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LA INQUISICION,

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A. LUftUE Y VICENS.

A -

SEGUNDA EDICION.

MADRID.

IMPRENTA DE LUIS GARCÍA, CALLE DE SAN BARTOLOMÉ, NÚM. 4.

1859.

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AL SR. D. GERONIMO VIDAL.

¿Por qué, mi querido Gerónimo, hay entre tus compañeros tantos enemigos de las reformas políticas, que dificultando el curso natural y sucesivo de los adelantos sociales, sostienen la lucha encarnizada de los partidos, de los pueblos y de las familias!

¿Por qué los sacerdotes del altar, los discípulos de Jesús, los apóstoles de su sagrada doctrina, vienen proclamando que la libertad es contraria de la religion, y que los liberales son hijos del infierno!

¿Conoces que juzgan rectamente, y que obran con arreglo á los principios, de que se titulan únicos y verdaderos intérpretes?

¿Están dentro de su ministerio, armando el brazo del padre contra el hijo y del hermano contra el hermano, encendiendo el fuego de las pasiones en los pueblos fiados á su direccion moral?

¿Somos los liberales ateos, impíos, herejes, inmorales, sanguinarios ó asesinos?

que nes tratas Intimamente, que has estudiado con nosotros la historia de la humanidad, que has comprendido los verdaderos sentimientos y aspiraciones de cuantos nacimos y somos liberahs, ¿hallas alguna acción, algún hecho nuestro en contradiccion con las reglas mas ortodoxas del cristianismo?

Y si tú, tan rígido, tan escrupuloso y tan severo en materias de dogma y hasta de forma, nada has visto en nosotros digno de censura ó de enmienda, ¿en qué se funda la enemiga del clero? ¿Es IV.

porque caminamos á la igualdad social , á la abolicion completa de la esclavitud, á la fraternidad de las familias y de los pueblos? ¿Es porque también combatimos la tiranía del fuerte contra el débil, del rico contra el pobre y de los opresores contra los oprimidos? ¿Consistirá, acaso, vuestro pecado en que pedimos la libertad á nombre del derecho y la emancipacion del pensamiento á nombre de la libertad?

\No! no puedo creerlo así, porque al Hombre-Dios debemos la iniciacion de esa doctrina santa, como le debemos la condenacion de la tiranía, la elevacion de la humildad honrada, la caridad evangélica, la tolerancia y la paz como principios religiosos.

¿Podrá negársenos que somos sus mas fieles imitadores? Su nacimiento, su educacion, su peregrinacion, su mansedumbre, su magnanimidad, su dulzura, su persecucion y su muerte, ¿no reasumen la historia de los hijos del pueblo, consagrados á la defensa de sus hermanos?

Y si en nada de lo dicho consiste nuestro pecado, ¿pecaremos por haber destruido la amortizacion de los bienes eclesiásticos, el diezmo que pesaba solo sobre los labradores, las primicias, el voto de Santiago y la Inquisicion?

¿Sí? En ese caso venga sobre nosotros su anatema, porque,

cubiertos con el manto de Jesucristo, diremos al mundo ¡¡¡marcha!!! y el mundo seguirá marchando, sin detenerse á escuchar maldiciones que no autoriza la religion. Los que tienen metalizada el alma y manchadas de cieno la lengua y las manos, no pueden ser buenos sacerdotes del Altísimo.

¿Podrían serlo los sostenedores de la Inquisicion, de aquel titulado Sanio Triljuna!, compuesto en su mayoría de viejos sañudos y de jóvenes libertinos? La Inquisicion, donde perdían su virtud y su vida las mas preciadas, las mas bellas y las mas ilustres mujeres, y donde por medio del tormento se pretendía hacer renegar de la ciencia y de Dios á los sabios como Galileo, San José de Calasanz y Fray Luis de Leon, ya no exisle. La Inquisicion, que, según sus partidarios, fué instituida para sostener incólume la y la unidad católica, no puede existir en ningún pais en que no dominen la predes,:nacion»/ el fatalismo musulman. El Ubre albedrío, princi

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pio necesario, incuestionable, en el órden de las ideas, no puede tampoco perseguirse con el hierro y el fuego. El espíritu, emana' don divina y destello de la inteligencia suprema, si fué un tiempo arrojado á los autos de fé, brilló despues con mas fuerza en los libros de la ciencia, reivindicada por los legisladores de Cádiz, que abolieron la Inquisicion.

Su proceso, su defensa y su sentencia es lo que te dedico, querido amigo. En él hallarás el discurso largamente meditado y leído por el infatigable Ostolaza, recopilando cuantas razones pudo alegar el clero en su sostenimiento, y los que para combatirle pronunciaron Arguelles y Toreno, asturianos distinguidos, á quienes las Cártes de Cádiz {las mas grandes de cuantas ha tenido España) concedieron la alta honra y la mision patriótica de atacar el formidable poder de los inquisidores.

Acéptalo, pues, no como obra miano tengo en ella masqueuna pequeñísima partesino como la obra de los mas doctos de nuestros oradores, como la obra de los primeros apóstoles de la reforma en nuestro pais. ¿A quién mejor que á pudiera yo dedicarla? ¿A tí, que siendo un verdadero ministro del Señor, predicador infatigable de su doctrina, propagador y sostenedor de sus máximas religiosas, haces justicia y respetas á todos los hombres y todas las opiniones; á tí, que lamentas los estravíos de la razon, cuando no puedes contenerlos; á tí, calumniado por los fanáticos de tu clase, como yo lo soy por los de mi partido, incapaces de conocernos, bien puedo decirte lo que quiero, como siempre te he dicho lo que siento y lo que pienso.

Quiero que el pueblo, á cuya sencillez se apela para volverle á los tiempos de barbarie y despotismo, veia que la Inquisicion fué un tribunal establecido para ejercer las mayores crueldades, á nombre de una religion que le rechaza.

Quiero que sepa que la unidad religiosa no necesita tribunales de sangre para sostenerse, porque así como la conciencia no se ahoga en las tinieblas ni en los calabozos, tampoco se estravía con la libertad en las discusiones.

Quiero que sepa el pueblo español que antes de escribir la base segunda conque las Constituyentes de 1851 alarmaron dios igno

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