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mini , cuya publicacion está prohibida rigorosamente, y que por haberse propasado el nuncio á verificarla en Calahorra, Felipe 11, monarca nada sospechoso en estas materias, lo expelió del reyno. En segundo lugar, aun quando el cousejo de la Suprema estuviese revestido de la autoridad necesaria , la potestad temporal puede suspender su exercicio, si la experiencia le ha enseñado que perjudica al bien y prosperidad del estado, conforme lo ha practicado en diversas ocasiones , y una de ellas con la misma Inquisicion, que en tiempo de Cárlos v estuvo suspensa por diez años. He aquí demostrado como el inquisidor general es el único delegado de la Silla apostólica: como el consejo de la Suprema no goza de mas autoridad que la que aquel le delega: como usurparíamos la potestad espiritual, si quisiéramos restablecerlo; y por último, como podríamos de todas maneras impedir que exerciese sus funciones en la nacion española.'s

„No puedo menos de deshacer ahora , aunque de paso , una equivocacion que ha padecido el Sr. Ostolaza , quando tratando de rebatir a la comision sobre la verdad de la prohibicion en Roma de las obras de Salgado y Solórzano, y de su libre circulacion en España, ha intentado persuadirnos que estas obras se prohibieron por el Papa, como soberano temporal, pero no como cabeza de la iglesia. El consejo Real consultó con este motivo á Felipe iv, recordándole la necesidad de tomar una medida rigorosa; pero el rey suspendió su resolucion , hasta que habiendo despachado posteriormente el Papa otro breve prohibiendo á Sesé, Cenedo y otros autores aragoneses, defensores de las regalías , dexó de ser sufrido , y expidió al virey de Aragon una cédula en 1648 para que previniera á los prelados de aquel reyno se abstuviesen de executar los breves que sobre esto se les presentasen. Con le que desaparece la equivocacion que en esta parte ha querido hallar el serior Ostolaza; y se comprueba cada vez mas la solidez de la doctrina que atribuye a los reyes la facultad de detener los breves de Roma que crec perjudiciales.

„Nada muestra mas la debilidad de la causa que sostienen los señores amigos de la Inquisicion , que las invectivas de que se han valido. El señor Riesco, imaginándose ser esta una causa entre Jesucristo y Napoleon, y poniéndose su señoria á sí

y á los que la defienden en el bando de Cristo, parece que nos dexa á sus impugnadores en el bando contrario, en el de Napoleon : armas que son prohibidas y agenas de un sitio en donde debemos lidiar como leales. Y piensa por ventura el Sr. Riesco que los diputados contrarios á la Inquisicion, por juzgarla incompatible con la felicidad de su patria , son menos adictos a la causa nacional y menos enemigos del tirano que su señoria? ¿ Ignora que muchos de ellos han expuesto sus dias , perdido sus bienes , y padecido mil privaciones y menoscabos por no someterse a su dominacionY; como entonces se produce su señoría y los que han hablado á imitacion suya , de manera que recaygan sospechas sobre los individuos de la comision de Constitucion que han firmado el proyecto que discutimos, pero cuya virtud y saber estan fuera del alcance de los tiros de la maledicencia? ¿Como contra los demas diputados que han dado pruebas tantas de cumplir con las obligaciones que la patria en esta crísis les imponia? Impropias son de un señor eclesiástico y de la caridad cristiana expresiones semejantes; pero afortunadamente son inútiles para conseguir los fines con que se propalan, por ir dirigidas contra sugetos, cuyo patriotismo y adhesioa al Gobierno legítimo son demasiado conocidos, y su conducta mas consequente que la de algunos inquisidores y que la de muchos de sus acérrimos defensores. Pero basta de esto y de la parte eclesiástica, que explayarán cor mas detenimiento y solidez los señores que por su instituto estan inas versados en esta materia.

„Antes de pasar á la última parte de las que me he propuesto tratar, contestaré al Sr. Ocaña, que ayer fue uno de los que se opusieron al dictámen de la comision. A tres se reducen los puntos que tocó en su discurso : primero, á la inteligencia que deba darse á la primera proposicion de la comision : segundo, al deslinde que ha de hacerse de la potestad civil y eclesiástica ; y tercero, que considerando ser nulo quanto resuelvas las Córtes en este asunto , se le permita no votar ni en pro ni en contra. No sé qué duda pueda ofrecerse sobre la inteligencia de la primera proposicion. El Sr. Ocaña raciocinaba así: „O es conforme ó no á la constitucion : si es conforme , es inútil, no puede votarse : si no es conforine, no debe deliberarse sobre ella. Analicemos este raciocinio. El Sr. Ocaña muestra por él que no sus términos , sino el sentido que piensa que tiene , es lo que le choca ; y en verdad que las proposiciones han de entenderse por sus términos , y no por el sentido que se les dé, pues entonces cada uno las ininterpretaria á su sabor ; pero prosigamos. Dice que si es conforme a la constitucion es inútil. Se conoce que su señoría , como nuevo en el Congreso, ignora la práctica que se ha seguido en otros casos. Ha habido decretos en que se han insertado artículos constitucionoles, sin haberlo repugnado las Cortes ; con que bien pudiera ser la proposicion de la comis sion tan idéntica al artículo constitucional, y no por eso seria cosa desusada ni inoportuna. Mas si no es conforme , continuaba el Sr. Ocaña, no debe aprobarse, ni siquiera deliberarse sobre ella; pero ; de dónde deriva conseqüencia tan gratuita? ¿Qué argumentos , qué pruebas nos presentó para convencernos? ¿Por no ser idéntica al artículo constitucional, será por eso contraria a la constitucion , ó á la religion? En efecto la proposicion no 'es idéntica ; pero en substancia viene a ser la misma : es una conseqüencia , una aplicacion del artículo constitucional. Este dispone que la religion será protegida por leyes sábias y justas ; ; y quáles serán estas? Las de los demas tribunales, las de la misma constitucion , las quales si son justas, como fundadas sobre las bases de la justicia universal para todos los tribunales , i no lo serán tambien para la prosecucion de las causas de fe? Y siendo la justicia una sola , como serian justas para nosotros las que se apartasen de aquellos principios que hemos reconocido y proclamado tales, y que se hallan consignados en la constitucion ?

„En quanto al segundo punto sobre el deslinde de las dos potestades, he tenido mis sospechas de que el Sr. Ocaña queria defender de un modo fino el dictamen de la comision , al ver el giro que ha tomado para impugnarlo, citando á Covarrubias en el pasage que mas nos favorece para este asunto. Dice este autor que quando se versen materias en que las dos autoridades no procedan de acuerdo, se exâmizará si rueda la qüestion sobre el dogma ó buenas costumbres, ó no: si rueda sobre esto, debe atenerse á lo que la iglesia disponga ; si no, á lo que la potestad temporal determine. Es así que en la question de la Inquisicion no se versan materias de dogma ni de buenas costumbres; luego es claro que á nosotros corresponde su resolucion.

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El tercer punto , reducido á que se le permita no votar en atencion á que su señoría considera nulo quanto sobre esto resuelvan las Córtes, es muy subversivo. ¿Por donde prueba el Sr. Ocañía que carecemos de esta facultad? ¿Será por medio de sus argumentos? Me es desconocida su fuerza. ¡Será porque sus poderes no se lo permitan? Si se ballan con esta cláusula', entonces son nulos, no estan arreglados á la instruccion , y 1:0 debe su señoría permanecer en el Congreso. Será por lo que ha afirmado de que su provincia no consentirá que se substituya otro tribunal al de la inquisicion? Pero ; donde iríamos á parar con semejante doctrina? Ella nos conduciria á un federalismo horrible ; y á Dios representacion nacio'nal, y á Dios constitucion, la qual no parece sino que se intenta destruir por las propias manos que la formaron : su objeto no es otro que el de la peticion de algunos señores diputados de Cataluña , y con ella no á otra cosa se tira que a entregar á la nacion á una anarquía asoladora. Los señores catalanes pretenden hoy tantear la opinion de su provincia , y mañana

que formalicen una proposicion que les convenga y á mí no me acomode , querré yo averiguar la de la mia ; otro dia seguirán el misino camino los diputados de Chile y de Filipinas ; y entre tanto , ¿qué representaremos nosotros? Un ridículo papel. 'Es preciso ignorar los primeros elementos de la política , y los principios que reglan las representaciones nacionales para anunciar ideas tan perniciosas. ¿Qué seria si alguno de nosotros hubiera propuesto medidas de esta especie? Nosotros , calificados á veces de democratas , ¿con qué epítetos nos hubieran entonces honrado? Pero ni el democrata mas exaltado hubiera presentado jamas proposiciones que, en mi entender y con permiso de los señores, son irracionales y perturbadoras del orden público,

„Llego ya al último punto de los que he pensado examinar, esto es, a la necesidad que tenemos de adoptar otro metode que el de la Inquisicion para proteger la religion por ser incompatible con la constitucion que hemos jurado, y de que no podemos desentendernos , y por ser tambien opues

felicidad del estado. Ninguno de los señores que han abogado por la Inquisicion, ha negado que es contraria por lo menos en ciertas cosas á la constitucion. El Sr. Cañedo en lo poco que habló ayer no desconoció esta verdad; y solo alegó que siendo la religion el mayor de los bienes, debia

por ella hacerse qualquier sacrificio , y adoptar el medio mas conveniente para protegerla. Siento mucho oir , y mas en boca de un señor eclesiástico, que convenga usar de otros medios que los comunes para mantener pura la religion ; ; pues qué, la misma verdad necesitaria para sostenerse de medidas extraordinarias y mas fuertes que las que necesitan los hombres para cumplir con las demas obligaciones sociales? Cierto que opiniones de esta especie no favorecen ni acreditan la santidad y verdad de la religion. Es indudable que la Inquisicion es incompatible con la constitucion. La infamia , el tormento , la confiscacion de bienes , la ocultacion del nombre del acusador y del de los testigos , el sigilo que se guarda en todo el curso de la causa , son procedimientos opuestos á artículos expresos de la ley fundamental. Los señores que han sostenido el tribunal, al paso que confesaban este modo de proceder , no convenian ni querian que se remediase ni alterase substancialıncnte , en particular en quanto al sigilo, que lo apellidan el alma de la Inquisicion. El Sr. Cariedo y Bárcena en su

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voto por escrito accedian, si no me engaño, á que el sigilo podria suspenderse en algunas ocasiones, y conservarse en otras ; pero aparte de ser siempre anti-constitucional, ¿quién habria de resolver o calificar los casos ea que habia ó no de subsi-tir ? io la ley, pues es imposible que los determine : y si era el tribunal, ó el rey, ó las mismas Córtes , i no seria dexar al reo entregado á la arbitrariedad de los hombres , y no á la disposi cion de las leyes ? Por otro lado, si aprobásemos el sigilo en ciertas ocae siones , y el modo de proceder de la Inquisicion, ya en parte , ya en tudo, ino obraríamos contra la constitucion? ¿No seríamos perjuros! ¿Por qué quando se discutió la constitucion , quando se sancionó, quando se juró, no les ocurrió á los señores que podríamos llegar á este punto? Entonces cra tiempo de hacer estas reflexiones ; ahora ya no. Librémonos de destruir la obra que hemos formado , y guardémonos de escuchar las sugestiones de los que nunca la han amado. No está bien aplicado en este lugar lo que dixo el Sr. Hermida de que prudentis est mutare consilium. No de. pende de nuestra voluntad alterar ni variar cosa alguna de la constitucion; nos hemos ligado con la aprobacion de los artículos que prohiben su alteracion hasta pasado un determinado tiempo; y para ser verdaderamente prudentes ó sabios , y, cumplir con nuestra obligacion, debemos ser sus pria meros y mas fieles observantes. Se equivoca este señor preopinante. con dar tal ensanche al artículo que permite establecer tribunales especiales , y es un error figurarse que nos faculta para estas variaciones. Estos tribunales se entiende que son para determinados negocios; pero no para atacar los derechos mas sagrados de los ciudadanos , su libertad, su seguridad; destruiríarncon otra mano lo que levantábamos con la otra ; y ni gobierno alguno, . potestad pública , de qualquiera clase que sea, está nunca autorizada pay despojar á los hombres de estos derechos imprescriptibles. Razon por la q. hasta el nombre de Inquisicion , nombre ominoso , debe borrarse entre no sotros. Yo resisto hasta su nombre, al modo que no agradaba al Sr. Inguan. zo el título de tribunales protectores de la religion, que da la comision á se proyecto de decreto; con la diferencia de que el Sr. Inguanzo alegó la futil razon de que el atributo de protectores no era propio de los tribunales, los quales exercen jurisdiccion, pero no protegen; como si estos no tuviesen por objeto principal conservar y proteger el orden público, y no solamente perseguir y castigar. Verdad es que el atributo no se acomodaria á la Inquisicion; pero no se deben inedir por este los demas tribunales, ni juzgarse por él del fin que los otros se proponen. Mayor y mas fuerte es para mí la razon en que me apoyo para oponerme al nombre de Inquisicion. Este significa que su objeto es el de inquirir , pesquisar ; y la constitucion en sı

, espíritu y su letra reprueba la pesquisa ; por lo que se infiere que su mismo nombre es anti-constitucional, y que es obligacion mia pedir que se destruya.

„Pero aunque la Inquisicion no fuera contraria a la constitucion, mi voto constante siempre seria el abolirla. Incompatible con qualquiera constitucion, y baxo qualquiera forma de gobierno , con la felicidad de los estados, se hace un bien à la humanidad en decretar su extincion. No hay mas que recorrer desde el origen su historia, y la veremos en todos tiempos perseguidora y enemiga de la ilustracion y de la libertad: dos cosas que si no caminan á la par, va una en pos de otra. Nació la Inquisicion , y murierot los fueros y libertades de Aragon y Castilla ; sus Córtes progresivameni

fueron reduciéndose á la nada , y al cabo se aniquilaron. Suspéndese el excrcicio de la Inquisicion con motivo de los terribles é inesperados acontecimientos que han afligido á la nacion , y resucitan las Córtes, y se alimenta de nuevo en los españoles la halagueña esperanza de volver á ser libres. De modo que se presenta la Inquisicion sobre el desgraciado suelo de España, y á Dios su libertad: desaparece aquella , y se oyen otra vez las voces que reclaman el establecimiento de leyes que aseguren la persona y bienes de los ciudadanos. Tan incompatible es la Inquisicion con la libertad. Desde el momento de su establecimiento fueron generales los clamores , a pesar del especioso pretexto, baxo del qual se instituyó muy á propósito para deslumbrar á los pueblos ; este fue el de perseguir á judios y á noros : dos castas ,

, que por influxo) y poder que tuviesen, no podian ser muy amadas por la masa comun de la nacion. Los primeros, no obstante sus enlaces y conexiones con familias nobles y ricas, pertenecian á un pueblo odiado casi siempre de los cristianos, así por la diferencia de creencia , como por ser hombres acaudalados , y estar á su cargo regularmente el manejo del tesoro del rey. Habiendo guerreado con los segundos por siglos, necesariamente habia de quedar contra ellos una enemistad tal que celebrase qualquiera institucion dirigida a destruirlos; como se recibiria ahora con aplauso qualquiera otra que á semejanza suya se propusiese acabar con los franceses. Pues sin embargo en toda España se levantó el grito contra la Inquisicion. En Castilla levắntanse los comuneros , y al instante dirigen contra ella sus peticiones. Perecen estos mártires de la libertad castellana , y el simulacro de Córtes, que entonces todavía existia, se queja de sus abusos, y pide su reforma. Las peticiones de las Cortes de Valladolid y Toledo indican sobradamente la oposicion que habia á este tribunal. De la peticion de las primeras se infiere que querian su extincion, pues deseaban que el ordinario entendiese en estas causas, y que se procediese con arreglo al derecho comun. Pero aunque hubiera alguna obscuridad en sus términos, y aunque la peticion no se debiera entender con esta extension , ¿ qué de extrañar seria en un cuerpo como las Cortes de entonces, sometidas á un rey, y á un rey tan poderoso , y en una nacion en que existia aquel tribunal en toda su fueiza y vigor, y tan protegido de los monarcas ? Los principios y sentimientos de los hombres que han muerto, no se miden solamente por las expresiones que aparecen. Se debe calcular el tiempo , la ocasion , el lugar en que se pronunciaron, y particularmente si fueron proferidas en un cuerpo que representaba a un pueblo. El diputado prudente, pero que ame la felicidad de sus representados, y desee encarrilarles hacia el camino del bien, irá para conseguirlo con tino y circunspeccion, procurando ajustar hasta cierto punto su lenguage y sus peticiones a las preocupaciones reynantes, y estará desa prendido de un deseo vano de fama póstuina , que aventuraria todas las medidas que propusiese. En mi concepto es menester que aquellos diputados hayan sido mas enemigos de la Inquisicion , y estado mas ansiosos de su abolicion , que lo estamos ahora nosotros mismos, para atreverse en aquella época á elevar al rey semejantes peticiones. En Aragon se resistieron ya en un principio á su introduccion, y enviaron dos personas no sospechosas, sino dos frayles , que llevasen sus ruegos á los pies del trono. Las Cortes de Monzon de 1510 procuraron estrechar los límites de los inquisidores, y las de Zaragoza de 38 multiplicaron sus peticiones. En Valencia, no la gente

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