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quecieron y adornaron; pero fué desdichada con este do el Rey de la hermosura grande y apostura de doña matrimonio, que era lo que se esperaba seria el colmo María de Padilla , doncella que se criaba en la casa de de su felicidad. Así la fortuna 6 alguna causa oculta se don Alonso de Alburquerque. Comenzó esta comuniburla de las humanas esperanzas y hace juego de nos cacion y favores en la villa de Sahagun, olvidado de su y de todo aquello que estimamos. Don Enrique, conde esposa y loco con estos nuevos amores, de donde rede Trastamara, de las Astúrias, donde se huyó despues sultó la total destruicion del Rey y del reino; fué el de las muertes de su madre y de Garci Laso, se pasó á medianero é intercesor destos deshonestos y desdichaPortugal, desconfiado de la voluntad del Rey y por no dos conciertos Juan de Hinestrosa , tio de la dama. Esser tan poderoso que le pudiese resistir. El rey de Por- tos perversos hombres conquistaban la tierna edad y tugal, movido de la lástima de don Enrique y con mie- voluntad del Rey con un pésimo género de servicio, do del peligro que corria el rey don Pedro por el odio y que era proponerle todas las maneras de torpes entreenojo que el reino con él tenia, parecíale que le tocaba tenimientos y ayudarle á conseguir sus deleites desá él mirar por su persona, pues era su nieto, hijo de su honestos sin ningun respeto de lo honesto ni miedo de hija; rogóle se viesen en Ciudad Rodrigo. En aquellas los hombres; en gravísimo perjuicio de la república vistas alcanzó dél que restituyese y perdonase á don granjeaban el favor y privanza del Rey. En el palacio Enrique. En tanta consusion y diversidad de voluntades todo era deshonestidad, fuera del todo crueldad, á la y tantos enojos no era posible que hobiese quielud, di cual todos los demás vicios del Rey reconocian y daban Jas cosas podian estar sosegadas. En el principio del la ventaja. Revolvió el Rey con las armas contra Monaño de 1352 se empezaron a mover discordias civiles tagudo y le tomó con otros pueblos á él cercanos, ca doa en el Andalucía y en las Astúrias y en tierra de Murcia. Tello los habia desamparado y huídose á Aragon. Los Don Alonso Fernandez Coronel , muy rico y de grande reyes de Castilla y de Aragon, convidados con la cerautoridad entre los ricos hombres del Andalucia, po- canía de los lugares, acordaron de tratar de concorseia á Aguilar por merced del Rey, sobre el cual pueblo darse entre sí; no se vieron, pero enviáronse sus tuvo antes mucho tiempo pleito con Bernardo de Ca- embajadas, y al fin se juntaron en tierra de Tarazona brera. Recelábase del Rey, porque cuando estuvo en- don Alonso de Alburquerque y Bernardo de Cabrera; fermo en Sevilla se dejó decir que le debia suceder en el allí concluyeron las paces, segun que á ellos mejor les reino don Juan de Lara, cosa de que el Rey tomó con él pareció. Concertose que los reyes tuviesen los mismos grande enojo. Confiado pues este caballero en la for- por amigos y enemigos, que perdonasen á trueco, el taleza de su villa de Aguilar , fortificó y basteció las uno á don Tello, y el otro á don Fernando de Aragon. otras villas y castillos de su estado y procuró de aliarse Concluidas estas cosas tornó el Rey á la Andalucía y con muchos grandes. Hizo gente de guerra y pidió acercó la villa de Aguilar; los cercados, con grande lealalgunos príncipes de fuera del reino que le ayudasen, lad , sufrieron cuatro meses el cerco hasta el mes de en particular para este efecto envió á tierra de moros á febrero del año de 1353, en que se tomó la villa por su yerno don Juan de la Cerda , hijo de don Luis. No le fuerza. Oia misa don Alonso Coronel, cuando le dijequiso favorecer el rey de Granada por las treguas que ron que se entraba la villa; no dejó por tanto de tenia con el rey de Castilla; lampoco en Africa halló oirla hasta que fué la sagrada hostia consumida; estaamparo alguno, antes se dice que le ayudó y sirvió á ba cierto de su muerte y sin ninguna esperanza de ser Abohanen en una memorable batalla en que fueronque- perdonado. Prendiéronle dentro de una torre en que brantadas las fuerzas de su padre Albohacen. De allí se entró para defenderse. Fué castigado con las pedas se volvió á Portugal, do anduro huido y desterrado, que se dan por las leyes á aquellos que han ofendido á puesta la esperanza de recobrar su patria en sola la cle- la majestad real. Lo mismo avino á cinco compañeros mencia y misericordia ajena. Su mujer doña María Co- suyos, hombres principales que con él hallaron. La vironel, por no poder sufrir la ausencia del marido, quiso lla mandó el Rey desmantelar; así, derribados los mumas perder la vida que dejarse vencer de malos y des- ros, dió perdon al pueblo. En el mismo mes de febrero honestos deseos; así, fatigada una vez de una torpe co- á los 25 falleció don Gonzalo de Aguilar, arzobispo de dicia, la apagó con un tizon ardiendo que melió con Toledo, dicen en Sigüenza, y que allí yace sepultado. enojo por aquella misma parte donde era molestada; Las revueltas de Castilla, que ya comenzaban, por mujer digna de mejor siglo y digna de loa, no por el ventura tenian al arzobispo don Gonzalo fuera de su hecho, sino por el deseo invencible de castidad. En el iglesia, donde murió. Sucedióle sin duda don Vasco 6 entre tanto el rey de Castilla acudió a los movimientos y Blas, que el mismo es, que fué dean de Toledo, y á la alteracion del Andalucía. Tomó muchas villas á don sazon era obispo de Palencia y chanciller del Rey; su Alonso Coronel. Tralaba y daba órden de cercar la padre Fernan Gomez, camarero del rey don Fernando villa de Aguilar, cuando juntamente tuvo aviso que don el Emplazado y hermano de don Gutierre el Segundo, Enrique, confiado en la fortaleza de Gijon, levantaba prelado de Toledo. Partiose el Rey de Aguilar para bandera en las Astúrias y se apercebia de armas, y que Córdoba en sazon que doña María de Padilla le parió á su hermano don Tello, dende Montagudo en la raya de su hija doña Bealriz. De allí se vino al reino de Toledo. Aragon hacia muchos robos en sus tierras. El Rey, de- En Torrijos, que es una villa que está cinco leguas de jada la Andalucía , se partió á las Astúrias, porque los Toledo, en un torneo que se hizo en las alegrias por las movimientos de aquella provincia eran mas peligrosos. habidas victorias y nacimiento de la hija, fué herido el Llegado el Rey, luego se rindieron los que tenian la Rey en una mano, de que estuvo en grande peligro sorlaleza de Gijon á partido que el Rey los perdonase á de la vida á causa que con ningunos beneficios ni diliellos y á don Enrique, que andaba escondido en las gencia los cirujanos le podian restañar la sangre. A esta mop luñas comarcanas. En esta jornada quedó prenda- villa vino don Juan Alonso de Alburquerque de una embajada en que fué al rey de Portugal; y por su consejo se aderezó su partida para el castillo de Montalvan, que vino con él don Juan de la Cerda, á quien el Rey reci- es una fortaleza sentada a la ribera del rio Tajo, donbió en su gracia con palabras amorosas; mas no se pudo de dejó á su amiga, que antes era ya combleza. La Reialcanzar del que le quisiese restituir los pueblos que na, su madre, y su tia la reina doña Leonor, avisadas de tomó á su suegro, que ya comenzaba á señorear en él lo que el Rey queria hacer, le hablaron en secreto y con no la razon y equidad, sino el rigor, la fuerza, el an- muchas lágrimas le rogaron y conjuraron por Dios y por tojo y apetito. Daba por excusa que de la mayor parte sus santos que no fuese á despeñarse y á perder y destenia hecha merced á su hija, como si ya la recien na- truir temerariamente su persona , fama, reino y todas cida tuviera necesidad de dote para casarse y de estado sus cosas; que mirase lo que se diria en el mundo; que con que sustentarse. Por este mismo tiempo doña seria causa de que Francia le hiciese guerra, porque no Blanca de Borbon llegó á Valladolid, acompañada del sufriria tan grande agravio y mengua, además que davizconde de Narbona y del maestre de Santiago don ria ocasion para que los suyos se revolviesen, pues los Fadrique, que la salió á recebir; don Alonso de Albur- estados se sustentan mas que con otra cosa con la buequerque queria que se hiciesen luego las bodas. Era á

na fama y opinion, y que contra aquellos que no están Ja sazon el que lo mandaba todo con autoridad y seño- bien con Dios y los deja de su mano, se conjuran y harío tan grande, que a las veces decia al Rey palabras cen á una los hombres y todos los males é infortunios pesadas. Pesábale, y con razon temia que los deudos de del mundo; que tuviese lástima y le moviese las lágridoña María de Padilla viniesen á ser los mas intimos y mas de su esposa, y no trocase su amor por una torre privados del Rey, por esto le queria casar. Mas como deslionestidad, no viniese desta maldad á caer en su se hallaba enlazado en los amores de doña María no total destruicion. No se movió el Rey por cosa que le podia sufrir que le necesitasen á obedecer, especial-dijesen, antes negó tener tal intento; pero luego hizo mente que con los años se hacia mas fiero é indoma- traer de secreto los caballos y se fué sin hablar a nadie. ble, ni ya don Alonso de Alburquerque podia tanto con Don Enrique y don Tello y los infantes de Aragon fueél y privaba menos. Los ministros y consejeros muy ron tras él, que muchos de los grandes daban en acoprivados suelen ser pesados á sus señores, mayormente modarse con el tiempo y en lisonjear y saborear el gusto si ellos se adelantan en la privanza ó los señores se mu- del Rey, un pésimo género de servicio. Solo uno, que dan de voluntad. De aquí luvo principio su caida con era don Gil de Albornoz, cardenal y antes arzobispo de menor sentimiento y lástima del pueblo, en cuanto to- Toledo, como el que era en todo muy señalado, no dedos creian que el fuera el principio, por la mala crianza jaba de ainonestarle lo que le convenia y de palabra y del Rey, de todos los desórdenes pasados. Celebráronse por cartas le reprehendia; ocasion y principio de sertodavía las bodas en 3 de junio con poca solemnidad y le pesado y odioso. Cuanto las causas de aborrecerle aparato, pronóstico de que serian desgraciadas; así lo eran mas injustas, tanto era el odio mayor. Antes de sospechaba la gente. Fueron los padrinos don Alonso este tiempo con color que tenia en su tierra ciertos nede Alburquerque y la reina de Aragon doña Leonor; gocios tocantes á su casa , alcanzada licencia, se retiró halláronse presentes en la fiesta don Enrique y don á Cuenca. De allí pasó á Francia, do los papas residian, Tello, hermanos del Rey, don Fernando y don Juan, ca tenia por mejor vivir desterrado que traer la vida al infantes de Aragon, don Juan Nuñez, maestre de Ca- tablero por estar el Rey enojado, en especial que tres latrava, don Juan de la Cerda y otros ricos hombres. años antes, como ya se dijo, fuera criado cardenal por Por estos mismos dias en Francia se celebraron otras Clemente VI. Sucedió a Clemente Inocencio el año pabodas mas dichosas que las nuestras, por los muchos sado, el cual con este Prelado consultaba todos los neliijos que dellas procedieron y el grande amor que hobo gocios. El Rey y doña María de Padilla desde Montalvan entre don Cárlos, rey de Navarra, y su esposa madama se fueron á Toledo. Eu Valladolid se consultó de haJuana , hija mayor del rey de Francia. Deste matrimo- cerle volver por fuerza; no se le encubrió este trato al nio tuvieron tres hijos, que fueron Cárlos, Filipe y Pe- Rey. Indignose grandemente contra don Juan Alonso dro (don Filipe murió en sus primeros años); otras tres de Alburquerque, que fué el que movió esta plática, hijas María , Blanca y Juana. Blanca falleció de edad en tanto grado, que para aplacarle le fué necesario darde trece años; sus hermanas casaron con grandes prín- le en rehenes un hijo suyo llamado Gil; en fin, con cipes. De otra señora le nació antes desto al rey Carlos grandísimos ruegos de los grandes se alcanzó que quiotro hijo llamado Leon, de quien descienden en Navar- siese volver á Valladolid á ver la Reina, pero no estuvo ra los marqueses de Cortes. De don Pedro, hijo legi- con ella sino solos dos dias; tan desasosegado le traia timo del mismo Rey, se precian venir por línea feme- y tan loco el amor deshonesto. Fué fama que le enhenina los marqueses de Falces, casa asimismo principal chizaron con una cinta, sobre la cual un judío hizo tade Navarra,

les conjuros, que le parecia al Rey que era una grande

culebra. Algunos luvieron sospecha temeraria y desCAPITULO XVIII.

vergonzada que el Rey no sin causa se aparló tan reQue el rey de Castilla dejó á la reina doña Blanca.

pentivamente de su mujer doña Blanca, sino porque

hallo cierta traicion de su hermano don Fadrique, paAun no eran bien acabadas las fiestas de las bodas, dre de don Enrique, á quien en Sevilla no parió, sino cuando ya al rey de Castilla daba en rostro la novia , y crió una judía llamada doña Paloma, tronco de quien no la podia ver por estar embebecido y loco con los desciende la casa y familia de los Enriquez, inserta en amores de doña María de Padilla, no mas hermosa que la casa real de Castilla. Cosas que no me parecen vela Reina, y de linaje , aunque noble, humilde, si se risímiles , antes creo que despues que un deshonesto compara con la excelencia roul. Dende a dos dias el Rey amor se apodera del corazon y entrañas de un hombre dicionado, no hay que buscar otros hechizos ni causas dias pasados se liobiese huido á Aragon por miedo qui para que parezca que un hombre está loco y fuera de po le atropellasen, llamado del Rey con cartas blandas juicio. De Valladolid se fué el Rey á Olmedo, villa de y amorosas, se vino á su villa de Almagro, pueblo prinaquella comarca , y por su mandado vino allí de Toledo cipal de su maestrazgo. Allí por mandado del Rey le doña María de Padilla, sia que mas el Rey tuviese me- prendió don Juan de la Cerda, que ya estaba favoreci. moria ni lástima de la Reina, su mujer. Don Alonso de do y aventajado con nuevos cargos. El mayor delito Alburquerque algunos dias se recogió en ciertas villas que el Maestre tenia cometido era ser amigo de don fuertes de su estado; despues por miedo que el Rey Juan Alonso de Alburquerque, y ser parte en el conseno le hiciese fuerza se pasó á Portugal. Parecióle que jo que se tomó de suplicar al Rey volviese con la reina do se podia nada fiar de la fe y palabra de quien tenia doña Blanca luego que la dejó. No paró en esto la sana, en poco la santidad del malrimonio y la religion del sa- anles hizo que á la hora eligiesen en su lugar por maescramento. Don Fadrique, maestre de Santiago, habia tre á don Diego de Padilla, sin guardar el orden y cereestado mal con el Rey desde que hizo matar á su ma- monias que se acostumbraban en semejantes elecciones, dre. Ahora, vuello á su amistad, se vino á Cuellar, do sino arrebatada y confusamente sin consulta alguna; entonces la corte estaba. Con su hermano don Tello se y al maestre don Juan Nuñez súbitamente le hicieron casó en Segovia doña Juana , hija mayor de don Juan morir en la fortaleza de Maqueda, en que le leniao prede Lara. Llevó en dole el señorío de Vizcaya; favore- so. Dió el Rey á entender que le pesaba de que le hocieron á este casamiento los deudos de doña María de biesen muerto, no se sabe si de corazon, si fingidaPadilla, con intento de hacerse amigos y tener obliga- mente por evitar la infamia y odio en que podia incurrir dos los hermanos del Rey, que ya estaban mal con don con una maldad lau atroz y descargarse de un hecho tan Alonso de Alburquerque. La reina doña Blanca residia feo con echar la culpa á otros. Pero, como quier que en Medina del Campo en compañía de la Reina, su sue- no se hizo ninguna pesquisa ni castigo, todo el reino gra; pasaba la vida mas de viuda que de casada con se persuadió ser verdad lo que sospechaban, que lo maalgunos honestos entretenimientos. De allí por man- taron con voluntad y órden del Rey. Despues desto se dado del Rey fué llevada á Arévalo, con órden que liizo guerra en la lierra de don Juan Alonso de Alburla dejasen hablar con su suegra ni con ninguno de los querque, que tenia muchas villas y castillos muy fuergrandes. Pusieron por guardas de la que no pretendia tes y bien bastecidos. Cercaron la villa de Medellin, huir á don Pedro Gudiel , obispo de Segovia , y á Tello que está en la antigua Lusitania; desconfiado el alcaiPalomeque, caballero de Toledo. Mudó el Rey los ofi- de de podella defender, dió aviso á don Alonso del escios de su casa, y hizo su camarero á don Diego Garcia tado en que se hallaba y con su licencia la entregó. de Padilla, hermano de su amiga, dió la copa á Alva- Asimismo se puso cerco á la villa de Alburquerque, ro de Albornoz, y la escudilla á Pero Gonzalez de Meu- plaza fuerte y que la tenian bien apercebida ; así, no la doza , fundador de la casa de Mendoza, digo de la pudieron entrar. Levantóse el cerco y quedaron por graudeza que hoy tiene, que entonces en aquella parte ironteros en la ciudad de Badajoz don Enrique y don de Vizcaya que se llama Alava poseia un pueblo deste Fadrique, para que los soldados de Alburquerque no gombre, de que se tomó este apellido de Mendoza. Fué hiciesen salidas y robasen la tierra. Esla traza dió ocahijo deste caballero Diego de Mendoza , que el tiempo sion á muchas novedades que despues sucedieron. Fuéadelante llegó á ser almirante. Eslas mudanzas de ofi- se el Rey á Cáceres; desde allí envió sus embajadores cios se hicieron en odio de don Alonso de Alburquer- al rey don Alonso de Portugal, que en aquella sazon en que, que en la casa real tenia obligados á muchos. Lo la ciudad de Ebora celebraba con grandes regocijos las mismo se hizo en Sevilla, donde el Rey se fué venido el bodas de su niela doña María con don Fernando, inotoño, que quitó en el Andalucía muchos oficios que fante de Aragon. Los embajadores, habida audiencia, el de Alburquerque á muchos grandes y ricos hombres pidieron al Rey les mandase entregar á don Juan Alouproveyó el tiempo de su privanza. Así se truecan y mu- so de Alburquerque para que dicse cuenta de las rendan las cosas deste mundo. No hay cosa mas incierta, tas reales de Castilla, que tuvo muchos años á su cargo, mudable y sin firmeza que la privanza con los reyes, que sin esto no debia ni podia ser amparado en Portuespecialmente si es granjeada con malos medios. Has | gul. Como don Juan Alonso estaba ya irritado con tan bíase el Rey entregado de todo punto, para que le go- continuos trabajos no sufrió su generoso corazon este bernasen, a doña María de Padilla y á sus parientes; ultraje. Respondió con grande brio á esta demanda de ellos eran los que mandaban en paz y en guerra, por los embajadores que él siempre gobernó el reino y adevyo consejo y voluntad el Rey y reino se regian. Los ministró la hacienda del Rey, su señor, leal y fielmente; grandes y los inismos hermanos del Rey, conforman- que estaba aparejado para defender esta verdad en dose con el tiempo, caminaban tras los que seguian el campo por su persona; que relaba como á fementido á viento próspero de su buena fortuna, y á porfía cada cualquiera que lo contrario dijese; cuanto á lo que deuno pretendia con presentes, servicios y lisonjas tener ciun de las cuentas, dijo estaba presto para darlas con granjeada la voluntad de doña María de Padilla, con pago como se las tomasen en Portugal. Pareció que se que se veia el reino lleno de una avenida de torpes y justificaba bastantemente. Con esto los embajadores feas bajezas. En el invierno con las grandes y couti- fueron despedidos sin llevar otro mejor despacho. A los Duas lluvias salieron de madre los rios; especial en Se- hermanos del Rey pesaba mucho que las cosas del reivilla la creciente sué tal, que por miedo no la asolase no anduviesen revuellas y estuviesen expuestas para ser calafelearon fuertemente las puertas de la ciudad. En presa de cada cual. Pensaron poner en ello algun remeel principio del año siguiente de 1354, como quier que dio; la comodidad del lugar los convidaba, acordaron don Juan Nuñez de Prado, maestre de Calatrava, en de confederarse con dou Juuu Alonso de Alburquerqudy que cerca se hallaba. Enviáronle su embajada , y me- cada dia otros grandes, en especial don Fernando de diante ella concertaron de verse entre Badajoz y Yel

Castro , hermano de doña Juana de Castro, por vengar Yes. Allí trataron de sus haciendas y consultaron de ir con las armas la injuria que el Rey hizo á su hermana, á la mano al Rey en sus desatinos y temerarios inten- se confederó con ellos. Lo mismo hicieron los ciudadatos. Arrimáronseles otros grandes. Las fuerzas no eran nos de Toledo por estar mal con la locura y desatino iguales á empresa tan grande ; solicitaron al infante del Rey y tener lástima de la reina doña Blanca. Las Don Pedro, hijo del rey de Portugal, para que se aliase

ciudades de Córdoba, Jaen, Cuenca y Talavera siguiecon ellos, con esperanzas que le dieron de le lacer rey ron la autoridad y ejemplo de Toledo; despues se les de Castilla, así por el derecho de guerra como por el juntaron los hermanos infantes de Aragon. Favorecian de parentesco, como nieto que era del rey don San- las reinas doña Leonor y doña María este partido por cho, hijo de doña Beatriz, su hija. Dejóse de intentar parecerles que la enfermedad y locura del Rey no se esto á causa que el rey de Portugal, luego que supo es- podia sanar con medicinas mas blandas. Desta suerte tas trazas, estuvo mal en ello y lo estorbó. Esta nueva se abrian las zanjas y se echaban los fundamentos de tela se urdia en la frontera de Portugal. El rey de Cas- unas crueles guerras civiles, que mucho afligieron á tilla, con su acostumbrado descuido y desalmamiento, España y por largo tiempo continuaron, y el cielo abria echó el sello á sus excesos con una nueva maldad tan el camino para que el conde don Enrique viniese á manifiesta y calificada, que cuando las demás se pudie- reinar. ran algo disimular y encubrir, á esta no se le pudo dar ningun color ni excusa. Doña Juana de Castro, viuda,

CAPITULO XIX: mujer que fué de don Diego de Haro, á quien ninguna

De la guerra de Cerdeña. en hermosura en aquel tiempo se igualaba, pasaba el trabajo de su viudez con singular loa de honestidad. Paréceme será bien apartar un poco el pensamiento El Rey, que no sabia refrenar sus apetitos y codicias, de los males de Castilla y recrear al lector con una puso los ojos en ella. Sabia cierto que por via de amo- nueva narracion; que no va fuera de nuestro intento res no cumpliria su deseo; procurólo con color de ma- conlar las cosas que en otras provincias de España trimonio. Fingió para esto que era soltero, alegó que acontecieron. El rey de Granada Juzef Bulhagix, desno estaba casado con su mujer doña Blanca, presentó pues que reinó por espacio de veinte yun años,

le made todo indicios y testigos, que en fin al Rey no le po- taron este año sus vasallos. El autor principal desta dian faltar. Nombró por jueces sobre el caso á don traicion, que fué Mahomad, á quien por la vejez llaSancho, obispo de Avila , ya don Juan, obispo de Sala- maron Lago, tio que era de Juzef, hermano de su pamanca. Ellos, por sentencia que pronunciaron en fa- dre y liijo de Farraquen, señor de Málaga, se apoderó vor del Rey, le dieron por libre del primer matrimonio. del reino, y le tuvo toda su vida con grandes trabajos y No se atrevieron á contradecir á un principe furioso; muchas desgracias que le sucedieron, como sea así que venció el miedo del peligro al derecho y manifiesta jus- nunca sale bien el señorío adquirido con parricidio y ticia. ¡Oh hombres nacidos, no ya para obispos, sino maldad. El imperio de los moros á grande priesa se iba para ser esclavos! Así pasaban los negocios por los des- á acabar por estar los señores del divididos en bandos dichados hados de la infeliz Castilla. Dado que se hobo y mudar reyes á cada paso. Este mismo año el rey de la sentencia en Cuellar, do el Rey era ido , se hicieron Aragon en Huesca, ciudad antigua en los pueblos ilercon grandísima priesa las bodas. El alcanzar lo que getes, fundó una universidad, y la dotó de suficientes pretendia, al tanto que en las primeras, le causó fasti- rentas para sustentar á los profesores que enseñasen en dio. Detúvose muy poco tiempo con la novia ; algunos ella las ciencias. Hacíase esto en tiempo que todo Aradicen que no mas de una noche. El color fué que los gon eslaba alborotado y los pueblos llenos de ruido grandes se aliaban contra el Rey, y que convenia ata- de armas y aparejos de guerra que se hacian para pajalles los pasos antes qne con la dilacion se hiciesen mas sar con el Rey á Cerdeña. Tuvieron un tiempo los pisapoderosos. Doña Juana de Castro se retrujo en Dueñas; nos usurpada esta isla ; despues por concesion del papa alli cubria su injuria y afrenta con el vano título de Bonifacio VIII los echaron della por fuerza de armas Reina. Destas bodas nació un hijo, que se llamó don los aragoneses. Duró entonces la guerra muchos años, Juan, para consuelo de su madre ; juego que fué ade- en que hobo varios trances; el remate fué á los aragolante de la fortuna. A los principios de las guerras ci- neses favorable. Erales muy dificultoso sustentar aqueviles que se tramaban, en Castrojeriz, villa de Castilla la lla isla por estar en el mar Mediterráneo, léjos de la Vieja , casó doña Isabel, hija segunda de don Juan Nu- costa de España, y tener de una parte á Africa y de ñez de Lara, con don Juan, infante de Aragon. Llevó otra á Génova tan cerca, que solamente está en medio en dote el señorío de Vizcaya que el Rey quitó á don dellas la isla de Córcega como escala , de la cual divide Tello , su hermano, á quien pertenecia de derecho por á Cerdeña un angosto estrecho de mar. Los isleños, estar casado con la hermana mayor. La causa del enojo deseosos de novedades, con las esperanzas que concefué estar aliado con los demás grandes. No era cosa bian temerarias, no les agradaba lo que era mas sano jusla castigar la culpa del marido con despojar á la ino- y seguro. Poseian en aquella isla los Orias, linaje nocente mujer de su estado patrimonial, si en el reinado bilísimo de Génova, algunos pueblos. Estos, confiados de don Pedro valiera la razon y justicia y se hiciera al- en las voluntades y aficion de la gente de la tierra, se guna diferencia entre tuerto 6 derecho. En el mismo pusieron en querer echar de la isla á los aragoneses con pueblo doña María de Padilla parió á doña Costanza, su ayuda que para ello les hizo la señoría de Génova. Quehija , que adelante casó en Inglaterra con el duque de jábanse los Orias que sin ser oidos y sin causa bastante Alencastre. Con los señores uliados se confederaban les lomaron los aragoneses á Sucer y Caller, dos fuertes ciudades y cabeceras, que solian ser suyas, y están Juntose esta armada en el puerto de Rosas. De allí, asentadas en los postreros cabos de la isla. Rompida la mediado el mes de junio, atzaron anclas y se hicieron a guerra , ganaron la ciudad de Alguer, y pusieron cerco la vela. Dejó el Rey por gobernador del reino á su tio sobre Sacer; no la pudieron entrar porque los ciuda- don Pedro. Tuvieron razonable tiempo, con que á cadanos fueron fidelísimos á los aragoneses, y la defen- bo de ocho dias descubrieron á Cerdeña, surgieron á dieron valientemente hasta tanto que el rey de Aragon tres millas de Alguer y echaron la gente en tierra. les envió en socorro su armada , con que algun tiempo Marchó luego el ejército la via de la ciudad, y tras ellos se entretuvo con varia fortuna la guerra. Los venecia- con su armada por la mar Bernardo de Cabrera. El Rey nos, que siempre fueron émalos y enemigos de los gi- mostró este dia su valor y buen ánimo, ca iba delante noveses, enviaron sus embajadores al rey de Aragon los escuadrones para escoger los lugares en que se para pedille se aliase con ellos, y juntadas sus fuerzas, asentasen los reales. Hallábase en los peligros, y con mejor castigasen la soberbia y orgullo con que los gi- su ejemplo animaba á los demás para que en las ocanoveses andaban. Hechas sus alianzas, las armadas de siones se hobiesen esforzadamente. Principe que si no Aragon y de venecianos tres años antes deste en el es- fuera ambicioso y no tuviera tan demasiada codicia de trecho de Gallipoli junto a la ciudad de Pera, que en señorear , por lo demás pudiera igualarse con cualaquel tiempo era de ginoveses, pelearon con gran pore quiera de los antiguos y famosos capitanes. Deseufía con las galeras de Génova , no obstante que el mar briéronse en el mar hasta cuarenta galeras de los ginoandaba muy alto y levantaba grandes olas ; fueron veses, mas para hacer ostentacion con su ligereza que vencidos los ginoveses , y les tomaron veinte y tres ga- fuertes y bien guarnecidas para dar batalla. El señor leras; otras muchas con la fuerza de la tempestad die- de Arborea con dos mil hombres de á caballo y quince ron en tierra al través. Murió en la batalla Ponce de mil de á pié asentó su real á vista de los aragoneses; Santapau, general de la armada de Aragon, y se per- no osaron dar la batalla porque era gente allegadiza, dieron doce galeras de las suyas. Esta victoria no fué sin uso ni disciplina militar, no acostumbrados á obede mucha utilidad, ni aun por entonces estuvo muy decer y guardar las ordenanzas, y que ni en vencer cierto cuál de las dos partes fuese la vencedora, antes ganaban honra, ni se afrentaban por quedar vencidos. cada cual dellas se atribuia la victoria. Los papas Cle- Batieron los aragoneses los muros de dia y de noche mente é Inocencio, por ver cuán grandes daños se se- con máquinas y tiros y otros ingenios militares. Como guian á la cristiandad destas discordias, procuraron de el tiempo era muy áspero y la tierra malsana, comenapaciguar los aragoueses y venecianos con los giuove- zaron á enfermar muchos en el ejército de Aragon; el ses; rogáronles instantemente hiciesen paces, á lo me- mismo Rey adoleció; por esto de necesidad se hobo de nos asentasen algunas buenas treguas; enviáronles pa- tratar de acuerdo con el enemigo. Concluyóse la paz ra este efecto muchas veces sus legados, que nunca los con seas condiciones para el rey de Aragon. Estas fuepudieron concordar. Estaban tan enconados los cora- roo : que el juez de Arborea y Mateo Doria fuesen zones, que parecia no se podrian sosegar á menos de perdonados y se quedasen con los vasallos y pueblos la total destruicion de una de las partes. A la de los gi- que tenian. Demás desto, dió el Rey al juez de Arborea noveses en Cerdeña á esta sazon se allegó Mariano, muchos lugares en Gallura, que es una parte de aquejuez de Arborea , príncipe antiguo de Cerdeña, rico y lla isla. Desta manera como, contra lo que temian por poderoso por los muchos vasallos y allegados que te- sus deméritos, quedasen los enemigos premiados, pania. Este caballero con la esperanza de la presa y ga- ra adelante se hicieron mas fieros y desleales. Entregónancia se juntara con Mateo Doria, cabeza de bando de se la ciudad de Alguer al Rey; á los vecinos se dió lilos ginoveses, con la mayor parte de los isleños que le cencia para que fuesen á vivir donde les pareciese, , seguian. Con esto en brevísimo tiempo se apoderaron en su lugar se avecindaron en ella muchos de los solde las ciudades , villas y castillos de toda la isla, ex- dados viejos catalanes. La Reina, que en compañía de cepto de Sacer y Caller, que siempre fueron leales á los su marido se hallo presente á todo, hacia instancia por aragoneses y se tuvieron por ellos. Llegó el negocio á la partida. Por esta causa y por la muerte de Oto de riesgo de perderlo todo. No tenian fuerzas que basta- Moncada y de don Filipe de Castro y de otros nobles sen á resistir al enemigo poderoso y bravo en el mar se apresuraron estos conciertos, y se concluyeron en el con la armada de Génova, y por ser las volunlades de mes de noviembre. Detúvose el Rey en Cerdeña olros los isleños tan inciertas é inconstantes. Sabidas estas siete meses, en que se pusieron en orden las cosas, y cosas en Aragon, se juntó una grande y poderosa ar- se acabaron de allanar los isleños con castigar algunos mada de cien velas, entre las cuales se contaban cin- culpados. El juez de Arborea y Mateo Doria, que volcuenta y cinco galeras. Iban en esta flota mil hombres vian a intentar ciertas novedades, se sosegaron de nuede armas, quinientos caballos ligeros y al pie de doce vo. Asentado el gobierno de la isla y puesto por vimil infanles, toda gente muy lucida y de valor para rey en ella Olso Prochita , volvió la armada en salvaacometer cualquier grande empresa. Hicieron otrosi mento á Barcelona. El ruido y aparato desta empremuchila para muchos dias y matalolaje, como se re- sa fué mayor que el provecho ni reputacion que se saqueria. Vinieron á servir al rey de Aragon muy buenos có della; pero muchos grandes principes no pudieron soldados y caballeros de Alemaña, Inglaterra y Navar- á las veces dejar de conformarse con el tiempo ni de ra. Todos los nobles del reino se quisieron hallar en obedecer a la necesidad, que es la mas fuerle arma esta famosa jornada, señaladamente don Pedro de Eje- que se halla. rica, Rugier Lauria, don Lope de Luna, Oto de Moncada y Bernardo de Cabrera , que iba por general del mar, y por cuyo consejo todas las cosas se gobernaban.

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