Imágenes de páginas
PDF
EPUB

un principe de la alcuña real de Castilla, y que en vida ble para los dos hermanos en particular, y en comun de su hermano tenia en su mano el gobierno ? Mirad para todo el reino. pues no se atribuya antes á mal no hacer caso ni responder á la voluntad que grandes y pequeños os mues

CAPITULO XVI. tran, y por excusar el trabajo y la carga, desamparar á

De la guerra de Granada. la patria común, que de verdad, tendidas las manos, se mete debajo las alas y se acoge al abrigo de vuestro Esto pasaba en Castilla á tiempo que en Aragon suamparo en el aprieto en que se balla. Esto es finalmen- cedió la muerte de la reina doña María , que falleció te lo que

todos suplicamos; que encargaros useis en el en Villareal, pueblo cerca de Valencia , á los 29 de gobierno destos reinos de la templanza á vos acostum- diciembre, con gran sentimiento del rey de Aragon, brada y debida no será necesario.» Despues destas ra- su marido , y de toda aquella gente, por sus prenzones los demás grandes que presentes estaban se ade- das muy aventajadas. Sepultaron su cuerpo con el lantaron cada cual por su parte para suplicalle aceptase. acompañamiento y honras convenientes en Poblete, No faltó quien alegase profecías y revelaciones y pro- sepultura de aquellos reyes. De cuatro hijos que parió, nósticos del cielo en favor de aquella demanda. A todo los tres se le murieron en su tierna edad, don Diego, esto el Infante con rostro mesurado y ledo replicó y don Juan y doña Margarita ; quedó solo don Martin, á dijo no era de tanta codicia ser rey que se hobiese de la sazon rey de Sicilia, y que se hallaba embarazado en menospreciar la infamia que resultaria contra él de am- el gobierno de aquella isla, con poco cuidado de su vida bicioso é inhumano, pues despojaba un niño inocente y salud, por ser mozo, y los muchos peligros á que hay menospreciaba la Reina viuda y sola, á cuya defensa cia siempre rostro por ser de gran corazon ; de que toda buena razon le obligaba , demás de las alteracio- poco adelante á él sobrevino la muerte, y con ella á los nes y guerras que forzosamente en el reino sobre el

suyos muy grandes adversidades. El infante don Fercaso se levantarian. Que les agradecia aquella volun- nando , compuestas las cosas- en Toledo y hechas las tad y el crédito que mostraban tener de su persona, exequias de su hermano, á 1.° de enero se partió pero que en ninguna cosa les podia mejor recompensar para Segovia con intento de verse con la Reina , que aquella deuda que en dalles por rey y señor al hijo de allí estaba, y con su acuerdo dar órden y traza en todo su hermano, su sobrino, por cuyo respeto y por el pro lo que pertenecia al buen gobierno del reino. Para que comun de la patria él no se queria excusar de ponerse todo se hiciese con mas autoridad y con mas acierto á cualquier riesgo y fatiga, y encargarse del gobierno dió órden en aquella ciudad se junfasen, como se junsegun que el Rey, su hermano, lo dejó dispuesto; solo taron, Cortes generales del reino , á que acudieron los en ninguna manera se podria persuadir de tomar aquel prelados y señores y procuradores de las ciudades. Tracamino agrio y áspero que le mostraban.Concluido esto, táronse diversas cosas en estas Cortes, en particular la poco despues juntó los señores y prelados en la capilla crianza del nuevo Rey se encargó á la Reina por insde don Pedro Tenorio que está en el claustro de la igle- tancia que sobre ello hizo, mudado en esta parte el sia mayor. El condestable don Ruy Lopez, por si acaso testamento del rey don Enrique. En recompensa del habia mudado el parecer, le preguntó allí en público cargo que les quitaban dieron á Juan de Velasco y á á quién queria alzasen por rey. El con semblante de- Diego Lopez de Zúñiga cada seis mil florines, pequeño mudado respondió en voz alta : ¿A quién sino al hijo precio y satisfaccion; mas érales forzoso conformarse de mi hermano? Con esto levantaron los estandartes, con el tiempo, y no seguro contradecir á la voluntad de como es de costumbre, por el rey don Juan el Segun- la Reina y del Infante, quetenian en su mano el gobierdo, y los reyes de armas le pregonaron por rey primero no. Tratóse otrosí de la guerra que pensaban hacer á en aquella junta y consiguientemente por las calles y Granada tanto con mayor voluntad de todos, que por plazas de la ciudad. Gran crédito ganó de modestia y el mes de febrero los cristianos entraron en tierra de templanza el infante don Fernando en menospreciar lo moros por la parte de Murcia. Pusiéronse sobre Vera; que otros por el fuego y por el hierro pretenden. Los mas no la pudieron forzar porque vinieron sin escalas mismos que le insistieron aceptase el reino', no acaba- y sin los demás ingenios á propósito de batir las muraban de engrandecer su lealtad, camino por donde se llas y por la nueva que les vino de un buen número de enderezó á alcanzar otros muy grandes reinos que el moros que venian en socorro de los cercados. Alzado cielo por sus virtudes le tenia reservados. Fué la gloria pues el cerco, fueron en su busca , y cerca de Jujena de aquel hecho tanto mas de estimar, que su hermano pelearon con ellos con tal denuedo, que los vencieron y al fin de su vida andaba con él torcido y no se le mos- desbarataron. La matanza no fué grande por tener los traba favorable, por reportes de gentes que suelen in- vencidos la acogida cerca. Todavía lomaron y saqueaficionar los príncipes para derribar a los que ellos quie- ron aquel pueblo, efecto de mas reputacion que pro-, ren y ganar gracias con hallar en otros tachas; demás vecho, por quedar el castillo en poder de moros. Los que naturalmente son sospechosos y odiosos á los que caudillos principales desta empresa fueron el mariscal mandan los que están mas cerca para sucederles en sus Fernando de Hererra, Juan Fajardo, Fernando de Calestados. Verdad es que poco antes de su muerte, ven- villo con otros nobles caballeros. Sonó mucho esta cido de la bondad del Infante, trocó aquel odio en bue- victoria , tanto, que los que se hallaban en las Cortes, na voluntad, y aun vino en que su hija la infanta doña alentados con tan buen principio, que les parecia proMaría , que podia suceder en el reino , casase con don nóstico de lo demás de aquella guerra , otorgaron de Alonso, hijo mayor del Infante; acuerdo muy saluda- voluntad loda la cantía de maravedís que para los gastos

· y el sueldo les pidieron por parte de la Reina y del In- | caballo y cien milde a pié, número que apenas se pue

fante. Nombraron por general, como era razon, al mis- de creer, y que por lo menos puso en gran cuidado á mo infante don Fernando, entre el cual y la Reina co todo el reino. Todavía no pudieron forzar la ciudad, que menzaron cosquillas y sospechas. No faltaban hombres se la defendieron los de dentro, aunque con dificultad, malos, de que siempre hay copia asaz en las casas rea muy bien; solo tomaron y quemaron los arrabales. Apeles, que atizaban el fuego; decian que algun dia don Hidáronse los cristianos por toda aquella comarca, los Fernando daria en que entender a la Reina y sus hijos. | de cerca y los de léjos, porque no se perdiese aquella Muchos cargaban á una mujer, por nombre Leonor Lo- plaza tan importante. Supieron los moros lo que pasapez, que terciaba mal entre los dos y tenia mas cabida | ba; y por no aventurarse á perder la jornada, alzado con la Reina de lo que sufria la majestad de la casa el cerco, dieron la vuelta cargados de despojos y de los real y el buen gobierno del reino. Los disgustos iban cautivos que por aquella tierra robaron. Por el contraadelante; dieron traza que se dividiese el gobierno, de | rio, el almirante don Alonso Enriquez cerca de Cádiz guisa que la Reina se encargó de lo de Castilla la Vieja, gano de los moros una victoria naval, asaz importandon Fernando de la Nueva con algunos pueblos de la te. Los reyes de Túnez y de Tremecen tenian armadas Vieja. Tomado este acuerdo, el Infante envió su mujer veinte y tres galeras para correr las costas del Andaluy hijos á Medina del Campo, y él se partió de Segovia cía á contemplacion de su amigo y confederado el rey para Villareal con intento de esperar allí las gentes que de Granada. Dióles vista el Almirante; y si bien no llepor todas partes se alistaban para aquella guerra , las vaba pasadas de trece galeras en su armada , no dudó municiones y vituallas. En este medio los capitanes de embestirlas, lo cual hizo con tal denuedo y destreza, que estaban por las fronteras no cesaban de hacer ca que las venció. Tomó las ocho, las demás, parte echó balgadas en tierra de los moros, talar los campos , ro á fondo, y otras se huyeron. En este medio convaleció bar los ganados, cautivar gente, saquear los pueblos. de su dolencia el infante don Fernando, y alegre con A veces tambien volvian* con las manos en la cabeza, esta buena nueva , salió de Sevilla á los 7 de setiemque tal es la condicion de la guerra. Un cierto moro, de bre. No llevaba resolucion por qué parte entraria en secreto aficionado á nuestra religion, se pasó á tierra tierra de moros. Hizo consulta de capitanes y de otros de cristianos, y llevado a la presencia del maestre de personajes ; salió acordado que rompiese por tierra de Santiago don Lorenzo Suarez de Figueroa, que se ocu | Ronda y se pusiese con todo el campo sobre Zahara, paba en aquella guerra y estaba en Ecija por frontero, villa principal en aquella comarca. Hízose así; comenle habló en esta manera : «Bien entiendo cuán aborre zaron á batirla con tres cañones gruesos de dia y de nocido es de todos el nombre de forajido; sin embargo, che. El daño que hacian era muy poco por no ser muy me aventuré á seguir vuestro partido, movido del cie diestros los de aquel tiempo en jugar y asestar el artiJo, toque poderoso, contra el cual ninguna resistencia llería. El cerco iba á la larga, y fuera la empresa muy basta. No pido que aprobeis mi venida y mi resolu dificultosa si los de dentro por falta que padecian y cion ni la condeneis tampoco, sino que estéis á la por miedo de mayores daños si se detenian no se rinmira de los efectos que viéredes. Lo primero os rue dieran a partido que, libres sus personas y hacienda, go que me hagais baulizar, que el tiempo muy en dejasen al vencedor las armas y provision. Al tanto otros breve dará clara muestra de mi buen celo y lealtad; pueblos pequeños se dieron pur aquellas partes. Septeá las obras me remito.» Bautizáronle como el moro nil, villa bien fuerte por sus adarves y por la gente que lo pedia. Tras esto les dió aviso que Pruna, plaza tenia de guarnicion, por esta causa no se quiso rendir; de los moros de importancia, se podria entrar por la cercáronla y combatiéronla con todos los ingenios y parte y con el orden que él mismo mostraria. Las pren fuerzas que llevaban, en sazon que Pedro de Zúñiga das que metiera eran tales, que se aseguraron de su por otra parte recobró de los moros á Ayamonte, segun palabra que no era trato doble. Acompañóle con gen que el infante don Fernando se lo encargara. El rey te el comendador mayor de Santiago; cumplió el moro Moro por estas pérdidas y por no echar el resto en el su promesa, que al momento entraron aquel pueblo trance de una batalla , la excusaba cuanto podia ; solo en 4 dias del mes de junio, y quitaron aquel nido, de ayudaba las fuerzas con maña, y procuraba divertir las do salian de ordinario moros á correr las tierras de del enemigo. Juntó á toda diligencia sus gentes, que cristianos, hacer mal y daño continuamente. Pasó el dicen eran ochenta mil de á pié y seis mil de á caballo, Infante á Córdoba , y entró en Sevilla á los 22 de los mas canalla sin valor ni honra. Con este campo se junio; probóle la tierra y los calores, de que cayó puso sobre Jaen; pero no salió con su intento porque en el lecho enfermo en sazon mal à propósito y en que acudieron con toda brevedad los nuestros, y le forza llegó á aquella ciudad el conde de la Marca, yerno del ron á retirarse con poca reputacion, Solo hizo daño en de Navarra, y por sí de lo mas noble de Francia, de gen los campos , de que se satisficieron los contrarios con til presencia entre mil, muy cortés, con que aficionaba correrle toda la tierra hasta la ciudad de Málaga. Rela gente. Traia en su compañía ochenta de á caballo, partíanse otrosí diversas bandas de soldados y se der-, y venia con deseo de ayudar en aquella guerra sagra- ramaban por todas partes sin dejar respirar ni reposar da, que se temia saldria larga y dificultosa. Los moros á los moros. Para que todo sucediese bien y el contenen este medio no dormian: lo primero acometieron á to fuese colmado solo faltó que no pudieron forzar ni tomar á Lucena, pueblo grande; y como quier que no rendir á Septenil. El otoño iba adelante, y las lluvias les saliese bien aquella empresa, revolvieron sobre Bae- comenzaban, que suelen ser ordinarias por aquel tiemza gran morisma, ca dicen llegaban á siete mil de á I po. Por esta causa el Infante á los 25 de octubre , al

zado aquel cerco , dió la vuelta á Sevilla , y tornó á

CAPITULO XVII. poner en su lugar la espada con que el rey don Fer

Que se hicieron treguas con los moros. nando el Santo ganó antiguamente aquella ciudad, y en ella la guardan con cuidado y reverencia; y á las Las fiestas de Navidad tuvo el infante don Fernando veces los capitanes para sus empresas, como por buen en Toledo, principio del año 1408, en que hizo el cabo agüero , la solian dende tomar prestada. Hecho esto, de año de su hermano el rey don Enrique. El Rey niño repartió la gente para que invernase en Sevilla, Cór- / y la Reina, su madre, residian en Guadalajara por el buen doba y otros pueblos, y él pasó al reino de Toledo con temple de aquella ciudad y cielo saludable de que gointento de apercebirse de todo lo necesario y recoger za. Acordaron se juntasen allí Cortes á propósito de mas gente para continuar aquella guerra. A esta sazon apercebir lo necesario para continuar la guerra que tefalleció en Calahorra Pero Lopez de Ayala, chanciller nian comenzada con mayores fuerzas y gente. Los premayor de Castilla, caballero señalado por su nobleza, lados y señores y ciudades que concurrieron al tiempo por las muchas cosas que por él pasaron y por la Corónica aplazado venian bien en lo que se pedia. La mayor difique dejó escrita del rey don Pedro y don Enrique el Se- cultad consistia en hallar forma y traza cómo se juntase gundo y don Juan el Primero; si bien algunos sospe- el dinero para los gastos. Los pueblos no daban oidos chan que con pasion encareció mucho los vicios de don á nuevas imposiciones y derramas , cansados y consuPedro, y subió de punto las virtudes de su competidor midos con las contribuciones pasadas y recelosos no en perjuicio de la verdad. Enterraron su cuerpo en el se continuase en tiempo de paz el servicio que por la monasterio de Quijana. Francia asimismo andaba re- necesidad de la guerra se otorgase. Mas por la mucha vuelta por la muerte que Juan, duque de Borgoña, hi- instancia que hizo el Infante y otros señores concediezo dar en Paris á Luis, duque de Orliens, volviendo muy ron cantidad de ciento y cincuenta mil ducados con de noche de palacio. El homiciano que ejecutó esta gravámen de tener libros de gasto y recibo para que maldad se llamaba Otonvilla. La causa de la enemistad constase se empleaban solo en los gastos de la guerra, no se averigua del todo; sospecharon comunmente que, y no en otros al albedrío de los que gobernaban. Tepor estar el Rey á tiempos falto de juicio, el matador níanse las Cortes en tiempo que el rey de Granada , á pretendia apoderarse del gobierno de Francia, y para los 18 dias del mes de febrero, se puso sobre la villa de salir con esto acordó de quitarse delante al que solo le Alcaudete, acompañado de siete mil caballos y ciento podia contrastar por ser hermano del Rey. Luego que y veinte mil peones, número descomunal. Corrió gran se descubrió el autor de aquella maldad, el de Borgo- peligro de perderse la plaza, y toda la Andalucía se alña se retiró á sus tierras para apercebirse , si alguno teró con este miedo por tener pocas fuerzas, los socorpretendiese vengar aquella muerte. La duquesa Valen- ros lejos y el tiempo del año riguroso para salir en tina, mujer del muerto, puso acusacion contra el ma- campaña. Acude nuestro Señor cuando falta la prudentador y hacia instancia sobre el caso. Los jueces, ven- cia. Defendiéronse muy bien los cercados, con que se cidos de sus lágrimas y de la razon, citaron al de Bor- abatió el orgullo de los moros. Junto con esto los nuesgoña para que compareciese en persona a descargarse tros por tres partes diferentes hicieron entradas en las de lo que le achacaban. No dudó él de obedecer y pre- tierras enemigas para divertir las fuerzas de los moros, sentarse, confiado en sus riquezas y en los muchos va- y con las talas, quemas y robos, que fueron grandes, toledores

que

tenia en la corte de Francia. Formábase el maremienda de los daños que hicieran en las fronteras proceso en el Parlamento; y por los púlpitos Juan Petit, decristianos. Quebrantados los moros con tantos males doctor teólogo de Paris, franciscano y predicador de y pérdidas, acordaron despachar sus embajadores para fama en aquella era, no cesaba en sus predicaciones pedir treguas. No venia en otorgarlas el Infante, antes de abonar aquel hecho, como hombre lisonjero y inte-se queria aprovechar de la ocasion que la flaqueza de resal. Cargaba al de Orliens que pretendia hacerse rey los enemigos le presentaba. La Reina era, como mujer, de Francia ; que el que atajó eslos intentos tiránicos, no enemiga de guerra, que en fin hizo se concediesen las solo era libre de pena , sino digno de mercedes muy treguas por término de ocho meses. Los pueblos pregrandes. No mostraron los jueces mas entereza; antes tendian, pues la guerra cesaba , excusarse del servicio llegados á sentencia, dieron por libre al de Borgoña, que otorgaron. Es Infante no quiso venir en ello, ca decon gran sentimiento de los hijos del muerto y de su cia era necesario estar proveido de dinero para volver mujer. De que resultaron guerras muy largas, con que á la guerra el año siguiente; todavía se hizo suelta a los se abrasaron y consumieron las riquezas y grandeza de pueblos de la cuarta parte de aquella suma. Vino entre Francia. La cuestion si un particular puede por su au- los demás á estas Cortes finalmente don Pedro de Lutoridad matar al tirano se ventiló mucho entre los teó- na, sobrino del papa Benedicto , y por su órden arzologos de aquel tiempo; y aun en el concilio de Cons- bispo de Toledo, como se dijo de suso. Traia de Aragon tancia que se juntó poco adelante , los padres sacaron en su compañía á Alvaro de Luna, su sobrino, mozo de un decreto, en que contra lo que Juan Petit enseñaba diez y ocho años. Su padre Alvaro de Luna, señor de y contra lo que el de Borgoña hizo, determinaron no

Cañete y Jubera, le hobo fuera de matrimonio en Maser lícito al particular matar al tirano. Era Luis, duque ría de Cañete, mujer poco menos que de seguida, por lo de Orliens, hermano del rey de Francia, y el duque de menos tan suelta y entregada á sus apetitos, que tuvo Borgoña su primo herinano.

cuatro hijos bastardos cada cual de su padre; al ya nombrado y á don Juan de Cerezuela , del gobernador de Cañete; á Martin, de un pastor por nombre Juan; y el

los

traspasos para entretener y dos postreros por respeto de su hermano tuvieron adeJante el sobrenombre de Luna. De tan bajos principios tres cardenales , con que los demás cardenales suyos se se levantó la grandeza deste mozo, que en uu tiempo alborotaron y de comun acuerdo se pasaron á Pisa. El pudo competir con los muy grandes principes, de que

pa

papa Benedicto, por aprovecharse de aquella ocasion, al fin le despeñó su desgracia. En el bautismo le llama- envió allá cuatro cardenales de su obediencia y tres arron Pedro; agradóse dél el papa Benedicto, de su pre- zobispos, que se detuvieron algun tiempo en Liorno sencia, de su viveza y apostura, y quiso que en la con- entre tanto que los florentines, cuya era Pisa, les enfirmacion le mudasen el nombre de pila en el de Alvaro viaban seguridad. Juntáronse finalmente con los cardepor respeto de su padre. Venido á Castilla, le hicieron nales de Pisa. A lo que la junta se enderezaba era conde la cámara del Rey, con lo cual y su buena gracia y vocar concilio general, como lo hicieron. Sonrugiase diligencia en servir, poco á poco le ganó la voluntad y que daban traza de prender a los papas, en especial á aun se hizo señor della. En el alcázar de Granada á Benedicto. Esta fama, quier verdadera , quier falsa, dió Jos 14 de mayo falleció el rey Mahomat, con que la gente ocasion á Benedicto de desamparar á Italia, donde deseaseguraba que las paces seriap mas ciertas. La ocasion más de la sospecha ya dicha prelendia que su contrario de su muerte refieren fué una camisa inficionada que estaba muy arraigado y poderoso, en particular se rese vistió por engaño. Sacaron de Salobreña, donde le celaba del rey Ladislao de Nápoles, que tenia muy de tenia preso, á Juzef, su hermano, para que le sucediese su parte como al que nombrara por vicario del imperio en el reino. Así ruedan y se truecan las cosas de los y senador de Roma , cargos á la sazon muy principales. hombres, boy cautivo y mañana rey. Apresuráronse Antes de su partida para mejor entretener la gente conlos moros en esto, y usaron de todo secreto porque no vocó concilio general para Perpiñan, villa en la raya de se recreciese algun impedimento, mayormente de par-Cataluña, y con tanto se hizo á la vela. Aportó á Corte de los cristianos, que desbaratase sus intentos. Lue- bre á 2 de julio, dende por la ciudad de Elna pasó á la go que Juzef se vió rey, despachó sus embajadores con dicha villa de Perpiñan para dar calor en lo del concilio ricos presentes para el de Castilla de caballos, jaeces, y esperar que los prelados se juntasen. Acudió á visitar alfanjes, telas preciosas, pasas , bigos y almendras, al Papa entre otros el rey de Navarra, que llevaba insustento el mas ordinario y regalado de aquella gente. tento de pasar en Francia y acometer las nuevas espeDiéronles en retorno otros dones de valía; pero no otor- ranzas que de recobrar alguna parte de sus antiguos garon con lo que pretendian principalmente, que era estados le daban las alteraciones de aquel reino. Pero se alargase el tiempo de las treguas.

esta su ida á Paris no fué de mas efecto que las pasa

das; así, finalmente dió la vuella á su reino sin alcanzar CAPITULO XVIII.

cosa alguna de las que pretendia. Juntáronse en Perpi

ñan ciento y veinte obispos , casi todos de Francia y de Que el papa Benedicto vino á España.

España. Abrióse el Concilio á 1.° de noviembre; la El papa Benedicto por este tiempo se hallaba aque- principal cosa que trataron fué buscar medios para jado de diversos cuidados. Las provincias cansadas de concertar los papas y unir la Iglesia. Los pareceres eran scisma tan largo, sus amigos y devotos desabridos de diferentes y aun los fines á que cada cual se encainisus trazas, sus mañas, en que no tenia par , descubier- naba, por donde los mas de los obispos, perdida la estas y entendidas. No sabia qué camino podia tomar peranza de hacer cosa de momento, de secreto se saliepara conservarse, que era su intento principal. Cuando ron de Perpiñan y se volvieron a sus tierras. Quedaron se salió de Aviñon, fué á parar en Marsella, ciudad fuer- solo diez y ocho obispos, que dieron de consuvo un te y puesta á la lengua del agua; su vivienda en San memorial al Papa en que le suplicaron atendiese con Victor, monasterio muy célebre en aquella ciudad. cuidado á quitar el scisma, aunque fuese necesario toDende acometió al papa Gregorio, su contendor,

con

mar el camino de la renunciacion, pues era mas justo partido de paz, que decia deseó siempre y de presente conformarse con el deseo de toda la Iglesia que dejarla deseaba. Que seria bien se juntasen en un lugar pa- se engañar de las lisonjas de particulares. Que la Iglera tomar acuerdo sobre sus haciendas, que por medio sia con lágrimas en los ojos, las rodillas por el suelo de terceros era cosa muy larga. Para señalar lugar á у tendidas las manos le rogaba, lo que era muy puesto contento de las partes vinieron embajadores de Grego- en razon, antepusiese el bien público á cualquier otro rio á Marsella. Dieron y tomaron , y finalmente acor- respeto ; que ningun otro camino se mostraba para la daron fuese la vista en Saona, ciudad del Ginovés; sa- cura de dolencia tan larga. Poca esperanza tenian que cose por condicion que hasta tanto que los papas se viniese en lo que pedian el que como á puerto seguro hablasen ni el uno ni el otro criase algun cardenal. se habia retirado á España. Todavía por mostrar voAsentado esto, Benedicto sin dilacion se embarcó para luntad á la coucordia envió á Pisa siete personas prinpasar allá. Pretendia por esta diligencia que todos en- cipales con voz de querer concierto, mas a la verdad tendiesen deseaba la paz. El papa Gregorio replicó que otro tenia en el corazon, ca pretendia le sirviesen de no tenia por seguro aquel lugar por estar á la obedien- escuchas y le avisasen de todo lo que allí pasaba. Hacia de su contrario. Solo fué á Luca, ciudad puesta en Nábanse en aquella ciudad juntos, además de un gran lo postrero de Toscana; y el papa Benedicto al princi- número de obispos, veinte y tres cardenales, los seis de pio deste año se adelantó y pasó á Portovenere para la obediencia de Benedicto, que eran la mayor parte de mas de cerca capitular y concertarse. Todo era mañas y su colegio. Entre estos asistió don Pedro Fernandez de Frias, cardenal de España, criado por Clemente, papa caba. En esta misma såzon el conde de Lucemburg y el de Aviñon. Publicaron sus edictos, en que citaban á duque de Austria enviaron á ofrecer socorros de gente Jos dos papas para que en presencia del Concilio alega- para continuar la guerra de Granada. Lo mismo hizo sen de su derecho; mas visto que no comparecian y que Cárlos, duque de Orliens, que prometia enviar en ayuse gastaba mucho tiempo en demandas y respuestas, de da mil caballos franceses, y juntamente pedia por mujer comun acuerdo a los 26 de junio del año 1409 sacaron á la reina doña Beatriz, pretensora del reino de Portupor pontifice á Pedro Filargo, natural de Candia , de la gal, y viuda del rey de Castilla don Juan el Primero. No órden de los Menores, presbítero cardenal y arzobispo se le otorgó la una, ni aceptaron la otra destas dos dede Milan. Llamóse en el pontificado Alejandro V. Du- mandas, porque la Reina, ni queria casar segunda vez, róle el mando muy poco, que no llegó á año entero. ni con color de matrimonio desterrarse de España , y el Resultó d'esta eleccion, de que se esperaba el remedio, tiempo de las treguas con los moros le habian alargado otro nuevo y mayor daño, esto es, que la laga mas se por otros cinco meses, por la mucha instancia que socncancerase por añadirá los dos papas otro tercero, que bre ello hizo Juzef, el nuevo rey de Granada, si bien cada cual pretendia ser el legitimo y los otros intrusos; poco despues acometieron los moros á tomar la villa de tanta vez tiene la sazon en todo y la buena traza. Asi Priego, con que dieron bastante ocasion para que, sin la cristiandad, en lugar de dos bandos, quedó dividida en embargo del concierto, se rompiese con ellos. Pero el tres con otras tantas cabezas y papas, como suele acon- rey de Granada se envió a descargar que aquel exceso tecer que se vuelve al revés y daña lo que parecia pru- no se hizo con su voluntad, y todavía ofrecia de hacer dentemente acordado; tan cortas son nuestras trazas. emienda conforme a lo que determinasen y hallasen se

debia hacer jueces nombrados por las partes. Hallóse CAPITULO XIX.

este año entre Salamanca y Ciudad-Rodrigo una imagen De la muerte del rey don Martin de Sicilia.

devota de nuestra Señora , que llaman de la Peña de

Francia, muy conocida por un monasterio de dominiCon mejor órden gobernaba el infante don Fernando

cos que para mayor veneracion se levantó en aquel luel reino de Castilla, bien que no se descuidaba en ade- gar y por el gran concurso de gentes que acude en roJantar su casa y estado por los caminos que podia , sin meria de todas partes. El mismo año fue muy aciago y dejar ocasion alguna. No faltaba quien por esta misma triste para los aragoneses por la muerte de don Martin, razon la tomase de ponelle mal con la Reina, como mu- rey de Sicilia, hijo único y heredero del rey de Aragon, jer y de su natural sospechosa. No hay cosa mas delez- que falleció en Caller de Cerdeña á los 25 de julio en la nable que la gracia de los reyes , ni mas frágil que su flor de su edad y de las muchas esperanzas que promeprivanza. Decian que el gran poder del infante don Fer- tia su buen natural. Mandole su padre pasar en aquella nando podria parar perjuicio á la casa real; que con el isla para alla nar á Brancaleon Doria y Aimerico, vizpoder, cuando mucho crece, pocas veces se acompaña conde de Narbona, que por estar casados con dos hijas la Jealtad. Los que mas atizaban el fuego eran Diego de Mariano , juez de Arborea , pretendian apoderarse Lopez de Zúñiga y Juan de Velasco por la mucha cahi- por derechos que para ello alegaban de toda aquella da que todavía tenian en la casa real. Don Fadrique, isla. Andaban muy pujantes á causa que las fuerzas de conde de Trastamara, hijo de don Pedro, el que fué los aragoneses eran flacas , y los nalurales les acudian condestable de Castilla, daba consejo á don Fernando con mayor voluntad que á los extraños. La venida del que les echase mano. Poco secreto se guarda en los pa- Rey hizo que se trocasen las cosas. Juntaron sus gentes lacios; avisados de lo que se meneaba, se pusieron ellos cada cual de las partes; llegaron á vista unos de otros con tiempo en salvo. Quedó la Reina desque lo supo cerca de un pueblo llamado San Luri. Ordenaron sus mas lastimada y recelosa que antes; decia que aquella haces y diose la batalla , en que los sardos quedaron befa á ella misma se hiciera para despojalla de su conse- desbaratados y preso Brancaleon, su caudillo. La muerjo y del amparo que pensaba en ellos tener. Ultra de las te que sobrevino al Rey en aquella coyuntura hizo que demás prendas de que la naturaleza y el cielo dotaron á no pudiese ejecutar la victoria ni concluir aquella don Fernando con mano liberal, en que ningun prín- guerra, si bien por algun tiempo el mariscal Pedro de cipe en aquella era se le aventajaba, tenia muy noble Torrellas, muy privado deste Príncipe, y otros caballegeneracion en su mujer : cinco hijos varones, don Alon- ros con la gente que les quedó se entretuvieron y susso, don Juan, don Enrique, don Sancho y don Pedro, tentaron el partido de Aragon. Sepultaron el cuerpo que llamaron adelante los infantes de Aragon, y dos del difunto en la iglesia catedral de Caller. En su mujer hijas, doña María y doña Leonor. Falleció por aquellos doña Blanca tuvo un hijo que falleció los dias pasados. dias Fernan Rodriguez de Villalobos, maestre de Al- De dos mujeres solteras naturales de Sicilia dejó dos hicántara; por su muerte hobo aquel maestrazgo el in- jos, á don Fadrique, cuya madre se llamó Teresa, y fante don Fernando en cabeza de su hijo don Sancho en Agatusa á dona Violante, que casó adelante con el con dispensacion que dió en la edad el papa Benedic- conde de Niebla. Corrió fama que la ocasion de su to. Lo mismo se hizo con don Enrique, el tercer bijo, muerte fué desmandarse, antes de estar bien convaledende á pocos meses para hacelle maestre de Santiago cido de cierta dolencia, en la aficion de una moza napor muerte de Lorenzo Suarez de Figueroa. No faltaron tural de aquella isla de Cerdeña. Ordenó su testamento, sentimientos y desgustos de personas que llevaban mal en que nombró á su padre por heredero del reino de Sique el Infante, no contento con el gobierno del reino, cilia, y á su mujer la reina doña Blanca encargó contise apoderase en nombre de sus hijos de todo lo que va- nuase en el gobierno que le dejó encomendado á su

« AnteriorContinuar »