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sí más de una selva maravillosa e grand (415, 422, 427) que ha desaparecido; el gigantesco

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robredo de Corpes, cuyas ramas se hundían en las nubes (2698), no es hoy más que un páramo donde el arado desentierra algún grueso tocón, único resto del viejo arbolado; los montes de Luzón, que el juglar describe como fieros e grandes, y la mata de Taranz, antes temerosa para el caminante (1492), son hoy tierra rasa, donde apenas crecen sino humildes cambrones y sabinas; por todas partes el hacha egoísta, imprevisora, ha hecho desaparecer seculares bosques, atrayendo la sequía sobre ambas mesetas castellanas.

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Inestimable es el Poema para el conocimiento de las costumbres e instituciones de la época.

Puede observarse en cuánta medida la sociedad se organiza a impulsos de pasiones y actos hoy considerados como degradantes. La venganza estaba declarada en la realidad y poetizada en la epopeya como un derecho y como un deber familiar. Las delaciones semejantes a las que tanto papel juegan en ciertas épocas del imperio romano, ahora, en los siglos XI y XII, eran medio frecuente de enjuiciamiento, sobre todo en el reino de León; el rey se inclinaba con facilidad a escuchar a los mestureros o detractores que, dedicados a explotar el ánimo del monarca, eran un continuo peligro para la seguridad personal, ya que la ira del rey era causa bastante para el destierro y la confiscación, sin ninguna formación de proceso (1).

En cuanto a las clases sociales, el Poema nos presenta en la parte inferior de la escala los bur

(1) Véase Cantar, ps. 757 y 725, y especialmente los versos 219, 267, 1048. El airado del rey es desterrado, 156, 629, 882.- Para todas las instituciones jurídicas que se manifiestan en el Poema, véase el magistral estudio de E. DE HINOJOSA, El derecho en el Poema del Cid (Estudios sobre la historia del derecho español, Madrid, 1903, p. 71). También puede verse el trabajo de P. COROMINAS sobre Las ideas jurídicas en el Poema del Cid (Revista general de Legislación, 1900, págs. 61, 222 y 389).

gueses, de que ninguna idea nos da, y los judíos dedicados a negocios de dinero, siempre preocupados de la ganancia. La acción del Poema se desarrolla entre individuos de la clase noble por linaje, llamados en general fijos dalgo, divididos en varias categorías. La inferior de todas es la de los escuderos o jóvenes que se preparaban para recibir la dignidad de caballero. Después están los simples caballeros, que habían recibido ya una especie de sacramento militar, cuyo rito esencial era el ceñir la espada el padrino al caballero novel ; cuando el juglar usa como epíteto del Cid “el que en buen ora cinxo espada”, quiere decir “el que en buen hora fué armado caballero” (1). Entre los caballeros había unos de superior jerarquía, llamados ifanzones, en Aragón “mesnaderos”, que criaban en su casa algunos escuderos y caballeros; a esta clase pertenecía el Cid, quien crió en su casa a Muño Gustioz (737, 2902) y a otros muchos (2514) y era servido de otros caballeros

(1) En Castilla y León las necesidades de una guerra diaria trajeron el que, además de los caballeros hijos dalgo, se admitiesen caballeros de cualquier procedencia, burgueses y hasta villanos, con tal que pudiesen costearse un caballo de guerra. Estos caballeros figuran también en el Poema; cuando la ganancia de guerra enriquece a los del Cid, los que fueron de pie cavalleros se fazen (1213), sin atender á qué linaje pertenecían, sin necesidad de armarse solemnemente.

extraños. En fin, por cima de los ifanzones estaban los ricos omnes, individuos de las familias más poderosas, que tenían muchos caballeros por vasallos y seguían habitualmente la corte del rey; de entre estos ricos hombres escogía el rey sus condes y podestades, ó sea los gobernadores de las regiones y los altos dignatarios.

у Estas clases nobiliarias no tenían entre sí barreras infranqueables. Según la autorizada afirmación de don Juan Manuel, "los que son dichos infanzones derechamente, de solares ciertos, casan sus fijas con algunos de los ricos homes”, por más que, a su vez, había también algunos ricos hombres más linajudos “que casan los fijos et las fijas con los fijos et las fijas de los reys". En el Poema hallamos un ejemplo de lo primero, pues las hijas del infanzón de Vivar se casan con los infantes de Carrión, que eran ricos hombres, de familia de condes (3444, 2549, 2554, 3296, 1376). Pero esos Beni-Gómez de Carrión eran mucho urgullosos (1938), y creían que les correspondía el segundo de los casos señalados por don Juan Manuel, más bien que el primero; si se avienen a casar con fijas de ifanzones (3298) es porque codician una espléndida dote (1888, 1374, 2552); por lo demás, las hijas del Cid serían buenas sólo para ser sus barraganas (2759, 3276), pues ellos, en su presunción, creen que debían casar con fijas de reyes o de emperadores (3297, 2553). De aquí nace la tragedia del Poema.

Pero el Poema, lleno del espíritu democrático castellano, es abiertamente hostil a esa nobleza linajuda, y nos la presenta afeminada y cobarde, viviendo de la intriga palaciega. En cambio, siente profunda veneración por el rey, aun cuando sea injusto con el héroe; porque el rey es el elemento igualitario en que se apoya el pueblo contra los privilegios de los más altos. Al fin, Alfonso aparece inclinándose de parte del Cid (simple infanzón cuya única renta son sus molinos en el río Ubierna) contra la alta nobleza representada por los Beni-Gómez, familia donde, desde antiguo, salían condes de prez y que ahora queda infamada.

Entiéndase que la familia era una agrupación mucho más extensa y significativa que hoy. Muchas relaciones sociales toman formas familiares; las hijas del Cid habían sido criadas por Alfonso (2086), pues desde los tiempos visigóticos era costumbre que los hijos e hijas de los magnates fuesen criados y casados por el rey; a su vez el Cid cría en su casa a sus más fieles vasallos (2514, 2902) y a muchas dueñas que después dota con el botín de una batalla (1764). El parentesco era también un vínculo más fuer

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