Imágenes de páginas
PDF
EPUB

CAPITULO XII.

dad, su enemigo mismo le ayudaba con hacerse por

momentos mas odioso con su mal modo de proceder y Que don Enrique volvió a España.

desvariados castigos que hacia en los suyos. Juntado Llegado don Enrique á Francia, no perdió el ánimo, pues don Enrique su ejército, entró en Aragon por las sabiendo cuán varias y mudables sean las cosas de los asperezas de los Pirineos llamadas Valdeandorra; pasó hombres, y que los valientes y esforzados hacen rostro por aquel reino con tanta presteza, que primero estuvo á las adversidades y vencen todas las dificultades en dentro de Castilla que pudiese el rey de Aragon atajare que la fortuna los pone, los cobardes desmayan y se le el paso, si bien puso para estorbársele toda la dilirinden á los trabajos y desastres. El conde de Fox, á gencia que pudo. Llegado don Enrique á la ribera del cuya casa primero aportó, le recibió muy bien y hos rio Ebro, preguntó si estaba ya en tierra de Castilla. pedó amigablemente, aunque con recelo no le hiciesen Como le respondiesen que sí, se apeó de su caballo, y guerra los ingleses porque le favorecia. De allí sué á Villa- | hincado de rodillas hizo una cruz en la arena, y besándonueva, que es cerca de Aviñon, para hablar á Luis, la dijo estas formales palabras : «Yo juro á esta signiliduque de Anjou y hermano del rey de Francia, en quien canza de cruz que nunca en mi vida por necesidad que halló mejor acogimiento del que él podia esperar ; 50 me venga salga de Castilla; antes que espere ahí la corrible con dineros, y dióle consejos tan buenos, que muerte, ó estaré a la ventura que me vioiere.» Fué imfueron parte para que sus cosas tuviesen el próspero portante esta ceremonia para asegurar los corazones suceso que poco despues se vió. Envió por inducimien- de los que le seguian é inflamallos en la aficion que lo to y aviso del Duque con su embajada á pedir al rey de tenian. Vuelto á subir en su caballo, fué con todo su Francia su ayuda y favor para volver á Castilla. Fué campo á Calahorra , que por aquella parte es la primeoido benignamente, y determinóse el Rey de favorece ra ciudad de Castilla; entró en ella el dia del arcángel lle. A la verdad la mucha prosperidad y buenos sucesos san Miguel con mucho contento y regocijo de los ciude los ingleses le tenian con mucho miedo y cuidado; dadanos y de muchos del reino que luego de todas tenia asimismo en la memoria los agravios que don partes le acudieron, ca andaban unos desterrados, y Pedro le habia hecho y la enemiga que tenia con él. otros huidos de miedo de la crueldad del Rey,su bermaRespondióle pues con mucho amor, y propuso de le no. De Calahorra se partió á Búrgos; allí sué recebido ayudar con gente y dineros; dióle el castillo de Pera con una muy solemne procesion por el obispo, clerecia pertusa en los confines de Ruisellon, en que tuviese á suy ciudadanos de aquella ciudad. Halló en el castillo premujer y hijos, ca desconfiados del rey de Aragon se reti so á don Felipe de Castro, un grande del reino de Arararon á Francia; mandóle otrosí dar el condado de Sese- | gon, casado con su hermana doña Juapa, que le prenno, en que pudiese vivir en el entre tanto que volvia á dieron en la batalla de Najara; mandóle luego soltar, y cobrar el reino de Castilla, de donde cada dia se venian hízole donacion de la villa de Paredes de Nava y de Neá él muchos caballeros que fueron presos en la batalla dina de Rioseco y de Tordehumos. Por el contrario, de Najara , y estaban ya rescatados y librados de la prendió en el mismo castillo á don Jaime, rey de Nápocrueldad del rey don Pedro; que los ingleses los esca les y hijo del rey de Mallorca, que se quedara en Búrparon de sus manos. De los primeros que se pasaron y gos despues que se halló en la batalla por la parte del acudieron en Francia á don Enrique fué don Bernal, rey don Pedro, y ahora cuando vió que recebian á don hijo del conde de Fox, señor de Bearne, á quien el rey Enrique, se retiró al castillo para defenderse en el con don Enrique, despues de acabada la guerra, en remune- , el alcaide Alfonso Fernandez. Con el ejemplo de la real racion deste servicio le dio á Medinaceli con título de ciudad de Burgos otras muchas ciudades tomaron la conde. Fué casado este Príncipe con doña Isabel de la voz de don Enrique, quitado el miedo que tenian, el Cerda, hija de don Luis y nieta de don Alonso de la cual no suele ser buen maestro para hacer á los horde Cerda el Desheredado, de quien los duques de Medinace bres constantes en el deber y en hacer lo que es razon. li, sin haber quiebra en la línea, se precian descender. Sosegadas las cosas en Burgos, pasó con su campo Hallóse tambien con don Enrique el conde de Osona, sobre la ciudad de Leon, que á cabo de algunos dias se bijo de don Bernardo de Cabrera, el cual, despues que le rindió a partido el postrero dia de abril del alio estuvo preso en Castilla, sirvió en la guerra á don Pedro de 1368. En la imperial ciudad de Toledo unos querian á por el gran sentimiento que tenia de la muerte de don Enrique, la mayor parte sustentaba la opinion de su padre. Finalmente, puesto en su entera libertad, don Pedro, escarmentados del riguroso castigo que se pasó á don Enrique con propósito de serville y se- 1 hizo allí los meses pasados y de miedo de la gente de guir su fortuna hasta la muerte. Demás desto le avi | guerra que allí tenia de guarnicion, que eran muchos no bien á don Enrique en que el príncipe de Gales se | ballesteros y seiscientos hombres de armas, cuyo calo volvió en estos dias á Guiena, enojado y mal satisfecho pitan era Fernando Alvarez de Toledo, alguacil mayor de don Pedro porque ni le entregó el señorío de Vizcaya de la misma ciudad. Tenia don Enrique en su ejercito que le prometió, ni le pagó los emprestidos que le hi- | mil hombres de armas; con estos y con la infantería, que ciera , ni á muchos de los suyos el sueldo que les debia. | era en mayor número, no dudó de venir sobre una ciuDemás desto, en Castilla le comenzaba a ayudar la fortu- ! dad tan grande y fuerte como Toledo y tenerla cercada. na, ca muchos grandes y caballeros habian tomado su Tenia por cierto que, apoderado que fuese de una ciudad voz y hacian guerra á don Pedro. En particular se te- , y fuerza semejante, todo lo demás le seria fácil de acanian por el las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya y las | bar. Asentó sus reales en la vega que se tiende á la par: ciudades de Segovia, Avila, Palencia , Salamanca y la te del setentrion á las haldas de la ciudad; puso muchas villa de Valladolid y otros muchos pueblos del reino del compañías en los montes que están de la otra parte del Toledo. Cada dia se reforzaba mas su bando y parciali- | rio Tajo; este gran rio como con un compás rodea las tres cuartas partes de la ciudad, corre por la parte delle- | que lo mejor era lener sufrimiento, reforzar su ejército vante, y revuelve hácia mediodía y poniente. Para que y esperar las gentes que cada dia vendrian de sus amise pudiese pasar de los unos reales á los otros y se favo- gos y de los pueblos que tenian su voz. Esto que le reciesen en tiempo de necesidad mandó fabricar un | aconsejaban era lo que en todas maneras debiera sepuente de madera, que fué despues muy provechoso. guir, si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la Los toledanos sufrian constantemente el cerco , puesto divina justicia, ya determinada de muy presto castigaque harto inclinados á don Enrique; mas no osaban ad llas. Estando en este aprieto, sucedióle otro desastre, mitille en la ciudad por miedo no lo pagasen los rehe | y fué que Victoria, Salvatierra y Logroño, que eran de nes que consigo se llevara don Pedro, que eran los mas su obediencia, fatigadas de las armas del rey de Navarnobles de Toledo. La ciudad de Córdoba en este tiem- | ra y por falta de socorro por estar don Pedro tan lejos, po, quitada la obediencia á don Pedro, seguia la parte se entregaron al Navarro. Ayudó á esto don Tello, el de don Enrique con tanto pesar y enojo de su contrario, cual, si estaba mal con don Pedro, no era amigo de su que no dudó de pedir al rey de Granada le enviase su | herinano don Enrique, y así se entretenia en Vizcaya ayuda para irla á cercar. Envióle Mahomad gran nú- sin querer ayudar á ninguno de los dos. Proseguíase en mero de moros jinetes, con que y su ejército puso en este comedio el cerco de Toledo. Y coino quier que gran estrecho la ciudad y la apretó de manera, que un aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en afidia estuvo á punto de ser entrada, ca los moros á escala ciones algunos de los que favorecian á don Enrique vista subieron la muralla y tomaron el alcázar viejo. intentaron de apoderalle de una lorre del muro de la Acudieron los cordobeses, considerado el peligro y cuán ciudad que miraba al real, que se dice la torre de los sin misericordia serian tratados si fuesen vencidos, y Abades. Como no les sucediese esa traza, procuraron pelearon aquel dia con gran desesperacion, y rebatie dalle entrada en la ciudad por el puente de San Martin, ron tan valerosamente los moros, que mal de su grado sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a las los forzaron á salir de la ciudad. A muchos hicieron sal manos, en que sucedieron algunas muertes de ciudadatar por los adarves, y les tomaron las banderas y fueron nos. Sabidas estas revueltas por el rey don Pedro, diose en pos dellos hasta bien lejos. Señaláronse inucho en este | muy mayor priesa á irla á socorrer, por no hallalla perdia las mujeres cordobesas, ca visto que era entrada la dida cuando llegase. Para ir con menor cuidado mandó ciudad por los moros, no se escondieron ni cayeron | recoger sus tesoros, y con sus hijos don Sancho y don en sus estrados desmayadas, sino con varonil esfuerzo Diego llevallos á Carmona, que es una fuerte y rica visalieron por las calles y á los lugares en que sus maridos lla del Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, y hijos peleaban, y con animosas palabras los incitaron juntó arrebatadamente su ejército y aprestó su partida á la pelea; con esto los cordobeses tomaron tanto brio para el reino de Toledo. Llevaba en su campo tres mil y coraje, que pudieron recobrar la ciudad, que ya se per hombres de á caballo; pero la mitad dellos, mal pecadia, y hacer gran estrago y matanza de sus enemigos. do, eran moros y de quien no se tenia entera confianza, Desesperados los reyes de poder ganar la ciudad, le ni se esperaba que pelearian con aquel brio y gallardia vantaron el cerco. Don Pedro se fué á Sevilla á proveer que fuera necesario. Dícese que al tiempo de su partida Jo necesario para la guerra, que todo se hacia mas de consultó á un moro sabio de Granada, llamado Benagaespacio y con mayores dificultades de lo que el pensa tin, con quien tenia mucha familiaridad, y que el Moro ba; el rey de Granada, sin que don Pedro le suese a la le anunció su muerte por una profecía de Merlin, hommano, saqueo y robó las ciudades de Jaen y Ubeda, que bre inglés, que vivió antes deste tiempo como cuatroá imitacion de Córdoba seguian el bando de don Enri- cientos años. La profecía contenia estas palabras : « En que; taló otrosí lo mas de los campos del Andalucía, las partes de occidente, entre los montes y el mar, nacon que llevaron los moros á Granada gran muchedum- cerá una ave nerra, comedora y robadora, y tal, que tobre de cautivos, tanto, que fué fama que en sola la villa dos los panales del mundo querrá recoger en sí, todo de Utrera fueron mas de once mil almas las que cauti. el oro del mundo querrá poner en su estómago, y desvaron. Con esto toda la Andalucía se via estar llena de pues gormarlo ha, y tornará atrás. Y no perecerá luellantos y miseria; por una parte los apretaban las ar go por esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle mas de los moros, por otra la crueldad y fiereza de don han las plumas al sol, y andará de puerta en puerta y Pedro.

ninguno la guerrá acoger, y encerrarse ha en la selva CAPITULO XIII.

y allí morirá dos veces, una al mundo y otra á Dios, y

desta manera acabará.» Esta fué la profecía, fuese verQue el rey don Pedro faé muerto.

dadera ó liccion de un hombre vanísimo que le quisiese El rey don Pedro, desamparado de los que le podian burlar; como quiera que fuese, ella se cumplió dentro ayudar y sospechoso de los demás, lo que solo restaba, de muy pocos dias. El rey don Pedro con la hueste que se resolvió de aventurarse, encomendarse á sus manos hemos dicho bajó del Andalucía á Montiel, que es una y ponerlo todo en el trance y riesgo de una batalla ; sa villa en la Mancha y en los oretanos antiguos, cercada bia muy bien que los reinos se sustentan y conservan de muralla, con su pretil, torres y barbacana, puesta mas con la fama y reputacion que con las fuerzas y ar en un sitio suerte y fortalecida con un buen castillo. mas. Teniale con gran cuidado el peligro de la real ciu Sabida por don Enrique la venida de don Pedro, dejó á dad de Toledo; estaba aquejado, y pensaba cómo me don Gomez Manrique, arzobispo de Toledo, para que jor podria conservar su reputacion. Esto le confirmaba prosiguiese el cerco de aquella ciudad, y él con dos mas en su propósito de ir en busca de su enemigo y da mil y cuatrocientos hombres de á caballo, por no espeIle la batalla. Procuráronselo estorbar los de Sevilla; rar el paso de la infantería, partió con gran priesa en decíanle que se destruia y se iba derecho a despeñar; busca de don Pedro. Al pasar por la villa du Orguz, que está á cinco leguas de Toledo, se junto con él Beltran , amigos y parientes. Confiad en nuestro Señor, cuyos Claquin con seiscientos eaballos extranjeros que traia sagrados ministros sacrilegamente ha muerto, que os de Francia; importantísimo socorro y á buen tiempo, favorecerá para que castigueis tan enormes maldades, porque eran soldados viejos y muy ejercitados y dies | y le hagais un agradable sacrificio de la cabeza de un tros en pelear. Llegaron al tanto allí don Gonzalo Mejía, tal monstruo horrible y fiero tirano.» Acabada la plátimaestre de Santiago, y don Pedro Muñiz, maestre de | ca, luego con gran brio y alegría arremetieron a los Calatrava, y otros señores principales que venian con enemigos; hirieron en ellos con tan gran denuedo, que deseo de emplear sus personas en la defensa y libertad sin poder sufrir este primer impetu en un momento se de su patria. Partió don Enrique con esta caballería; desbarataron. Los primeros huyeron los moros, los cascaminó toda la noche, y al amanecer dieron vista á los tellanos resistieron algun tanto; mas como se viesen enemigos antes que tuviesen nuevas ciertas que eran | perdidos y desamparados, se recogieron con el rey don partidos de Toledo. Ellos, cuando vieron que tenian tan Pedro en el castillo de Montiel. Murieron muchos de cerca á don Enrique, tuvieron gran miedo, y pensaron los moros en la batalla, muchos mas fueron los que peDo hobiese alguna traicion y trato para dejarlos en sus recieron en el alcance; de los cristianos no murió sino manos; á esta causa no se fiaban los unos de los otros. solo un caballero. Ganóse esta victoria un miércoles Recelábanse tambien de los mismos vecinos de la villa. 14 dias de marzo del año de 1369. Don Enrique, visto Los capitanes con mucha priesa y turbacion hicieron como don Pedro se encerró en la villa, á la hora la hizo recoger los mas de los soldados que tenian alojados en cercar de una horma, pared de piedra seca, con gran las aldeas cerca de Montiel ; muchos dellos desampara- vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenz&top las banderas de miedo ó por el poco amor y menos ron los cercados á padecer falta de agua y de trigo, ca gada con que servian. Al salir el sol formaron sus es. Jo poco que tenian les dañó de industria, á lo que paeuadrones de ambas partes y animaron sus soldados á rece, algun soldado de los de dentro, deseoso de que se la batalla. Don Enrique habló á los suyos en esta sus acabase presto el cerco. Don Pedro, entendido el pelitancia: «Este dia, valerosos compañeros, nos ha de gro en que estaba, pensó cómo podria huirse del castidar riquezas , honra y reino, ó nos lo ha de quitar. No llo mas á su salvo. Hallábase con él un caballero que lo nos puede suceder mal, porque de cualquiera manera era muy leal, natural de Trastamara, decíase Men Roque nos avenga, serémos bien librados; con la muerte driguez de Sanabria; por medio deste hizo á Beltran saldremos de tan inmensos é intolerables afanes como Claquin una gran promesa de villas y castillos y de dopadecemos; con la victoria darémos principio á la li cientas mil doblas castellanas, á tal que dejado á don bertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No Enrique le favoreciese y le pusiese en salvo. Extrañó podemos entretenernos ya mas; si no matamos á nues esto Beltran ; decia que si tal consintiese, incurriria en tro enemigo, él nos ha de hacer perecer de tal género perpetua infamia de fementido y traidor; mas como do muerte, que la ternémos por dichosa y dulce si fuere todavía Men Rodriguez le instase, pidióle tiempo para ordinaria, y no con crueles y bárbaros tormentos. La pensar en tan grande hecho. Comunicado el negocio naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario secretamente con los amigos de quien mas se fiaba, le wibuto, que es la muerte; esta no se puede excusar, em aconsejaron que contase á don Enrique todo lo que en pero los tormentos, las deshonras, afrentas é injurias este caso pasaba; tomó su consejo. Don Enrique le evitarálas vuestro esfuerzo y valor. Hoy alcanzaréis una agradeció mucho su fidelidad, y con grandes promesas gloriosa victoria, o quedaréis como honrados y valero- le persuadió á que con trato doble hiciese venir á don sos tendidos en el campo. No vean tal mis ojos, no per- | Pedro á su posada, y le prometiese haria lo que deseamita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuo- ba. Concertaron la noche; salió don Pedro de Montiel sos y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada armado sobre un caballo con algunos caballeros que le y miserable nos puede venir que sea peor que la vida acompañaban, entró en la estancia de Beltran Claquin acosada que traemos ? No tenemos guerra con enemigo con mas miedo que esperanza de buen suceso. El receque nos concederá partidos razonables ni aun una to- lo y temor que tenia dicen se le aumentó uu letrero Jerable servidumbre cuando queramos ponernos en sus que leyó poco antes, escrito en la pared de la torre del manos, ya sabeis su increible crueldad, y teneis bien á homenaje del castillo de Montiel, que contenia estas vuestra costa experimentado cuán poca seguridad hay | palabras : « Esta es la torre de la Estrella.» Ca ciertos en su fe y palabra. No tiene mejor fiesta ni mas alegre astrólogos le pronosticaran que moriria en una torre que la que solemniza con sangre y muertes, con ver | deste nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad sea la destrozar los hombres delante de sus ojos. ¿Por ven- destos adevinos, y como despues de acontecidas las cotura habémoslo con algun malvado y perverso tirano, y sas se suelen fingir semejantes consejas. Lo que se reno con una inhumana y feroz bestia ? Que parece ha fiere que le pasó con un judío médico es cosa mas de sido agarrochada en la leonera para que de allí con ma notar. Fué así, que por la figura de su nacimiento le hayor braveza salga á hacer nuevas muertes y destrozos. lbia dicho que alcanzaria nuevos reinos y que seria muy Confio en Dios y en su apóstol Santiago que ha caido dichoso. Despues cuando estuvo eu lo mas áspero de en la red que nos tenia tendida, y que está encerrado sus trabajos, díjole : Cuán mal acertastes en vuestros donde pagará la cruel carnicería que en nos tiene he pronósticos. Respondió el astrólogo : Aunque mas hiecha; mirad, mis soldados, no se os vaya, detenedla, no lo caiga del cielo, de necesidad el que está en el baño ba la dejeis huir, no quede lanza ni espada que no pruebe de sudar. Dió por estas palabras á entender que la voen ella sus aceros. Socorred por Dios a nuestra misera luntad y acciones de los hombres son mas poderosas ble patria, que la tiene desierta y asolada; vengad la que las inclinaciones de las estrellas. Entrado pues don sangre que ha derramado de vuestros padres, hijos, Pedro en la tienda de don Beltran, díjole que ya era tiempo que se fuesen. En esto entró don Enrique ar- | y empobrecieron otros; tal es la usanza de la guerra, mado; como vió á don Pedro, su hermano, estuvo un y mas de la civil. Todas las cosas en un momento se poco sin hablar como espantado; la grandeza del he-| trocaron en favor del vencedor, dióse á la hora Moncho le tenia alterado y suspenso, ó no le conocia por tiel. Llegada la nueva de lo sucedido á Toledo, tuvieron los muchos años que no se vieran. No es menos sino quel gran temor los vecinos de aquella ciudad. Padecian á los que se hallaron presentes entre miedo y esperanza la sazon necesidad de bastimentos. Acordaron de havacilaban. Un caballero francés dijo á don Enrique se cer sus pleitesías con los de don Enrique, que los tonian ñalando con la mano á don Pedro: Mirad que ese es cercados. Entregáronles la ciudad, y todos se pusieron vuestro enemigo. Don Pedro con aquella natural fe en la merced del nuevo Rey, pues con la muerte de don rocidad que tenia, respondió dos veces : Yo soy, yo | Pedro se entendia quedaban libres del homenaje y fisoy. Entonces don Enrique sacó su daga y dióle una delidad que le prometieron. Entre los principes exherida con ella en el rostro. Vinieron luego á los bra tranjeros se levantó una nueva contienda sobre quién zos, cayeron ambos en el suelo; dicen que don Enrique tenia mejor derecho á los reinos de Castilla. Convenian debajo, y que con ayuda de Beltran, que les dió vuelta todos en que Enrique no tenia accion á ellos por el dey le puso encima, le pudo herir de muchas puñaladas, fecto de su nacimiento. Demás desto, cada uno pensaba con que le acabó de matar; cosa que pone grima. Un quedarse en estas revueltas con lo que mas pudiese Rey, hijo y nieto de reyes, revolcado en su sangre der apañar; que desta suerte se suelen adquirir nuevos reiramada por la mano de un su hermano bastardo. ¡Ex nos y aumentarse los antiguos. El rey de Navarra, setraña hazañal A la verdad cuya vida fué tan dañosa gun poco ha dijimos, se apoderara de muchos y buepara España, su muerte le fué saludable; y en ella se nos pueblos de Castilla. Al rey de Aragon por traicion echa bien de ver que no hay ejércitos, poder, reinos ni de los alcaides se le entregaron Molina, Cañete y Reriquezas que basten á tener seguro á un hombre que quena. El rey de Portugal pretendia toda la herencia y vive mal é insolentemente. Fué este un extraño ejem | sucesion, y se intitulaba rey de Castilla y de Leon por plo para que en los siglos venideros tuviesen que con- | ser sin contradicion alguna bisnieto del rey don Sansiderar, se admirasen y temiesen y supiesen tambien cho, nieto de doña Beatriz, su hija. Teníanse ya por él que las maldades de los principes las castiga Dios, no Ciudad-Rodrigo, Alcántara y la ciudad de Tuy en Galisolamente con el odio y mala voluntad con que mien- cia. El rey de Granada tramaba nuevas esperanzas retras viven son aborrecidos, ni solo con la muerte, sino celoso por la constante amistad que guardó á don Pe. con la memoria de las historias, en que son eternamen- dro. La mayor tempestad de guerra que se lemia era te afrentados y aborrecidos por todos aquellos que las de Inglaterra y Guiena, á causa que don Juan, duque de leen, y sus almas sin descanso serán para siempre ator Alencastre, hermano del príncipe de Gales, se casara mentadas. Frosarte, historiador francés deste tiempo, con doña Costanza, hija del rey don Pedro, y el Conde dice que don Enrique al entrar de aquel aposento dijo: cantabrigense, hermano tambien del mismo Príncipe, ¿Dónde está el hideputa judío que se llama rey de tenia por mujer á doña Isabel, hija menor del mismo, Castilla? Y que don Pedro respondió : Tú eres el hi- l habidas ambas en doña María de Padilla. Desta suerte deputa, que yo hijo soy del rey don Alonso. Murió don dentro el nobilísimo reino de Castilla se temian discorPedro en 23 dias del mes de marzo, en la flor de su dias civiles, y de fuera le amenazaban grandes movie edad, de treinta y cuatro años y siete meses; reino diez mientos y asonadas nuevas de guerras. El remedio que y nueve años menos tres dias. Fué llevado su cuerpo sin estos temores tenian era con presteza ganar las voninguna pompa funeral á la villa de Alcocer, do le de luntades de las ciudades y grandes del reino. Como don positaron en la iglesia de Santiago. Despues en tiempo Enrique fuese sagaz y entendiese que era esto lo que del rey don Juan el Segundo le trasladaron por su man le cumplia, luego que puso cobro en Montiel, se partió dado al monasterio de las monjas de Santo Domingo el sin detenerse á Sevilla, do fué recebido con gran Real de Madrid, de la orden de los Predicadores. Pren triunfo y alegría. Todas las ciudades y villas del Andadieron despues de muerto el rey don Pedro á don Fer- lucía vinieron luego á dalle la obediencia, excepto la nando de Castro, Diego Gonzalez de Oviedo, hijo del villa de Carmona en que don Pedro dejó sus hijos y temaestre de Alcántara, y Men Rodriguez de Sanabria, soros, y por guarda al capitan Martin Lopez de Córque salieron con él de la villa para tenelle compañía. doba, maestre que se llamaba de Calatrava, que todavía Estos tiempos tan calamitosos y revueltos no dejaron hacia las partes de don Pedro, aunque muerto. En los de tener algunos hombres señalados en virlud y letras; dias que el rey don Enrique estuvo en Sevilla, por no uno destos fué don Martin Martinez de Calahorra', ca- tener á un tiempo guerra con tantos enemigos, pidió nónigo de Toledo y arcediano de Calatrava, dignidad treguas al rey moro de Granada, no sin diminucion y de la santa iglesia de Toledo, que está enterrado en la nota de la majestad real; mas la necesidad que tenia capilla de los Reyes Viejos de aquella iglesia con un le. de asegurar y confirinar el nuevo reinado le compelió á trero en su sepulcro que dice, como por honra de la que disimulase con lo que era autoridad y pundonor. santidad y grandeza de la iglesia de Toledo no quiso No se concluyó desta vez nada con el Moro; por esto, aceptar el obispado de Calahorra para el cual fué elegi- l puesto buen cobro en las fronteras y asentadas las codo en concordia de todos los votos del cabildo de aque sas del Andalucía, el nuevo Rey volvió a Toledo por lla iglesia.

tener aviso que de Burgos eran allí llegados la Reina, su CAPITULO XIV.

mujer, y el Infante, su hijo. En esta ciudad se buscó Que don Enrique se apoderó de Castilla.

traza de allegar dineros para pagar el sueldo que se de

bia á los soldados extraños, y lo que se prometió á BelCon la muerte del rey don Pedro enriquecieron unos tran Claquin en Montiel por el buen servicio que hizo en ayudar á matar al enemigo. Juntose lo que mas se las cosas de la guerra. Valió a los 'portugueses la nueva pudo del tesoro del Rey y de los cogedores de las que don Enrique tuvo de los daños y robos que el rev rentas reales. Todo era muy poco para hartar la co de Granada hacia en el Andalucía, junto con la pérdida dicia de los soldados y capitanes extraños, que decian de la ciudad de Algecira, que el Moro tomó y la echó públicamente y se alababan tuvieron el reino en su por el suelo, de manera tal, que jamás se volvió a reedimano y se le dieron á don Enrique, palabras al Rey ticar. Debiéralo de hacer en venganza de las muchas afrentosas y para el reino soberbias; la dulzura del vidas de moros que aquella ciudad costara. Demás reinar hacia que todo se llevase fácilmente. Para pro- | desto, el Rey tenia necesidad de volver á Castilla para veer en esta necesidad hizo el Rey labrar dos géneros proveer todavía de dineros con que pagar los soldados de moneda, baja de ley y mala, llamada cruzados la extraños y despachar á Beltran, que en esta sazon era upa, y la otra reales, traza con que de presente se sacó solicitado del rey de Aragon para que pasase en Cergrande interés, y con que salieron del aprieto en que deña á castigar la gran deslealtad del juez de Arborea estaban; pero para lo de adelante muy perniciosa y Mariano, que de nuevo andaba alzado en aquella isla y mala, porque á esta causa los precios de las cosas su- tenia ganados muchos pueblos, y se entendia aspiraba bieron a cantidades muy excesivas. Desta manera casi á hacerse señor de toda ella. Habia enviado el rey de siempre las trazas que se buscan para sacar dineros del Aragon contra él á don Pedro de Luna, señor de Almopueblo, puesto que en los principios parezcan acertadas, | nacir, el cual, sin embargo que tenia parentesco de alial cabo vienen á ser dañosas, y con ellas quedan las nidad con Mariano, por estar casado con doña Ella, paprovincias destruidas y pobres. Todas estas dificul rienta suya, le apretó reciamente en los principios, y tades vencia la afabilidad, blandura y suave condicion puso brevemente en tanto estrecho, que por no se atrede don Enrique, sus buenas y loables costumbres, que ver á esperar en el campo, aunque tenia mayor ejérpor excelencia le llamaban el Caballero; ayudábanle cito que el Aragonés, se encerró dentro los muros de la otrosí á que le tuviesen respeto y aficion la majestad ciudad de Oristan. Túvole don Pedro cercado muchos y hermosura de su rostro blanco y rubio, ca dado que dias; y como quier que por tener en poco al enemigo era de pequeña estatura, tenia grande autoridad y gra en sus reales faltase la guarda y vigilancia que pide la vedad en su persona. Estas buenas partes de que la na- buena disciplina militar, el juez, que estaba siempre turaleza le dotó, la benevolencia y aficion que por ellas | alerta y esperaba la ocasion para hacer un notable el pueblo le tenia las aumentaba él con grandes dádi hecho, salió repentinamente con su gente y dió tan vas y mercedes que hacia. Por donde entre los reyes de rebato sobre sus enemigos y con tan grande presde Castilla él solo tuvo por renombre el de las Merce teza, que primero vieron ganados sus reales, presos y des, honroso título con que le pagaron lo que merecia muertos sus compañeros que supiesen qué era lo que la liberalidad y franqueza que con muchos usaba. A la venia sobre ellos. Finalmente, fué desbaratado todo el verdad fuéle necesario hacerlo desta manera para ase ejército y muerto el general don Pedro de Luna y con gurar mas el nuevo reino y gratificar con estados y ri éi su hermano don Filipe. Pasados algunos dias, Branquezas á los que le ayudaron á ganarle y tuvieron su caleon Doria, que en estas revoluciones seguia la parparte en los peligros, ocasion de que en Castilla mu- cialidad del señor de Arborea , quier por algun desabrichos nuevos mayorazgos resultaron, estados y señoríos. miento que con él tuvo, quier con esperanza de maAvivábanse en este tiempo las nuevas de la guerra que yor remuneracion, se reconcilió con el Rey, con que hacian en las fronteras los reyes de Portugal y de Ara alcanzó, no solamente perdon de los delitos que tenia cogon; proveyó á esto prestamente con un buen ejército metidos, sino tambien favores y mercedes. Poco tiempo que envió á la frontera de Aragon, cuyos capitanes, despues el juez de Arborea forzó á la ciudad de Sacer, Pero Gonzalez de Mendoza, Alvar García de Albornoz, que es la mas principal de Cerdeña, á que se le rindiese, cobraron á Requena, echados della los soldados arago con que se perdió tanto como fué de provecho reducirse neses. El por su persona fué á Galicia, en que tenia nue | al servicio del rey de Aragon un señor tan poderoso é vus que andaban los portugueses esparcidos y desman importante como era Brancaleon. Estuvo entonces dados y con gran descuido; y que por ir cargados de esta isla á pique de perderse; para entretenerla lo melo que robaban en aquella tierra podrian fácilmente ser jor que ser pudiese mientras el Rey iba á socorreria desbaratados. Cercó en el camino a Zainora, y sin es envió allá por capitan general á don Berenguel Carroz, perar á ganarla entró en Portugal por aquella parte que conde de Quirra; fuera desto, con grandes promesas cslá entre los rios Duero y Miño, que es una tierra fér solicitó á Beltran Claquin quisiese pasar en Cerdeña y til y abundosa; destruyó y corrió los campos de toda tomar á su cargo aquella guerra. Era muy honroso aquella comarca, quemó y robó muchas villas y aldeas, para él que los principes de aquel tiempo le hacian seganó las ciudades de Braga y Berganza. Desta manera, ñor de la paz y de la guerra, y que tenia en su mano el puesto grande espanto en los portugueses y vengadas dar y quitar reinos. Estaba para conceder con los ruejas demasías y osadía que tuvieron de entrar en su reino, gos del rey de Aragon, cuando otra guerra mas imporse volvió para Castilla. Hallóse con el rey don Enriqueen tante que en aquella coyuntura se levantó en Francia esta guerra su hermano el conde don Sancho, ya res se lo estorbó y llevó a su tierra. Los pueblos del ducalado por mucho precio de la prision en que estuvo cado de Guiena se hallaban muy fastidiados y querelloen poder de los ingleses despues que le prendieron en sos del gobierno de los ingleses, que les echaron un la batalla de Najara, El rey de Portugal no se atrevió á | intolerable pecho que se cobraba de cada una de las pelear con don Enrique, aunque antes le enviara á de familias; esto para restaurar los excesivos gastos que safiar, por no estar tan poderoso como él, ni se le igua. el rey Eduardo hiciera en la entrada de su hijo el laba en la ciencia militar ni en la experiencia y uso de principe de Gales en España cuando restituyó en su

« AnteriorContinuar »