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HISTORIA DE ESPAÑA. . consta que en lo mas recio de aquella guerra civil | Rey mozo era muerto, para tratar que la reina doña Cahicieron diversas entradas y cabalgadas en tierra de talina, sucesora de su hermano, casase con el principe cristianos, y aun tomaron la villa de Cañete, que está don Juan, hijo del rey don Fernando. Llevó órden que

ada á la frontera de aquel reino; muestra en aque- | con todos los medios posibles granjease a todos los que lla ocasion de ánimo muy grande y resolucion no le pareciese ser á propósito, mayormente que se valiese table.

de la parcialidad de los biamonteses, en cuyo poder es

taba la ciudad de Pamplona y la mayor parte del reino; CAPITULO III.

que los reyes mas tenian el nombre de sello que au

toridad alguna para mandar, si bien tenian puesto por De la rota que los moros dieron a los cristianos en los montes

virey á monsieur de Abena, de nacion francés, persode Málaga.

na de gran prudencia y grande experiencia de negoLos reyes por cosas que sobrevinieron fueron forza cios. Madama Madalena, madre de la Reina, dió muesdos á desistir por un poco de tiempo de la guerra de tras de alegrarse mucho con la embajada de Castilla, los moros y dar la vuelta al reino de Toledo. Por su au- quier fuesen verdaderas, quier fingidas. La respuesta sencia encargaron la frontera de Ecija á ‘don Pedro | fué que ningun partido se le podia ofrecer mejor; que Manrique, al cual poco antes, de conde de Treviño, in por su parte no habria dificultad ninguna en efectuar titularon duque de Najara ; á don Alonso de Cárdenas, aquel casamiento. En Galicia el Condestable y el conde maestre de Santiago, dejaron por frontero en Jaen; á de Benavente y los aliados de ambos andaban alborotadon Juan de Silva, conde de Cifuentes, encomendaron dos ; cada cual de las partes pretendia apoderarse de el gobierno de Sevilla, por muerte de Diego de Mer los castillos de los obispos para desde allí hacer mal y lo, que falleció en aquel cargo á este tiempo. Compues daño a los contrarios. El rey don Fernando por atajar tas las cosas en esta forma, se fueron á Castilla; llega estos inconvenientes y bullicios mandó á don Hernanron á Madrid á la boca del invierno. En aquella villa se

do de Acuña , su gobernador en aquellas partes, que tuvieron Cortes á propósito de reformar con nuevas le ganando por la mano se apoderase de aquellas fuerzas. yes las hermandades que se ordenaron los años pasados, Resultó que como tuviese el Gobernador puesto cerco como queda dicho, para que no usasen mal del poder sobre el castillo de la ciudad de Lugo, don Pedro de y de la mano que tenian; querian otrosí que ayudasen Osorio, conde de Lemos, acudió con gentes en ayuda. para los gastos de la guerra. Acordaron de acudir para de su hermano, que era obispo de aquella ciudad; ocaayuda de la guerra de los moros, y se ofrecieron á pro sion de nueva guerra, que puso en necesidad al rey veer diez y seis mil bestias de carga para las vituallas don Fernando de salir de Madrid a los 11 de febrero del · yel bagaje de los soldados. Fuera desto el pontifice año 1483. No paró hasta llegar á Galicia; queria con

Sixto mandó contribuir a las iglesias con cien mil duca su presencia dar asiento en todas las cosas. En el misdos por una vez; concedió asimismo la cruzada a todos mo viaje le vino nueva de la muerte del conde de Lelos que a su costa fuesen á la guerra, por lo menos ayu mos; dejó por su heredero á don Rodrigo, su nieto, el dasen con ciertos maravedís para los gastos, lo cual se cual su hijo don Alonso hobo fuera de matrimonio. Su tornó á conceder el tercer año adelante; y deste prin abuelo con dispensacion del Pontifice le legitimo, y cipio, que se continuó adelante, ya todos los años se re puso durante su vida en posesion de aquel estado. Recoge por este medio gran dinero para los gastos reales; sultaron desto nuevos debates á causa que doña Juana, camino que inventaron en aquella sazon personas de hija del dicho Conde difunto, y casada con don Luis, ingenio, y que por semejantes arbitrios pretenden ade hijo del conde de Benavente, pretendia para sí aquel lantarse y ganar la gracia de los principes y ayudar á condado. Andaban alborotados sobre el caso hasta sus necesidades. Demás desto, tomaron de los cambios venir á las manos. El Rey, llegado á Galicia para sosey de otros particulares gran suma de dineros prestada. gallos, les mandó que, dejadas las armas, cada uno siLos aragoneses no querian recebir por virey á don Ra guiese su derecho por la via de justicia, con apercebimon Folch, conde de Cardona, que el Rey tenia seña miento de maltratar al que no se allanase , si bien se lado para este cargo; decian era contra sus fueros po inclinaba mas á la parte que poseia, es á saber, al nieto ner en el gobierno de su reino hombre extranjero. Hobo del difunto. Andaba ocupado en estos negocios en sademandas y respuestas; mas al fin el Rey temporizó con zon que los moros cerca de Málaga hicieron grande esellos , y nombró por virey.á su hijo don Alonso de Ara trago en los nuestros, que fué el desman mayor que gon, arzobispo de Zaragoza. Las cosas de Portugal asi sucedió en toda aquella guerra. Pedro Enriquez, ademismo y las de Navarra ponian en mayor cuidado á los laptado del Andalucia, recobrado que hobo con la ayureyes. Recelábanse no se revolviese y armase tan fue da del marqués de Cádiz à Cañete, villa de su estado, ra de sazon alguna guerra por aquellas partes. El rey procuró de reparalla, y deseaba vengarse de los mode Portugal trataba de casar á doña Juana , su prima, ros; por otra parte, don Alonso de Aguilar y el maestre hija de don Enrique, rey de Castilla, con el rey de Na- 1 de Santiago con un buen escuadron de los suyos, anivarra don Francisco Febo, que á esta sazon aun no era mados por algunas cosas que hicieron á su gusto, se muerto. Los de Navarra se inclinaban a la parte de determinaron entrar en tierra de moros. Asimismo don Francia. Para gauar al rey de Portugal los Rey y Reina į Juan de Silva , conde de Cifuentes, asistente de Sevile despacharon á Lope Datouguia, portugués de nacion, lla, acometió á ganar á Zahara con la gente de a cay á don Juan de Ortega , obispo de Coria. Al reino de ballo de aquella ciudad. Esta su pretension no tuvo Navarra fué Rodrigo Maldonado, en sazon que ya aquel ofecto. Despertólos empero para que con ocasion de

la gente que junta tonian se concertasen todos estos | ban, fueron muertos ochocientos, y entre ellos tres capitanes, divididos en tres escuadrones, de hacer en hermanos del marqués de Cádiz, es á saber, Diego, Lotrada en los campos de Málaga, tierra muy rica por los pe y Beltran, sin otros deudos suyos. El número de los ingenios y trato de la seda. Cuidaban por esta causa cautivos fué casi doblado; entre ellos cuatrocientos de seria la presa y cabalgada muy grande; el interés los lo mas noble de España. Algunos pocos con el Maestre punzaba , y mas á los soldados, que tienen el robo por se salvaron por los desiertos y matorrales, que con afan sueldo y la codicia por adalid. El suceso fué conforme llegaroná Antequera; otros, cada cual segun le guiaá los intentos que llevaban, y el remate muy triste. Hay ba la esperanza ó temor, fueron á parar á diversas parcerca de Málaga upos montes, que llaman Ajarquia, fra tes. Sucedió este desastre señalado á 21 de marzo, dia gosos y ásperos por las peñas y matorrales que tienen. de san Benito, que por entonces de alegre se mudó en Por aquella parte hicieron su entrada; talaron los cam triste y desgraciado para España. La mengua se igualó pos, robaron genles y ganados, pusieron fuego á las al daño. El caudillo de los moros, llamado Abohardil, alquerías y á las aldeas, sin perdonará cosa alguna, con hermano del rey Albohacen y gobernador de Málaga, tanto ánimo y denuedo, que algunos de nuestra gente con el buen suceso desta empresa ganó gran crédilo y de á caballo con el servor de su mocedad no pararon reputacion de esforzado y prudente entre los de su naLasta dar vista y llegar á las mismas puertas de Mála cion y aun para con los cristianos. ga; atrevimiento, no solo temerario, sino loco, con que irrilados los ciudadanos de Málaga y juntamente los

CAPITULO IV. que inoraban en aquellas monlañas , gente endurecida

Que el rey Mahomad Boabdil faé preso. por la aspereza de los lugares y embravecida por el daño, se apellidaron y se derramaron y los cercaron por Los ánimos de los cristianos en breve se conhorlatodas partes. Quisieran los fieles retirarse, si les die ron de la gran tristeza y lloro que les causó aquel deran lugar. Dos catninos se ofrecian para volver atrás; sastre, por otro mayor daño que hicieron en los moros, el mas llano por la ribera del mar era mas largo, y por i con que su atrevimiento se enfreno. Peleaban entre sí el castillo de Málaga que está por aquella parte, y los los dos reyes moros Albohacen y Boabdil con grande esteros que por allí lace el mar, peligroso; el otro por pertinacia y porfía; solamente concordaban en el odio do vinieron era mas corto, pero fragoso á causa de los

implacable y deseo que tenian de hacer mal á los crisbosques y monlañas que se traban unas de otras, en tianos. Ponian la espe

tianos. Ponian la esperanza de aventajarse contra la especial hay dos montes, que de tal manera se cierran parcialidad contraria en perseguir y hacer daño a los. y encadenan, que hacen en medio un valle muy hondo,

| nuestros, y por esta via ganar las voluntades y favor con un rio que pasa por medio y los divide en dos par- del pueblo. Por esto y por la victoria susodicha que .' tes. Abajaron los nuestros á aquel valle llenos de mie

| ganó su padre, Boabdil en competencia se resolvió do y embarazados con la presa que llevaban , cuando

| de acometer por otra parte las tierras de cristianos. por una parte se vieron acometer por los moros que Juntó un buen número de gente de á caballo y de á les venian á las espaldas, y por otra parte oyeron gran pié, así de los suyos como de la parcialidad contraria; de alarido de gente que les tenia atajado el paso, causa hizo entrada por la parte de Ecija; llevaba intento y de mayor espanto; además del cansancio con que ve- esperanza de apoderarse de Lucena , villa mas grande nian por el camino de dos dias y falta de comer, no po- y rica que fuerte. Dible este consejo Alatar, su suegro, dian pasar adelante, ni les era lícito volver atrás. Hi-,

licito volver atrás. Hie: persona que de muy bajo suelo, tanto, que fué mercerieron los moros y mataron muchos de nuestra gente' ro, á lo menos esto significa su nombre, por su gran con saetas y pelotas de arcabuces que les tiraban, como esfuerzo pasó por todos los grados de la milicia y llelos que estaban muy ejercitados en la puntería y tirar á aquella honra de tener por yerno al Rey, además al blanco. Venida la noche, fué mayor el miedo por

de las muy grandes riquezas que habia llegado; y esla escuridad, que todo lo hace mas espantable, y por la taba acostumbrado a hacer presas en tierra de cristiagrileria continua que los enemigos daban. Entonces el nos, en particular en la campiña de Lucena. Diego FerMaestre: «Hasta cuando, dijo, soldados, nos dejarémos nandez de Córdoba, alcaide de los Donceles, que era degollar como reses mudas? Con el hierro y con el es señor de aquel pueblo, junto con otros lugares que por fuerzo hemos de abrir camino; procurad á lo menos de allí tenia, luego que supo lo que los moros pretendian, vender caro las vidas y no morir sin vengaros.» Dichas | advirtió á su tio el conde de Cabra del peligro quo estas palabras, comenzó a subir la cuesta, llegaron con corria. A causa del estrago pasado quedaba muy po· dificultad á lo mas alto; allí fué la pelea mas brava , y | ca gente de á caballo por aquella comarca, fuera de que la matanza en especial de los nuestros muy grande. En- | Jos moradores de Lucena estaban amedrentados, y los tre otros murieron personas muy señaladas por su li muros no eran bastantes para resistir a los bárbaros. naje y hazañas. Al de Cádiz ciertas guias que halló | Llegaron los moros á 21 de abril. El Alcaide recogió los encaminaron por senderos extraordinarios, y le pusie | moradores á la parte mas alta del lugar. Fortificó otroron en salvo por otra parte. El escuadron del conde del sí con pertrechos, guarneció con soldados, que llegó Cifuentes, que era el postrero, recibió mayor daño; él hasta docientos de á caballo y ochocientos de á pié de mismo y su hermano Pedro de Silva fueron presos y los lugares comarcanos, lo mas bajo de la villa , por Devados á Granada. Parecia que todos pasmaban y entender que los moros acometerian por aquella parte. que tenian entorpecidos los miembros sin podellos me- | Fué mucho el esfuerzo de los soldados, tanto, que los pear; de dos mil y setecientos de á caballo que lleva- l enemigos perdieron la esperanza de ganar la villa ; mas

por alguna gente que perdieron en el combate y otros | victoria los Reyes, que a la sazon se hallaban en Madrid, que les hirieron, en venganza volvieron su rabia con acordaron, partir entre sí los negocios, que eran muy tra los olivares. Demás desto, Amete, abencerraje, con grandes. La reina doña Isabel fué á la raya de Navarra trecientos de á caballo dió la tala á la campiña de Mon para apresurar lo del casamiento de su hijo, por el tilla. Tenia este con el alcaide de Lucena Diego de gran deseo que tenian de impedir á los franceses la enCórdoba conocimiento y familiaridad á causa que los trada en España y la posesion del reino de Navarra. El años pasados los abencerrajes echados de Granada, es rey don Fernando se partió al Andalucía para cuidar tuvieron en Córdoba mucho tiempo. Hecho pues lo de la guerra. Salió de Madrid á 28 de abril; llegaque le encomendaron , vuelto á Lucena , convidó al Al do á Córdoba, se trató de hacer la guerra con mayocaide para tener habla con él, con intento, debajo de | res fuerzas y apercebimientos que antes, en especial color de amistad, de ponelle asechanzas y engañalle. que los moros por la prision del rey Chiquito se tornaUn engaño fué burlado con otro. Dió esperanza el Alcai ron á unir debajo de su rey Albohacen, que volvió al de de rendir el pueblo; con que entretuvo al enemigo señorío de Granada , dado que muchos de los ciudadahasta tanto que llegase el conde de Cabra. Como el nos, aunque sin cabeza, todavía perseveraban en su Bárbaro supo que se acercaba , alzados sus reales, co primera aficion, personas á quien ofendia la vejez, menzó á relirarse la vuelta de su tierra con la presa, crueldad y avaricia de aquel Rey. Juntaron los nuesque era muy grande. Los cercados, avisados de lo que tros á toda diligencia seis mil de á caballo y hasta cuapasaba, salieron de la villa, acometieron a la reta renta mil infantes; con este ejército volvieron á la guardia para impedilles el camino y entretenellos. En guerra. Iba por su caudillo el mismo rey don Fernando; tre tanto como llegase el conde de Cabra, se determinó hizo destruir los arrabales de lilora, y tomó por fuerza cargar á los enemigos, que iban turbados con el mie y echó por el suelo á Tajara , pueblo cerca de Granada, do, revuellos entre sí y sin ordenanza. Apenas los ve en cuya batería don Enrique Enriquez , tio del Rey y nideros creerán esto, que con ser los moros diez tanlos mayordomo de la casa real, fué herido, y para curalle en número, no pudieron sufrir la primera vista de los le enviaron á Alhama. Despues desto llegaron a la vecontrarios. Dios les quitó el entendimiento; y la fama, ga de Granada, en que hicieron grande destrozo, quecomo de ordinario acontece, de que el número de los maron y talaron todo lo que hallaban, y para mayor nuestros era mucho mayor los hizo atemorizar. Está seguridad de los gastadores, asentaron los reales en un up arroyo legua y media de Lucena en el mismo cami puesto fuerte, desde donde los enviaban guarnecidos no real de Loja; las riberas frescas con muchos fresnos, de soldados y con escolta á hacer daño en los campos sauces y tarais, y á la sazon por las lluvias del verano comarcanos, con tanto menor peligro suyo y mayor perlevaba mucha agua; la gente de á pié, pasado el arro juicio de los enemigos. El rey Albohacen, por no fiarse yo, se pusieron en huida sin olro ningun cuidado mas de los ciudadanos, no se atrevió a salir de la ciudad, de llevar la presa delante; la gente de á caballo, aun solo algunos pocos soldados se mostraban por los camque atemorizada por la misma carsa, hizo rostro. El pos con intento de prender a los que se desmandasen rey Bárbaro procuró animallos, dijoles :«Dónde vais, y pelear á su ventaja. Envió otrosí aquel Rey desde soldados? ¿Qué furor os ha cegado los entendimientos? Granada sus embajadores; prometia si le entregaban á ¿Por ventura estáis olvidados que estos son los mismos Boabdil, su hijo, que daria en trucque al conde de Cique poco há fueron vencidos por menor número de los fuentes y otros nueve de los mas principales cautivos nuestros? Tendréis pues vos y ellos en esta pelea que tenia; otras condiciones ofrecia para hacer confeJos ánimos que suelen tener los vencedores y vencidos.

deracion, pero insolentes y demasiadas. Era de su naMirad por la honra , por vos mismos y por lo que dirá la tural feroz, y ensoberbeciale mas la victoria que poco fama. ¿Pensais que á las manos entorpecidas pondrán antes ganara. El rey don Fernando rechazó las condien salvo los piés ? » Poco aprovecharon estas palabras. ciones, ca decia no ser venido para recebir leyes, sino Marcharon á priesa los cristianos; acometió por el un para dallas, y que no habia que tratar de paz en tanto costado don Alonso de Aguilar, que desde Antequera que no dejaba las armas. Los puestros eran aficionados con cuarenta de á caballo y algunos pocos peones mez á Boabdil; el favor y la misericordia tienen á las veces clados acudió a la fama del peligro. Los bárbaros, sea ímpetus veliementes. El marqués de Cádiz y otros no que sospechasen que el número era mayor, ó lo que cesaban de persuadir al Rey que le pusiese en libertad; yo mas creo, por habelos amedrentado Dios, dieron que por este medio sustentase los bandos y parcialidalas espaldas y se pusieron en huida. El Rey se apeó de des entre aquella gente, cosa muy perjudicial para ellos un caballo blanco en que iba aquel dia , procuró escon y muy á propósito para nuestros intentos. Acabadas derse entre los árboles y matas de aquel arroyo con del pues las talas y puesta guarnicion en Alhama, y por seo de escapar si pudiese. Halláronle allí tres peones, y cabeza don Iñigo Lopez de Mendoza, conde de Tendiél mismo porque no le malasen, dió aviso de quién era. lla, con órden, no solo de defender el pueblo, sino tamAsí le prendieron , y el Alcaide, que seguia el alcance, le bien de hacer salidas y robar las tierras comarcanas, mandó levar á Lucena. El estrago que hicieron los 2\\22\\2\§2§2ņģētiņ2/22/2ū2 ÂòÂ2âti2?§§2§2§2§22/22 nuestros hasta la noche en los que huian fué tal, que dado trajeron el Rey presó del castillo de Porcuna , puemataron mas de mil de á caballo, y entre ellos al blo que los antiguos llamaron Obulco. Como él se vió mismo Alatar, viejo de noventa años, y como cuatro en presencia del Rey, hincó la rodilla y pidióle la mano mil peones, parte quedaron muertos, parte presos; para besalla. Abrazole el Rey y hablóle con mucha juntamente les quitaron la presa. Con el aviso desta cortesía. Parecióle era justo tenelle respeto y honralle

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como á rey, dado que fuese bárbaro y su prisionero. / pagar y entretener los soldados moneda de cartones, Trataron de concertarse; finalmente, se hizo con estas de una parte su firma, y por la otra el valor de cada condiciones : que Boabdil diese en relienes á su hijo cual de las monedas, con promesa de trocallas con · mayor con otros doce hijos de los mas principales mo- | buena moneda y legal pasado aquel aprieto y necesiros para seguridad que no faltaria en la devocion , obe dad; traza notable y usada de grandes personajes. Esdiencia y homenaje del rey de Castilla; mandáronle te año, a 15 de noviembre, dió el Papa el capelo al obisotrosí que pagase cada un año doce mil escudos de tri- po de Girona don Juan de Melguerite, embajador por bulo, y viniese á las Cortes del reino cuando fuese avi- ! su Rey en aquella corte. Escribió de los reyes de España sado; demás desto, que por espacio de cinco años pu- | una breve historia , que intituló Paralipomena; pocos siese en libertad cuatrocientos esclavos eristianos. Con 1 meses gozo de aquella dignidad. Yace sepultado en Roesto le otorgaron libertad y licencia de quedarse en su ma en nuestra Señora del Pópulo. secla y le enviaron á su tierra. El rey don Fernando, puestas nuevas guarniciones por aquellas partes y se

CAPITULO V. ñalado Luis Fernandez Portocarrero para que en lugar del maestre de Santiago tuviese el gobierno de Ecija y

De las cosas de Navarra. cargo de aquella frontera , se partió de Córdoba para Los navarros no sosegaban; demás de las parcialidado la Reina le esperaba. En la misma sazon mil y qui- des antiguas, al presente, por el poco caso que hacia la nientos moros de á caballo y cuatro mil de á pié, debajo | gente de los que gobernaban , los odios tenian menos la conducta de Bejir, gobernador de Málaga, rompie- / enfrenados y reprimidos, sin que se pudiese entre ellos ron por la campiña de Utrera; mas fueron rechazados ! asentar una paz firme y duradera. Muchas veces se depor el esfuerzo de Portocarrero y del marqués de Cádiz, i jaron las armas, y muchas las tornaron á tomar. Estaque les salieron al encuentro, y los desbarataron cerca | ban las cosas de tal manera trabajadas, que apenas se de Guadalete con grande estrago que en ellos hicieron. ' pudieran reparar con una larga paz, cuando se emprenPara memoria de aquel servicio se despachó un privi- , dió de otra parte una nueva guerra. Juan , vizconde de legïo en que se concedió á los marqueses de Cádiz para Narbona, tio de la reina doña Catalina, pretendia aquel siempre jamás que todos los años hobiesen el vestido reino con achaque que cuando murió la reina doña Leoque los reyes vistiesen el dia de nuestra Señora de Se- i nor, su madre, él debia suceder como pariente mas tiembre, premio muy debido a sus hazañas y lealtad, cercano que los nietos, además que no podia mujer hemayormente que dentro del mismo mes, no solo desba- redar aquella corona; concluia que contra derecho y rató á los moros, como queda dicho, sino tambien re justicia aquella señora tomó la posesion de aquel reino. cobró á Zahara, que la tomó de sobresalto. Fueron los Esto decia y alegaba; la verdadera causa del daño era reyes don Fernando y doña Isabel á la ciudad de Victo- el poco caso que hacia de la Reina por ser mujer y por ria; tenian poca esperanza de efectuar aquel casamien- su poca edad; que de otra suerte, ¿qué derecho podia to que pretendian. Madama Madalena á persuasion del pretender, pues constaba que muchas veces los nietos se rey de Francia, su hermano, se excusaba con la edad preferian á los hijos menores, y aquel reino recayó en de los novios, que era muy desigual, ca el Principe era hembras diversas veces ? La mudanza de los principes y niño, y su hija casadera. Decia que semejantes casa- sus muertes dan ocasion á semejantes pretensiones, y la mientos pocas veces salen acertados. En aquella ciudad insaciable codicia de reinar no se mueve por alguna rael conde de Cabra y el alcaide de los Donceles por man zon ni se enfrena. No tenia esperanza de alcanzar por dado de los reyes fueron recebidos solemnemente, y bien y por via de justicia su pretension; con las armas para mas honrallos en compañía del cardenal de Tole- hizo que todo el condado de Fox le reconociese por sedo don Pero Gonzalez de Mendoza les salieron al en- | ñor, castillos y pueblos , parte de su voluntad, parte cuentro. toda la nobleza y todos los prelados; hopra por fuerza. Los mas favorecian sus intentos por la meque muy bien se les empleaba. En particular hicieron i moria que tenian de los señores pasados y por el miemerced al conde de Cabra de cien mil maravedís de ju- do y odio de sujetarse por medio del casamiento de la ro por toda su vida. Concediéronle otrosi que á sus ar- | Reina á algun señor extranjero. Para sosegar estos bumas antiguas añadiese y pintase en su escudo la cabeza | llicios tenian necesidad de mayores fuerzas, y las cosas de un rey coronado, y al derredor por orlo nueve ban- pedian algun varon que las gobernase. Pareció apresuderas en señal de otras tantas que ganó de los morosrar el casamiento de la Reina, sobre que resultaron cuando de sobre Lucena se retiraban , todo á propósito

nuevas dificultades. Madama Madalena, su madre, se de gratificar aquel servicio, y despertar á otros á em- inclinaba á la casar en Francia. Los navarros pretendian prender cosas grandes por la patria y por la religion. | tener por costumbre que se tratase y determinase en Cayóse con las aguas del invierno de repente gran par los estados y Cortes del reino del casamiento de sus rete de la muralla de Alhama; los soldados por miedo ves; que los matrimonios que sin dalles parte ó contra trataban de desamparar aquella plaza. El conde de su voluntad 'se efectuaban, siempre salieron desgraTendilla con prudente y presto consejo hizo tender unciados; en particular los moradores de Tudela protestalienzo en toda aquella abertura, pintado de tal manera, Iron que si de otra forma se hiciese, se entregarian al rey que parecia no faltar cosa alguna; con esto antes que don Fernando, el cual á la sazon en Tarazona tenia Corel enemigo advirtiese el engaño y fuese avisado de lotes de Aragon por principio del año 1484 , sin que haya que pasaba, tuvieron lugar de reparar lo caido y ase- | sucedido cosa memorable , sino que los catalanes al gurarse. Hizo otrosi por la grande falta de diuero para principio rehusaron de hallarse on ellas. Alegaban que,

conforme á sus fueros, no era lícito llamallos fuera de todo era necesaria la presencia del rey don Fernando. su provincia, pero al fin se conformaron con la volun- El caso pasó desta manera por la muerte del maestre tad del Rey. En el entre tanto doña Catalina , reina de de Montesa Luis Dezpuch, persona en aquella era de Navarra, se casó con Juan de Labrit, hijo de Alano, gran fama , prudencia y valor, bien así como cualquier persona muy noble, y que tenia grandes estados en otro de los muy nombrados, los caballeros de aquella Francia, es á saber, lo de Perigucux, lo de Limoges, lo órden pusieron en su lugar á don Filipe Boil. Alegaba de Dreux, sin otros pueblos y señoríos. Deste casa- | contra esta eleccion el rey don Fernando que el sumo miento resultaron nuevas alteraciones en Navarra. El Pontifice le concediera una bula , en que disponia que reydon Fernando, con intento de aprovecharse del tem sin su voluntad no pudiese ser elegido de nuevo ningun poral turbio para ensanchar su estado y vengar la poca maestre; las voluntades de los reyes son vehementes, así cuenta que dél se tuvo, al contrario de lo que antes hizo, fué necesario que, depuesto el nuevo electo, sucediese él se quedó en aquella comarca, y envió á la Reina á la en su lugar don Filipe de Aragon, sobrino del Rey, hijo Andalucía para aprestar lo necesario para continuar la de don Carlos, principe de Viana, que, aunque señalado guerra de los moros. Las cosas no daban lugar a des- por arzobispo de Palermo, se contento de trocar aquella cuidarse, ca tenian aviso que todavía el poder de Albo dignidad con el maestrazgo de Montesa. Demás deslo, hacen iba en aumento, y que tenia debajo de su obe el pontífice Sisto por la muerte de don Iñigo Manrique, diencia casi toda aquella nacion ; que su hijo apenas arzobispo de Sevilla, dió aquella iglesia al cardenal Rodentro de la ciudad de Almería que la tenia por suya, y drigo de Borgia , cosa que sintió mucho el rey don Fercon poca gente que se le arrimaba , conservaba el nom nando, hasta mandar prender á Pero Luis, duque de bre de rey. La principal causa desta mudanza era que Gandía, hijo que era de aquel Cardenal; torcedor con aquella gente le aborrecia como renegado, por lo menos que al fin alcanzó que, revocada la primera gracia, don aficionado á los cristianos. Los predicadores que su Diego de Mendoza, obispo que era de Palencia, fuese padre envió por todas partes no cesaban de maldecille hecho arzobispo de Sevilla por contemplacion de su y declaralle al pueblo por blasfemo y descomulgado. De hermano el conde de Tendilla y de su tio el cardenal de nuestra parte las gentes de Córdoba y de Sevilla, en nú España. Por esta eleccion don Alonso de Burgos, que mero de mas de diez mil hombres, por el mes de abril, | era obispo de Cuenca, pasó al obispado de Palencia; á por toda la campiña de Málaga, talaron las mieses que Cuenca don Alonso de Fonseca, obispo de Avila; el estaban ya para segarse, con que pusieron grande es- obispado de Avila se dió á fray Hernando de Talavera, panto , y con los grandes daños que hicieron, se salis prior en Valladolid de nuestra Señora de Prado. Desta ficieron en el mismo lugar del que se recibió el año manera en España los reyes pretendian fundar el derepasado. Sobre todo pretendian y confiaban que los mo- cho de nombrar los prelados de las iglesias. La revuelta ros, cansados con tantos males, en fin se vendrianá suje que andaba en Italia fué causa que en muchas cosas se tar, pues de Africa no les venia socorro ninguno, á lo me disimulase con los principes; y aun en esta misma sanos de importancia, sea por estar aquella gente embara zon se emprendió entre los venecianos y neapolitanos zada en sus guerras, sea porque los nuestros con sus una nueva guerra. La ocasion fué ligera; la alteracion armadas, como señores que eran del mar, no daban lu grande por acudir los demás príncipes de Italia, unos á gar á los contrarios de rebullirse. Esto dió ocasion y avi una parte, otros á otra. El principio y causa desla guerlenteza á los ginoveses para que debajo de la conducta ra fué que los venecianos pretendian maltratar á Hérde un cosario llamado Jordieto Doria, trabajasen las ri cules, duque de Ferrara, y los de Nápoles acudieron á beras de Cataluña y de Valencia, que se hallaban sin su defensa por estar casado con una hija de don Ferarmada. Robaron, quemaron y mataron todo lo que nando, rey de Nápoles. En lo mas recio desta guerra hallaban. Fueron los ginoveses antiguamente competi falleció el papa Sixto á 12 de agosto. Sucedióle el cardores por el mar de los catalanes, y al presente les dió denal Juan Bautista Cibo, natural de Génova, con nomlugar para desmandarse cierta discordia que resultó en bre que tomó de Inocencio VIII. En el mismo tiempo paaquella ciudad, y la poca autoridad que por esta causa só otrosí desta vida don Iñigo Davalos, hijo del condesaquella repúl·lica tenia. Fué así, que á Pedro Fregoso, table don Ruy Lopez Davalos. Tuvo este caballero gran duque de aquella señoría, echó de la ciudad y despojó | cabida con los reyes de Nápoles; alcanzó grandes riquede su dignidad Paulo Fregoso, arzobispo de Génova y zas, y fue muy señalado, bien así como cualquier otro, cardenal, sin tener consideracion al parentesco que los en las armas. De su mujer Antonela , hija de Bernardo, dos tenian. Cargábale que llamaba á los duques de Mi-| conde de Aquino y marqués de Pescara, dejó muchos lan para entregalles aquella ciudad. Erales al pueblo hijos; el mayor se llamó don Alonso y le sucedió en el muy pesado que los milaneses, malos antes de sufrir, | marquesado; demás dél á Martin, Rodrigo y Iñigo, que volviesen á gobernallos; además que por haber gusta fué marqués del Vasto; fuera destos á Emundo y una do una vez la libertad, no podian llevar el señorío de hija, llamada doña Costanza, personas de quien desninguno, puesto que fuese muy blando, ni sabian tem- cienden muchos principes de Italia. En especial don plarse en sus pasiones. Lo que resultó fué que se apa Fernando, marqués de Pescara , hijo de don Alonso, rejó á costa de aquel reino en Valencia una nueva ar con sus muchas hazañas que obró en tiempo de puesmada, y por su capitan Mateo Escrivá, á propósito de tros padres y con su valor hinchó á lialia y á todo el reprimir el orgullo de los cosarios y defender nuestras mundo con su fama, ca fué grande caudillo en la guerra, riberas. Demás desto, las cosas eclesiásticas andaban y se pudo comparar con muchos de los antiguos. Iñigo tambien revueltas en aquellos estados y corona; para Davalos fué padre de don Alonso, marqués del Vasto,

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