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manifestase el que acusaba, ni le confrontasen con el reo, ni hobiese publicacion de testigos, lo qual todo era contrario á lo que de antiguo se acostumbraba en los otros tribunales. Demas de esto les parecia cosa nueva que semejantes pecados se castigasen con pena de muerte; y lo mas grave, que por aquellas pesquisas secretas les quitaban la libertad de oir y kablar entre sí, por tener en las ciudades, pueblos y aldeas personas á propósito para dar aviso de lo que pasaba, cosa que algunos tenian en figura de una servidumbre gravísima y á par de muerte. De esta manera entonces hobo pareceres diferentes. Algunos sentian que á los tales delinqüentes no se debia dar pena de muerte; pero fuera de esto confesaban era justo fuesen castigados con qualquier otro género de pena. Entre otros fué de este parecer Hernando de Pulgar, persona de agudo y elegante ingenio, cuya historia anda impresa de las cosas y vidas del rey D. Fernando. Otros, cuyo parecer era mejor y mas acertado, juzgaban que no eran dignos de la vida los que se atrevian á violar la religion, y mudar las ceremonias santísimas de los Padres. Antes que debian ser castigados demas de dalles la muerte, com perdimiento de bienes, y con infamia, sin tener cuenta con sus hijos; ca está muy bien proveido por las leyes que en algunos casos pase á los hijos la pena de sus padres, para que aquel amor de los hijos los haga á todos mas recatados. Que con ser secreto el juicio, se evitan muchas calumnias, cautelas fraudes: ademas de no ser castigados sino los que confiesan su delito, ó manifiestamente estan de él convencidos. Que á las veces las costumbres antiguas de la iglesia se mudan conforme á lo que los tiempos demandan: que pues la libertad es mayor en el pecar, es justo sea mayor la severidad del castigo. El suceso mostró ser esto verdad, y el provecho que fué mas aventajado de lo que se pudiera esperar. Para que estos jueces no osasen mal del gran poder que les daban, ni cohechasen el pueblo, ó hiciesen agravios, se ordenaron al principio muy buenas leyes y instrucciones. El tiempo y la experiencia mayor de las cosas ha hecho que se añadan muchas mas. Lo que hace mas al caso es, que para este oficio se buscan personas maduras en la edad, muy enteras y muy santas, escogidas de toda la provincia, como aquellas en cuyas manos se ponen las haciendas, fama y vida de todos los naturales. Por entonces fué nombrado por inquisidor general Fr. Tomas de Torquemada, de la órden de Santo Domigo, persona muy prudente y docta, y que tenia mucha cabida con los reyes, por ser su confesor y prior del monasterio de su órden de Segovia. Al principio tuvo solamente autoridad en el reyno de Castilla; quatro años adelante se extendió al de Aragon, ca removieron del oficio, de que allí usaban á la manera antigua, los inquisidor s Fr. Cristóbal Gualbes, y el maestro Ortes, de la misma órden de los Predicadores. El dicho inquisidor mayor al principio enviaba sus comisarios á diversos lugares, conforme á las ocasiones que se presentaban, sin que por entonces tuviesen algun tribunal determinado. Los años adelante el inquisidor mayor con cinco personas del supremo consejo en la córte, do estan los demas tribunales supremos, trata los negocios mas graves tocantes á la religion. Las causas de menos momento y los negocios en primera instancia estan á cargo de cada dos ó tres inquisidores, repartidos por diversas ciudades. Los pueblos en que residen los inquisidores en esta sazon y al presente son estos: Toledo, Cuenca, Murcia, Valladolid, Calahorra, Sevi

,y

Ila, Córdoba, Granada, Ellerena; y en la corona de Aragon, Valen cia, Zaragoza, Barcelona. Publicó dicho inquisidor mayor edictos en que ofrecia perdon á todos los que de su voluntad se presentaren. Con esta esperanza, dicen, se reconciliaron hasta diez y siete mil personas entre hombres y mugeres, de todas edades y e.tados: dos mil personas fueron quemadas, sin otro mayor número de los que se huyeron á las provincias comarcanas.” De las historias eclesiásticas y seculares de Aragon, que compuso el Dr. Vincencio Basco de Lanuza, en el tomɔ 11, impreso en Zaragoza por Juan de Lanaya y Quartanet en el año de 1622, en el lib. 11, fol. 165, al capítulo x, que trata del principio de la santa Inquisicion en España, y otras cosas, dice:

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Porque á mas de ser el primer reyno de España que lo admitió, y procuró que en él se estableciese, es tambien de los que en mas veneracion (aunque todos se estimen en esto ) le tienen.

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Y fuese Aragon y que lo tecante á su corona y reynos quien primero abrazó las cosas del Santo Óficio, dícelo el regente Ď. Miguel Martinez del Villar por estas palabras:

Non est quo quisquam deinceps miretur infensum illud odium, quo » nostri feruntur semper adversus scismaticos, et hostes ecclesiae romanae: quippè cum apud Aragoniam prius quam apud cetera regna Hispaniarum venerandum sancte Inquisitionis tribunal fuerit institutum."

Y lo mismo dice D. Luis de Páramo, arcediano de Leon, en lo de Origine sanctae Inquisitionis, libro II, cap. vIII; Diago en el cap. 111 de las Crónicas de los frayles Dominicos de esta provincia, y en los siguientes. Porque desde el año 1232, viviendo el glorioso S. Ramon de Peñafort y Espárrago, Arzobispo de Tarragona, se comenzó á establecer en aquel arzobispado, y sus obispados sufragáneos, por bula de la Santidad de Gregorio Ix, despachada en Espoleto en 27 de mayo de aquel año, y del séptimo de su pontificado. La primera que se estableció fué ex Lérida, distrito de la de Aragon, hasta el dia de hoy, y tuvo tan dischosos principios como ser en tiempo del rey D. Jayme; en el qual, así como se extendian los reynos de los cristianos, era bien se estableciese este sagrado tribunal, que en la firmeza y santidad de la fe los conservase. Mandó el Papa que todas las cosas tocantes á este sagrado consistorio se dispusiesen por órden del glorioso S. Ramon; y se dispusieron de suerte, que casi todos los primeros inquisidores fueron santos y mártires, que regaron con su sangre (como el bienaventurado S. Pedro de Verona) la viña que plantaban del Santo Oficio."

Y mas adelante al fol. 167 del mismo capítulo continúa:

, En fin, porque vamos mas allegándonos á nuestra historia. El tribunal del Santo Oficio fué de notable provecho en los tiempos que decimos; pero de mucho mayor en el que ahora estamos. Y aunque se fundó para los tiempos de entonces; mas parece la divina misericordia lo previno para los de esta era, en que estamos rodeados de naciones apestadas de enormes heregías, como lo advierte y toca nuestro gran cronista Zurita, Iv parte de sus Anales, cap. XLIX.

„Era la manera que este sagrado tribunal guardaba entonces muy diferente de la que ha guardado y guarda desde los años de 1480 hasta ahora. Porque la matera que entonces se tenia era como en otras causas criminales; pero

quiso la divina Misericordia inspirar á los Reyes Católicos pcr medio de Fr. Tomas de Torquemada, inquisidor general que entonces era en España, y prior del monasterio de Santa Cruz de Segovia, para que se instituyese un consejo solamente dedicado para la cosas de fe. Y que con el inquisidor general se ajuntasen personas gravísimas, con comision apostólica, corcedida por el mismo, y que fuesen de tanta autoridad, que tuviesen el poder necesario del consejo Real para todas las cosas que tocaban al buen gobierno y exercicio del santo oficio de la Inquisicion, con el órden que hoy inviolablemente se guarda, con la asistencia de los prelados, que son los jueces ordinarios, con el secreto de cárceles, sin declararse los testigos; sin permitir la santa Sede apostólica que por via de apelacion, ni otra manera se lleven á Roma, sino que sus recursos se determinen en el consejo supremo de Inquisicion, entre el inquisidor general, todas las causas de la fe: Gerónimo Zurita, Iv parte, capítulo XLIX.

„Hecha esta santa Inquisicion con los brazos abiertos de cuerpo y alma, le recibió este reyno el año de 1484 cemo cosa tan sagrada, celestial y divina. Y aunque en esto se pudiera hacer larga historia, la que en este lugar es necesaria, se escribirá brevemente en el capítulo que se sigue en el que entre otras cosas dice:

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La manera que del principio se tuvo, fué dar los primeros inquisidores sus letras para que los oficiales reales prestasen el juramento en todo de ayudar la causas de fe, y amparar y favorecer sus ministros, los quales, á mas de los dos inquisidores, fueron nombrados Rodrigo Sanchez de Zuazo, que era canónigo de la Calahorra, por fiscal; secretario Pedro Jordan y Juan de Anchias; alguacil Diego Lopez; receptor Juan de Exea, y adbogado fiscal Ramon de Mur. Prestóse el juramento en 19 de setiembre en esta santa iglesia, y fueron los que juraron Juan de Lasuza, justicia de Aragon, natural de Sallent, y Tristan de la Porta, su lugar-teniente; el Zalmedina, que era Miguel Molon, Martin de la Raga, que era diputado del reyno, y los cinco jurados de Zaragoza; el merino, que era Juan de Embur y el maestro racional, que era Sancho Paterno, y otros muchos. Asimismo juró el gobernador, que era Juan Fernandez de Heredia, y D. Lope de Urreay; y Galacian Cerdan, con otros caballeros y ciudadanos, de allí á muy pocos dias, y así despues poco á poco todos los estados y universidades. De donde se siguió que comenzando los inquisidores á executar su cficio, sintiéndose el infierno de lo mucho que con esta santa institucion habia de perder de su ponzoña, procuró quanto le fue posible con estratagemas, con violencias, con trayciones y maldades estorbarlo; pareciendo á los ministros del demonio que si procuraban dar la muerte á los que habian comenzado á serlo del Santo Oficio, que no osarian otras personas encargarse de aquellos ministerios y cargos."

fol. 179,

dice:

Y mas adelante capítulo xiv, » Y es tanto el respeto y amor que los aragoneses tenemos al Santo Oficio y sus ministros, que mostramos haber sido los primeros y mas antiguos que recibimos con millares de afectos de nuestras almas este sacro patrocinio y fuerte alcazar de la fe católica. Siempre damos á los inquisidores título de señoría, respetámoslos como á señores y padres nuestros y de la patria. Todas las cosas del Santo Oficio, las casas donde está el santo tribunal, el lugar del secreto, el órden de los juicios, la compostura de los ministros,

al decidir de las causas, la misericordia, la justicia, la autoridad, solemnidad, concurso y grandeza con que se hacen los autos, nos parece cosa del cielo, por la eminencia y santidad con que resplandece. He querido decir todo esto (aunque es cosa bien sabida y notoria) para que entiendan los que leyeren los capítulos siguientes, y lo que sucedió en tiempo de los inquisidores Molina de Mendrano, Mendoza y Morejon, que no pasó por la imaginacion á persona de este reyno (ni al mas mal hombre que se halló entre los inquietos, perder el respero al Santo Oficio y á sus ministros; sino solamente defender inviolablemente nuestros fueros y libertades, que el valgo entendia (aunque se engañaba mucho mal informado de los que hacian cabeza en las inquietudes), que se hacía algo contra ellas, con la remision de los presos.

Y en el capítulo 1x del mismo libro 11 de las propias historias al f. 164 dice:

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Porque es cosa cierta que en este reyno y en toda su corona es tanta la reverencia y respeto que á este sagrado tribunal tenemos, que no hay privilegio, ni libertad, ni fuero, ni cosa de este mundo que jamas nos haya hecho faltar en un punto á esta deuda, como la experiencia en todos tiempos lo ha mostrado, y lo dice por palabras graves y expresas el doctor Miguel Martinez del Villar en lo de innata fidelitate aragonensium, que son las que se siguen:

Tanta quippè est pietas, et christiana religio coronae Aragonum, ut in rebus ad fidem spectantibus nostrates uti nolint, neque uaquan utantur libertate ulla: sed pro ut rationi consentaneum est sanctam fidem catholicam, omnibus rebus corporei, atque caducis anteponunt, et potius ducunt privilegiorum, libertatum ac fororum iacturam facere, quàm si vel minimum detrimenti capiat orthodoxa religio.

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Que es decir en pocas palabras, que es tanta la reverencia y piedad cristiana de este reyno, en las cosas tocantes á la fe y á su tribunal, que olvida todos sus privilegios y fueros, y aun todas las cosas de este mundo, por no quitar un solo atomo de reverencia y respeto."

Num. rr. De la Historia general de España, compuesta por el P. Juan de Mariana, libro x11, folio 455, capítulo 1, que trata como los albigenses alteraron á Francia, dice:

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Ganada aquella noble victoria de los Moros, las cosas de España procedian bien, y prósperamente, á causa que los almohades, trabajados con una pérdida tan grande, no se rebullian, y los nuestros se hallaban con grande ánimo de sujetar todo lo que de aquella nacion restaba en España. Quardo por el mismo tiempo los reynos de Francia y de Aragon se alteraron grandemente y recibieron graves daños. Fstas alteraciones tuvieron principio en la ciudad de Tolosa: muy principal entre las de Francia, y que cae no lejos de la raya de España. La ocasion fueron ciertas opiniones nuevas, que en materia de religion se levantaron en aquellas partes, con que los de Aragon y los de Francia se revolvieron entre sí, y se ensangrentaron. En los tiempos pasados todas las naciones del cristianismo se conformaban en un mismo parecer en las cosas de la fe: todos seguian y profesaban una misma doctrina. No se diferenciaban el aleman del español, no el frances del italiano, ni el ingles del siciliano en lo que debian creer de Dios y de la inmortalidad, y de los demas misterios: en todos se veia un mismo

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abominacorazon y un mismo lenguage. Los uvaldenses, gente perversa y ble, comenzaron los años pasados á inquietar la paz de la iglesia con opiniones nuevas y extravagantes que enseñaron y al presente los albigenses ó albienses, secta no menos aborrecible, apellido y nombre odioso acerca de los antiguos, siguieron las mismas pisadas y camino, con que grandemente alteraron el pueblo cristiano. Enseñaban que los sarcedotes, ministros de Dios y de la iglesia, no tenian poder para perdonar los pecados. Que el verdadero cuerpo de Jesucrista no está en el santo Sacramento del altar. Que el agua del bautismo no tiene fuerza para lavar el alma de los pecados Que las oraciones que se acostumbran á hacer por los muertos no les prestaban: todas opiniones nuevas y malas, y acerca de los antiguos nunca oidas. Decian etro si contra la Vírgen madre de Dios blasfemias y denuestos, que no se refieren por no ofender al piadoso lector: dexólas escritas Guillermo Nangiaco, frances de nacion, y que vivió poco adelante. Llegaba su desatino á poner lengua en la familiaridad de Cristo con la Magdalena. Así lo refere Pedro monge del Cistel, en una historia que escribió de los albigenses, intitulada al Papa Inocencio III, en que depone como testigo de vista de las cosas en que él mismo se halló. Seria muy largo cuento declarar por menudo todos los desvaríus de estos hereges y secta; y es así que la mentira es de muchas maneras, la verdad una y sencilla. La verdad es, que en aquella parte de Francia, donde está la ciudad de Cahors, muy nombrada, se ve otra ciudad llamada Abis, que en etro tiempo tuvo nombre de Alba Augusta, y aun se entiende que César, en los Comentarios de la guerra de Francia, ĺlamó helvios los moradores de aquella comarca. Riega sus campos el rio Tarnis , que son de los mas fértiles de Francia, de grandes cosechas y esquilmos de trigo, vino, pastel y azafran; por donde el obispo de aquella ciudad tiene mas gruesas rentas que algun otro ob spo en toda la Francia. La iglesia catedral, grande y hermorsa, está pegada con el muro de la ciude la dad; su advocacion de Santa Cecilia. Los moradores de la ciudad mansa, vitudes que pueden tierra son gente llana, de condition apacible y acarrear perjuicio si no hay el recato conveniente para no dar lugar á gente mala que las pervierta y estrague. Los mas se sustentan de sus labranzas y de los frutos de la tierra; el comercio y trato de mercaderes es pequeño, por estar en medio de Francia y caer lejos en el mar. De esta ciudad, en que tuvo su primer principio esta nueva locura y secta, tomó el nombre de Albigense, y desde allí se derramó per toda la Francia, y aun por parte de España. Puesto que el fuego emprendió en Tolosa mas que en otra parte alguna; y aun de aquí procedió, que algunos atribuyeron el primer rigen de este error y secta á aquella ciudad. Otros diceu que nació primeramente enla Provenza, parte de la Galia Narbonense. D. Lucas de Tuy, que por su devocion, y por hacerse mas erudito, pasó á Roma, y de allí á Constantinopla y á Jerusalen; vuelto á su patria, entre otras cosas que escribió, no • menos docta que piamente, pub'icó una large disputa contra todos estos errores, en que como testigo de vista relata lo que pasó en Leon, ciudad may conocida en España, y cabeza de aquel reyno. Cuyas palabras sera bien poner aquí para mayor claridad, y para que mejor se entienda la condicion de los hereges, sus invenciones y trazas. Despues de la muerte del Rev. Don Rodrigo, obispo de Leon, no se formaron los votos del clero en la eleccion del sucesor. Ocasion que tomaron los hereges, enemigos de la ver

y

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