Poesías

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Imprenta de Barcina, 1854 - 199 páginas
 

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Página 105 - I^íigt» sili cristalina transparencia, el mar sin ondulante movimiento, abrasado arenal, ciudad desierta, á toda sensación un alma muerta. IX Ven ninfa celestial de la esperanza, ven, dulce amiga, que tu amor imploro; y enséñame en hermosa lontananza el bien que busco y anhelante adoro; Muéstrame un sol de gloria y bienandanza con sus reflejos de esmeralda y oro, PAHNASO CUBANO 219 vierte los rayos de su luz querida en el triste horizonte de mi vida.
Página 106 - ... despierta. XI Tu dulce voz me animará gozosa; y sus anchos umbrales traspasando mi suerte desgraciada o venturosa irán mis ojos sin temor mirando ; en torno de mis sienes cariñosa tus purísimas alas desplegando, alentarás tal vez mi fantasía, dándome inspiración, luz y armonía. XII Cíñeme...
Página 102 - Cuántas noches, al rayo de la Luna, en tus inmensos dones meditando, he contado las horas una a una, con cien visiones de placer soñando! Tus contentos, tus goces, tu fortuna, por mi agitada mente resbalando, brillantes horizontes bosquejaban, y mundos de delicias me brindaban. IV ¡ Cuántas veces pensé que acá en la tierra eras del existir lumbrera y guía, o beso de piedad que puro encierra bálsamo de consuelo y alegría!
Página 106 - Tu dulce voz me animará gozosa; y sus anchos umbrales traspasando mi suerte desgraciada o venturosa irán mis ojos sin temor mirando ; en torno de mis sienes cariñosa tus purísimas alas desplegando, alentarás tal vez mi fantasía, dándome inspiración, luz y armonía. XII Cíñeme con tus lazos deliciosos, encanto de mi ser, flor argentina, y por senderos fáciles y hermosos mis débiles pisadas encamina.
Página 99 - Scévola, arrogante, sobre el carbón en ascuas convertido, y no exhala su boca ni un gemido, ni oscurece una sombra su semblante. Lleno de fuego el pecho palpitante, a un combate glorioso, decidido, es un volcán que brota enfurecido la hirviente lava de su amor triunfante.
Página 101 - Ven, ninfa celestial de la esperanza, ven, dulce amiga, que tu amor imploro!, (1) y enséñame en hermosa lontananza el bien que busco y anhelante adoro. Muéstrame un sol de gloria y bienandanza con tus reflejos de esmeralda y oro; lanza torrentes de tu luz querida en el triste horizonte de mi vida. II Yo desde niña te buscaba ansiosa en medio de mis juegos seductores; yo desde niña procuré afanosa ornar mi frente con tus blancas flores, y cuando ya la juventud preciosa me cubrió de sus mágicos...
Página 104 - ... esperaba. La tierna virgen que descansa hermosa en delicado lecho de azucenas, a quien la blanda brisa presurosa con sus amantes besos hiere apenas, viendo de la corriente bulliciosa las ondas apacibles y serenas, en inefable gozo embebecida se queda con tu imagen adormida. VI Lanza un grito de muerte en la batalla el arrojado, intrépido guerrero, valiente cruza la enemiga valla y el muro rompe su cortante acero ; nada le enfrena; su furor estalla cual el fuerte crujir del rayo fiero, y sin...
Página 106 - ... rayos de su luz querida en el triste horizonte de mi vida. Muéstrame, sí, tu cielo engalanado con riquísimas franjas de colores, de trémulas estrellas salpicado, y sus lindos luceros brilladores. Vierte en mi corazón acongojado mil afectos de paz, consoladores, y tocaré del porvenir la puerta latiendo el pecho con la fe despierta.
Página 125 - Glació de Italia en el vergel hermoso , Allá en sus campos de esmeralda bella , En donde el sol purísimo y glorioso Todo su fuego y esplendor destella. Un tierno niño de mirar radioso , De misteriosa y escondida estrella , Que alentaba en su seno un alma pura Del supremo Hacedor perfecta hechura. Pasó el tiempo despues : rápidas horas , Invisibles y breves se acercaron , . •! Y estas hijas del tiempo destructoras Al candoroso niño contemplaron , De la infancia las gracias seductoras En juventud...

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