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las guerras exteriores, de soldados mercenarios; tiene modará sus gastos al producto de los impuestos, procusiempre para salvar su dignidad y su vida dispuestos á rando siempre que estas basten, ya para conservar la sus súbditos, que no vacilarán en derramar por él su paz, ya para sostener la guerra. No son verdaderas risangre ni arrojarse en medio de las llamas y del hierro quezas las que están amasadas con el odio y con la sancomo si se tratara de la salud de sus hijos, de la de sus gre de los pueblos. esposas y de la de la patria. No desarma á los ciudada- De este modo Enrique III de Castilla llenó el erario, nos, no consiente que se enflaquezcan en el ocio y la que estaba exhausto por las calamidades de los tiempos, molicie, como suelen hacer los tiranos baciendo consu- y pudo al morir dejar á su hijo tesoros, aunque granmir las fuerzas del pueblo en artes sedentarias, y las de des, recogidos sin dolo, sin arrancar un suspiro , sin los magnates en el placer y el vino; procura, por lo haber amargado la vida de uno de sus súbditos. De él contrario, ejercitarles en las luchas y carreras hacién- fueron aquellas palabras: «Temo mas la execracion del doles pelear, ora á pié, ora á caballo, ora cubiertos de pueblo que las armas de los enemigos.» hierro, ora sin armas, y encuentra mayor apoyo en el Conviene, por oira parte, que el rey recuerde su deber valor de esos hombres que en la intriga y en el fraude. á los ciudadanos, mas con el ejemplo de su propia vida ¿Seria , por otra parte, justo que en los momentos de que con leyes y preceptos. Largo es el camino cuando peligro quitase las armas á sus hijos para darlas á los se ha de apelar á las palabras, breve y eficaz cuando al esclavos ? Hablamos de ciudadanos que se sientan feli- ejemplo; i y ojalá que fuesen tantos los que obrasen ces y rodeados de toda clase de bienes bajo un rey justo bien como los que bien hablan! No exija nunca el rey de y templado; y es evidente que esa felicidad es un gran- los demás sino sa sencillez, la equidad y la honestidad de incentivo para que quieran y amen al príncipe. que él guarde; no ejerza nunca mas severidad con los

No hace por esta razon grandes gastos ni para apa- ciudadanos que la que ejerce consigo mismo y su famirentar majestad ni para bacer la guerra; sale siempre lia. Lo alcanzará fácilmente si en todas sus acciones y acompañado de los varones virtuosos y de los buenos acuerdos no abriga nunca la esperanza de poder ocultarciudadanos, y se presenta á los ojos del pueblo mas los á los ojos de sus súbditos , si está persuadido de que brillante que si estuviera rodeado de armas y cubierto no puede obrar injusta ni inconsideradamente, por mas de oro. Para defenderse de sus enemigos, y aun para que le sea lícito engañar por algun tiempo la vigilancia de llevar las armas á naciones extrañas, encuentra siempre Dios y la de los hombres; si cree, como debe creer, que dispuestas las riquezas públicas y las de los particula- aunque tuviese el fabuloso anillo de Giges no podria ni res, riquezas que le suministran generosamente todas mas ni menos que si estuviese á los ojos de lodos visiJas clases del Estado. ¿Por qué, si no por el buen carác- ble y manifiesto. El fingimiento no puede ser duradero; ter de nuestros reyes, pudieron emprenderse con tan los hechos de los principes pueden estar difícilmente pequeños tributos tantas y tantas guerras, principal- ocultos. La majestad es como la luz, pone lo hecho en mente contra los moros, guerras en que se echaron los bien y en mal á la vista de todo el mundo. cimientos de ese imperio, hoy dilatadísimo, determina- Alcanzará tanto mas el rey ser el modelo de sus condo casi por los mismos límites del orbe ? No, un buen ciudadanos si sabe desterrar de su palacio á los adularey no tiene nunca necesidad de imponer á los pueblos dores, hombres perniciosísimos, que examinan atentagrandes ni extraordinarios tributos; si alguna vez le mente el carácter del príncipe, alaban lo digno de viobligan á ello desgracias inevitables ó nuevas é ines- tuperio, vituperan lo digno de alabanza, se inclinan peradas guerras, los levanta con el consentimiento de siempre a lo que mas puede halagar las pasiones de su los mismos ciudadanos, a los que lejos de hablar con dueño, y suelen llevar por harta desgracia de los demás el terror, la amenaza y el fraude en sus labios, explica- tan buena suerte, que animan á muchos á seguir su rá francamente los peligros que se corren, los males ejemplo. En vez de aduladores buscará en todas las proque amenazan y los apuros del erario. No ha de creerse vincias del imperio varones honrados, sinceros, sin vinunca dueño de la república ni de sus vasallos por mas cio ni mancha alguna, que podrán servirle de ojos y que se lo digan al oido los aduladores; ha de creer sí de oidos; les dará facultades para que le repitan cuanto que es el jefe del Estado mediante cierta pension se- digan de él, bien sea verdadero, bien sea falso; les inciñalada por los mismos ciudadanos, pension que no se tará á que le refieran los vagos rumores del vulgo, hasta atreverá jamás á aumentar sin que así haya sido resuel- los infundados cuentos que inventa contra los princito por los mismos pueblos. Y no se crea que por esto pes la malicia. La utilidad pública, la salud de todo el deje de acumular tesoros ni de enriquecer el erario pú- reino compensará el dolor que puedan producir en su blico, que logrará poner en el mas brillante estado sin ánimo esa libertad de los que le rodean y esos vanos arrancar un solo gemido de sus súbditos. Le servirán rumores del pueblo. Las raíces de la verdad podrán ser para ello los despojos de sus enemigos como le sirvie

amargas, pero sus frutos son suavísimos. ron al romano Paulo, que con solo apoderarse de los Paréceme, por fin, que deben encaminarse todos los tesoros de la Macedonia , tesoros que fueron a la verdad hechos de los principes á alimentar la benevolencia en de mucho precio, fortaleció el erario hasta el punto de el pecho de sus súbditos, procurando que estos vivan poder suprimir todo género de impuestos.

bajo su gobierno con la mayor felicidad posible. No es Cuidará además que sus rentas reales no sean presa solo deber del que gobierna ciudadanos, lo es tambien de los cortesanos y otros funcionarios públicos, evitará del que guarda y dirige ganados, trabajar para el bien Jas escandalosas extracciones hechas por el peculado y y la utilidad de los seres que están bajo su amparo. Espor el fraude. Vivirá modestamente en su palacio, aco- tas son pues las virtudes propias de un rey, este el camino que les conduce á la inmortalidad y á la mas alta con el de que domnado y abatido por sus males no asgloria.

pirase á la libertad aquel triste y desgraciado pueblo? Explicadas ya las condiciones del buen principe, es fácil reasumir las del tirano que, manchado de todo que le temen, que puede muy bien encontrar su ruina género de vicios, provoca por un camino casi contrario en los mismos que le sirven como esclavos. Suprimida la destruccion de la república. Debe, en primer lugar, el toda clase de garantías, desarmado el pueblo, condepoder de que disfrula, no á sus méritos ni al pueblo, sino nados los ciudadanos á no poder ejercer las artes libeá sus propias riquezas, á sus intrigas ó á la fuerza de rales, dignas solo de los hombres libres, ni á robustelas armas; y aun habiéndolo recibido del pueblo, lo cer el cuerpo con ejercicios militares, ni á fortalecer de ejerce violentamente, tomando por medida de sus des- otro modo el ánimo, ¿cómo podrá al fin sostenerse? manes, no la utilidad pública, sino su propia utilidad, Teme el tirano, teme el rey; pero teme el rey para sus sus placeres y sus vicios. Preséntase en un principiosúbditos, y el tirano teme para sí de sus vasallos; teme blando y risueño, afecta querer vivir con los demás bajo que los mismos que gobierna como enemigos lleguen el imperio de unas mismas leyes, procura engañar con á arrebatarle su gobierno y sus tesoros. No por otra rasu suavidad y su clemencia, mas solo con la dañada in- zon prohibe que el pueblo se reuna; no por otra razon tencion de robustecer en tanto sus fuerzas y fortificarse le prohibe hablar de los negocios públicos, quitándole, con riquezas y.con armas, como sabemos por la histo- que es ya hasta donde puede llegar la servidumbre, la ria que hizo Domicio Neron, príncipe excelente durante facultad de hablar libremente y la de oir, la facultad de los cinco primeros años de su imperio. Asegurado ya, poder quejarse en medio de los hondos males que le cambia enteramente de politica , y no pudiendo disi- afligen. Como no tiene confianta en sus súbditos, busca mular por mas tiempo su nalural crueldad, se arroja su apoyo en la intriga, solicita cuidadosamente la amiscomo una fiera indómita contra todas las clases deltad de los principes extranjeros á fiu de estar preparaEstado, cuyas riquezas saquea movido por su liviandad, do á todo evento, compra guardias de otros pueblos de por su avaricia, por su crueldad y por su infamia. No quienes por ser como bárbaros se fia, muéstrase próhicieron otra cosa aquellos monstruos que en los pri- digo para los soldados mercenarios, en los que cree ha meros tiempos de la historia se nos presentan envueltos de encontrar su escudo. En tiempo del emperador Neen una red de fábulas; los Geriones de España, el Anteo ron, dice Tácito, divagaban por las plazas, por las cade la Libia, la hidra de la Beocia, la quimera de la Li- sas, por el campo, por las cercanías de las ciudades cia, monstruos para cuya muerte apenas bastó la in- soldados de á pié y de á caballo mezclados con los gerdustria y el valor de grandes héroes. No pretenden esos manos, en quienes por ser extranjeros confiaba sobre tiranos sino injuriar y derribar a todos, principalmente todo el Príncipe. á los ricos y á los buenos, para ellos cieņ veces mas No hay mas que abrir la historia para comprender lo sospechosos que los malos, pues temen siempre menos que es un tirano. Tarquino el soberbio fué, segun disus propios vicios que la virtud ajena. Así como los mé- cen, el primer rey de Roma que dejó de consultar al dicos se esfuerzan en expeler los malos humores del Senado. Gobernó la república por consejo propio, concuerpo con jugos saludables, trabajan ellos por dester- cluyó y rescindió por sí y sin anuencia del pueblo trarar de la república á los que mas pueden contribuir á tados de guerra, de paz, de alianzas ofensivas y defensu lustre y su ventura. Caiga todo lo que está alto, di- sivas con los reyes y naciones que mejor le plugo. Concen para sí, y procuran la satisfaccion de sus deseos, ciliose principalmente el favor de los latinos por creersi no de un modo manifiesto y apelando á la fuerza, con se, como dice Livio, mas seguro entre esas tropas exmalas mañas, con secretas acusaciones, con calumnias. tranjeras que entre sus mismos ciudadanos. Mató, seAgotan los tesoros de los particulares, imponen todos gun afirma este mismo autor, á los principales padres de los dias nuevos tributos, siembran la discordia entre los la patria sin poner otros en su lugar, á fin de que cuanto ciudadanos, enlazan unas con otras las guerras, ponen menores en número, mas desprecio inspirasen á la geneen juego todos los medios posibles para impedir que ralidad del pueblo; llamó á sí el conocimiento de todos puedan sublevarse los demás contra su acerba tiranía. los negocios capitales, cosas todas muy características Construyen grandes y espantosos monumentos, pero á y propias de un tirano. Mas ¿ para qué hemos de decir costa de las riquezas y gemidos de sus súbditos. ¿Creeis mas? Trastorna un tirano toda la república, se apodera acaso que tuvieron otro origen las pirámides de Egiplo de todo sin respeto á las leyes, de euyo imperio cree y los subterráneos del Olimpo en Tesalia ? Ya en las estar exento; mira mas por sí que por la salud del reino, sagradas escrituras leemos que Nembrot, el primer ti- condena á sus ciudadanos a vivir una vida miserable, rano que ocupó la tierra, emprendió para fortificarse y agoviados de toda clase de males, les despoja á todos cxtenuar á sus súbditos la construccion de una torre y á cada uno de sus posesiones patrimoniales para doelevadísima, imponente por sus cimientos y aun mas minar' solo y señor en las fortunas de todos. Arrebataimponente por su mole, torre que pudo dar muy bien dos al pueblo todos los bienes, ningun inal puede innalugar á la fábula de los griegos, segun los cuales de- / ginarse que no sea una calamidad para sus súbditos. seando los gigantes destronar del cielo á Júpiter, amontonaron montes sobre montes en Flegra, campo de la

CAPITULO VI. Macedonia. ¿Creeis tampoco que Faraon se llevaba otro

¿Es licito matar al tirano? objeto cuando obligaba á los hebreos á edificar ciuda- Tal es el carácter del tirano, tales sus costumbres. des en Egipto? ¿Con qué otro objeto podia hacerlo que podrá aparecer feliz, mas no lo será nunca á sus ojos. Aborrecido de Dios y de los hombres, sus propias mal- puestas á pelear por la salud de la república. La prindades le sirven de tormento, porque el alma y la con- cipal fué Paris, que aventaja á todas las de Europa por ciencia quedan laceradas por la crueldad y el miedo, sus riquezas, por su saber , por sus medios de instrucdel mismo modo que el cuerpo por los azoles y los cion , y sobre todo, por su grandeza. Considerable fué demás castigos. A los que son objeto de la venganza el incendio; pero los movimientos de la muchedumbre del cielo, precipita el cielo á su ruina, quitándoles la son como los torrentes; crecen con rapidez, duran poco prudencia y el entendimiento. En la historia antigua tiempo. Estaban ya muy debilitados los impetus del como en la moderna abundan los ejemplos y las prue- pueblo , y acampado Enrique á cuatro millas de Paris, bas de cuán poderosa es la irritada muchedumbre cuan- no sin esperanza de lavar con sangre la mancha que do por odio al príncipe se propone derribarle. Tenemos sobre su lealtad habia caido, cuando la audacia de un cerca de nosotros, en Francia , uno muy reciente, por solojóven fué á fortalecer de nuevo los abatidos ánimos, el que podemos ver cuánto importa que estén tranqui- cambiando de repente la faz de los sucesos. Llamábase los los ánimos del pueblo , sobre los que no es posible ese jóven Jacobo Clemente; era natural de una aldea de ejercer el mismo dominio que sobre el cuerpo. ¡Triste y Autun, conocida con el nombre de Serbona, y estaba memorable suceso! Enrique III, rey de aquella monar- á la sazon estudiando teología en un colegio de doiniquía, yace muerto por la mano de un monje con las en- nicos, órden á que pertenecia. Iabiendo oido de los trañas atravesadas por un hierro emponzoñado. ¡Qué teólogos que era lícito matar á un tirano, se procuro espectáculo! Repugnante á la verdad y en muy pocos cartas de los que pudo entender estaban pública ó secasos digno de alabanza. Aprendan, sin embargo, en él cretamente por Enrique, y sin tomar consejo de nadie, los principes; comprendan que no han de quedar impu- partió para los reales del Rey con intento de matarle nes sus impios atentados. Conozcan de una vez que el el dia 31 de julio de 1589. Admitido sin tardanza por poder de los principes es débil cuando dejan de respe- creerse que iba á comunicar al Rey secretos de importarle sus vasallos.

tancia, le fueron devueltas las cartas que habia presenIntentaba aquel, por carecer de descendencia , dejar tado citándole para el siguiente dia. Amaneció el 1.° de el reino á su cuñado Enrique, manchado desde sú tier- agosto, dia de San Pedro Advincula, celebró el sanna edad con depravadas doctrinas religiosas, maldecido lo sacrificio , y pasó á ver á Enrique, que le llamó en el por los pontifices, despojado entonces del derecho de momento de levantarse cuando no estaba aun vestido. sucesion, por mas que ahora , cambiadas las ideas, sea Luego que, cruzadas de una y otra parte algunas conrey de Francia. Sabida esta resolucion, gran parte de lestaciones, estuvo ya Jacobo cerca de su víctima, finge la nobleza, despues de haber consultado á otros prín- que va á entregarle otras cartas, y le abre de repente cipes nacionales y extranjeros, toma las armas por la una profunda herida en la vejiga con un puñal envenenareligion y por la defensa de su patria, recibiendo de to- do que cubria con su misma mano. ¡Serenidad insigne, das partes cuantiosos socorros. Guisa va al frente de hazaña memorable! Traspasado el Rey de dolor, hiere los sublevados; Guisa, ese duque en cuyo valor descan- con el mismo puñal el ojo y el pecho de su asesino, dansaban en aquel tiempo las esperanzas y la fortuna de la do grandes voces de: «Al traidor, al parricida.») Francia. Los reyes no mudan nunca de propósito; de- Entran en esto los cortesanos conmovidos por tan seando Enrique vengar los nobles esfuerzos de los pró- inesperado suceso, y se ceban con crueldad y fiereza en ceres, llama á Guisa á Paris con la seguridad y el intento multiplicar las heridas del ya postrado y exánime Clede matarle; y cuando ve que no pucde llevar a cabo su mente que, sin proferir una palabra, dejaba ver en su obra, porque enfurecido el pueblo toma en contra de él semblante cuán alegre estaba de haber ejecutado su inlas armas, deja precipitadamente la ciudad; singe poco tento, de evitar penas para las que hubieran sido quizá despues que ha mudado de pensamienlo, y anuncia que débiles sus fuerzas y dejar por sin redimida con su sauquiere deliberar con todos los ciudadanos sobre lo que gre su infortunada patria y la libertad del reino. conviene á la salud del reino. Convocadas y reunidas ya Herido el Rey, captóse el monje gran fama por halas clases del estado en Blesis, ciudad que bañan las ber expiado la muerte con la muerte, y sobre todo, por aguas del Loira, mata en su propio palacio al duque y haberse ofrecido en sacrificio á los manes del duque al cardenal de Guisa , que no habian vacilado en osistir de Guisa , pérfidamente asesinado. Murió siendo consiá la asamblea , fiando en lo sagrado de las palabras de derado por los mas como una gloria eterna de la Fransu Príncipe; y luego para colmar tanta injusticia, imputa cia; murió cuando solo contaba veinle y cuatro años. á los que son ya cadáveres crímenes de lesa majestad, Era de modesto ingenio y de no mucha robustez de de que no pueden defenderse, llevando el escándalo cuerpo; mas indudablemente una fuerza superior auhasta el punto de aparentar que han sido muertos en mentó la suya y fortaleció su alma. Llegó el Rey á la virtud de la ley de alta traicion, es decir, con razon y noche con grandes esperanzas de salud y sin recibir por por el rigor del derecho. No contento aun,

prende a

esta razon los sacramentos, y exhaló su último suspiro otros muchos, y entre ellos al cardenal de Borbon, á las dos de la madrugada, pronunciando aquellas paque aunque de edad muy avanzada , tenia la justa espe- Jabras de David : «Hé aquí pues que en la iniquidad ranza de suceder á Eurique, fundada en el derecho de fui concebido y en el pecado me concibió mi madre.» la sangre.

¡Qué lástima ! Hubiera podido ser este Rey feliz si sus Conmovieron grandemente estos sucesos los ánimos últimos actos hubiesen correspondido á los primede gran parte de la Francia, y se sublevaron muchas ros, y se hubiese manifestado tan buen príucipe como ciudades, destronando á Enrique y manifestándose dis- sc cree que lo fué bajo el reinado de su hermano Cár

rey

los, siendo general en jefe de las tropas del Rey contra han colocado en la cumbre del imperio para que sean Jos rebeldes, conducta que le sirvió de escalon para su- respetados por sus súbditos como hombres de condibiral trono de Polonia por volo de los magnates de aquel cion superior, como divinidades de la tierra? Los que reino. Mas cambiaron desgraciadamente sus hechos, y intentan además mudar de principe ¿saben acaso si los crímenes cometidos en sus postreros años hicieron en lugar de procurar un bien á la república le procu olvidar las glorias de su edad primera. No bien murió su ran mayores y mas terribles males? No es fácil derribar hermano, fué llamado otra vez á su patria y proclama- un gobierno sin que haya graves alteraciones y sean do rey de Francia; todo lo convirtió en juguete de su muchas veces los mismos autores de la rebelion las vícpoderío. ¡Ay, no pareció sino que le habian levantado timas. Los ejemplos históricos abundan. ¿De qué aproá la cumbre de la grandeza para que fuese mayor su vechó á los siquimitas la conjuracion fraguada contra caida ! Asi juega la fortuna ó una fuerza superior con Abimelech para vengar, segun querian, á los selenta las cosas de los hombres.

hermanos que este habia sacrificado impía é inhumaSobre la bazaña del monje no todos opinaron de una namente, movido por la terrible y perniciosísima ammisma manera. Muchos la alabaron y le juzgaron digno bicion de mandar, á pesar de ser poco menos que de la inmortalidad; otros mas prudentes y eruditos le bastardo? La ciudad fué completamente destruida, vituperaron , negando que un particular pudie e matar sembrado de sal el territorio que ocupaba , muertos de á un rey, proclamado por consentimiento del pueblo y un solo golpe todos los ciudadanos. ¿De qué sirvió á ungido y consagrado, segun' costumbre, por el ólio Roma la muerte de Domicio Neron sino para llamar al santo. Importa poco, decian, que las costumbres de trono á Oton y á Vitelio, dos tiranos que fueron tan cste Rey se hayan depravado; importa poco que haya perniciosos como él para la salud de la república ? Si se degenerado su poder en tiranía; los libros sagrados, la logró que fuesen menos sus estragos fué á costa de la misma historia del cristianismo manifiestan que no hay vida misma del imperio. nunca razon para matar á los reyes. ¡Cuánta no fué en Creen pues muchos en vista de tantos y tan terrilos antiguos tiempos la maldad de Saul, rey de los ju- bles ejemplos que justo o injusto debe sufrirse al príndios! Cuán libertina no fue su vida, cuán depravadas cipe reinante y atenuar con la obediencia los rigores de sus costumbres! Agitada su frente por infames pensa- su tiranía. La clemencia de los reyes y de todos los jemientos, no vacilaba sino cuando obraban con fuerza ses del Estado depende, dicen, no solo de su carácen él los remordimientos de su conciencia. Destronado ter, sino tambien del carácter de sus súbditos. Si el él, habia de pasar la corona á David , y David, no obs- de Castilla don Pedro llegó á merecer el nombre tante, á pesar de saber cuán injustamente reinaba, á de Cruel no fué tanto por su culpa como porque, inpesar de verle sumergido en la locura y en el crimen, tolerantes los magnates y ávidos de vengar á diestro y á pesar de tenerle una y otra vez bajo su poder , á pesar siniestro las injurias recibidas ó impuestas, le pusieron

en ya

de las cosas de este la cual estaba aquel atentando de mil modos sin tener mundo. Las desgracias de la virtud las atribuimos al jamás motivo, á pesar de que le veia siempre siguiendo vicio, y acostumbramos á juzgar siempre de las cosas con mala intencion sus pasos, no solo no se atrevió por sus resultados. ¿Qué respeto podrán tener los puenunca á matarle y le perdonó siempre sus injurias, sino blos á su principe si se les persuade de que pueden casque hasta mató como impío y temerario al jóven ama- tigar las faltas que cometa? Ora por motivos verdaderos, lecita que le asesinó viéndole vencido en la batalla, ora por motivos aparentes, se turbará á cada paso la eclado sobre su propia espada y deseando que otro tranquilidad de la república, el don mas apreciable que acabase de quitarle su enojosa vida. No por ser Saul un podemos recibir del cielo. Caerá sobre nosotros todo tirato, creyó este prudente Rey que era digno de per-género de calamidades, se disputarán bandos opuestos don el que se alrevió á atentar contra un príncipe con- el poder con las armas en la mano, males todos que sagrado por la mano de Dios desde el momento de haber ¿quién no creerá que deban evitarse, á no ser que esté sido ungido. Es además sabida la crueldad que desple- falto de sentido conun ó tenga el corazon de hierro ? garon los emperadores romanos en los primeros tiem- Así hablan los que defienden al tirano; mas los papos de la Iglesia contra los que profesaban la religion tronos del pueblo no presentan menos ni menores are de Cristo. Hacian horrorosas carncerías en todas las

gumentos. La dignidad real, dicen , tiene su origen en provincias, agotaban en el cuerpo de los fieles el mayor la voluntad de la república. Si así lo exigen las circunslujo posible de tormentos, se cebaban en ellos como tancias, no solo hay facultades para llamar á derecho fieras acosadas por el hambre. ¿Quién empero creyó al rey, las bay para despojarle del cetro y la corona si se jamás que hubiese derecho para vengarse ni para en- niega á corregir sus faltas. Los pueblos le han trasmifrenarles con las armas? ¿No se sostuvo, por lo contrario, tido su poder, pero se han reservado otro mayor para que era preciso oponer la resignacion á la crueldad, al imponer tributo; para diclar leyes fundamentales es crímen la obediencia? ¿No dijo san Pablo que resistir siempre indispensable su consentimiento. No disputaá la voluntad de un magistrado era resistir a la volun- rémos ahora cómo deba este manifestarse, pero consta tad de Dios? Y si no se consideraba licito poner las manos que solo queriéndolo el pueblo se pueden levantar nueen un pretor por inicuo y temerario que fuese , ¿ha de vos impuestos y establecer leyes que trastornen las anserlo matar a los reyes por estragadas que sean sus cos- tiguas; conste, y esto es mas, que los derechos reales, tumbres? ¿Ignoramos acaso que Dios y la república los aunque hereditarios, solo quedan confirmados en el suM-11,

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cesor por el juramento de esos mismos pueblos. Es de sufrirsele, á pesar de sus liviandades y sus vicios, preciso además tener en cuenta que han merecido en mientras no desprecie esas mismas leyes que se le imtodos tiempos grandes alabanzas los que han atenta- pusieron por condicion cuando se le consió el poder do contra la vida de los tiranos. ¿Por qué fué puesto en supremo. No hemos de mudar fácilmente de reyes , si Jas nubes el nombre de Trasibulo sino por haber liber- no queremos incurrir en mayores males y provocar distado á su patria de los treinta reyes que la tenian opri- | turbios, como en este mismo capítulo dijimos. Se les ha mida? Por qué fueron tan ponderados Aristogiton y de sufrir lo mas posible, pero no ya cuando trastornen Harmovio? Por quélos dos Brutos, cuyos elogios van re- la república, se apoderen de las riquezas de todos, mepitiendo con placer las nuevas generaciones y están nosprecien las leyes y la religion del reino, y tengan ya legitimados por la autoridad de los pueblos ? Cons- por virtud la soberbia, la audacia, la impiedad, la conpiraron muchos con éxito desgraciado contra Domicio culcacion sistemática de todo lo mas santo. Entonces es Neron: ¿quién reprende su conducta ? Han merecido, ya preciso pensar en la manera cómo podria destronárpor lo contrario, la alabanza de todos los siglos: Cayo, sele, á fin de que no se agraven los males ni se vengue monstruo horrendo y cruel, sucumbió á las manos de una maldad con otra. Si están aun permitidas las reQuereas, Domiciano á las de Estéban, Caracalla á las uniones públicas, conviene principalmente consultar el del yerno de Marcial, Heliogabalo, prodigio y deshon- parecer de lodos, dando por lo mas fijo y acertado lo ra del imperio que al fin expió sus crímenes con su pro- que se estableciere de comun acuerdo. Se ha de arnopia sangre, á las lanzas de las guardias pretorianas. Y nestar ante todo al príncipe y llamarle á razon y á de¿quién, repetimos, vituperó jamás la audacia de esos recho; si condescendiere, si satisficiere los descos de hombres? El sentido comun es en nosotros una especie la república, si se mostrare dispuesto á corregir sus de voz nalural, salida del fondo de nuestro propio en- faltas, no hay para qué pasar mas allá ni para qué se tendimiento, que resuena sin cesar en nuestros oidos, propongan remedios mas amargos; si empero rechay nos enseña á distinguir lo torpe de lo honesto. zare todo género de observaciones, si no dejare lugar

Añádase á esto que el tirano es una bestia fiera y alguno á la esperanza, debe empezarse por declarar cruel, que adonde quiera que vaya , lo devasta, lo sa- públicamente que no se le recouoce como rey, que se quea , lo incendia todo, haciendo terribles estragos en dan por nulos todos sus actos posteriores. Y puesto todas partes con las uñas, con los dientes, con la pun- que necesariamente lia de nacer de ahí una guerra, conta de sus astas. ¿Quién creerá solo disimulable y no viene explicar la manera de defenderse , procurar ardigno de elogio á quien con peligro de su vida trate de mas, imponer contribuciones á los pueblos para los rediniir al pueblo de sus formidables garras ? Quién gastos de la guerra, y si así lo exigieren las circunslanque no se han de dirigir todos los tiros contra un mons- cias, sin que de otro modo fuese posible salvar la patruo cruel que mientras viva no ha de poner coto á su tria, matar á hierro al principe como enemigo público carnicería? Llamamos cruel, cobarde é impío al que y matarle por el mismo derecho de defensa, por la auve maltratada á su madre ó á su esposa sin que la socor- toridad propia del pueblo, mas legitima siempre y mera; y ¿ hemos de consentir en que un tirano veje y ator- jor que la del rey tirano. Dado este caso, no solo reside mente á su antojo á nuestra patria, á la cual debemos esta facultad en el pueblo, reside hasta en cualquier mas que á nuestros padres? Léjos de nosotros tanta particular que, abandonada toda especie de impunidad maldad, lejos de nosotros tanta villanía. Importa poco y despreciando su propia vida, quiera empeñarse en que hayamos de poner en peligro la riqueza, la salud, ayudar de esta suerte la república. la vida; á todo trance hemos de salvar la patria del pe- Se preguntará quizá qué debe hacerse cuando no hay ligro, á todo trance hemos de salvarla de su ruina. ni aun facultad para reunirse, como muchas veces acon

Tales son las razones de una y otra parte. Conside- tece ; mas suponiendo que esté oprimido el reino por radas atentamente, ¿será acaso dificil explicar el modo la tiranía , existe siempre la misma causa y de conside resolver la cuestion propuesta ? En primer lugar, lan- guiente el mismo derecho. No por no poderse reunir to los filósofos como los teólogos, están de acuerdo en los ciudadanos debe faltar en ellos el natural ardor por que si un príncipe se apoderó de la república á fuerza derribar la servidumbre , vengar las manifiestas é inde armas, sin razon, sin derecho alguno, sin el con- tolerables maldades del príncipe ni reprimir los cosentimiento del pueblo, puede ser despojado por cual- natos que tiendan á la ruina de los pueblos, tales como quiera de la corona, del gobierno, de la vida; que sien- el de trastornar las religiones patrias y llamar al reino do un enemigo público y provocando todo género de á nuestros enemigos. Nunca podré creer que haya males á la patria y haciéndose verdaderamente acree- obrado mal el que secundando los deseos públicos haya dor por su carácter al nombre de tirano, no solo puede atentado en tales circunstancias contra la vida de su ser destronado, sino que puede serlo con la misma vio- principe. Hemos dado ya para esto una multitud de ralencia con que él arrebató un poder que no pertenece zones, y creemos que estas razones bastan. sino á la sociedad que oprime y esclaviza. No sin razon Resuelta ya así la cuestion de derecho, no debe atenAyod, despues de haberse captado con regalos la gra- derse sino a la de hecho, es decir, á cuál merece ser cia de Eglon, rey de los moavitas, le mató á puñaladas; tenido realmente por tirano. Temen muchos que con arrancó así á su pueblo de la servidumbre que pesaba esla teoría no se atente á menudo contra la vida de. sobre él hacia ya cerca de veinte años.

los príncipes; mas es necesario que adviertan que no Si el príncipe empero fuese tal ó por derecho here- dejamos la calificacion de tirano al arbitrio de un parditario ó por la voluntad del pueblo, creemos que ha ticular ni aun al de muchos, sino que queremos que

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