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ticó un torbellino de vientos que en Sevilla se levantó, y de sus hermanos. Pasó tan adelante este atreviel mayor que la gente se acordaba, tanto, que llevó por miento, que quebrantó las puertas del aposento real, y el aire un par de bueyes con su arado, y de la torre de por no poder salir con su intento á causa que el Rey y San Agustin derribó y arrojó muy lejos una campana, don Beltran de la Cueva con aquel sobresalto se retiarrancó otrosí de cuajo muchos árboles muy viejos, y raron mas adentro en el palacio y en parte que era mas los edificios en muchas partes quedaron maltratados. fuerte, determinó de noche, que fué nueva insolencia, Viéronse en el cielo corno huestes de hombres armados llevar adelante su maldad. Ya era llegada la hora, y que peleaban entre sí, quier fuese verdadera represen- los sediciosos se aparejaban con sus armas para ejecutacion, quier engaño, como se puede pensar, pues re- tar lo que tenian acordado; mas el Rey y los suyos fuefieren que solamente las vieron los niños de poca

edad. ron avisados, con que las asechanzas no pasaron adeFinalmente, tres águilas con los picos y uñas en el aire laule. Estaba don Juan Pacheco, autor de todo esto, á la combatieron por largo espacio; el fin de aquella san- sazon en palacio; los mas persuadian al Rey y eran de grienta pelea fué que cayeron todas en tierra muertas. parecer que le debian echar la mano y prenderle. Era Los hombres, movidos destos prodigios y señales, ha- tan grande el descuido del Rey, que antepuso una vana cian rogativas, plegarias y votos para aplacar, si pudie- muestra de clemencia á su salud y vida. Decia que no sen, la ira del cielo que amenazaba y alcanzar el favor era justo quebrantalle la seguridad que le diera, con que de Dios y de los santos.

escapó entonces de aquel peligro y las cosas se empeo

raron de cada dia mas, mayormente que por el mismo CAPITULO VII.

tiempo por bula del sumo Pontífice don Beltran de la

Cueva fue nombrado por maestre de Santiago, cosa que De una conjuracion que hicieron los grandes de Castilla.

al pueblo dió mucha pesadumbre por el agravio que se El rey don Enrique comenzaba á mirar con mala ca- hacia al infante don Alonso en quitalle aquella dignira al arzobispo de Toledo y al marqués de Villena por dad. Las demasías de don Juan Pacheco no parecia se entender que en las diferencias de Aragon no le sirvie- podian castigar mejor que con levantar por este medio á ron con toda lealtad; por esto ni le hicieron compañía su contrario y competidor don Beltran. Intentó de nuecuando fué al Andalucía , ni se hallaron en la junta que vo el dicho marqués de Villena si podia salir con su pretuvieron los reyes en la Puente del Arzobispo; antes tension y con asechanzas y tratos apoderarse del Rey; por temer que se les hiciese alguna fuerza, ó dallo así á con este deseño le hizo fuese á Villacastin para tener alli entender , desde Madrid se fueron á Alcalá. Luego se habla. Descubrióse tambien el engaño, y con esto se prejuntaron con ellos el almirante de Castilla y el linaje de vino y remedió el daño. Desde Burgos los conjurados, Jos Manriques y don Pedro Giron, maestre de Calatra- juntados al descubierto y quitada la máscara, escribieron va; allegáronseles poco despues los condes de Alba y de al Rey de comun acuerdo una carta muy desacatada. Las Plasencia por persuasion del marqués de Villena, que principales cabezas y capítulos eran: que los moros anfué secretamente para eslo á verse con ellos. El rey de daban libres en su corte sin ser castigados por maldad Aragon asimismo por grandes promesas que le hicieron alguna que cometiesen; que los cargos y magistrados se se arrimó á este partido. Estos fueron los principios y vendian; que el maestrazgo de Santiago injustamente y cimientos de una cruel tempestad que tuvo á toda Es- contra derecho se habia dado á don Beltran; la princepaña por mucho tiempo muy gravemente trabajada. Era sa doña Juana, como habida de adulterio , no debia ser necesario buscar algun buen color para hacer esta con- jurada por heredera ; que si estas cosas se reformasen, juracion. Pareció seria el mas á propósito pretender que de buena gana dejarian las armas prestos de hacer lo la princesa doña Juana era habida de adulterio, y por que su merced fuese. Recibió el Rey y leyó esta carta en tanto no podia ser heredera del reino. Procuraron para Valladolid, sin que por ella mucho se alterase; ciega salir con este intento apoderarse de los infantes don sin duda el entendimiento la divina venganza cuando no Alonso y doña Isabel, hermanos del Rey, que residian quiere que se emboten los filos de su espada. A la veren Maqueda con su madre, por parecelles á propósito dad este Príncipe tenia con los deleites feos y malos enpara con este color revolvello todo. Verdad es que á ins- flaquecidas las fuerzas del cuerpo y del alma. Hallóse tancia del Rey y con rehenes que le dieron para segu- presente don Lope de Barrientos, obispo de Cuenca, ridad, el marqués de Villena don Juan Pacheco volvió á que pretendia con grande instancia se debia con las arMadrid. Todo era fingido, y él iba apercebido de menti- mas castigar aquel desacato; pero no aprovechó nada, ras y engaños con que apartar á los demás grandes del dado que le protestaba, pues no queria seguir el consejo Rey y de su servicio. Para este efecto le dió por conse- saludable que le daba, que vendria á ser el mas misejo biciese prender á don Alonso de Fonseca, arzobispo rable y abatido rey que hobiese tenido España; que se de Sevilla, que á menos desto él no podria andar en la arrepentiria tarde y sin provecho de la flojedad que de corte seguramente. Despues que tuvo persuadido al presente mostraba. Tratóse de nuevo de concierto, pues Rey, con trato doble avisó á la parte del peligro en que lo de la guerra no contentaba. Para esto entre Cabezon cstaba. Dió él crédito á sus palabras, huyóse y ausentó- y Cigales, pueblos de Castilla la Vieja, don Juan Pase; traza con que forzosamente se hobo de pasar á los checo, ¿con qué cara, con qué vergüenza? en fin, en alterados. Con esto quedó mas soberbio don Juan Pa- un campo abierto y raso habló por grande espacio con clieco, en tanla manera, que estando la corte en Segovia el rey don Enrique. Resultó de la habla que se concertaal tiempo de los calores, cierto dia entró con hombres ron y hicieron estas capitulaciones : el infante don armuudus en el palacio real para apoderarse del Rey Alonso heredase el reino ú bul que se casuse con la pretensa princesa doña Juana; don Beltran renunciase de presteza al cardenal Pedro Barbo, de nacion veneciael maestrazgo de Santiago; que se nombrasen cuatro no, á 30 del mismo mes de agosto. Llamóse Paulo II. · jueces, dos por cada una de las partes, y por quinto fray Era de cuarenta y siete años cuando fué electo en lo Alonso de Oropesa , general que era de los jerónimos; mejor de su edad. Mostróse muy aficionado á las cosas lo que sobre las demás diferencias determinase la ma- ! de España, y así ayudó con su autoridad y diligencia al yor parte destos jueces, aquello se ejecutase. Tomada rey don Enrique en sus grandes trabajos. esta resolucion , el infante don Alonso, que era de edad de once años, de Segovia fué traido á los reales del Rey.

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CAPITULO VIII. 'Alli le juraron todos por príncipe y heredero del reino ;

De las guerras de Aragon. quedó en poder de los grandes, de que resultaron nuevos daños. A don Beltran de la Cueva dió el Rey la villa Con la venida a Barcelona de don Pedro, condestade Alburquerque con título de duque, y juntamente le ble de Portugal, los catalanes cobraron mas ánimo que hicieron merced de Cuellar, Roa, Molina y Atienza, de- conforme a las fuerzas que alcanzaban. Mayor era el más de ciertos juros que en el Andalucía le señalaron miedo todavía que la esperanza, como de gente vencida por cada un año en recompensa de la dignidad y maes- contra los que muchas veces los maltrataron; la obstitrazgo que le quitaban. Los alterados señalaron por nacion de sus corazones era muy grande , que mas que jueces árbitros á don Juan Pacheco y al conde de Pla- todo los sustentaba. La ciudad de Lérida despues que sencia. El Rey á Pero Hernandez de Velasco y Gon- por el Rey, estuvo cercada largo tiempo y despues que zalo de Saavedra, enemigos declarados de don Juan le talaron y robaron los campos al derredor, finalmente Pacheco. El arzobispo de Toledo y el almirante se re- fué forzada á entregarse. En muchas partes en un misconciliaron con el Rey; la amistad duró poco, ó como mo tiempo la llama de la guerra se emprendia con dadecia el vulgo, fué invencion y querer temporizar. ño de los pueblos y de los campos, rozas y labranzas; Andaban los cuatro jueces árbitros alterados, y en- miserable estado de toda aquella provincia. El princitendíase que si llegaban á pronunciar sentencia, de- pal caudillo en esta guerra era don Juan, arzobispo de jarian á don Enrique solo el nombre de rey y le quita- | Zaragoza, que fue otro hijo bastardo del rey de Aragon, rian todo lo demás. Por esto mandó él de secreto al mas á propósito para las armas que para la mitra ý romaestre de Alcántara y al conde de Medellin, perso- quete. Filipo, duque de Borgoña, por el contrario, nas de quien mucho se fiaba , que con las mas gentes envió á don Pedro una banda de borgoñones, ayuda de que pudiesen se viniesen á él y desbaratasen aquellos

poco momento para negocio tan grande. Con su veniintentos. Gonzalo de Saavedra, que era uno de los jue- da la gente y compañías de catalanes se juntaron en la ces, y Alvar Gomez, secretario del Rey, al cual hiciera villa de Manresa hasta en número de dos mil infantes y merced en la comarca de Toledo de Maqueda y de Torre- sobre seiscientos de á caballo. Estaba el conde de Prajon de Velasco y de San Silvestre, fueron por el Rey lla- des por parte del rey de Aragon puesto sobre Cervera. mados. Pusiéronles algunos grandes temores, así á ellos El cerco se apretaba , y los cercados, forzados de la como al maestre de Alcántara don Gomez de Solís y al

hambre y falta de otras cosas, trataban de rendirse. conde de Medellin; avisáronlos que los queria, prender Para prevenir este daño y por la defensa determinó don y que sus malos tratos eran descubiertos; con esto les Pedro de ir en persona á socorrellos. La gente del rey. persua dieron se declarasen y públicamente con sus gen- de Aragon, lo principal de su ejércilo y la fuerza so tes se pasasen á los conjurados. El Rey, avisado de todo tenia á la raya de Navarra á propósito de sosegar las esto, puso tachas á los jueces árbitros y alegó que los alteraciones de aquella nacion. Mandó el Rey á su hijo tenia por sospechosos; mandó otrosí á Pedro Arias, ciu

el príncipe don Fernando que con parte del ejército dadano de Segovia, cuyo padre fué su contador mayor,

marchase á toda priesa para juntarse con el conde de que por fuerza se apoderase de Torrejon. Así lo hizo, y Prades. Era don Fernando de muy tierna edad, tenia dejó aquella villa á los condes de Puñonrostro, sus des- solos trece años; la necesidad forzó á que en aquella cendientes. Pedro de Velasco se juntó tambien con los

guerra comenzase su padre á valerse dél, y él á ejerciconjurados, dado que su padre el conde de Haro se que- tarse en las armas; por esto no tuvo tiempo para aprenjaba mucho desta su liviandad, tanto, que ni con solda- der las primeras letras bastantemente; sus mismas dos ni con dineros le ayudaba , y le era forzoso andar firmas muestran ser esto verdad. Llegaron los del conentre los otros grandes muy desacompañado y desauto- destable de Portugal á un lugar llamado los Prados del rizado. Por este mismo tiempo, á 14 de agosto, falleció Rey con determinacion de dar la batalla; así lo avisa

ban las espías. El príncipe don Fernando, que cerca se dia, despues de convocados los principes de todo el hallaba , apercebidas todas las cosas y aparejadas, fué mundo para tomar las armas contra los turcos, pasar el en busca del enemigo. Hizo alto en un ribazo, de do se mar Adriático y ser caudillo en aquella guerra sagrada, veian los reales de los catalanes. El Portugués hizo al que fué una grande determinacion; y con este intento, tanto, que se mejoró de lugar y trincheó los reales en bien que doliente, se hizo llevar á aquella ciudad; ata- un collado cercano. Parecia queria excusar la batalla, jóle la muerte y cortóle sus pasos. Duróle poco tiempo bien que ordenó sus haces en forma de pelear. En la el pontificado, solo espacio de tres años; su renombre avanguardia iba Pedro de Deza con espaldas de los borpor sus virtudes y pensamientos altos y por sus letras goñones, que cerrabari aquel escuadron. En el segunserá inmortal. Con su muerte todos aquellos apercebi- do escuadron iban por capitanes de los soldados navarros mientos se deshicieron. Pusieron en su lugar con gran- y castellanos Beltran y Juan Arinendarios. El cuidado

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de la retaguardia llevaba el mismo don Pedro de Por- las armas. Tuvo este rey dos mujeres, la una mora de tugal. Las gentes de don Fernando eran menos en nú- nacion, cuyo hijo fué Boabdil, que adelante se llamó el mero, que no pasaban de setecientos caballos y mil in- Rey Chiquito, la otra era cristiana renegada , por nomfantes. Ordenáronlas desta manera: la avanguardia se bre Zoroira; della tuvo dos hijos, llamados el uno Cado, encomendó al conde de Prades; Hugon de Rocaberti, y el otro Nacre, los cuales en tiempo del rey don Fercastellan de Amposta y Mateo Moncada fortificaban los nando el Católico, cuando se ganó Granada, se volviecostados; don Enrique, bijo del infante de Aragon don ron cristianos; el mayor se llamó don Fernando, y el Enrique, quedó de respeto para socorrer donde fuese menor don Juan. Su madre al tanto, movida del ejemnecesario; en el postrer escuadron iba el príncipe donplo de sus dos hijos, se redujo á nuestra fe y se llamó Fernando, acompañado de muchos nobles. Bernardo doña Isabel. En tiempo deste rey Albohacen hobo por Gascon, natural de Navarra, con la infantería de su algun tiempo paz con los moros. Por frontero a la parcargo llevó órden de tomar la parte de la montaña para te de Jaen estaba Iranzu , el condestable; por la parte que no les pudiesen acometer por aquel lado. Antes de Ecija don Martin de Córdoba. Por el mismo tiempo que se diese la señal de pelear, el príncipe don Fer- don Fernando, rey de Nápoles, vencidos y desbaratanando armó caballeros algunas personas nobles. Co- dos sus enemigos, así los de dentro como los de fuera, menzaron á pelear los adalides, que iban delante, con afirmaba su imperio en Italia. Despues que en una bagrande vocería que levantaron; cargaron los demás, y talla muy señalada que se dió cerca de Sarno, en Tieren breve espacio el primero y segundo escuadron de ra de Labor, quedó vencido, se rehizo de fuerzas, y los portugueses fueron forzados á relirarse, y en fin, ayudado de nuevos socorros del Papa y duque de Mitodos, se desbarataron por el esfuerzo de los aragone- lan y de Scanderberquio, como arriba queda dicho, el ses. Con tanto, atemorizados los demás que pusieron año siguiente despues que perdió aquella jornada huen la retaguardia, en que se hallaba el mismo don Pe- milló al enemigo, que soberbio quedaba, en una batalla dro de Portugal y la fuerza del ejército, poca resisten- que le ganó cerca de Troya, ciudad de la Pulla. No cia pudieron hacer. Volvieron las espaldas y huyeron paró hasta tanto que forzó á Juan, duque de Lorena, á desapoderadamente, la gente de á pié por los montes cer- retirarse á la isla de Isquia; de donde, sosegadas las canos, los de á caballo por los llanos. Don Pedro de alteraciones de los barones y apaciguada la provincia, Portugal se valió de maña para escapar; quitóse la sobre perdida toda esperanza , fué forzado con poca honra á veste, y mezclado con los vencedores, el dia siguiente dar la vuelta á Francia. Era este Príncipe igual en essin ser conocido se puso en salvo. Los borgoñones, á fuerzo á sus antepasados, y dejó gran fama de su mulos cuales se dió la primera carga, casi todos quedaron cha bondad; la fortuna y el cielo no le fueron mas que en el campo; peleaban entre los primeros, y conforme á ellos favorables. Desta manera el rey don Fernando, á su costumbre tienen por cosa muy fea volver el pié puesto fin á la guerra de los barones de Nápoles, que atrás. De los demás muchos fueron presos, y entre fué muy dudosa y muy larga, entró en Nápoles como ellos el conde de Pallas, principal atizador de toda esta en triunfo de sus enemigos á 14 del mes de setiembre; guerra. Dióse esta batalla postrero dia de febrero del grande magnificencia y aparato, concurso del pueblo año 1465. La victoria fué tanto mas alegre, que de los y de los nobles extraordinario, que le honraron á porfia aragoneses pocos quedaron heridos, ninguno muerto. con todas sus fuerzas, regocijos y alegrías que se hiDon Pedro de Portugal se volvió a Manresa. Beltran cieron muy grandes. La reina doña Isabel, su mujer, Armendario, sin embargo, fortificó con gente el lugar como quier que atribuia la victoria á Dios y á los sande Cervera, en que metió parte del ejército, bien que tos, visitaba las iglesias con sus hijos pequeños que desbaratado, no con menor ánimo que si ganara la llevaba delante de sí; arrodillábase delante los altavictoria. De allí pasó la fuerza de la guerra á la co- res, cumplia sus votos, hacia sus plegarias, hembra marca de Ampúrias, en que llevaban siempre lo me- que era muy señalada en religion y bondad, y que mejor los aragoneses, los portugueses lo peor. Pare- recia gozar de mas larga vida para que el fruto de la cia que todas las cosas eran fáciles á los vencedores, victoria fuera mas colmado. Todo lo atajó la muerte; tanto mas, que los alborotos de Navarra estaban casi falleció casi al mismo tiempo que el reino quedaba apaacabados y los biamonteses reducidos á la obediencia ciguado. El rey don Fernando, su marido, fundada la del Rey,con el perdon que otorgó á don Luis y á don paz y ordenadas las demás cosas á su voluntad, tuvo el Cárlos, hijos de don Luis, ya difunto, conde de Lerin reino mas de treinta años. Emprendió en lo de adelany condestable de Navarra, y juntamente les fueron te y acabó muchas guerras felizmente en ayuda de sus · restituidos sus bienes, cargos y dignidades que solian amigos y confederados. Fuera desto, a los turcos que tener; lo mismo se hizo con don Juan de Biamonte, se apoderaron pasados algunos años de Otranto y de hermano del dicho Condestable, prior que era de San buena parte de aquella comarca, desbarató y echo de Juan, en Navarra. Declararon otrosí por herederos de Italia por su mandado don Alonso, su hijo, duque de aquel reino á Gaston, conde de Fox, y doña Leonor, Calabria. En conclusion, si este Rey en el tiempo de la su mujer, que ya se intitulaban príneipes de Viana. paz continuara las virtudes con que alcanzó y se manIsmael , rey de Granada, gozaba de tiempo atrás de tuvo en el reino, como fué tenido por muy dichoso, una paz muy sosegada, cuando le sobrevino la muerte, así se pudiera contar entre los buenos principes y en á 7 de abril, que fue domingo, año de los árabes 869, virtud señalados; mas hay pocos que en la prosperidad

. 10 dias del mes de xavan. Sucedióle Albohacen, su y abundancia no se dejen vencer de sus pasiones y sehijo, varou de grande ánimo y de grande esfuerzo en pan con la razon enfrenar la libertad.

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tenencia coino la de la Mota de Medina. A Avila acu. CAPITULO IX.

dieron los conjurados llamados por el Arzobispo; asi. Que el Infante don Alonso fué alzado por rey de Castilla.

mismo el Almiranle, como lo tenia acordado, se apo

deró de Valladolid, do estos señores pensaban hacer la No sosegaron las alteraciones de Castilla por quedar el masa de la gente con estas malas nuevas y por el peinfante don Alonso en poder de los grandes; antes fué | ligro que corria de mayores males, despertado el Rey para inayor dano lo que se pensó seria para remediar de su grave sueño, á solas y las rodillas por tierra, las los males. Como fueron los intentos y consejos errados, manos lendidas al cielo, habló con Dios, segun se dice, asi tuvieron los remates no buenos. El Rey, de Cabezon, desta manera : «Con humildad , Señor, Cristo hijo de cerca de donde fué la junta y la habla que tuvo con don Dios y rey por quien los reyes reiuan y los imperios Juan Pacheco, se partió para el reino de Toledo; los gran- se mantienen, imploro tu ayuda; á tí encomiendo mi des se fueron á Plasencia. El maestre de Calatrava don estado y mi vida; solamente te suplico que el casligo, Pedro Giron, que en Castilla la Vieja era señor de Ureña, que conleso ser menor que mis maldades, me sea á mí se parlió para el Andalucía, do tenia tambien la villa de en particular saludable. Dame, Senior, constancia para Osuna,con intento de mover los andaluces y persuadilles sufrille, y haz que la gente en comun no reciba por mi que tomasen las armas contra su Rey. Era el Maestre causa algun grave daño. » Dicho esto, muy de priesa sc hombre vario y no de mucha constancia ni muy firme volvió a Salamanca. Los alborotados en Avila acordaron en la amistad, y que tenia mas cuenta con llevar adelante de acometer una cosa memorable; tiemblan las carnes sus pretensiones y salir con lo que deseaba, que con lo en pensar una afrenta tan grande de nuestra nacion; que era hocesto y santo. Quitaron el priorado de San pero bien será se relate para que los reyes por este Juan á don Juan de Valenzuela, y al obispo de Jaen des- ejemplo aprendan á gobernar primero á sí mismos, y pojaror de sus bienes y rentas, no por otra causa sino despues á sus vasallos, y adviertan cuáutas sean las porque eran leales al Rey; delito que se tiene por muy fuerzas de la mucheduinbre alterada, y que el resplangrave entre los que están alborotados y amolinados. dor del nombre real y su grandeza mas consiste en el Por toda aquella provincia trató de levantar la gente, respeto que se le tiene que en fuerzas; ni el Rey, si le en especial de meter en la misma culpa á los señores y mirarnos de cerca, es otra cosa que un hombre con los nobles; prometia á cada cual conforme a lo que era y á delcites flaco; sus arreos y la escarlata ; de qué sirve sino su calidad cosas muy grandes, con que muchos se alen- de cubrir como parche las grandes llagas y graves con: taron y resolvieron de juntarse cou los alborotados, en gojas que le atormentan? Si le quitan los criados, tanto particular las comunidades y regimientos de Sevilla y de mas miserable; que con la ociosidad y deleites mas Córdoba y el duque de Mediua Sidonia y conde de Ar- sabe mandar que hacer ni remediarse en sus necesicos y don Alonso de Aguilar. El rey don Enrique, visla dades. La cosa pasó desla inanera. Fuera de los muros de la tempestad que se aparejaba yarmaba, en Madrid hizo Avila levantaron un cadalalso de madera en que pusicuna junta para tratar del remedio. Preguntó a los con- ron la estatua del rey don Enrique con su vestidura real gregados lo que les parecia se debia bacer, si acudir á y las demás insignias de rey, trono, cetro, corona; junlas armas, ó pues las cosas no se encaminaban como se táronse los señores, acudió una infinidad de pueblo. Ea pensó, si seria bien tornar á mover tratos de paz. Ca- esto un pregonero á grandes voces publicó una sentenllaron los demás; el arzobispo de Toledo dijo que su cia que contra el pronunciaban , en que relataron malparecer era debian procurar que el infante don Alonso dades y casos abominables que decian lenia comelivolviese á poder del Rey, porque ¿quién seria mas á dos. Leiase la sentencia, y desnudaban la estatua poco propósito para guardalle como prenda de la paz y para á poco y á ciertos pasos de todas las insignias reales; seguridad del casamiento poco antes concertado que últinamente, con grandes baldones la echaron del tasu mismo hermano, y que poco después seria su sue- blado abajo. Hizose este auto un miércoles, á 5 de junio. gro? Que si no obedeciesen, en tal caso se podria acudir Con esto el infanle don Alonso, que se halló presenlc á á las armas y á la fuerza y castigar la contumacia de los todo, sué puesto en el cadahalso y levantado en los que se desmandasen. Para lo cual debia la corte con liombros de los nobles, le pregonaron por rey de Castilla, brevedad pasarse á Salamanca, por estar aquella ciudad alzando por él, como es de costumbre, los estandarles cerca de donde los conjurados se hallaban, y por esta reales. Toda la muchedumbre apellidaba como suele : causa ser muy á propósito para asentar la paz ó hacer Castilla, Castilla por el rey don Alonso, que fué meter en la guerra. Parecia á algunos que.cstas cosas las decia el caso todas las prendas posibles y jugar á resto a biercon llaneza; así, vinieron los demás eu el mismo parecer, to. Como se divulgase tan grande resolucion, no fueron sin que niuguno de los que mejor sentian se atrevieso todos de un parecer; unos alababan aquel hecho, los á chistar; todo procedia, no por razon y justicia, sino por mas le reprehendian. Decian, y es así, que los reyes fuerza y violencia. Envióse pues por una parte emba- nunca se mudan sia que sucedan grand :s daños; quo jada á los grandes, y por otra mandaron que las compa- ni en el mundo hay dos soles, ni una provincia puedo ñías de soldados acudiesen á Salamanca. Pasó el Rey á sufrir dos cabezas que la gobiernen; llegó la disputa á Castilla la Vieja y á Salamanca, y con las gentes que los púlpitos y á las cátedras. Quién pretendia que, sucra llevaba y allí lialló puso cerco sobre Arévalo, que se le- de herejía, por ningun caso podrian los vasallos deponia por los alborotados. Desde allí el arzobispo de To- ner al rey; quién iba por cainino contrario. Hizo el ledo, quitada la máscara, se fué á Avila, ciudad que tenia nuevo Rey mercedes asaz de lo que poco le costaba, en en su poder, que poco antes le dió el Rey, asi aquella particular á Gutierre de Sulis, pur conteinplacion del

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