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tre sí lo que se debia hacer en aquel caso. Acordaron | revolviese la feria. Al duque de Benavente y conde de de procurar con todas sus fuerzas de poner en libertad Gijon, en recompensa del gobierno que les quitaban, al conde de Gijon para contraponelle á los contra- les señalaron sendos cuentos de maravedís cada un año rios y á la parte del de Toledo. Decian que la prision | durante su vida. Concedieron otrosí al arzobispo de tan larga era bastante castigo de las culpas pasadas, Toledo que él solo cobrase la mitad de las rentas reales; cualesquier que ellas fuesen. Parecia muy puesta en de que por su mano se hiciese pagado de los gastos que razon esta demanda, y así, con facilidad se salió con hizo en levantar la gente en pro comun del reino; que ella. Sacáronle de la prision, y lleváronle á besar la así lo decia, y aun queria que los demás otorgasen con mano al Rey, que le mandó restituir su estado. La él. El tiempo de las treguas asentadas con Portugal esrevuelta de los tiempos le dió la libertad que á otros piraba, y era mala sazon para volver a la guerra; el Rey quitara ; ansí van las cosas, unos pierden, otros ganan mozo, las fuerzas muy flacas. Acordaron los gobernaen semejantes revoluciones. Juntáronse las Cortes en dores se despachasen embajadores que procurasen se Búrgos, segun que lo tenian concertado. Comenzóse alargase el tiempo, que fueron las cabezas Juan Será tratar del concierto puesto entre las partes. El arzo rano, prior de Guadalupe, primero obispo de Segobispo de Santiago, como lo tenian trazado, dijo que via , é ya de Sigüenza , y Diego de Córdoba, mariscal no vendria en ello si no admitian al conde de Gijon por de Castilla , de quien decienden los condes de Cabra. cuarto gobernador junto con los tres grandes que an El conde de Niebla Juan Alonso de Guzman para asistir tes señalaron, pues en nobleza y estado á ninguno re

al gobierno parlió de su casa. Con su ida se levantó en conocia ventaja. Mucho sintió el arzobispo de Toledo Sevilla una grande revuelta. Diego Hurtado de Mendoverse cogido con sus mismas mañas. Altercaron mucho za, con la cabida que tenia en el nuevo Rey, pretendió sobre el caso. Los procuradores de las ciudades, divi que le nombrasen por almirante del mar. No se podia didos, no se conformaban en este punto, como los que esto hacer sin descomponer á Alvar Perez de Guzman, estaban negociados por cada cual de las partes. Te que tenia de atrás aquel cargo. El conde de Niebla, míase alguna revuelta no menor que las pasadas. Para quier de su voluntad, quier negociado, quiso mas atajar inconvenientes acordaron de nombrar jueces granjear un nuevo amigo, que podia mucho en la corte, árbitros que determinasen lo que se debia hacer. Se que mirar por la razon y por su deudo Alvaro de Guzñalaron para esto á don Gonzalo, obispo de Segovia , y man. Esta fué la ocasion del alboroto, porque él desAlvar Martinez, muy eminentes letrados en el derecho compuesto se juntó con Pero Ponce, señor de Marchecivil y eclesiástico. No se conformaron ni fueron de | na, y ambos se apoderaron de Sevilla con daño de los uu parecer por estar tocados de los humores que cor amigos y deudos del conde de Niebla , ca los echaron rian y ser cada uno de su bando. Continuáronse los todos de aquella ciudad, escándolos que por algun debates, y duraron hasta el principio del año que se tiempo se continuaron. A la sazon el Rey se hallaba en contaba 1392, en que, finalmente, á cabo de muchos Segovia , ciudad fuerte por su sitio y para con sus redias y trabajos otorgaron con el dicho arzobispo de yes muy leal. Alli volvieron los embajadores que se enSantiago que todos los cuatro grandes de suso menta viaron á Portugal. El despacho fué que el rey de Pordos tuviesen parte en el gobierno junto con los demás. tugal no daba oidos á aquella demanda de alargar el Dieron asimismo traza que entre todos se repartiese

tiempo de las treguas, antes queria volver á las armas, la cobranza de las rentas reales. Para lo demás del go

confiado demás de las victorias pasadas en la poca cdad bierno que cada seis meses por turno gobernasen los del rey de Castilla y mas en las discordias de sus grancinco de diez que eran, y los demás por aquel tiempo des, ocasion cual la pudiera desear para mejorar sus vacasen. Parecióles que con esta traza se acudia á to haciendas. El de Benavente otrosí por la mala cara con do y se evitaba la confusion que de tantas cabezas y que en la corte le miraban y la mala voz que de sus gobernadores podia resultar. Tomado este asiento, pa cosas corria , junto con la privacion del gobierno, mal recia que toda aquella tempestad calmaria y se con

contento se retiró a su casa y estado; y aun se sonrugia seguiria el deseado sosiego. Regaláronse estas espe | que se comunicaba con el de Portugal y aun traia inranzas por un caso no pensado. Dos criados del duque

teligencias de casar con dona Beatriz, bija bastarda de de Benavente dieron la muerte á Diego de Rojas vol aquel Rey, con gran suma de dineros que en dote le seviendo de caza, que era de la familia y casa del conde ñalaban. Daba cuidado este negocio, por ser el Duque de Gijon. Entendióse que aquellos homicianos lleva persona de lantas prendas, señor de tantos vasallos, ban para lo que hicieron órden y mandato de su amo. y que tenia su estado á la raya de Portugal. Avisado Desta sospecha, quier verdadera, quier falsa , resultó | de lo que se decia, se excusó con el agravio que le higrande odio en general contra el Duque. Representá cieron en quitalle el casamiento que tuvo por hecho de baseles lo que se podia esperar en el gobierno y poder

doña Leonor, condesa de Alburquerque; y aun se dijo del que á los principios tales muestras daba de su fie que esta fué là ocasion de la muerte que hizo dar á reza y de su mal natural. Alteróse pues la traza pri Diego de Rojas, que no terció bien en aquella su premera, y por órden de las Cortes acordaron que el tes tension. Todavía ofrecia, si mudado acuerdo se la datamento del Rey se guardase, mas que en tanto que el ban, trocaria por aquel casamiento el de Portugal. marqués de Villena y conde de Niebla, llamados por Tiene la necesidad grandes fuerzas; acordaron los gosendas cartas del Rey, no viniesen, el arzobispo de To- | bernadores por el aprieto en que todo estaba de venir ledo tuviese sus veces y entrase en las juntas con tres en lo que pedia. Señalaron á Arévalo, villa de Castilla, votos. Todo se enderezaba á contentalle para que no para que las bodas se celebrasen. Cosa maravillosa; lue

go que otorgaron con su deseo, se volvió atrás, sea | los bullicios y pasiones que comenzaban. Avisóles del porque á las veces lo que mucho apetecemos alcan- riesgo que todos corrian, si el fuego de la discordia zado nos enfada, ó lo que yo mas creo, temia debajo civil se emprendia y avivaba entre ellos, de ser presa de muestras de querelle contentar alguna zalagarda. de sus enemigos, que estaban alerta y á la mira para Apretose con esto el negocio de Portugal. El arzobispo aprovecharse de ocasiones semejantes. En una junta de Toledo por atajar el daño que desto podia resultar en que se hallaban las principales cabezas de las dos fué á toda priesa á verse con el Duque. Confiaba en su parcialidades les habló en esta sustancia: «Los acciautoridad y en las prendas de amistad que habia de dentes y reveses de los tiempos pasados os deben eisepor medio. Ofrecióle, si mudaba partido, de casalle con ñar y avisar cuánto mejor os estará la concordia , que hija del marqués de Villena , y en dote tanta cantidad es madre de seguridad y buenandanza, que la concomo en Portugal le prometian. Muchas razones pa- | tumacia , mala de ordinario y perjudicial. No el valor saron ; la conclusion fué que el Duque no salió á, cosa de los enemigos, sino vuestras disensiones han sido alguna; excusóse que el gran poder de sus enemigos causa de las pérdidas pasadas, muchas y muy graves. Je tenia en necesidad de valerse del amparo de extra- 1 ¿Qué podremos al presente esperar, si como locos y ños. El Arzobispo, visto que sus amonestaciones no sandios de nuevo os alborotais ? Toda razon pide que prestaban, dió la vuelta por Zamora para prevenir que el hijo obedezca á su padre, sea cual vos le quisiéredes Nuño Martinez de Villaizan, alcaide del alcázar, y que pintar. Hacelle guerra, ¿qué olra cosa será sino contenia en su poder la torre de San Salvador, no pudiese fundir la naturaleza y trocar lo alto con lo bajo? ¿Por entregar aquella fuerza al duque de Benavente, como l qué causa no juntaréis antes vuestras fuerzas para corvehementemente se sospechaba , y sobre ello la ciudad rer las tierras de cristianos? ¿Cuál es la causa que deestaba alborotada y en armas. Llegado el Arzobispo, lo! jais pasar la buena ocasion que de mejorar vuestras cocompuso todo; diéronse rehenes de anıbas partes, y | sas os presenta la edad del rey de Castilla, las discoren particular el Alcaide para mayor seguridad entregó dias de sus grandes, además del miedo y cuidado en aquella torre fuerte á quien el Arzobispo señaló para que los tiene puestos la guerra de Portugal?» Con estas que la guardase. Eran entrados los calores del estío pocas razones se apaciguaron los rebeldes, y el mismo cuando vino nueva cierta que los embajadores que Mahomad prometió de ponerse en las manos de su pafueron de nuevo á Portugal se juntaron con el prior de dre. Acordaron tras esto de hacer una entrada en el San Juan, que vino de parte de su Rey á Sabugal á reino de Murcia , como lo hicieron por la parte de Lorla raya de los dos reinos; por mucha instancia que hi ca, en que talaron los campos é hicieron grandes precieron no pudieron alcanzar que las treguas se proro sas de hombres y de ganados. Eran en número de segasen. Ardian los portugueses en un vivo deseo de lecientos caballos y tres mil peones. Siguiólos el adevolver á las manos y no dejar aquella ocasion de en- lantado de Murcia Alonso Fajardo, y si bien no llevaba sanchar su reino y mejorar su partido. El primero que mas de ciento y cincuenta caballos, les dió tal carga y salió en campaña fué el duque de Benavente, que ! á tal tiempo, que los desbarató, degolló muchos dollos, acompañado de quinientos de á caballo y gran número finalmente, les quitó la presa que llevaban; gran pérdida de infantes hizo sus estancias cerca de Pedrosa, no 1 y mengua de aquella gente, con que España quedó lilejos de la ciudad de Toro. Grande era el aprieto en bre de un gran miedo que por aquella parte le amenaque Castilla se hallaba , los grandes discordes, la i zaba; lo cual fué en tanto grado, que el rey de Aragon, guerra que de fuera amenazaba. En Granada otrosí se á quien este peligro menos tocaba, nor acudir á él dec alborotaron los moros en muy mala sazon. Falleció hizo una armada que tenia en Barcelona apreslada para por principio deste año Mahomad, que siempre se sosegar los movimientos y alborotos que de nuevo anpreció de lacer amistad á los cristianos. Sucedióle su daban en Cerdeña, á causa que Brancaleon Doria sin hijo Juzef, otro que tal, en tanto grado, que en vida respeto de los negocios pasados con las armas se apodede su padre á muchos cristianos dió libertad sin resca- raba de diversos pueblos y ciudades. Verdad es que los te. Esta amistad con los nuestros le acarreó mal y da- moros, castigados con aquella rota y temerosos de la ño. Tenia cuatro hijos, Juzef, Mahomad, Ali, Hamet. tempestad que se les armaba por la parte de Aragon, Malomad era mozo brioso, amigo de honra y de man con mas seguro consejo acordaron pedir treguas al rey dar. No tenia esperanza, por ser hijo segundo, de de Castilla; que fácilmente les concedieron por no emsalir con lo que deseaba, que era hacerse rey, si no se barazarse juntamente en la guerra de Portugal y en la valia de malicia y de maña. Para negociar la gente y de los moros. Hallábase el Portugués muy usano por levantalla comenzó de secreto á achacar á su padre y verse arraigado en aquel reino sin contradicion, por cargalle de que era moro solo de nombre, en la alicion las muchas fuerzas y riquezas que tenia, y mas en y en las obras cristiano. Por este modo muchos se le particular por la noble generacion que le nacia de dona arrimaron, unos por el odio que tenian á su Rey, otros Filipa, su mujer, que en cuatro años casi continuados por deseo de novedades. Deslos principios crecieron parió cuatro hijos: primero á don Alonso, que falleció las pasiones de tal suerte, que estuvo la ciudad en gran en su tierna edad; despues á don Duarte, que sucedió riesgo de ensangrentarse y tomar los unos contra los en el reino de su padre, y en este mismo año á 9 de otros las armas. Hallóse presente á esta sazon un em- | setiembre nació en Lisboa don Pedro, que fué adelante bajador del rey de Marruecos, moro principal y de duque de Coimbra, y dende á diez y seis meses don Eqreputacion por el lugar que tenia, y su prudencia muy rique, duque de Viseo y maestre de Christus, y que fue aventajada. Púsose de por medio y procuró de sosegar j muy aficionado á la astrologia, de la cual ayudado y de la grandeza de su corazon se atrevió el primero de to- | que tenia en la corte, personajes principales y poderodos á coslear con sus arınadas las muy largas marinas | sos. Que no se podria asegurar hasta tanto que el Rey de Africa, en que pasó tan adelante, que dejó abierta la saliese de tutela, y no se gobernase al antojo de los que puerta á los que le sucedieron para proseguir aquell tenian el gobierno; además que no estaria bien á perintento hasta descubrir los postreros términos de le sona de sus prendas andar en la corte como particular, vante, de que á la nacion portuguesa resultó grande sin poder, sin autoridad, sin acompañamiento. Partió honra y no menor interés, como se notará en sus luga con tanto el Arzobispo en sazon que la ciudad de Zamores. Los postreros hijos deste Rey se llamaron don Juan, ra segunda vez corrió peligro de venir en poder del duy el menor de todos don Fernando. En este mismo año que de Benavente por inteligencias que con él traia el á Cárlos VI, rey de Francia, se le alteró el juicio por alcaide Villaizan de entregalle aquel castillo. Alboroun caso no pensado. Fué así, que cierta noche en Paris, tóse la ciudad sobre el caso. Acudieron los arzobispos al volver de palacio el condestable de Francia Oliverio de Toledo y de Santiago y el maestre de Calatrava, que Clison cierto caballero le acometió y le dió tantas he atajaron el peligro y lo sosegaron todo. Dió el de Beridas, que le dejó por muerto. Huyó luego el matador, navente con su gente vista á aquella ciudad, confiado por nombre Pedro Craon, recogióse á la tierra y am que sus inteligencias y las promesas del Alcaide sal paro del duque de Bretaña. El Rey se encendió de tal 'drian ciertas; mas como se hallase burlado, revolvió suerte en ira y saña por aquel atrevimiento, que de sobre Mayorga, villa del infante don Fernando, de cuyo terminó ir en persona para tomar emienda del mata castillo se apoderó por entrega del alcaide Juan Alonso dor por lo que cometió, y del Duque porque, requerido de la Cerda que le tenia en su poder. Suelen á las veces de su parte le entregase, no queria venir en ello; bien los hombres faltar al deber por satisfacerse de sus parque se excusaba que no tuvo parte ni arte en aquel de liculares desgustos. Juan Alonso se tenia por agraviado Jito y caso tan atroz. Púsose el Rey en camino y llegó del rey don Juan, á causa que por su testamento le priá la ciudad de Maine. Salió de allí al hilo de medio dia vó del oficio de mayordomo que tenia en la casa del Inen los mayores calores del año; tal era el deseo que lle fante, que fué la ocasion de aquel desórden. El alcaide vaba y la priesa. No anduvo media legua cuando de re Villaizan otrosí estaba sentido que no le dieser el oficio penle puso mano á la espada furioso y fuera de sí; mató de alguacil mayor que tuvo su padre en Zamora. Dieá dos, é hirió a otros algunos; finalmente, de cansado ron tra za para asegurar aquella ciudad con alguna muesse desmayó y cayó del caballo. Volviéronle á la ciudad tra de blandura, que con retencion de los gajes queany con remedios que le hicieron tornó en su juicio; pero tes tiraba Villaizan entregase el castillo á Gonzalo de no de manera que sanase del todo, ca á tiempos se al Sanabria, vecino de Ledesma, hijo de aquel Men Rodriteraba. Deste accidente y de la incapacidad que quedó guez de Sanabria que acompañó al rey don Pedro cuanal Rey por esta causa resultaron grandes inconvenien do salió de Montiel, y muerto el Rey, quedó preso. Pasó tes en Francia , por pretender muchos señores, deudos el rey don Enrique con esto su corte a Zamora, como á del mismo Rey y de los mas poderosos de aquel rei ciudad que cae cerca de Portugal, para desde allí trano, apoderarse del gobierno, quien con buenas, quien tar con mas calor y mayor comodidad de las treguas, con malas mañas, Juan Juvenal, obispo de Beauvais, en sazon que las fuerzas del duque de Benavente por el refiere que ninguna cosa le daba mas pena, cuando el mismo caso se enflaquecian de cada dia mas, y muchos juicio se le remontaba , que oir mentar el nombre de se le pasaban a la parte del Rey. Querian ganar por la Inglaterra é ingleses, y que abominaba de las cruces mano antes que los de Castilla y de Portugal concertarojas, divisa y como blason de aquella nacion; creo sen sus diferencias, sobre que andaban demandas y resporque á los locos y á los que sueñan se les represen puestas; el remate fué acordarse con las condiciones tan con mayor vehemencia las cosas y las personas siguientes : que Sabugal y Miranda se entregasen á los que en sanidad y despiertos mas amaban o aborrecian. porlugueses, cuyas los tiempos pasados fueron; el rey

de Castilla no ayudase en la pretension que tenian de la CAPITULO XVII.

corona de Porlugal, ni á la reina dona Beatriz, ni á los De las treguas que se asentaron entre Castilla y Portugal.

infantes, sus tios, don Juan y Donis, arrestados en Cas

tilla; lo mismo hiciese el de Portugal sobre la misma La porfía y los desgustos de don Fadrique, duque de querella con cualquier que pretendiese pertenecelle el Benavente, ponia en cuidado a los de Castilla, en espe reino de Castilla; á trueco por ambas partes se diese cial á los que asistian al gobierno. Deseaban aplacalle libertad á los prisioneros. Para seguridad de todo esto y ganalle, mas hallaban cerrados los caminos. El arzo-l concertaron diesen al de Portugal en rehenes doce hibispo de Toledo, como deseoso del bien comun, sin ex jos de los señores de Castilla. Mudóse esta condicion en cusar algun trabajo, se resolvió de ponerse segunda vez que fuesen cada dos hijos de ciudadanos de seis ciudaen camino para verse con el Duque. Confiaba que le des, Sevilla, Córdoba, Toledo, Burgos, Leon y Zamora. doblegaria con su autoridad y con ofrecelle nuevos y con tanto se pregonaron las treguas por término de aventajados partidos. Vióse con él por principio del año l quince años mediado el mes de mayo en Lisboa y en del Señor de 1393. Persuadióle se fuese despacio en Burgos, do á la sazon los dos reyes se hallaban, con lo del casamiento de Portugal; que esperase en lo que l grande contento de ambas naciones. Estas capitulacioparaban las treguas, de que con mucho calor se trata nes parecian muy aventajadas para Portugal, menguaba. No pudo acabar que deshiciese el campo ni que se das y afrentosas para Castilla; pero es gran prudencia fuese á la corte; excusábase con los muchos enemigos acomodarse con los tiempos, que en Castilla corrian

muy turbios y desgraciados, y llevar en paciencia la falta » hizo en la iglesia de Palencia por algunos tutores de de reputacion y desautoridad cuando es necesario, es »don Enrique, ilustre rey de Castilla y Leon, así eclemuy propio de grandes corazones.

»siásticos como seglares, y otros del su consejo y vam

osallos y por mandamiento y consentimiento del mismo CAPITULO XVIII.

» Rey. Es nuestro dolor y nuestra tristeza tan grande,

» que no admite ningun consuelo, porque estando la De la prision del arzobispo de Toledo.

» Iglesia santa de Dios en estos lastimosisimos tiempos La alegría que todos comunmente en Castilla reci. » tan afligida y por muchas vias desconsolada y misebieron por el asiento que se tomó con Portugal, venci » rablemente dividida con la discordia del scisma, sadas tantas dificultades y á cabo de tantas largas, se des » bre sus tantas heridas se haya añadido una tan grande templó en gran manera con la .prision que hicieron en » por el sobredicho Rey, su particuiar hijo y principal la persona del arzobispo de Toledo. Parecia que unos » defensor. Mas porque por parte del Rey se nos ha dado males se encadenaban de otros, y que el fin de una re » noticia que en la dicha prision y detencion que se hizo vuelta era principio y vispera de otro daño. Hacia el Ar- » por ciertas causas justas y razonables que concernian zobispo las partes del duque de Benavente por la amis » al buen estado, seguridad, paz, quietud y provecho tad y prendas que habia entre los dos. Deseaba otrosi » del mismo Rey y su reino y vasallos, tenido primero que á Juan de Velasco, camarero del Rey, amigo y alia » maduro acuerdo por los de su consejo y sus grandes, do de los dos, volviesen la parte de los gajes que por el » no ha inlervenido otro algun grave o enorme exceso testamento del rey don Juan le acortaron. No pudo salir | » acerca de las personas de los dichos presos, y que con su intento por muchas diligencias que hizo; acordó » luego los mismos dende a poco tiempo fueron puestos como despechado ausentarse de la corte. Recelábanse » en libertad, de que plenariamente gozan; nos, tenienlos demás gobernadores que esta su salida y enojo no »do consideracion a la tierna edad del Rey, y que vefuese ocasion de nuevos alborotos, por su grande es »risimilmente la dicha prision y detencion no se hizo tado y ánimo resoluto que llevaba mal cualquiera de » tanto por su acuerdo como por los de su consejo, quamasía, y aun queria que todo pasase por su mano. Co » remos por estas causas habernos con él blandamente municáronse entre sí y con el Rey; salió resuelto de la » en esta parte; y inclinado por sus ruegos cometemos consulta que le prendiesen, como lo hicieron dentro de » á vos, nuestro hermano, y mandamos que si el mismo palacio, juntamente con su amigo Juan de Velasco. Era

» Rey con humildad lo pidiere, por vuestra autoridad este caballero asaz poderoso en vasallos, y que poco an- | »le absolvais en la forma acostumbrada de la sententes con su mujer en dote adquirió la villa de Villalpan »cia de descomunion, que por las razones dichas en do. Su padre se llamó Pedro Hernandez de Velasco, de » cualquier manera haya incurrido por derecho ó senquien arriba se dijo que murió con otros muchos en el » tencia de juez; y conforme á su culpa le impongais cerco de Lisboa, y el uno y el otro fueron troncos del | » saludable penitencia, con todo lo demás que conform muy noble linaje en que la dignidad de condestable de ojne á derecho se debe observar, templando el rigor de Castilla se ha continuado por muchos años sin interrup- »derecho con mansedumbre segun que conforme á juscion alguna hasta el dia de hoy. Prendieron asimismo » tas y razonables causas vuestra discrecion juzgare se á don Pedro de Castilla, obispo de Osma, y á Juan, abad » debe hacer. Queremos otrosí que por la misma autode Fuselas, muy aliados del Arzobispo y participantes »ridad le relajeis las demás penas, en que por las cauen el caso. Pareció exceso notable perder el respeto á »sas ya dichas hobiere en cualquier manera incurrido. tales personajes y eclesiásticos, si bien se cubrian de la » Dado en Aviñon á 29 de mayo en el año décimo quinto capa del bien público, que suele ser ocasion de se hacer »de nuestro pontificado.» Recebido este despacho, el semejantes demasías. Pusieron entredicho en la ciudad

Rey, puestas las rodillas en tierra en el sagrario de santa de Zamora, do se hizo la prision, en Palencia y en Sala Catalina en la iglesia mayor de Burgos, con toda muesmanca. Quedaban por el mismo caso descomulgados, tra de humildad pidió la absolucion. Juró en la forma así el Rey como todos los señores que tuvieron parte acostumbrada obedeceria en adelante á las leyes ecle, en aquellas prisiones, si bien no duraron mucho, ca en siásticas, y satisfaria al arzobispo de Toledo con volbreve los soltaron á condicion que diesen seguridad. El velle sus plazas; tras esto fué absuelto de las censuras, Arzobispo dió en rehenes cuatro deudos suyos, y puso dia viérnes, á los 4 de julio. Halláronse presentes á todo en tercería las sus villas de Talavera y Alcalá; mas sin don Pedro de Castilla, obispo de Osma; Juan, obispo embargo, se ausentó sentido del agravio. Juan de Velas-, de Calahorra, y Lope, obispo de Mondoñedo, y Diego co entregó el castillo de Soria, cuya tenencia tenia á | Hurtado de Mendoza, que sin embargo de los escándasu cargo. Acudieron asimismo al Papa por absolucion Jos de Sevilla, ya era almirante del mar. Alzóse otrosí el de las censuras, que cometió a su nuncio Domingo, entredicho; á esta alegría se allegó para que fuese mas obispo primero de San Ponce, y á la sazon de Albi en colmada la reduccion del duque de Benavente, que a Francia; sobre lo cual le enderezó un breve, que hoy persuasion del arzobispo de Santiago que lo mandaba todia se halla entre las escrituras de la iglesia mayor de do y por su buena traza vino en deshacer su campo, abraToledo; su tenor es el siguiente : «Lleno está de amar zar la paz y ponerse en las manos de su Rey. En reo gura mi corazon despues que poco ha he sabido la compensa del dote que le ofrecian en Portugal concer9 prision y detencion de las personas de nuestros vene taron de contalle sesenta mil florines y que tuviese li

rables hermanos Pedro, arzobispo de Toledo, y Pe bertad de casar en cualquier reino y nacion, como no pdro, obispo de Osma, y Juan, abad de Fuselas, que se fuese en aquel. Demás desto, de las rentas reales le señalaron de acostamiento cierta suma de maravedís en aquel casamiento, continuaban con mas calor en sus allos libros del Rey. Asentado esto, sin pedir alguna se- | borotos y en apoderarse por las armas de pueblos y guridad de su persona para mas obligar á sus émulos, castillos y gran parte de la isla. No tenian esperanza de vino á Toro. Recibióle el Rey allí con muestras de amor sosegallos y ganallos por buenos medios; acordaron de y benignidad, y luego que se encargó del gobierno y pasar en una armada que aprestaron para sujetar los le quitó á los que le tenian, le trató con el respeto que alborotados aquellos reyes, y en su compañía su padre su nobleza y estado pedian. Desta manera se sosegó el don Martin, duque de Momblanc. En la guerra, que reino, y apaciguadas las alteraciones que tenian á to- | fué dudosa y variable, intervinieron diversos trances. dos puestos en cuidado, una nueva y clara luz se co El principio fué próspero para los aragoneses; el remenzó á mostrar despues de tantos nublados. Grande mate, que prevalecieron los parciales hasta encerrar á reputacion ganó el arzobispo de Santiago, todos á por los reyes en el castillo de Catania y apretallos con un fía alababan su buena maña y valor. Duróle poco tiempo cerco que tuvieron sobre ellos. Don Bernardo de Caesta gloria á causa que en breve el Rey salió de la tutela brera, persona en aquella era de las mas señaladas en y se encargó del gobierno; el arzobispo de Toledo, su todo, acompañó á los reyes en aquella demanda; mas contendor, otrosí volvió a su antigua gracia y autori

era vuelto á Aragon por estar nombrado por general de dad, con que no poco se menguó el poder y grandeza una armada que el rey don Juan de Aragon tenia apresdel de Santiago. El pueblo, con la soltura de lengua tada para allanar á los sardos. Este caballero, sabido que suele, pronosticaba esta mudanza debajo de cierta lo que en Sicilia pasaba, de su voluntad ó con el benealegoría, disfrazados los nombres destos prelados y tro plácito de su Rey se resolvió de acudir al peligro. Juntó cados en otros, como se dirá en otro lugar. Al rey de buen número de gente, catalanes, gascones, valones; Navarra volvieron los ingleses á Quereburg, plaza que | para llegar dinero para las pagas empeñó los pueblos tenian en Normandía en empeño de cierto dinero que que de sus padres y abuelos heredara. Hizose á la vela, le prestaron los años pasados. Encomendó la tenencia aportó á Sicilia ya que las cosas estaban sin esperanza. á Martin de Lacarra y su defensa , por estar rodeada Dióse tal maña, que en breve se trocó la fortuna de la de pueblos de franceses y gente de guerra derramada guerra, ca en diversos encuentros desbarató a los conpor aquella comarca. Las bodas de la reina de Sicilia y trarios, con que toda la isla se sosegó, y volvió mal su don Martin de Aragon finalmente se efectuaron con li grado de muchos al señorío y obediencia de Aragon, en cencia del rey de Aragon, tio del novio, y del papa Cle que hasta el dia de hoy ha continuado, y por lo que se mente, segun que de suso se apuntó. Los varones de puede conjeturar durará por largos años sin mudanza. Sicilia con deseo de cosas nuevas, ó por desagradalles

LIBRO DÉCIMONONO.

CAPITULO PRIMERO.

Cómo el rey don Enrique se encargo del gobierno.

REPOSABA algun tanto Castilla á cabo de tormentas tan bravas de alteraciones como padeció en tiempo pasado; parecia que calmaba el viento de las discordias y de las pasiones, ocasionadas en gran parle por ser muchos y poco conformes los que gobernaban. Para atajar estos inconvenientes y daños el Rey se determinó de salir de tutela y encargarse él mismo del gobierno, si bien le faltaban dos meses para cumplir catorce años; edad legal y señalada para esto por su padre en su testamento. Mas daba tales muestras de su buen natural, que prometian, si la vida no le faltase, seria un gran príncipe, aventajado en prudencia y justicia con todo lo al. Demás que los señores y cortesanos le atizaban y daban priesa ; la porfía de todos era igual, los intentos diferentes. Unos, con acomodarse con los deseos de aquella tierna edad, pretendian granjear su gracia para adelantar sus particulares , los de sus deudos y aliados. Otros, cansados del gobierno presente, cuidaban

que lo venidero seria mas aventajado y mejor, pensa- ,
miento que las mas veces engaña. Por conclusion, el Rey
se conformó con el consejo que le daban. A los prime-
ros de agosto juntó los grandes y prelados en las Huel-
gas, monasterio cerca de Búrgos, en que los reyes de
Castilla acostumbraban á coronarse. Habló á los que
presentes se hallaron, conforme a lo que el tiempo
demandaba. Que él tomaba la gobernacion del reino;
rogaba á Dios y á sus santos fuese para su servicio,
bien, prosperidad y contento de todos. A los que pre-
sentes estaban encargaba ayudasen con sus buenos con-
sejos aquella su tierna edad y con su prudencia la en-
caminasen. Pero desde aquel dia absolvia á los gober-
nadores de aquel cargo, y mandaba que las provisiones
y cartas reales en adelante se robrasen con su sello.
Acudieron todos con aplauso y muestras grandes de
alegría, así el pueblo como los ricos hombres y señores
que asistian á aquel auto, el nuncio del Papa, el duque
de Benavente, el maestre de Calatrava y otros muchos.
El arzobispo de Santiago, como quier que ejercitado en
todo género de negocios, y los demás le reconocian por

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