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ra el teatro principal de los sucesos militares de mas cuenta en este año, no se haya visto la cooperacion de las fuerzas españolas existentes en otras provincias de las que comparten límites con aquel reino, especialmente en las de Galicia

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Leon. No se vió en verdad esta cooperacion que habria sido de desear. El general Mahy, á quien obedecian

á Galicia y Astúrias, continuó teniendo sus tropas en el Vierzo y tierra de Leon. Las que operaban en Astúrias, cuyo mando inmediato tenia don Francisco Javier Losada, aunque subordinado á Mahy, avanzaban ó retrocedian por las cañadas que forman los rios de aquel principado, segun que se movia el enemigo, у la única accion notable que sostuvieron fué bien desgraciada. Dióse en las alturas de Puelo, una legua de Cangas de Tineo (19 de marzo); y con ser los nuestros cinco mil, y menos los franceses, sufrieron aquellos gran derrota, salió herido el general Bárcena, y gracias á Porlier (el Marquesito), que con sus ginetes y su serenidad salvó muchos fugitivos, inclusos los generales, no fué mayor el infortunio.

Algo mejoró la organizacion y la disciplina del 6.° ejército, que asi se llamó el de estas provincias, desde que se confió el mando en gefe á Castaños, reteniendo el del 5.° ejército que se hallaba en Extremadura. Pues aunque aquel nombramiento fué casi nominal y de honra, hecho por las causas y con el fin que en el anterior capítulo indicamos, tuvo no obstan

te una influencia saludable. Tambien favoreció el haber sucedido á Mahy don José María Santocildes, que gozaba de una excelente reputacion desde la gloriosa defensa de Astorga. Distribuyóse pues el 6.° ejército en tres divisiones: la primera al mando del general Losada, que se quedó en Astúrias; la segunda al de Taboada, que se situó en el Vierzo á la entrada de Galicia; y la tercera al de don Francisco Cabrera, que fué destinada a la Puebla de Sanabria. Quedó además en Lugo una reserva. Todas estas tropas, á escepcion de la division de Astúrias, que ocupó á Oviedo, pasaron á principios de junio á Castilla, al tiempo que el mariscal Marmont, sucesor de Massena, se trasladaba, corno dijimos, desde Salamanca á Extremadura. Fué por lo mismo oportuno aquel movimiento de los españoles. Para mayor ventaja y animacion de éstos, el general francés Bonnet abandonó á Astúrias (14 de junio), y de Astorga se retiró tambien la guarnicion francesa á Benavente, despues de destruir cuanto pudo las fortificaciones de aquella ciudad, lo cual proporcionó á Santocildes el placer de ocupar una poblacion en que habia dejado tan escelentes recuerdos, y en donde fué recibido (22 de junio) con el regocijo y jos aplausos á que por su anterior comportamiento se habia hecho acreedor.

Ocuparon los nuestros la derecha del Orbigo. El general francés Bonnet, que sc habia corrido desde Astúrias á Leon, destacó el 23 al general Villetaux

con órden de que atacase á Taboada, que se hallaba en el pueblecito de Cogorderos sito junto á la carretera de Astorga á Ponferrada sobre el rio Tuerto. Defendíase bizarramente el general español, cuando acudió en su socorro don Federico Castañon con su brigada asturiana, y atacando á los enemigos por el flanco, lus deshizo completamente, quedando entre los muertos el mismo Villetaux, y cogiendo entre los prisioneros once oficiales. Santocildes por su parte hizo un reconocimiento general sobre el Orbigo, ahuyentando los enemigos. Ayudaban á nuestros generales las partidas sueltas del distrito, de las que se procuró formar una legion nombrada de Castilla al mando del coronel don Pablo Mier.

Dábanse la mano estas tropas, que entre todas se aproximaban á 16.000 hombres, con las del 7.o ejército, de nueva creacion, que empezaba á formarse en el país de Liébana y montañas de Santander, y cuyo primer gese habia de ser don Gabriel de Mendizabal. Mas como éste permaneciese, segun hemos visto, en Extremadura, encargóse del mando como segundo don Juan Diaz Porlier, que para organizarle se estableció en Potes, capital de la Liébana.

Merece bien este país que nos detengamos en él un poco, ya que ha tenido la desgracia de que otros historiadores hayan pasado por alto su heroismo y omitido sus glorias.

Enclavada esta montuosa comarca entre las pro

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vincias de Astúrias, Leon, Palencia y Santander, formando una especie de cuenca, á la cual no se puede descender sin subir á elevadísimas alturas, dividida en cuatro grandes y profundos valles de que se derivan otros mas pequeños, conservando sus habitantes el carácter independiente y libre que distinguió á los antiguos cántabros sus mayores, fué uno de los paises que primero se levantaron en 1808, espontáneamente y sin auxilio de fuerza alguna estraña, en defensa de la causa nacional. De los moradores de sus cuatro valles se formaron otros tantos batallones de urbanos, mandados por el respectivo regidor de cada valle. Con pocas armas, pero con mucho corazon, en las diferentes y siempre rápidas incursiones que en los primeros años de la guerra hicieron los franceses en aquel quebrado y montuoso recinto, rara vez dejaron de salir escarmentados por los valerosos liebaneses. Ya en 1809 les habia dicho el general español Mahy en una proclama desde la Coruña: «Habitantes ilustres de la Liébana: la gloria de » vuestros triunfos no ha podido encerrarse en los » estrechos límites de una provincia reducida. Toda » la península resuena con el eco de vuestro nombre, ру

la fama lo ha conducido hasta los términos mas » remotos del imperio español.... Descendientes de » los antignos cántabros, herederos de sus virtudes, » de su valor y de su patriotismo, habeis jurado veterna venganza contra los enemigos de la libertad

»de la patria. Aquellos embotaron su cuchilla en la psangre de los romanos; vuestros abuelos se distin»guicron entre los primeros españoles en la guerra » sagrada contra los agarenos; y vosotros, rodeados >por todas partes de enemigos, y ocupadas las pro»vincias limítrofes por unas tropas que se glorian de » haber puesto el yugo á las naciones mas poderosas » de Europa, manteneis vuestra libertad

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derechos patrios por medio de prodigios.....) »

No desmintieron este alto concepto aquellos habitantes en las tres invasiones que sufrieron en 1810, ni se dieron á partido por mas que el general francés Cacoult los halagára primero, y los amenazara después con el incendio y el saqueo de sus propiedades (W). Cuando se formó en la provincia de Santander la division cántabra, y principalmente desde que se encomendó su mando á don Juan Diez Porlier, la Liébana era su amparo y abrigo; alli recibian su primera instruccion los mozos antes de ingresar en los cuerpos; en la villa de Potes, su capital, estableció Porlier hospitales y almacenes de boca y guerra, depósito de prisioneros, y hasta creó en el pueblo de Colio un colegio de cadetes, prueba grande de lo se

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(1) Mais si sourds á ma voix de 1810, conservada original por vous persistez dans votre égare- don Matías de la Madrid, ayument, si un seul coup do fusil dante de campo que fue del geest tiré sur ma troupe, co será neral Porlier, y, autor de aprele signal de l'incendi: ét du pi- ciables apuntos históricos que ha llage de vos propietés.Procla- tenido la bondad de confiarnos. ma de Cacoult de 15 de junio

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