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lado quitó don Tello á los suyos la victoria de las ma- ragoza, que se quedaron con la Reina. Estos la acomnos; con mas miedo que vergüenza volvió en un punto pañaron en este viaje de Aragon; llegada allí, no hallo las espaldas, sin acometer a los enemigos ni entrar en en el Rey tan buena acogida como pensaba , que es cola batalla. Como él y los suyos huyeron, dejaron des- sa comun y como natural en los hombres desamparar al cubiertos y sin defensa los costados de Beltran y de don caido y hacer aplauso y dar favor al vencedor. OlvidaSancho, por donde pudieron fácilmente ser rodeados do pues el rey de Aragon ya de las amistades y conde los enemigos, y apretándolos reciamente por ambas federaciones que tenia hechas con don Enrique, tenia partes, los vencieron y desbarataron. Hízose gran ma- propósito de moverse al son de la fortuna y llegarse á tanza, y fueron presos muchos grandes y ricos hombres, la parte de los que prevalecian. A esta causa era ya entre ellos los capitanes mas principales del ejército. venido en Aragon por embajador Hugo Carbolayo, inDon Enrique con mucho esfuerzo y valor procuró de- glés, y porque no podian tan presto y fácilmente contener su escuadron, que comenzaba á ciar y retirarse ; cluirse paces, se hicieron treguas por algunos meses. por dos veces metió su caballo en la mayor priesa de la Despues de la victoria el rey don Pedro con todo su batalla con grandísimo peligro de supersona; mas co- ejército se fué á Búrgos, prendió en aquella ciudad á mo quier que no pudiese detenerá los suyos por la gran Juan Cordollaco, pariente del conde de Armeñac y arzomuchedumbre de enemigos que cargó sobre ellos y los bispo de Braga , que era de la parcialidad del rey don desbarató, mal pecado, perdida del todo la esperanza Enrique. Hizole el Rey llevar al castillo de Alcalá de de la victoria, se salió de la batalla y se acogió á Naja- Guadaira y meterle en un silo, en que estuvo hasta la ra. De allí por el camino de Soria se fué á Aragon, acom- muerte del mismo don Pedro, cuando, mudadas las copañado de Juan de Luna y Fernan Sanchez de Tobar y sas, fué restituido en su libertad y obispado. El rey don Alfonso Perez de Guzman y de algunos otros caballe- Pedro, sin embargo, se hallaba muy congojado en traros de los suyos. A la entrada de aquel reino le salió á zar cómo podria juntar tanto dinero como á los ingleses ver y consolar don Pedro de Luna, que despues en tiem- de los sueldos debia y él recibió prestado del principe po del gran scisma fué el papa Benedicto. No paró el de Gales. No sabia asimismo cómo podria cumplir con rey don Enrique hasta que por los puertos de Jaca entró él lo que le tenia prometido de darle el señorío de Vizen el reino de Francia, sin detenerse en Aragon por no caya, porque ni los vizcaínos, que es gente libre y fese fiar de aquel Rey, si bien era su consuegro. Hallábase roz, sufririan señor extraño, ni el tesoro y rentas reaen grande cuita, poca esperanza de reparo. Por seme- les, consumidos con tan excesivos gastos, como con jantes rodeos lleva Dios á los varones excelentes por estas revoluciones se hicieron, no alcanzaban con estos altos y bajos hasta ponerlos de su mano en la gran parte á pagar la mitad de lo que se debia. Por cumbre de la buenandanza que les está aparejada. Los esta causa con ocasion de ir á juntar este dinero se demás de su ejército se huyeron por las villas y pue- fué don Pedro muy apriesa á Toledo, de allí á Córdoblos de aquella comarca, todos esparcidos, sin que- ba. En esta ciudad en una noche hizo matar diez y dar pendon enhiesto, ni compañía entera , ni escuadra seis hombres principales; cargábales fueron los prique no fuese desbaratada. Despues de la batalla hizo meros que en ella dieron entrada al rey don Enrique. En matar el rey don Pedro á Iñigo Lopez de Horozco, á Sevilla mandó asimismo matar á micer Gil Bocanegra Gomez Carrillo de Quintana, á Sancho Sanchez de Mos- y á don Juan, hijo de Pero Ponce de Leon, señor de coso, comendador de Santiago, y á Garci Jofre Teno- Marchena , y á doña Urraca de Osorio, madre de Juan rio, hijo del almirante Alfonso Jofre, que todos fueron Alfonso de Guzman, yá otras personas. A doña Urraca - presos en la pelea. Otros muchos dejó de matar por no hizo quemar viva, fiereza suya, y ejecucion en que sulos haber á las manos, que por ningun precio se los qui- cedió un caso notable. En la laguna propia en que hoy sieron entregar los ingleses, cuyos prisioneros eran; está plantada una grande alameda armaron la hoguedemás que el príncipe de Gales le reprehendió con pa- ra. Una doncella de aquella señora, por nombre Isabel labras casi afrentosas porque, despues de alcanzada la Davalos, natural de Ubeda, luego que se emprendió el victoria, continuaba los vicios que le quitaban el reino, fuego, se metió en él para tenella las faldas porque no Uno de los presos fué don Pedro Tenorio, adelante ar- se descompusiese, y se quemó junto con su ama; hazobispo de Toledo. Llevó en esta batalla el pendon de zaña memorable, señalada lealtad, con que grandedon Enrique Pero Lopez de Ayala, aquel caballero que mente se acrecentó el odio y aborrecimiento que de escribió la bistoria del rey don Pedro, y fué uno de los atrás al Rey tenian. Con los infortunios, destierro y presos. Por esta razon algunos no dan tanto crédito á trabajo que habia padecido parece era razon hobiera su historia, como de hombre parcial. Dicen que por ya corregido los vicios que de antes parecian tener exodio que tenia al rey don Pedro encareció y fingió al- cusa con la mocedad, licencia y libertad, si su natural gunas cosas; á la verdad fué uno de aquellos contra no fuera tan malo. Por el contrario, la afabilidad y buequien en Alfaro él pronunció sentencia, en que los dió na condicion del rey don Enrique causaba que todos por rebeldes y enemigos de la patria. Dióse esta bata- tenian lástima de sus desastres y le amaban mas que andla sábado 3 de abril deste año de 1367. Don Tello llevó tes. Con esto se volvió a la plática de envialleállamar y á Búrgos las tristes nuevas deste desgraciado suceso. restituille en los reinos de Castilla. El rey de Navarra, de La reina doña Juana , mujer de don Enrique, sabida Borgia, do le tenian arrestado, se vino despues de dada la rota, tuvo gran miedo de venir á manos de don Pe- la batalla á Tudela; á mosen Olivier, que le hizo coinpadro; así, ella y sus hijos con gran priesa se fueron de ñía en aquella villa, le hizo prender, y no le quiso solBúrgos á la ciudad de Zaragoza. En esta sazon en Búr- tar de la prision hasta que le entregó a su hijo el infante gos se hallaban don Gomez Manrique, arzobispo de To- don Pedro, que quedó en Borgia para seguridad que se ledo, y don Lope Fernandez de Luna, arzobispo de Za- cumpliria lo que los dos capitularon. Este mismo año que se dió la batalla de Najara falleció en Viterbo, ciu- arcediano con órden que le notificase cómo estaba dad de Italia, el cardenal don Gil de Albornoz en 24 dias descomulgado, y por tal le publicase. Este arcediadel mes de agosto, fiesta de San Bartolomé. Fué este no, como quier que temiese la crueldad de don Peprelado excelente varon, de gran valor y prudencia, no dro y el poco respeto que tenia á la Iglesia, usó con él menos en el gobierno que en las cosas de la guerra, muy de cautela y maña; esto fué que se vino por el rio en querido de tres papas que alcanzó, Clemente, Inocen- una galeota muy ligera á Sevilla, y se puso a la ribera .cio y Urbano V, que á esta sazon gobernaba la Iglesia del campo de Tablada cerca de la ciudad; aguardó á romana. Hizo guerra en Italia á los tiranos que tenian que el Rey pasase por aquella parte, sucedióle como lo usurpadas muchas ciudades y tierras de la Iglesia, ycon deseaba, preguntóle si queria saber nuevas de levante, dichosas armas las restituyó al patrimonio y estado de que le diria cosas maravillosas y jamás oidas, porque san Pedro, con que abrió el camino á sus sucesores para acababa de llegar de aquellas partes. Llegóse el Rey que pasasen la silla Apostólica á la antigua ciudad de cerca por oirle, y él le intimo entonces las bulas del Roma, que no tardó mucho tiempo en cumplirse. Depo- | Papa. Esto hecho, luego con grandísima velocidad se sitaron su cuerpo en el monasterio de San Francisco fué el rio abajo á vela y remo; ayudábale la menguante de la ciudad de Asis; despues, sosegadas las cosas de en que las aguas de la creciente del Océano volvian á España con la muerte del rey don Pedro, por haberlo bajar, así pudo mas ligeramente escaparse. El Reyenoél así mandado en su testamento, le trasladaron á la jóse mucho con la burla y como fuera de sí, desnuda ciudad de Toledo; está enterrado en la iglesia mayor la espada y arrimadas las espuelas al caballo, se lanzó en la capilla de San Ilefonso. Concedió el romano Pon- en el rio. Tiró una gran cuchillada al Arcediano, que tífice indulgencias á los que le trajesen en hombros; por no le poder alcanzar dió en la galeota, sin desistir y fué tanta la devocion de los pueblos, que por do quier de seguille hasta tanto que el caballo no podia nadar que pasaba salian á bandas á los caminos por ganar de cansado; corriera gran peligro de ahogarse si no Jos perdones, y desta manera le trajeron hasta Toledo. le acorrieran prestamente con un barco en que le reco

gieron muy encolerizado. Decia á grandes voces que él CAPITULO XI.

quitaria la obediencia al Papa que tan violenta y sucia

mente regia la Iglesia; procuraria otrosí que hiciesen Del maestre de Sau Bernardo.

lo mismo los reyes de Aragon y de Navarra; además que El maestre de San Bernardo, dignidad cuyo nombre aquella injuria él la vengaria muy bien con las armas y y noticia apenas ha llegado a nuestros tiempos, se ha- con hacer guerra á sus tierras. Esto dijo con los ojos lló en la batalla de Najara con otros muchos en favor de encarnizados y hechos ascuas y con la voz muy fiera, don Enrique, donde fué preso y muerto por mandado alta y descompuesta. Las afrentas amenazas y desacatos del rey don Pedro, y le confiscaron muchos pueblos que dijo contra el Papa mas le desdoraron á él que agraque poseia en las behetrías. No cuenta esto ninguno de viaron al Padre Santo. Mandó luego apercebir una armalos historiadores, sino solamente el despensero mayor da y hacer grandes llamamientos de gentes de guerra. de la reina doña Leonor, de quien arriba hicimos men- El Papa, vis la furiosa condicion del rey don Pedro, se cion. Verdad es que no escribe el nombre del Maestre determinó de aplacalle de la mejor manera que pudiese; niqué principio ó autoridad tuviese esta dignidad, cosa para hacello con mayor autoridad le envió un legado, en aquel tiempo muy sabida , al presente de todo pun- que fué un sobrino suyo, cardenal de San Pedro, que le to olvidada; el tiempo todo lo gasta. Solo consta que absolvió, de la excomunion , y hizo las amistades entre este Maestre era hombre de religion y eclesiástico, él y su tio con estas condiciones. Que consumido el porque el rey don Pedro fué descomulgado por la oficio y nombre de maestre de San Bernardo, todos muerte que le dió. Lo que yo sospecho es que cuando aquellos pueblos de allí adelante tuviesen su antiguo el rey don Pedro por consejo de Juan Alonso de Albur- nombre de behetrías y fuesen del patrimonio real, á tal querque, como de suso se dijo , quiso encorporar las

empero que no pudiesen ser entonces vi en algun tieinbehetrías en la corona real, ó lo que es mas cierto, dar- po dados ni vendidos ni enajenados. Guardóseles eslas á algunos señores particulares que las pretendian te respeto y preeminencia por ser bienes de religion y con mas codicia de estados que de hacer lo que era eclesiásticos. Demás desto, que la tercera parte de las razon yjusticia, entonces de su voluntad y con facultad décimas que llevaba á la sazon el Papa de los benefidel Papa con color de religion se debieron de sujetar á cios fuese del Rey para ayuda a la guerra de los mola orden de San Bernardo, á imitacion de los caballeros ros. Que el Papa otrosí sin cousentimiento de los rede Calatrava y Alcántara, y eligieron una cabeza con yes de Castilla no pudiese en sus reinos dar obispados titulo que le dieron de maestre de San Bernardo, para ni maestrazgos ni el priorato de San Juan ni otros que como las demás religiones militares hiciesen

guer- mayores beneficios. Esto se le concedió teniendo conra á los moros. Este color y diligencia, aunque fué á sideracion al sosiego comun y al bien general de la propósito para que aquellos pueblos se mantuviesen en

paz, puesto que era contra la costumbre y uso antiguo. la libertad en que por tantos siglos inviolablemente se Es cosa notable y maravillosa que por contemplacion ni mantuvieron, dió empero ocasion para que el Rey se respeto de ningun príncipe quisiese el Papa perder en indignase contra ellos. Por esta causa creo yo que el España tanto de su derecho y autoridad: en tanto se dicho Maestre se llegó á la parte de don Enrique; esto luvo en aquella era el sanar la locura de un Rey, que pudo ser, mas no es mas que conjetura y pensamiento. primero con sus trabajos y ahora con la victoria andaba Lo que se sigue es cierto, que el sumo pontifice Ur- desatinado. bano V por esta muerte y porque tenia fuera de sus iglesias á los obispos de Calahorra y de Lugo, envió un

CAPITULO XII.

dad, su enemigo mismo le ayudaba con hacerse por

momentos mas odioso con su mal modo de proceder y Que don Enrique volvió a Espada,

desvariados castigos que hacia en los suyos. Juntado Llegado don Enrique á Francia, no perdió el ánimo, pues don Enrique su ejército, entró en Aragon por las sabiendo cuán varias y mudables sean las cosas de los asperezas de los Pirineos llamadas Valdeandorra; pasó hombres, y que los valientes y esforzados hacen rostro por aquel reino con tanta presteza, que primero estuvo á las adversidades y vencen todas las dificultades en dentro de Castilla que pudiese el rey de Aragon atajarque la fortuna los pone, los cobardes desmayan y se le el paso, si bien puso para estorbársele toda la dilirinden á los trabajos y desastres. El conde de Fox, ágencia que pudo. Llegado don Enrique á la ribera del cuya casa primero aportó, le recibió muy bien y hos- rio Ebro, preguntó si estaba ya en tierra de Castilla. pedó amigablemente, aunque con recelo no le hiciesen Como le respondiesen que sí, se apeó de su caballo, y guerra los ingleses porque le favorecia. De allí fué á Villa- hincado de rodillas hizo una cruz en la arena, y besándonueva, que es cerca de Aviñon, para hablar á Luis, la dijo estas formales palabras : «Yo juro á esta sigdiliduque de Anjou y hermano del rey de Francia, en quien canza de cruz que nunca en mi vida por necesidad que hallo mejor acogimiento del que él podia esperar ; so- me venga salga de Castilla; antes que espere ahi la corrible con dineros, y dióle consejos tan buenos, que muerte, 6 estaré á la ventura que me viniere.» Fué imsueron parte para que sus cosas tuviesen el próspero portante esta ceremonia para asegurar los corazones suceso que poco despues se vió. Envió por inducimien- de los que le seguian é inflamallos en la aficion que le to y aviso del Duque con su embajada á pedir al rey de tenian. Vuelto á subir en su caballo, fué con todo su Francia su ayuda y favor para volver á Castilla. Fué campo á Calahorra , que por aquella parte es la primeoido benignamente, y determinóse el Rey de favorece- ra ciudad de Castilla; entró en ella el dia del arcángel lle. A la verdad la mucha prosperidad y buenos sucesos san Miguel con mucho contento y regocijo de los ciude los ingleses le tenian con mucho miedo y cuidado; dadanos y de muchos del reino que luego de todas tenia asimismo en la memoria los agravios que don partes le acudieron, ca andaban unos desterrados, y Pedro le habia hecho y la enemiga que tenia con él. otros huidos de miedo de la crueldad del Rey, su hermaRespondióle pues con mucho amor, y propuso de le no. De Calahorra se partió á Búrgos; allí fué recebido ayudar con gente y dineros; dióle el castillo de Pera- con una muy solemne procesion por el obispo, clerecia pertusa en los confines de Ruisellon, en que tuviese á su y ciudadanos de aquella ciudad. Halló en el castillo premujer y hijos, ca desconfiados del rey de Aragon se reti- so á don Felipe de Castro, un grande del reino de Arararon á Francia; mandóle otrosí dar el condado de Sese- gon, casado con su hermana doña Juana, que le prenno, en que pudiese vivir en el entre lanto que volvia á dieron en la batalla de Najara; mandóle luego soltar, y cobrar el reino de Castilla, de donde cada dia se venian hízole donacion de la villa de Paredes de Nava y de Meá él muchos caballeros que fueron presos en la batalla dina de Rioseco y de Tordehumos. Por el contrario, de Najara , y estaban ya rescatados y librados de la prendió en el mismo castillo á don Jaime, rey de Nápocrueldad del rey don Pedro; que los ingleses los esca- les y hijo del rey de Mallorca, que se quedara en Búrparon de sus manos. De los primeros que se pasaron y gos despues que se halló en la batalla por la parte del acudieron en Francia á don Enrique fué don Bernal, rey don Pedro, y ahora cuando vió que recebian á don hijo del conde de Fox, señor de Bearne, á quien el rey Enrique, se retiró al castillo para defenderse en él con don Enrique, despues de acabada la guerra, en remune- el alcaide Alfonso Fernandez. Con el ejemplo de la real racion deste servicio le dió a Medinaceli con título de ciudad de Burgos otras muchas ciudades tomaron la conde. Fué casado este Príncipe con doña Isabel de la voz de don Enrique, quitado el miedo que tenian, el Cerda, hija de don Luis y nieta de don Alonso de la cual no suele ser buen maestro para hacer á los home Cerda el Desheredado, de quien los duques de Medinace- bres constantes en el deber y en hacer lo que es razon. li, sin haber quiebra en la línea, se precian descender. Sosegadas las cosas en Burgos, pasó con su campo Hallóse tambien con don Enrique el conde de Osona, sobre la ciudad de Leon, que á cabo de algunos dias se hijo de don Bernardo de Cabrera, el cual, despues que le rindió á partido el postrero dia de abril del año estuvo preso en Castilla, sirvió en la guerra á don Pedro de 1368. En la imperial ciudad de Toledo unos querian á por el gran sentimiento que tenia de la muerte de don Enrique, la mayor parte sustentaba la opinion de su padre. Finalmente, puesto en su entera libertad, don Pedro, escarmentados del riguroso castigo que se pasó á don Enrique con propósito de serville y se- hizo allí los meses pasados y de miedo de la gente de guir su fortuna hasta la muerte. Demás desto le avi- guerra que alli tenia de guarnicion, que eran muchos no bien á don Enrique en que el príncipe de Gales se ballesteros y seiscientos hombres de armas, cuyo cavolvió en estos dias á Guiena, enojado y mal satisfecho pitan era Fernando Alvarez de Toledo, alguacil mayor de don Pedro porque ni le entregó el señorío de Vizcaya de la misma ciudad. Tenia don Enrique en su ejército que le prometió, ni le pagó los emprestidos que le hi- mil hombres de armas; con estos y con la infantería, quo ciera, ni á muchos de los suyos el sueldo que les debia. era en mayor número, no dudó de venir sobre una ciuDemás desto, en Castilla le comenzaba a ayudar la fortu- dad tan grande y fuerte como Toledo y tenerla cercada. na, ca muchos grandes y caballeros habian tomado su Tenia por cierto que, apoderado que fuese de una ciudad voz y bacian guerra á don Pedro. En particular se te- y fuerza semejante, todo lo demás le seria fácil de acanian por el las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya y las bar. Asentó sus reales en la vega que se tiende á la parciudades de Segovia, Avila , Palencia , Salamanca y la te del setentrion á las haldas de la ciudad; puso muchas villa de Valladolid y otros muchos pueblos del reino de compañías en los montes que están de la otra parte del Toledo. Cada dia se reforzaba mas su bando y parciali- rio Tajo; este gran rio como con un compás rodea las tres cuartas partes de la ciudad, corro por la parte delle que lo mejor era tener sufrimiento, reforzar su ejército vante, y revuelve hácia mediodía y poniente. Para que y esperar las gentes que cada dia vendrian de sus amise pudiese pasar de los unos reales á los otros y se favo- gos y de los pueblos que tenian su voz. Esto que le reciesen en tiempo de necesidad mandó fabricar un aconsejaban era lo que en todas maneras debiera sepuente de madera, que fué despues muy provechoso. guir, si no le cegaran la grandeza de sus maldades y la Los toledanos sufrian constantemente el cerco, puesto divina justicia, ya determinada de muy presto castigaque harto inclinados á don Enrique; mas no osaban ad- llas. Estando en este aprieto, sucedióle otro desastre, mitille en la ciudad por miedo no lo pagasen los rehe- y fué que Victoria, Salvatierra y Logroño, que eran de nes que consigo se llevara don Pedro, que eran los mas su obediencia, fatigadas de las armas del rey de Navarnobles de Toledo. La ciudad de Córdoba en este tiem- ra y por falta de socorro por estar don Pedro tan lejos, po, quitada la obediencia á don Pedro, seguia la parte se entregaron al Navarro. Ayudó á esto don Tello, el de don Eorique con tanto pesar y enojo de su contrario, cual, si estaba mal con don Pedro, no era amigo de su que no dudó de pedir al rey de Granada le enviase su hermano don Enrique, y así se entretenia en Vizcaya ayuda para irla á cercar. Envióle Mahomad gran nú- sin querer ayudar á ninguno de los dos. Proseguíase en mero de moros jinetes, con que y su ejército puso en este comedio el cerco de Toledo. Y como quier que gran estrecho la ciudad y la apretó de manera, que un aquella ciudad estuviese, como dijimos, dividida en afidia estuvo á punto de ser entrada, ca los moros á escala ciones algunos de los que favorecian á don Enrique vista subieron la muralla y tomaron el alcázar viejo. intentarou de apoderalle de una torre del muro de la Acudieron los cordobeses, considerado el peligro y cuán ciudad que miraba al real, que se dice la torre de los sin misericordia serian tratados si fuesen vencidos, y Abades. Como no les sucediese esa traza, procuraron pelearon aquel dia con gran desesperacion , y rebatie- dalle entrada en la ciudad por el puente de San Martin, ron tan valerosamente los moros, que mal de su grado sobre lo cual los del un bando y del otro vinieron a las los forzaron á salir de la ciudad. A muchos hicieron sal

manos, en que sucedieron algunas muertes de ciudadatar por los adarves, y les tomaron las banderas y fueron

nos. Sabidas estas revueltas por el rey don Pedro, dióse en pos dellos hasta bien lejos. Señaláronse inucho en este muy mayor priesa á irla á socorrer, por no hallalla perdia las mujeres cordobesas, ca visto que era entrada la dida cuando llegase. Para ir con menor cuidado mandó ciudad por los moros, no se escondieron ni cayeron recoger sus tesoros, y con sus hijos don Sancho y don en sus estrados desmayadas, sino con varonil essuerzo Diego llevallos á Carmona, que es una fuerte y rica visalieron por las calles y á los lugares en que sus maridos lla del Andalucía, y está cerca de Sevilla. Hecho esto, y hijos peleaban, y con animosas palabras los incitaron juntó arrebatadamente su ejército y aprestó su partida á la pelea; con esto los cordobeses tomaron tanto brio para el reino de Toledo. Llevaba en su campo tres mil y coraje, que pudieron recobrar la ciudad, que ya se per- hombres de á caballo; pero la mitad dellos, mal pecadia, y hacer gran estrago y matanza de sus enemigos. do, eran moros y de quien no se tenia entera confianza, Desesperados los reyes de poder ganar la ciudad, le- ni se esperaba que pelearian con aquel brio y gallardia vantaron el cerco. Don Pedro se fué á Sevilla á proveer que fuera necesario. Dícese'que al tiempo de su partida lo necesario para la guerra, que todo se hacia mas de consultó á un moro sabio de Granada, llamado Benagaespacio y con mayores dificultades de lo que él pensa- tin, con quien tenia mucha familiaridad, y que el Moro ba; el rey de Granada , sin que don Pedro le fuese á la le anunció su muerte por una profecía de Merlin, hommano, saqueo y robó las ciudades de Jaen y Ubeda, que bre inglés, que vivió antes deste tiempo como cuatroá imitacion de Córdoba seguian el bando de don Enri- cientos años. La profecía contenia estas palabras : «En que; taló otrosí lo mas de los campos del Andalucía, Jas partes de occidente, entre los montes y el mar, nacon que llevaron los moros á Granada gran muchedum- cerá una ave negra, comedora y robadora, y tal, que tobre de cautivos, tanto, que fué fama que en sola la villa dos los panales del mundo querrá recoger en sí, todo de Utrera sueron mas de once mil almas las que cauti. el oro del mundo querrá poner en su estómago, y desvaron. Con esto toda la Andalucía se via estar llena de pues gormarlo la, y tornará atrás. Y no perecerá luellantos y miseria; por una parte los apretaban las ar- go por esta dolencia, caérsele han las péñolas, y sacarle mas de los moros, por otra la crueldad y fiereza de don han las plumas al sol, y andará de puerta en puerta y Pedro.

ninguno la querrá acoger, y encerrarse ha en la selva CAPITULO XIII.

у alli morirá dos veces, una al mundo y otra á Dios, y Que el rey don Pedro fué muerto.

desta manera acabará.» Esta fué la profecía, fuese ver

dadera ó ficcion de un hombre vanísimo que le quisiese El rey don Pedro, desamparado de los que le podian burlar; como quiera que fuese, ella se cumplió dentro ayudar y sospechoso de los demás, lo que solo restaba, de muy pocos dias. El rey don Pedro con la hueste que se resolvió de aventurarse, encomendarse á sus manos hemos dicho bajó del Andalucía á Montiel, que es una y ponerlo todo en el trance y riesgo de una batalla; sa- villa en la Mancha y en los oretanos antiguos, cercada bia muy bien que los reinos se sustentan y conservan de muralla, con su pretil, torres y barbacana, puesta mas con la fama y reputacion que con las fuerzas y ar- en un sitio fuerte y fortalecida con un buen castillo. mas. Teníale con gran cuidado el peligro de la real ciu- Sabida por don Enrique la venida de don Pedro, dejó á dad de Toledo; estaba aquejado, y pensaba cómo me- don Gomez Manrique, arzobispo de Toledo , para que jor podria conservar su reputacion. Esto le confirmaba prosiguiese el cerco de aquella ciudad, y él con dos mas en su propósito de ir en busca de su enemigo y da- mil y cuatrocientos hombres de á caballo, por no espelle la batalla. Procuráronselo estorbar los de Sevilla; rar el paso de la infantería, partió con gran priesa en decíanle que se destruia y se iba derecho a despeñar; busca de don Pedro. Al pasar por la villa de Urguz, que está á cinco leguas de Toledo, se junto con él Beltran amigos y parientes. Confiad en nuestro Señor, cuyos Claquin con seiscientos caballos extranjeros que traia sagrados ministros sacrilegamente ha muerto, que os de Francia; importantísimo socorro y a buen tiempo, favorecerá para que castigueis tan enormes maldades, porque eran soldados viejos y muy ejercitados y dies- y le hagais un agradable sacrificio de la cabeza de un tros en pelear. Llegaron al tanto allí don Gonzalo Mejía, tal monstruo borrible y fiero tirano.» Acabada la plátimaestre de Santiago, y don Pedro Muñiz, maestre de ca, luego con gran brio y alegría arremetieron a los Calatrava, y otros señores principales que venian con enemigos; hirieron en ellos con tao gran denuedo, que deseo de emplear sus personas en la defensa y libertad sin poder sufrir este primer impetu en un momento se de su patria. Partió don Enrique con esta caballería; desbarataron. Los primeros huyeron los moros, los cascaminó toda la noche, y al amanecer dieron vista á los tellanos resistieron algun tanto; mas como se viesen enemigos antes que tuviesen nuevas ciertas que eran perdidos y desamparados, se recogieron con el rey don partidos de Toledo. Ellos, cuando vieron que tenian tan Pedro en el castillo de Montiel. Murieron muchos de cerca á don Enrique, tuvieron gran miedo, y pensaron los moros en la batalla, muchos mas fueron los que peno hobiese alguna traicion y trato para dejarlos en sus recieron en el alcance; de los cristianos no murió sino manos; á esta causa no se fiaban los unos de los otros. solo un caballero. Ganóse esta victoria un miércoles Recelábanse tambien de los mismos vecinos de la villa. 14 dias de marzo del año de 1369. Don Enrique, visto Los capitanes con mucha priesa y turbacion hicieron como don Pedro se encerró en la villa, á la hora la hizo recoger los mas de los soldados que tenian alojados en cercar de una horma, pared de piedra seca, con gran las aldeas cerca de Montiel; muchos dellos desampara- | vigilancia porque no se les pudiese escapar. Comenzarop las banderas de miedo ó por el poco amor y menos ron los cercados á padecer falta de agua y de trigo, ca gana con que servian. Al salir el sol formaron sus es- lo poco que tenian les daño de industria, á lo que pacuadrones de ambas partes y animaron sus soldados á rece, algun soldado de los de dentro, deseoso de que se la batalla. Don Enrique habló á los suyos en esta sus- acabase presto el cerca. Don Pedro, entendido el pelitancia : «Este dia, valerosos compañeros, nos ha de gro en que estaba, pensó cómo podria huirse del castidar riquezas , honra y reino, ó nos lo ha de quitar. No llo mas á su salvo. Hallábase con él un caballero que le nos puede suceder mal, porque de cualquiera manera era muy leal, natural de Trastamara, decíase Men Roque nos avenga, serémos bien librados; con la muerte

driguez de Sanabria; por medio deste hizo á Beltran saldremos de tan inmensos é intolerables afanes como Claquin una gran promesa de villas y castillos y de dopadecemos; con la victoria darémos principio á la li- cientas mil doblas castellanas, á tal que dejado á don bertad y descanso, que tanto tiempo ha deseamos. No Enrique le favoreciese y le pusiese en salvo. Extraño podemos entretenernos ya mas; si no matamos á nues- esto Beltran ; decia que si tal consintiese, incurriria en tro enemigo, él nos ha de hacer perecer de tal género perpetua infamia de fementido y traidor; mas como de muerte, que la ternémos por dichosa y dulce si fuere todavía Men Rodriguez le instase, pidióle tiempo para ordinaria , y no con crueles y bárbaros tormentos. La pensar en tan grande hecho. Comunicado el negocio naturaleza nos hizo gracia de la vida con un necesario secretamente con los amigos de quien mas se fiaba, le tributo, que es la muerte; esta no se puede escusar, em- aconsejaron que contase á don Enrique todo lo que en pero los tormentos, las deshonras, afrentas é injurias este caso pasaba; tomó su consejo. Don Enrique lo evitarálas vuestro esfuerzo y valor. Hoy alcanzaréis una agradeció mucho su fidelidad, y con grandes promesas gloriosa victoria, ó quedaréis como honrados y valero- le persuadió á que con trato doble hiciese venir á don sos tendidos en el campo. No vean tal mis ojos, no per- Pedro á su posada, y le prometiese haria lo que deseamita vuestra bondad, Señor, que perezcan tan virtuo- ba. Concertaron la noche; salió don Pedro de Montiel sos y leales caballeros. Mas ¿qué muerte tan desastrada armado sobre un caballo con algunos caballeros que le y miserable nos puede venir que sea peor que la vida acompañaban, entró en la estancia de Beltran Claquin acosada que traemos ? No tenemos guerra con enemigo con mas miedo que esperanza de buen suceso. El receque nos concederá partidos razonables ni aun una to- lo y temor que tenia dicen se le aumentó un letrero Jerable servidumbre cuando queramos ponernos en sus que leyó poco antes, escrito en la pared de la torre del manos; ya sabeis su increible crueldad, y teneis bien á homenaje del castillo de Montiel, que contenia estas vuestra costa experimentado cuán poca seguridad hay palabras : «Esta es la torre de la Estrella.» Ca ciertos en su fe y palabra. No tiene mejor fiesta ni mas alegre astrólogos le pronosticaran que moriria en una torre que la que solemniza con sangre y muertes, con ver deste nombre. Ya sabemos cuán grande vanidad sea la destrozar los hombres delante de sus ojos. ¿Por ven- destos adevinos, y como despues de acontecidas las cotura habémoslo con algun malvado y perverso tirano, , y

sas se suelen fingir semejantes consejas. Lo que se reno con una inhumana y feroz bestia ? Que parece ha fiere que le pasó con un judío médico es cosa mas de sido agarrochada en la leonera para que de allí con ma- notar. Fué así, que por la figura de su nacimiento le hayor braveza salga á hacer nuevas muertes у

destrozos.

bia dichoʻque alcanzaria nuevos reinos y que seria muy Confio en Dios y en su apóstol Santiago que ha caido dichoso. Despues cuando estuvo en lo mas áspero de en la red que nos tenia tendida, y que está encerrado sus trabajos, dijole : Cuán mal acertastes en vuestros donde pagará la cruel carnicería que en nos tiene he- pronósticos. Respondió el astrólogo: Aunque mas hiecha; mirad, mis soldados, no se os vaya, detenedla, no lo caiga del cielo, de necesidad el que está en el baño ha la dejeis huir, no quede lanza ni espada que no pruebe de sudar. Dió por estas palabras á entender que la voen ella sus aceros. Socorred por Dios á nuestra misera- luntad y acciones de los hombres son mas poderosas ble patria, que la tiene desierta y asolada ; vengad la que las inclinaciones de las estrellas. Entrado pues don sangre que ha derramado de vuestros padres, hijos, | Pedro en la tienda de don Beltran, dijole que ya era

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