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DEL REY

Y

DE LA INSTITUCION REAL.

LIBRO PRIMERO.

PROLOGO

solo por sus grandes recuerdos religiosos, sino tamdirigido á Felipe III, rey católico de Espalía.

bien por la majestad que le dan sus árboles seculares y

sobre todo la circunstancia de estar siluado en un Hay en los confines de los carpetanos, de los vecto- lugar eminente, desde el cual puede abrazar la visia un nes y de la antigua Lusitania una ciudad noble y fa- vastísimo horizonte. Perleneció, segun dicen, á los mosa, cuna de grandes ingenios, que Plolemeo llama templarios, pero hoy no es mas que una abadia del arLibora, Livio Ebora, los godos Elbora, y nosotros Tala- zobispado de Toledo muy destruida y desierta, de la vera. Está sentada en un valle, de cuatro mil pasos de cual apenasquedan ya mas que las paredes y dos sepulanchura por aquella parte, y de mas algo mas arriba, cros de piedra, de antigua y desusada forma. No hay que cortan muchos rios de amenísimas riberas, entre en ella ni una pequeña capilla, falta que ignorarnos á quó ellos el Tajo, célebre por sus brillantes arenas de oro, deba atribuirse, si ya no es á que hacia el septentrion, por su extenso cauce y por los muchísimos arroyos que debajo de aquel mismo templo, hay una muy tosca y le dan tributo. Besan hacia el norte las aguas de este rudamente fabricada en una llanura circuida por todas rio las firmes murallas de aquel antiguo municipio, de

partes de collados y plantada de añosas y robustísimas sendidas á trechos por numerosas y elevadas torres de encinas. Es esta humilde capilla, a pesar de lo pobre, imponente aspecto.

muy venerada de todos los pueblos del contorno, y mas Es indudablemente Talavera digna de grandes elo- que todo notable por un jardin adjunto, donde brillan gios, tanto, que entre callar 6 extenderse poco en ellos las aguas de una fuente inagotable bajo la sombra de creemos que, siéndoles deudores de la primera luz que castaños y nogales, ciruelos, morales y otros árboles vimos, nos conviene mas guardar silepcio. Debemos, de que abundan aquel lugar y sus alrededores. No sin sin embargo, atendido nuestro actual propósito, añadir razon se hą creido que pudo ser tan deliciosa llanura que á no mucha distancia, en el camino de Avila, se consagrada' á Diana, diosa tutelar de los bosques para levanta á manera de meta un cerro, separado de cuan- los antiguos, opinion que nos permite hasta cierto tos le rodean, muy quebrado, de áspera y dificilísima punto seguir una inscripcion romana, concebida en pendiente y de unos cuatro mil pasos de circunferencia. estos términos: Está poblado de muchas aldeas, cubierto de bosques, dotado de frescas y abundantes aguas, enriquecido con una tierra que satisface las esperanzas del colono, libre de todos esos males que tan á menudo afligen otros países no tan afortunados. Tiene en la cumbre, allá en En lugar de Togoti creo que podria leerse Toxoti, la parte del norte, que es la mas fragosa , una cueva de epíteto dado muy frecuentemente á aquella Diosa por estrecha y trabajosa entrada , noble asilo de san Vicente el arco y las flechas de que la pintaron casi siempre y de sus hermanas cuando para evitar la cólera de Da- armada. Es además la temperatura de aquel lugar adciano tuvieron que dejar los muros de Elbora; y á corto mirable hasta en la estacion en que arden abrasados por trecho las ruinas de un templo consagrado á aquel el sol el campo y las ciudades. De noche como de dia Santo, insigne en otro tiempo, y aun ahora notable, no puede uno pasar las horas sin molestia y sia fatiga , ya

TOGOTI
L. VIBIUS
PRISCUS
EX Voro.

abrirse paso

bajo la copa de los árboles, ya bajo el sencillo techo de reconoce en él al verdadero cántabro. Soliamos, apenas una rústica cabaña. Soplan templadísimos vientos puros bajaba el sol al occidente, trasladarnos á la cercana y libres de todo miasma, brotan de todas partes las mas cumbre, desde la cual podiamos, a pesar de la distancia, frescas aguas, corren acá y acullá fuentes cristalinas, co- contemplar los monumentos de Toledo cuando no emsas todas por las que no sin razon fué aquel lugar llamado pañaba nubecilla alguna aquel sereno y trasparente Piélago. Alegre es alli el sol, alegre el cielo, alegre por cielo. Recreado el únimo con tan agradable vista y sodemás la tierra, cubierta de tomillo, borraja, acedera, bre todo por el contraste de aquella dulce tranquilidad peonía y mucho mas de yezgos y de helechos. Baste con el bullicio de las ciudades, nos poniamos entonces

el rezar de á campos : tal á tan agradable se presenta en ellos el cielo en tiempo las suavísimas auras que alliincesantemente se respiran. de verano. Suministran abundantemenle los pueblos Aconteció aquel dia que, concluida mas pronto de lo y las alileas vecinas todo lo necesario para la vida, ) regular nuestra tarea, estábamos contemplando los uvas, ligos, peras que pueden sostener la compa- muchos árboles que yacen en el bosque arrancados por racion con las mejores , jamones excelentes, peces, la mano de los hombres ó por la fuerza de los vientos aves, carnes y vinos que podrian hacernos olvidar la desde el pie de una añosa encina, de bendido tronco, patria. Es verdaderamente de admirar que reuniendo pero de extensas ramas, por cuyo follaje podian apenas tantas y tan buenas dotes , estén aun aquellos lugares

los rayos de la luna. Allí, como de ordinafallos de quintas, ni hayan merecido ser durante los rio acontece, nos acordamos de las últimas cartas reci. rigores del agosto moradas de recreo y de placer para bidas, é hicimos naluralmente recaer la conversacion, los ricos, que difícilmente podrán encontrar otros mas oli Príncipe, en tus sabios maestros el marqués de la Veamenos, saludables ni fecundos. ¿Podemos-ignorar lada y García Loaisa, varones eminentes, cuyos domi-, empero que suele medirse por la renta que producen nios y propiedades patrimoniales cabe descubrir desde la fama y la lierinosura de las comarcas, y que los aquel monte, liombres ya en nuestros tiempos escasos, mas arreglan á lo que les es úlil sus deseos?

de singular moderacion, de rempladas costumbres, no Pasó un veranoá vivir en aquel monte mi amigo Calde- grande amabilidad y prudencia, que conservan aun to la ron, uno de nuestros primeros y mas notables teólogos, la gravedad de nuestros antiguos nobles, y acre litan canónigo, por su mucho saber y erudicion, de la iglesia con solo haber sido elegilos para tus maestros el gran de Toledo, el cual, sintiendo quebrantada su salud por tacto del Rey, confirmado ya como superior al de todos el trabajo y deseando hallar un lugará propósito contra los demás mortales por tantos y tan insignes hechos. los ardores de la estacion, no sé si por la casualidad ó Me prohibe referir el pudor todo lo que á este propósito aconsejado, lo eligió como el que mas podia contribuir se dijo , que fue mucho. ú reparar sus suerzas. Con la confianza que siempre me Mediaron á poco unos cortos instantes de silencio, trala me invitó, estando yo en Toledo, á que pasase á

despues de los cuales grande, dije, es el cargo de eduvivir con él para que se le hiciese mas agradable aquella car á nuestro Príncipe, grande el de cultivar el ingenio soledad, donde despues de haber invertido el tiempo y formar las costumbres de aquel cuyo imperio, despies necesario en el rezo, la misa y la lectura, nos entregá- que hayamos conquistado Portugal, cosa no muy iejabamos á eruditas y amistosas conversaciones, que nos na, ha de tener por límites las mismas fronteras del servian de gran placer y esparcimiento. Accedi á los Océano y la tierra. ¿Puede haber cosa de mayor trasdeseos del amigo, y no me peso á la verdad, pues nunca cendencia que el que se descuiden ó se esmeren en insbrillaron para ini dias tan alegres ni tan claros ; tan truirle ? Es tanto mas de agradecer el desempeño de dulce y lan agradable era la sociedad en que viviamos. este cargo, cuanto que, inclinada siempre la multitud Solo nos molestaba algun tanto lo incómoda que era á lo peor, si hace el príncipe progresos, los atribuye nuestra vivienda, poco limpia, demasiado humilde, y lo por entero á su alto rango , á su nobleza , á sús exceque es mas, abierta por no pocas partes a las inclemen- lentes facultades; si falta , cosa nada extraña en molio cias del cielo, incomodidades que se prestó aun á reme- de tanta abundancia, y sobre todo en medio de las lidiar un propietario de una aldea vecina, nada mezquino cenciosas costumbres de palacio, la envidia ó la malepor cierto, edificando para el próximo verano á su costa dicencia lo achaca á las supuestas faltas de sus maestros. y sobre el plan que le dimos una casa que, aunque de Así seria , dijo Suasola , si para algo le hiciesen filta modesta estructura, habia de ser para nosotros luego al Principe esos profesores; pero ¿tiene acaso mas que de concluida comparable con el mas soberbio palacio irse formando con los ejemplos de su sabio padre, cude los reyes.

yas huellas empieza a seguir ya con seguro y firme paAndábamos ocupados en la construccion de este edi- so? ¿Para que han de servir además las letras á un-prinficio, cuando recibimos, principe Felipe, de lu maestro cipe de España? ¿Debe acaso languidecer en el estu lio Garcia Loaisa carlas llenas de bondad y cortesía y con y palidecer en la sombra el que solo ha de cuidar de las cllas las cruditas y elegantes conferencias que bajo su armas y los negocios de la guerra ? Nuestra liistoria direccion tuviste sobre la gramática de Lorenzo. Estaba nacional nos presenta á cada paso principes que, sin á la sazon con nosotros Suasola, varon docto y prudente, liaberse dedicado nunca á las lelras, alcanzaron gloria que venia frecuentemente á confesarnos desde el vecino y renombre, tanto por lo que hicieron en la paz como por pueblo de Navamorcuende, sugeto de tan claro ingenio lo que llevaron á cabo en los campos de batalla. ¿Nos y de tan candorosas costumbres, que con facilidad se lennos olvidado ya del Cid, de Fernando el Católico, cuyas cenizas están aun calientes, y de otros muchos va- ! Mas į á qué esperar tanto? repusieron mis amigos. rones ilustres, que sin el auxilio de las artes y las cien- Tenemos ahora lugar y tiempo; y puesto que nos has cias triunfaron noblemente de sus enemigos solo por hecho ya mencion de tu trabajo , deseamos con avidez su educacion militar y la grandeza de sus almas? oir lo que sobre tan grave asunto recogiste, bien nos

Extraño, repliqué yo entonces, que hombres como lo leas, bien nos lo recites de memoria en esta y las sitú quieran darnos principus Loscos y sin instruccion al- guientes noches. No tememos que nos sea pesado el guna, es decir, troncos ó piedras sin ojos, sin orejas, trabajo de castigar tu obra, ni rehusamos tampoco ade sin sentido; ¿es pues acaso mas el hombre que no ha vertirle lo que, segun nuestro parecer, merezca correcultivado las letras ni las artes liberales ? Sacas á plaza girse. el carácter verdaderamente varonil y militar de nues- Bien, dije, acepto pues la condicion, amo y amé tros compatricios; mas; crees acaso que no exigen co- siempre la franqueza. Tengo para mí que es de personocimientos los negocios de la guerra ? No sin razon nas delicadas y no de amigos querer menos ser el autor pintó armada la antigüedad á la diosa Minerva, ni sin de un libro que recibirle castigado por la mano de otro razon la miró á la vez como la diosa de la sabiduría y de amigo. Voy pues, si os place, á empezar la explicacion la guerra; quiso con esto indicar que así como las ar- de mis Comentarios, dejándolo lan solo cuando así lo tes de la paz se encuentran guardadas á la sombra de

exija el tiempo ó vuestro cansancio en oirme. las armas, así las de la guerra no pueden florecer sin el No, no, repuso Calderon, nosotros deseamos ya arauxilio de la sabiduría. ¿Es por otra parte comparable dientemente oirte; me atrevo á asegurarlo hasta en el número de nuestros indoctos capitanes con los mu- nombre de Suasola. ¿ Qué cosa puede haber mas agrachos que se aventajaron en las letras y en todo género de dable mientras se está disponiendo la cena que oir haconocimientos ? Debes además advertir cuánto mas blar sobre el modo de educar á un príncipe ? Qué mas admirables hubieran sido los príncipes de que hablas agradable que secundar lus nobles esfuerzos en lo que si á sus excelentes facultades hubiesen añadido el cul- sea necesario y nosotros alcancemos? tivo de su ingenio. Divino Platon, no sin motivo so- Agradezco, dije á la sazon, en lo que debo vuestra lias tú decir que no habian de ser felices las repúblicas favorable disposicion para conmigo; solo siento que hasta que eni pezasen á gobernarlas los filósofos ó á lilo- mis facultades oratorias no corran al par de vuestra sofar los reyes. Nadic lampoco puede ignorar cuánto y erudicion ni de vuestras esperanzas. Si Sócrates decon cuánta frecuencia recomiendan las sagradas letras biendo vituperar el amor en presencia de Fedro, no se á los principes el estudio de las ciencias.

atrevió á hacerlo sin cubrirse antes con su manto la Es cierto, dijo Calderon, mas conviene que no lo lle- cabeza , ¿cuánto mas no debo sonrojarme yo al pasar ves al extremo; un príncipe no debe tampoco invertir á desenvolver mis pobres pensamientos delante de un en las letras todos los años de su vida ni buscar en la varon instruidísimo que hace tanto tiempo está expliextension de sus conocimientos una inútil gloria; su cando teología en Alcalá con universal aplauso de las verdadera sabiduría ha de consistir mas en el temor gentes? No he salido, por otra parte, nunca de la vida de Dios y en la inteligencia de las leyes divinas que en privada : ¿qué podré decir sin temor acerca de la malas artes y la ciencia de la tierra.

nera de educar é instruir á un principe? No parecerá ya Si, repliqué yo con algun calor, convengo en que el en mí atrevimiento, sino teineridad y hasta impudeilculto de la divinidad es el principal fruto de la sabidu- cia. ¿Si correré yo la suerte de aquel anciano Formion ría; mas no me negarás que adornado el príncipe del que se atrevió á hablar del arte militar delante del gran conocimiento de otras artes liberales, llegará á tener capitan cartaginés Aníbal ? Mucho he de temer en visalgo de grande y de divino; no me negarás que si se la 'de este ejemplo que no recoja en vez de alabauzas le instruye desde niño, como aconsejan la razon y la ex- carcajadas y sea vituperado al fiu de necio y loco. periencia, podrá hacer muchos adelantos en sus pri- ¿Mas cómo? dijo Calderon, no hay para qué temas; meros años, sobre todo si está dotado de ese ingenio liquién podrá hallar mal que de tu mucha lectura hayas y de esa fácil y tenaz memoria que alribuye la fama á sacado preceptos saludables, confirmados por la apronuestro Príncipe y confirman varones eminentes. Se bacion de todos los siglos y naciones, y sobre todo por la alcanzarán cultivándole increibles resultados; los cam- experiencia de los hombres mas ilustres ? Podrias adepos de que no cuida la mano del hombre, cuanto son más escudarte con el ejemplo de Platon, Aristóteles y naturalmente mas fecundos, tanto mas y mas pronto se olros filósofos, que sin haber intervenido nunca en los cubren de espinas y de nocivas yerbas. Pero he liablado negocios de la república, escribieron sutil y prudenteya mucho acerca de esto en los Comentarios que escri- mente sobre el modo de constituirla, ya por lo que bí dias pasados sobre el monarca y la institucion mo- leyeron, ya por lo que les inspiró su aventajado innárquica. He de dároslos á conocer para que los corri- genio. jais en cuanto los tenga limados. No solo encontraréis Es preciso, sin embargo, evitar el fastidio, dije, y in ellos cosas relativas á la instruccion del Príncipe; alender además á que estamos en verano; os daré á veréis además mis' opiniones sobre la manera de for- conocer por partes mis ideas durante los ratos que tenmarle é inocularle las costumbres propias de su rango, gamos de ocio en los dias sucesivos. Si algo os parece cosa en que debiamos fijar principalmente nuestras diguo de censura, ó lo vemos de noche ó despues de miras. Si lo he hecho bien o mal, lo juzgaréis vosotros; concluida la lectura de la obra; no sea que crezca muestoy pronto á hacer las enmiendas que os parezcan cho el libro si conferenciamos en particular sobre cada oportunas.

uno de los puntos de que trata. Podeis además así corM-11,

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regir mi obra sin necesidad de que entremos en cues- entre la benignidad del rey y la crueldad del tirano, tiones enojosas. El papel, como suele decirse, no se de la gloria que se puede alcanzar malando al principo sonroja; y bueno será tambien que miremos algo por que se atreva á violar las leyes del Estado, por mas nuestro amor propio, aunque no sea tan delicado como que sea esto de sentir profundamente. Explico hasta el de muchos hombres. Empezaré, si os parece, mi ta- dónde llegan los límites del poder real, y examino si el rea explicando los motivos que me indujeron á escribir de las repúblicas es mayor que el de los reyes, para lo mi libro , y os manifestaré luego sus principales divi- cual indico los argumentos emitidos por una y otra siones, á fin de que me esteis mas atentos y mas pre- parte. parados para mi lectura.

Señalados ya los términos de la potestad real, conPlácenos, dijeron entrambos; satisfarás así nuestros sagro el libro segundo a la manera cómo han de ser deseos y te evitarás la molestia de tener que entrar en educados é instruidos los príncipes desde sus primeros contiendas literarias, para las cuales no te vemos hace años, deteniéndome, por considerarlas como las que mas ya mucho tiempo dispuesto.

pueden adornarlos y servirles para la direccion de los Efectivamente, repuse, cambian mucho con la edad negocios públicos, en la honestidad, la clemencia, la lilas inclinaciones; jóvenes, amamos el ruido y las dis- beralidad, la grandeza de alma, el amor á la gloria y putas; ya de mas edad, no sentimos amor sino por el sobre todo el culto de nuestra santa religion, el mas tranquilo estudio de las letras. Mas es hora ya de que poderoso tal vez para dominar y cautivar el ánimo de la empiece á cumplir con lo que deseais y con la promesa muchedumbre. que os he hecho. Años atrás, cuando á mi regreso de Trato por fin en el tercer libro de las obligaciones de Italia y Francia fijé mi residencia en Toledo, empleé los reyes, para lo cual he sacado de la mas profunda fialgunos años en escribir en latin una Historia General losofía y del ejemplo de los varones mas ilustres los de España, única cosa que nos faltaba y pedian con preceptos que se deben dar al príncipe al llegar a la instancia naturales y extranjeros. Tuve en tanto lugar mayor edad para que no caiga en error por ignorancia de fijar la atencion en grandes y numerosos ejemplos ó por descuido. Explico cómo debe ser gobernada la de varones principales, ejemplos que creí de mucha república en tiempo de paz, defendida en la guerra y importancia recoger en un solo cuerpo de obra mien- si conviene ser ensanchada y dilatada ya por contralo, tras daba á luz mi historia para dispertar algun tanto el ya por la fuerza de las armas. Examino á quiénes debe gusto de los lectores, ya por los liechos de nuestra na- encargarse la administracion de la justicia, quiénes cion, ya por trabajos de la naturaleza de los que yo em- deben entender mas directamente en los negocios de prendia. Observé además que con estos ejemplos y pre- la guerra, cómo y con qué recursos puede hacerse, ceptos podia contribuir tal vez á formar nuestro prín- hasla qué punto puesen exigirse tributos, cuánto y cuán cipe Felipe, llenando así los deseos de nuestro maestro grande ha de ser el respeto á la justicia, qué motivo que me habia rogado en muchas cartas le hiciese ob- legítimo tienen las diversiones públicas y hasta que

servar todo lo que a mi modo de ver podia hacer para punto deben permitirse, cuánto cuidado ha de ponerse i el mejor desempeño de su difícil cargo. Obró él como en no consentir innovaciones peligrosas en materias de

varon prudente solicitando con tanta modestia el auxi- religion, sin cuya pureza es imposible que subsista una lio aun de los que menos valen; y hubiera creido ha- república. cerme acreedor á la nota de ingrato, cosa que recha- Pongo en este punto fin á mi larga controversia. zan mis costumbres, si no hubiese correspondido de Espero que la examinaréis detenidamente en vuestras algun modo á tan grande amistad y deferencia. Escribí horas de ocio, convencidos de que cuanto mas severos entonces solo lo necesario para llenar este deber sa- seais en la censura , tanto mayor ha de ser para vosgrado, mas reservándome siempre dejar lo demás para otros mi agradecimiento, pues no he podido aprobar este libro.

nunca la conducta de aquellos que para evitar una liAprobamos, dijo entonces Calderon, la ocasion que gera molestia cuidan poco ó nada de la opinion que los para escribir has escogido. ¿Quién podrá vituperar demás han de formar de sus amigos. Los mas prudennunca con razon que hayas querido emplear tụs fuer- tes médicos son los que menos consideraciones guarzas en cuestiones de la mayor y mas conocida tras- dan al enfermo; la indulgencia tiene siempre sus pecendencia? No falta ahora sino que cumplas tu pro- ligros. mesa antes que llegue el tiempo de volvernos.

Dicho esto, nos levantamos á instancias de nuestros Sí, añadió Suasola, porque ya me parece que nos criados Ferrera y Navarro, que empezaban á darnos están llamando nuestros fastidiosos é importunos cria- prisa , diciéndonos una y otra vez que estaba dispuesta dos.

la cena; no hubiéramos luego ido á atribuir a culpa He dividido pues mi obra, continué, en tres libros, suya lo que no era sino una consecuencia de nuestra y cada libro en capítulos para evitar el fastidio que na- tardanza. Volvímonos por el mismo punto, Calderon, á turalmente produce todo asunto tratado sin que estén causa de su gran debilidad, á caballo de una mula, y compartidas sus diferentes partes. Es indudable que se los demás á pié, procurando divertir con fábulas y nos hace menos pesado el camino cuando le vemos di- cuentos lo largo y moles del camino. Llegados que vidido á trechos por miliarios. Trato en el primer libro hubimos a la capilla, saludamos a la Virgen, arrodillándel origen de la potestad real, de la utilidad relativa donos, como de costumbre, ante su sagrada imágen; de esta forma de gobierno, del derecho hereditario pasamos luego á la cena, mas agradable que por otra cntre agnados y cognados, de la diferencia que media cosa alguna por nuestras eruditas conversaciones; y cuando estaban ya en su descenso las estrellas y la luna opiniones seguir para adolarles, no habia nunca cuesa poca distancia de su ocaso, nos sentamos bajo la es- tiones de lérminos, no liabia guerras que suesen á perpesa sombra de un castaño vecino, donde pasamos la turbar el curso de su tranquila vida. La insaciable y mayor parte de la noche en modestas bromas respiran- sórdida avaricia no habia aun interceptado y acaparado do las apacibles auras que á la sazon soplaban. para sí los beneficios de la naturaleza; antes, como dice Hé aquí pues en resúmen, príncipe Felipe, lo que

el poeta: me atrevo á dedicar tal cual es á tu augusto nombre, sin

Mallebant tenui contenti vivere cultu :

Me signare quidem, aut parliri limite campum que me mueva á ello otra ambicion que la de hacerte

Fas crat, un pequeño obsequio, fomentar el desarrollo de tus grandes virtudes y esclarecido ingenio, y por estos bienes con los que hubieran podido igualar en felicidad mismos esfuerzos merecer bien de toda la república. y convidar hasta los que habitaban en el cielo, si no Aunque pues estando educado en un palacio lleno de hubiesen carecido por otra parte de cosas pecesarias y gravedad y sabiduría, entre varones prudentísimos, la debilidad del cuerpo no les hubiese hecho tan sensiy lo que mas es, à la sombra de tan gran padre y lan bles á las impresiones del aire y á otras inclemencias. eruditos profesores, no pueden faltarte preceptos exce- Sabia empero Dios, creador y padre del género Jentes y de gran filosofia, he pensado que no podrás de- humano, que no hay cosa como la amistad y la caridad jar de confirmarlos mas y mas leyéndolos en este libro, mútua entre los hombres, y que para excitarlas era y aun observando otros que me parecen de gran fuerza preciso reunirlos en un solo lugar y bajo el imperio de para determinar la conducta privada y gobernar con unas mismas leyes. Habíales concedido ya la facultad acierto los imperios. De pequeñas cosas nacen á veces de hablar para que pudiesen asociarse y comunicarse las mayores; y no es bueno despreciar lo que puede sus pensamientos, cosa que ya de por sí fomenta mucon el tiempo llegar a ser de gravísima importancia. cho el amor mútuo; y para mas obligarlos á querer lo Antes empero de entrar en materia, te ruego, Príncipe, que estaba ya en sus facultades, les creó sujetos á neque no tomes á mal mi trabajo y procures correspon- cesidades y expuestos á muchos males y peligros, para der

ya á tu buen carácter , ya á la nobleza de lus ante- satisfacer y obviar los cuales fuese indispensable la pasados. Te suplico; oh Dios! que favorezcas nuestros concurrencia de la fuerza y habilidad de muchos. Dió esfuerzos y perpetúes tus excelsos dones, es decir, las á los demás animales con que comiesen y se cubriesen grandes dotes de su alma y de su cuerpo. ¡Ah! Oye con contra la intemperie; armó á los unos de cuernos, benignidad mi súplica y ya por tu liberalidad, ya por dientes y uñas para que pudieran rechazar los atala intercesion de la castísima Virgen, tu madre, haz ques exteriores; dotó á los otros de ligeros piés para que el éxito iguale por lo menos la esperanza.

que les fuese fácil salvarse de iominentes riesgos; pero

abandonó al hombre á las miserias de la vida , dejándoCAPITULO PRIMERO.

le desnudo é inerme como al desgraciado náufrago que

acaba de ver sumergida su fortuna en el fondo de los El hombre es por sa naturaleza animal sociable."

mares. Nacemos y no sabemos siquiera buscar el pecho En un principio los hombres como las fieras anda- que ha de alimentarnos, no podemos sobrellevar las ban errantes por el mundo; ni tenian hogar fijo, ni pen- inclemencias del cielo, no nos es dado movernos por sa ban masque en conservar la vida y obedecer al agra- nosotros mismos, mientras no salgan los pies de su endable instinto de procrear y'de educar la prole. Ni liabia torpecimiento. Empezamos esta miserable vida con el leyes que les obligasen ni jefes que les mandasen; solo suspiro en nuestros labios y el llanto en nuestros ojos, sí por cierto impulso de la naturaleza tributaba cada presagio cierto de la infelicidad que nos apremia y de familia el mayor respeto al que por su edad parecia las desventuras que nos amenazan; seguimos, conforme tener sobre todos una decidida preferencia. Verdad es á estos principios, privados de una iufinidad de cosas, que a medida que iban los hombres aumentando en nú- que no solo no podemos proporcionarnos individualmero, iban presentando, aunque vaga y rudamente, las mente, sino que ni aun con el auxilio de un reducido formas de la sociedad, ó por mejor decir, de un pueblo. número de gentes. Faltaba el jefe de la familia, bien fuese el abuelo, bien ¿Cuántos artesanos y cuánta industria no son necesael padre, é hijos y nietos se distribuian en diversos rias para cardar el lino, la seda y la lana, para bilarlas, grupos, convirtiendo en muchas una sola aldea. para tejerlas, para trasformarlas en las variadas lelas

Vivian entonces los hombres tranquilamente y sin con que cubrimos nuestras carnes? Cuántos obreros ningun grave cuidado; contentos pues con poco , apa- para domar el hierro, forjar herramientas y armas, exgaban el hambre con la leche de sus ganados y los fru- plotar las minas, fundir los metales, convertirlos en altos que daban de sí los árboles silvestres, la sed con el hajas? Cuántos, por fin, para la importacion y la exagua de los arroyos y demás corrientes. Defendianse portacion de las mercancías, el cultivo de los campos, con la piel de los animales contra los rigores del calor y el plantio de los árboles, la conduccion de las aguas, la el frio, se entregaban dulcemente al sueño bajo la som- canalizacion de los rios, el riego de los campos, la bra de frondosos árboles, preparaban agrestes convi- construccion de los puertos artificiales por medio de tes, jugaba cada cual con sus iguales, divertian el tiem- vastas moles de piedra, arrojadas en el seno de los mapo en familiares y amistosas pláticas. No habia entre res, cosas todas que, cuando no son absolutamente 10ellos lugar al fraude ni á la mentira , no habia entre ellos cesarias, sirven para hacer mas agradable y embellecer poderosos cuyos umbrales conviniese saludar ni cuyas la vida? No nos es menos difícil procurarnos lus medi

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