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( 678 ) . . indispensable.”

tenido el pase del consejo como requisito preliminar é indispensable. Conforme á esta ley se ha procedido hasta ahora en la prohibicion de s bros sin que los inquisidores generales hayan dexado de cumplirla, y sin que los que ahora defienden tanto los derechos de la corte de Roma la haran mirado como perjudicial ó injuriosa, y representado al rey para que derogase. Pues si todas las bulas y breves de Roma necesitan del pase para que tengan efecto: si las tocantes á la Inquisicion Io podien ponerse en execucion sin noticia del rey ademas de obtener el pase, será injurioso á los reverendos obispos lo que no lo es para el Prinado: ;Merecerín T3orrespeto las prohibiciones de libros que hagan los obispos, que ¿as a: ¿ ó pueda hacer el Papa: Señor, sino quiere V. M. que se repitan as tentativas de prohibir el Salgado, Cevallos y otros autores Posteriores que han defendido los imprescriptibles derechos de la soberanía en los pur. tos de proteccion, recursos de fuerza, y demas correspondentes al uso y exercicio de las regalías, es preciso no variar el sistema que hasta ahora se ha seguido, y conforme á él sancionar lo que se propone en el artículo que se discute, que yo a pruebo en todas sus partes." El Sr. Agilies ,, Deseo que el Congreso tenga presente que la coasion ha procedido con la mayor circunspeccion en a extension de este artculo. Nada dexa que desearío que ha dicho el Sr. Giraldo; pero sin embargo me parece necesario hacer algunas reflexiones. El Sr. Ximenez no tiene Presente la décimaquinta facultad del rey. Es clara y terminante, y está fundada en principios ciertos y no puede hacerse á la comision la injuria de creer que propone cosa alguna que no sea conforme con el sistema general adoptado para todo el reyno. Dice ( la leyó): Vease quan exácta ha sido la última reflexion del Sr. Giraldo quando ha hecho la comparacion entre el respeto que se debe á las bulas que vienen de Roma, y el que se merece la Prohibicion de un libro hecha por un obispo; y á pesar del respeto que aquellas se merecen, nadie duda que el rey puede impedir su introduccion en el reyno sin que preceda su exámen. Si pues el rey puede CXal LIll72 las bulas de la Silla apostólica, cómo no ha de poder exaninar la prohibicion de un libro hecha por un obispo en una diócesis particular, y mucho mas si esta prohibicion ha de valer respecto de todas las del reyne Si la constitucion ha dicho que el rey tendrá esa facultad, ¿cómo podrá el Congreso abandonar esta regalía, y permitir que los obispos por sí solos den la ley , como se verificaria si valiese la reflexion del Sr. Ximenez, Pues ha dicho que el consejo de Estado no hará mas que autorizar lo que diga el obispo? ¿Y qué quiere decir esto, sino que la prohibicion del ob.Po es de tal naturaleza, que la autoridad civil no puede menos de aprobarla? ¿Y no daríamos lugar entonces á que pudiese preguntarse quien era el que goberhaba el reyno, y á que se respóndiese que los obispos? Porque ciertamente en dándóles esta facultad, y en obligando á la autoridad civil á que pase por ello, se acabó. Pero nó , Señor, la regalía es cierta, y está fundada en principios hijos de la experiencia; y no puede el señor preopinante, sin hacer ofensa al rey, á las Córtes y á todos los tribunales de la nacon , creer que si las censuras hechas por el obispo son conformes á los principios de la religion, no las autorizará y consolidará la autoridad civil. Se dirá que puede llegar este caso; Pero es un caso metafísico; quiero decir, muy difícil de que se verifique, y creo no debe ser bastante un caso difícil

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( 679 ) de suceder para que el Congreso abandone una regalía tan interesante. Y así

se dice que la denuncia hecha por el obispo al rey por el conducto del mi-
nisterio de la Gobernacion pase al consejo de Estado para que este consejo,
que tiene á su favor la presuncion de la sabiduría, circunspeccion y demas
calidades relevantes que se han debido suponer en los candidatos que fueron
¿ y elegidos de entre todos los españoles, proponga al rey lo que
e dicte su prudencia y religiosidad. El decir que el rey haya de proceder
con consejo en este negocio, es en beneficio de los mismos señores eclesiás-
ticos; pues se evitan esas facultades arbitrarias que into se oponen á la pro-
bidad; todo lo qual da un gran peso á la sancion del rey. No se contenta to-
davía la comision con esto dice ademas que el consejo de Estado ha de
consultará una junta de sábios, que se nombrará todos los años de los suge-
tos mas instruidos que haya en la corte, corno auxiliatoria de sus luces; y en-
tonces instruido el expediente con todas estas consultas é informes, pasará
á las Córtes para que por ellas se extienda la ley de prohibicion que ha de
regir en toda la monarquía. Yo pregunto al señor preopinante: procediéndo-
se así, es posible concebir sin cavilosidad que puedan transcurrir doctrinas
poco conformes á lo que tiene decidido la iglesia? No sé que pueda desearse
en estos procedimientos, ni mas circunspeccion, ni mayor exámen y escru-
pulosidad. En esto quien gana es la iglesia, y quien pierde son los que de-
ben perder; las personas que con tanta garrulidad clamorean hace dias. Así
en la palabra denunciar lo que yo veo es una voz técnica, que sostendré cons-
tantemente, y que solo dice que el obispo debe excitar á la autoridad ci-
vil á que haga lo que él por sí no puede. El obispo hará muy bien en exco-
mulgar el escrito ó la persona; pero no tiene mas facultades, ni puede ha-
cer que sus censuras tengan efectos civiles, que es lo que los señores ecle-
siásticos quieren: para lo qual debe solicitarse el amparo de esta autoridad,
para que prohiba los libros ó escritos baxo penas civiles; de otro modo de
nada servirá la prohibicion. El artículo, Señor, está puesto con todo tino
y circunspeccion. Dice que el obispo denunciará el escrito al acompa-
ñando la censura, la qual pasará al consejo de Estado para que la exámine
y haga exáminar como se debe. Si esto no satisface, nada es capaz de sa-
tisfacer.”
El Sr. Dou: , Yo no dexo de hallar alguna diferencia entre el Papa y
el obispo por lo que toca al pase que se hace valer en defensa de este artí-
culo. Ella consiste en que el Papa, á gran distancia del estado, se supone ig-
norante de las costumbres y circunstancias locales, y que puede ser sor-
prehendido de los curiales; ninguna de estas circunstancias concurre en el
obispo que es de la misma nacion. La nacion francesa es la que mas adelantó
el sistema de la independencia nacional; y no creo que jamas los obispos su-
jetaron al parlamento ni al rey á la prohibicion de los libros. Pueden ó
no pueden los obispos publicar en una pastoral ó libro la prohibicion del
que tenga mala doctrina en punto de dogma ó costumbres : Es induda-
ble que pueden: entonces, quando la censura ó prohibicion esté limitada
al dogma ó costumbres, la potestad secular debe auxiliar la del obispo,
imponiendo pena al que contravenga, esparciendo ó vendiendo el libro pro-
hibido. Mas no es esto lo que se dice en el artículo 4 y en el 5 que explica
el 4. El consejo de Estado segun su tenor será el que, exáminado el asunto,
deberá prohibir; si con el reparo de que con pretexto de dogma puede el

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obispo meterse en cosa temporal se quiere una especie de pase, dígase esto mismo; úsese de las palabras que han usado las leyes; póngase el artículo con la claridad correspondiente , que es lo que con razon insta el Sr. Ximenez. , La misma ley que ha leido el Sr. Giraldo, da mirgen para lo que digo no se dice allí que el consejo deba exáminar , aprobar ó desaprobar la prohibicion de libros de Roma, sino que su pase ha de ser requisito; esto es, precaucion dirigida al fin de ver si hay cosa temporal ó del estado mezclada con lo espiritual." o • 1 - o * El Sr. A gielles : , La lectura del artículo siguiente tranquilizará á los señores que extrañan lo que se propone en e te; porque en aquel se precriben las reglas que deban observarse para que la prohibicion de un libro se eleve á ley general del revno. El obispo en virtud de su minsterio y en uso de su derecho puede prohibir un libro ó escrito que contemple contrario á la religion, imponiendo las censuras correspondientes; pero esto no bastaria para que el delinquiente estuviese sujeto á la pena que mereciese su delito segun las leyes. Es necesario que intervenga la potestad temporal, la qual no contenta con proteger la religion, y queriendo que se castgue con penas temporales á los que falten á ella, prescribe este método de sancionar las leyes á que se han de sujetar todos los súbditos. A no ser así, el obispo prohibiendo un libro ó escrito, no lograria todo el fruto de su zelo pastoral, si no hubiese leyes prescritas por la autoridad temporal para el castigo de los que los propagasen, conservasen &c. Sin embargo parece que el señor diputado que acab de hablar no se contena con esto, y para sostener su opinion alega que los requisitos que prescribe este artículo privan á los obispos de sus facultades. Este artículo no coarta de modo alguno las facultades de los prelados, sino que fixa los trámites que han de seguirse para que la potestad civil imponga las penas temporales al que haya declarado ya el obispo incurso en delito; es decir, al que contra lo prescrito por la ley conserva escritos ó libros prohibidos. Y así como la autoridad temlas penas, tiene un derecho para enterarse de los motivos que aya para imponerlas, y para que en uso de la proteccion que debe á sus súbditos, vigile con el fin de que no haya abusos; porque al fin todos sonos hombres, y algun prelado puede equivocarse confundiendo la calificacion de la doctrina con lo que no lo fuese." El Sr. Muñoz Torrero ,, Los jueces recogerán inmediatamente las obras prohibidas por los obispos, y se impedirá su circulacion. Y he aquí como la autoridad temporal viene á proteger la eclesiástica. La prohibicion del obispo no es mas que un decreto eclesiástico, que solo produce efectos espirituales; pero las Córtes no se contentan con esto, sino que quieren que los tenga tambien civiles; es decir, que los contraventores sean castigados con penas temporales. Para que se verifique así, se exige que despues de prohibida la obra por el obispo, y recogida por el juez territorial, se dé noticia al rey á fin de que pueda formarse la lista de las obras que han de considerarse como prohibidas por ley del reyno. Y como la prohibicion hecha por el obispo ha de tener el carácter de ley civil sin el consentimiento de las Córtes y la sancion del rey: Esto es demasiado claro, y no necesita de mas explicacion. r, No sé de donde ha sacado el Sr. Ximenez Hoyo que la comision pro

(681 ) o pone que el consejo de Estado haya de denunciar las obras que deban prohibirse. Porque ni dice tal cosa , ni podia decirlo, puesto que el consejo solo deberá dar su dictánen quando sea consultado por el rey. A los prelados eclesiásticos corresponde, pues, recurrir á la potestad temporal para que se recojan las obras perjudiciales á la religion, y se prohiba en el rey no su libre circulacion ó introduccion. Este es el sentido de la palabra denunciar, que tanta extrañeza ha causado al Sr. Ximenez. La comision no propone en esta parte una medida nueva en la substancia; porque es bien sabido que sin el consentimiento del rey no podia la Inquisicion publicar ningun edicto de prohibicion de libros segun estaba mandado por decreto de Cárlos III á consulta del consejo de Castilla.” - Declarado el punto suficientemente discutido, se procedió á la votacion, y el artículo fué aprobado. Se leyó el 5 concebido en estos términos: El rey, depues del dictámen del consejo de Estado, extenderá la lista de los escritos denunciados que deban prohibirse; y con la aprobacion de las Córtes la mandará publicar, y será guardada en toda la monarquía como ley ba ro las pensar que se establezcan. El Sr. Ximenez: , , Señor, yo insisto en lo que acabo de proponer so-bre el artículo 4, sin que me hayan convencido las respuestas que se me han dudo. No me conformo de ninguna manera con la palabra denunciados. Los obispos son jueces, no denunciadores en este punto. ¿Quien denuncia estos escritos? O es el consejo de Estado, ó son los obispos : yo habia supuesto que seria el consejo de Estado, segun la ambigüedad y obscuridad que presenta el contexto de los dos artículos, y ademas porque no podia persuadirme á que esta clasificacion fuese aplicable, como se ha aplicado, á los obispos; á los obispos, que son por derecho divino los que deben juzgar y sentenciar en puntos de doctrina y en la calificacion de ella, y por lo tanto los que deben prohibir los escritos de que tratamos; sin que al rey le toque mas en el caso de la dicha prohibicion sino el protegerla y ampararla, si no es contraria á sus regalías y justos derechos de la nacion. , Cítese una ley ó cédula real en que se adopte esta palabra denunciados que se inserta en el artículo: véase la real órden de Carlos III quando dispuso lo conveniente con respecto á la publicacion de los edictos de la Inquisicion, en que se prohibian los libros ó escritos contrarios á la religion; exámínense todas las leyes, todos los códigos de nuestra legislacion, todas las cédulas y pragmáticas que repetidas veces se nos han citado en estas discusiones, y que tratan del pase , de las bulas, de la prohibicion de los libros y demas de esta naturaleza; á ver si hay una siquiera en que se haga esta novedad, ni se encuentre semejante palabra. , Juzgar el rey sobre la doctrina de los escritos prohibidos por los ebispos; denunciarse estos por los obispos para que se prohiban, y no bastar en ningun caso el juicio episcopal para que recayga la confirmacion del rey, son cosas tan extrañas é infundadas, como contrarias y destructoras de los derechos de los obispos. , Se dice y se dirá que el rey no juzga sobre la calificacion de estos escritos, y que los obispos prohiben los que son contrarios á la religion con una prohibicion espiritual, reprobando su doctrina como heréti

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ca, é imponiendo penas canónicas á los que la sostengan; pero que como para que sean recogidos con mano de justicia, y surta esta prohibicion los efectos civiles que cerresponden, es indispensable apelar á la potestad civil, de ahí es que estos escritos ya prohibidos por los obispos deben por estos denunciarse al rey por medio del consejo de Estado para que los prohiba, impidiendo que circulen.

, Pues si esta es la inteligencia del artículo, por qué no se explica claramente? ¿ Quien podrá entenderlo así por solo el tenor de sus palabras: Repito, Señor, está obscuro este artículo, y qualquiera podrá sospechar lo que quisiere, especialmente no siendo este el legítimo y propio significado de sus expresiones. Explíquese, pues, y si fuese en términos justos, y segun corresponda y exija el derecho y la razon, podremos conformarnos; de lo contrario de pinguna suerte subscribo ni lo apruebo.

, Ultimamente, para no tener que hablar mas sobre este artículo, voy á hacer una corta observacion sobre otra de sus cláusulas, y es sobre la aprobacion que se exije de las Córtes; en la que yo querria que se añadiese ó de su diputacion permanente, porque no estando ni debiendo estar siempre vivas las Córtes, y pudiendo ocurrir la necesidad urgente y executiva de prohibir algunos escritos perjudiciales, deberia quedar entorpecida y suspensa esta prohibicion por defecto de aquella circunstancia. Así que, me parecia que para dar curso á estos negocios en casos executivos, podia habilitarse la diputacion permanente de las Córtes, para que á lo menos interinamente tuviera efecto la órden y lista extendida por el rey, hasta otras Córtes en que se sancionase últimamente; siendo cierto que si la dicha prohibicion ó autorizacion no sale de un centro comun, y se extiende á todas partes, no será tan útil la particular que hayan hecho algunos obispos, como únicos sabedores tal vez de los escritos en qüestion; y quando menos no habrá tan pronto como convenga en todas las provincias ú obispados una uniformidad, que es tan justa y necesaria en este punto.”

El Sr. Giraldo: , , La simple lectura del artículo 5 manifiesta la justicia que contiene, y la conformidad que guarda con lo sancionado en la constitucion, y aprobado en los artículos anteriores de este proyecto.

, Son vanos los temores del señor preopinante de que si se ha de

aguardar á esta prohibicion para recoger un libro calificado de malo, se ex

tenderá su doctrina, y habrá corrido toda la península antes de prohibirse; porque debe tener presente que segun el artículo 2.o que se ha aprobado, los jueces seculares deben recoger los escritos que prohiban los ordinarios; y así en el momento que haya prohibicion de estos, cesan de correr. Lo que se establece en este artículo 5.o es que para hacer la prohibicion general, y sancionarla como ley, es preciso se observen las formalidades que señala, y que se establezca esta ley conforme á lo prevenido en la constitucion; pues es bien sabido que la potestad de hacer las leyes reside en las Córtes con el rey; parece superfluo añadir mas reflexiones en apoyo de este artículo, que yo apruebo por mi dictámen.”

Votóse el artículo, y fue aprobado, como igualmente lo fue el párrafo último del artículo 6 del capítulo 1 , que devuelto en la sesion de 3o del pasado (véase ) á la comision, lo presentó esta concebido en los terminos siguientes:

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