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camentos con que hemos de curar nuestras enferme- que no se obtenia en aquel tiempo con intrigas ni con dades. ¡Cuántos remedios desconocidos de los antiguos dádivas, sino con la moderacion , la honradez y otras no debemos ahora á la experiencia y al mayor conoci- virtudes manifiestas. miento de la naturaleza ! Procúranse los demás anima- No debemos pues atribuir sino á la carencia de Jes por su simple instinto los recursos de la vida, bus- las cosas necesarias a la vida, y sobre todo al temor y can escondrijos ó cuevas donde vivan, cosas de que co- conciencia de nuestra propia fragilidad, ya los derechos man acomodadas á su naturaleza, yerbas que puedan que nos constituyen hombres, ya esa sociedad civil en remediar sus males; solo nosotros nacemos rodeados que gozamos de tantos bienes y de tan tranquila calma. de lanta oscuridad y tan gravísima ignorancia, que no Entre los demás animales reúnense tambien los mas podemos aprender nada sino á fuerza de tiempo, ni débiles y medrosos para defender su misma debilidad proporcionarnos sino á fuerza de tiempo las cosas de y pobreza, puestas así en comun las fuerzas, que sepaque mas necesitamos. ¿Qué vida por larga que sea ha de radamente nada pueden. No van solos sino los leones, bastar para que constituyamos una sola ciencia, si no las panteras, los osos y estos porque aventajan en rotenemos antes recogidas las observaciones de muchos y bustez y valor á los que podian ser sus enemigos. Es los resultados que ha podido dar una larga experiencia? verdaderamente debido al puro instinto la formacion llemos debido tomar lecciones hasta de los demás séres de las sociedades; y gracias a ella el hombre, que en animados. Si hemos empleado el díctamo para extraer un principio se veia privado de todo sin tener siquiera del cuerpo las saetas, lo hemos aprendido de la cabra armas con que defenderse ni apoyo á que arrimarse, montés, que usa de aquella yerba al sentirse herida por está hoy rodeado de bienes, reuniendo é! solo mayores los dardos de los cazadores; si la celidonia para las ca- recursos que los de todos los demás animales que destaratas, de la golondrina, que abre con este remedio á de su origen parecian haber recibido medios de conla luz los ojos de sus hijos; si el orégano, de la cigüe- servacion y de defensa. Neciamente pues acusan alña; si la biedra, del jabalí; si la lechuga silvestre, deldra- gunos á la naturaleza de que, no ya como madre, sino gon, que detiene sus náuseas con el jugo de esta planta. como madrastra del linaje liumano, al paso que colmó Masz para qué debo ya sacar á plaza tantos ejemplos?

de bienes á los demás séres animados , creó débil y poBasta lo dicho para dejar completamente demostrado bre al hombre para que sirviera, ya á sus semejantes, ya que el hombre necesita de ajeno auxilio y fuerzas, que á las fieras de presa y de juguete. Con no' menos razon con las suyas no puede siquiera procurarse una escasa y no sin merecer las notas de impíos acusan otros á la parte de los recursos de su vida. Añádase ahora á esto divina Providencia quejándose, ora de que todo aconlo débil que es su cuerpo para rechazar la fuerza extc- tezca en la tierra sin órden ni direccion alguna , ora rior y evitar los atentados contra su existencia. La vi- de que precisamente el sér mas noble lleve la mas desda del hombre no estaba segura ni contra las muchas graciada vida careciendo de cuanto pueda hacerla mas fieras que poblaban la tierra cuando estaba esta sin agradable y escudarla. Cabalmente esos motivos de cultivo y no se habia arrasado todavía ningun bosque; acusacion contrà la Providencia y la naturaleza son los no lo estaba ni aun contra sus mismos semejantes, en- que mas hacen resaltar el poder y la divinidad de entre los cuales, fiando cada cual en sus propias fuerzas, trambas. Si hubiese tenido el hombre fuerzas suficiense arrojaban contra las fortunas y la vida de los mas tes para vencer los peligros y no hubiese debido apelar débiles los que mas podian, séres feroces y salvajes que á las ajenas, ¿habria habido nunca sociedad ? Habria aterraban ó temian, segun se sintiesen mas o menos habido ese respeto mutuo que constituye la tranquilifuertes. Lo estaba mucho menos cuando asociados ya dad de nuestra existencia ? Habria habido órden, halos que pretendian abusar de su superioridad física, se bria habido la buena fe necesaria en los contratos, liadejaban caer en cuadrilla contra los campos, gana- bria habido por fin hombres? Nada hay ahora mejor ui dos y hasta las aldeas, cometiendo todo género de atro- mas apreciable que el hombre corregido y llamado á la pellos, llevándoselo todo y hasta encrueleciéndose con- moderacion por la fuerza de la disciplina , sujeto por tra la vida de los que se atrevian á resistirles, situacion las leyes, y sobre todo, por un poder superior, contra por cierto desgraciada y miserable. ¿Dónde podia en- cuya accion es impotente. ¿Qué empero habria mas contrar entonces la inocencia y la pobreza un abrigo cruel ni bárbaro que él sino le detuvieran las prescripcontra tantos latrocinios , saqueos y matanza? ciones del derecho y los fallos de los tribunales? ¿Habria

Viendo pues los hombres que estaba su vida cer- acaso fieras que causasen tanto estrago? Es violentisicada constantemente de peligros y que ni aun los pa- ma la injusticia cuando armada. Nacieron así de nuestra rientes se abstenian entre sí de violencias y de asesi- propia debilidad la sociedad, los sentimientos de hunatos, empezaron los que se sentian oprimidos por los manidad y las mas santas leyes, bienes todos divinos, poderosos á asociarse y á fijar los ojos en el que pare- con los cuales hemos podido embellecer y asegurar la cia aventajarse á los demás por su lealtad y sus sen- vida; y es indudable que todo el ser del hombre depentimientos de justicia , esperando que bajo el amparo de principalmente de haber nacido frágil y desnudo, es de este evitarian todo género de violencias privadas y decir, de haber necesitado de los demás para alimenpúblicas, establecerian la igualdad , mantendrian su- tarse y defenderse. jetos por los lazos de unas mismas leyes á los inferiores y á los superiores, á los superiores y álos del estado medio. Derivaron de aquí, como es de suponer , las primeras sociedades constituidas y la dignidad real,

los

llegándose á contar el número de los monarcas por el CAPITULO II.

de las ciudades. No es raro que leamos así en las sa

gradas escrituras como en las profanas que aun en no Entre todas las formas de gobierno es preferible la monarquía.

muy extensas comarcas hubo en aquella época multiTienen pues una grande y admirable razon de exis- tud de reyes. Andando empero el tiempo, ya que les tencia las cosas que parecen mas caprichosamente moviese la ambicion de poseer mucho , ya el amor á constituidas. De la indigencia y de la debilidad nacen los aplausos y á la gloria , ya como una que otra vez las sociedades civiles, tan necesarias para la salud y podia suceder las injurias recibidas, empezaron algunos hasta para el placer del hombre; con ellas la dignidad principes á querer subyugar naciones libres, á tomar real, como escudo y guarda de los pueblos , dignidad la codicia de mando por motivo de guerra , é arrojar que en un principio ni aterraba con su imponente del trono á los demás reyes , á dominar , por fin, solos fausto y aparato, ni estaba limitada por leyes, ni llevaba y señores sobre la fortuna de todos los pueblos á que consigo privilegio alguno, ni hallaba defensa contra pudieron extender la espada. Así obraron Nino , Ciro, los peligros sino en el amor y la benevolencia de los Alejandro , César, que fueron los primeros en fundar ciudadanos, ni apelaba sino á su voluntad y albedrío y constituir grandes y dilatadísimos imperios, que fuepara dirigir los negocios generales de la república y ron reyes, pero no legitimos, que lejos de domar cl decidir los pleitos entre particulares, ni habia cosa en monstruo de la tiranía y extirpar los vicios, como al que no entendiese por creer los hombres que nada ha- parecer deseaban, no ejercieron otras artes que las del bia tan grave que no pudiese conseguirse por medio de robo, por mas que el vulgo celebre aun sus hechos con los príncipes, con tal que fuese justo. Escribiéronse mas inmensas y gloriosas alabanzas. tarde leyes y hubo á la verdad dos motivos poderosos Estos fueron los principios de la dignidad real, estos para que así se hiciese. Empezóse á sospechar de la sus progresos. Mas dejando esto a parte, de lo que prinequidad del príncipe por ser difícil que estuviese libre cipalmente han dudado grandes y esclarecidos varones de cólera y odios y supiese mirar con igual amor á lo- es de si debemos preferir á las demás esta forma de dos los que viviesen debajo de su imperio ; y se creyó gobierno, cuestion que se reduce á examinar si es mas que para obviar tan grande inconveniente podian pro- ventajoso para la direccion de los negocios humanos mulgarse leyes que fuesen y tuviesen para todos igual que gobierne uno solo en cada sociedad constituida, ó autoridad é igual sentido. Es, pues, la ley una regla que el poder y el mando estén divididos, ya entre unos indeclinable y divina que prescribe lo justo y prohibe pocos elegidos entre la muchedumbre, ya entre tolos lo contrario. Observóse desde entonces que la exage- los que habitan dentro de unas mismas fronteras y virada malicia de los hombres se hallaba contenida por ven bajo el yugo de unas mismas leyes. Preséntanse por la majestad del rey y por las armas de los soldados, li- una y otra parte muchos y poderosos argumentos que, gada por la severidad de las leyes y el temor de los á nuestro modo de ver, hemos de exponer , aunque en tribunales de tal modo, que por evitar cada uno en resúmen. Es, en primer lugar, preferible la monarquía particular el castigo, se abstuviesen todos de cometer á las demás formas de gobierno por ser mas conforme maldades. Es, sin embargo, verosímil

que existieron á las leyes de la naturaleza , en la cual obedecen al imen aquellos tiempos muy escasas leyes , y que, escritas pulso de uno solo cielo y tierra , se difunde la vida y el estas en muy pocas y claras palabras, no necesitaban espíritu desde el corazon por todos los miembros de los de comentario alguno; mas luego fué creciendo tanto séres animados, dirige una sola abeja los trabajos de la depravacion del hombre, que hemos debido llegar á todas, se arreglan y dependen de un sonido dominante tiempo en que nos molestan menos las leyes que nues- todas las voces de un concierto. Confirmalo el hecho de tros propios vicios, sin que basten ya ni la fuerza ni la ser conforme, no solo á la direccion general del munindustria de Hércules alguno para limpiar los establos do, sino tambien á la de cada una de las partes de quc de nuestros leguleyos. No es tampoco de creer que hu- este se compone, pues no hay casa , aldea ni ciudad biesen sido entonces adoptados castigos demasiado donde no se vea con malos ojos que en lugar de uno fuertes; mas como desgraciadamente fuese declarando manden muchos. Movidos por la fuerza de este argula experiencia que tenian aun en el hombre mayor mento, que podriamos ilustrar con muchos arguinentos, fuerza para excitar su ambicion el incentivo del pla- abrazaron esta forma de gobierno los primeros homcer y la esperanza de procurarse cosas útiles que no bres, que por estar menos distantes de su origen y por tenia para extinguirla el temor de las penas adoptadas, consiguiente de la mejor raza , comprendian mas fiifueron cada dia estableciéndose otras mas severas hasta cilmente la naturaleza de las cosas ; hecho que no deja llegar a la de muerte. Ni aun esta bastaba para imponer de confesar en muchos pasajes de sus obras Aristótcá ciertos hombres malvados , verdadera peste de la les, segun el cual han pasado los hombres del gobierrepública; así que sintióse al fin la necesidad de ar- no de uno solo al gobierno de muchos. Cuando no pue marla de mayores y mas esludiados tormentos para diésemos probar esto históricamente, es, á nuestro paque infundiese terror hasta á los que por la violencia recer, indudable que seria cuando menos verosímil por de sus deseos se sintiesen mas arrastrados á la maldad lo que llevamos dicho, pues es mas que natural que y al crímen.

oprimida la muchedumbre por los que disponian do Ocupábanse en un principio los reyes mas en guar- mayores fuerzas, se diese despues de asociarse un jefo dar que en extender la frontera de su imperio, razon que eritase y vengase las injurias de sus enemigos. Con por la cual tenia cada ciudad y aun cada pueblo el suyo, el tiempo se fueron inventando los demás sistemas de

gobierno, despues de vistos los cuales, nació el grito considera como un grave mal y se queja de que la rade «haya un solo rey , no es bueno que haya muchos». zon de los principes se vicie; los reyes persas para ob

Para la conservacion de la paz interior es tambien viar en parte tan grande inconveniente, se sabe que mejor que gobierne uno solo, pues siendo muchos, tepian junto á si personas de reconocida prudencia, que pueden disentir fácilmente y tener mas trabajo en ar- eran lainados por el mismo cargo, que tenian ojos y reglar sus propias controversias y discordias que en di- oidos de los principes ; podremos acaso negar que el rimir los ajenos pleitos y contiendas. Es menos en un mal exista y sea inherente a la forma del gobierno? Llepriucipe que en muchos la desordenada codicia, con varian mejor camino los negocios humanos si así co. la cual se ciega el entendimiento, se corrompe la jus- mo son gobernados los rebaños y las abejas por seres de ticia y sufreo graves perturbaciones las cosas priva- superior naturaleza, pudiésemos tener por jefe un das y las públicas; y es evidente que disminuida la co- hombre algo mas que mortal, un hérve, como dicen quo dicia, ha de ser mayor la equidad y mayores nuestras sucedia en los primeros tiempos; mas ya que esto no es libertades. Abuoda lodo al rededor de un solo príncipe posible, e por qué no hemos de suplir por el número lo hasta llegar á fastidiarle, y han de apagarse natural- que ha de faltar á uno solo para que aventaje a los demente sus deseos; mas aun cuando así no fuera, siem- más en ciencias y en virtudes? Es además sabido que pre ha de ser inenos costoso y mas fácil que sobresal- no hay nada que perjudique tanto la justicia como la gii uno que no muchos.

ira , el odio, el amor y los demás afectos del alma, lieEl mando, por fin, es sin fuerzas enteramente in- cho

que fué la principal causa de que se establecieran úlil; ¿ 110 han de poder mas y dar mayor impulso re- leyes, por considerar que estas hablan á todos y no se unillas en un solo hombre que distribuidas entre muchos, doblan á la fuerza de las pasiones : ¿ habrá tal vez quien ora consistan en las riquezas, ora en el imperio , ora en niegue que como es mas fácil que se deje llevar de las los rotos de los pueblos ? Vemos en todas las cosas de suyas un solo hombre, es mas difícil que se corromla naturaleza que es siempre mayor la eficacia y poder pan muchos cediendo á la amistad, á dádivas y á intride un elemento cuando concentrado que cuando muy gas? No se envenena tan fácilmente el agua de un gran desleido. No cabe, por otra parte, duda en que las cosas lago como la de un estanque. comunes pueden estar mejor administradas por uno que Añádase á todo esto que siendo muchos los que enpor muchos, que en igualdad de medios es mas fácilla tiendan en los negocios de la república, enmiendan los ejecucion de una empresa por un solo hombre, como unos las faltas de los otros, y sin disponer de mas ni demuestran palpablemente las alianzas celebradas entro menos facultades, tienen mayores fuerzas y proceden los reyes para llevar a cabo la guerra , alianzas que nun- con mayor pureza en todas sus resoluciones. ¿Quién ca pudieron ser duraderas ni dar grandes resultados. se ha de alrever á castigar los yerros de un príncipe

Estos son los mas notables y poderosos argumentos que es dueño de las armas del Estado y lleva en la punta aducidos en favor de la monarquía , argumentos eviden- de la lengua , como dijo Aristóteles, la vida y la muerte les é innegables; mas no son tampoco escasos los que de los ciudadanos ? No seria ya audacia, sino locura, se presentan en favor de las formas democráticas. La querer resistirá su voluntad y hacerle sentir el disgusto prudencia y la honradez en que estriba la salud pública que suele llevar consigo la reprension ajena; serialo y por las cuales se gobiervan felizmente los estados son mucho mas sabiendo cuán grande es siempre el núindudablemente mas fáciles de encontrar en muchos mero de los aduladores que están á su lado para batir que en uno solo, pues cabe suplir lo que á uno falta palmas á cada uno de sus actos, mal cierto puesto que por lo que a otros sobra, como suele acontecer en una se presenta bajo un aspecto dulce y agradable. Ignoracomida en que se reunan muchos para pagar á escote. mos, por otra parte, que al llegar el hombre al poder es

¡Cuánta no ha de ser la ceguedad y la ignorancia de su propio adulador y mira siempre con benignidad sus los príncipes que encerrados en su palacio como en propios hechos ? Contéstase á esto que como no hay una caverna no pueden hacerse cargo de nada por sus cosa mejor que la dignidad real cuando sujeta á leyes, propios ojos! ¿Es siquiera posible que puedan recono- no la hay peor ni de mas tristes resultados cuando libre cer la verdad entre los continuos aplausos de los corte- de lodo freno. Mas ¿ y si se convierte el rey en tirano, sanos y entre los embustes de sus criados

que lo acomo- si menospreciando las leyes sustituye á la razon su andan lodo á sus intereses personales? Y no pudiendo sa- lojo? ¿Quién no conoce y confiesa que es muy dificil ber nunca la verdad, ¿es acaso extraño que caigan en contener con leyes las fuerzas y el poder de un hombre error á cada paso? ¿Cómo pues ha de haber quien

en cuyas manos están concentrados todos los medios pretenda colocar en la cumbre del Estado á un hombre de que dispone la república ? ¿Cómo se ha de evilar que sin oidos y sin ojos? Tito Manlio Torcuato, al ser decla- no grave los pueblos con nuevos y mayores tributos, rado cónsul, recusa el cargo por la enfermedad de su que no invierta los derechos de sucesion á la corona, vista , manifestando cuán indigno le parece que se pon- que no lo remueva todo y lo trastorne? Cuando se diviga la república en manos del que necesita de ojos aje- de entre muchos el poder para crear otras magistratunos para hacerse cargo de la direccion de los negocios; ras, bien biaya de constiluirse un senado, bien bayan yįhemos nosotros de creer á propósito para gobernar- de elegirse jueces, ¿ hemos de consentir en que para nos á los que debiendo apelar continuamente a la pru- ejercer el mas grave é importante cargo haya precisadencia y al ingenio es indispensable que a cada paso se mente uno solo? ¿Olvidarémos acaso cuán diversas y de cieguen y alucinen? En unas cartas muy importantes cuánta trascendencia son las atribuciones de un moque dirigió el emperador Gordiano á su suegro Misiteo narca que ha de sostener la guerra contra el enemigo, mantener la paz entre sus súbditos, representar en el cios y están cercadas de no menores ni menos graves interior y en el exterior toda la república ?

riesgos. Son las cosas humanas pasajeras é inconstanCeden á la fuerza de estos argumentos varones de tes, y es de varones prudentes contentarse con evitar, grande erudiciou, principalmente de aquellos que han no todos los males, sino los de mas bulto, buscando con meido en ciudades libres, a pesar de ser propio de alinco lo que parece que nos puede procurar mayor nuestra naturaleza que prefiramos casi siempre estar número de bienes. Ha de procurarse ante todo consera lo ya conocido cuando no lo reprueba de un modo ma- var y asegurar la paz entre los ciudadanos, pues sin paz nifiesto la experiencia, y no carece, por otra parte, de no seria mas que un caos la república; y creo que napeligro alterar las instituciones patrias , aun cuando se die dudará cuánto mas eficaz es para obtenerla el gorebelen contra ellas nuestras convicciones. Ha tenido bierno de uno solo que el de muchos. ¿No es acaso baslugar este hecho hasta con los mas grandes filósofos, tante compensacion este solo bien para otros muchos que no son generalmente los que mas favorables se han males y peligros? ¿Qué mejor que la paz, por medio de manifestado á la institucion monárquica, como nos la cual se embellecen las ciudades y quedan asegurademuestra el mismo Aristóteles, el.cual aun aceptando das las fortunas privadas y las públicas? Qué mas peresta forma de gobierno, principalmente cuando el rey | nicioso que la guerra, á cuyos rudos golpes todo se aventaje a todos los ciudadanos en bondad y pruden- | abrasa y se trastorna y muere ? Crecen con la union los cia y reuna en sí todas las dotes del cuerpo y del áni- pequeños imperios, liúndense con la discordia los mamo, como si la naturaleza se hubiese puesto en lucha yores. consigo mismo para agraciarle y levantarle sobre los Conviene además considerar que en todas las clases demás mortales, cosa que raras veces acontece, cree del pueblo es mucho mayor el número de los malos que inas útil que sean gobernadas por muchos las ciudades el de los buenos; si se divide el poder entre muchos, donde sobresalgan muchos en virtud é ingenio, y llega i no será fácil que en toda deliberacion prevalezca-la hasta calificar de inicuo que se confie exclusivamente opinion de los peores sobre la de los mas rectos y pruel poder supremo y se entreguen todos los negocios al dentes ? No se pesan los votos, se cuentan, y no puede que no puede presentar ni mayores conocimientos, ni suceder de olra manera. ¿ Acontecerá esto en el gobiermas honradez, ni mas acierto y tacto. Las mismas es- no de uno solo ? Si el príncipe es de conocida probidad crituras sagradas favorecen poco la monarquía, presen- y prudencia, como no tan raras veces sucede, seguirá tándonos en un principio constituidos ciertos jueces el mejor acuerdo, es decir, la opinion de los mas pruque gobernaban la república judía. Esta forma de go- dentes; y con los derechos que su mismo poder le conbierno era indudablemente democrática , pues se elegia fiere, sabrá resistir á la ligereza del pueblo y á las tepara aquel cargo a los que mas aptos parecian en cada merarias pretensiones de los malos. Sabemos cuántas una de las tribus, y no se les concedian facultades para calamidades y graves trastornos ocurrieron en España alterar las leyes ni las costumbres nacionales, segun cuando demasiado padres algunos reyes dividieron el manifiestan aquellas palabras de Gedeon : Non domina- poder real entre muchos de sus hijos, como sucedió bor ego neque filius meus, sed dominabitur vestri Do- con Sancho, el mayor, y su hijo Fernando, reyes de Naminus. No hubo reyes entre los hebreos hasta que an- varra; aquellos sucesos deben enseñarnos cuán individando el tiempo, exasperado el pueblo, primero por sible es el mando, cuán incomunicable el poder por su la maldad de Helí, y despues por la de los hijos de Sa- naturaleza, cuán funesta, impía, turbulenta, sospemuel, los pidieron y exigieron á todo trance, a pesar de chosa y faluz la ambicion al sentirse impotente, cuán las observaciones de este, que les pronosticó severa- inútil freno los respetos de la amistad ni los del parenmente las calamidades que les amenazaban, y les decla- tesco para que aquella deje de confundirlo y trastorró que despues de recibido el poder, degenerarian los narlo todo. Pruébanos además que se debilitan las fuerreyes en tiranos; hecho con el cual cabe probar que ó zas al dividirse entre muchos el cuidado de los negoel poder real no es preferible al democrático, ó que por cios públicos lo que sucedió con los árabes, expuestos á lo menos, principalmente en aquel tiempo, no se aco- una ruina inevitable, no por otro motivo que por el de modaba suficientemente a las costumbres de aquel pue- estar dividido entre muchos el imperio, de lo que no blo. Sucede en todo, en los vestidos, en el calzado, en pudieron menos de nacer discordias intestinas y al fin la habitacion y en muchas otras cosas que aun lo me- la formacion de muchos reinos independientes unos de jor y mas elegante á unos place y á otros desagrada; y otros. Si pues no conviene que haya muchos príncitengo para mí que ha de suceder lo mismo con las pes en las distintas comarcas de una nacion, por mas formas de gobierno, que no porque una lleve a todas que estén bien deslindados los términos de todas, ventaja, ha de ser aceptada por pueblos de distintas ins- ¿cuánto menos convendrá que los haya en un mismo tituciones y costumbres.

territorio por estar distribuido entre muchos el goEntre tan distintas razones, todas casi de igual peso, bierno? y entre tanta variedad de pareceres, se inclina mas mi Nos parece aun mucho mas preferible la monarquía si ánimo á creer y hasta dar por cierto que el gobierno de se resuelven los reyes á llamar á consejo a los mejores uno solo ha de ser preferido a todos los demás sistemas. ciudadanos, convocar una especie de senado y adminisNo negaré que está expuesto á gravísimos peligros ni trar de acuerdo con él los negocios privados y los púque degenera muchas veces cu una insufrible tiranía; blicos. No podrian prevalecer así los afectos personales pero veo compensados estos males con mayores bienes, ni habria que temer los efectos de la imprudencia ; vey observo que las demás formas tienen lambien sus vi- riamos unidos con el rey á los maguales, conocidos por los antiguos con el nombre de aristocracia, llega- ejecucion sus laudables intenciones sino cuando haya riamos mejor al deseado puerto de la felicidad, al que lugar á la eleccion y lo permitan el carácter le sus connos sentiriamos impelidos de consuno por los esfuer- ciudadanos y la situacion del Estado de que forma parzos de toda la ciudad ó de toda la provincia. No hay por te. Procurará entonces con todas sus fuerzas establecer cierlo peste mas terrible que un rey que se deja llevar la mejor forma de gobierno, con tal que sin agitacion de sus pasiones ó pretende gobernar su propio juicio y sin tumultuosas escisiones pueda llevar al inperio á por el de sus infames cortesanos, cosa que nos ponen ser sujetado y dirigido por el gobierno de uno solo. ya de manifiesto las desgraciadas vicisitudes y los in- Dilucidada ya esta cuestion, debemos entrar en olra, olvidables trastornos de grandes imperios, donde , co- que ni es menos grave ni viene envuelta en menos difimo es natural, convertida la benevolencia del rey en cultades. Cuando muera un principe ¿convendrá que tiranía y gobernando los palaciegos en su nombre, es sea el gobierno hereditario ó que sea elegido el sucesor inevitable que se desquicie loda la república y sean pre- por todos los ciudadanos, como sabemos que se obsercipitados sin sentirlo a las mayores calamidades súb- vó en muchas naciones, con el objeto de que en virtud ditos que tienen puesta en sus principes toda su con- de la indefinida duracion del mando y la seguridad de fianza. Conviene, sin embargo, advertir que lo mejor la sucesion no degenerase en tiranía la dignidad creada en la paluraleza se convierte en lo peor cuando llega á para la salud de la república ? Es sabido que los hijos se corromperse, y que no prueba poco en favor de la ex- corrompen fácilmente, ya por los placeres de que están celencia de la monarquía el hecho de que al estar vi- rodeados, ya por la condescendencia de sus padres; que ciada y pervertida, venga á parar en la mayor tiranía salen no pocas veces muy distintos de sus antecesores; posible y en la mas abominable forma de gobierno. Lo que por este solo hecho se arruinaron en breve granpeor debe ser sicmpre la antitesis de lo mejor, y el mas dísimos imperios. ¿Qué puede haber mas pernicioso pernicioso gobierno la del que puede proporcionar á lani mas terrible que abandonar la república al capricho república inejores resultados.

de la suerte ? Qué mas terrible que poner al frente del

gobierno un joven de depravadas costumbres, un niño CAPITULO III.

que está aun llorando en su cuna, y lo que peor cs, una

mujer falta de esfuerzos y de conocimientos ? Qué mas i Debe ser la monarquia hereditaria!

terrible que el que desde el seno de una esposa se disSe ha explicado ya cuántas ventajas lleva á las demás ponga arbitrariamente de los ejércitos, de las provid'formas de gobierno la que llamaron los griegos monar- cias, de las rentas del Estado ? Qué lo que era antes quía, principalmente cuando recae la dignidad real en debido a la virtud y al mérito sea ahora patrimonio de el que supere á lodos los ciudadanos en probidad, en los malos, y por respeto á uno solo deba verse envuelta prudencia y en justicia , y como tal sea mirado y admi- la república en gravísimas borrascas? Sin necesidad de rado por sus súbditos como un hombre bajado del cie- mentar otras naciones, sabemos por las sagradas cs-10, de condicion superior a la de los demás mortales. Es crituras que elegian los idumeos á sus reyes, y no conpues esta forma de gobierno adecuada a la naturaleza sentian que los hijos sucediesen á sus padres; sabemos de las cosas, á la direccion del mundo y al modo como que en España duró el sistema electivo mientras duró se rigen los demás animales; muy querida de Dios, por el imperio godo, y que solo despues de trastornada la acercarse mas con ella la república á ese Sér superior nacion y las leyes pudo introducirse la sucesion here que dirige solo y por su propia voluntad los cielos y ditaria , merced al demasiado poder que se habian Ja tierra. ¿Podrá ahora ponerse en duda que ya indivi- arrogado los príncipes, y á la demasiada condescendual, ya colectivamente han de buscar los hombres la dencia de los pueblos. No faltaron con todo en aquellos felicidad, procurando acercarse á Dios cuanto lo per- tiempos varones de prudencia que con gran fuerza de mila la naturaleza humana ? La bondad y la unidad razones pretendieron probar cuán conforme era el nueguardan tanta armonía entre sí y están tan unidas es- vo sistema de sucesion á la equidad y al derecho, bien trechamente, que siguen ambas una misma regla, como fuese que se sintiesen obligados por los beneficios de los explican agudamente los filósofos, y parecen indicar nuevos príncipes, bien por el deseo vehemente de adulas cosas mismas. Está probado que una república su- lar, bien porque así lo sintiesen y creyesen. Asegurajeta al gobierno de uno solo está mas firmemente tra- ban que los hijos de los príncipes, nacidos de la mas bada con cada una de sus partes que las que obedecen noble sangre y educados en palacios llenos de santidad á la voz de muchos, y es necesario que confesemos que y de prudencia, habian de parecerse necesariamente á ha de ser por tanto mucho mejor y mas perfecta. Con sus antecesores; que los príncipes levantados al trono estas y las demás razones explanadas en el capítulo an- de entre el vulgo de los ciudadanos, solian salir arroterior, creen que quedaria probada suficientemente la gantes y soberbios, como acontece de ordinario con los excelencia de la monarquía sobre todos los demás sis- que saliendo de repente de su estado de pobreza, pasan á temas, ora se confie la direccion de los negocios á los ser ricos y á alcanzar grandes honores; gente entonces magnates , ora al pueblo. Debe, sin embargo, todo va- pesada é intolerable que, viéndose rodeada de poder y ron prudente tener en cuenta los tiempos y la república con facultad de alcanzarlo todo, pervierte sus costumen que vive, no dejarse llevar por el deseo de innovarlo bres, descubre sus viciosas inclinaciones, y revela la lodo, aspirar si á lo mejor, pero recordando que las perversidad natural que tenia antes cubierta por la hunaciones ya constituidas casi nunca cambian de forma mildad de su fortuna , no de otro modo que un vaso sin empeorar su suerte. No ha de atreverse á poner en cascado deja ver sus faltas desde el momento que se le

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