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sia y de los santos doctores, se vale de otros auxílios para ser relevado de tales gravámenes en sí, y en los muchos que en él padecen.

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Primeramente de lo que se le da por el juramento episcopal, segun el qual conviene á todos los obispos de España con este memorial y conclusiones impresas en virtud de lo que alegan fol. 5, núm. 8, 9, 10, 11, fol. 11, núm. 8, 9, 10, y se les representa que el ilustrísimo señor ha contravenido en el dicho padre y en el P. Alonso Fernandez de Córdoba á la jurisdiccion diocesana, sobre que deben instar al eminentísimo señor cardenal, único juez de esta causa.

Lo segundo se vale en órden á que la jurisdiccion del eminentísimo señor sea mantenida del supremo consejo de Catilla y de cada uno de él, conformándolos á cada uno con copia particular de estos papeles, pues S. M. con leyes y la iglesia con excomuniones, segun lo alegado en dedicatoria, les pone en esta obligacion.

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Lo tercero se vale de las iglesias interesadas en la causa, de las quales la principal es la santa de Toledo, á quien judicialmente colacionadas se presentan las cláusulas de San Ildefonso, condenadas y castigadas del ilustrí simo señor inquisidor general en el P. Alonso Fernandez de Córdoba.

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Lo quarto se vale de las religiones gravadas, á las quales no se ha puesto el terror que á la Compañía. Con lo qual acciones tan públicas en gravámenes tan evidentes no consentirán que la justicia de Cristo y de su Madre, y de la Iglesia y de los santos padres dexe de tener patrones ante el eminentísimo señor, á quien solo reconoce el P. Poza por juez, suplicándole que se ayude si le pareciere de los señores D. Pedro Pacheco y José Gonzalez, y de los señores consejeros que fueron consultores del Santo Oficio, porque se haga todo con jueces suyos; y que pues para lo dicho tiene jurisdiccion sobre el ilustrísimo señor, le compela á responder y á dar razon de estos gravámenes; y caso que se abstenga, se pide sea informada S. M. de lo sucedido, como el padre mismo por diversos caminos insta singularmente sobre la ocasion que su ilustrísima da y ha dado de dictámenes opuestos al evangelio y á la iglesia que en varias relaciones impresas se han presentado á su eminencia; y juntamente se quite el escándalo que hay, y ruina de almas que perecen con solo creerse hay tales dictámenes. Juan Bautista Poza." Aquí tiene V. M. un documento, por el qual no solo consta que no han sido adictos á la Inquisicion los jesuitas, sino que han tenido opiniones absolutamente contrarias á lo que acerca de ella se pretende ahora. Por consiguiente queda demostrado que la qualidad de jesuita no pudo ser razon para que el Padre Mariana fuese inquisitorial, sino todo lo contrario, que es la proposicion principal á que ayer me contraxe quando hablaba de la materia.

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» Otro punto quiero examinar, aunque parece indiferente, y es el proce so y la obra de D. Pedro Olavide. Infiero por lo que oí al Sr. Argüelles, que se habia producido por algunos señores este hecho como una prueba de los saludables efectos de la Inquisicion, que habia convencido de sus errores á este hombre. En esto hay dos gravísimas equivocaciones: una relativa al hecho, y otra á la persona; y tengo toda la seguridad que cabe en los hechos, que uno no ha presenciado, pero que se fundan en testimonios personales. En primer lugar, ha sido una ligereza el producir el evangelio en triunfo como una prueba de que Olavide abjuró los errores que habia tenido.

Este libro se escribió en frances por el abad La-mourette mucho tiempo antes que viniese al mundo Olavide, y le tiene todo el que quiere; y yo lo he visto tambien traducido al castellano con el título de Delicias de la religion cristiana; y toda aquella religiosa parábola del jóven Teodoro que se convierte, existe allí, y nada tiene que ver con Olavide. Este español americano no ha hecho otra cosa que ampliar la obra, por ser tan útil á la multitud. Digo útil á la multitud, porque he oido decir que en ella se esfuerzan demasiado los argumentos, y que las pruebas son débiles. Del cardenal B÷larmino se dixo esto mismo; pero los teólogos juiciosos han contestado que si esto era un vicio, lo único que probaba era la fidelidad con que habia hecho las citas, é imparcialidad con que habia presentado los argumentos. No se nos diga jamas (al menos no hay razon para decirlo) que en esta obra se esfuerzan mas los argumentos que las pruebas. Qualquiera que lea esta obra notará que todo lo que pertenece á la religion cristiana, lo ha sacado del libro de las Delicias de la religion, sobre lo qual hace muchas propuestas; y lo que hay de la parte político-económica lo ha sacado del Amigo de los hombres. De modo que nadie puede tener esta obra como invencion suya propia. Creo que no será desagradable á V. M. que siempre que se pueda justamente se desagravie la memoria de los españoles que han hecho grandes servicios á la nacion como este; y aunque no nos constan, como su buena opinion, seguramente este hombre los ha hecho. A pesar de que la negra envidia, empeñada en arruinarle, ha reducido casi á escombros su establecimiento; todavía quando se pasa por Sierra-morena se siente que hubiese un instrumento (bueno si se quiere, pero susceptible de maquinaciones) para perder á un hombre, que hubiera hecho felices á sus conciudadanos en la parte que un hombre instruido puede hacerlo baxo un rey benéfico. La historia de su proceso es muy sencilla. Un religioso aleman que tenia sus opiniones, como las tiene qualquiera, encontraba repugnancia con las de este hombre docto (que seguramente lo fué) en puntos questionables; resultando de aquí cierta contrariedad entre ellos, que ocasionó (supongo que con el mejor zelo del mundo) una delacion. ¿Pero quando se hizo esta delacion? Es menester, Señor, que pues se ha dicho que la Inquisicion puede ser útil á la religion y al estado como medio político, se desengañen estos estadistas de que en esto no debe emplearse la religion santa. Se trataba de hacerlo ministro de Hacienda. Habia logrado tal confianza, especialmente por los papeles que habia publicado, que se trataba de acuñar una medalla con sn busto. En este momento se le delata dia 14 de noviembre de 1775. Fué el alguacil mayor de la Inquisicion el conde de Mora, y le prendió. Pues, Señor, hasta el año 78 ha durado su causa. „¿A qué le parece á V. M. que se reducian las acusaciones? A cosas, la mayor parte de ellas nimias y ridículas, si se quiere, y otras punto menos que indiferentes: que quando habia estado en Francia, habia visitado y tratado á varios de aquellos hombres que se habian hecho célebres por sus luces, y que por consiguiente tendria sus opiniones: que Rousseau le habia escrito una carta en que le decia que seria de desear hubiera muchos españoles que tuviesen su ilustracion : que habia dicho que Pedro Lombardo y otros se habian dedicado mucho á las sutilezas, y no á la tradicion; es decir, preferian el raciocinio á la autoridad, lo que no le parecia el mejor método para enseñar la teología y otras cosas de esta clase; una de ellas que habia defendido el sistema pla

netario de Copérnico prohibido por la Inquisicion de Roma. Prescindo de otras cosas, porque hay un juez incorruptible que decidirá estas injusticias, que es Dios. Yo no debo tratar de esto sino baxo el aspecto político. El hecho es que el año 78 se hizo un aute, que se verificó con las particularidades mas extrañas, atendida la naturaleza del modo de proceder. En primer lugar se le hace presentar con una vela encendida en la mano sin sambenito ni otra señal alguna, llevando al pecho la cruz de Santiago que le condecoraba. Dexo á parte la escena triste que ocurrió quando este hombre de bien se vió llamado herege, porque contestó lo que qualquiera de nosotros responderia en semejante caso: mal cristiano sí, porque tengo la desgracia de no ser el mas fiel observante del evangelio; pero herege.... eso no....y no pudo soportar el peso que en almas verdaderamente cristianas produce una reconvencion semejante; este es el último suplicio de los hombres grandes, que en tocándoles la religion, pierden el juicio, porque saben que es la última de las desgracias que puede sucederles, siendo la religion como es el mayor de los bienes. El resultado fué que se le desterró de la corte de Lima su patria y de Sevilla donde era asistente, y se le impusieron otras pemas, aunque inferiores, como los exercicios de devocion, la confiscacion de bienes....¿Qué caso habia de hacer Olavide de sus bienes, viendo perdida la opinion, que es el bien mas inestimable? Pero hágase V. M. cargo de una reflexion muy obvia. Al empezar la revolucion de Francia se hallaba allí Olavide qualquiera que tenga noticia del estado de aquella nacion, sabrá que las ideas de este hombre, tanto en lo político, como en lo religioso, no eran, ni remotamente las de aquellos hombres; y que si lo hubieran sido, debia estar bien hallado con ellos en aquella época. Pues no se portó así: y á pesar de la tempestad que le podia amenazar en España, se restituyó á ella. Aquí fué solicitado para que volviese á ocupar su empleo, porque aun se acordaban de sus talentos; y no quiso aceptarlo por huir del escollo, y por conocer lo que traen los cargos públicos á los hombres de su talento; y así se retiró á Baeza, y vivió con una virtud, de que certificarán sus vecinos; que á este propósito fuí yo á ese pueblo á desengañarme sobre sus opiniones religiosas, ellos testificarán de sus sentimientos en esta parte. Allí se dedicó á escribir varias obras piadosas, tales como su bellísima traduccion de los Salmos de David: léase si no. La ha visto todo el mundo. Yo antes de venir aquí he visto las obras que desde niño escribió; sobre todo un plan de educacion y de estudios, en que no sé qué aventaja mas, si la religiosidad ó la sabiduría..

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Por lo dicho se pueden hacer algunas observaciones sobre lo que dixo mi digno amigo y compañero el Sr. Riesco: 1. Que no hay tal actividad y prontitud en el despacho de los procesos, como S. S. supone ; porque para una causa de esta naturaleza, en que quando se le prendió estaba concluida la sumaria, se detuvo á este hombre dos años, y sobre todo tratándose de la opinion, porque la confiscacion de bienes poco le interesaba. Lo que sí ha perdido mucho fué la opinion del ministerio de entonces en estos puntos para la América; porque creyeron muchos que la qualidad de americano le habia acarreado émulos, que no teniendo otros medios para destruirle, acudieron á la Inquisicion. Estov yo muy lejos de creer esto, porque estoy persuadido de que lo mismo le hubiera sucedido aunque hubiese sido europeo. Así que, no entiendo como el Sr. Riesco asegura la prontitud en el despacho

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de las causas de Inquisicion, quando precisamente se pueden citar miles y miles de expedientes con que se convenceria lo contrario. Entre otros tenemos uno muy conocido por la dignidad de la persona y circunstancias que le acompañaron; tal es el del sabio y virtuoso arzobispo Carranza, Primado de las Españas, cuyo proceso se principió en el año 1559; y no se concluyó hasta el de 1777, es decir, que duró diez y ocho años. ¡Qué prontitud, Señor!

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En este proceso y en el de Olavide, respectivamente hablando, hay otra observacion que hacer sobre lo que ha dicho el Sr. Riesco; á saber: que desde las bulas de Inocencio vIII, que su señoría tuvo á bien presentar, se habia establecido un método, por el que ninguna apelacion habia salido del reyno. Y en esto no tiene razon su señoría, porque sin duda no se ha cumplido en esta parte aquella bula; pues en las causas de Carranza y Olavide tenemos dos pruebas de lo contrario; y vea V. M. como se cumple esa bula, y como nos engañamos en las cosas. Efectivamente la causa de Carranza salió de España y fué á Roma; y por esto no mejoró, pues estuvo ocho años en el castillo de S. Angelo. Vea V. M. como esta causa, de las mas interesantes y ruidosas, salió de España á pesar de la resistencia que hubo por parte del príncipe. Y habia en ello otro manejo, que con toda la moderacion que pueda lo manifestaré; y es que quando no se podian sacar las causas de España, se hacia otra cosa casi igual, que era dirigir consultas, no á S. S., sino á la curia romana, que no es el Pontífice. Así como entre nosotros es corriente, respecto de los reyes y ministros, , que no todas las órdenes que dan se pueden ni deben tener como del rey (que aunque errara, tendria regularmente intencion de acertar), sino de los ministros y manos subalternas, en las que se consideran y estan las faltas, y no en el rey; del mismo modo en la cabeza de la iglesia en lo eclesiástico, , que así como al olimpo no llegan las nubes, tampoco á S. S. llegan las faltas; por eso tratamos del ministerio y de la corte romana, que se llama Curia, y tiene mil partes y fracciones en que está dividida, que es lo que nosotros llamamos ministerios. De esta hablo, no de S. S. En este concepto digo que quando incomodaba una de estas causas á la corte, la enviaban á Roma. Pues esto sucedió con la de Olavide. Como el objeto era hacer con él un auto público, que aterrorizase á los espíritus que no lo estaban entonces, se resolvió así. Pero como no habia motivos bastantes para hacerlo, consultó la Inquisicion á Roma. Y la curia le contestó, que pues el objeto era que el auto fuese público, y no habia motivos para ello, lo hicieran en secreto, pero de una manera que fuese público, es decir, con un número muy grande de concurrentes....

» Son tantas las especies que se han vertido estos dias, que no acierto á proponer con método mis ideas. Una de las cosas que me ocurren sobre lo que ha dicho el Sr. Riesco es el haberse establecido la Inquisicion con aprobacion general. Tengo escrúpulo sobre un hecho que me parece no puede ignorar el Sr. Riesco. ¿Será creible que un establecimiento se diga generalmente bien recibido, quando á poco tiempo de su creacion, en las fundaciones particulares y piadosas se da una absoluta exclusiva á las personas que pertenecen á él? Pues si yo no me me engaño creo no puede ignorar el Sr. Riesco que la capilla de Mosen Rubí en Avila, fundacion de los condes de Fuente el Sol, tiene esta prohibicion; es decir, está pre

hibido que se provean en personas que pertenezcan al establecimiento de la Inquisicion. Cómo haria nadie una fundacion semejante si el tribunal hubiera estado generalmente bien recibido? Ademas, que de documentos auténticos resulta lo contrario....; Qué mas? hasta de los mismos breves pontificios. En uno de los de Sixto Iv se le decia á la reyna Doña Isabel que no tuviera cuidado de que se dixera que no por el zelo de la religion, sino por aprovecharse de los bienes, se hacian las confiscaciones; y en otras bulas y breves hay mucho de esto, que si se analizan, aseguro á V. M. que solos ellos son la prueba mas concluyente de quan grande era el clamor y el grito general contra la Inquisicion. Mucho mejor se verá esto si se examinan los expedidos para reformar el mismo tribunal, en cuyas alteraciones y mudanzas hay que notar que siempre se procedia con tal política, que quando por parte de la corte de España se afloxaba, por la curia de Roma se apretaba; y quando aquí se apretaba, allí se afloxaba. De suerte (perdóneseme esta vulgaridad) que era un juego de tira y afloxa entre España y Roma. En una palabra, era un asunto de pura política.

» Siento hablar de este género de cosas, y por este aspecto sufro extraordinariamente haciéndolo; pero digo esto en la inteligencia que de ninguna manera compromete á la autoridad real, y muchísimo menos á la venerable dignidad y autoridad de los sucesores de S. Pedro; de lo que hablamos es de los misterios de los gabinetes. Si el sucesor de S. Pedro no fuera tambien un soberano, que posee un estado particular, no tendríamos que hablar de este modo. Así es que hablo, no de la cabeza de la Iglesia, que como tal no se puede llamar soberana de este ó del otro estado, porque donde quiera estan sus ovejas, sino del estado temporal que poseer ¡y oxalá que sea para siempre! He dicho que habia un verdadero sistema de política; y qualquiera que lea estos documentos con reflexion, y conozca el estilo curial, se convencerá de lo que digo.

"A este propósito, si yo hubiera seguido el plan que me fixé en ua principio, hubiera manifestado que la comision no solo no ha citado hechos falsos, sino que no ha hecho uso de documentos importantísimos; y podia citar una infinidad de ellos, de los que resultarian dos cosas; primera, que aun los que tenian mas firme adhesion á este nuevo establecimiento, son los testigos mas claros y fuertes de los horrores y escandalosos abusos que se han cometido por este tribunal; y segunda, que por tanto no era el clamor y las quejas continuas, precisamente de aquellos contra quienes podia proceder el tribunal, porque eran de mala doctrina, sino de todos los demas. Solo citaré un autor, porque tiene todas las campanilias que le pueden hacer recomendable y célebre, que es Pedro Mártir de Angler. Se trata de un impreso que anda por todas partes y á sabiendas del mismo tribunal. Su autor era individuo del consejo de la Inquisicion, embaxador, y hombre celebrado por su erudicion y conocimientos; pues lo cuenta como testigo ocular, y hace tal pintura de las atrocidades y barbaridades cometidas en la Inquisicion de Córdoba, que hace temblar y horroriza; al paso que quando uno se acuerda de las conseqüencias funestas que traxeron al reyno y á la religion, da gana de reir el ver en lo que se entretenian. Yo ruego á los que crean que estas son novedades de jóvenes caprichosos, y tal vez irreligiosos, que formen una idea de lo que decian los qs

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