos sino á sus No debe, por otra parte, poner el príncipe tanto cui- mismos hijos. Y en otra parte: Tocó la lira, la flauta, el dado en la música, que parezca olvidar las demás artes órgano y hasta la trompeta; mas no lo dió nunca á cocon que debe ser gobernada la república. Todas, con

pocer al pueblo. tal que sean útiles, deben estar bajo su tutela y patro

CAPITULO VIII,

los liombres han de båcer recaer sobre su frente. Pare

cian sabios los dos, mas ni uuo ni otro supieron mirar De otras artes.

por lo que convenia á sus grandes intereses. Enséñense Concluida ya la primera época de la vida y echados pues al príncipe todas las artes liberales o la mayor parlos cimientos del estudio de la lengua latina , habrá de te, pero solo en resúmen, evitando la prolijidad, la pensarse en las demás artes liberales, sobre todo en las pérdida de tiempo. que mas están conformes con la dignidad y nobleza de los Póngase mucho cuidado en que aprenda la retórica, reyes. Convendrá mucho que el príncipe se instruya en que puede servirle de adorno y no de poca ayuda para todas ellas ó en la mayor parte, si el tiempo da de sí pa- todos los negocios del Estado. Ya pues que nos distinra ello y no faltaren al alumno facultades naturales ro- guimos de los demás animales por la razon y por el uso bustecidas por una buena educacion desde la infancia. de la palabra, es evidente que ha de ser muy digno de Cuanto mas alto es el lugar que los reyes ocupan, tanto

grandes principes aventajarse mucho en esta á los demas debe presentarse á los ojos de la república con grande más hombres. ¿Por qué hemos de consentir que los abundancia de conocimientos, á fin de que sea tenido reyes, que deben ser en todo lo mas esclarecidos é iluspor los súbditos como una especie de deidad superior tres posible y no tienen en su palacio nada que no sea á la condicion humana. No quisiéramos, en verdad, perfecto y elegante, scan toscos é incultos precisamenque en una reunion dada pidiese el príncipe que se le en sus palabras? ¿Hay acaso púrpura que tenga mas senlase una cuestion y se echase á disputar sobre cual- hermosura, ni oro ni piedras preciosas que mas brillen quier tema como hacen los sofistas, pues no ha tampo- que las galas de la elocuencia? ¿Qué puede haber mas co de consumir mucho tiempo á la sombra y en el ocio elegante que uu discurso lleno de brillantes palabras y de las letras el que tiene á su cargo la salud pública y

luminosas sentencias? Es preciso que resplandezca en Tjeva sobre sus hombros el peso de tantos y tan gravísi- todo elque lia de dar luz á todo un reino. Conviene que mos negocios. Si empero pudiese recorrer el círculo el alma esté adornada de ciertas virtudes , pues solo así de todas estas ciencias de modo que no se detuviese pueden brolar de ella discursos llenos de esplendor y mucho en cada una de ellas y abrazase solo sus puntos brio. Tienen además estas prendas del alma una fuerza mas capitales é importantes, es indudable que seria increible para atraer los ánimos de los súbditos y llevar mucho mas esclarecido y grande. Así como los que pa- adonde quiera la voluntad del pueblo. Sin ellas ¿qué ra conocer muchas instituciones y costumbres salen á seria el gobierno? No manda el príncipe á sus súbditos recorrer lejanos países pasan en cada ciudad solo el como esclavos, sino como hombres libres; y estos no tiempo sulicien te para adquirir ese tacto que dan el han de ser gobernados tanto por las amenazas y el uso y el conocimiento de las cosas, conviene que tome miedo cuanto por la conviccion de que han de redunel príncipe de cada ciencia cuanto pueda servirle para dar los hechos de sus reyes en beneficio público. Debe el uso de la virtud y el perfecto conocimiento del desem- pues dirigirseles de vez en cuando la palabra para que peño de su cargo. Si se diese pues á querer investigar hagan con mayor impetu y ardor lo que deba liacerse y todos los pormenores de las ciencias, no hallaria para su no consientan en que otros les ganen en actividad yceenseñanza término posible; y es de todo punto indis- lo. El príncipe que no tiene bien expedito el uso de su pensable que dé a su estudio los límites que la utilidad palabra, ¿cómo podrá arengar á sus tropas ni encenderaconseje, renunciando á aprender y tralar con mayor las en deseo de entrar en batalla, facultad que consticuidado aquellas cosas que requieren ya mucho mas tuye una de las principales cualidades de los grandes tiempo. Solo así podrá sacar de la instruccion grandes capitanes? Cómo la de persuadir en tiempo de paz á é importantes frutos.

los ciudadanos que no debeu pensar mas que en ayudar No ha de envidiar nunca el príncipe los elogios de la república y vivir entre sí acorde y fraternalmento Crisipo, que encontraba tanto placer en el estudio, que

unidos ? Sabemos cuán saludable fué la elocuencia de no pocas veces llegaba á olvidarse del alimento de su muchos principes, cuán perjudicial á no pocos la dificuerpo, ni los del siracusano Arquímedes, tan absorvi- cultad en arengar al pueblo. No pudieron querer siguilido en trazar líneas en la arena , que sintió sobre si la car otra cosa los antiguos cuando fingieron que el Hérespada del enemigo antes de saber que fuese su nobili- cules céltico traia unida á si á la multitud con cierlas sima ciudad tomada y devastada. Cosa ciertamente muy cadenas que iban desde su boca á los oidos de sus esdigna de la admiracion de todos los siglos, mas solo en pectadores, cadenas en que vienen simbolizadas la fuerlos particulares , no en los principes, en quienes seria za de la palabra y la facundia. Propondríanse con esto una aplicacion tal vergonzosísima. No todas las cosas indicar

que debian dejarse á un lado los medios materiaconvienen siempre a todos. Guardese aun mas de imi- les. ¿Qué es lo que contrarió la suerte de Juan II de tar la fatuidad de Alfonso el Sabio, que, linchado por Castilla , envolviéndole en todo género de calamidades, la fama de su sabiduría, cuentan que acusó á la divina sino su dificultad en hablar, con que se enajenó la maProvidencia de no haber sabido construir el cuerpo hu- yor parte de los ciudadanos y ofendió á los portugueses, mano; palabras necias que castigó Dios llevándole al se- á cuyo gobierno aspiraba, dificultad natural, pero que pulcro entre continuas calamidades. Esta conducta ha hubiera podido indudablemente corregir en sus primeros de repugnarle, y aun mas la del marqués de Villena, tan años? A medida que se van adquiriendo conocimientos adelantado en los estudios, que no se abstuvo siquiera va creciendo el caudal de las palabras y haciéndose mas de entrar en la magia sagrada; falta que debe hallar fácil organizar discursos. Los príncipes no pueden púsiempre castigo en el brazo de Dios y en la iulamia que / blica ni privadameule lacer mercedes á todos, ui aua :

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dejando del todo exhausto el erario; y han de procurar construir edificios, fortificar segun la ciencia castillos que, ya que no con beneficios materiales, puedan á lo y baluartes. ¿Quién ha de poder sin ella enlazar de immenos con palabras , cosa de que tan abundantemente proviso con puentes las orillas de los rios, construir nos ha provisto la naturaleza, conciliarse las voluntades para pelos y galerías, organizar, por fin, máquinas de de los súbditos é inflamarles en el deseo de agradar y guerra ? merecer bien del príncipe. Y no me parece á la verdad En todo lo que se refiere además al embellecimiento dificil adquirir un arma tan ventajosa, pues la elocuen- de la vida domina la piutura, la escultura y el arte de la cia se alcanza mas fácilmente con la práctica que con joyería; y en todas estas lo bello no se distingue de lo muchos preceptos. Exige facultades naturales, pero feo sino en la armonía ó falta de armonía qué bay enpoco arte.

tre las partes y el todo, es decir, en la unidad ó falta Quisiera además que se ejercitara al principe en el de unidad que presentan. Es propio de artistas proarte que explica las cosas definiéndolas, las divide en curar estos resultados, mas nunca deberia tomarse á partes , las confirma con razones y argumentos, y exa- mal que el príncipe se dedicase á esa industria, segun mina agudamente que es lo que hay en toda cuestion lo permitieren las circunstancias. Si por sí mismo pude verdadero, qué de falso, qué de probable, qué de diese llegar á juzgar de cada una de esas artes, habria inverosímil, arte llamada dialéctica porque nos da ar- conseguido indudablemente un gran medio, ya para mas para la discusion y la disputa. Y lo quisiera, no para deleitar el ánimo, ya para resolver lo que relativamente que imitase la inoportuna locuacidad de los sofistas ni á ellas ocurriere. Deben empero guardarse bien de no vocease ni declamase aun entre sus iguales, cosa con- consumir en esos adornos el tiempo que exigen de él traria á la dignidad, á la sinceridad y á la sencillez pro-los negocios de la república, y discernir, por lo contrapias de los reyes, sino para que aprendiese á discernir rio , los tiempos de ocio de los tiempos de trabajo. en toda deliberacion lo verdadero de lo falso, y supiese Sin la ciencia de los números ¿cóino contará el ejérilustrar las cosas oscuras, y ordenar lo confuso, y refu- cito en la guerra ? ¿Con qué órden sentará sus reales? tar la ficcion y la mentira, y probar su opinion con sóli- ¿En virtud de qué reglas distribuirá sus soldados en das razones, y eludir , por fin, los argumentos de los órden de batalla segun sea el número á que asciendan? adversarios. Para cumplir con el principal deber de un ¿Cómo podrá saber qué refuerzos puede mandar a los rey, que consiste en aborrecer de muerte la falsedad y puntos que flaqueen por el mayor empuje de los enedefender la verdad con todas sus fuerzas, ¿qué migos? Sin esla ciencia no podrá siquiera distribuir babermas á propósito que aquella ciencia que se opone premios según los méritos relativos de cada uno de sus á todo fraude é investiga generalmente la verdad en súbditos, pues la equidad y la justicia en distribuirlos todos los negocios de la vida ? Debe proponerse ante depende en gran parte de que los dé á prorata y segun todo el rey que vivan felices los que están bajo su im- el número de los agraciados; sin esta ciencia no puede perio, y es sabido que la felicidad de la vida solo está siquiera observar constantemente el derecho. Pues y contenida en los verdaderos bienes. Sin el estudio de en tiempo de paz ¿qué cuenta llevará de los tributos esa ciencia, i no es fácil que se deje engañar por falsas el que ignore absolulamente la aritmética? Un padre apariencias ? Abrace pues y cultive la dialéctica, que de familia no puede cumplir con su deber si en su casa suele distinguir de la verdad su falsa imágen, poner en no examina atentamente para cuánto dan los ingresos, claro el fraude y el engañoso brillo del discurso, in- cuántos son los gastos, qué diferencia resulta entre su utilizar las asechanzas de los sofistas y dar en el blanco activo y su pasivo; y es evidente que un rey, si no tiene de la dificultad en toda cuestion que se suscite. Es ade- bien examinado á cuánto ascienden sus rentas, faltará más la dialéctica el fundamento de la elocuencia, por- á cada paso, y en medio de los armamentos tendrá que que el fin del orador es persuadir , y la razon no se abandonar la empresa por falta de dinero, y dará mas de alcanza sino con fuerza y copia de razones, y las fuen- lo que puede, y negará tal vez lo que puede conceder tes de esas razones solo las descubre el ojo de esa cien- sin dificultad alguna. No es pues justo que lo que se ha cia. Enseña la dialéctica el modo cómo se han de pre- de gastar para tranquilidad del Estado se invierta para senlar los ejemplos, enlazar unas con otras las pruebas, usos particularesó para una magnificencia inútil ó para sacar las consecuencias , y es evidente que sin ella todo cosas de pura fiesta y de recreo; ni lo es que los recurdiscurso la de parecer débil y enervado.-Sirve admi- sos de la república se empleen para aumentar el poder rablemente a todas las ciencias que proceden con razon y las riquezas de unos pocos hombres. Conviene pues y método, ora, se trate de la naturaleza de las cosas, que el rey sea muy celoso en el exámen de las rentas ora de Dios y de las cuestiones sagradas. Aguza, por y en la conservacion del erario público. Sera y enfin, el ingenio y mueve á examinar y juzgar con pre- tienda que los tributos pagados por el pueblo no son cision de todo, bien se estudien otras artes, bien se ha- suyos, que no van á parar á sus manos sino para que ya de constituir la república, bien organizarla y regirla los consuma en la salud del reino. como exige la prudencia.

Hemos de hablar, por fin, de aquella ciencia que tieEntre las ciencias matemáticas, que son tambien ne por objeto contemplar los astros. ¿Permitirémos contadas en el número de las artes liberales, llevan á acaso que el príncipe carezca de tan ilustre conocitodas ventaja por su nobleza y certidumbre la geome- miento? ¿Es acaso poca la utilidad que resulta de la tría y la aritmética, que son de grande aplicacion para contemplacion del cielo? Se eleva el ánimo á cosas mas toda clase de estudios y negocios. Sirve la geometría pa- grandes, se templa el orgullo, se es mas prudente en sa medir los campos , colocar los árboles al tresbolillo, los actos de la vida. El que observa pues la grandeza de las cosas celestiales mira con desden lo que tiene en mado por los hechos de tantos siglos y viene consignala tierra mayor importancia á los ojos de los liombres; do en los eternos escritos de los sabios; conseguirá esa el que observa atentamente con qué regularidad des- experiencia, cuya adquisicion es tan difícil y penosa si criben sus curvas las estrellas se eleva fácilmente alla de buscarse en cabeza propia ; conocerá que el éxito conocimiento de Dios y al de su sabiduría. Conoce el es siempre conforme a la naturaleza de nuestras acciopoder del Criador de cuyas manos salieron lan inmensas nes y á la conducta que guardamos. Comprenderá de inoles, conoce lo bueno que ha sido para la especie una manera palpable que si quedan hoy impunes las humana destinando para nuestra utilidad todas las ma- maldades de los principes, son castigadas mañana con ravillas del cielo. En virtud de estas consideraciones, el odio de la posteridad y una perpetua infamia, que crece mas y mas todos los dias en piedad , rinde todos es necio pensar en que con el poder presente pueda nalos dias á nuestra santísima religion un mas sentido die detener el pensamiento ni la palabra de la generaculto, se persuade lodos los dias nuevamente de que cion futura. Necesita tanto mas el principe del conocihay un Dios que creó y gobierna aun por su mano la miento de la historia, cuanto que está siempre rodeado naturaleza. Levante el hombre los ojos al firmamento, de cortesanos que, ó no se atreven á hablar, ó hablan solo vea cuán anchamente se extiende la bóveda del cielo, para adularle. En la vida de los reyes sus antecesores qué inmensos y seguros círculos describe desde que el contemplará sus costumbres como en un espejo, y las mundo es mundo; el tiempo que tarda el sol en recor- verá una que otra vez alabadas, casi siempre castigaser su órbita es de un año , de un mes el de la luna; la das. Cuando no hubiese otra razon, esta bastaria para luz y las tinieblas se suceden, y siguen en todas partes que nos esforzásemos en curar la ignorancia del príny en todos tiempos unos mismos períodos; tras el mo- cipe tanto como sus enfermedades ; es grande, granvimiento viene el reposo, tras el reposo el movimiento. dísimo el fruto que puede recoger de conocer la histoa Mas no era este lugar á propósito para hablar de cosas ria. Cierto tocador de flaula recomendaba á sus discitan altas; dejemos que los astrólogos discurran con pulosque oyesen á buenos y malos flautistas á fin de que mas latitud sobre este punto y expliquen qué astros así pudiesen aprender lo que debia seguirse y evisirven para la navegacion, qué astros determinan el tarse. tiempo en que se lia de arar los campos, sembrarlos y

CAPITULO IX. segar las mieses. Me contentaré con añadir que los ru

De los compañeros. (limentos de esta ciencia parecen del todo necesarios para que el príncipe conozca las diversas regiones del Dése á los príncipes por compañeros de estudios y cielo y pueda apreciar las diferencias entre las provin- ministros de su cámara jóvenes escogidos entre toda cias del reino por razones geográficas y por lo que arro- la nobleza, en los que brillen mas virtudes naturales roja de sí la descripcion de aquellas mismas regiones, bustecidas por una educacion sin tacha. En nada se falcosa necesaria para el gobierno de tan vasto impe- la mas gravemente que eu no poner cuidado sobre qué rio, pues no pocas veces se falta vergonzosamente clase de jóvenes se admiten para familiarizarse con el por ignorarlo, como podriamos probar con multitud de principe y entrar á gozar de los derechos que da el viejemplos. Le servirán adeiras de mucho estos conoci- vir á la sombra de un mismo hogar doméstico. No penmientos para conocer por la historia los hechos de los saria el principe que pudiese cometerse una maldad si antepasados, unir al conocimiento de los climas el de no viese desmanes en sus compañeros, ni la cometeria las diversas épocas y divisiones de tiempo que consti- si no encontrase en sus mismos servidores hombres tuyen el estudio de la cronografía , ciencias con cuya que se prestasen á servirle de instrumento, hombres ayuda retendrá mas fácilmente en la memoria los su- viles y perniciosos que conocen todas las sendas del encesos por poderlos representar de una manera casi ma- gaño, y no retroceden ante ninguna afrenta, con tal terial, por poder darles liasta cierto punto cuerpo y vi- que puedan cautivar la voluntad de sus señores. Con tal da. ¿Deberé ahora manifestar cuánto sirva todo esto que se proceda con acierto en la eleccion, no solo creo para adquirir la prudencia y el acierto en el gobierno? que deban admitirse algunos nobles como compañeros Est enim historia , dice elegantemente Ciceron, testis del príncipe, sino tambien que lo han de ser en gran temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vi- número y aun llamados y solicitados. Seria muy convetae, nuntia velustatis. Sabemos, por otra parte, que dis- niente que muchos hijos de grandes fuesen instruidos Linguen pocos lo honesto de lo torpe y lo útil de lo da- con él en las ciencias que permitiese el ingenio de cañoso, dejándose llevar solo de la fuerza de sus racioci- da uno; muy conveniente que se les educase á todos en nios; y muchos, y son los mas, aprenden lo que debe ha- las mejores y mas útiles costumbres. Crecerian juntos cerse y loque debe evitarse en la marcha de la vida solo y á la vez en edad y en virtudes , y naceria de ahí indupor lo que ha pasado y por los ejemplos que mas les dablemente ese amor recíproco, que es el mas seguro impresionan. No deje pues nunca de la mano el príncipe medio para adquirir la felicidad de la república. Seria la lectura de la historia, revuelva constantemente y con el palacio del príncipe desde un principio un abundanafan los anales nacionales y extranjeros, y encontrará te semillero de valientes capilanes, sabios magistrados mucho bueno que imitar de ciertos príncipes, mucho y excelentes jefes, de donde podrian salir con el tiemmalo que evitar, si no quiere llevar una triste y desgra- po como de una escuela de probidad, de erudicion y de ciada vida. Verá cómo comienzan los tiranos, como prudencia varones esclarecidísimnos en todo género de sigueu , cómo acaban viéndose envueltos en terribles virtudes, así para los períodos de paz como para los de la mules ; aprenderá en pocos años lo que ha sido confir- | guerra. Aprenderia el principe con el largo y frecuenW-11.

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te tralo cuánto puede cougar en cada uno de sus com- mantener en el círculo de sus deberes á los grandes, é pañeros, no se veria obligado como allora á proveer los impedir que por afan de innovar alterasen la paz de destinos del Estado por consejo de los que ó recomien- las provincias , pues estarian sus mas queridos hijos en dan por interés, ó vituperan por odio, hombres char- poder del príncipe, y les tendria el príncipe como en reJatanes, aduladores, falaces, que están siempre pega- henes, aparentando lonrarles y estimarles. Convendos en gran número al oido de los reyes. Formada una dria empero para que fuese la institucion mas proespecie de corte pretoriana de estos jóvenes , lucharian . rechosa que no fuesen escogidos solamente estos jóveá por lía por aventajarse en mas preclaros liechos, y se nes en una provincia, sino en todas las que componen alcanzarian muchas veces por su destreza y valor no- nuestra dilatada monarquía, para que entendiesen tobles y grandes victorias contra sus enemigos. ¿Qué no dos los súbditos que son todos tenidos en igual estima, se atreverian á hacer entonces jóvenes de ánimo le- y amando con igual amor al príncipe, le estuviesen mavantado, descendientes de antepasados ilustres, ins- terial y moralmente unidos, se sintiesen mas y mas truidos en las mejores y mas importantes ciencias ? Qué obligados por aquel beneficio, y no rehusasen trabajo no podrian unidos fraternalmente desde sus primeros ni peligro alguno para sostener la dignidad del rey y años hombres en quieues no harian mella los peligros, procurar la conservacion y prosperidad del reino. Nase arrojarian fieros y formidables en medio de las lla- cerian de esto muchas y muy grandes ventajas. El priamas y arrollarian todo género de obstáculos á manera cipe con el frecuente trato de unos y otros conoceria de torrente? ¿Por qué Benadad, rey de Siria, tuvo que

los diversos institutos y costumbres de todas las naciolevantar el cerco de Samaria, sino por haber perdido nes de que la nuestra se compone, se haria cargo de las muchos de los suyos, gracias al valor de jóvenes que virtudes y los vicios en cada una dominantes, entendehabian sido educados en el palacio del rey Achab y ria sin ningun trabajo y solo á fuerza de conversacion eran hijos de los principes de las diversas provincias las lenguas de todos, se familiarizaria con ellas, y no del Estado ? Puestos estos jóvenes en la vanguardia en lendria necesidad de valerse de intérpretes para coplesnúmero de doscientos treinta, arremetieron con tal ím- tarles, cosa que no deja de hacerse enojosa á las naciopetu contra el enemigo, que alcanzaron pronto la victo- nes conquistadas. No deberia permitirse que los niños sia, libertando por su esfuerzo á su patria de la servi- de provincias extrañas hablasen en el idioma del prindumbre y ruina que la amenazaba, haciéndose acreedo- cipe sino en el de sus padres, y así se lograria que los res á alabanzas inmortales, llevando á cabo una liaza- adquiriese y los hablase todos. ña que está consignada para toda una eternidad en las Podriamos con muchos ejemplos sacados de nuestra páginas de las historias sagradas: tanto puede influir historia probar de cuánta importancia es este precepto, uno ó muy pocos en cambiar la faz de los sucesos. Pu- mas voy á aducir otros extranjeros y á hablar en partiblio Cornelio Escipion, á quien por haber destruido á cular de cuatro reyes, esclarecidísimos cada cual en su Cartago se dió el nombre de Africano, fué, siendo cón- país, que merced á esa educacion y á esas instituciosul, enviado á España contra los desgraciados numanti- nes, salieron tan grandes príncipes, que pueden en vernos. Escogió de entre la nobleza romana y de entre los dad ser pueslos en cotejo con muy pocos. Es sabido muchos que habian sido mandados por los reyes una cuán grande sué Sesostris, rey de Egipto. Su padre, al cohorte, que llamó Filonida, nombre que indicaba la nacer él, dispuso que fucsen llamados á palacio cuanlos union múlua de aquellos individuos, cohorte que no de- niños hubiesen sido dados á luz aquel dia , fundándose jóde serle tampoco de eficaz auxilio para llevar a cabo la en que educados é instruidos juntamente, estarian ligaempresa que le traia á España. Ignoramos además que dos con mayor amor unos á olros y estarian mas disentre los godos, cuando dueños de nuestro territorio, puestos á arrostrar por él todo los peligros de la guerra. tenian la costumbre de educará los hijos de los magna- Reliérelo así por lo menos Diodoro en el cap. 1.0,

lib. 11 tes en el palacio de los reyes ? Destinábase á los varones de su Hisloria. No encuentro mal aquí sino la eleccion, á custodiar y cuidar de la persona del príncipe, á ser- pues fiaba el Rey al capricho de la suerte cuáles havirle en la mesa, á acompañarle en la caza cuando ya la bian de ser los futuros ministros de su hijo, que podian edad lo permitia, á seguirle armado de sus armas en la estar faltos de buenas facultades nalurales. En medio guerra, á educarse por este camino para ser unas tarde del error brilla, sin embargo, la luz de la verdad, pues gobernadores de provincia y capitanes del ejército. Las miraba indudablemente aquel Principe por la salud púmujeres servian en la cámara de la reina, donde se las blica disponiendo que fuesen educados é instruidos par enseñaba las artes de Minerva, el canto, el baile, cuan- igual todos aquellos niños y por igual tambien fuesen to es, al fin, necesario para la educacion de las mujeres. fortalecidos con su hijo en todas las virtudes, en el Cuando llegaban á cierta edad conocian ya todas las valor militar y en la prudencia civil conforme permitiecostumbres de los hombres de gobierno, y se enlaza- sen el carácter y las condiciones de cada uno. Ciro, ban con esos compañeros mismos del rey, con esos ser- fundador del imperio persa , fué lambien educado con vidores de palacio. Por esto crecieron tanto los godos olros, con quienes vivió bajo el imperio de un misuno en riquezas y en poder y dilataron tanto su imperio y derecho; y siendo mas tarde iguales en valor, pudo auarrebataron la España á los romanos, que por espacio mentar la riqueza de su pueblo. Tuvo para con lodos de siglos la poseian.

estos compañeros de infancia las mayores deferencias, ¡Ah! puede apenas concebirse cuánlo amor lácia el les bizo á todos iguales mercedes, fué con todos gepríncipe excitaria una instilucion como esta en el áni- neroso, los consultó, los llevó á sus cacerías, les promo del pueblo. Seria, sobre todo, saludabilísima para curó juegos donde pudiesen ejercitar el cuerpo para

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