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tó de nuevo la guerra contra monseñor, no perdonándose medio para denigrarle y perseguirle.

El gobierno publicó á todo el mundo que habia estrañado de España á monseñor nuncio ; acumulandole delitos, falsedades, mala conducta política. El señor nuncio hace pública su inocencia; por un manifiesto desmiente cuanto se le acrimina, y desafia al gobierno para que publique los documentos de acusacion. „Es una abierta fal„sedad, dijo monseñor, de que no es capaz S. A., la menunciativa que se hace de los medios suaves , del ra. ,,zonamiento y reconvenciones ..... Publiquense enhorabue,,,na , y vea todo el mundo estos oficios, que dan princi„pio al manifiesto, y que yo constantemente desmiento, „Yo que debo ser el infamado lo pido encarecidamente. „La justicia tambien lo exige., . Un señor diputado de córtes tomó á su cargo contestar a la protesta y circular de monseñor. S. A. la regencia hizo suyo este papel, y el señor ministro lo mandó imprimir y circular á todas las provincias, sin perjuicio de adoptar las medidas que en este caso exige el desagravio del gobierno y el decoro del pueblo español, la paz de las conciencias y la tranquilidad pública de la monarquia (1).

Un nuevo señor ministro habia sucedido ya al que no soñaba, ni veia mas que conspiraciones, pero con el cargo se le inoculó la misma mania , y no pudo menos de seguir la farsa comenzada, para que el nuncio de S, S. sufriese. En la órden para que la contestacion del señor diputado circulase por los pueblos, se decia que la protesta de „monseñor tenia por objeto renovar oposiciones que siem

pre han turbado la paz interior de las naciones , fomentándose'. partidos que sobre deshonrarnos sobre el objeto, nos esponian á las escenas de horrores y sangre en „que se veian envueltas otras naciones.,, Estas son palabras vacías de todo concepto: monseñor en su protesta

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nada hizo mas que reclamar á nombre del papa contra la abolicion del tribunal y el desafuero que se cometia con su nuncio. Aqui nada hai de opiniones , de partidos de horrores. Su política fue la mas delicada; en nada faltó al decoro y obediencia del gobierno. Digalo su conducta.

Ocho meses habian ya corrido desde el destierro de monseñor ; un año iba á cumplirse que se estaba descubriendo la conspiracion, nada se habia adelantado en estas pesquisas; y no ostante el señor ministro vuelve de nucvo á valerse en la contestacion y en la orden de las cons, piraciones suscitadas por los eclesiásticos. Toda la España conoció la injusticia; pero los que estaban al frente de las reformas se empeñaban cada vez mas en sacar reos de estado al cabildo de Cadiz, á los obispos y eclesiásticos que se habian unido á él, para defender los derechos de la Iglesia , y no todos los españoles se convencian del proyecto que á toda fuerza se seguia contra el clero, Bórrese tanta ignominia de nuestra historia : corramos un oscuro velo sobre estos hechos. Disculpémoslos á lo menos, diciendo que era un número mui reducido de españoles los que esto hacian.

La guerra al estado eclesiástico ha sido general en nuestros dias en toda la Europa. Los filósofos la suscitasun, los jacobinos de Francia la estendieron a todos los pueblos, nuestros regeneradores la hicieron en la España por los mismos motivos que, en los otros paises. A una voz publicaron que todos los eclesiásticos se oponian á las reformas. Por este medio se acometió al clero, por esta misma causa fue perseguido en la España. Acaso el perseguidor no lo conoceria.

Atribuyamos a la revolucion general de la Europa cuanto hemos visto hacer á nuestros regeneradores contra el clero español. La guerra , á quien se ha dirigido por la filosofia, es á la religion católica, pero esto no era de todos conocido. Peleaban por las reformas, y por necesidad los ministros de la religion debian se perseguidos, „ Si á mi „ me persiguen decia Jesucristo á sus discípulos, tam

s bien vosotros sereis perseguidos: si mis palabras no son „oidas ni las vuestras: si el mundo me aborrece vosotros „, sereis aborrecidos.". No hai necesidad de otros prin-, cipios.

Los hechos espuestos indican los motivos de la persecucion del clero. Añadiré no ostante el deseo grande que han tenido los reformadores de apoderarse de sus bienes. Juzgo ser esta otra causa de las principales que mas han contribuido a la persecucion del estado eclesiástico, Voi á dar las pruebas (1).

CAPITULO XIV.

Proyectos de nuestros regeneradores para apoderarse de los bienes y rentas ecle

siásticas.

- Tocamos en este capítulo el punto principal de donde han partido todas las declamaciones de los filósofos y políticos contra la Iglesia de Dios. La hambre rabiosa del oro, ó la sed mortal que ha aquejado en nuestro si

(1) Por no hacer mas difuso este capítulo he omitido citar los papeles públicos que cerca de un año no dejaron de infamar á nuestros señores obispos, canónigos, cabildo y nuncio de S. S. El redactor y la abeja, el diario mercantil y el tribuno, todos a la vez se empeñaron en hacer creer la conspiracion de los canónigos y obispos. Véanse estos periódicos principalmente los de los meses de marzo y abril, y sobre todos la abeja que describe la casa de fieras. La plama se resiste á copiar cuanto alli se dijo contra monseñor nuncio. Véanse tambien contra estos papeles el diario patriótico de Cadiz en muchos de sus números, y el procurador general del rei y de la nacion,

glo á toda la Europa la ha compelido á devorar la sus. tancia de los ministros del culto. Esta sed insaciable de los bienes eclesiásticos á manera de una peste cruel ha corrido los estados, se ha radicado en los pueblos, ha con. tagiado paises: sus males y sus estragos influyen todavia en los pueblos mas cristianos y cultos.

En nuestros dias, sí, en los últimos 40 años del siglo que acabó, no se presentan a los ojos piadosos de la Europa católica mas que conventos suprimidos, templos arrasados, bienes de Iglesia vendidos , un furor para apoderarse de los bienes de ésta , reduciendo sus ministros al menor número, precisándolos á pasar su vida en mendicidad, en dependencia de una mano seglar, de quien redima su vida á fuerza de sacrificios y humillaciones degradantes de su estado.

Las necesidades urgentísimas que en nuestros dias pusieron a las potencias de Europa al borde de una bancarota general, los gastos inmensos y las revoluciones preparadas para trastornar todo órden, acabar con todo so: berano y destruir la religion católica, dieron los primeros impulsos á los proyectos de los filósofos y políticos para que sus gobiernos respectivos pidiesen primero parte de los bienes de las Iglesias, despues exigirlos en mayor número, y por último pasar á posesionarse de ellos casi en su totalidad, prometiendo un salario á los ministros de la religion, como se hace con el soldado ó los emplea. dos civiles.

Los políticos que estaban al frente de la general cons. piracion prepararon los ánimos de los pueblos, para que no se exacerbasen al ver-á los ministros del culto en tan abatido estado. Publicaron miles de escritos contra las rentas eclesiásticas para excitar contra sus poseedores el disgusto público. Por el mismo órden.con que se dispuso la destruccion de los tronos, se ordenó la degradacion de los altares : á aquellos se les preparó la mina con pape. les incendiarios que por todas partes publicaban con exageracion las profusiones incalculables de los reyes y

las grandes é inmensas sumas que absorvian sus córtes y sus palacios : á estos se les proyectó su ruina, ponde. rando por los mismos escritos que los bienes de los eclesiásticos, y grandes rentas de sus Iglesias empobrecian los estados. Los planes de los filósofos contra el altar y el trono fueron unos mismos: los efectos debieron ser iguales.

Las declamaciones contra los reyes entibiaron poco á poco el amor que los pueblos les profesaban , hasta que los filósofos los armaron contra sus legitimos soberanos; y los escritos llevados'á todo pais, publicando que el cle. Io era el poseedor mas rico de todos los pueblos, y el que menos contribuia á las cargas del estado, los desacredito primero, y despues los hizo mirar por algunos como ene. migos de los hombres, contrarios á la felicidad del estado. Mil papeles vieron la luz pública solo con este fin en los últimos 40 años en la Francia. • Obras por otra parte de gran mérito repitieron las mismas quejas contra el clero, aunque no con el mismo ánimo. El católico, por aparentar crítica: el politico por inostrarse despreocupado, el religioso por hacerse supe. rior á los de su clase se han inficionado del filosofismo, y han contribuido (aunque sin advertirlo) con los ene. migos de la heredad de Dios, á que las Iglesias sean despojadas de sus bienes, y los ministros del culto des. poseidos de sus rentas eclesiásticas.

Un Filangieri cuando en su tomo segundo (1) trata de la religion , y pone por ostáculos de la poblacion en los estados las riquezas del clero, un Millot cuando en el tomo 60 (2) habla de las adquisiciones de bienes por los eclesiasticos, un Fleuri (3) en su historia eclesiástica y sus discursos sobre la historia han contribuido con sus obras á hacer odiosa la Iglesia de Dios á los pueblos y á sostener la guerra que contra sus bienes les hicieron en los primeros siglos. la impiedad de Juliano y despues la heregia de los Albigenses, Wiclefitas, Husitas y por

(1) Ciencia de la legislacion cap. 5. pág. 69. (2) Págs. 11, 35 y 103. (3) Discurso. 3.

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