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CAPITULO PRIMERO.

manda á los hombres, sino tambien del que tiene cuiComo muchos pueblos fueroa ganados por los nuestros.

dado de los ganados, procurar el provecho y utilidad de

aquellos cuyo gobierno tiene encomendado. Con este Los dos reyes de España don Jaime y don Fernando, estilo y manera de proceder no cesaba de granjear la como quier que antes fuesen esclarecidos y excelentes gracia y voluntades, así de los de Leon como de los entre los demás por sus grandes virtudes y valor, co castellanos. Llegó á Toledo, de donde envió suma de menzaron á ser mas nobles y afamados despues que dinero á Córdoba, por tener aviso que los nuevos moganaron á Córdoba y á Valencia. Los pueblos y las radores de aquella ciudad por falta de la labranza de ciudades daban gracias inmortales á los santos por los campos y por la dificultad de los tiempos padecian las cosas que dichosamente se habian acabado, tro mengua de mantenimientos y por esta causa corrian caban en pública alegría el cuidado y congoja que te peligro. Costaba una hanega de trigo doce maravedís, nian del suceso y remate de las guerras pasadas. Los la haneya de cebada cuatro; lo cual en aquel tiempo so capitanes y soldados con tanto mayor vigilancia eje- tenia por grandísima carestia. Fueron estos tiempos cutaban la victoria y de todas maneras apretaban á los extraordinarios, pues sin duda se halla en las historias vencidos; recatábanse otrosí no les sucediese alguna que el año siguiente de 1239 hobo dos eclipses del sol. cosa contraria y algun revés, ca no ignoraban que mu El uno á 3 de junio, que fué viérnes, se escureció chas veces despues de la victoria el suceso de las guer I el sol á medio dia como si fuera de poche; eclipse que ras se trueca y se muda todo en contrario. Los princi- fue muy señalado. El segundo á 25 del mes de junio, pes extranjeros, do era llegada la fama de tan grandes como lo dice y lo afirma Bernardo Guidon, historiador hazañas, con embajadas que enviaron daban el para de Aragon. Mas parece hobo engaño en este segundo bien de la buenandanza á los reyes y exhortaban a los eclipse, y no va conforme á los movimientos de las esnuestros que por el camino comenzado no dejasen de trellas, pues no pudo caer la conjuncion de la luna y apretar á los moros que se iban á despeñar y acabar, del sol en aquellos dias, sin la cual nunca sucede el Todavía por un poco de tiempo se dejaron las armas y eclipse del sol; ni aun la luna despues que se aparta del se aflojó en la guerra á causa que el rey de Aragon medio del zodiaco y de la linea eclíptica por do el sol concedió por un tiempo treguas á los moros, y poco discurre y en que es necesario estén las luminarias despues paso á Mompeller. Asimismo el rey don Fer | cuando hay eclipse (de que tomó el nombre de eclíptica) nando en Burgos se ocupaba en celebrar un su nuevo no torna a la misma antes de pasados seis meses, poco casamiento. Doña Berenguela con el cuidado que te mas o menos. Plinio señala en particular que el eclipse nia, como madre, no estragase el Rey con delcites des de la luna no vuelve antes del quinto mes, ni el del sol honestos el vigor de su edad en que estaba, dado que antes del seteno. Demás desto, fué aquel año desgraciado al juicio de todos no habia persona ni mas santa ni mas para Castilla por la muerte de dos varones muy esclahonesta que él, procuró se hiciese el dicho matrimo rucidos. Estos son don Lope de Haro, á quien sucedió nio. Doña Juana, hija de Simon, conde de Potiers, y de su hijo don Diego, y don Alvaro de Castro, por cuyo Adeloide, su mujer, nieta de Luis, rey de Francia, y de esfuerzo se mantuvieron los nuestros en el Andalucía. doña Isabel, hija de don Alonso el Emperador, vino Este caballero, visto el aprieto en que se hallaban las traida de Francia para casalla con el rey don Fernando. I cosas, se parlió para Toledo á verse con el Rey, que Deste matrimonio nació don Fernando, por sobrenom con otros cuidados parecia descuidarse de lo que tocaba bre de Potiers, y sus hermanos doña Leonor y don á la guerra. Concluido esto, ya que se volvia, en el Luis. El Rey, concluidas las fiestas y con deseo de visi mismo camino murió en Orgaz. A la sazon que don Altar el reino, trujo a la nueva casada por las principales varo se ausentó, cincuenta soldados, que quedaron de ciudades de Leon y de Castilla; visitaba con esto sus guarnicion en el castillo de Mártos, salieron dél á roestados. Tenia costumbre de sentenciar los pleitos y. | bar, y por su capitan Alonso de Meneses, pariente de oirlos y desender los mas flacos del poder y agravio de don Alvaro. Allamar, que en lugar de Abenhut pomlos mas poderosos. Era muy fácil á dar entrada á quien braron por rey de Arjona, como entendiese lo que pale queria hablar, y de muy grande suavidad de cos saba y la buena ocasion que se le ofrecia, puso cerco á tumbres. Sus orejas abiertas a las querellas de todos. | aquel castillo. La mujer de don Alvaro, que dentro se Ninguno por pobre, 6 por solo que fuese, dejaba de te ballaba, en aquel peligro tan de repente hizo armar á ner cabida y lugar, no solo en el tribunal público y en | sus mujeres y criadas y que tirasen de los adarves la audiencia ordinaria, sino aun en el retrete del Rey I piedras contra los moros y diesen muestra de que eran le dejaban entrar. Entendia, es á saber, que el oficio de soldados. Con este ardid se entreluvieron hasta tanlo los reyes es mirar por el bien de sus súbditos, defender que Alonso de Meneses y sus compañeros, avisados del la inocencia, dar salud, conservar y con toda suerte del peligro, acudieron luego. Era dificultosa la entrada bienes enriquecer el reino, como sea, no solo del que en el castillo por tenelle los enemigos rodeado. Animo

les Diego Perez de Vargas, ciudadano de Toledo, y por | del Rey, que le prendió y hobo a las manos; con qué insu orden aprelado su escuadron y cerrado, pasaron por dustria o en qué lugar no se escribe, ni aun refieren el medio de sus enemigos con pérdida de pocos. Entrados nombre que el moro tenia, ni lo que dél se hizo; en el en el castillo, fueron causa que se salvase, porque los caso no se duda. A Alhamar, rey de Granada, otorgó que estaban cercados se animaron con su ayuda y con treguas por un año el rey don Fernando; con que gasesperanza de mayor socorro que entendian les acudiria. tados no menos de trece meses en aquella empresa y El rey Moro, por salille vana su esperanza y forzado de jornada, dió la vuelta á Toledo, do su madre y mujer lo no menos falta de vituallas, alzó el cerco. Pusieron es esperaban alegres con las victorias presentes. De allí tos negocios en gran cuidado al Rey, que consideraba pasó á Búrgos y trasladó la universidad de Palencia, cuántas suerzas le faltaban por la muerte de dos capita que fundó el rey don Alonso, su abuelo, á la ciudad do nes tan señalados, cuánto atrevimiento habian cobrado Salamanca. Couvidole á hacer este trueco la comodilos moros. Por esta causa desde Burgos, donde era idodad del lugar, por ser aquella ciudad muy á propósito cou intento de llegar dinero para la guerra, á grandes para el ejercicio de las letras. El rio Torines que por jornadas se partió para Córdoba. Llevó consigo á sus ella pasa la hace abundante; su cielo saludable y apahijos don Alonso y don Fernando, mozos de excelentes cible; finalmente, proprio albergo de las letras y erudinaturales y de edad á propósito para tomar las armas. cion. Pretendia otrosi con este beneficio ganar las voEl padre, como sa gaz, pretendia que los primeros prin luntades del reino de Leon, en que está Salamanca; y cipios y ensayes de su milicia fuesen en la guerra con aun don Alonso, su padre, rey de Leon, los años pasatra los infieles, enemigos de los cristianos. Pretendia dos para que sus vasallos no tuviesen necesidad de ir á otrosí con el uso de las armas despertar su esfuerzo y Castilla á estudiar, enderezó en aquella ciudad cierto hacellos hábiles para todo. En el mismo tiempo el rey principio de Universidad, pequeña á la sazon y pobre, don Jaime fué á Mompeller para ver si podia juntar al al presente por el cuidado y liberalidad de don Fergun dinero de aquellos ciudadanos para la guerra; de nando, su hijo, y mas adelante por la franqueza de don que tenia no menos falta que la que en Castilla se pade Alonso, su nieto, como de principe muy aficionado a cia. Deseaba asimismo sosegar los moradores de aquella los estudios y álas letras, se aumento de tal suerte, que ciudad, que andaban divididos en bandos, castigando á en ninguna parte del mundo bay mayores premios para los culpados : lo uno y lo otro se hizo. El rey moro Al la virtud ni mas crecidos salarios para los profesores hamar junto a los demás estados que tenia el señorío de las ciencias y artes. Don Diego de Haro, señor de de Granada con voluntad de aquellos ciudadanos; ciu- | Vizcaya, primera y segunda vez, no se sabe la causa, dad poderosa en armas y en varones y que por la ferti pero anduvo por este tiempo alborotado; la blandura lidad de sus campos no tiene mengua de cosa alguna. del rey don Fernando y su buena manera y el cuidado Este fué el principio del reino de Granada, que duró que en ello puso don Alonso, su lijo, le hicieron sose desde entonces hasta el tiempo y memoria de nuestros gase con dalle mayores honras y hacelles mas crecidas abuelos. En Murcia, por odio que tenian á Alhamar, los mercedes que antes, en que se tuvo consideracion a los ciudadanos alzaron por su rey á uno llamado Hudiel; servicios de sus antepasados; además que era mala saocasion de que se comenzaron las enemistades graves y zon para ocuparse en alteraciones domésticas por la para aquella gente perjudiciales, que largo tiempo buena ocasion que se ofrecia de desarraigar el nombre se continuaron entre aquellas dos ciudades. Los moros y nacion de los inoros de España. Sucedieron estas code Andalucía cansaban a los nuestros con rebates, va sas el año de 1240; el cual año, no solo para Castilla fue Jianse de engaños y celadas sin querer venir á batalla. dichioso, sino tambien señalado y de mucha derocion Al contrario, diversas compañías de soldados enviados para los aragoneses, por el milagro que sucedió en el por el rey don Fernando en tierra de los enemigos se castillo de Chio. Por la ausencia del Rey, los soldados apoderaban de castillos, pueblos y ciudades, cuando que quedaron de guarnicion en Valencia, salieron en por suerza, cuando por rendirse de su voluntad; en compañía de Guillen Aguilon y de otros caballeros á particular sujetaron al señorio de cristianos á Ecija, correr y robar las tierras de moros. Cargaron sobre el Estepa, Lucena, Porcuna, Marchena (los antiguos la territorio de Jáliva y tomaron á Rebolledo de sobre llamaron Martia), Cabra, Osuna, Vaena. Los pueblos salto. En aquellos montes estaba el castillo de Chio, menores que se ganaron no se pueden contar, ni aun como llave de un valle muy fresco y abundante, Pusiéentonces se pudiera hacer cuando la memoria estaba ronse sobre él; los cercados con ahumadas apellidaron fresca; parte dellos se dió á las órdenes de Santiago y en su ayuda los moros de la comarca, que se juntaron de Calatrava y á los obispos que acompañaban al Rey en número de veinte mil, y asentaron sus reales á vista para ellos y sus sucesores, parte tambien se entregaron del castillo. Los cristianos eran pocos, mas valientes en particular á los grandes y caballeros. Los moros por y animosos. Determinados de pelear con aquella moestas pérdidas cobraron tanto miedo cuanto nunca tuvie risma, con el sol se pusieron á oir misa, á que querian ran antes. Un cierto moro, del linaje de los alınohades, comulgar seis de los capitanes. En esto oyeron tal alaavisado en Africa del peligro que su gente corria, con rido en los reales por causa de los moros, que de repente esperanza de fundar un nuevo estado y deseoso de los acometieron, que les fué forzoso, dejada la misa, acaudillar las reliquias y fuerzas de los moros de acudir á las armas. El preste envolvió y escondió las España, pasó ultra mar. La voz era vengar por las seis formas consagradas en los corporales, que, venciarmas la afrenta de su nacion y las injurias que se dos los moros, hallaron bañados en la sangre que de hacian á la religion de sus padres. Pudiera este aco- las formas salió. Ganada la victoria, forzaron luego y melimiento ser de consideracion, sino atajaran sus 1 abatieron aquel castillo. Los corpora les se guardan en intentos la inteligencia de los nuestros y la buena dicha | Daroca con mucba devocion. La hijuela en un convento de dominicos de Carboneras, puesta allí por su funda- | contento con lo demás de que se apodero, volvió por la dor don Andrés de Cabrera, marqués de Moya , on la | posta a su padre, que ya convalecido, era llegado á Tohobo por el mucho favor que alcanzó con los Reyes Ca ledo, y alegre con tan buen suceso y deseoso de contólicos. Vuelto el rey don Jaime , los moros se le que firmar los ánimos de los moros en aquel buen propórellaron de aquella entrada fuera de sazon, y él les hizo sito, determinó de pasar adelante y visitar en persona emienda de los daños. Verdad es que luego que espira aquel nuevo reino. Hállase un privilegio suyo dado en ron las treguas, con mejor órden rompió por sus tierras, Murcia al templo de Santa María de Valpuesta en aquella en que tomó el castillo de Bairén, puesto en un valle sazon. Desde allí sué necesario que el rey don Fernanen que se da muy bien el azúcar y arroz, como en toda do y don Alonso, su hijo, volviesen á Búrgos por cosas aquella campaña de Gandía; ganóse tambien Villena. que se ofrecian de grande importancia. En el mismo Cercaron á Jáliva, mas no se pudo tomar, si bien rin- tiempo doña Berenguela, bija del Rey, se metió mondieron á Castellon, que está una legua solamente de ja y consagró a Dios su virginidad en el monasterio aquella ciudad. Hallábase el rey don Jaime ocupado de las Huelgas. Don Juan, obispo de Osma, le puso el en esta guerra, con que pretendia desarraigar la mo- velo sagrado sobre la cabeza, como era de costumbre. risma de aquella comarca toda, cuando otros mayores Don Jaime, rey de Aragon, se entretenia en Mompecuidados le hicieron alzar la mano para acudir a las co ller, donde despucs de asentadas las cosas de Aragon, sas de Francia que le llamaban.

y dejando para el gobierno en su lugar á don Jimeno,

obispo de Tarazona, era ido. Viniéronle á visitar los CAPITULO II.

condes de la Proenza y de Tolosa; la voz y color era

que estos principes querian hacer reverencia al Rey ý Cómo el reino de Murcia se entregó.

visitalle; pero de secrcto se trato que el conde do ToCompuestas pues y ordenadas las cosas conforme al losa hiciese divorcio con doña Sancha, tia del rey don tiempo y al lugar en la una provincia y en la otra, es Jaime. Es cosa ordinaria que ningun respeto ni parená saber, en Castilla y en Aragon, en un mismo tiempo tesco es bastante para enfrenar á los principes cuando el rey don Jaime trataba de la jornada de Francia, y se trala del derecho de reinar. Doña Juana, como nael rey don Fernando de volver á la empresa de Anda cida de aquel matrimonio, por no tener hermanos vaJucía. Sin embargo, una grande enfermedad, de que el rones, habia de llevar como en dote á don Alonso , su rey don Fernando cayó en la cama, fué causa que no marido, conde de Potiers.y hermano de Luis, rey do pudiese salir de Burgos. Así don Alonso, su hijo mayor, Francia, la sucesion del principado de su padre. Esto jué forzosamente enviado delante á aquella guerra, á llevaba mal el rey don Jaime que á los franceses se les causa que el tiempo de las treguas concertadas con el allegase un estado tan principal; buscaban algun color rey de Granada espiraba, y era menester acudir a los para que repudiada la primera mujer, el Conde se casase nuestros y que no les faltase el socorro necesario. Lle

con otra , y por este órden tuviese esperanza de lever gado don Alonso á Toledo, se le ofreció ocasion de hijos varones. Era esto contravenir á lo concertado en otra cosa mas importante, y fué que los embajadores Paris, como se dijo arriba. Acordose que para esto de Hudiel, rey de Murcia , venian á ofrecer en su nom efecto y para prevenirse contra el poder de Francia los bre aquel reino con estas condiciones: que el rey Hu-' tres principes hiciesen liga entre sí; efectuose y tomóso diel , recebido en la proteccion de los reyes de Castilla, este asiento á 5 del mes de junio, ano de 1241. En el fuese defendido por las armas de los nuestros de toda mismo año, á 22 de agosto, murió Gregorio IX, pontifuerza y agravio, así doméstico como de fuera, y en par fice romano. Sucedió Celestino IV, por cuya muerte, ticular le ayudasen contra las fuerzas del rey Alhamar, que fué dentro de diez y siete dias despues de su elecal cual conocia no poder resistir bastantemente; que cion, Inocencio, cuarto deste nombre, natural de G6en tanto que él viviese, para sustentar su vida queda nova, despues de una vacante de veinte meses se eqsen por él la mitad de las rentas reales. Estas condicio cargó del gobierno de la Iglesia romana. En tiempo des parecieron al infante don Alonso muy aventajadas, destos pontifices, Hugon, frailo dominico y cardenal, y la fortuna, cierto Dios, ofrecia una buena ocasion de natural de Barcelona, famoso por su muclia erudicion una grande empresa y prosperidad. Era menester apre y letras, escribia largamente comentarios sobre los lisurarse, porque si se detenia , todos 6 la mayor parte no | bros casi lodos de la Escritura sa grada. Este famoso vamudasen de parecer; tan grande es la inconstancia y l ron fue el primero que acometió, con ánimo sin duda mutabilidad que tiene la gente de los moros. Por esta muy grande, de hacer las concordancias de la Biblia, causa sin esperar á dar parte á su padre, como á cosa obra casi infinita; la cual traza puso en ejecucion y sacierta, se partió luego tras los embajadores que envió | lio con ella ayudado de quinientos monjes. La diligencia delante. Llegado, sin dificultad se apodero de todo y de Hugon imitaron despues los hebreos y tambion los puso guarniciones en el reino , que de su voluntad se le griegos; con que no poco todos ayudaron los intentos entregaba, en especial en el mismo castillo de la ciudad de las personas dadas á los estudios y letras. . de Murcia. Los señores moros, conforme á la autoridad de cada uno, fueron premiados con señalalles ciertas

CAPITULO III. rentas cada un año. La ciudad de Lorca , que de los antiguos fué llamada Eliocrota , la de Cartagena y Mula

Como el rey don Fernando partio para el Andalacla. no quisieron sujetarse al señorío de los cristianos ni | - Entre tanto que en Francia pasaba lo que se ha dicho, seguir el comun acuerdo de los demás. Era cosa larga'l en el Andalucía, concluido el tiempo de las treguas que usar de fuerza, y don Alonso no vcnia bien apercebido se concerto, se hacia la guerra, ni con grande esfuerzo para hacer guerra como el quo vino de paz; por esto, y pujanza por estar el rey dou Fernando embarazado en otros cuidados, ni con suceso alguno digno de me- | dades por ser ya de muchos años y estar en lo postrero moria por la una ni por la otra parte. Bien que don Ro- de su edad. Detúvose con ella y por su causa en aquel drigo Alfonso, por sobrenombre de Leon, herinano bas- | lugar cuarenta y cinco dias. Estos pasados, doña Betardo del rey Fernando, en una entrada que hizo en las renguela se volvió a Toledo , el Rey á Andújar al printierras de Granada con intento de robar, quedó venci cipio del año de 1243; la Reina , su mujer, que le hacia do en una pelea por los moros, que en mayor número se compañía, se quedó en Córdoba. Las tierras de los mojuntaron. Murieron en la pelea don Isidro, comendador ros debajo de la conducta del mismo rey don Fernando de Mártos, que ya era aquella villa de los caballeros de maltrataron los cristianos por todas partes, las de Jaen y Calatrava, y Martin Ruiz Argote con otras personas no las de Alcalá, por sobrenombre Benzaide; Illora fué quebles y de cuenta y soldados en gran número; que fué una mada; llegaron con las armas hasta dar vista-á la misgran pérdida para los nuestros, así de gente como men ma ciudad de Granada. Don Pelayo Correa, maestre de gua de reputacion; por lo cual, mas que por la verdad y Santiago, que acompañó al infante don Alonso en la realidad de las cosas, se suelen gobernar los sucesos de guerra de Murcia y fué gran parte en todo lo que se la guerra. El rey Moro, ensoberbecido con esta victoria, hizo, por este tiempo pasó al Andalucía y persuadió al talaba nuestras tierras sin que ninguno le fuese á la Rey, que dudoso estaba, con muchas razones pusiese mano, mudada la fortuna de la guerra y trocado en cerco con todas sus suerzas sobre la ciudad de Jaen, que atrevimiento el temor y miedo que los moros tenian an tantas veces en balde acometieran ó ganar; ofrecíanse tes. El rey don Fernando, avisado del peligro y del grandes dificultades en esta demanda: dentro de la ciudaño, mandó en Burgos á su hijo don Alonso se apre dad gran copia de hombres y de armas y muchas vituasurase para asegurar con su presencia el nuevo reino llas, la aspereza del sitio y fortaleza de los muros, adede Murcia, por estar él determinado de partirse para el más que no era á propósito el lugar para levantar máquiAndalucía. Luego pues que llegó á Andújar, dió el gas nas y aprovecharse de otros ingenios de guerra. Está 10 á los campos de Arjona y de Jaen, ciudades que se ] aquella ciudad puesta al lado de un monte áspero, tentenian en poder de los moros. Arjona no mucho des dida en largo entre levante y mediodía, es menos ancha pues se ganó de los moros con otros pequeños lugares que larga, tiene mucha agua y bastante por las fuentes que se tomaron por aquella comarca. Desde allí envió perpeluas y muy frias de que goza, el rio Guadalquiel Rey á otro su hermano, don Alonso, señor de Moli- vir corre á tres leguas de distancia; los moros los años ba, á lo mismo con un grueso ejército que le seguia, pasados para que sirviese de muy fuerte baluarte, la con que hizo entrada en los campos y tierra de Grana tenian proveida de municiones, soldados y de todas da sin parar hasta ponerse sobre aquella ciudad. El rey las cosas; ella por sí misma era de sitio muy áspero, don Fernando, por sospechar lo que podria suceder, a las fortificaciones y soldados la lacian inexpugnable. causa que de todas partes acudirian los moros á dar Venció todo esto la autoridad y constancia de don Pea socorro á los cercados y con desco de apretar el cerco, layo para que se pusiesé cerco á aquella ciudad; prosobrevino él mismo con mayor golpe de gente. Con su veyéronse todas las cosas necesarias, y el cerco se covenida y ayuda el ejército que acudió de los moros, aun | menzó y apretó con todo cuidado, que en muchos dias que era muy grande, fué vencido en la pelea y desbara y con muchos trabajos poco parecia se adelantaba. Sulado, pero no pudieron los nuestros ganar la ciudad por cedió que en Granada se alborotó la parcialidad y banestar muy fortalecida, así por el sitio y baluartes como do de los Oisimeles, gente poderosa. Corria aquel rey por la muchedumbre que tenia de los ciudadanos, espe- Moro por esta causa peligro de perder la vida y el reino; cial que en el mismo tiempo vino aviso que los moros ga suspenso y congojado con este cuidado, deseaba buszules, nombre de parcialidad entre aquella gente, tenian car socorros contra aquellas alteraciones; ninguna coapretado á Mártos con cerco que le pusieron. Movido el sa hallaba segura fuera de la ayuda de los cristianos. Rey por esta nueva, envió adelante á don Alonso, su her- Acordó, con seguridad que le dieron, venir á los reales mano, y al maestre de Calatrava para socorrer á los cer á verse con el rey don Fernando. Tuvieron su habla y cados, cuya venida no esperaron los moros. Pareció al trataron de sus haciendas. El Moro prometia que ayuRey se habia hecho lo que bastaba para conservar su daria al rey don Fernando y le serviria fuerte y lealreputacion con la rota que dieron al enemigo, no nie mente, si le recibiese en su fe y proteccion, y en señal nor de la que los suyos antes recibieron, además que de sujecion de primera llegada le besó la mano. Tomóse les tomaron muchos lugares. Volvió con su ejército se con él asiento y hízose 'confederacion y alianza con salvo á Córdoba, año de 1242. Don Alonso, su hijo, estas capitulaciones : Jaen se rinda luego, las replas por otra parte se gobernaba en lo de Murcia, no con reales de Granada se dividan en iguales partes entre los menor prosperidad, porque de los tres pueblos que se dos reyes, que llegaban por año en aquella sazon á dijo no querian sujetarse á los cristianos, por fuerza hizo ciento y setenta mil ducados; el rey Moro como feudaque Mula se rindiese á su voluntad. Dió otrosí el gasto á tario todas las veces que fuere llamado sea obligado a los campos de Lorca y de Cartagena y les hizo todo venir á las Cortes del reino; los misrnos enemigos sean mal y daño, tanto, que perdido de todo punto el brio, comunes á entrambos y tambien los amigos. Era cosa trataban entre sí de entregarse. A Sancho Mazuelos por muy honrosa para el rey don Fernando que hombres lo mucho que en esta guerra sirvió le dió el infante donde diversa religion hiciesen dél confianza y pretendieAlonso la villa de Alcaudete, que está cerca de Bugar sen su amistad y compañía con tan ardiente deseo y ra, tronco y cepa de los condes de Alcaudete, asaz no partidos tan desaventajados. Con esto, hecha la confebles y conocidos en Castilla. El Rey, venido el invierno, deracion, se rindió la ciudad; el Rey entró dentro con se fué al Pozuelo, do su madre doña Berenguela era una solemne procesion. Mandó rehacer los muros, y llegada con deseo de velle y comunicalle algunas puri- limpiado el templo , procuro fuese consagrado á la manera de los cristianos por don Gutierre, obispo de los comunicaba sus consejos y puridades; sin ellos ni Córdoba ; y para que la devocion y veneracion fuese en la casa real ni fuera della se hacia cosa que de almayor, le hizo catedral y puso proprio obispo en aque- gun momento fuese. Por el antojo y para sus aprovala ciudad. Sobre el tiempo en que se ganó Jaen no con- 1 chamientos destos daba el Rey las honras y cargos, cuerdan los autores; los mas doctos y diligentes seña perdonaba los delitos y el castigo las mas veces, sin lan el año 1243; los Anales de Toledo añaden á este saber lo que se hacia ni ordenaba. Esto acarreó al Rey cuento tres años, y señalan que se tomó mediado abril. su perdicion, como suele acontecer que los excesos de Duró el cerco ocho meses; y aunque el invierno fué los criados redundan en daño de sus principes y señomuy recio, siempre los nuestros perseveraron en los res, y tambien al cortrario. Los grandes llevaban mal reales. En este año puso fin á su historia el arzobispo que la república se gobernase por voluntad y consejo don Rodrigo, que dice fué de su pontificado el trigé de honibres bajos y particulares. Tratado el negocio simotercio. En el siguiente hallo que los catalanes y entre sí, pretendieron lo primero que aquel matrimoaragoneses anduvieron alborotados entre sí y contras nio se apartase con color de parentesco y porque la taron sobre los términos de cada uno de aquellos esta- Reina era estéril. Propúsose el negociado al romano dos, porque entrambos pretendian que Lérida era de Pontifice; personas religiosas otrosí acometieron á posu jurisdiccion. Los aragoneses alegaban que sus tier ner sobre el caso escrúpulo al Rey, que, fuera de ser ras y sus aledaños llegaban hasta el rio Segre; los ca descuidado, no era persona de mala conciencia. No talanes señalaban por término comun al rio Cinga. El aprovechó cosa alguna esta diligencia por no ser fácil rey don Jaime se mostraba mas aficionado á los catala negociar con el Papa y estar el Rey de tal manera prenRes, porque, dividido el reino, pretendia dejar á don dado con los halagos de la Reina, que el vulgo eutendia Alonso, su hijo mayor, por heredero de Aragon, y el y decia que le tepia enhechizado y fuera de sí; dado principado de Cataluña queria mandar á don Pedro, que el ánimo prendado del amor no tiene necesidad de hijo menor y mas amado, habido en doña Violante, su bebcdizos para que parezca desvariar. Tenia don Sansegunda mujer. Nombraron jueces para que señalasen cho un hermavo menor que él, de excelente natural, la raya y los términos, alegaron las partes de su de por nombre don Alonso, casado con Matilde, condesa recho, finalmente, cerrado el proceso en unas Cortes de Boloīia, en Francia. Acordaron los grandes de Porque se juntaron en Barcelona, dió el Rey sentencia en tugal que los obispos de Braga y de Coimbra fuesen á favor de los catalanes, á cuyo principado adjudicó to informar al pontífice Inocencio sobre el caso, el cual do aquel pedazo de tierra que ciñen los rios Segre y en este tiempo, con deseo de renovar la guerra sagrada Cinga, resolucion que ofendió los ánimos de don Alon de la Tierra Santa, celebraba concilio en Leon de Franso, su hijo, y de muchos señores de Aragon y aun de cia. Avisado cl Pontífice de lo que pasaba y de las cauJos catalanes. Lo que principalmente les daba disgustosas de la embajada que traian de tan léjos, sin embargo era que, dividido el reino en partes, era necesario se no pudieron alcanzar que don Sancho fuese echado del enflaqueciesen las fuerzas de los cristianos. Por esto reino; solamente les concedió que su hermano don el infante don Alonso claramente se aparto de su pa- | Alonso en su nombre, en tanto que viviese, los godre, y sentido dél se estaba en Calatayud y con él los bernase. De que hay uva carta decretal del mismo Inoque seguian su voz. Estos eran don Fernando, tio del 1 cencio á los grandes de Portugal con data deste mismo Rey, abad de Montaragon, don Pedro Rodriguez de año, que es el capítulo segundo de supplenda negliAzagra , don Pedro, infante de Portugal, y otras per- gentia prælatorum , en el libro sexto de las Epistolas sonas principales y de grandes estados, de la una na decretales. Don Alonso acudió primero á verse con el cion y de la otra , aragoneses y catalanes, que a todos Pontífice; lras esto juró en Paris las leyes y condiciocomunmente alteraba aquella novedad y acuerdo del nes que entre los principales de su nacion tenian acorRey muy errado.

dadas, que en sustancia eran miraria por el bien público

y pro comun. Hecho esto, pasó á Portugal. Los nobles CAPITULO IV.

le estaban aficionados; del Rey poca resistencia se poQue don Sancho , rey de Portugal, fué echado del reino.

dia temer, y poca esperanza tenian de su emienda.

Asi, sin dilacion y sin que ninguno le fuese á la mano, Los portugueses andaban divididos en bandos y al se apoderó de todo. De que todavía resultaron nuevas terados con revueltas domésticas y alborotos por la reyertas, en que anduvieron tambien revueltos los reocasion que se dirá. Don Sancho, segundo deste nom yes de Castilla don Fernando y don Alonso, su hijo. Lo bre, llamado Capelo, de la forma y sombrero de que primero el rey don Sancho se retiró a Galicia, donde la usaba, tenia aquel reino , que gobernó al principio no Reina estaba, forzada á huir de la misma tempestad; de todo punto mal, porque se halla que trabajó los despues, como quier que lo que pretendia de ser restimoros comarcanos con guerras y que hizo donacion á tuido en el reino no le sucediese, se fué á Toledo al rey los caballeros y orden de Santiago de Mertola y otros don Alonso, que a la sazon sucediera á don Fernando, Jugares que ganó á los moros; en lo demás fué de con su padre. Pensó recobrar el reino con las fuerzas de dicion tan mansa, que parece degeneraba en des Castilla. Impidió sus trazas la diligencia de don Alonso, cuido y flojedad. Su mujer doña Mencía, hija de don su hermano, que prometió, repudiada la primera muLope de Haro, señor de Vizcaya, en tanto grado se jer, casarse con doña Beatriz, hija baslarda del rey apoderó de su marido, que no parecia ser ni ella mu | don Alonso, y salia á pagar tributo y parias por el reino jer, sino rey, ni él príncipe, sino ministro de los antojos de Portugal cada un año, segun que antiguamente se de la Reina. Con ella en privanza y autoridad podian acostumbraba. Esta comodidad prevaleció contra lo mucho los que menos de todos debieran, con estos so- que parecia mas honesto y justificado. Allegóse el de

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