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mo rey Alboliacen apresuradamente acudió la vuelta segaron las diferencias que por muchos años traian de Alhama con tres mil de á caballo que llevaba y co- entre sí aquellas dos casas. Dichoso principio de que mo cincuenta mil de á pié. Atemorizaba á los nuestros algunos pronosticaban que conforme a él seria el reeste ejército tan grande. Las cosas las tenian tan ade- mate próspero y alegre de toda la guerra. Sin embargo, lante, que no podian sin daño y mengua desistir de faltó poco para no enturbiarse aquella alegría por un aquella empresa ni volver atrás. Despacharon mensa- debate que se levantó entre los soldados. La gente que jeros a todas partes á pedir y requerir les socorriesen, vino de socorro, queria tener parte en los despojos que y en el entre tanto ni de noche ni de dia no cesaban se ganaron en aquel pueblo. Decian era justo particide fortificar aquella plaza y reparar las partes de la pasen del fruto de la victoria los que se pusieron á tanto muralla que, 6 de nuevo quedaron maltratadas por la riesgo para socorrer a los cercados. De las palabras llebatería pasada, ó de antes eran flacas. Dióles la vida garan á las manos, si el Duque, avisado del peligro , no que los enemigos por la priesa no trajeron artillería ni amansara los ánimos de los suyos con pocas palabras los demás ingenios á propósito de batir. Así, toda su que les dijo : « Quédense, dijo, soldados con los desporfía salió en vano, ca los nuestros desde la muralla pojos aquellos a quien la fortuna los dió; nos por la se defendian valientemente, tiraban dardos, saetas, honra y por la salud comun hemos trabajado. Este sea piedras y todo lo demás que les venia a las manos. El el fruto de presente, que para adelante, pues se ha de mayor debate fué cerca del rio que por allí pasa. Los proseguir la guerra, yo os aseguro serán vuestras con del lugar, á causa que no tenian dentro fuentes ni cis- vuestro esfuerzo y valor todas las riquezas de los moros ternas, eran forzados á salir al rio á proveerse de agua; Y del reino de Granada.» Con estas palabras se sosegó los moros al contrario, pretendian sacarle de madre y la riña; dejaron nueva guarnicion en el pueblo de solecharle por otra parte con que, no sin dificultad y san- dados, y con tanto las demás gentes volvieron atrás. gre de muchos que les hirieron y mataron, última- No faltó el Moro á la ocasion que se le presentaba ; anmente salieron. La gente del Andalucía ,' movida por el tes volvió luego al cerco con mayor coraje que antes, riesgo que los suyos corrian, acudieron al socorro; en ansimismo diversas bandas de moros entraron á robar particular desde Córdoba mil caballos y tres mil infan- por los campos comarcanos del Andalucía. La parte tes debajo la conducta de don Alonso de Aguilar. Te- mas alta de Alhama por su sitio y ser la subida agria nian los enemigos tomados los pasos y atajados los ca- fué ocasion de descuidarse en guardalla. Los contrarios, minos; así, fueron forzados á volver atrás. La esperanza convidados desta ocasion, una noche, á 20 de abril, quedaba en don Enrique de Guzman, duque de Me- al amanecer la subieron. Despertaron los cristianos, dina Sidonia, bien que flaca á causa que demás de las acudieron al peligro, pelearon valientemente, y carenemistades particulares que tenia con el marqués de garon sobre los contrarios con tal furia , que algunos Cádiz, de nuevo le irritaran con intentar cosa tan gran- de los bárbaros perdieron las vidas, otros por las salde como era aquella sin darle parte. El amor de la pa- var se echaron de los adarves abajo ; desta manera estria prevaleció en su noble ánimo, y la grandeza del caparon los nuestros deste gran peligro. Los que mas peligro comun hizo que se uniesen los que antes anda- se señalaron en esta refriega y rebate fueron dos ciuban discordes y desgustados. Determinó pues de ir á dadanos de Sevilla, llamados el uno Pedro Pineda, y el socorrer a los cercados. Sacó el estandarte de Sevilla, otro Alonso Ponce. y juntose con otros señores, en especial con drigo Giron, maestre de Calatrava, y don Diego Pa

CAPITULO II. checo, marqués de Villena. Llevaban cinco mil de á

Cómo el rey Albohacen fué echado de Granada. caballo y como cuarenta mil infantes, que de todas partes les acudieron en gran número por el gran deseo que Al mismo tiempo que Alhama estaba cercada y los tenian de pelear contra los moros, enemigos de Dios. moros la batian con todas sus fuerzas, en Córdoba los El rey don Fernando el mismo dia que tuvo aviso de reyes luego que llegaron comenzaron á tratar de la mala toma de Alhama y del riesgo de los nuestros, de nera cómo se debia hacer aquella guerra. Los mas reMedina del Campo, dejado órden que la Reina fuese catados eran de parecer que desamparasen á Alhama en pos dél, se partió para allá á grandes jornadas. Es- por estar rodeada de enemigos y los socorros lejos, cribió á los grandes que en su ausencia no innovasen ni además que de ordinario el suceso de la guerra es duentrasen en tierra de moros, que era necesario llevar doso y sus trances variables. La Reina con ánimo vamayores fuerzas y mayor número de gente. El negocio ronil juzgó la debian defender. Hacíasele de mal desamle tenian tan adelante, que no podian seguir este órden, parar aquella plaza por ser la primera que en su tiempo mayormente que en la tardanza corrian gran peligro se ganó de moros ; qué otra cosa seria hacerlo, sino los cercados por la gran falta de agua que padeciah. dar muestra de miedo muy feo, con que los enemigos Fué este acuerdo que tomaron saludable y acertado. se animarian , y al contrario los nuestros perderian Los bárbaros no esperaron á que los nuestros llegasen, el brio? Este parecer prevaleció, y aun para ganar maantes sin venir á las manos alzaron el cerco. Los cerca- yor reputacion acordaron de tomar una nueva empredos, idos los enemigos, salieron á recebir á los que les sa, y si bien en esto los pareceres tambien eran divenian de socorro. Saludáronse y abrazáronse con lá- ferentes , siguieron el de Diego de Merlo, de quien grimas que por la alegría les saltaban. El marqués de el Rey hacia mucho caso, y fué poner cerco sobre LoCádiz fué el primero a abrazar al duque de Medina Si- ja, ciudad muy fuerte en aquella comarca, y que no cae donia. Dijéronse palabras muy corteses, con que se so- muy lejos de Alhama. Diósę órden que la masa del talado que

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ejército se hiciese en Ecija; juntáronse cinco mil de demás se salvaron por los piés. El Rey, alterado por á caballo y ocho mil infantes, número pequeño para este revés, como era justo, y entendiendo, aunque tarintento tan grande. Con parte destas gentes, ya parti- | de, ser verdad lo que su hermano el duque de Villados los moros,

llegó el Rey á Alhama á 29 de abril; hermosa le tenia avisado que los reales se asentaron guarnecióla de nuevos soldados, y por su generalá don mal y que no tenia fuerzas bastantes para empresa tan Luis Portocarrero, señor de Palma , guerrero de fama grande, juntamente con la nueva que le vino que el y de cuenta en aquel tiempo. Luego despues desto, campo enemigo marchaba, el dia siguiente, recogido

hobo la vega. de Granada , sin recebir daño el bagaje , volvió atrás sin parar hasta que llegó á la alguno se volvió'á Córdoba para dar órden en las de- Peña de los Enamorados, que está de Loja distante siete. más cosas que eran necesarias para la guerra , mayor- leguas. Ayudó mucho para que no recibiesen grande mente que la Reina estaba cercana al parto y queria daño que se retiraron en ordenanza. A los moros, que hallarse presente. Parió dos criaturas á 29 de julio , la no cesaban de picar en la retaguardia, hizo rostro el una en tiempo, que se llamó doña María, la otra por na- marqués de Cádiz con los suyos. El denuedo y la carga cer antes de tiempo no vivió. El vulgo tomó desto óca- fué tal, que por no poderla los moros sufrir, se recogie

sion para

hablar diversamente y hacer pronósticos so- ron á la ciudad. Este fué el suceso desta empresa mal bre aquella guerra, unos de una manera, y otros de trazada. No faltaron rumores de gente que publicaba otra, como á cada cual se le antojaba. El temor que mu- que por asechanzas que su misma gente puso al rey chos lenian se aumentó por una tristeza extraordinaria don Fernando, le fué forzoso, dejado el cerco, retirarse; que se veia en los que llevaban los estandartes reales á mas él en cartas que despachó á todas partes se excula iglesia mayor para que allí los bendijesen; otros se saba de la retirada por el pequeño número de soldados burlaban de todo esto como de cosas vanas y que su- que tenia, en especial que muchos desamparaban las ceden acaso. El dia siguiente el Rey partió para Ecija, banderas, con que las compañías quedaban muy flacas, acompañado de muchos señores; casi ninguna persona por ser gente allegadiza y enviada de las comunidade cuenta habia que no desease ayudaren aquella em- des y que no tiraba sueldo del Rey; cosa á que la ne. preşa. Conforme a lo que tenian acordado y pretendian, cesidad de los tiempos y falta de dinero forzaba; por lo fueron sobre Loja. Llegados á aquella ciudad, asenta- demás sujeta á grandes inconvenientes, como aconteron sus estancias, y las barrearon junto á los arrabales ció entonces. De pequeños principios suelen resultar entre los olivares por la parte que pasa el rio Genil tan grandes tropiezos y daños. Así, los moros, ensoberbecogido y acanalado, que apenas se puede vadear, y por cidos por lo que sucedió, volvieron a poner cerco sobre sus riberas, que son muy altas. El lugar era estrecho y Alhama, no con menor resolucion que antes ni con meno á propósito para extenderse la caballería , y por es- nor coraje. El rey don Fernando, movido del peligro de tar los ciudadanos apoderados de la puente con difi- los cercados acudió en persona á 14 de agosto, y con cultad podian pasar de la otra parte del rio. Está allí su ida les proveyó de vituallas para nueve meses, señacerca un ribazo ó cuesta, llamada de Albohacen, de que ló otrosí para la tenencia de aquella plaza á don Luis por será propósito para impedir las salidas de los ene- Osorio, que si bien era electo obispo de Jaen, sabia mumigos, y por enseñorear la ciudad, se dió cuidado al cho de la guerra y era persona de grande ánimo. Demaestre de Calatrava y á los marqueses de Villena y de más desto, para que la reputacion fuese mayor, de nueCádiz que se apoderasen della y allí hiciesen sus es- vo dió la tala á la vega de Granada, y en ella quemó y. tancias. Dentro de la ciudad tenian hasta tres mil de robó todos aquellos campos. Salieron de Granada seisá caballo con un valiente capitan, llamado Alatar. Estos cientos moros de á caballo para hacer resistencia. El hicieron diversas salidas, en especial un sábado, anima- conde de Cabra y el comendador mayor de Calatrava dos con nuevas compañías que les acudian y con la escles hicieron rostro, mataron buen número, y forzaron peranza que en breve serian socorridos por el mismo á los demás á recogerse á la ciudad; grandes daños rey Moro que desde Granada venia con gente, divididos para los moros, y sobre todos el mayor y mas perjudien dos escuadrones, acometieron el cuerpo de guardia cial la discordia y bandos que tenian entre sí; por la que tenian los nuestros en aquel ribazo. Con el sobre- cual causa gran número de los ciudadanos de Granada, salto las guardas dieron las espaldas; los demás que tomadas las armas, forzaron á Albohacen que se saliese allí alojaban salieron á pelear, pero sin órden de bata- de Granada. Achacábanle que tiranizaba la gente y que lla y sin dejar alguna guarnicion en los reales. Vino por su mal orden y locura dió causa para que se emesto á noticia de los contrarios; así, el uno de los es- prendiese aquella guerra tan brava. Pusieron en su lucuadrones casi sin poner mano á las armas se apoderó gar á su mismo hijo Mahomad Boabdil , llamado vuldellos, que fué ocasion de gran miedo y espanto para garmente el rey Chiquito; otros le llaman Hali Muley los que peleaban. Volvieron a la defensa de sus estan- Alcadurbil. Por el rey Albohacen quedaron todavía Mácias y tornaron á pelear con grande ánimo. A pretá- laga y Baza con otras ciudades. Desta manera aquella banlos los enemigos por frente y por las espaldas, que nacion se dividió en dos parcialidades, que no les daban fué causa de perderse los nuestros. Murió en la pelea menos trabajo , ni los tenian puestos en menor aprieto el maestre de Calatrava con dos saetas ; la una le acer- que los enemigos de fuera; estado miserable y revueltó debajo del brazo, cuya herida fué mortal. Su muerte to, como se puede pensar, cuando dos se llaman recausó gran compasion por ser personaje tan grande yes, y mas en una provincia pequeña. Lo que hace may estar en la flor de su edad, que no pasaba de veinte y ravillar es que dado que andaban tan revueltos, ninguna cuatro años; otros muchos fueron muertos con él; los de las partes llamó á los fieles en su socorro; antes

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consta que en lo mas recio de aquella guerra civil Rey mozo era muerto, para tratar que la reina doña Cahicieron diversas entradas y cabalgadas en tierra de talina, sucesora de su hermano, casase con el príncipe cristianos, y aun tomaron la villa de Cañete, que está don Juan , hijo del rey don Fernando. Llevó órden que asentada a la frontera de aquel reino; muestra en aque- con todos los medios posibles granjease á todos los que Ila ocasion de ánimo muy grande y resolucion no- le pareciese será propósito, mayormente que se valiese table.

de la parcialidad de los biamonteses, en cuyo poder es

taba la ciudad de Pamplona y la mayor parte del reino; CAPITULO III.

que los reyes mas tenian el nombre de sello que au

toridad alguna para mandar , si bien tenian puesto por De la rota que los moros dieron a los cristianos en los montes

virey á monsieur de Abena, de nacion francés, persode Málaga.

na de gran prudencia y grande experiencia de negoLos reyes por cosas que sobrevinieron fueron forza- cios. Madama Madalena, madre de la Reina, dió muesdos á desistir por un poco de tiempo de la guerra de tras de alegrarse mucho con la embajada de Castilla, los moros y dar la vuelta al reino de Toledo. Por su au- quier fuesen verdaderas , quier fingidas. La respuesta sencia encargaron la frontera de Ecija á ‘don Pedro fué que ningun partido se le podia ofrecer mejor; que Manrique, al cual poco antes, de conde de Treviño, in- por su parte no habria dificultad ninguna en efectuar titularon duque de Najara ; á don Alonso de Cárdenas, aquel casamiento. En Galicia el Condestable y el conde maestre de Santiago, dejaron por frontero en Jaen; á de Benavente y los aliados de ambos andaban alborotadon Juan de Silva, conde de Cifuentes, encomendaron dos; cada cual de las partes pretendia apoderarse de el gobierno de Sevilla, por muerte de Diego de Mer- los castillos de los obispos para desde allí hacer mal y lo, que falleció en aquel cargo á este tiempo.

Compues- daño a los contrarios. El rey don Fernando por atajar tas las cosas en esta forma, se fueron á Castilla; llega- estos inconvenientes y bullicios mandó á don Hernanron á Madrid á la boca del invierno. En aquella villa se

do de Acuña, su gobernador en aquellas partes, que tuvieron Cortes á propósito de reformar con nuevas Ie- ganando por la mano se apoderase de aquellas fuerzas. yes las hermandades que se ordenaron los años pasados, Resultó que como tuviese el Gobernador puesto cerco como queda dicho, para que no usasen mal del poder sobre el castillo de la ciudad de Lugo, don Pedro de y de la mano que tenian; querian otrosí que ayudasen Osorio, conde de Lemos, acudió con gentes en ayuda para los gastos de la guerra. Acordaron de acudir para de su hermano, que era obispo de aquella ciudad; ocaayuda de la guerra de los moros, y se ofrecieron á pro- sion de nueva guerra , que puso en necesidad al rey veer diez y seis mil bestias de carga para las vituallas don Fernando de salir de Madrid a los 11 de febrero del · yel bagaje de los soldados. Fuera desto el pontífice año 1483. No paró hasta llegar á Galicia; queria con Sixto mandó contribuir a las iglesias con cien mil duca- su presencia dar asiento en todas las cosas. En el misdos por una vez; concedió asimismo la cruzada a todos mo viaje le vino nueva de la muerte del conde de Lelos que a su costa fuesen á la guerra, por lo menos ayu- mos; dejó por su heredero á don Rodrigo, su nieto, et dasen con ciertos maravedís para los gastos, lo cual se cual su hijo don Alonso hobo fuera de matrimonio. Su tornó á conceder el tercer año adelante; y deste prin- abuelo con dispensacion del Pontifice le legitimó, y cipio, que se continuó adelante, ya todos los años se re- puso durante su vida en posesion de aquel estado. Recoge por este medio gran dinero para los gastos reales; sultaron desto nuevos debates á causa que doña Juana, camino que inventaron en aquella sazon personas de hija del dicho Conde difunto, y casada con don Luis, ingenio, y que por semejantes arbitrios pretenden ade-hijo del conde de Benavente, pretendia para sí aquel Jantarse y ganar la gracia de los principes y ayudar á condado. Andaban alborotados sobre el caso lasta sus necesidades. Demás desto, tomaron de los cambios venir á las manos. El Rey, llegado á Galicia para sosey de otros particulares gran suma de dineros prestada. gallos , les mandó que, dejadas las armas, cada uno siLos aragoneses no querian recebir por virey á don Ra- guiese su derecho por la via de justicia, con apercebimon Folch, conde de Cardona, que el Rey tenia seña- miento de maltratar al que no se allanase , si bien se lado para este cargo; decian era contra sus fueros po- inclinaba mas á la parte que poseia, es á saber, al nieto ner en el gobierno de su reino hombre extranjero. Hobo del difunto. Andaba ocupado en estos negocios en sademandas y respuestas; mas al fin el Rey temporizó con zon que los moros cerca de Málaga hicieron grande esellos, y nombró por virey.á su hijo don Alonso de Ara- trago en los nuestros, que fué el desman mayor que gon, arzobispo de Zaragoza. Las cosas de Portugal asi- sucedió en toda aquella guerra. Pedro Enriquez, ademismo y las de Navarra ponian en mayor cuidado á los laptado del Andalucía, recobrado que hobo con la ayureyes. Recelábanse no se revolviese y armase tan fue- da del marqués de Cádiz a Cañete, villa de su estado, ra de sazon alguna guerra por aquellas partes. El rey procuró de reparalla, y deseaba vengarse de los mode Portugal trataba de casar á doña Juana , su prima, ros; por otra parte, don Alonso de Aguilar y el maestre hija de don Enrique, rey de Castilla, con el rey de Na- de Santiago con un buen escuadron de los suyos, anivarra don Francisco Febo, que á esta sazon aun no era mados por algunas cosas que hicieron á su gusto, se muerto. Los de Navarra se inclinaban á la parte de determinaron entrar en tierra de moros. Asimismo don Francia. Para ganar al rey de Portugal los Rey y Reina Juan de Silva , conde de Cifuentes, asistente de Sevile despacharon á Lope Datouguia, portugués de nacion, - lla, acometió á ganar á Zahara con la gente de á cay á don Juan de Ortega , obispo de Coria. Al reino de ballo de aquella ciudad. Esta su pretension no tuvo Navarra fué Rodrigo Maldonado, en sazon que ya aquel efecto. Despertólos empéro para que con ocasion de la gente que junta tenian se concertasen todos estos | ban , fueron muertos ochocientos, y entre ellos tres capitanes, divididos en tres escuadrones, de hacer en- hermanos del marqués de Cádiz, es á saber, Diego, Lotrada en los campos de Málaga, tierra muy rica por los pe y Beltran, sin otros deudos suyos. El número de los ingenios y trato de la seda. Cuidaban por esta causa cautivos fué casi doblado; entre ellos cuatrocientos de seria la presa y cabalgada muy grande; el interés los lo mas noble de España. Algunos pocos con el Maestre punzaba, y mas á los soldados, que tienen el robo por se salvaron por los desiertos y matorrales, que con afan sueldo y la codicia por adalid. El suceso fué conforme llegaroná Antequera; otros, cada cual segun le guiaá los intentos que llevaban, y el remate muy triste. Hay ba la esperanza ó temor, fueron á parar á diversas parcerca de Málaga unos montes, que llaman Ajarguia, sra-. tes. Sucedió este desastre señalado á 21 de marzo, dia gosos y ásperos por las peñas y matorrales que tienen. de san Benito, que por entonces de alegre se mudó en Por aquella parte hicieron su entrada; talaron los cam- triste y desgraciado para España. La mengua se igualó pos, robaron gentes y ganados, pusieron fuego a las al daño. El caudillo de los moros, llamado Abohardil, alquerías y á las aldeas, sin perdonar á cosa alguna, con hermano del rey Alboliacen y gobernador de Málaga, tanto ánimo y denuedo, que algunos de nuestra gente. con el buen suceso desta empresa ganó gran crédito y de á caballo con el servor de su mocedad no pararon reputacion de esforzado y prudente entre los de su naLasta dar vista y llegar á las mismas puertas de Mála- cion y aun para con los cristianos. ga; atrevimiento, no solo temerario, sino loco, con que irrilados los ciudadanos de Málaga y juntamente los

CAPITULO IV. que inoraban en aquellas montañas , gente endurecida

Que el rey Mahomad Boabdil fué preso. por la aspereza de los lugares y embravecida por el daño, se apellidaron y se derramaron y los cercaron por Los ánimos de los cristianos en breve se conhorlatodas partes. Quisieran los fieles retirarse, si les die

ron de la gran tristeza y lloro que les causó aquel deran lugar. Dos catninos se ofrecian para volver atrás; sastre, por otro mayor daño que hicieron en los moros, el mas llano por la ribera del mar era mas largo, y por con que su atrevimiento se enfrenó. Peleaban entre sí el castillo de Málaga que está por aquella parte, y los los dos reyes moros Albohacen y Boabdil con grande esteros que por allí hace el mar, peligroso; el otro por

pertinacia y porfía; solamente concordaban en el odio do vinieron era mas corto, pero fragoso á causa de los

implacable y deseo que tenian de hacer mal á los crisbosques y montañas que se traban unas de otras, en tianos. Ponian la esperanza de aventajarse contra la especial hay dos montes, que de tal manera se cierran

parcialidad contraria en perseguir y hacer daño a los y encadenan, que hacen en medio un valle muy hondo,

nuestros, y por esta via ganar las voluntades y favor con un rio que pasa por medio y los divide en dos par- del pueblo. Por esto y por la victoria susodicha que tes. Abajaron los nuestros á aquel valle llenos de mie

ganó su padre, Boabdil en competencia se resolvió do y embarazados con la presa que llevaban , cuando

de acometer por otra parte las tierras de cristianos. por una parte se vieron acometer por los moros que Juntó un buen número de gente de á caballo y de á les venian á las espaldas, y por otra parte oyeron gran- pié, así de los suyos como de la parcialidad contraria; de alarido de gente que les tenia atajado el paso, causa hizo entrada por la parte de Ecija; llevaba intento y de mayor espanto; además del cansancio con que ve- esperanza de apoderarse de Lucena , villa mas grande nian por el camino de dos dias y falta de comer, no po- y rica que fuerte. Dióle este consejo Alatar , su suegro, dian pasar adelante, ni les era lícito volver atrás. Hi

persona que de muy bajo suelo, tanto, que fué mercerieron los moros y mataron muchos de nuestra gente ro, á lo menos esto significa su nombre, por su gran con saetas y pelotas de arcabuces que les tiraban, como esfuerzo pasó por todos los grados de la milicia y llelos que estaban muy ejercitados en la puntería y tirar

á aquella honra de tener por yerno al Rey, además al blanco. Venida la noche., fué mayor el miedo por de las muy grandes riquezas que habia llegado; y esla escuridad, que todo lo hace mas espantable, y por la taba acostumbrado a hacer presas en tierra de cristiagrileria continua que los enemigos daban. Entonces el

nos, en particular en la campiña de Lucena. Diego FerMaestre: «Hasta cuando, dijo, soldados, nos dejarémosnandez de Córdoba, alcaide de los Donceles, que era degollar como reses mudas? Con el hierro y con el es. señor de aquel pueblo, junto con otros lugares que por fuerzo hemos de abrir camino; procurad á lo menos de allí tenia , luego que supo lo que los moros pretendian, vender caro las vidas y no morir sin vengaros.» Dichas advirtió á su tio el conde de Cabra del peligro quo estas palabras, comenzó a subir la cuesta, llegaron con corria. A causa del estrago pasado quedaba muy podificultad á lo mas alto; allí fué la pelea mas brava , y ca gente de á caballo por aquella comarca, fuera de que .. la matanza en especial de los nuestros muy grande. En- Jos moradores de Lucena estaban amedrentados, y los tre otros murieron personas muy señaladas por su li- muros no eran bastantes para resistir á los bárbaros. naje y hazañas. Al de Cádiz ciertas guias que halló Llegaron los moros á 21 de abril. El Alcaide recogió los encaminaron por senderos extraordinarios, y le pusie- moradores á la parte mas alta del lugar. Fortificó otroron en salvo por otra parte. El escuadron del conde de si con pertrechos, guarneció con soldados, que llegó Cifuentes, que era el postrero, recibió mayor daño; él hasta docientos de á caballo y ochocientos de á pié de mismo y su hermano Pedro de Silva fueron presos y los lugares comarcanos, lo mas bajo de la villa , por Devados a Granada. Parecia que todos pasmaban y entender que los moros acometerian por aquella parte. que tenian entorpecidos los miembros sin podellos me- Fué mucho el esfuerzo de los soldados, tanto, que los pear; de dos mil y setecientos de á caballo que lleva- enemigos perdieron la esperanza de ganar la villa; mas

por alguna gente que perdieron en el combate y otros victoria los Reyes, que a la sazon se hallaban en Madrid, que les hirieron, en venganza volvieron su rabia con- acordaron, partir entre sí los negocios, que eran muy ira los olivares. Demás desto, Amete, abencerraje, con grandes. La reina doña Isabel fué á la raya de Navarra trecientos de á caballo dió la tala á la campiña de Mon- para apresurar lo del casamiento de su hijo, por el tilla. Tenia este con el alcaide de Lucena Diego de gran deseo que tenian de impedir á los franceses la enCórdoba conocimiento y familiaridad á causa que los trada en España y la posesion del reino de Navarra. El alios pasados los abencerrajes echados de Granada , es- rey don Fernando se partió al Andalucía para cuidar tuvieron en Córdoba mucho tiempo. Hecho pues lo de la guerra. Salió de Madrid á 28 de abril; llegaque le encomendaron , vuelto á Lucena , convidó al Al- do á Córdoba, se trató de hacer la guerra con mayocaide para tener habla con él, con intento, debajo de res fuerzas y apercebimientos que antes, en especial color de amistad, de ponelle asechanzas y engañalle. que los moros por la prision del rey Chiquito se tornaUn engaño fué burlado con otro. Dió esperanza el Alcai- ron á unir debajo de su rey Albohacen, que volvió al de de rendir el pueblo; con que entretuvo al enemigo señorío de Granada , dado que muchos de los ciudadahasta tanto que llegase el conde de Cabra. Como el nos, aunque sin cabeza , todavia perseveraban en su Bárbaro supo que se acercaba , alzados sus reales, co- | primera aficion, personas á quien ofendia la vejez, menzó á relirarse la vuelta de su tierra con la presa, crueldad y avaricia de aquel Rey. Juntaron los nuesque era muy grande. Los cercados, avisados de lo que tros á toda diligencia seis mil de á caballo y hasta cuapasaba, salieron de la villa , acometieron a la reta- renta mil infantes; con este ejército volvieron á la guardia para impedilles el camino y entretenellos. En- guerra. Iba por su caudillo el mismo rey don Fernando; tre tanto como llegase el conde de Cabra, se determinó hizo destruir los arrabales de lilora, y tomó por fuerza cargar á los enemigos, que iban turbados con el mie- y echó por el suelo á Tajara , pueblo cerca de Granada, do, revuellos entre sí y sin ordenanza. Apenas los ve- en cuya batería don Enrique Enriquez, tio del Rey y nideros creerán esto, que con ser los moros diez tantos mayordomo de la casa real, fué herido, y para curalle en número, no pudieron sufrir la primera vista de los le enviaron á Alhama. Despues desto llegaron a la vecontrarios. Dios les quitó el entendimiento; y la fama, ga de Granada, en que hicieron grande destrozo, quecomo de ordinario acontece, de que el número de los maron y talaron todo lo que hallaban, y para mayor nuestros era mucho mayor los hizo atemorizar. Está seguridad de los gastadores, asentaron los reales en un un arroyo legua y media de Lucena en el mismo cami

puesto fuerte, desde donde los enviaban guarnecidos no real de Loja; las riberas frescas con muchos fresnos, de soldados y con escolta á hacer daño en los campos sauces y tarais, y á la sazon por las lluvias del verano comarcanos, con tanto menor peligro suyo y mayor perllevaba mucha agua ; la gente de á pié, pasado el arro-juicio de los enemigos. El rey Albohacen , por no fiarse yo, se pusieron en huida sin olro ningun cuidado mas de los ciudadanos, no se atrevió á salir de la ciudad, de llevar la presa delante; la gente de á caballo, aun- solo algunos pocos soldados se mostraban por los camque atemorizada por la misma cassa, hizo rostro. El pos con intento de prender a los que se desmandasen rey Bárbaro procuró animallos, dijoles : «¿Dónde vais, y pelear á su ventaja. Envió olrosi aquel Rey desde soldados? ¿ Qué furor os ha cegado los entendimientos? Granada sus embajadores; prometia si le entregaban á ¿Por ventura estáis olvidados que estos son los mismos Boabdil, su hijo, que daria en trueque al conde de Cique poco há fueron vencidos por menor número de los fuentes y otros nueve de los mas principales cautivos nuestros? Tendréis pues vos y ellos en esta pelea que tenia; otras condiciones ofrecia para hacer confeJos ánimos que suelen tener los vencedores y vencidos. deracion, pero insolentes y demasiadas. Era de su naMirad por la honra, por vos mismos y por lo que dirá la tural feroz, y ensoberbeciale mas la victoria que poco fama. ¿Pensais que á las manos entorpecidas pondrán antes ganara. El rey don Fernando rechazó las condien salvo los piés? » Poco aprovecharon estas palabras. ciones, ca decia no ser venido para recebir leyes, sino Marcharon á priesa los cristianos; acometió por el un para dallas, y que no habia que tratar de paz en tanto costado don Alonso de Aguilar, que desde Antequera que no dejaba las armas. Los nuestros eran aficionados con cuarenta de á caballo y algunos pocos peones mez- á Boabdil; el favor y la misericordia tienen á las veces clados acudió a la fama del peligro. Los bárbaros, sea impetus vehementes. El marqués de Cádiz y otros no que sospechasen que el número era mayor, ó lo que cesaban de persuadir al Rey que le pusiese en libertad; yo mas creo, por haberos amedrentado Dios, dieron que por este medio sustentase los bandos y parcialidalas espaldas y se pusieron en huida. El Rey se apeó de des entre aquella gente, cosa muy perjudicial para ellos un caballo blanco en que iba aquel dia , procuró escon- y muy á propósito para nuestros intentos. Acabadas derse entre los árboles y matas de aquel arroyo con de- pues las talas y puesta guarnicion en Alhama, y por seo de escapar si pudiese. Halláronle allí tres peones, y cabeza don Iñigo Lopez de Mendoza, conde de Tendiél mismo porque no le malasen, dió aviso de quién era. lla, con órden, no solo de defender el pueblo, sino tamAsí le prendieron , y el Alcaide, que seguia el alcance, le bien de hacer salidas y robar las tierras comarcanas, mandó llevar á Lucena. El estrago que hicieron los el rey don Fernando volvió a Córdoba. Allí por su mannuestros hasta la noche en los que huian fué tal, que dado trajeron el Rey preso del castillo de Porcuna , puemataron mas de mil de á caballo, y entre ellos al blo que los antiguos llamaron Obulco. Como él se vió mismo Alatar, viejo de noventa años, y como cuatro en presencia del Rey, hincó la rodilla y pidióle la mano mil peones, parte quedaron muertos, parte presos; para besalla. Abrazole el Rey y hablóle con mucha juntamente les quitaron la presa. Con el aviso desta cortesía. Parecióle era justo tenelle respeto y honralle

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