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Toledo, gente feroz y brava, y que en muchedumbre tuviese él tambien libertad de mirar por sus amigos y sobrepujaba los demás pueblos de España. Los Olcades, defendellos de toda demasia y agravio. Despedidos los donde aliora está Ocaña (Estéfano pone los Olcades embajadores con esla respuesta, luego por el mes de cerca del rio Ebro), lucron los primeros sujetados, setiembre, con intento de prevenir á los romanos y ga, Luego despues se dió cerca de Tajo una brava balalla, nar por la mano, marchó y se puso sobre Sagunto con en que asimismo perdieron los naturales la victoria, que un campo de ciento y cincuenta mil hombros, que fuo Jos cartagineses ganaron. Por el mismo liempo comen- el año primero de la olimpíade 140, como lo dice Po. zaron disensiones y alteraciones entre los saguntinos, libio. Corrió los campos, tomó y saqueó muchos pueque era abrir la puerta y allanar el camino al enemigo, blos comarcanos, solo perdonó á Denia, por dar muesque no se descuidaba. Los mas cuerdos, para remediar tra de lo que ningun cuidado tenia, que era de la esle daño, acudieron á Romu, y por sus ruegos vinie- devocion y reverencia del templo de Diana, muy faron dende embajadores, los cuales, con amonestar á los moso, que allí estaba. En los pueblos llamados antiguaunos de los sagunli os y amenazar á los olros y castigar mente Edetanos estaba Sagunto, asentada cuatro millas á algunos de los culpados, sosegaron aquellas alteracio- del mar; sus campos eran muy fértiles y abundantes, y nes, de que se temia, si pasaban adelante, que, venidos ella asaz rica por el gran trato que alcanzaba por mar y que suesen á las manos, la parte mas saca daria á Aníbal por tierra, fuerle por su sitio y por sus murallas y baentrada en la ciudad; el cual, ensoberbecido por lo que luarles. Luego que Aníbal asentó y fortificó sus reales, habia hecho y por lener allanada toda la provincia de hizo apercebir los ingenios. Comenzaron con cierta aquella parte del rio Ebro, sin quedar quien le hiciese máquina, que llamaban ariete, á batir la muralla por la rostro, revolvió su pensamiento a la guerra de Sagunto, parte mas baja, que se remataba en un valle, y por que era donde se encaminaban sus intenlos. Para dar tanto parecia mas faca. Engañolos su pensamiento, ca color á esta empresa, persuadió á los turdetanos que la batería salió mas dificultosa de lo que pensaban, y sobre los mojones moriesen pleito á los de Sagunto y los moradores se defendian con grande brio y corajo, les hiciesen guerra, ca tenia por cierto que de aquellas tanto que al mismo Aníbal, como quier que un dia se diferencias resullaria ocasion bastante para acometer lo llegase cerca del muro , pasaron el muslo con una lanza que dias atrás tanto descaba; y asimismo, que de alli que le arrojaron desde el adarve, Fué el espanto que tendria principio la guerra contra los romanos. Los sa- por este caso los suyos recibieron tan grande, que esguntinos, al contrario, viéndose mas sacos que el ene- tuvieron á pique de desamparar todos los ingenios que migo, y por estar confiados mas en la amistad de los tenian liechus; la herida tan grave, que en tanto que romanos que en sus fuerzas ni justicia , aunque era muy se curaba se dejó la batería por algunos dias. En esta clara, luego despacliaron á toda priesa embajadores á sazon los saguntinos despacharon nuevos embajadores Roma , que declararon en el Senado la causa de su ve- á Roma para protestar en el Senado y requerilles no vida ; que Aníbal les armaba asechanzas como enemigo desamparasen la ciudad amiga para ser asolada por sus suyo muy declarado, y que muy en breve con todas sus enemigos mortales; que si un poco se detenian sin fuerzas se pondria sobre aquella ciudad; que ningun falta pereceria, y el remedio despues vendria tarde. Her reparo les quedaba para no perecer ellos y sus hacien- cha cala y cata, ballaban que tenian trigo para pocos das, si el arrimo y esperanza que tenian en el Senado meses, pero que con el buen orden y repartimiento poles fallase. Decian estar aparejados á sufrir cualquier drian entretenerse algo mas. Despachados los embadaño antes que faltar en la fe puesta con aquella ciudad; jadores, repararon y fortificaron con gran cuidado los que el Senado debia advertir cuánto importaba la pres- lugares que, o por el daño recibido, ó de suyo, eran leza, pues solo el detenerse y la tardanza seria causa mas flacos. Aníbal, luego que sano de la herida , arride su perdicion y ocasion para que todos entendiesen mó sus ingenios á la ciudad, con cuyos golpes derribó los desamparaban y entregaban sus aliados á los enemi- por el suelo tres torres con todo el lienzo de la muralla gos; y por el contrario, que su constancia sola y su que entre ellas estaba. Dióse el asalto; los enemigos leallad les acarreaba tanto daño. Tratose el negocio en por la batería pugnaban de entrar en la ciudad y aqueel Senado; los pareceres fueron diferentes, y dado que jaban á los de dentro; los ciudadanos, al contrario, algunos juzgaban se debia luego romper la guerra, si- animados con el peligro, ordenaron sus haces y gentes guió se empero, y prevaleció el parecer mas recatado y delante de la muralla , con que primero sufrieron el immas biando, que fué enviar primero embajadores á petu de sus contrarios, luego, porque fuera de su esAnibal, los cuales, llegados que fueroná Cartagena en sa- peranza no eran vencidos, hirieron en ellos con tal de. zon que el verano estaba bien adelante, le avisaron de la nuedo, que los hicieron ciar y los arredraron de la voluntad del Senado ,y le requirieron de paz no liciese ciudad; sinalmente, los pusieron en huida y los siguic. molestia y agravio á los saguntinos ni á los otros sus ron hasta los reales, en que apenas con el foso y trin. aliados, y como estaba asentado en el concierto pasado cheas se pudieron defender; tal y tan grande era el no pasase el rio Ebro; donde no, que el pueblo romano espanto que cobraran. Este alrevimiento y esta vic. miraria por sus aliados y amigos que nadie los agraviase. toria fué muy perjudicial á los saguntinos, porque AniA todo esto respondió Anibal que los romanos no guar- bal se embravoció mas, y determinado do no reposar daban justicia ni la hacian, así en la muerte que poco antes de apoderarse de la ciudad, no quiso dar audienantes en Sagunto dieran á sus amigos, varones princi- cia á nuevos embajadores que de Roma le vinieron sopales, como en querer al presente se disimulasen los bre el caso; ca los romanos estaban resueltos de inten, agravios que los de Sagunto babian hecho á los turde- tar cualquier cosa anles de venir á las armas y llegar á tänas; que, como era justo, defendiesen los romanos rompimiento. Los embajadores, segun que les fuera con justicia á sus aliados, así no parecia contra razon mandado, pasaron de España en Africa, y en el Senado de Cartago se quejaron de los agravios y de todo lo que pueblo en aquella parte y campos que el vencedor les sus gentes intentaban en España. Pidieron que Aníbal señalaria, se quedó en los rcales, por no tener esperanJes fuese entregado para ser castigado, como era razon; za que sus ciudadanos se querrian entregar con aquel que sola aquella satisfaccion quedaba para que se con- partido; que era un miserable estado ni tener ni saber servase la paz. Oidos que fueron los embajadores, aceptar remedio. Viendo esto un español llamado Hangon dijo que los romanos pedian justicia ; que Ani- Alorco, sin embargo que era soldado de Aníbal, por bal, sin que nadie lo pretendiese, debia ser desterrado ser aficionado á los saguntinos, así por su naturaleza á lo postrero del mundo, porque no perturbase el estado como por acordarse del buen hospedaje que en otro apacible y quieto de su ciudad. Pero la parcialidad de tiempo le babian hecho, se metió en la ciudad por la los barquinos, que estaba prevenida por mensajeros y batería, y lo primero hizo echar fuera y apartar la gente cartas del mismo Aníbal, y por este medio corrompido popular, despues avisó en pública audiencia á los prinel Senado, desechado el consejo mas saludable, dió cipales de aquellas condiciones, injustas por cierto, respuesta en esta forma : Que las cosas se hallaban re- dijo, y graves, pero para el estrecho en que se vian ducidas á aquel estado, no por culpa de Aníbal, sino necesarias; que considerasen, no lo que perdian ni lo que de los saguntinos nació el agravio; que no hacian el que les quitaban, sino que tuviesen por ganancia todo deber los romanos en preferir nuevas amistades á la loque les dejaban; pues la vida, la libertad y las riquezas antigua. En el entre tanto Aníbal daba por algunos dias todo estaba en poder del vencedor. El razonamiento reposo á sus soldados, cansados con las peleas y bate- de Alorco fué oido con grande indignacion y bramido rias que se daban, cuando á la sazon le nació un hijo de del pueblo, que poco a poco se llegó con deseo de saber Himilce, su mujer, llamado Aspar; causó esto grande lo que pasaba. Muchos, juntando el oro, plata y alhajas alegría a su padre y a todo el ejército. Hiciéronse en los en la plaza , les pusieron fuego, y en la misma loguera reales por su nacimiento grandes juegos y regocijos de se echaron ellos, sus mujeres y hijos, determinados todas maneras. Los saguntinos por tanto no reposaban, obstinadamente de morir antes que entregarse. En el antes apercebian todo lo necesario para su defensa , y mismo punto cayó en tierra una torre, despues de muy asimismo repararon los muros por la parte que el ene- batida, que dió libre entrada a los soldados en la ciumigo abriera entrada. Por demás fué esta diligencia, dad, que ardia toda en vivas llamas y enfuego, encenca los enemigos con una torre de madera que levanta- dido por sus mismos ciudadanos, y que el enemigo proron, se arrimaron á la muralla , y desde alli, con lanzas curaba de apagar; que era igual desventura por el un y flechas, forzaban á desamparalla los que defendian la respeto y por el otro; de tal manera la guerra muda ciudad. Demás desto , quinientos africanos con picos y las leyes de naturaleza en contrario. Los moradores con palancas echaron por tierra una buena parte de la fueron pasados á cuchillo, sin hacer diferencia de sexo, dicha muralla , por no estar edilicada con cal, sino con estado ni edad. Muchos, por no verse esclavos, se mebarro, y por tanto tener menos resistencia. Hecho esto, tian por las espadas enemigas; otros pegaban fuego á los soldados, con esperanza del saco, que á voz de pre- sus casas, con que perecian dentro dellas quemados gonero les fué prometido, entraron la ciudad por fuerza con la misma llama. Pucos fueron presos, y este fué de arınas. Los saguntinos, por no ser bastantes para casi solo el saco de los soldados, dado quo muchas defender la entrada, se retiraron mas adentro, y con un preseas se enviaron á Cartago, muchas fueron robadas nuevo muro, que de repente á toda priesa levantaron, por los misinos, ca no pudieron los moradores quemajuntaron la parte de la ciudad que les quedaba con el llo todo. Duró este cerco por espacio de ocho meses, y castillo. Todo esto era poca defensa , y solamente es- en el de mayo fué destruida aquella nobilísima ciudad, tribaban en la vana esperanza del socorro que de Roma año que se contaba de la fundacion de Roma 536, del se prometian. Dióseles algun espacio para respirar con cual número hay quien quite dos años, pero concuerla partida de Aníbal, que acudió á los pueblos llamados dan todos que fué en el consulado de Publio Cornelio y Carpetanos y Oretanos, que tomaran las armas por el de Tito Sempronio. rigor que en levantar gente los cartagineses usaban; quedó en el cerco Maharbal, hijo de Himilcon, como

CAPITULO X. lugarteniente de Aníbal, el cual apretaba los soguntinos con reprimir sus correrías y salidas y ganar, como ga

Del principio de la segunda guerra púnica contra Cartago. no, otra parte de la ciudad; con que los cercados se A un mismo tiempo llegó á Roma la fama de la desa hallaban reducidos á extremo peligro. Sosegó Aníbal las truicion y ruina de Sagunto, y los embajadores enviados alteraciones de aquellos pueblos; hecho esto, dió vuelta á Aníbal volvieron de Cartago; con cuánto dolor y á Sagunto, y con su llegada se apoderó de una parte del pena del Senado y del pueblo no hay para que decillo, mismo castillo, con que los miserables ciudadanos per- la misma cosa lo da á entender; quejábanse de sí misdieron de todo punto la esperanza de poderse defender. mos, reprehendian su tardanza y sus recatos, confesaLa obstinacion sola los sustentaba, mal que en los ma- ban haber desainparado á sus amigos y entregádolos yores peligros no recibe consejo, y cuando es sin fuera en las manos de sus contrarios. Vanas quejas eran estas, zas acarrea la perdicion. Un ciudadano de Sagunto, por arrepentimiento fuera de sazon, por estar ya asolada nombre Halcon, se salió escondidamente de la ciudad, aquella nobilísima ciudad y sus ciudadanos degollay por compasion que tenia á sus ciudadanos, que con dos. Lo que solo restaba , determinar de tomar venganel peso de los males via estar fuera de juicio , comenzó za , dado que si la saña que tenian era grande, no era en particular á tratar de conciertos. Y como no alcan- nienor el miedo de venir á rompimiento y á las manos, zase otra respuesta sino que los cercados solo con sus ca el enemigo era poderoso y valiente, y que tenia á su vestidos, desamparada la ciudad, fundasen un nuevo obediencia ejércitos diestros, endurecidos con guerras de tantos años. Era esto en tanto grado verdad, que ya | apercebia para la guerra. Con esta resolucion envió ú les parecia que Aníbal, pasadas las Alpes, rompia por Ita- invernar los soldados, con licencia de visitar á los suyos lia, y que ya le lenian á las puertas de la ciudad de Ro- los que quisiesen, con tal que al abrir la primavera loma. Con todo esto se declaró luego la guerra contra dos acudiesen á Cartagena. El se partió para Cádiz á Cartago. Sortearon los cónsules las provincias: á Cor- hacer sus votos y ofrecer sus sacrificios en el famoso nelio cupo España, á Sempronio Africa con Sicilia. En lemplo de Hércules. Hecho esto, y enviados su inujer Roma y en toda Italia se hicieron á loda priesa levas de y lnijo á Africa ó á Castulon, recogió trece mil y soldados; los mozos y de edad competente eran forza- ochocientos peones españoles, llamados cetratos, por dos á tomar las armas, alistarse y acudir á las banderas; los broqueles de que usaban , ca celra es lo mismo que los de mas edad y las mujeres, que no podian ayudar broquel. Estos envió a Cartago con ochocientos made otra suerte, discurrian por todos los templos de su llorquines y mil y quinientos de á caballo para que allí ciudad, y con oraciones y rogativas, con votos y con estuviesen como en relenes; que por estar lejos de sus plegarias cansaban á los dioses. Hechos estos aparejos, tierras entendia con mayor esfuerzo y lealtad servirian y armada una gruesa flota, enviaron primeramente en lo que se ofreciese. En la misma flola en que fueron cinco embajadores á Cartago para mas justificarse y estas gentes, por retorno vinieron á España once mil para preguntar si la ciudad de Sagunto fuera destruida africanos, con la cual ayuda y con ochocientos otros por autoridad y mandado público del Senado. Llegaron soldados de la Liguria, donde está Génova, encargó á los embajadores á donde iban; el principal dellos pro- su hermano Asdrúbal la defensa de España. Dejóle olrosí puso en el Senado cartaginés lo que les fuera mandado. una armada bastante de naves para conservar el seRespondieron que no habia que tratar de la manera de ñorío del mar. Demás desto, los rehenes que habia proceder, y por cuya autoridad la guerra se hizo, si no mandado dar á las ciudades, que eran hijos de los mas solo si fué justa, si contra justicia y razon, que en el principales ciudadanos , dejó en el castillo de Sagunto, asiento antiguo que con Lactacio se puso, ninguna encomendados á un cartaginés principal, llamado Bosmencion se hizo de los saguntinos; que si Asdrúbal tar. Ordenado esto y hecho, él se puso en camino con admitió algunas otras condiciones, no debian ligar mas la fuerza del ejército y campo, compuesto de diversas á su Senado y al pueblo que el concierto de Luctacio naciones, en el cual los mas cuentan noventa mil peoal Senado romano, las condiciones del cual mudaron á nes y doce mil caballos. Polibio pone muy menor el núsu voluntad, y con aquel color las liicieron mas pesadas mero; lo mas cierto que, llegado que hobo con sus geny ásperas. Gastábase tiempo en aquellas reyertas, sin tes a las riberas del rio Ebro, con el gran cuidado que llegar al punto ni responder a la pregunta. El romano, tenia del suceso de aquella empresa, una noclie le parecogida su ropa delante del pecho a la mancra de quien reció que veia entre sueños un mancebo muy apuesto y en la halda trae algo, paz, dice, y guerra traemos; esco- de grande gentileza , que le decia ser enviado de los dioged lo que quisiéredes; y como respondiesen que él die- ses para que le guiase á Italia; por lanlo que le siguiese se lo que su voluntad fuese, soltando la ropa, dijo les sin volver atrás los ojos. Pero queél

, sin embargo, vuelto daba la guerra. Con esto los romanos, conforme al or- el rostro, vió una serpiente que derribaba todo lo que den que llevaban, pasaron á España; en ella fácilmente delante se le ponia con un grande torbellino de agua trajeron á su devocion á los Bargusios, pueblos asen- que seguia. Preguntado el mancebo qué era lo que lados en lo postrero de España, do se lendian los Ce- aquellas cosas significaban, le respondió se dejase de retanos. Mas los Volcianos, á quien asiinismo acudieron, escudriñar los secretos de los hados, y siguiese por los despidieron con palabras afrentosas y con desden; donde los dioses le abrian-camino. Pasado el rio Ebro, ca les dijeron que la buena cuenta sin duda que habian ganó la voluntad y atrajo á su devocion á Andúbal, un dado de los sa guntinos convidaba á todos á aliarse con señor el mas principal de los españoles de aquellas coellos, que ayudaban á sus compañeros solo con el nom- marcas, en cuyo poder dejó el bagaje y ropa de todo bre, y en el mayor riesgo los desamparaban. Tenian los el ejercito por marchar mas á la ligera; y á Hannon, con Volcianos su asiento, como se entiende, por alli cerca, buen golpe de soldados, encomendó la defensa de aquedado que algunos los ponen donde está Villadolce, no llas tierras. Con esto pasó adelante en su camino; y lejos de las fuentes del rio Güerva , el cual pueblo dicen entrado en los bosques y aspereza de los Pirineos, como que en memorias antiguas hallan que se llamó Volce. tres mil de los carpetanos, es á saber, del reino de ToLo que hace al caso es que, divulgada que fué esta res- ledo, arrepentidos de aquella milicia y guerra que caia puesta , todas las demás ciudades por aquella parte los lan léjos, hobiesen desamparado las banderas, recedespidieron con la misma libertad y befa. Así, se partie- lándose que si los castigaba los demás se azorarian, ron para la Gallia Narbonense, donde en una junta que de su voluntad despidió otros siete mil españoles que se hizo de aquella gente pidieron, en nombre del Sena- le pareció iban tambien á aquella empresa de mala gana. do romano, no diesen á Aníbal paso por sus tierras para Con esta maña hizo que se entendiese habia tambien Italia, como lo pretendia hacer. Oyeron los congrega- dado licencia á los primeros, y los ánimos de los demás dos esta demanda con risa y mofa, teniendo

soldados se apaciguaron por tener confianza que la mialino hacer á voluntad y en pro de los romanos por don- licia que seguian por su voluntad la podriau dejar cada de en sa perjuicio la guerra se encendiese en su tierra. y cuando que quisiesen. Pasados los Pirineos, con ayuEstaban prevenidos con dones de los cartagineses; do da de Civismaro y Menicato, hombres poderosos en la los romanos no habian recebido ni esperaban cosa al- entrada de Francia, hizo confederacion con aquella guna. Con este ruin despacho, sin efectuar cosa alguna gente que se habian puesto en armas. Pasado el rio de momento, se volvieron por Marsella á Roma. En este Ródano y vencidos los yolcas, que moraban y poscian medio Aníbal no dormia, antes con todo cuidado se las riberas de la una y de la otra parte de aquel rio, pasó con sus gentes hasta asentar los reales á las haldas trago en los romanos, porque gran número dellos pede los montes Alpes. Fué este año en España abundante reció en la pelea y en el alcance. Invernó en aquellos de mantenimientos, pero fallo de salud. Hobo enfer- lugares Aníbal, y el cónsul Sempronio se partió á Romedades y peste, temblores de tierra, ordinarias tor- ma para hallarse á la eleccion de los nuevos cónsules. mentas en la mar, en el cielo aparencia de ejércilos Pasados los frios, antes que llegase el verano del año que se encontraban con grande ruido de las nubes : que se contó 537 de la fundacion de Roma, Anibal pronóstico de los males que desta guerra resultaron movió con sus gentes, y pasó adelante la vuelta de Ropor toda la redondez de la tierra.

por des

ma. Pero al pasar del inonle Apenino y á la entrada de

la Toscana, con una grande tempestad que se levantó CAPITULO XI.

y por la fuerza del frio, murieron muchos del ejército Cómo Anibal pasó en Italia.

cartaginés. Volvió por esta causa Aníbal alrás, y sieis

do asimismo de vuelta el cónsul Sempronio, que dejaMuchas cosas de las que siguen son por la mayor ba en Roma elegidos nuevos cónsules, es á saber, Gncio parte extranjeras; pero si no las tocamos, no se pueden Servilio y Caio Flaminio , junto á Placencia se dió una entender las que en España sucedieron. Dará perdon el muy herida y muy dudosa batalla ; pelearon hasta que lector, como es razon, a los que seguimos pisadas aje- sobrevino la noche y casi con igual daño de entrambas nas, y aun con mayor brevedad apuntamos lo que otros partes. El cónsul se quedó en aquella ciudad, y el relatan á la larga. El cónsul pues Publio Cornelio, al cartaginés se recogió á la Liguria, que hoy es lo de cual por suerle cupo á España, como queda dicho, se Génova, para rehacerse, por haber perdido grande para embarcó y liizo á la vela para impedir el camino que los te de su ejército. enemigos hacian. Asentó sus reales á la ribera del rio Ródano, con atencion que tenia de hallar alguna oca

CAPITULO XII. sion para bacer algun buen efecto, Sucedió que trc

De lo que sucedió por el mismo tiempo en España, cientos caballos romanos, que salieron á descubrir cl campo y tomar lengua de los enemigos, se encontraron Llegado que fué Gneio Scipion á España, sujeto al y vencieron en cierto encuentro á quinientos ginetes nombre y imperio romano toda aquella parte de aquella alárabes, que con el mismo intento habian salido de provincia que corria bácia el mar desde los pueblos quo sus reales. Alegróse el Cónsul con esla victoria, ca por llamaban Lacetanos y el cabo de Creus hasta el rio Ebro; este principio pronosticaba que lo demás de la guerra

erraca

ca por el aborrecimiento que tenian á los cartagineses, sucederia bien; y con desco de dar al enemigo la bala- de bucna gana mudaban partido y alianza. La armada Na de poder á poder, se adelantó basta donilo se juntan romana invernó cerca de Tarragona; debió ser en el los dos rius el Ródano con la Sona, la cual los latinos puerto de Salu , el cual parece que Ruso Festollamó Sollamaron Araris. Pero halló que ya el eucmigo era par- lorio, distante de aquella ciudad cuatro millas a la parte lido, y sin embargo llegó hasta los reales de los cartagi- de poniente. Despues desto, el capitan romano Irabó Jieses, que balló vacíos. No tenia esperanza de alcan- pelea con Hannon, al cual, como queda dicho, Anibal zar al enemigo; por esto, vuelto al lugar de do parlió, dejó para guarda de aquellas partes. La batalla fué junto luego que despachó á su hermuno Gncio Scipion con á un pueblo llamado Cisso, que entienden hoy es Sisso la fuerza del ejército y con una armada de galeras para 6 Saide, lugares conocidos por aquellas comarcas. El acoineler á España y defender en ella á los aliados del campo y la victoria quedó por los romanos; murieron pueblo romano, él con pocos volvió por mar á Gúnora, seis mil de los enemigos, los presos llegaron a dos mil, con intencion que en lialia no le faltarian soldados ni y entre ellos lucron el mismo Hannon y Andúbal, que, ejércilo para ir contra A vibal. El cual, por lo que hoy como se dijo, seguia la parte de Cartago; pero diéroulo llamamos Saboya, y antiguamente fueron los Allobro- en la pelea lales lieridas, que dentro de pocos dias muges, pasi, aunque con grande dificultad, en espacio de rio dellas. Asdrúbal, que avisado venia á socorrer á quince dias las Alpes de Turin. Desde allí rompió por Hannon, como pasado el rio Ebro tuviesc noticia de la Italia con su ejército de veinte mil peones y seis mil rota, doblando el camino hacia la mar, mató á muchos caballos, coino cuenlan algunos; olros dicen que lleva- marineros y gente naval de los romanos que halló desba cien mil peones y veinle inil caballos. Lo que consta cuidados y sin recelo de su venida; y con la misma prescs que los romanos no tenian fuerzas bastantes para teza, por miedo del capitan romano, que movido de la resistir, por ser sus soldados nuevos y bisoños, como fama de aquel hecho se apresuraba para revolver sobro levantados de priesa. Por donde cerca del rio Ticino, él, tornó á pasar el rio Ebro, y llevó sus gentes, quo dicho al presente Tesino, el cónsul, en cierto encuentro eran ocho mil infantes y mil caballos, á lugares seguros. que tuvo con el enemigo, á manera de vencido y aun Gneio, del Ampurdan, donde despues de la huida de los gravemente herido, se retiró á sus reales, de donde la cartagineses era ido, fué forzado á dar la vuelta y acunoche siguiente se partió como huyendo, y se metió en dir á los pueblos llamados llergeles, donde está Lérida, Placencia con mayor confianza que tenia en los muros á causa que despues de su partida, desamparada la amisque en sus fuerzas. Verdad es que al otro cónsul, llama- tad romana, se habian pasado a la de Cartago. Lledo Sempronio, sucedian mejor las cosas en Sicilia, ca gado que suí, perdonó á los demás, y contentóse con venció por mar dos armadas cartaginesas, que fué castigar en dineros á los de un pueblo llamado Atacausa de mandalle rolver contra Anibal y acudir al ma- nagia, y mandarles dar mayor número de rehenes coyor peligro; pero con su venida no se mejoró nada el mo á ciudad que tenia mas culpa, ca fuera la primera partido de Roma; antes en una balalla que el mismo en alborotarse. Desde alli movió la vuelta de los pueblos div al enemigo juulo al riu Trebia, se hizo mayor es- Accitanos, que moraban cerca del rio Ebro, y se mantenian en la amistad de los cartagineses. Olros dicen á los mallorquines y soldados ligeros; asimesmo en la que fueron los Auselanos, pueblos á las haldas de los angostura que hay entre los montes y el lago puso la Pirineos donde hoy estan las ciudades de Vique y de cahalleria. Acudió el Cónsul con sus gentes con resoGirona. Lo que consta es que, puesto que luvo sitio so- lucion de dar la batalla; pero con la astucia de Aníbal, bre Acele, cabecera que era de aquellos pueblos, los rodeados los romanos por frente y por las espaldas y Lacelanos, donde está Jaca, que venjan en su socorro, como metidos en una reu, fueron sin dilicultad venciy de noclie pretendian entrar dentro de aquella ciudad, dos y desbaralados. Perecieron quince mil hombres del cayeron en una celada que les pusieron, donde fueron ejército romano, y otros tantos fueron presos, y el muerlos hasla doce mil dellos, y los demás para salvar- mismo Cónsul pasado con una lanza. Poco despues en se se pusieron en huida. Los cèrcados, perdida toda es- la Umbria, donde ahora está Espoleto, cualro mil cabaperanza de tenerse, principalmente que Amusito, el llos que, enviados por el cóusul Servilio de socorro por principal dellos, secretamente se huyó á Asdrúbal, for- no saber lo que pasaba , iban sin recelo á juntarse con zosamente se hobieron de entregar el dia lrigésimo del los demás del ejército romano, fueron muerios y descerco. Penáronlos en veinte talentos de plata; y con trozados por Aníbal. Y en prosecucion de la victoria, esto, elejército romano fué enviado á invernar á Tarra- se puso sobre Espoleto, colonia y poblacion de romagona, y á los españoles que les seguian asimismo envia- nos; pero como no la pudiese entrar, dió yuelta hácia ron á sus casas. Grandes prodigios cuentau se vieron en los Picenos, que hoy es la Marca de Ancona, cuyos España, Italia y Africa, por la cual causa, para aplacar campos, que son muy buenos, corrió y taló sia piedad la ira del cielo, se ofrecieron y renovaron los mayores y ninguna. Despues por los Marsos y Marrucinos rompió mas extraordinarios sacrificios que de costumbre te- por la Pulla, donde se detuvo cerca de dos pueblos, llavion, en especial en Cartago, de tal manera y en tanto mados el uno Arpos, el otro Luceria. En el entretanto, grado, que acudieron á la costumbre de los de Feni- los ciudadanos de Roma , atemorizados con pérdidas y cia, que dejaran por largo tiempo, y conforme á ella rotas tan grandes, acudieron al postrer remedio , que acordaron de aplacar la deidad de Saturno con la san

fue nombrar un dictador con autoridad suprema y exgre de los bijos de los mas principales; ea consideraban Iraordinaria de mandar y vedar á su volunlad. Eslo que en el suceso de aquella guerra, bueno Ó malo, es- fué Quinto Fabio Máximo; él nombró por macslro do taban en balanzas las haciendas y vidas de todos. Dicen la caballería, que era la segunda persona en autoridad, asimismo que entre los demás mozos que se debian sa- á Quinto Rufo Minucio. Miraron los libros de las Sibilas, crificar, fué por el Senado señalado Aspar, lijo de Aní- y por su mandado votaron un verano sagrado. Demás bal, como del mas principal ciudadano de su ciudad; lal deslo, de cada una de las monedas que llamaban ases, era el pago que daban a los trabajos de su padre, ó por y tenian peso de una libra de á doce onzas, batieron mejor decir, todo esto es fábula compuesta para entre- seis ases, cada cual del mismo valor que los antiguos, tener al lector con la diversidad y extrañeza deslas que era como de cuatro maravedis de los puestros; traias, inventadas por nuestros historiadores, que aña- estos ases, menores por esta causa de ser la sexla parte den el niño fué librado de la muerte por los ruegos de de los antiguos y do á cada dos onzas no mas, se llasu padre, que decia tenia por mejor arenturar su vida maron sexlanlarios. Enviaron asimismo naves en Esen aquella guerra que, por obedecer á aquella religion paña cargadas de viluallas; mas como cerca del puerto ó supersticion de su patria, derramar, en duda de ser Cosano, que hoy se entiende es Orbitello, cayesen en oido, la sangre de su liijo, que mucho amaba.

las manos y poder de la armada cartaginesa , se vieron

en necesidad de armar de nuevo y juular bajeles de CAPITULO XIII.

todas parles para la defensa de las marinas de Italia.

Grandes apreturas eran estas; pero sin embargo, el DicDe la batalla que se dió junto al lago Trasimeno.

tador, luego que luvo junto un buen campo, partió la Pasado el invierno, y con levas que el cartaginés vuella de la Pulla con iulento y resolucion de entretebizo de gente en lo de Génora, reparado el cjércilo, verso y nunca dar al enemigo lugar de venir á batalla: que quedó mal parado de las refriegas ya dichas, Aní- ardid muy saludable, con que la ferocidad y orgullo bal pasó las cumbres del monte Apenino con mayor del carlaginés comenzó á eu fuquecer y juntamente á facilidad y prosperidad que ailes. Dado que en aquel sanarse las lieridas recebiilas por poca consideracion y viaje, al pasar las lagunas que de las crecientes de rio demasiado brio de los caudillos pasados. Dado que Arno quedaban, por causa de la mucha lumedad y no le dió mas en qué cnlcuder el enemigo que la lefrio perdió el uno de los ojos, con que que lo mas seo meridad de Minuciu, conlra quien le era menester cony por el mismo caso mas ficro y.cspantable. Muchos traslar, y juutamente contra el atrevimiento de los solo hombres y bestias perecieron y casi todos los clefanles dados y la mala voz que del anılaba, cosa que muchas que en su hueste llevaba. Con todas estas incomodida- veces bizo despeñar á grandes capilanes; ca lodos murdes paso adelante, y llegó al lago Trasimncno, que está en muraban del recalo del Dictador, y se lo alribuian á aquella parle de Toscana donde la ciudad de Corlona, cobardia , y le ponian, como acontece, olros nombres y no lejos de la ciudad Perosa, de la cual hoy tiene cí de afrenta. En España, Asdrúbal envió con una giucsa apellido, ca se llaina el lago de Perosa. Corrió y taló armaila á limilcon para correr las marinas que en los campos de aquella comarca con intento de irritar aquella provincia cslaban á devocion de los romanos, al cónsul Caio Flaminio, que era salido contra él, yle- y luego que le hobo despachado, él mismo acudió por merariamente se iba á despeñar en su perdicion. Asen- tierra cou un ejército de veinte mil hombres. El capitan ló sus scales en la campaña rasa detras de un ribazo romano Gneio Scipion, por no lener fuerzas bastantes que cerca cslaba; armó otrosí una celada, en que puso para ambas partes, acordó de conservar el señorío de

pa

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