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puedo pensar género de trabajo que los naturales no padeciesen, cansados no mas con el sentimiento de los males presentes que con el miedo de los que amenazaban , en tanto grado, que el mismo don Manrique, perdida la esperanza de poderse defender y movido por el peligro que sus cosas corrían, fué forzado hacer liomenaje al rey don Fernando que le entregaría el gobierno del reino y las rentas reales, que las tuviese por espacio de doce años juntamente con la crianza del Rey. Para que esto se conlirmase con comun consentimiento del reino llamaron Cortes para la ciudad de Soria, do guardaban al Rey niño. En este peligro que amenazaba mayores males, la resolucion y esfuerzo de un hombre noble, llamado Nuño Almexir, sustentó y defendió el partido de Castilla. Este, viendo llevar el niño á su lio, le arrebató á los que le llevaban, y cubierto con su manto le llevó al castillo de San Estéban de Gormaz, con la cual diligencia quedaron burlados los intentos del rey don Fernando, porque los tres hermanos de Lara, con muestra de querer seguir y alcanzar al niño Rey, despedidos de don Fernando, hicieron para mayor seguridad fuese el niño llevado á Atienza, plaza muy fuerte. Segun esto, arrepentidos del consejo y asiento que tomaran , últimamente andando con él huyendo por diversas parles, pararon en Avila, ciudad muy fuerte. Allí con grande lealtad los ciudadanos le defendieron hasta el año onceno de su edad. Por este hecho los de Avila se comenzaron á llamar vulgarmente los fíeles. El rey don Fernando, burlada su esperanza, con que se prometía el reiue de Castilla, y por esta razon movido á furor, acusó primero á don Nuño de Lara, despues á don Manrique, su hermano, de habelle quebrantado ta fe y palabra; envió para esto reyes de armas para desafíallos; pero la revuelta de los tiempos no dió lugar á que defendiesen pur las armas su inocencia ni se purgasen en el palenque de lo que les era impuesto, como era de costumbre. Recelábanse que si les sucedia alguna desgracia, se pondría en cuentos y peligro todo el reino. Solamente respondieron á don Fernando que la conciencia de lo hecho y lealtad que guardaron. con el Rey niño, si no á los otros, á lo menos á sí mismos daban satisfaccion bastante. Era grande el regocijo que tenia todo el reino por ver el Rey niño escapado de las asechanzas de su tio; pero en breve toda aquella alegría se desvaneció, porque toda Castilla fué trabajada con las armas del rey don Fernando. Las ciudades y los lugares, ó por fuerza ó de grado, á cada paso se ponían en su poder y le hacían homenaje, en tanto grado, que fuera de una pequeña parte del reino que perseveró en la fe del niño, todo lo demás quedó por el vencedor. Toledo tambien ciudad real, y don Juan, su prelado, siguieron las partes de don Fernando, creo por algun desabrimiento que tenían ó por acomodarse al tiempo. Hay un privilegio del rey don Fernando dado en Atienza, 1.° de febrero, año 1162, en que entre los otros grandes y ricos hombres y obispos firma tambien el arzobispo don Juan; demás desto, consta de los Anales de Toledo que el rey don Fernando entró en Toledo á 9 del mes de agosto luego siguiente. Allegóse á estas desgracias una nueva guerra que hicieron los navarros, porque el rey don Sancho de Navarra despues de grandes alteraciones se concertó con el Aragonés. Hecho esto, por entender que era buena ocasion para vengar

las injurias pasadas y recobrar por las armas lo qne los reyes de Castilla le tomaron en la Rioja y en lo de Bureva, con un grueso ejército que de los suyos juntó se apoderó de Logroño, de Entrena, de Briviesca y de otros lugares por aquellas partes. Tenia soldados muy buenos y ejercitados en muchas guerras. Los señores de Navarra eran personas muy escogidas. Entre los demás se cuentan los Davalos, casa muy noble y poderosa, como lo muestran las escrituras y memorias de aquel tiempo. Con esto no tenían fin ni término las guerras ui los males, todo andaba muy revuelto y alterado.

CAPITULO IX.

De ta muerte de don Ramon, principe de Aragon.

Estaba Castilla encendida con alteraciones civiles en un tiempo muy fuera de propósito por quedar en la provincia gran número de gente bárbara; solo con las armas de Portugal y de Aragon erau los moros apretados; mas en el Andalucía, donde tenían mayor señorío, vivían con toJo sosiego, y el poder de aquella nueva gente de losalmohades con el tiempo se arraigaba mas de lo que fuera razon. En este tiempo Italia era trabajada con no menores males y discordias que lo de España. Dos se tenían en Roma por pontífices, y cada cual pretendia que 61 era el verdadero, y el contrario no tenia razon ni derecho alguno. Estos eran Alejandro III, natural de Sena, y V.ctor IV, ciudadano romano; á este ayudaba mucho el emperador Federico Barbaroja por la grande amistad que con él tenia. A Alejandro nombró por pontifíce la mayor y mas sana parte de los cardenales; pero como no tuviese bastantes fuerzas para resistir al Emperador, que se apoderaba de las ciudades y lugares de la Iglesia, en una armada de Guillermo, rey de Sicilia, se huyó á Francia, y en ella para sosegar estas discordias y esle scisma juntó en Turs, el año i 163, un concilio muy principal. Acudieron í sa llamado ciento y cincuenta obispos, y entre ellos don Juan, primado de Toledo. Por el mismo tiempo don Ramon, aragonés, era muy nombrado por la faina de las cosas que acabó y su perpetua felicidad, tanto, que tenia por sugeto en España á Lope, rey moro de Murcia, y i los Baucios en Francia, que movian guerra en la Procnza, los trabajaba con muchos daños que les hacia, porqoe, no solamente defeudió la Proenza sobre que contendian, sino tambien les quitó de su estado antigno treinta castillos, y la villa de Trencatayo, que era moy fuerte, tomado que la bobo por fuerza, la allanó y arrasó el año 1161. Con aquella victoria quedaron de todo punto quebrantadas las fuerzas de los H nidos. El emperador Federico, que parecía favorecer á los enemigos y contrarios, con nueva confederacion que ron él hizo quedó muy su amigo. Trajo don Ramon de Castilla á Aragon á Rica, viuda del emperador don Alonso, y á su hija doña Sancha, que estaba desposada con el hijo del mismo don Ramon. A instancia pues del emperador Federico se concertó que Rica, que era deuda suya, casase con don Ramon Berengario ó Bereuguel, coade de la Proenza; y que los aragoneses y proenzales jurasen por pontífice y diesen la obediencia al que él ayudaba. Con esto les haciu merced que, no solo quedas«a con el principado de la Proenza, que se comprebeixfia T extendia desde el rio Druenza hasta el mar, y desde el rio

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Ródano basta los Alpes, sino demás destode la ciudad de Arles con toda su tierra. Para quo todo esto fuese mas firme, se decretó y concertó que ambos los don Ramones, el aragonés y el proenzal, fuesen á Turin, ciudad de Italia, á verse con el Emperador. Señalóse el primer dia de agosto para estas vistas del año 1 1 62. En este camino, en San Dalmacio, que es un pueblo á las raices de los Alpes hácia Italia, adoleció don Ramon,principe de Aragon, y falleció de aquella enfermedad á6 dias de aquel mismo mes. Parecia que aquella muertc sucedia en muy mala sazon, dado que don Ramon, conde de la Proenza, fácilmente alcanzó del Emperador todas las cosas por que eran idos, luego que se vió con él en Turin, como tenian concertado; y aun el Emperador dice en sus letras que se expidieron sobre el caso gratificar al difunto porque habia tratado muy honradamente á la reina Rica y mirado por la honra de aquella matrona viuda. De aqui tomaron ocasion los escritores catalanes de fingir que don Ramon, principe de Aragon, en Alemana defendió en un desafio y campo que hizo, la fama de una reina viuda que la acusaban haber hecho lo que no debia, y que el premio de defender la honestidad de aquella señora fué darle el principado de la Proenza. Nosotros,siguiendo la verdad de la historia, contamos la cosa como pasó. El cuerpo del difunto traido á su tierra sepultaron en el monasterio de Ripol, como él mismo á la muerte lo dejó ordenado. Hiciéronse Cortes del reino en Huesca, y refirióse el testamento de aquel Principe, que hizo á la hora de su muerte solo de palabra, en que nombró por su heredero á don Ramon, su hijo, que trocado este nombre en el de don Alonso, en tró en posesion del principado, de su padre. A don Pedro, hijo segundo, mondó á Cerdania, Carcasona y Narbona con el mismo derecho que él las tenia. Don Sancho, que era el menor de todos, quedó nombrado en lugar de don Pedro para que le sucediese si muriese sin hijos. De doña Dulce, su hija, que adelante fué reina de Portugal, no hizo mencion alguna; tampoco de don Berengario ó Berenguel, que fué obispo do Tarazona y de Lérida y abad de Montaragon, al cual el Príncipe bobo fuera de matrimonio. La edad del nuevo rey don Alonso no era bastante para el gobierno, porque apenas tenia once años. Esto y la flaqueza y pocas fuerzas de la Reina, su madre, pareció á propósito á los amigos de novedades para revolver el reino. Un cierto embaidor se hizo caudillo de los que mal pensaban con afirmar públicamente era «1 rey don Alonso, aquel que veinte y ocho años antes deste fué muerto en la batalla de Fraga, como desuso queda dicho. Decia que cansado de las cosas humanas estuvo por tanto tiempo disfrazado en Asia, y se halló en muchas guerras que los cristianos hicieron contra los moros en la Tierra-Sania. Su larga edad hacia que muchos le creyesen, y las facciones del rostro no de todo punto desemejable; el vulgo, amigo do fábulas, acrecentaba estas mismas cosas, por donde el gobierno de la Reina, como de mujer, era de muchos menospreciado. Grandes males se aparejaban por esta causa, si el embaidor no fuera preso en Zaragoza y no le dieran la muerte en los mismos principios del alboroto. Este fué el pago de la invencion y fin de toda esta tragedia mal trazada. El año próximo de 1163 se tuvieron otrosi Cortes del reino de Aragon en Barcelona.

En ellas la reina doña Potronilla, & persuasion de los grandes, dió y renunció el reino & su hijo, que andaba ya en trece años. Don Ramon, conde de la Proenza, que un poco de tiempo gobernara á Cataluña por el Rey su primo, dejado el gobierno, se volvió á su tierra, que andaba alborotada otra vez y trabajada por las armas de los Baucios. Para fortificarse contra aquella familia y linaje y apercebirse de socorros de fuera procuró hacer liga con el conde de Tolosa y concertar casamiento de su hija, una sola que tenia, con el hijo de aquel Conde; práticas que se impidieron por su muerte, que sucedió el año 1166. El rey do Aragon, que se hallaba á la sazon en Girona, avisado que su primo era muerto, ó ejemplo de su padre y á persuasion de los grandes, se llamó marqués de la Proenza. Asi pretendian estar decretado por el privilegio del emperador Federico, que aquel principado, no solo se daba al conde de la Proenza, sino asimismo á don Ramon, principe de Aragon, y sus decendientes; ocasion do nuevos movimientos y alteraciones que sucedieron en Francia.

CAPITULO X.

Cómo don Alonso, rey de Castilla, visitó el reino.

Gran mudanza de las cosas se hizo en Castilla; porque los naturales, cansados del gobierno del rey de Leon, aficionados al mozo rey don Alonso, como es cosa natural y lo merecia la memoria agradable del rey don Sancho, su padre, no cesaban de movelle con cartas y embajadores para que lomase el ceptro y mando del reino paterno. Ofrecianle que no le faltarían las voluntades de los suyos ni sus fuerzas, quo siempre de secreto estuvieron por él, dado que por acomodarse al tiempo y forzados suportaban el señorio forastero. El IXcy á la sazon andaba en el año undécimo de su edad; & los grandes que le tenian en su poder parecia aquella edad bastante, especial que les movia el ejemplo fresco de los aragoneses, que entregaron el gobierno 6. su Rey, que tenia poca mas edad. A persuasion pues dellos y por su consejo determinó partir de Avila para visitar el reino y hacer entrada en cada una de lasciudades,el nño de nuestra salvacion de 1168, como algunos dicen; nosotros de la razon destos años y deste número quitamos dos años con fundamento bastante y cierto, pues cuando murió su padre se sabe era este Rey do cuatro años, y aiiora once no cumplidos. No le engañó su esperanza; muchas ciudades y pueblos en toda la provincia, como lo tenian ofrecido, abrian con gran voluntad las puertas al Rey y le ayudaban con dinero, provision y todas las demás cosas. Al principio pocos eran los que acompañaban al Rey, que fueron algunos grandes de Castilla que perseveraran con él ó de nuevo se le juntaron. Demás destos, una compañia de guarda de ciento y cincuenta de á caballo, que los de Avila le dieron para quo le acompañasen; poca gente para acabar cosas tan grandes y para recobrar el reino, parte del cual tenian los grandes, parte estaba en poder de los leoneses con guarniciones que tenian puestas por todas partes. No hay cosa mas segura en las revueltas civiles que apresurarse. Al Rey parecia que todas las cosas le serian fáciles; y asi, determinaron do probar áToledo,cabezadelrcíno,yexperimentarcuánta lealtad hobiese en sus ciudadanos. Poca esperanza tenian que don Fernando Ruiz de Castro, que la tenia en su poder, la entregase de su voluntad. El color que lomaba era no ser licito, como él decia, entregar aquella ciudad á alguno antes de la edad que por el Rey difunto quedó señalada. Lo que principalmente le movia era que tenia pena de que le hobiesen quitado la tutela del Rey y sus contrarios estuviesen apoderados del gobierno del reino. Don Esteban Ulan, ciudadano principal de aquella ciudad, en la parte mas alta della á sus expensas edificara la iglesia de San Roman, y á ella pegada una torre, que servia de ornato y fortaleza. Era este caballero contrario por particulares disgustos de don Fernando y de sus intentos. Salió secretamente de la ciudad, y trajo al Rey en hábito disfrazado con cierta esperanza de apoderalle de todo. Para esto le metió en la torre susodicha de San Roman; campearon los estandartes reales en aquella torre y avisaron al pueblo que el Rey estaba presente. Los moradores, alterados con cosa tan repentina, corren á las armas, unos en favor de don Fernando, los mas acudian á la majestad real; parecia que si con presteza no se apagaba aquella discordia, que se encenderia una grande llama y revuelta en la ciudad; pero como suele suceder en los alborotos y ruidos semejantes , á quien acudian los mas, casi todos los otros siguieron la autoridad real. Don Fernando, perdida la esperanza de defender la ciudad por ver los ánimos tan inclinados al Rey, salido della, se fué á Huele, ciudad en aquel tiempo, por ser frontera de moros y raya del reino, muy fuerte, asi por el sitio como por los muros y baluartes. Los de Toledo librados del peligro á voces y por muestra de amor decian : «Viva el Rey.» Esto hacian no mas los que habian estado por él, que la parcialidad contraria entraban donde estaba á besarle la mano, y cuanto mas fingido era lo que algunos hacian, tanto daban mayores muestras de voluntad y le adulaban con mas cuidado. A don Esteban en gratificacion de aquel servicio le hizo el Rey mucha honra y le encomendó el cuidado de la ciudad. Despues de su muerte los ciudadanos, para memoria de tan gran varon, en la iglesia catedral, en lo mus alto de la bóveda, detrás del altar mayor, hicieron pintar su imagen ú caballo como está hoy. Entró el Rey eu Toledo á 26 de agosto, dia viernes. Luego el dia de san Miguel, don Juan, arzobispo de Toledo, falleció cansado de la pesadumbre de tantos males ó por su larga edad. La letra dominical muestra que lu entrada del Rey no pudo ser sino el año 1166. Conforman los Anales de Toledo y el letrero del sagrario de aquella iglesia, que señalan la muerte del arzobispo, era 1204, que es el año dicho puntualmente , y asi se debe tener. Gobernó aquella iglesia loablemente como diez y seis años; su cuerpo se entiende fué alli mismo sepultado. Algunos dicen que renunció y que de su voluntad dejó el arzobispado, y dél explican la ley pontificia y canon promulgado por Alejandro III, pontifice romano, que es el primer capitulo en el titulo de las órdenes hechas despues de renunciado el obispado, enderezado al arzobispo de Toledo, como se contiene en su titulo. La verdad es que en las decretales de mano antiguas no reza aquel titulo al arzobispo de Toledo, sino al coloniense; asi, lo de la renunciación no se debe tener por vordudero. Sucedió don Cerebruno ó Cene

bruno, persona do igual ánimo y prudencia, agradable

al rey don Alonso, ca fué su maestro y le enseñó las primeras letras. Fué arcediano de Toledo antes, y obispo de Sigüenz», y aun se sospecha era francés de nacion. A este prelado parece se enderezó sin duda la epistola decretal del mismo Alejandro III, que es el capitulo 11 en el titulo de Simonia, sobre la que so cometió en la eleccion del obispo de Osma. Conforma con esto lo que ordenó el mismo rey don Alonso en su testamento, su fecha en Fuentidneña, á 8 de diciembre,era 1242; dice que sus tutores, el conde don Nuño y don Pedro, por elegir al obispo de Osma, recibieron cinco mil maravedis; manda que se restituyan. Era por el mismo tiempo prelado de Tarragona Hugo CerveUon, que sucedió á Bernardo Torte. El rey de Castilla, sosegado que tuvo á Toledo, á persuasion del conde don Manrique,salió contra don Fernando de Castro, ca ayudado de las gentes de Huele, que le eran aficionadas y muy leales, salió al encuentro al ejército del Rey. Dióse la batalla dos leguas de aquel pueblo junto á Garcf naharro; era grande la fama del esfuerzo de don Manrique; era tenido por gran defensor de la autoridad real, tales eran las muestras, si bien muchos pensaban que en nombre ajeno queria mandallo todo, por ser, como era, atrevido, astuto, presto y conforme á los negocios y ocurrencias, cuándo seguia la virtud, cuándo lo malo. Don Fernando, por recelarse en la pelea de sus fuerzas, entró en la batalla, quitadas las sobrevistas y disfrazado. Don Manrique, por yerro, con todas sus fuerzas embistió y mató á un caballero ordinario, el cual, porque llevaba vestidura de general, creyó era su contrario. Quedó cansado de aquella pelea y á propósito para ser agraviado; asi fué él mismo muerto; uno de los que acompañaban á don Fernando le metió por el cuerpo la espada. Con la muerte del general los del Rey, parte se pusieron en huida, parte fueron muertos en la pelea. Sabido el engaño y astucia, don Nuño, hermano de don Manrique, acusaba á don Fernando de aleve. No paró en esto, sino que le desafió á pelear do persona á persona y hacer campo, como se acostumbraba en casos semejantes. Intervinieron varones santos y personas graves, por cuyo medio por entonces la diferencia se sosegó algun tanto, pero el odio entre aquellas dos casas quedó muy mas arraigado que antes, con grande daño muchas veces de las cosas y del reino, por anteponer cada cual de las partes sus particulares pasiones y debates al bien comun. Verdad es que la guerra que hizo el Rey por entonces no fué muy grande ni continuada, y muchas ciudades y castillos, por estar obligados con beneficios que recibieran, quedaron en poder de don Fernando de Castro, con que el Rey desistió del intento y esperanza de atropellalle, y vuelto hacia otras partes, no dejaba de sujetar á su señorío las ciudades y castillos que hallaba sin guarnicion. Demás desto, pareció por la comodidad del lugar probar el castillo de Zurita, que está puesto en un collado empinado, cuyas ruices y haldas baña el rio Tajo. Tenia la guarda desta fuerza Lope de Arenas como teniente de don Fernando de Castro. Convidado á que se rindiese, se excusó con la edad del Rey, como otros muchos, quo él no era señor, sino lugarteniente, y como tal tenia jurado á don Fernando; quo si no fuese con su licencia, no entregaria el castilloá persona alyu.ua; que uo sufriria que con color y voz de la autoridad real se burlasen de los demás aquellos que por la flaca edad del Rey le lenian en su poder y le aconsejaban lo que les parecía. Como los del Rey perdiesen la esperanza que el alcaide haria por su voluntad lo que pretendian, determinaron de usar de fuerza y apretar el cerco de aquel castillo. Convocaron para este efecto socorros de todas parles. Don Lope de Haro, avisado do lo que el Rey pretendia,delo postrero deVizcaya, en que tenia grande estado, sin ser llamado, á causa que él y el conde don Nuiio tenían diferencias particulares y andaban torcidos, de su voluntad vino á servir en aquel cerco. Llegado, miró el sitio del castillo, y se encargó de acometerle por aquella parte que parecía mas agria y de que mayor peligro se mostraba; cosa propia de la nación vizcaína. Iba adelante el cerco. Los del Rey no tenían esperanza de salir con su intento. Los cercados padecían falta de mantenimientos; por esta causa usaron de engaño, y con dar esperanza de rendirse, convidado quehobieron y recibido dentro para tratar desto á los condesdon Nuño y don Suero, los prendieron á traicion, por entender que el Rey, movido de su peligro, se apartaría del proposito que tenia de combatir el castillo, por lo menos vendría en algun buen partido. En lo que pensaron consistía su remedio estuvo su destruicion. Hallábase en los reales del Rey un cierto hombre, llamado Domingo, que salió del castillo no se dice por qué causa; este, si le diesen algun premio, prometió liaría entregar aquella fuerza. Aceptado el partido, en cierto ruido hechizo dió una herida á Pedro Ruiz, ciudadano de Toledo; él mismo vino en ello y con voluntad del Rey, hecho esto, Domingo se puso en huida. Con esta ficcion las guardas le recibieron en el castillo. Era criado del alcaide, mañoso, servicial, y por aquella nueva hazaña le ganó mas la voluntad; trataba con él muy familiarmente sin recelo de lo que le sobrevino. £1 traidor, hallada ocasion á propósito para ejecutar su intento, á tiempo que el alcaide se afeitaba la barba le mató;trás esto se huyó á los reales. El pueblo sin dilacion, muerto su caudillo, sin grande dificultad vino en poder del Rey y se rindió luego; perdonó el Rey á los soldados, y el lugar no fué puesto i saco; solo & Domingo hizo sacar los ojos, que fué ejemplo señalado de castigo contra los traidores, dado que le señalaron sustento bastante para pasar la vida, porque no pareciese que el Rey quebrantaba su palabra. Este sustento no macho despues por mandado del mismo le quitaron junto con la vida, porque maguer que ciego y castigado se alababa de aquella maldad; doblada alevosía que cometió en matar á su señor y hacer traicion a los cercados. Esto del traidor. Los soldados, alegres con la victoria, se partieron para sus casas. Don Lopo deHaro, que entre todos se señaló de animoso, alabado con palabras muy honrosas, se volvió á su tierra, sin querer aceptar los dones que le ofrecían, por saber muy bien cuánta falta y pobreza padecía el tesoro real. Este caballero dicen edificó en la Rioja la villa de Haro, no 16jos del rio Ebro, y que de aquel pueblo y de su nombre, así él como sus decendientes, tomaron este apellido. El Rey se fué á Toledo á las Cortes del reino, para donde tenía convocados los grandes y ciudades de toda la provincia. Tratóse en ellas de componer el estado del nino, que por la revuelta do los tiempos andaba muy

alterado, y de recobrar las ciudades y pueblos que aun no se querían entregar. Fué este año memorable por las muchas lluvias y grandes crecientes, en particular en Toledo el rio Tajo salió do madre y llego hasta la iglesia de San Isidro, á 20 de febrero; el año luego siguiente de H 69, i 8 de febrero, tembló la tierra en aquella ciudad; cosa que sucede pocas veces y que puso en cuidado á los ciudadanos, por pensar que aquel temblor era pronóstico de algunos nuevos y mayores trabajos.

CAPITULO XI.

De lis bodas de don Alome, rey de Castilla.

Don Fernando, rey de Leon, los años pasados casó con doña Urraca, hija de don Alonso, rey de Portugal; deste casamiento naeió don Alonso, el que sucedió íí su padre en el reino de Leon, dado que la misma doña Urraca, por el parentesco que tenia con su marido, fuú dél repudiada y apartada. Este camino hallaban para deshacer los casamientos cuando nacían desabrimientos entre los casados; que aun no estaba introducida la costumbre de dispensar en las leyes matrimoniales, ni los pontificas comenzaban á usar de semejantes dispensaciones. Deste repudio resultaron grandes enemistades entre el suegro y el yerno , y dellas muchos daños que se hicieron y recibieron de una parte y de otra. Don Fernando andaba ocupado en reedificar las ciudades y pueblos que por la revuelta do los tiempos pasados estaban destruidas, otros edificaba de nuevo. Cerca deSalamanca reparó la antigua Rletisa con nombre de Ledesma, á Granada cerca de Coria, demás desto Benavente, Valencia de Oviedo, Villalpando, Mansilla, Mayorga. Fuera deslas poblaciones, por consejo de un forajido portugués edificó en los confines del reino, por do se divide de Portugal, a Ciudad Rodrigo, que antiguamente se llamó Mirobriga, para que fuese como firme baluarte en que se quebrantasen los ímpetus de los portugueses y para hacer dende correrías y cabalgadas por los lugares comarcanos. El desabrimiento que comenzó destos principios entre leoneses y portugueses se encendió despues y paró en graves enemistades. Era don Fernando principe de grande corazon y bravo; y aunque de costumbres muy suaves, condicion simple, liberal y manso, no dudaba hacer rostro á las armas y poder de dos los reyes de Castilla y de Portugal. Don Alonso, rey do Castilla, al principio del año de nuestra salvacion de 1170 fué á Burgos para tener Cortes del reino, en las cuales, porque el Rey era entrado en los quince años de su edad, que era el tiempo señalado por el testamento de su padre, y legal para que le entregasen las ciudades, se trató de que se ejecutase así; y con grande voluntad de los grandes y de todos salió decretado se hiciese guerra, así á los señores si no obedeciesen & la voluntad del Rey, como al rey don Fernando, su tio, que tenia todavía con guarniciones ocupada una parte no pequeña del reino; pero esta guerra, ú causa de otras dificultades, se dilatómucho.Los grandes,interesados por no ser acusados de traidores y porque no les quedaba excusa alguna para no hacello, entregaron al Rey los castillos, fuerzas y lugares que tenían en su poder. Entre los primeros hizo esto don Fernando de Castro; dado que desconfiado de la voluntad del Rey por estar muchos grandes irritados contra él y la parcialidad contraría apoderada del gobierno, determinó dejar la tierra; y públicamente renunciada la patria, conforme ú lo que entonces los españoles usaban, se retiró á tierra de moros, ca decia que el destierro seria tolerable, principalmente al que se bailaba inocente y no liabia hecho vileza alguna; pero que él baria que al que no querian por amigo experimentasen serles enemigo rauy grave. Muchas veces la paciencia ofendida se muda en furor; asi, don Fernando, agraviado con muchas injurias como él se quejaba , no dejaba de hacer muchos daños en tierras de cristianos. Tratóse demás desto en las Cortes de Burgos del casamiento del Rey por ser la edad á propósito y tener todos grande cuidado de que quedase dél sucesion. Enrique, segundo deste nombre, rey de Ingalaterra, muy poderoso á la sazon, abrazaba debajo de su señorio lo de Angers y Normandia en Francia y toda Ingalaterra; y su mujer doña Leonor en dote le ayuntó á los demás estados lo de Guiena y Portiers, como arríba queda dicho. Pareciales & los grandes que seria á propósito Leonor, hija destos principes, doncella muy escogida, paracasalla con su Rey, si su padre viniese en ello. Don Alonso, rey de Aragon, con deseo de verse con el rey de Castilla , su primo, y que era casi do la misma edad, vino á Sabagun; alli se puso confederacion entre aquellas dos naciones. Hecho esto, los dos reyes, mediado el mes de julio, fueron ú Zaragoza; desde alli se envió una embajada muy principal a Francia para tratar lo del casamiento del Rey. La cabeza desta embajada era don Cerebruno, arzobispo de Toledo; acompañábale don Ramon,.obispo de Patencia, con otros prelados y caballeros en gran número. Llegados á Burdeos, do estaba la reina de Ingalaterra con su hija, fácilmente alcanzaron lo que pretendian.Concertáronse las bodas, la doncella vino á España, y en su compañia, no solo los que envió el rey don Alonso, sino tambien se juntaron con ellos Bernardo, prelado de Burdeos , y otros señores de Francia. Entretanto que esto pasaba en Francia, en España entre los dos reyes de Castilla y de Aragon so hizo liga y avenencia en que se juntaban las fuerzas de los dos reinos contra todos los principes, sacado solo el de Ingalaterra, en que se tuvo respeto al nuevo parentesco. Para confirmar este concierto y palabra de una parte y otra se dieron algunos pueblos para que en poder del otro estuviesen como en rehenes y en terceria: al de Aragon dieron á Najara y Biguera, ádon Alonso, rey de Castilla, Hariza y Daroca, que poraquel tiempo tambien, como ahora, pertenecian al reino de Aragon. La doncella esposa del rey de Castilla llegó finalmente ó Tarazona. Alli, como antes tenian concertado, se hicieron los desposorios con grandes regocijos por el mes de setiembre. Etrey de Aragon fuéel padrino; las arras que dieron ¡i la esposa fué gran parte do Castilla, Búrgos, Medina del Campo con otros lugares en gran número; fuera desto, le consignaron la mitad de todo lo que se ganase de los moros. El Rey, aficionado á la hermosura de su esposa, que era apuesta y agraciada, como era de poca edad, parecia querer en liberalidad demasiada aventajarse a los reyes pasados. Lope, rey moro do Murcia, tenia confederacion y amistad con el rey de Castilla, porque hallo tambien que por estos años vino á Toledo. Estaba el rey de

Aragon ofendido del mismo, y pretendia hacelle guerra, porque rehusaba de pagar las parias que acostumbraba dará don Ramon, su padre. Concertóse que aquel Rey bárbaro le quedase sujetoá tal que él desistiese de favorecer á los macemutes, bando entre los moros contrario al rey Lope- lbase por estos tiempos despeñando el imperio de los moros en España, por estar dividido en parcialidades, en especial la ciudad de Murcia muchas veces andaba alborotada con discordias civiles. Despedidos entre si los dos reyes y concluidas las fiestas de Tarazona, las bodas se celebraron en Burgos con aparato increible, y concurso de gentes no menor. Acabadas las fiestas, se dió licencia á la compañia de ácaballo de los du Avila que hasta entonces acompañaron y guardaron al Rey. A la ciudad de Avila, por la fidelidad que guardó muy grande en tiempos tan ásperos, otorgó el Rey grandes y señalados privilegios. Concluidas estas cosas, el Rey y Reina se partieron para Toledo. En el mismo tiempo el rey de Aragon procuró y hizo que la cabeza del mártir san Valerio, obispo que fué de Zaragoza, desde Roda do estaba fuese llevada á Zaragoza. Vino en ello, por dar contento al Rey, don Guillen Perez, obispo de Lérida y de Roda. Doña Garsendis, princesa de Bearne, muertos su padre y hermano, á ejemplo de sus antepasados, hizo su homenaje al rey de Aragon; y en particular renovó la confederacion hecha antes , en que se mandaba no so pudiese casar sin voluntad del Rey. Los obispos Bernardo, de Oleron, y Guillelmo, de Lesear, fueron los que hicieron los conciertos en su nombre. Algunos piensan que casó, y fué mujer de Guillen de Moneada, hombre principal en Cataluña y senescal; cosa que no se puede probar con bastantes fundamentos, y que nos pareció seria mej ír dejalla sin resolver que poner por cierto en lo que dudamos.

CAPITULO XII.

De la confederacion que se hizo contra don Pero Ruiz de Aragra.

Entre las ocupaciones y ejercicios de la paz no se dejaba el cuidado de la guerra, en especial las reliquias de los moros eran trabajadas por las armas de los aragoneses de tal guisa, que apenas les quedaba por aquella parte lugar en que pudiesen estar seguros. En Edetania la Vieja , á las riberas del rio Alga, los pueblos Favara, Maella, Fresneda y otros muchos fueron con el próspero suceso de las guerras quitados á los moros; demás desto, Caspe, villa muy fuerte junto al rio Ebro. Quedaba por conquistar una parte del monte Idubeda eu los confines de la Edetania y de la Cellibcrin, porque gran número de moros, confiados en la fortaleza y fragura de los lugares, se habian retirado á aquella parte. A los tieles por la aspereza de los montes era dificultosa la empresa y la entrada; con el esfuerzo vencieron todas las dificultades y echaron de aquellos lugares á los enemigos, juntamente se apoderaron de la ciudad de Teruel, que es lo postrero de Aragon. Asi el señorio de los moros por aquella parte desde alli adelante tuvo por término y lindero la tierra' y reino de Valencia. En el mismo tiempo Pero Ruiz Azagra, hijo de Rodrigo Azagra, señor que era de Estella,como arriba queda dicho , por cierta ayuda que dió á Lope, rey de Murcia , le obligó de tal suerte, que alcanzó dél que le hi

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