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- ). rio, tenga su consejo supremo, ¿? tribunales subalternos, sus cárceles, sus ministros, su real hacienda; que capitule con nuestros reyes como de igual á igual; en una palabra, un pequeño monarca que con el sublime carácter de legislador, sentado pomposamente sobre su trono, reuniendo en sí las augustas prerogativas del sacerdocio y del imperio, dicte leyes á los pueblos, siga usurpando los derechos episcopales, y que para leer, aunque sea la sagrada escritura, hemos de obtener antes su permiso, con otras atribuciones de soberanía absoluta, independiente, inviolable, invulnerable que sea dueño de nuestras vidas y haciendas so pretexto de religion y de conservar la fe, díganlo claro, no se anden con rodeos misteriosos; y entonces V. M. sabrá las medidas que ha de tomar para estorbar que haya mas de un rey en la monarquía española. , Señor, nada he pronunciado delante del Congreso que no sea público, no solo á la nacion sino á toda la Europa. Debo repetir que he sido muy contenido y moderado en la pintura que hice de este odioso y horrible tribunal, que desde su establecimiento en Castilla comenzó á desenfrenarse y excederse en golpes de arbitrariedad, crueldad y despotismo, como consta del breve del Santo Padre Sixto Iv, y de otros monumentos históricos, que no necesito reproducir. Defiendanlo como quieran sus patronos y protectores; mas insultan descaradamente á la humanidad quando nos lo pintan dulce, suave, compasivo, caritativo, ilustrado, justo, piadoso.... ¿Qué lenguage es este, Señor? Yo entro en los magníficos palacios de la Inquisicion, me acerco á las puertas de bronce de sus horribles y hediondos calabozos, tiro los pesados y ásperos cerrojos, desciendo y me paro á media escalera. Un ayre etido y corrompido entorpece mis sentidos, pensamientos lúgubres afligen mi espíritu, tristes y lamentables gritos despedazan mi corazon.... Allí veo á un sacerdote del Señor padeciendo por una atroz calumnia en la mansion del crímen; aquí á un pobre anciano, ciudadano honrado y virtuoso, por una intriga domestica: acullá á una infeliz jóven, que acaso no tendria mas delito que su hermosura y su pudor.... Aquí enmudezco, porque un nudo en la garganta no me permite articular; por que la debilidad de mi pecho no me dexa proseguir. Las generaciones futuras se llenarán de espanto y admiracion. La historia confirmará algun dia lo que he dicho, descubrirá lo que oculto, publicará lo que callo. ¿Qué tarda, pues, V.M. en libertar á la nacion de un establecimiento tan monstruoso? Basta.” Luego que terminó su discurso el Sr. Ruiz Padron, propuso el señor Meaía que se mandase imprimir al momento el papel del mismo que se habia leido. Mas habiendo observado varios señores que el orador teniasu derecho expedito para imprimirlo, retiró su proposicion el Sr. Mería.

SESION DEL DIA 19 DE ENERO DE 1813.

El Sr. García Herreros : , Señor, parece temeridad tomar la palabra en este asunto despues de leido el voto del Sr. Ruiz Padron, en que con tanta sabiduría y eloqüencia ha sostenido el dictámen de la comision. Su será inútil rebatir los argumentos que se han hecho para impugnar el dictámen, y por lo mismo me limitaré á hablar de la proposicion que se discute en el sentido que la presenta la comision. Siempre se ha dudado de su verdadera inteligencia para darle la que acomoda impugnar; y por ese convendrá leer el informe de la comision para manifestar qual es su sentido. Dice al folio 5 y vuelto, despues de asegurar que esta es la religion del estado y la que quiere toda la nacion, dice , No habrá español alguno que no se halle penetrado &c. (véase la página 3 de este tomo). Claro está que la comision solo habla de los medios que podrá emplear la potestad civil para asegurar la religion; y en este concepto dice que es incompatible este tribunal con la constitucion. Esto es lo mismo que decir: ,, las leyes que tiene la Inquisicion para substanciar sus causas con objeto á imponer penas coactivas, son contrarias á la constirucion.” Si de buena fe nos circunscribiésemos á este pequeño círculo, no se empeñaria mucho la discusion, porque toda ella se reduciría al sencillo cotejo de unas y otras leyes, del que resultaria la certeza ó falsedad del aserto de la comision; pero como de la confrontacion no se pueden deducir ventajas á favor del tribunal, sus defensores no se limitan como deben al punto que se discute: suscitan qüestiones impertinentes para cohonestar la negativa de una verdad que conocen, pero que una vez confesada induce necesidad de asentir á la conseqüencia natural que de ella se deduce. , La constitucion en el capítulo III del título v, que trata de la administracion de justicia en lo criminal, prescribe las reglas á que deben ajustarse los jueces en la formacion de las causas de esta clase ; y las comprehendidas en los artículos desde el 3oo hasta el 3o6 inclusive estan en una contradiccion tan manifiesta con las que rigen en el tribunal de la Inquisicion, que no puede haber compatibilidad entre ellas. En aquellas se previene: que á las veinte y quatro horas se le manifieste al tratado como ree el nombre de su acusador si lo hubiere que al tomarle la confesion se le lean íntegramente todos los documentos y las declaraciones de los testigos con los nombres de estos, y si por ellos no los conociere, que se le ¿ quantas noticias pida para venir en conocimiento de quienes son: que el proceso de allí adelante sea público que no se imponga pena de confiscacion de bienes: que la que se imponga, por qualquiera delito que sea, ne trascienda á la familia. Las que gobiernan en la Inquisicion no solo son contrarias á estas, sino que en serlo consiste la esencia del tribunal. Todo su sistema estriba en el sigilo, en que el reo no sepa quien le acusa, en que ignore quienes son los testigos; y esto se lleva hasta el extremo de que ni á él ni á su defensor se le entrega original el expediente, sino una copia, en que á mas de los nombres se omite lo que pudiera dar luz para conocerlos, y quanto juzgan los inquisidores por oportuno segun su ritual. La misma contradiccion resalta en los demas artículos. , Bien conocen esto los defensores del tribunal , y por lo mismo huyen del exámen de la proposicion, que no atreviéndose á negarla, ni conviniendo á su propósito el concederla, se ven en la precision de intentar eludirla, queriéndonos envolver en qüestiones que en su tiempo produxeron á la misma iglesia y á los estados escándalos y excesos, cuya memoria horroriza, y que para contenerlos y precaverlos en lo sucesivo han trabajado tanto las naciones católicas, hasta fixar las reglas que han consignado en sus códigos para que semejantes qüestiones no vuelvan á perturbar las sociedades. Pero no de otro modo pueden ir adelante con el empeño que han tomado, ni por otros medios podrian proporcionarse la satisfaccion de llamar impíos, cismáticos y hereges á los que son de contraria opinion: estilo muy antiguo en todos los que estando prevenidos á favor de una opinion, que admitieron sin exámen, se obstinan en sostenerla por capricho ó razon de estado, dirigiendo sus raciocinios no á la indagacion de la verdad, sino á obscurecerla entre la confusion que ofrecen las qüestiones que promueven. , Este modo extraño de impugnar la proposicion que se discute, me obliga á reproducir la separacion que debe hacerse de la potestad espiritual la secular ó civil de que se compone el tribunal de la Inquisicion; y con l. misma metáfora de que se valió un señor diputado para impugnarme esta division, le demostraré hasta la evidencia que aprobando V. M. la proposicion no se excede de sus facultades, ni dexará por eso de reconocer en la santa iglesia la potestad que le es inherente para discernir en puntos de doctrina, como ha intentado persuadir dicho señor por conseqüencia de la indicada division. , El tribunal de la Inquisicion se compone de la autoridad eclesiástica que se le ha confiado por S.S. para la calificacion de la doctrina en ciertos puntos, y de la civil para la calificacion de los delitos, y aplicacion de las penas coactivas. V. M., sin rozarse en nada con la primera, puede reformar la segunda, ó retirársela absolutamente, segun lo juzgue conveniente, pues que la exerce, no como propia ó proveniente d la autoridad de la iglesia, sino por concesion de V. M.; así como S.S., sin ofensa de la autoridad secular, puede reformar ó suspender el exercicio de la eclesiástica. Y si á S.S. nadie le ha disputado, ni puede, la facultad de restringir ó suprimir del todo la autoridad eclesiástica que exerce la Inquisicion, sin que por eso se infiera que se mezclaria en la parte civil que le está encargada; del mismo modo tampoco se le puede disputará V. M. la facultad de separar de la Inquisicion la autoridad civil que le ha delegado, sin atentar, como se ha dicho, á la autoridad de la iglesia, pues ambas son independientes, y no pueden perjudicarse usando cada una de la que le compete, no obstante de que en los respectivos casos resultase la supresion ó destruccion del tribunal. , Esta doctrina, tan constante se quiso impugnar ridiculizándola con la metáfora de un asesino, que cogido in fraganti negaba el hecho, contestando á las reconvenciones con la frialdad de decir: que él habia herido al cuerpo, pero que al alma, que era la parte principal, no le habia llegado; equiparando la separacion que el homicida hacia del alma y el cuerpo á la que llevo indicada de las dos autoridades que concurren en la Inquisicion, para deducir de aquí que V. M. no puede tocar á la civil sin atentará la eclesiástica, y para propasarse hasta el extremo de decir que semejantes separaciones prureban que no se reconoce la autoridad de la iglesia, así como no reconoce el derecho de propiedad el que roba. Si V. M. no hubiera oido este razonamiento, no podria persuadirse que un sugeto ilustrado, y por otros muchos títulos digno de aprecio, hubiese usado de él para los fines que lo produxo; pero ello es que V. M. ha sido comparado, en el uso de su incontestable autoridad, al abuso que hace un asesino de su libertad; y de esta comparadron desconoce el derecho de propiedad. V. M. meditará si su respeto se ofende, ó podrá quedar bien puesto en el paralelo de tan bellos y oportunos exemplos, ínterin yo pregunto al señor diputado que tal dixo: ¿si es lo mismo atropellar y no respetar el derecho de propiedad, que desconocerlo, ó negarlo? Pues por esa regla su señoría habrá desconocido y negado el Decálogo quando ha pecado. A estos extremos se llega quando la singularidad, ú otros respetos, y no la razon, quieren dirigir el entendimiento; no hay sentido que no se tuerza, ni conceptos que no se fuercen para traerlos á favor del que nos preocupa. , Para que pudiese haber comparacion con el asesino, debia ser cierto ó probarse que así como por derecho natural, divino y humano está prohibido matar, le estuviese tambien prohibido á V. M. separar de los inquisidores el exercicio de la potestad civil que les ha encargado. El mismo señor reconoce en V. M. esta autoridad, pues por descargar al tribunal de la Inquisicion del concepto de sanguinario con que algunos lo califican, se lo ha cargado á V. M., diciendonos: que el tormento, el fuego y las demas penas que tanto se ponderaban, se imponian por las leyes civiles, á las que se arreglaban aquellos jueces; y pues que V. M. no las habia reformado, debia sufrir el concepto de cruel y sanguinario: luego reconoce la facultad que reside en V. M. Ni puede decirse que aunque al principio fué voluntaria, se ha hecho irrevocable la concesion del exercicio de la autoridad civil; porque de hecho no ha sido así, ni V. M. puede desprenderse de ese modo por ningun respeto de un derecho inherente á la soberanía; así que, los inquisidores en todo este juicio civil proceden como ministros de V. M. y sobre ellos exerce la misma autoridad que sobre los demas ministros de los tribunales del reyno. Otra clase de impugnacion se hace negándole á V. M. la potestad para mezclarse en este asunto, suponiéndolo propio y privativo de la autoridad eclesiásica; y de este principio, que no prueban, deducen las terribles conseriencias con que intentan prevenir los ánimos contra una resolucion que Inran inevitable. Las contradicciones en que incurren los señores que así opinan, prueban con evidencia que no estan fixos en los principios de que parten. Al mismo tiempo que le niegan á V. M. la potestad, confiesan que puede arreglar el sistema de la Inquisicion, uniformándolo con lo que previene la constitucion. Conocen tambien que la potestad coativa que exerce el tribunal, no se la ha dado la iglesia; y casi todos han convenido en que V. M. puede reformar y separar de la Inquisicion esta potestad coactiva; ¿ luego que quieren decir quando niegan á V. M. la facultad de mezclarse en este asunto: Si es propio y privativo de la iglesia, de dónde le vienen á V. M. las facultades indicadas? Y si le son propias, por que dicen que este asunto es privativo de la iglesia? No es justo confundir la facultad de declarar las controversias sobre doctrina y la de imponer penas canónicas, con la proposicion que presenta la comision: lo primero es indisputable que pertenece á la iglesia, y V. M. jamas ha pensado en perturbarla en el exercicio de su autoridad: siempre la ha tenido expedita, y el profundo respeto con que en todos tiempos se han recibido y obedecido las declaraciones que proceden de ella, ha sido el mejor apoyo de la curia de Roma y sus sequaces para vendernos como dogma las opiniones con que su ambicion aspira á la dominacion temporal. La proposicion que discutimos se limita al tri

bunal de la Inquisicion; porque su sistema y fórmulas con que procede al castigo corporal de los reos, sigue un plan contrario á las reglas del derecho comun, é incompatible con la constitucion. Este tribunal no es la autoridad esencial de la iglesia, como dan á entender los señores que por el medio que voy impugnando tratan de sostenerlo. Si así fuera, en los xv primeros siglos hubiera carecido de ella la iglesia de España. El tribunal exerce una parte de esta autoridad, no siendo ella sola la que le da el ser, sino unida á la temporal que le concedieron los reyes. De las dos se compone esencialmente, y no puede subsistir faltándole qualquiera de ellas. ,, Si por la parte que tiene de eclesiástico se le niega á V. M. la autoridad para resolver el punto de que tratamos, tampoco la tendrá S. S. por la parte que tiene de temporal; y resultará un cuerpo que no reconozca dependencia ni superioridad alguna sobre la tierra. De V. M. depende exclusivamente en el exercicio de la jurisdiccion temporal que le ha conferido, y no se le puede negar la autoridad que tan arbitrariamente le niegan estos señores. Y aun quando se considere la Inquisicion en calidad de tribunal eclesiástico, puede V. M. reformarlo y suprimirlo, sin excederse de los límites de su facultad, ni atentar á la autoridad esencial de la iglesia. ,, Para no molestará V. M. con la copia de pruebas que nacen del dereeho de patronato y proteccion, me limitaré á dos muy sencillas: primera, que los Reyes Católicos pudieron sin excederse de sus facultades, ni atentar á la autoridad de la iglesia, suspender la execucion de la bula de ereccion de este tribunal; porque expedida á peticion suya, pudieron no usar de la gracia que les concedieron. Pues lo mismo que aquellos pudieron, puede ahora V. M.; porque la concesion no ha variado de naturaleza, ni procede de concordato que produzca obligacion pactada de que no se pueda separar sin el mutuo asenso. La segunda prueba será un exemplo que hará mas perceptible la primera. La jurisdiccion castrense que está unida al patriarcado de las Indias, y es quasi episcopal, es una desmembracion de la que por derecho divino corresponde á los señores obispos, hecha por S. S. á peticion de nuestros reyes, y unida al patriarca sin mezcla de jurisdiccion alguna temporal: toda es espiritual; no obstante, nadie le ha negado á V. M. la facultad de suprimir dicha jurisdiccion, sin que en el caso de hacerlo se pudiese decir que metia la hoz en mies agena; porque siendo esta una gracia, puede renunciarla quando guste. El tribunal de la nunciatura, con quien se puede hacer, y se ha hecho lo mismo, simboliza mas con la Inquisicion por el concurso de ambas autoridades; pero me valgo del otre exemplo; porque siendo puramente espiritual la autoridad que en él se exerce, pudiendo V. M. suprimirlo, atendiendo al motivo de su ereccion , con quanta mayor podrá hacerlo con la Inquisicion, que sobre tener el mismo orígen de ser una gracia ó privilegio concedido por S. S. á los reves de España sin la condicion de perpetuidad, tiene ademas la qualidad de tribunal civil, de que carece el vicariato general del exército? Resulta, pues, que no hay aspecto por donde este asunto se mire, que esté fuera del alcance de V. M. ,, La razon fundamental de la incompetencia de V. M. la ponen en que S.S. en virtud de las facultades de Primado, creó este tribunal para la substanciacion de las causas de fe: facultades que V. ¿, no puede moderar sin b

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