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tre contra su persona muchos capítulos y defectos en lo que pasaba de Tarifa Fernan Perez Portocarrero, la eleccion, si verdaderos, si falsos por hacer lisonja al y de Sevilla Alvar Perez de Guzman y don Pedro Ponce Rey, ¿quién lo averiguará? El Maestre, por adevinar la de Leon, señores principales; y el maestre de Alcántempestad que venia sobre él, se fué á Portugal, con tara con su gente, con que entrara á hacer cabalgadas que pareció darse por culpado; así, en ausencia fué pri en tierra de moros, se juntó con estos capitanes; pevado de la dignidad; y dada por ninguna la primera queño número en comparacion de la grande mucheeleccion, fué elegido de nuevo por maestre don Alonso dumbre de los moros. Marcharon de dia y de noche; Melendez de Guzman, tio hermano de madre del niño vinieron á alcanzar cerca de Arcos á los mil y quiniendon Fadrique, con asaz grande dolor y murmuracion tos moros, que caminaban muy despacio por ir embade muchos, que echaban de ver una maldad y descon razados con la grande presa que llevaban. Dieron con cierto tan grande, que no bastase el peligro grande del grande furia en ellos y los desbarataron, apenas escapó reino para que echasen dél la ambicion y sobornos. Por ninguno que no fuese muerto ó preso, quitáronles toda este tiempo, quien dice dos años antes, don Ruy Perez, la cabalgada que llevaban. Con tan dichoso y buen sumaestre de Alcántara, fué al tanto privado del maestraz ceso animados los nuestros, entraron en consejo si acogo, y elegido en su lugar don Gonzalo Martinez, á quien meterian á Abomelique, hecho que no era proporciootros llaman Nuñez; algunos por la disimilitud y diver nado con el pequeño número de gente que llevaban. sidad de los nombres liacen diverso y dividen lo que no Los pareceres variaban; unos, considerada la gran mulse debe aparlar, porque en la lengua antigua de Casti titud de los moros, eran de parecer que no tentasen Ila Nuño y Martin son una misma cosa. Lo sobredicho mas la fortuna; otros con ánimo feroz y generoso decian se hizo con autoridad de don Juan Nuñez de Prado, que no debian de tener miedo á los moros, sino que, marstre de Calatrava, á quien por sus antiguas consti confiados en Dios y en el valor y esfuerzo de sus soldatuciones estaban sujetos los caballeros de Alcántara. dos, no perdiesen tan buena ocasion como se les presenTratábase con grande calor lo tocante á la guerra de taba de hacer un hecho memorable; que no vence el los moros; para ella de todo el reino se juntaba grande número sino el ánimo, y que no era razon que en see ejército en Sevilla. A percibióse brevísimamente el rey mejante coyuntura dejasen de arriscar sus personas y de Castilla, porque tuvo nuevas que Abomelique era de vidas, que tan poco les podian durar. Siguióse al fin esto Africa pasado por el Estrecho con cinco mil hombres de parecer; la honrosa vergüenza pudo mas que la cobará caballo; era ya cumplido el tiempo de las treguas, y día recatada. Los moros, descuidados con los prósperos convenia que con la presteza se irnpidiese el intento de sucesos pasados, levantado su real, con grandísimo los moros. Hizose entrada en el reino de Granada, ta desórden marchaban la via de Arcos sin llevar adalides laron los campos de Antequera y Archidona, y apenas ni centinelas; infinitas veces ha sido total perdicion me. las mismas ciudades se libraron desta furia. Lo mismo nospreciur al enemigo. Los cristianos al amanecer ense hizo en los términos de Ronda; y por el esfuerzo de tre dos luces, tocada la señal de arremeter, birieron don Juan de Lara y de don Juan Manuel y del maestre valerosamente en los moros; á la pasada de un rio quide Santiago fué desbaratada gran multitud de moros nientos moros hicieron un poco de resistencia, pero que salieron de aquella ciudad á dar y cargar en nues luego que los nuestros le pasaron, todo lo demás l'ué fitra retaguardia, en que iban estos capitanes. Ejecuta- cil; en un momento los moros fueron puestos en huida ron los vencedores el alcance; muchos moros, que se у destrozados. Abomelique, como suele acaecer en un recogieron á ciertas breñas, forzados del miedo, se des repentino alboroto, huia á pié; así, sio ser conocido fué peñaron de aquellos riscos por salvarse y se hicieron muerto por los que seguian el alcance, que cuidaron pedazos. Con esto los cristianos se volvieron á Sevilla; fuese algun soldado particular; su primo Aliatar al tany de allí se enviaron muchas guarniciones para guar to murió en la batalla; perecieron cerca de diez mil lar las fronteras contra los moros. Vino en esta sazon moros, tal fama corria. Los nuestros, robados los reales ) almirante de Aragon Gilaberto con doce galeras y y el carruaje de los enemigos y alegres con las dos vicirden de su Pey que se juntase con la armada del rey de torias que ganaron, con mucha honra y contento vole Castilla y guardase el estrecho de Gibraltar. La falta vieron sus soldados á los alojamientos de que los sale dineros era grande; para suplir esta necesidad en caron. Este año el arzobispo de Tarragona celebró conI mes de setiembre fué el Rey á las Cortes que tenia cilio progincial en Barcelona, y en él con una solemniplazadas para Madrid. Dejó por general en su lugar al sima procesion el cuerpo de santa Eulalia se trasladó naestre de Santiago, repartió otrosi entre los demás á otro mas honrado y conveniente lugar. El rey de AraTandes, ricos hombres y capitanes el cuidado de lo gon fué á Aviñon á dar al Papa la obediencia y recoue en su ausencia hacerse debia. En Nebrija, villa nocerle y hacer el homenaje que tenia obligacion, couesta á la boca de Guadalquivir, sentada en una cam mo feudatario de la Iglesia por las islas de Cerdeña y aña fertilisima, tepian juntada gran copia de trigo para Córcega. | gasto de la guerra. Los moros, cobrada osadía con partida del Rey, se concertaron de ir sobre esta villa

CAPITULO VII. tomarla. Sabido esto por los nuestros, fuéles forzado,

Que los moros fueron vencidos junto a Tarila. cesto que era en el rigor del invierno, de sacar las uarniciones y compañías de los alojamientos. Abome La muerte de Abomelique fue muy llorada y plañida que, resuelto de bacelles rostro, asentó sus reales jun en Africa. Su padre la sintió ternísimamente; dolíanse i á Jerez, y envió mil y quinientos caballos á Nebrija. y querellábanse que con su temprana y arrebatada os de la villa se defendieron; robaron empero los mo muerte no habia podido llegar a ser tal rey como pro»s y estragaron los campos. Acudieron à la fama de metian sus buenas partes. Con esto muy mas inflamados

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y deseosos de vengarle, se dieron gran priesa á aprestar veia las cosas necesarias para la guerra , acordó de hala jornada que tenian pensado hacer en España. Para cer junta de los prelados y grandes del reino para conello hicieron por todo el reino grandes llamamientos de sultar lo tocante á la guerra. Desque estuvieron juntos, gentes, y por toda la Africa enviaron asimismo ciertos puesta la espada á la mano derecha y la corona á la hombres, que con muestra de santidad, con pretexto'y siniestra, sentado en su real trono les hizo una plática color de religion y de un grande servicio de Dios inci en esta manera : « Parientes y amigos mios, ya yeis el tasen los moros á tomar las armas en defensa y aumen peligro en que está todo el reino y cada uno en partito de la religion y secta de sus antepasados. Con esta cular. Pienso tambien que no ignorais en qué estado poz se juntó un increible número de soldados, selenta estén nuestras cosas. Desde mis primeros años juntamilde á caballo y cuatrocientos mil de á pié, muche mente con el reino me han fatigado continuas congojas dumbre tan grande, cual es cosa averiguada nunca al-. y asanes; así lo ha ordonado Dios; dame con to lo eso guno de los pasados reyes juntaron para pasar en Espa mucha pena que nuestros pecados los hayan de pagar ña. Recogieron otrosí una flota de docientas y cincuenta los inocentes. Aun no teniamos bien sosega los los al naves y setenta galeras, armáronla de soldados y baste borotos del reino, cuando ya nos ballamos aprelailas ciéronla de vituallas y de todo lo al. Estaba el rey de con la guerra de los moros, la mas pesada y de lemer Castilla con gran congoja y cuidado de la defensa que que España ha tenido. Mis tesoros consumidos y nuestenia de hacer á los moros cuando le sobrevino olra tros súbditos cansados con tanlos peclios, solo en mcnnueva pesadumbre. Diéronle grandes querellas de don tarles nuevos tributos se exasperan y azoran. Por venGoozalo Martinez ó Nuñez, macstre de Alcánlara. Acu lura ; será bien hacer paz con los moros? Pero no hay que sábanle de muchos delitos, no sabré decir si fueron fiar en gente sin fe, sin palabra y sin religion. ¿ Pelireveriladeros ó falsamente imputados; fué empero cita mos socorro fuera de nuestros reinos? No era malo, do á que pareciese ante el Rey en Madrid á responder á mas á los reyes nuestros vecinos se les da muy poco di la acusacion que le popian y descargarse. Tuvo en po peligro y necesidad en que nos ven puestos. ¿Tendremos co el mandato del Rey, y no quiso parecer, sino pasarse confianza de que Dios nos ayudará y hará merced? Teal rey de Granada, que fué remediar una culpa con mo que le tenemos mal enojado con nuestros per a los otra niayor. No se sabe si esto lo hizo por tener mal y qué no nos desampare. No llega mi prudencia ni conpleilo o con temor del poder y asechanzas de doña Leo sejo á saber dar corte y remedio conveniente á tan gran. por de Guzman, que le era contraria. Demás desto, el des dificultades. Vos, amigos mios, á solas lo posiréis general de la armada del rey de Aragon, saltado que consultar y conforme á vuestra mucha prudencia y disbobo cou su gente en la playa de Algecira, fué muerto

crecion veréis lo que se debe liacer, que para que con con una saeta en una escaramuza que trabó con los mo- | mayor liberlad diguis vuestros pareceres yo me quicros. Sin embargo, venida la primavera, se partió el Rey ro salir fuera. Solo os advierto mireis que de vuestra á la Andalucía, y los desiños del maestre don Gonzalo, resolucion no se siga algun grave peligro á esta coro'ia con la diligencia y presteza que se puso, fucron desba real ni á esta espada deshonra ni afrenta alguna; la faratados. Cercáronle en Valencia, pueblo que cae en ell ma y gloria del nombre español no se mengüe ni escudistrito de la antigua Lusitania; rindióse al Rey, fué rezca. » Ido el Rey, hobo varios pareceres entre los preso y dado por traidor, y como tal degollado y que- que quedaron; los mas prudentes afirmaban que las mado, á propósito todo que los demás escarmentasen fuerzas del Rey no eran lantas que pudiesen resistir al con un castigo tan grande. Fué elegido en su lugar don gran poder de los moros; que seria acertado hacer paz Nuño Chamizo, varon de conocida virtud y grandes con el enemigo con algunos partidos razonables. Otros pren las. Comenzaha Alboljacen á pasar su ejército en con mayor esfuerzo, deseosos de ganar honra y fama, España; envió delante tres mil caballos, que para hacer fueron de voto que la guerra pasase adelante; decian demostracion de su esfuerzo corrieron la tierra de Ar- no poderse hacer paz alguna que no fuese deshonrada y cos, Jerez y Medina Sidonia, y les talaron los campos; i que les estuviese muy mal, porque de necesidad las mas como so volviesen con grande presa, salieron los condiciones della serian á gusto y ventaja del enemigo. de Jerez à ellos, cargaron de sobresalto sobre los que siguióse este parecer, y to los fueron de acuerdo que iban descuidados y seguros, desbaraláronlos y quitá- se procurase solicitar los reyes de Aragon y de Portie ronles la presa con muerte de dos mil dellos. En este gal para que juntasen sus gentes y armas con las del comedio, gastados cinco meses en pasar el Estrecho, Rey. Rehízose la armada en el puerto de Sanlúcar y todo el ejército de los moros se juntó cerca de Algeciral dióse el cargo della á don Alfonso Ortiz Calderon, prior por negligencia del almirante Tenorio. Todo el pueblo de San Juan. El rey de Aragon envió su armada con el le cargaba la culpa de que él les pudo estorbar el paso. capilan Pedro de Moncada. Los ginoveses à costa del Verdad es que muchas veces el pueblo con envidia é rey de Castilla ayudaron con quince galeras. Juan Maringrato ánimo se queja de los hombres valerosos. No tinez de Leyva fué por embajador al sumo Pontifice papudo sufrir esta afrenta el feroz corazon del Almirante. 1 ra alcarzar indulgencia á los que se ballasen en esta Alreviose á pelear con toda la armada de los enemigos, santa guerra. El Papa vino en ello, ya todos los que tres recibió una grande rota, murió él en la batalla y fué meses sirviesen en ella á su costa, les coneedió la cruechada á fondo su armada. Salváronse solamente cinco zada y jubileo plenísimo y remision de todos sus picagaleras, que huyendo aportaron á Tarifa. El Rey se ha dos, y cornelió la publicacion destas indulgencias á don llaba suspenso entre dos dificultades que le teniau pues Gil de Albornoz, arzobispo de Toledo. Para ganar al rey to en gran cuidado; por una parte temia no le sucediese de Portugal el rey de Castilla dió licencia para que doá España algun gran desastre; por otra el deseo de ga- |ña Costanza , hija de don Juan Manuel, se enviase á Por. nar honra y fama le solicitaba. En Sevilla, donde pro- tugal y se desposase con el infante don Pedro. Asi se celebraron las bodas en Ebora con real majestad y apa- | tar del alba los reyes y con su ejemplo los demás del rato; la dote fueron trecientos mil ducados. Demás des- | ejército confesaron,y recibieron el santísimo sacramento, doña María, reina de Castilla, por mandado del Rey, to de la Eucaristía; luego se formaron los escuadrones su marido, fué á Portúgal á suplicar al Rey, su padre, l en orden de batalla. Dióse la avanguardia á don Juan quisiese juntar sus suerzas con las de Castilla y ayudar de Lara y á don Juan Manuel y al maestre de Santiago; en esta sauta demanda. Su padre se lo otorgó y proine la retaguardia se encomendó á don Gonzalo de Aguilar; tió de por su propia persona hacer el socorro que le pe don Pero Nuñez quedó de respeto con buen golpe de dian. Luego con el capitan Pecano, que ya estaba suel gente de á pié. El cuerpo y fuerzas del ejército quedo to de la prision, envió de Portugal doce galeras. El á cargo de los reyes, acompañados del arzobispo de rey de Castilla, por gratificar al rey de Portugal y ga- Toledo don Gil de Albornoz y de otros obispos y grannarle mas la voluntad, se partió á Portugal y se babla des del reino. El pendon de la cruzada por mandado ron junto á Juramena, pueblo sentado a la ribera de del Papa le llevaba un caballero francés, llamado Jugo: Guadiana. Quedaron los reyes muy amigos, olvidadas todos los soldados iban señalados con una cruz coloraya todas las antiguas querellas que entre sí tenian; que da en los pechos como aquellos que iban a pelear conel miedo suele ser mas poderoso que la ira. En el en tra los infieles en defensa de la religion y de la cruz. El tre tanto de todas partes acudian á Sevilla muchas gen rey de Portugal tomó á su cargo de acometer al rey do tes de guerra. Juntábase el ejército tanto con mayor Granada; liacíanle compañía con su gente los maestres priesa y diligencia , porque vino aviso que Albohacen de Alcántara y de Calatrava. El rey de Castilla, ya que y el rey de Granada tenian cercada á Tarifa. Sentaron tenia las haces en órden y á punto de arremeter contra sobre ella sus reales en 23 de setiembre; combatian Albohacen, animó á los suyos y los inflamó á la batalla la furiosamente con trabucos, con mantas y picos, con estas razones: «Tened por cierto, mis caballeros, y con que pretendian arrimarse á los adarves y hacer creedme que esta desordenada muchedumbre de bár entrada; para acrecentar el miedo á los cercados edi baros , allegada de muchas gentes sin delecto ni órden ficaban grandes torres de madera, y aunque los cer | alguno, la ha traido á nuestra España una profunda cados tenian buena guarnicion, teníase miedo que no avaricia y una sed insaciable de reinar y un mortal é podrian mucho tiempo sufrir el cerco. El Rey, temero implacable odio que tiene al nombre cristiano, y no ale so no entregasen la ciudad, por este temor con mucha guna justa causa que tengan para movernos guerra. diligencia solicitaba el socorro, y á los cercados se les No vos atemorice su innumerable multitud, porque ella daba cierta esperanza de brevemente acudilles. Des- misma los ha de destruir. Los unos á los otros se empues que el rey tornó á Sevilla, dende á pocos dias lle barazarán de manera , que ni podrán guardar sus ordegó el rey de Portugal con mil caballos, gente de esti nanzas ni entender lo que se les mandare. Cuanto cada mar mas por su esfuerzo y valor que por el número, uno se mostrare mas sin miedo y cuidare menos de su que era pequeño. Puestas en orden y apercebidas todas persona, tanto estará mas seguro, que á ninguno le es. las cosas necesarias para la jornada, partieron de la tá bien poner la esperanza de su vida en los piés, sino ciudad de Sevilla, donde se hacia la masa, con deter en sus manos y esfuerzo; volved valerosamente la cara minacion de forzar al enemigo á que levantase el cerco al enemigo, y no las espaldas ciegas para ser heridas de 6 dalle la batalla. Tenian grande ánimo y esperanza de los contrarios. Vémonos en tiempo que, o hemos de daralcanzar victoria, no obstante que apenas tenian la nos por esclavos á los moros, ó tenemos de pelear ani. cuarta parte de gente que los moros. Los de á caballo mosamente por la .patria, por nuestras mujeres y hijos eran catorce mil, y los de á pié serian basta veinte y y por nuestra santísima fe con cierta y no vana especinco mil. Con este ejército niarcharon poco á poco la ranza de alcanzar una gloriosísima victoria, que si otra via de Tarifa. Los reyes moros, avisados del desiño cosa sucediere, ¿dónde con mayor provecho ni mas honque los nuestros llevaban , pegaron fuego a las máqui radamente podemos arriscar las vidas que mañana se nas y torres con que combatian la ciudad; y por si se han de acabar? ¿Que cosa nos puede ser mas saludable viniese á las manos, para mejorarse de lugar ocuparon que con un brevísimo dolor ganar aquellas perpetuas con sus gentes unos cerros cercanos á sus reales. No sillas celestiales ? Que es lo que aquella santísima cruz se fortificaron mucho, por tener entendido que consis nos promete, á quien tenemos por amparo y guia en tia la victoria en venir luego a las manos. Llegaron los esta jurnada, y lo que los obispos nos aseguran y concenuestros á una aldea que se llama la Peña del Ciervo; den. Ea pues, soldados y amigos, alegros y sin ningun alli descubrieron los enemigos y se hizo consejo de ca- recelo acometed y herid en vuestros mortales enemipitanes para consultar lo que se debia hacer. Tomóse gos.» Dada la señal, luego empezaron los escuadrones resolucion que a la media noche se enviasen á Tarifa á adelantarse y moverse hócia el enemigo. Corria enmil caballos y cuatro mil infantes para que estuviesen tre los dos campos un rio que llaman el Salado, de de guarnicion y asegurasen la plaza; juntamente lle quien esta memorable batalla y victoria tomó el nomvaban órden al tiempo de la pelea de acometer á los bre, que se llamó la del Salado, y dende a poco espacio enemigos por un lado y echarlos de los cerros; á los entra en el mar. Los que primero le pasasen eran los demás se les mandó que descansasen y tomasen refres primeros á pelear. Envió el rey Bárbaro dos inil jineco y que estuviesen apercebidos para dar al amanecer tes para que estorbasen el paso. Entre tanto él, arroen los enemigos. Hubo grande regocijo aquella noche gante y muy hinchado con la esperanza de la victoria, en nuestros reales; hiciéronse muchos votos y plega- | que ya tenia por suya, habló á sus escuadrones en esta rias y á bandas y escuadras se prometian y conjuraban manera: «Si mirara solamente á nuestra edad y á los de en los peligros favorecerse los unos á los otros y de grandes hechos que en Africa hemos acabado, ninguna no volver á sus casas sino era con la victoria. Al apun- cosa nos faltaba ni para gozar desta vida , ni para que de nosotros en los venideros tiempos quedase un glo- | los navarros en esta batalla, porque su rey don Filipe rioso nombre y perpetua fama, pues con vuestro eso se hallaba embarazado en las guerras de Francia. Era fuerzo, valerosos soldados, tenemos ya sujetas todas | gobernador de Navarra Reginaldo Poncio, hombre de las provincias que con nuestro imperio confinan. El nacion francés. Don Gil de Albornoz, arzobispo de Toamor de nuestra nacion y el deseo del aumento de nues Jedo, nunca se quitó del lado del rey de Castilla, que tra sagrada y paterna religion y vuestros ruegos me siendo en la batalla casi desamparado de los suyos, se hicieron pasar en España. Cosa fea seria no cumplir en iba á meter con grande furia donde se via el mayor gola la batalla lo que en tiempo de la paz me teneis prome- pe de los moros, mas el Arzobispo le echó mano del tido, y mal parecerá ser flojos en la pelea y en sus casas brazo y le detuvo. Díjole con una grande voz no pusiese hacer grandes amenazas y blasones. Cuando nuestros en contingencia una victoria tan cierta con arriscar inenemigos fueran otros tantos como nos, estuviera yo consideradamente su persona. Ganóse esta batalla el en vuestro valor bien confiado; cuando el peligro fuera año de 1340 de nuestra salvacion. Del dia varían los cierto, sin duda tuviera por mejor quedar todos muer historiadores, empero nosotros de certisimos memolos en el campo que mostrar ninguna flaqueza. Al riales tenemos averiguado que esta nobilísima batalla presente teneis llana la victoria, nuestros enemigos son se dió lúnes, 30 de octubre, como está señalado en el pocos, mal armados, sin disciplina militar y con me Calendario de la iglesia de Toledo, do cada año por aqnos uso de la guerra; lo que mas al presente se puede tigua constitucion con mucha solemnidad y alegria se temer 'es no sea caso de menos valer venir á las manos celebra con sacrificios y hacimiento de gracias la mecon gente semejante aquellos que han domado la pode moria desta victoria. rosa Africa, pues de cualquiera manera que á ellos les avenga, les será mucha honra contrastar con nosotros.

CAPITULO VIII. Tened presentes, aquellas insignes victorias de Fez, de

De lo restante desta guerra. Tremecen y del Algarve. Pelead con aquel ánimo y con aquella confianza que es razon tengan concebida en sus Los moros, vencidos y desbaratados, se recogieron pechos los que están acostumbrados á vencer. Acome á Algecira, dende, por no confiarse de la fortificacion ted con gallardia , tened firme en los peligros, menos de aquella ciudad, con temor de ser asaltados de los preciad vuestros enemigos y aun la misma muerte.» nuestros, el rey de Granada se fué á Marbella, y Albo. De parte de los cristianos guiaron al rio y llegaron los hacen á Gibraltar, y la misma noche se pasó en Africa primeros don Juan de Lara y don Juan Manuel. Estu- | por miedo que su hijo Abderraman, á quien dejara por vieron un rato parados, no se sabe si de miedo, si por gobernador del reino, no se alzase con él cuando suotra ocasion; pero es cierto que se sospechó y derramó 1 piese la pérdida de la batalla; que los moros no guarpor todos los escuadrones que estaban conjurados y dan mucho parentesco ni lealtad con padres, hijos pi que lo bacian de propósito. Los dos hermanos Lasos, mujeres; cásanse con muchas, segun la posibilidad y Gonzalo y García, pasado un pequeño puente, fueron hacienda que cada uno alcanza, y con la multitud dellas los primeros que comenzaron á pelear. Cargó muy ma I y de los hijos se mengua y divide el amor, y las unas y yor número de enemigos que ellos eran; estaban estos las otras se estiman y quieren poco. Así, Albohacen no caballeros muy apretados, socorriólos Alvar Perez de sintió mucho le hobiesen cautivado en esta batalla á su Guzman, siguiéronles los demás. El rey de Portugal principal mujer Fátima , hija del rey de Túnez, y otras caminaba á la parte siniestra por la ladera de los cer tres de sus mujeres y á Aboliamar, su hijo; otros dos ros. El rey de Castilla, con un poco de rodeo que hizo hijos de Albohacen fueron muertos en la batalla. Los la vuelta de la marina, con grande impetu dió en los | reales de los moros se hallaron llenos de todo género moros. Alzaron de ambas partes grandes alaridos, ani- de riquezas, así del Rey como de particulares, costosos mábanse unos á otros á la batalla , peleábase por todas | vestidos, preseas y tanta cantidad de oro y plata, quo partes valerosamente. Detienense los escuadrones y á fué causa que en España abajase el valor de la moneda pié quedo se matan, hieren y destrozan. Los capitanes v subiese el precio de las mercadurías. Nuestros reyes hacen pasar los pendones y banderas á aquellas partes victoriosos se volvieron la misma noche á los reales; donde es la mayor priesa de la batalla y donde ven que de los soldados, los que ejecutaron el alcance volvieron los suyos tienen mayor necesidad de ser acorridos. Cier cansados de herir y matar; otros que tuvieron mas coditas bandas de los nuestros se apartaron de la hueste por cia que esfuerzo, tornaron cargados de despojos. El dia sendas que ellos sabian; dieron en los reales de los mo- | siguiente se fueron á Tarifa, repararon los muros que ros, y desbaratada la guarnicion que los guardaba, se por muchas partes quedaron arruinados, basteciéronla los ganaron. Destruyeron y robaron cuanto en ellos ha y pusieron en ella un buen presidio. El miedo que tellaron. Visto esto por los moros que andaban en la ba- nian los moros era grande, y parece fuera acertado potalla, y hasta entonces se desendian valientemente, co- ner luego cerco sobre Algecira; pero desistieron de la menzaron á desmayar y retraerse, y á poco rato volvie-l conquista de aquella ciudad á causa que no venian aperron las espaldas y fueron puestos en huida. Fué grande cebidos de mantenimientos y mochila sino para pocos la matanza que se hizo, murieron en la batalla y en el dias, de que se comenzaba a sentir falla. Por esto y alcance docientos mil moros, cautivaron una gran mul porque ya entraba el invierno, les fué forzoso á los re. titud dellos; de los cristianos no murieron mas de vein- ves volverse á Sevilla. Allí fueron recebidos con pompa te, cosa que con dificultad se puede creer y que causa Triunfal; saliólos á recebir toda la ciudad, niños y yiegrande espanto. Los soldados de la armada fueron de jos, eclesiásticos y seglares y todos estados de gente. poco provecho, porque todos los aragoneses, sin faltar Llamábanlos con alegres y amorosas voces augustos, uno, se estuvieron dentro de sus naves. No se hallaron libertadores de la patria , defensores de la fe, principes victoriosos. En toda España se hicieron muchas pro- queria poner cerco sobre Málaga ; ocupáronse los mocesiones para dar gracias a Dios, nuestro Señor, por tan ros y embebeciéronse en bastecerla, y luego el Rey de alta victoria como les diera, grandes fiestas y alegrías | improviso cercó á Alcalá la Real, que se le entregó á y luminarias por todos el reino. El rey de Portugal de partido en 26 de agosto, con que dejase salvós y libres toda la presa de los moros tomó algunos jaeces y alfan á los de la villa. Causó esta pérdida grande dolor a los jes para que quedasen por memoria y señal de tan in- moros por ver como fueron engañados. Tomada esta signe victoria. Dierónsele algunos esclavos y volvióse á villa, Priego, Rules, Benamejir y otras villas y castisu reino, ganada grande fama y renombre de defensor llos de aquella comarca se rindieron al Rey, unas dellas de los cristianos y de capitan valeroso. Acompañóle sul por su voluntad se entregaron, y otras fueron entradas yerno el rey de Castilla hasta Cazalla de la Sierra. De la por fuerza; sucedian á los vencedores todas las cosas presa de los moros envió á Aviñon al papa Benedicto prósperamente, y á los vencidos al contrario; así aconen reconocimiento un presente de cien caballos con tece en la guerra. Volvióse el ejército á invernar, y en sendos alfanjes y adargas colgados de los arzones, y lugares convenientes se dejaron presidios para que viente y cuatro banderas de los moros y el pendon real guardasen las fronteras. Tenia el Rey puesto todo su y el caballo con que el mismo rey don Alonso entró en cuidado y pensamiento en cercar á Algecira y en allela batalla y otras cosas. Salieron un buen espacio los gar para ello dineros de cualquiera manera que pudiese. cardenales á recebir el embajador, por nombre Juan Aconsejáronle que impusiese un nuevo tributo sobre Martinez de Leyva, que llevaba este mandado. El Papa, las mercadurías. Esla traza , que entonces pareció fádespues de dicha la misa, como es de costumbre, en | cil, despues el tiempo mostró que no carecia de graves accion de gracias a nuestro Señor delante de muchos inconvenientes. Es tan corto el entendimiento humano, principes y de toda la corte predicó y dijo grandes que muchas veces viene á ser dañoso aquello que pricosas en hovra y alabanza del rey don Alonso. Despues mero se juzgó prudentemente que seria provechoso y desto hizo el rey de Castilla almirante del mar á un ca saludable; tomado este consejo, el Rey se partió para ballero ginovés, llamado Gil Bocanegra, y le enco. | Burgos, ciudad principal ; dejó la frontera encargada al meodó guardase el estrecho de Gibraltar, porque los maestre de Santiago. Tuvo la pascua de Navidad en Vamoros no rehiciesen su armada y volviesen á entrar en lladolid en el principio del año de 1342. Llamó el Rey á España; esto por gratificar á los ginoveses lo que sir Búrgos muchos grandes y prelados, y en particulará don vieron en esta jornada, y tambien porque, como era Gil de Albornoz, arzobispo de Toledo, y á don Juan acabada la guerra, no mandasen volver sus galeras, co- de Lara y á don García, obispo de Burgos, para que mo lo hicieron los aragoneses y porlugueses, bien que terciasen y granjeasen las voluntades. Por la grande despues las volvieron á enviar en mayor número que instancia que el Rey y estos señores hicieron, los de de antes á instancia y ruego del nismo rey de Castilla, Burgos concedieron al Rey la veintena parte de lo que que se recelaba , y con él todos los hombres inteligen se vendiese para que se gaslase en la guerra de los motes y de mas prudencia juzgaban que los moros no so ros; concedióse otrosí por liempo limitado, tan solasegarian, sino que, rehecho que hobiesen su ejército, menle mientras durase el cerco de Algecira. A imitacion á la primavera volverianá España y acometerian de nue de Burgos concedieron lo mismo los de Leon y casi tovo su primera demanda.

das las demás ciudades del reino. El ardiente deseo que

entonces todos tenian de acabar la guerra de los moros CAPITULO IX.

los allanaba, ninguna cosa les parecia demasiada. AdeDel principio de las alcabalas.

lante, perdido ya el miedo, el uso ha enseñado cuán

oneroso sea este tributo si por rigor se cobrase. Los mi· Libres de un miedo tan grande, así ol Rey como los nistros reales por granjear el favor del Rey procuraban españoles, por la victoria que ganaron á los moros cerca acrecentar las rentas reales con mucha industria. El de Tarisa, crecióles el ánimo y deseo de desarraigar del próspero suceso de muchos que han seguido este camitodo las reliquias de una gente tan mala y perversa. no hace que sean muy validas mañas semejantes. LlaTrataban de llegar dinero para la guerra, que se enten- móse este nuevo pecho ó tributo alcabala, nombre y dia seria larga. El oro y plata que se ganó a los moros ejeinplo que se tomó de los moros. Alentaron al reino lo mas dello se despendió en hacer mercedes y premiar para que esto concediese unas nuevas que á esta sazon los soldados y en pagarles el sueldo que se les debia. El vinieron que los nuestros habian vencido la armada reino se hallaba muy salto y gastado con los tributos y de los moros. Estaban en Ceuta en la costa de Africa pechos ordinarios; solos los mercaderes eran los que ochenta y tres galeras para renovar la guerra, y en el restaban libres, ricos y holgados; todos los demás estados puerto de Bullon otras doce. A eslas, diez galeras nucspobres y oprimidos con lo mucho que pechaban. En Elle tras que sobrevinieron a la primavera, antes que tuvierepa y en Madrid concedió el reino un servicio extraor- ! sen tiempo de poderse juntar con las demás de su ardinario, de que se llegó una razonable suma de dinero, mada las embistieron y destrozaron; despues toda la pero era muy pequeña ayuda para tan grandes gastos armada de los moros, que aporló á la boca del rio Guacomo tenian hechos y se recrecian de nuevo. Sin embar damecil , fué vencida en una muy reñida y memorable go, en el principio del año de nuestra salvacion de 1341 batalla. Tomaron y echaron á fondo veinle y cinco gadesde Córdoba, do se mandó juntar el ejército, se hizo leras de los enemigos, y mataron dos generales, el de entrada en el reino de Granada; alcanzaron una famosa Africa y el de Granada. No se hallaron en esta batalla victoria, mas con industria y arte que con poder y fuer- las galeras de Aragon; verdad es que al volver de Arazas; enviaron algunas naves cargadas de mantenimien- gon, do eran idas, vencieron junto á Estepona trece gålos para desmentir al enemigo con dar muestra que se leras que encontraron de los moros, cargadas de basli

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