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consumirla , que llevar adelanle esla traza mala y er- de la casa de la moneda y el dueño del oro que se acurarla, que no buscar nuevos arbitrios, tales como bajar ñaba. En este mismo tiempo el marco de oro de veinte y la plata, que no servirán sino de hundirlo todo y aca dos quilates en pasta valia veinte y dos mil maravedís, de bar cou lo que queda, como se ha deducido bastante- suerte que salia el castellano por cuatrocientos cuareumente. En liu, los quicios sobre que se menea loda esta la maravedis, que esta moneda en tal oro no se acuñamáquina son los dos valores de la moneda de que se ba en aquel tiempo. Los reinos comarcanos traian el oro trató en el cap. 4.° de este tratado, que deben siempre en los mismos quilales y precio, y así pasabau sin liaanlar :justados; que es lo mismo que ser la moneda Har inconveniente. Sucedió que algunos años adelante de ley, y todas las veces que los apartaren, como parece se abrió la carrera de las Indias y comenzó á venir oro se hará si alteran la plata, caerán en graves inconve en abundancia de aquellas partes. Los reyes comarnientes irreparables, y mas en la plata , por ser el oro canos con la codicia de tener parte en nuestro oro ba. poco y el vellou de suyo moneda tan baja. Concluyo jaron el suyo, los unos de quilates, los otros de precio con anadir que en tiempo que los ingleses estaban apo- | le subieron. Advirtieron acá esla traza, y para acudir derados de gran parte de Francia, el principe de Gales, al remedio no bajaron el oro de quilates, sino subieron que leniu por su padre el gobierno en aquellas partes, el precio; así, los mismos reyes el año de 1497 en las año del Señor de 1368, por hallarse gastado por las Cortes de Medina acordaron que no se labrasen mas guerras que hizo en Castilla en favor del rey don Pe .castellanos, sino que se acuñasen dineros, que llamadro, quiso poner un nuevo tributo en aquellas ciuda- ron excelentes. De cada marco de oro de los mismos des, que en francés llaman fuerge, principio por donde quilates que antes sesenta y cinco piezas y un tercio; el la gente se desabrió y camino por donde los ingleses valor de cada pieza trescientos setenta y cinco marareperdieron aquellos estados. Reclamaron algunas ciu dís; y por consiguiente, el marco de oro en moneda dades; olras, como la de Potiers, la de Limojes y la de subió å veinte y cuatro mil quinientos maravedis, en Rochela otorgaron, mas con tal que por espacio de pasta y joyas valia veinte y cuatro mil doscientos cinsiete años el principe no tocuse en la moneda ni la alle | cuenta. En el mismo liempo subió el oro de veinte y dos rase; así lo reliere Juan Florischart, historiador de quilates en pasta á veinte y dos mil y quinientos, el aquel liempo, francés, en la primera parte de sus Cró castellano salia á cuatrocientos cincuenta. Guardóse nicas, fol. 85. En lo cual se ve que los príncipes acu esta órden algunos años, hasta lanto que se advirtió dian de ordinario á este arbitrio, mas que siempre era que los reyes coinarcanos continuaban en bajar mas su en daño de los pueblos, y que siempre lo procuraban oro por esta razon. El emperador don Carlos dió órden atajar, y así no seria malalraza cuando su majestad pi en las Cortes de Valladoliil, año de 1537, que el oro se diere algun servicio de millones ó otra cosa suplicarle bajase á reinle y dos quilates, y de cada marco se acudeje correr la moneda usual por el mas largo tiempo musen sesenta y ocho piezas, que se llamasen coronas, que se pudiere sacar.

en valor cada una de trescientos cincuenta maravedis, de

suerte que el marco valia en esta moneda seinte y tres CAPITCLO XII.

mil ochocientos maravedís. Del oro en pasta no se esla

bleció nada cuanto al precio, sino que desde aquel tiemDe la moneda de oro.

po anda como mercadería, segun se conciertan las parEn la moneda de oro hallo grande variedad. Dejo la les; mas los orfevres siempre se guardan de no labrar de los emperadores de Roma, que en las suyas usaron oro de menores quilates que, ó muy fino, ó de veinley de oro muy lino, como se echa de ver por las que de dos, o por lo menos de veiute quilates, conforme à la aquel liempo han quedado. Por el contrario, los godos ley 4.", tit. 24, lib. v, parte 1.' de la Nueva Recopilaacuñaron sus monedas de oro muy bajo, de ordinario | cion; de suerte que el oro en pasla ni en joyas no agde doce quilates á lrece no mas, dado que algunas son daba ni anda siempre al paso del de la moneda, como de oro muy subido, y yo he visto una del rey. Witerico se hace en la plata , bien que de ordinario se labra para de veinte y dos quilates. Tampoco no me quiero meter venderlo de los veiute y dos quilates en que anda la moen lo que hicieron en esta parte los primeros reyes de neda. Continuaban los extraños en sacar el oro, por ser Leon y de Castilla despues que comenzaron á recobrar | el precio en que andaba bajo; acudió á esto el rey don á España, porque no he visto monedas de aquellos liem- | Felipe II, y en las Cortes de Madrid, año de 1566, audpos ni para nuestro intento seria á propósito detenerme que dejó la moneda de las coronas de oro en la misma en esto; solo apuntaré las mudanzas que en el oro se lian | ley de los veinte y dos quilates y en el mismo peso, pero hecho desde el tiempo de los reyes don Fernando y doña subió el precio de cada corona á cuatrocientos maraIsabel á esta parte, los cuales al principio de su reinado | vedís, con que el marco de oro en moneda llegó a vamandaron labrar moneda de oro fino de veinte y tres qui | ler veinte y siete mil doscientos maravedís, que es lo lates y tres cuartos, que llamaron castellanos, de cada que hoy guarda , y el castellano vale diez y scis redmarco de oro cincuenta, que valia cada pieza cuatrocien les. l'uédese dudar si como la moneda de rellon se ha tos ochenta y cinco maravedís, y por consiguiente, todo | bajado, y si como, segun se dice, tratan de bajar a el murco valia vciute y cualro mil doscientos cincuenta | plata, seria buen órdeu que tambien la de oro se alle maravedís; mas el marco de oro de la misma fineza en rase con bajarla uno o dos quilales, y subirla de precio, pasta y en joyas corria veinte y cuatro mil maravedís, y que logo se salo á lo mismo. Yo entiendo que cualquielos doscientos cincuenta maravedís que valia masen mo- ' ra alteracion en la moneda es peligrosa, y bajarla de les peda se repartiau por partes iguales entre los oficiales' nunca puede ser bueno ni dar mas precio por la lepa

lo que de suyo y en estimacion comun vale menos; y sranjería en la moneda y que para este cfecto no la baque cuanto mas acá bajaren el oro, tanto mas le baja- jen de ley, si no quieren por el mismo caso que los de rán en los reinos comarcanos, que bastantemente se fuera y los de den!ro, para entrar a la parte de la gaecha de ver, porque cuatro veces que se lia hecho mu- nancia, la contrahagan y la falseen, siu que se pueda danza en el oro desde los tiempos de los reyes don Fer reparar este peligro é inconveniente. nando y doña Isabel, toda esta diligencia no ha prestado para que no se saque el oro de España; demás que

CAPITULO XIII. tanto podian bajar el oro, que la moneda de Castilla no corriese en otros reinos, ó si la dejasen correr , seria á

Cómo se podrá acudir a las necesidades del reino. precio muy bajo, lo cual no sé yo si vendria bien con la Comunmente decimos que la necesidad carece degrandeza de España. Todavía entiendo que serian los ley, otros que el estómago no tiene orejas, que es fordaños muy grandes, si se alterase ó subiéndola de pre- | zoso comer. A la verdad las necesidades son tales y lan cio ó bajándula de quilates; muéveme á pensar esto ver apretadas, que no es maravilla se desvelen aquellos que en pocos años diversas veces, se la alterado, como á cuyo cargo están en bụscar para remediarlas, y que queda deducido, sin que se hayan sentido daños muy como desvelados dén arbitrios extravagantes cual parece graves. El oro siempre es poco en comparacion de la pla este, por las causas y razones alegadas. Dicen que si no ta, ni es tan usual ni tan ordinario; así, no creo que se contenta , será mėnester buscar otro ó olros para suplir rian los daños tan graves, si en este género de moneda la falta y necesidad; á esto respondo que mi asunto no se hiciese alguna mudanza. Yo entiendo que seria mejor fué este ni tengo capacidad para cosa tan grande, sino que las cosas se estuviesen como se estaban, y que no solo desacreditar esta traza como inala y sujeta á daños tocasen en las moneda;; y no veo que de lo contrario é inconvenientes irreparables; todavía quiero tocar aqui pueda resultar otro provecho sino el interés que se sa- algunos medios que podrian ser mas á propósito que cara para el principe, que no siempre se debe prc-' || esta , y aun por ventura de mas substancia. El priinero tender, y mas por este camino. Pero como la moneda será que el gasto de la casa real se podria estrechar alde plata y do vellon fuese moneda buena, en el oro 110 gun tanto, que lo moderado, gastado con órden, luce repararia tanto con dos condiciones : la primera, que mas y representa mayor majestad que lo superfluo sin se haga por el término que conviene, es á saber, por él. Visto he una carla, cuenta de las entradas y salidas, el consentimiento de los vasallos , de cuyo interés se recibo y gasto de las renlas reales en tiempo del rey don trata; la segunda , que la moneda sea siempre de ley y | Juan el Segundo, año de 1429, en que la dispensa de no de otra suerte. Para que se haga esto y las mone gasto del Rey, el gasto del matrimonio, que son las radas todas se ajusten en sus valores naturales, se debe ciones, y quitaciones, que son los salarios, todo no llepoper la mira en el vellon, que el cobre, ora le echen ga á ocho cuentos de maravedís; dirá alguno que esplata, ora no, junto con el trabajo del acuñar, tenga en ta cuenta es muy antigua , que las cosas están muy si el valor de la plata que por él se da. Pongo ejemplo: Trocadas, los reyes muy poderosos, y por el mismo que si un inarco de cobre acuñado tiene de todas costas caso obligados á mayor representacion, el sustento muy ochenta maravedís y no mas, que no pase por doscien mas caro, verdad es; pero todo esto no llega á la desprotos ochenta como al presente se hace , porque todo lo porcion que hay de ocho cuentos á los que se deben de que le suben en el valor , le sacan de lev. En la plata y gastar hoy en la casa real. Vengamos á lo mas moderoro se debe mirar que estos metales, como sean de la 10; digo que he visto otra carta, cuenta del año de 1564 misma fineza, de ordinario tienen entre si proporcion | de las dichas rentas reales en el tiempo del rey don Fe(duodécuplo), quiero decir, quc un marco de oro vale lipc Il, nucstro señor, por la cual consta que en la casa por doce de plata; así lo dice Budeo, lib. m De Ase. Di- de su majestad, en la del principe don Cárlos y en la -go de la misma fineza, porque como el oro tiene veinte del señor don Juan de Austria se gastaban cada un año y cuatro quilates, la plata doce dineros, responde bien, ciento diez y ocho cuentos. Dirás: ¿en qué se podria esasí la plala de unce dineros, el oro de veinte y dos qui trechar el gasto? Eso no lo entiendo yo; los que en lates; digo de ordinario, porque esta proporcion y ana ello andan lo sabrán; lo que se dice es que se gasta sin logia haria conforme á la abundancia ó falta del uno de órden y que no hay libro ni razon de cómo se gasta lo estos dos metales, como sucede en todas las mercadu que entra en la dispensa y en la casa. La segunda traza rías, que la abundancia las baja de precio y la falta las seria que el Rey, nuestro señor, se acortase en las mersube, que es la causa de no conformarse los antiguos en cedes; yo no soy de parecer que el rey se muestre la proporcion dicha del oro y de la plata. Lo que se ha miserable ni que deje de remunerar á sus vasallos y sus de procurar es que si las monedas de oro y plata son servicios, pero débense mirar dos cosas : que no hay iguales en el peso y la liga es la misma, que la de oro val en el mundo reino que lenga tautos premios públicos, ga doce de la de plata , poco mas o menos, como al pre encomiendas , pensiones, beneficios y oficios; con dissente se hace; pero si quisieren que la de oro, como una | tribuirlos bien y con órden, sc podria ahorrar de locar corona, corriese por diez y ocho reales de plata , todo tanto en la hacienda real ó en otros arbilrios de que se aquel exceso seria sacar la de oro de ley, si no fucsc que podrian sacar ayudas de dineros. Lo segundo advierto subiesen el oro de quilates y la plata la bajasen tanto, que no son las mercedes demasiadas á propósito para que se viniesen á proporcionar y á ser justo lo que de ganar las voluntades y ser bien servido. La causa es que otra suerte seria desproporcionado y desordenado. Fi los hombres mas se mueven por esperanza que por el nalmente, importa mucho que los principes no bagan agradecimiento; antes cuando han engrosado mucho,

luego tratan de retirarse á sus casas. No ha tenido Cas- | nudo cuenta de cómo han ganado lo demás. Yo asetilla rey mas dadivoso que don Enrique IV; sin embar- 'guro que si a briesen esos vientres comedores, que sago, el reino anduvo tan alterado, que llegaron á tomar casen enjundia para remediar gran parte de las necesipor rey al infante don Alonso, su hermano, y muerlo dades; dícese que los que tratan la hacienda real entran él, á ofrecer el reino á la infanta doña Isabel, hermana : á la parte de los prometidos, que son grandes intereses; de los dos. Cornelio Tácito, en el lib. xix, al fin, dice lo mismo los corregidores por su ejemplo ó los ministros, que el emperador Vitelio, porque quiso mas ganar ami demás que venden las pragmáticas reales todos los años gos con hacer grandes mercedes que con las costum para no ejecutarlas, rematan las rentas y admiten las pubres graves y buen trato, mas los mereció que los al jas y las fianzas de quien de secreto les unta las manos. canzó. De san Luis, rey de Francia, se escribe en la vi No se acabarian de contar los cohechos y socaliñas; en da de Roberto de Sorbona, que fué su confesor y ar- particular se sabe que un privado del Rey pasado supo cediano de Tornai, que como tralase de lundar en Pa que querian subir las coronas de trescientos cincuenta ris el colegio de Sorbona, que en este género de letras maravedís en que andaban á cualrocientos, recogió el es la obra mas insigne que hay en el mundo, suplicó oro que venia de las Indias y sacó grande ganancia. al Rey le ayudase para el gasto; respondió el buen Rey Acuerdome de haber leido en la Crónica de uno de los á esta demanda que era coulento con que primero los postreros reyes de Castilla, creo que don Juan el SeLeólogos, vistas las cargas del reino, acordasen hasta gundo ó su padre don Enrique III, que un dia su alqué tanta cantidad se podia extender para ayudarle. mojarife mayor, que era un judío, le dijo: ¿Por qué ¡Oh gran Rey y verdaderamente santo! Si para obra no os entreteneis y jugais? Respondió el Rey : ¿Cómo tan santa lué tan considerado, ¿qué hiciera para en quereis que lo haga que no alcanzo cien ducados? Digordar gente sin provecho, para jardines y fábricas no simuló el judío, y otro dia en buena ocasion dijo al Rey: necesarias? Es así, que el rey tiene el acostamiento del Señor, la palabra que me dijísteisel otro dia me ba punreino para acudir á las cosas propias; cumpliendo con zado, porque entiendo la dijísteis contra mí; pero si ellas se podrá extender á otros gastos, y no antes ni de me dais la mano, yo os allegaré grandes haberes. Otorotra suerte. Veamos: si enviase yo a Roma á uno y le gó el Rey con lo que decia; pidióle tres castillos para diese dinero para el gasto, ¿seria bien que lo gastase y allegar el dinero y que sirviesen de prisiones. Con esto diese á quien se le antojase ó que se mostrase liberal del visitó los tesoreros de las rentas reales, halló que pa la hacienda ajena ? No puede el rey gastar la hacienda gaban libranzas reales á cosla, cuándo de la tercera que le da el reino con la libertad que el particular los parte, cuándo de la cuarta, como se concertaban con frutos de su viña ó de su heredad. Item, que el rey las partes; averiguado esto, llamaba los interesados, evile, excuse empresas y guerras no necesarias, que decíales si se contentaban con la mitad de aquel cohecorle los miembros eneancerados y que no se pueden cho y.dejar para el Rey la otra mitad; venian ellos ficurar. Buen consejo fué el que lomó el rey don Feli cilmente en ello por pensar se hallaban lo que el judio pell, nuestro señor, en dividir lo de Flándes, si lo apar- les ofrecia que lo tenian por perdido; con esto prendia lara mas y lo hiciera antes que yo vi aquellas tierras; al tesorero y á sus fiadores, y no los soltaba hasta tanto las di por desesperadas. Los chinos, como cuenta Ma que enteramente pagaban , con que juntó para el Rey leo al principio del lib. vi de su bistoria, sangraron su gran tesoro. ¡Oh si se usase hoy de esta maña! Yo aseimperio y apartaron de él lo que no podian bien go guro que se sacase gran dinero, porque como los tesoberuar; lo mismo se cuenta del emperador Adriano que reros compran los oficios, que es grande dano, quieren abalió la puente que su predecesor levantó sobre el Da- pagar á costa de las libranzas y juros particulares; el dinubio, el cual rio y el Eufrates quiso por las partes del nero que cobran pónenlo en una granjería, y acaece no septentrion y levante fuesen los mojones y linderos del pagar en dos ni en tres años, y los que mejor lo hacen, imperio romano. El cuarto aviso sea que el rey baga llevan uno ó dos tercios atrasados, y aun de lo que pavisitar sus criados en primer lugar, luego lodos los jue | gan dos ó lres por ciento por la paga, como se concierces y que tienen oficios públicos ó administraciones. tan con la parte; desórilenes que se podrian atajar con Punto detestable es este y que se debe en él caminar visitarlos y penarlos como está dicho. Verdad es que con liento; pero es cosa miserable lo que se dice y lo no hay ninguno de estos que no tenga quien le liaga que se ve; dícese que de pocos años acá no bay oficio | espaldas en la casa real y en las audiencias que deben ni dignidad que no se venda por los ministros con pre- entrar a la parte, que es otra miseria y daño; sobre tosentes y besamanos, etc., hasta las audiencias y obis- do convendria que las rentas reales y hacienda se admipados; no debe ser verdad, pero harla miseria es que nistrasen bien y fielmente; como al preseule va, se tiese diga. Vemos á los ministros salidos del polvo de la ne por cierto que de un escudo no llega á poder del tierra en un momento cargados de millaradas de duca- rey melio; como pasa por muchas manos, en cada dos de renta; ¿de dónde ha salido esto sino de la sangre | parte deja algo. El rey don Enrique III de pobrísimo de los pobres, de las entrañas de negociantes y preten- que era, tanto, que aconteció no tener dineros ni crédientes? Muchas veces, visto esle desórden, he pensado dito para comprarle un poco de carnero, como se cuenque como los obispos entran en aquellas dignidades ta en mi Historia, lib. xix, cap. 14, con mirar él y su con inventario de sus bienes á propósito de testar de hermano el infante don Fernando por sus rentas, llego ellas y no inas, así los que entrau á servir a los reyes y dejó a su hijo gran tesoro. La sexta traza seria cargar en olicios de su casa ó en consejos y audiencias lo hi- las mercadurías curiosas, como brocados, sedas, espeçiesen , para que al tiempo de la visita diesen por me- / cias, azúcares y lo demás, y de que por la mayor parte usar

los ricos; así lo hizo Alejandro Severo en Roma, de que / tre otras cosas el César para si que le ayudasen estos ha sido siempre muy alabado. Hágase así sobre lapice- | reinos en cien mil ducados de contado. Respondió el rías, imaginerías y lelas de toda suerte que viene de fue rey Católico que no se podia otorgar con esta demanda, ra; porque ó no vendrian, o dejarian al rey parte de las por cuanto el patrimonio real se hallaba empeñado en grandes ganancias que sacan de España. No me quiero ciento ochenta cuentos. Cosa maravillosa, las rentas no extender mas en este punto que tengo tratado mas largo eran la mitad que al presente, las empresas las mayoDe reg. et reg. institut , lib. In, cap. 7.°; solo añado que res que tuvo jamás España y las guerras; vencieron á los sin duda de cualquiera de estos arbitrios por sí se saca portugueses, ganóse el reino de Granada, abrióse la rán mas intereses que los doscientos mil ducados que carrera de las Indias , las costas de Africa , reinos de promete cada un año el papel impreso que yo he visto en Navarra y Nápoles conquistados, fuera de sosegar el reifavor de la moneda de vellon, y aun no solo la ayuda | no y de las otras guerras de Italia, en que siempre se tuseria mejor sin ofension del pueblo, antes gran agrado vo parte. Con todo eso se queja el buen Rey de estar de la gente y ayuda de los pobres y miserables. Si al- | empeñado en quinientos mil ducados; como tan disguno dijere no es maravilla si de presente se acude crelo media el gasto con el recibo, y no queria pasar al arbitrio de que tantos reyes de Castilla, como de su- | un pié adelante. Ni basta responder que los liempos esso dijimos, se ayudaron; podriamos responder que tán mudados, sino los liombres, las trazas y las costumJas rentas reales eran diferentes, no tenian alcabalas ni bres y el regalo, que todo esto nos lleva á tierra si Dios Indias ni millones ni estanques ni cruzadas ni subsi no pone la mano; esto es lo que yo entiendo, así en esdio ni maestrazgos; los áprietos eran mas graves; los te punto como en todos los demás que en este papel moros á las puertas, debates y guerras con los reinos | se tratan, en especial acerca del principal, que es este comarcanos, los ricos hombres alborotados; al presen arbitrio nuevo de la moneda de vellon, que si se hate todo sosegado dentro, en lo de fuera no me quiero, ce sin acuerdo del reino, es ilícito y malo », si con embarazar. En Francia el rey Francisco, el primero él, lo tengo por errado y en muchas maneras perjude este nombre, el año de 1540 bajó los sueldos , mo- dicial. Şi acierto en lo que digo, sean á Dios las gracias; neda muy usada en aquel reino, como nuestros cuarti- si me engañó mi buen celo, merece perdon, que por llos ó tarjas; pasó en esto adelante el rey Enrique, su hijo, alguna noticia que tengo de cosas pasadas me hace leque la añadió mas liga, y aun su nieto Cárlos IX la ba mer no incurramos en graves daños, que con dificultad jó de ley y de peso; las apreluras eran grandes á la ver- se pueden atajar. Si alguno se desabriere de lo que aquí dad; sin embargo, los daños tan graves por esta causa, se dice, advierta que no son peores las medicinas que que no tienen ni tendrán que llorar duelos ajenos , alte tienen del picante y del amargo, y que en negocio que rada en gran parte la religion, la gente pobre y consu-l á todos toca, todos tienen licencia de hablar y avisar de mida y forzada en gran número á desterrarse de su tier su parecer, quier que sea errado, quier acertado. Yo ra y entrarse por puertas ajenas. No dejaré de acordar suplico á nuestro Señor abra los ojos á los que ponen aquilo que en mi Historia refiero, lib. xxix, lít, 21. Tra las manos en el gobierno de estos reinos y los de su sana taba el emperador Maximiliano y el rey Católico de con ta gracia , para que sin pasion se dejen convencer de la certarse sobre el gobierno de Castilla , que ambos pre razon, y visto lo que conviene, se alrevan á ejecutarlo y tendian por la muerte del rey archiduque don Felipe y aconsejarlo. la dolencia de su mujer la reina doña Juana; pedia en

FIN DEL TRATADO Y DISCURSO SOBRE LA MONEDA DE VELLON.

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