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las luchas verdaderas, uniólos con los lazos del amor, y si no se corta enteramente el paso á todos los placeres. con los mismos lazos les unió consigo. No creian aque- De otro modo, del ocio y de los placeres nacerá la desllos jóvenes que hubiese nada mejor que merecer la honestidad y la avaricia, delitos que se repetirán á cagracia de su Principe, así que aspiraban á alcanzarla da paso, el hurto y el latrocinio. Los principes y los con todos sus esfuerzos. Testigo de ello Jenofonte en particulares que piensen poco en la salud de la repúlos libros que escribió sobre la vida y educacion de blica y en el comun peligro han de dedicarse por fuerza Ciro, ya con el objeto de darnos una verdadera his- á aumentariomoderadamente sus riquezas, a fin de que toria, ya con el de presentarnos el dechado de un buen nunca pueda faltarles con qué salisfacer su gula y sus príncipe, libros dignos á la verdad de que los reyes no torpes apetitos, á cuyo servicio se entregaron. ¿No era los dejen de la mano, pues no está omitido en ellos acaso este el estado de las cosas en España cuando Ronada de lo que puede contribuir á su prudencia y su drigo, ultimo rey de los godos, tomó las riendas del templanza. No puede uno menos de admirarse luego gobierno? Los españoles no podian entonces ni crecer de que un imperio tan grande, constituido por el valor en medio de la paz ni sostener la guerra; estaban enerde Ciro, aparezca á poco en decadencia y ruina por las vados por el hábito de los mayores vicios, pasaban lo faltas de su hijo Cambiscs. Mas como hace observar mas del dia en los banquetes, vivian debilitados por la Platon en el lib. iu de Las Leyes, la verdadera causa comida y el vino, corrompidos por el estupro y los defué la diversa educacion dada á los dos príncipes , pues más delitos sensuales, en que pasaban una vida infame alterada la costumbre que con el primero se habia ob á ejemplo de sus príncipes, sin temple ya en sus almas, servado, nacieron como de viciada y corrompida fuente sin fuerzas que no estuviesen ya gastadas por el exceso hábitos distintos, una política distinta y distintos y del deleite, tanto, que en el mundo no habian ya hábitos liasta contrarios resultados. Habia nacido Ciro en país que pudiesen compararse con nuestras depravadas cosáspero y sido educado frugalmente entre pastores; así tumbres nacionales. ¿Pudieron acaso resistir el empuje que endurecido el cuerpo con la fatiga y engrandecido de un pueblo jóven cuando se precipitó á su ruina toda el ánimo, venció muchas veces á sus enemigos y holló la república ? El imperio que el valor habia alcanzado con firme planta la cabeza de los vicios domésticos. la opulencia lo perdió, y con ella sus compañeros los Mas esclarecido durante la guerra que despues de la placeres. victoria, no considerando suficientemente cuántos ma Mas es fuerza que volvamos ya al punto de donde les nacen de una educacion afeminada, y distraido, por hemos salido. Era costumbre entre los nobles de Maceotra parte, en las muchas y continuas guerras que se le donia entregar sus hijos adultos á los reyes para servioriginaban sin querer, nacidas unas de otras, tuvo la cios que no distaban mucho de los de los esclavos. Hadebilidad de confiar la educacion de su hijo á eunucos y cian centincla á la puerta de la cámara en que el rey mujeres, con las cuales debilitado Camibises por el ex- | dormia, le llevaban cuando habia de montar los cabaceso de los placeres y depravadas sus buenas cualidades, los que recibian de los palafreneros, le acompañaban fué orgulloso para sus súbditos, cobarde para sus ene 2/22/§2222\\22\\2\§Â2/2/2/2/2/2/2/ņēmēģētiņģētiņ§ūtiņ2\22\ migos, intolerable para los pueblos, que empezaron por en todas las artes liberales. La mayor honra que les odiarle, y acabaron por tenerle en el mayor desprecio. podian dispensar era dejarles comer a la mesa del prínAfortunadamente Darío aprendió en esta leccion severa, cipe ; y nadie sino este tenia derecho de castigarles, y con su valor é industria restituyó á su primera gran por grandes que fuesen sus fallas y delitos. Esta corte deza aquel mismo imperio que habia destruido Gambi del rey fué, como era de esperar, entre los macedonios ses y estaba á la sazon en poder de los magos. Mas no un abundante semillero de capitanes y de hombres de aprendió aun lo bastante, pues tuvo tambien una cdu gobierno. Así lo asegura Quinto Curcio en el lib. yıl cacion tosca y no era hijo de reyes, y permitió que su de las hazañas de Alejandro, constando además que sohijo Jerjes pasase sus primeros años en la molicie y en lian dar al hijo del rey, cuando niño, los hijos de los los placeres, lo mas pernicioso y perjudicial del mundo. | magnates para que se instruyeran con él en todo géneEs grande el poder de los placeres, increibles sus suer ro de artes y de ciencias. Por este medio armado Alezas, tanto mas de temer cuanto que invaden suave y jandro con el valor y el amor de esos sus camaradas, blandamente el ánimo y destruyen el entendimiento venció lejanos enemigos y dió por limites á su imperio antes que pueda pensarse en el remedio. Enervan las los últimos confines de la tierra. fuerzas del cuerpo y las del alma , minan el imperio de | Este es pues nuestro parecer, que ojalá se hiciese la razon y lo trastornan todo, semejanles á esos bandi | tan agradable á los hombres prudenles como lo condos que eran conocidos entre los egipcios con el nom- | sidero yo saludable á la república. Creo que con el que bre de filistas, y abrazaban a los que pretendian por la de ser un dia nuestro rey deben ser criados desde medio de la estrangulacion quitar la vida. Grande es el sus liernos años y educados en la ciencia y en la virtud poder de los placeres y grande el peligro que por ellos I gran número de hijos de grandes, escogidos entre todas amenaza a los príncipes , que, rodeados por todas par- 1 las provincias del imperio, procurando mucho, sin emtes de deleites, colocados en la mayor abundancia del bargo, que entre estos no haya ninguno que gane con cosas posible y sin tener quien contradiga sus deseos, especialidad la gracia de su príncipe ni por sus buenas es verdaderamente un milagro que no se corrompan y mañas ni por la semejanza de carácter ni por la identisucumban á la fuerza de la impurcza y de los vicios. Es dad de vicios, cosa que seria mucho mas sensible. No dificil, dificilísimo que pueda subsistir un imperio ni debe liaber ninguno que sea partícipe y árbitro de todos que salgan buenos y prudentes los que le gobiernan los secretos de losreyes ni liable mucho con él sin testi

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gos, circunstancia que basta pora ofender á los demás y 1 Componen así estos varones al príncipe de dolo, de aun para encender en sus pechos el rencor y el odio. | fraude y de mentira, mandan que aparente probidad y le Una intimidad tomada desde los primeros años y con- conceden que, segun las circunstancias, pueda entrefirmada en épocas posteriores ; qué de trastornos no | garse á todo género de liviandades y á la crueldad y á ha de producir en el corazon de un reino, principale la avaricia, cosas todas que pueden afrentar á los parmente si el monarca por debilidad de carácter no pue- | ticulares, pero que, segun ellos, han sido y son motivos de entregarse á los graves cuidados del gobierno y de alabanza cuando se trata de emperadores y de reyes. está enteramente entregado á los placeres ! Crecen en- | No siempre deben los principes seguir un mismo catonces en poder los palaciegos, y sobre todo el que se mino, dicen, sino amoldarse á la naturaleza de las perha ganado la gracia del príncipe , de cuyo arbitrio de sonas, de las cosas y de los tiempos. Háganlo lodo papenden en adelante los negocios de la paz y de la guer- ra el bien público y la estabilidad del imperio, é imra, sin que se atienda á lo que mas aconsejan la razon) porta poco que digan verdad ó mientan. En los liemy el derecho, hecho de que nacen grandes daños, como

pos antiguos lia venido ya esta opinion envuelta en declaran muchos y muy funestos ejemplos. En Casti- | la red brillante de la fábula , pues se dice que Aquilla, y no es muy larga la fecha , tuvimos un don Alvaro les fué entregado al centauro Quiron para que le edude Luna, que llegó á dominar tanto en palacio, que cara, y era este centauro un monstruo horrible y cruel cl Rey no cambiaba sino por su voluntad de comida, | que tenia cara de hombre, pero que de la cintura abade trajes, de criados: condicion por cierto bien triste jo tenia el cuerpo de toro ó de caballo. ¿Qué quisiepara el Rey, para el reino y para entrambos. Verdad es ron significar con esto sino que el príncipe para gobernar que don Alvaro pagó con la cabeza los males que habia el pueblo basta que ostente la humanidad en su rostro, ocasionado. Habíalo ya previsto la Reina, madre de importando poco que dé á sus costumbres varias y desdon Juan, y deseando evitarlo, habia desterrado á Al- usadas formas, segun las circunstancias lo exigieren? varo de palacio, separándole de la compañía de su liijo Tenemos además de fecha reciente un Luis XI, rey de para trasladarle á Aragon, de donde habia venido. Una | Francia, que confió la educacion de su hijo Cárlos al carfuerza superior, sin embargo, desbarató lo que tan pru denal de Amboesa sin dar facultadesá nadie para que se le dente y perfectamente habia sido pensado. Murió la acercara, yandando el tiempo, no consintió en que le enReina jóven aun, y Alvaro entró otra vez en palacio ha tregaran á las ciencias ni á las letras, asegurando que ciéndose un indispensable compañero del Rey y gran- todos los preceptos para el gobierno se reducian á uno: jeándose en breve ese favor, de que nacieron tan gravos «El que no sabe fingir no sabe reinar.» Es, por otra alteraciones y tan graves males, males que no podemos parte, indudable que muchos príncipes se hicieron la explicar aquí particularmente. Debe pues recomendar misma cuenta y conservaron el poder que habian recise á los que eduquen al príncipe que en cuanto lo per bido mas con la destreza que con verdaderas virtudes. mitan las circunstancias no consientan en que uno Debemos contar entra ellos á Tiberio, sucesor de Aucautive el ánimo del rey con preferencia á los demás, gusto, que siempre aparentaba lo que menos sentia, y y acostumbren y hasta amonesten al príncipe cuando que entre sus facultades ninguna apreciaba tanto coniño que manifieste el mismo amor á todos sus compa- 1 mo la de saber fingir, llevando muy á mal que llegase ñeros, á todos los individuos de su corte.

á traslucirse lo que él queria que estuviese oculto,

como con estas mismas palabras nos lo refiere Tácito. CAPITULO X.

Este es el parecer de muchos, parecer confirmado Dé la mentira.

muy pocas veces con palabras, porque el pudor lo in

pide, pero sí con ejemplos. Es decir, que sienten que Varones de grande y de excelente ingenio y que lie- | el rey ha de cultivar por igual los vicios y las virtunen fama de muy circunspectos sostienen que el prín- | des , medirlo todo por la utilidad y no hacer caso para cipe debe usar de mucha ficcion para gobernar los nada de la honradez, si esta se opone en cierto modo á pueblos. Dicen que los demás hombres han de diri lo que puede ser útil para el rey y para el pueblo. girse por el camino ancho y trillado á lo que es lo Otros con mas razon consideran coino necesarias al nesto y útil, pero no los príncipes á quienes está con- principe la equidad y las demás virtudes, sin concederle fiada la salud de una muchedumbre variable, multipli que pueda faltar á ellas por su antojo ni separarse de lo ce, inconstante y que no sicmpre tiene la misma volun | que exige la justicia, y sí tan solo que pueda mentir y tad ni juzga de las cosas con el mismo acierto. Tome el usar de fraude, obligado por lo apremiante de las cirpríncipe, añaden, todas las formas á manera de Proteo, cunstancias, pues si fuese demasiado tenaz en seguir el presente, si pucde, los mas contrarios caractéres, pues debido camino, se veria envuelto en graves peligros y á todos debe agradar y de todos debe aprobar las pala- sumergiria en graves daños la república. Añaden estos bras y los hechos. Con tal que el rey ume en su interior que Hércules no llevaba cubierto todo el cuerpo con Ja equidad, y se manifieste benigno y tratable, y reciba la piel de leon, y sí parte de él con piel de zorra, hecho con singular amor á cuantos se le acerquen, puede | que servió á Lisandro, rey de los lacedemonios, para concebir en su ánimo los mayores fraudes y hasta ali- contestar á los que le exigian mayor sencillez en las mentar vicios y ejecutar maldades que crea le han de costumbres y en todos los actos de la vida, vituperánservir para contener á los súbditos en el círculo de sus dole porque apełaba al dolo. Use, dice, el príncipe sedeberes y difundir el espanto y el terror en el corazon gun convenga del fraude y la mentira, pero solo raras de sus contrarios.

veces y como por medicina, como concedió Platon a los

príncipes ya los magistrados para llevar la muchedum- / lija no pocas veces de liaber empañado la hermosura bre adonde fuese justo, pues la luz de la verdad ciega de la verdad misma, abraza los males por bienes y va muchas veces al pueblo, que se espanta de cualquier abriendo su fosa con sus propias manos. Quien pues cosa y hasta de su misma sombra. ¿Cuántos ejemplos, acusa á otro de decir mentira, dispara contra él en una preguntan por sin, no encontrarémos en las sagradas es sola palabra todo género de oprobios, tales como el crituras de hombres que con el fraude y la mentira de que está cercado de tinieblas, el de que todos los y sin que nadie les vituperara llevaron á cabo gran vicios hallan en él abrigo, el de que es de condicion des y preclaros hechos?

servil, el de que es indigno de que se le crea en Mas no nos habiamos propuesto en este lugar cues cuanto diga. tionar sobre la mentira ni el fraude, y sí solo sobre si es | Se dirá tal vez que los negocios de la república exilicito usar algunas veces de ellos exigiéndolo las cir gen algunas veces que engañe el príncipe y mienta, cunstancias. Tengo para mí que desde sus primeros pues la verdad y la sencillez traen no pocas consigo graaños debe ya inculcarse al príncipe el amor á la verdad ves daños. Mas en esta objecion ; oh Dios, cuánto y el odio á la mentira hasta que crea que nada hay mas mal no viene encerrado! No hay, en primer lugar, nintorpe que esta ni mas contrario a la dignidad del rey. Es guna cosa útil que pueda estar acorde con otra verpues la verdad un bien permanente muy agradable á gonzosa; y esta mezcla mas bien ha de ocasionar daño Dios, muy á propósito para conciliar el amor y para que provecho, pues ha de destruir forzosamente la procurarse todo género de recursos. ¿Quién pues se ha dignidad y la honradez; y como no liay nada mejor de negar á prestarse ni á prestar lo suyo al que creen que éstas dos dotes, no hay nada mas necio que trocar que no ha de faltar á su palabra y ha de poner aules en por hierro el oro. Acostumbrado luego el rey á mentir, peligro su vida, su hacienda y hasta su mismo gobier cobrará fama de pérsido y de injusto; y ¡cuánto no han no ? No sin razon los romanos consagraron en el Ca de sufrir de ella todos los negocios particulares, y sobre pitolio la Fe junto al Padre de los dioses , queriendo todo los negocios públicos! ; Quién ha de ser entonces dar á entender que las reglas de buen gobierno descan su aliado? Quién ha de fiarse en su-palabra? Mas qué, san en la sinceridad. Es la mentira cosa torpe é indigna ¿cómo puede decirse que lleve ventaja alguna mintiende la excelencia del hombre, como es fácil de ver por | do, si llega á dudarse de su buena fe, de su exactitud en Jos mismos que mienten por costumbre, los cuales han el cumplimiento de sus promesas? Nadie ha de creerlo de poner. gran cuidado en cubrir el fraude, y se sonro- despues, aunque lo afirme con juramento; todos han jan gravemente al verle descubierto. Hay por de con de mirarle con desconfianza y aborrecerle. Así como el tado otros crímenes mucho mayores, mas pocos que mercader que por.afan de lucrarse engaña no puede afrenten tanto á los que lo cometen, tanto, que está ya conservar lo que justamente adquirió por el fraude y admitido que debe vengarse con sangre la injuria que rompe sin sentirlo las relaciones comerciales que con se recibe cuando se nos echa en cara que mentimos, y los demás tenia , así el príncipe fraudulento no podrá no cuando se nos llama adúlteros, avaros ni homici- | tampoco conservar lo que solo por el fraude hizo suyo, das. Es en verdad vituperable esta venganza, y está y tarde o temprano ha de enajenarse las voluntades de prohibida por las leyes divinas, segun las cuales nadie sus súbditos, que son para un rey la mayor y la mas puede volver mal por mal, aunque sea provocado; mas-es/ ventajosa de las armas. Abandonarán todos al príncipe indudable que esta preocupacion de que la mayor inju | cuya lealtad se haya hecho sospechosa, y se unirán ria está en que se nos acuse de embusteros, no hubiera con gusto á la causa del que vean que les es fiel y crean prevalecido nunca á no ser por lo fea que se ha presen- | que lo ha de ser eternamente. tado siempre la mentira. ¿Qué mas vergonzoso que | Engaña algunas veces á los principes la esperanza ella ? Qué mas ajeno de la nobleza y de la dignidad del de poder ocultar sus fraudes; mas la ficcion y la mentihombre que desea siempre ponerse á laluz. y á'los ojos ra se hacen traicion á sí mismas, y no permite Dios que de todos ? Ama la mentira las tinieblas, busca lugares goce por mucho tiempo el hombre falso de la felicidad ocultos donde pueda esconderse su torpeza; ¿qué ya que conquistó por medio de su misma falsedad y el mas indigno de almas generosas y elevadas? No nos dolo. Es cierto que muchos consiguieron el nombre de obliga á mentir sino el temor de que se nos reprenda, | sabios por el arte y habilidad con que mintieron, mas se nos infame ó se nos castigue; y el temor es solo pro los resultados probaron al fin cuán injusta era la opipio de ánimos quebrantados, abyectos y acostumbrados nion que de ellos se tenia. Las conquistas que estaban á una rigorosa servidumbre; nunca de almas levantadas | basadas en la mentira perecieron , las que en la verdad y libres, si siempre de esclavos, que obran siempre en permanecieron firmes y seguras. Descubrióse despucs vista del látigo que les amenaza. Nada hay en la vida el fraude, cayó la venda de los ojos de la muchedumhumana mas excelente que la buena fe, con la cual se , bre, y los que anduvieron algun tiempo en boca de toestablecen las relaciones comerciales y se constituye la dos envueltos en las mayores alabanzas no merecieron sociedad entre los hombres; y es evidente que á este luego de todos sino vituperios y desprecios. Las palabien divino nada hay mas contrario que el fraude y la bras de Lisandro han sido celebradas en verdad, pero mentira. No puede haber cosa estable sin que lo guarde | solo por lo ingeniosas y festivas: ¿ ignoramos acaso la confianza, y esta no puedo de ningun modo existir que en breve tiempo produjeron, no la sonrisa en los si no es reciproca. Hay que considerar , por fin, que labios de los ciudadanos, sino lágrimas amargas y abuntoda la felicidad de la vida está encerrada en la verdad, dantes en sus ojos? Enajenadas muchas ciudades á la es decir, en gozar de verdaderos bienes. La desgracia, redonda , cayeron los lacedemonios en muchas cala

midades, de que no se pudieron reponer ni aun despues

CAPITULO XI; de la balalla e Leucra, que parecia deber restituir á aquel imperio sus antiguos recursos y anterior grande

De los aduladores. Za. Los príncipes que recientemente han usado de frau Grande es la hermosura de la verdad que está en des y mentiras, no hay para qué decir si ofendieron su completa armonia consigo misma y hace que dirijamos buen nombre y alrajeron daños á sus pueblos. No pudo a un mismo sin todos los actos de la vida; increibles ser nunca sincera la alegría ni la felicidad que tuvo por las fuerzas de la sencillez y el candor, feisimas en raíces la mentira. La educacion de Aquiles no debe, cuanto cabe la doblez y el engaño. Nada mas ajeno de por olra parte, apartarnos de esta idea, pues es mucho la dignidad y de la excelencia del lfombre que mani. mejor creer que con la doble naturaleza del centauro festar una cosa eu su exterior y en sus palabras y senquisieron significar los antiguos la prudencia y la for- | tir y obrar de otra manera. Podrán, sin embargo, algutaleza que han de tener los príncipes. ¿Por qué, si no, nas veces los principes disimular y ocultar sus resolucolocaron en la entrada de los templos como si fuese la ciones, pues mientras están guardadas tienen mayor imágen de Dios la figura de un esfinge? Los egipcios | fuerza, y la pierden á medida que se van sabiendo; y simbolizaban con mas razon la divinidad en un joven seria basta necio que comunicasen á todos lo que pien. sentado en el regazo de un anciano. Hay además quo san bacer para la salud del reino. En Roma tenia Cog. advertir que los antiguos poelas dijeron muchas cosas so, es decir, Neptuno, un templo subterráneo debajo sabiamente, y mintieron en otras sin razon ni tino, de- del circo para que creyendose, como se creia , que ins. jándose llevar de la costumbre de su época. No nega piraba este Dios las resoluciones de aquel pueblo, se rémos que el príncipe deba ser cauto y guardar esa re comprendiese con solo ver el lugar que habiau de estas serva, que el pueblo suele llamnar astucia y fraude, dan- ocultas y guardadas en lo intimo del pecho. Siguió do á la virtud uu nombre que está muy cerca de signi- prudentemente esta conducla Pedro de Aragon cuando ficar el vicio. Aseguran los mismos poetas que la edu con la esperanza de ocupar la Sicilia por una conjuracacion de Aquiles fué confiada á Fénix, varon muy cion de los ciudadanos reunió y equipó una escuadra, prudente y muy ejercitado en el arte de bien decir, do con la que afectó que queria invadir la costa de Africa. tes entrambas que debe reunir, como hemos dicho an Alarmóse el Papa , hácia cuyos estados se dirigia aquel teriormente, el que mas tarde ha de gobernar los pue. | aparato de guerra, y le envió un legado suyo, que no blos, defender la patria y ponerse á la cabeza de sus · acababa nunca de hacerle preguntas sobre lo que tropas.

pensaba hacer con aquella escuadra. Irritado entouces Acostứmbrese pues al príncipe desde sus mas tier el Rey, quemaria, dijo, mi camisa si creyese que sados años á que aborrezca la mentira mas que nin be mis resoluciones : respuesta dignísima de un gran gun otro vicio, y sobre todo á que sea enemigo acérri

principe; pues así como es de ánimos abyectos menmo de los hombrès mentirosos, porque si así lo hiciere, tir y engañar, es de mezquinas almas no saber endesbaratará los proyectos de los aduladores, que son cubrir sus proyectos y designios. No puede á la verel peor y mas constante mal que existe en los palacios dad tomar grandes cosas sobre si el que tiene por pe. de los reyes. Las fuerzas de los reyes no las pierden sada carga el silencio que tan fácil hizo la naturaleza tanto los enemigos como los aduladores; así que, ven- | al hombre. Entre los persas era costumbre castigar cido este peligro y evitado este escollo, se procurará mas las faltas de lengua que otras cualesquiera, tanto, el ayuda de Dios con su amor á la sencillez y la verdad. que llegaban á imponer pena de muerle al que violasa Libertado entonces del constante asedio y de las ase- un secreto. chanzas de hombres perdidos, rodeado de todas las | Ahora bien, si nada hay mas vergonzoso que la menvirtudes, defendido por la misma justicia, administra- tira ni mas lionesto que la verdad, preciso será que rá felizmente los negocios de su casa y los de la repú- | confesemus. que son perniciosísimos los aduladores, blica.

que por desgracia nuestra abundan tanto en los palaMas ya hablaremos en otro capítulo de los adulado- | cios de los principes. No puede, á la verdad, imaginarse res. Por lo que al presente toca, debemos encargar al peste mas terrible, ni fiera mas cruel, ni monstruo mas ayo del principe que le inculque á un tiempo el amor espantoso ni inhumano. Aunque reuniéramos en un solo á la verdad y el odio á la mentira , que nada reprenda lugar los tigres, las panteras y los Icones y evocáracon tanta acritud como esas faltas, por propias que mos por la fuerza de la imaginacion las quimeras, las aparezcan de los niños, que perdone fácilmente las arpias y los esfinges, no podriamos formarnos siquiedemás, con tal que las confiesc y no altere en lo mas ra una idea aproximada de lo que son esos infames. mínimo la verdad del hecho, que ya que no conviene No nos quitan la luz del sol, pero se esfuerzan , y ese castigar á los principes sino muy raras veces por no to es mucho mas funesto, en apagar la luz de la verdad confundirles con sus criados, castigue la mentira en y en cegar á los que gobiervan las repúblicas, home los que le rodean con palabras amargas y hasta con bres que colocó Dios en las cumbres de las sociedades azotes, para que cuando menos aprenda su deber en humanas para que velasen sin cesar y mirasen por la el dolor y lágrimas ajenas, y la idea de que no puede salud de todos. Se empeñan estos aduladores pada mementir quede impresa é indeleble para toda su vida en nos que en envenenar las fuentes en que ha de beber lo mas imtimo del alma.

todo el pueblo, hecho el mas perjudicial del mundo.

No se dirigen nunca á los hombres débiles y pobres, I po arman sus asechanzas sino á los que están en toda

su lozanía, circuidos de todo género de bienes. Las | averiguado ya, deja por algun tiempo su carácter y se bormigas no van nunca á graneros desprovistos, la trasforma en otra persona afectando todo lo que al oryga no va punca á los árboles secos sino á los verdes. príncipe le agrada, y aparentando siempre que es su Son á la verdad estos hombres como los piojos, que gusto el suyo. Si ama el príncipe la caza , cria perros; abandonan los cuerpos luego que no tienen sangre de si es dado á la liviandad y á los amores, confiesa que que chupen.

está perdidamente enamorado, y lo llena todo de blan¿Cuán dañoso no ha de ser pues tomar por blanco das quejas y tiernísimos suspiros. Viste como el camade sus tiros á los principes, cabeza como son de la re- | leon todos los colores menos el blanco, á cualquier lapública, y procurar la ruina de los que son la base de | do se inclina fácilmente menos al de la honestidad y á Ja salud y la felicidad del reino? ¿Qué enfermedad pue- la justicia. ¿Es ardiente y arrebatado el príncipe? Le de baber mas grave que la que deriva de la cabeza? No incita con cuidados discursos y grandes ražones á que hay en la vida humana nada mas bello, mas útil ni de emprenda injuslas guerras, cosa que no hay para qué mas sazonados frutos que la amistad sincera, nada que decir si realizará ó no con grave riesgo de la república, cause mas estragos que engañar á los hombres aparen- pues se impondrán como es natural onerosos tributos tando esta misma amistad cuando no la abrigan ni la

para cubrir los gastos de la campaña, y se agotará á los sienten. Fingense pues tos aduladores amigos; afec i que poco posean, y se concederá todo al ejército, sin que tan cumplir con los deberes que la antistad impone, sirva la equidad de luz ni guia. ¿Es el principe lascivo? deleitando a los que quieren ganar con sus torpes adu- Excusará entonces todo género de liviandades, fundánJaciones, aconsejando una que otra vez cosas, en la | dose en que los reyes han de templar con placeres los apariencia saludables, y en la realidad perniciosas, para | graves trabajos del gobierno. A las virtudes verdaderas. que haya mas dificultad en conocer y evitar los terribles dará el nombre de vicios, y levantará y alabará estos vimales que acarrea su conducta. No hablamos aqui de cios, dándoles el nombre de las virtudes á que mas se esos mezquinos aduladores ni de esos parásitos charla acerquen. Llamará, por ejemplo, al que es cruel severo, tanes, que aunque en su género no dejan de ser malos frugal al que es avaro, placentero y jovial al que sea é infames, carecen de talento y fuerzas para que pue dado á la lujuria , caulo y prudente al que sea tímido y dan producir muy graves daños; hablamos solo de dejado. Si es que pueda servirle, dará á la fortaleza el aquellos que cubiertos con las bellas formas de la vir- | nombre de temeridad, ya la prudencia el de timidez y tud, no perdonan medio para alcanzar la gracia de sus cobardía; arreglará, por fin, siempre sus palabras de principes, ni hay maldad ni infamia que no estén dis- | modo que puedan agradar al príncipe sin tener para na. puestos á cometer con tal que lo consigan.

da en cuenta ni lo que exige la virtud ni lo que reclama la Conviene ante todo considerar cóino empiezan sus salud del reino. Robusteceránse los vicios de los reyes y ingeniosísimos ataques. Lo que primero contribuye á. se aumentarán aun con otros que serán tal vez peores. pervertir el entendimiento del hombre es su misino Es lal la condicion del hombre, que da siempre mas créamor propio, es decir, ese amor natural con que cada dito á los pocos que aprueban sus hechos que a su concual aplqude sus obras y se adula. ¿Quién pues ha de | ciencia y á los muchos que se los condenan. Verdad es liaber de tanta circunspeccion que no se agrade á sí mis que entre los aplausos de los aduladores y las lisonjeras. mo' y no se alabe y no se anteponga por lo menos á mu- ! palabras de los cortesanos, que no cesan de admirar y chos de sus semejantes? En este amor está fundado el levantar al cielo los hechos de los principes, no solo no principio de toda nuestra temeridad y arrogancia; y es es de maravillar que estos dejen engañarse, sino que evidente que ha de obrar aquel con mayor fuerza en el hasta seria un milagro que no perdiesen del todo la raánimo de principes que desde niños van cubiertos de zon y el buen sentido. ¿Qué es lo que perdió en todos púrpura y oro, y apenas tienen alguna mas edad cuan tiempos á los grandes príncipes sino los continuos elodo no salen á la calle sin llevar escolta de infantes y ca- gios de los aduladores, que les hablaban solo para conballos, y ven arremolinarse on torno suyo el pueblo, y quistar su gracia y alababan con mucho cuidado looir á su alrededor faustas aclamaciones, y ser objeto de ! das sus inclinaciones naturales, malas generalmente adoracion adonde quiera que vuelvan los ojos : cosas en los hombres, por ser propensos á oir con placerá los todas que les ensoberbecen y hacen que miren con que se llacen de su opinion y favorecen sus deseos y á desden a los demás, creyéndose poco menos que dio- | odiar y juzgar ineptos á los que les oponen una decidises. Aumentado su amor propio con una educacion į da resistencia ? Qué es lo que pudo impeler á Neron á afeminada por el lujoso aparato de su palacio y de su convertirse en cómico y á salir públicamente al escenacorte y por los aplausos de la muchedumbre, viene á rio sino los exagerados encomios de los aduladores, que ser una especie de adulador, que desconcierta sin cesar | admiraban su voz, su ingenio y su destreza ? Llegó á su ánimo. Añádase ahora á este, es decir, á la locura | tanto el hecho, que sirvió de perjuicio á muchos habery ambicion del rey un adulador externo, y se compren le dejado de alabar mientras estaba representando o derá fácilmente si ha de producir lamentables estragos pulsando las cuerdas de la lira, por ser ya de rigor quo y pervertirlo y confundirlo todo y hacer de un príncipe cada cual expresase su admiracion , ó de palabra ó con necio un demente ó un mentecato. Empieza este adu- | algun movimiento de cabeza ó con otro cualquier gesto Jador por acomodarse del todo á la voluntad del monar- significativo. Triste estado por cierto, no sé si decir ca, por olfatear con gran sagacidad como un perro de de la república ó del principo. Pues, y al macedonio caza qué es lo que deleita mas al que pretende servir y Alejandro, ¿qué es lo que pudo hacerle faluo hasta hacer caer en sus bien lendidos lazos. Cuando lo ha el punto de creerse hijo de Júpiter y querer que le tri

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