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de grandes virtudes, no estaba imbuido en la religion dencia; y recuerdo que entre los milesios, pueblos del de Jesucristo? Mas ya que no pueda apelarse á esas pro- Asia, tratándose un dia de elegir magistrados despues de clamaciones, para que no surjan fraudes y calumnias un cambio de gobierno, fueron recorridos atentamente en meilio de tan grande aluvion de vicios y de tan des- todos los campos y encargados los destinos á los que mas enfrenada envidia, indáguese por lo menos con celo, se distinguieron a los ojos de todos por el esmero é incuál es la conducta , cuáles son las costumbres, cuál es teligencia en cultivarlos. ¿Será, por otra parte, justo el carácter de los que van á ocupar los allos destinos que lengun que pagar los pueblos las faltas de hombres del Estado. Conviene procurar mucho que no se confie perdidos, y satisfacer con su dinero los exagerados dela guarda de las provincias á lobos hambrientos, cu- seos de los que por su culpa han bajado á la mayor bierlos cou la capa y el nombre de pastores. Evitese so- pobrezu? Con razon Escipion Emiliano, viendo que en bre todu conferir tan grandes honores á instancias de fa- el Senado se disputaban entre sí los cónsules Servio voritos y privados. Si para curar nuestras enfermedades Sulpicio Galva y Aurelio quién habia de pasar á España ó las de nuestra familia no llamamos al médico que nos á combatir los esfuerzos de Viriato, levantó la voz en recomiendan nuestros amigos, sino al que pasa por en- medio de los padres de la patria, que estaban suspensos tendido en su arte, ¿por qué no se ha de hacer lo mis- esperando su dictámen, y dijo que no le parecian á promo tratándose de curar las dolencias de la república ? | pósito ni el uno ni el olro, porque no teniendo el uno ¡Qué perversion tan lerrible atender al favor ó al odio nada, vi baslándole nada al otro, lanto se podria temer para elegir los magistrados, eleccion de que depende de la pobreza del primero como de la codicia del sela salud del reino! No se han de confiar los cargos de la gundo. república solo a los que los solicitan, como vemos que No se confiera tampoco á cada hombre mas que un hacen inconsideradamente ciertos principes; deben si solo cargo, no se acumulen en uno solo muchos desticonfiarse á los ma; idóneos, á los que mas se dis- nos, y menos aun destinos de diversa índole. Aristóteles lingan por sus candorosas costumbres y su mucha cs- impula esta falla á los cartagineses, y nosotros podriaperiencia. A estos no solo conviene llamarlos, sino liasla mos imputarla lambien á muchos príncipes que obraobligarlos á salir de su retiro, á no ser que el príncipe rón en esto muy inconsideradamente. Ni las fuerzas ni haya creido justo jubilarlos despues de muchos servicios el saber de un solo hombre bastan para un solo cargo. y de muchas y penosisimas fatigas. Los que llevan una Así que es forzoso que el que lo reuna sucumba á tan vida in faine, los que tienen corrompidas las costumbres, gran peso, debiendo sentir la falta, no solo él, sino tamlos que fundan su esperanza solo en la riqueza y en el bien sus súbditos, que habrán de hacer grandes gastos, fraude, los que se introducen en lodas partes, confian- con menoscabo de liempo y de fortuna, por no poder do mas en el favor ajeno que en su probidad , su indus- acabarse nunca los negocios ó cuando menos por no potria y su riqueza ; los que viendo arruinada su liacien- derse terminar sino despues de muy largas dilaciones. da, se adhieren á la magistratura como el náufrago á Queremos aun suponer que un solo hombre bastase para la ruca, y pretenden salir de sus apuros á costa del todo, y aun así encontrariamos mal que se acumulasen estadlo, hombres los mas perniciosos, todos estos han en un hombre dos ó mas destinos, pues distribuyéndode ser rechazados, evitados con el mayor cuidado. El los entre muchos, son tambien muchos los que aman al que por medio de maldades busca el poder no se crea principe, obligados por los beneficios recibidos, y siennunca que lo ejerza lealmente, no revolverá en su enten- do muchos los que entiendan en las cosas públicas, lia dimiento sino proyectos de estupro, de robo, de crime- de ser menor el deseo de innovarlo y reformarlo todo; nes sin cuenlo, no alenderá para nada á su reputacion, pues es claro que los que no participan de los bienes obrará siempre conforme á su carácter. Elegantemente del Estado ni por sí ni por medio de sus allegados, han dijo el festivo poeta latino :

de aborrecer el estado actual de cosas y desear que suVirtute ambire oportet non savitoribus,

fra mudanzas, cosa que no sé cómo no han considerado Sat favitorum habet semper, qui recte facit.

los príncipes al nombrar magistrados y al elegir gente

para su servicio y para la administracion y gobierno de El que no supo guardar su hacienda ¿se podrá espe- palacio. rar que sepa guardar la pública ? ¿Cómo ha de cuidar de Lo que nunca podré yo aprobar es que hombres ociolo ajeno el que miró con descuido lo propio? Podrá su- sos vayan destruyendo la república con las rentas anuaceder que sin culpa por su parte, y sí solo por la cala- les que perciben, sin mas que por tener empleos imagimidad de los tiempos, ó por las injurias de sus enemi- | narios, de los que suele haber desgraciadamente un gos baya venido alguno á menoscabo y ruina ; podrá gran número, sobre todo cuando el reino está alterado suceder que otros, á medida que entren en edad , vayan y en singular desórden. Alejandro Severo, excelente arrepintiéndose de sus pasadas faltas, y corrijan y me- príncipe, fué tambien el que suprimió esa causa de' joren sus costumbres; mas mientras no sea esto cosa ruina para la república. Pretendo pues que no ha de averiguada, mientras no fallen hombres de reconocida haber destinos inútiles, que no se han de conferir á uno probidad y de virtudes nunca desmentidas, ¿por qué, si solo muchos cargos, ya se trate de magistraturas, ya de queremos asegurar la suerte del Estado, no hemos de empleos de palacio, á fin de que compartida la carga, preferir estos a aquellos para todos los cargos públicos? 'sigan los negocios un curso mas expedito y breve, y se San Pablo no puso por obispos al frente de sus iglesias extiendan lo mas posible los beneficios de los prínsino á los que en sus casas, recta y prudentemente admi- cipes. nistradas, hubiesen ya dado prueba de su natural pru- Admitido esto, ocurre la cuestion de si deben ser los empleados movibles ó inamovibles. Platon pretendia que parecer dentro de un breve plazo? ¿Cuánta perversidad fuesen inamovibles del mismo modo que los reyes, á fin no hay en esas tergiversaciones y colusiones é infinitas de que fuese mayor en ellos la prudencia é infundiesen prórogas que acompañan á los pleitos, abusos todos de mayor respelo al pueblo; mas Aristóteles profesa la opi- que viven á costa de la miseria pública un infinito núnion contraria , fundándose primero en que el alma co- mero de abogados, procuradores y escribanos? Ocurren mo el pueblo envejece y se incapacita para los negocios tambien muchas veces dudas entre los jueces sobre á del gobierno, y luego en que es muy útil para el bien quién corresponde entender en tal ó cual negocio; mas, público que todos los empleados entiendan que han de á mi modo de ver, para arreglar estas diferencias, podria devolver el mando que les ha sido confiado y ha de ser hacerse que en cada ciudad hubiese uno con anchas sasu autoridad conferida y revocada por unas mismas le- cultades para dirimirlas, á quien pudiesen dirigirse las yes. El dictámen de Platon fué muy del agrado del em- partes interesadas cuando lo tuviesen por conveniente. perador Tiberio, que no removia casi nunca los prefec- Creo que se estará convencido de cuán justo es que tos de las provincias, de quienes solia decir que, pare- el príncipe ponga el mayor cuidado en elegir jueces y cidos á las moscas, se van haciendo tanto menos mo- todo género de funcionarios públicos, y es evidente que lestos cuanto mas van chupando el pus y sangre de las no ba de ser mucho mayor el que ponga en la eleccion llagas. Muchos otros príncipes en cambio, y sobre todo de los obispos en los casos en que le competa, pues asi lo muchas repúblicas, quieren que se renueven con fre- está pidiendo la importancia del cargo y la salud del cuencia los magistrados para que no se corrompan ni reino y de la Iglesia. Si no se toma el principe ese cuise vicien ni degeneren en tiranos, creyendo que es dado, difícilmente podrá conservarse la santidad de la muy saludable acostumbrarlos por intervalos á vivir con religion, la integridad de las costumbres ni la tranquilos demás bajo un mismo derecho y á dar en tanto es- lidad del Estado , pues es muy de advertir que las fallas trecha cuenta de su administracion pasada. Sobre esto que en esto se cometan no tienen enmienda, pues las observo que fue muy usado en los antiguos tiempos, y leyes eclesiásticas no permiten la remocion de los preaun sancionado por una ley de Carlomaguo, que en lados por depravadas que sean sus costumbres. Escóépecas dadas recorriesen todo el reino obispos y gran- janse pues por obispos varones de reconocida probides elegidos al efecto, y examinasen atentamente la dad y prudeucia, de edad algo avanzada y en cuanto sea conducta é integridad y costumbres de todos los que posible versados en los negocios eclesiásticos desde sus están encargados de administrar justicia , práctica que primeros años, pues no aprobamos que de gente prosi abora restaurásemos, no podria dejar de producir ex- fana y de hombres del pueblo se bagan de repente pascelentes resultados. La que boy se observa , de que el lores y maestros de la grey de Cristo, pues el que esto sucesor examine la conducta del que le precedió en el haya dado buenos resultados cou un san Ambrosio y cargo, está sujeta á gravísimos inconvenientes, se cor- san Nectario y algunos mas, que no son muchos, no es re sobre todo el peligro de que aun siendo muy severos razon para que en nuestros tiempos se repita con frepara los demás, se perdonen y disimulen múluamente cuencia. Disputan tambien muchos acaloradamente sus faltas y pecados. Habiendo llegado ya nuestras cos- sobre si es mejor que se pongan al frente de las iglesias Lumbres á un estado tal de corrupcion y ligereza, no soy jurisconsultos ó teólogos, y yo soy de parecer que en tampoco de parecer que el principe indague y castigue iguales circunstancias deben ser preferidos los teólogos, las mas leves faltas de los magistrados, mas creo si que pues estos, si llevan una vida contraria á su profesion, ha de tener exploradas las costumbres de cada uno, han de aventajarles en el conocimiento y práctica de para que conociendo la lealtad y el ingenio de todos, las cosas sagradas, y los jurisconsultos consumen todo sepa hasta qué punto pueda confiar en los que han de su tiempo y su ingenið en la barahunda del foro. Sobre ejecutar sus órdenes y las leyes del Estado. Debe aten- esta cuestion, sin embargo, bablaré en otra parte mas der el príncipe mas á lo futuro que á lo pasado, pues lo detenidamente, contentándome ahora con añadir, sin pasado es de una condicion tal, que no es ya susceptible pretender arrogarme el derecho de decidir una cosa de de mudanza.

tanta importancia, que no puedo menos de admirarne Vamos á dar otro precepto, que es el último, pre- mucho de que se haya ido despreciando la costumbre de cepto que tal vez excite la risa de algunos , á pesar de los antiguos, que solian nombrar obispos principalinenser, si no ingenioso, necesario, y sobre todo, mas propio te a los que pertenecian á las órdenes religiosas. Los de un consejero humilde que de un profesor erudito y antiguos estaban persuadidos, y á la verdad con razon, consumado. Debe, á mi modo de ver, imaginarse al- de que babian de salir siempre mejores maestros y pregun medio para que no puedan alargarse los pleitos lados entre los que ya desde sus mas tiernos años se hasta lo infinito. Podria haber para cosas de menor habian acostumbrado a la disciplina eclesiástica y encuantía jueces especiales que tuviesen para ellas pro- papado en santas costumbres y dominado el alma, que cedimientos leves y sencillos, de cuya sentencia no cu- entre los que sin ninguna educacion prévia, ó cuando piese apelacion alguna; y con respecto á los de mayor menos con una educacion ligera se habian de preselcuantía, señalarse un plazo dentro del cual debiesen for- tar de repente como modelos de probidad y de virtudes zosamente terminarse, lo que se alcanzaria , entre otros cristianas. Así, en los tiempos antiguos apenas cabe medios, con el de quitar la esperanza de llamar testigos contar los obispos y sumos pontifices que salieron de que se encuentren en apartadas regiones, cosa que da los monasterios, al paso que en los nuestros apenas hay no poco lugar á la dilacion y el fraude. ¿Por qué no se uno que otro, y estos aun lo han alcanzado mas con podria dar por muertos á los que no hubiesen de com- malas mañas y pérfidas intrigas que por la integridad

los

de modo que no formen cuerpos distintos los que son, negocios hombres que, como los monjes, salen de im- propiamente hablando, miembros pares de un mismo proviso de las tinieblas á la luz del dia , y que no convie- cuerpo. Ya se ha dicho en otro lugar que en los primene tampoco elegirlos para que no se excite la ambicion ros siglos solia estar unido en una sola cabeza el cargo de los demás; pero estos argumentos, que podrian ser de rey y de pontífice. Entre los hebreos, todos los hijos satisfactoriamente contestados, no creemos propio de primogénilos de todas las familias es tambien sabido este lugar ni aprobarlos ni resutarlos. ¿Hay acaso algo que eran por este mismo hecho sacerdotes , razon por en lo humano que esté completamento exento de la cual el apóstol san Pablo acusa de profanacion á vicio?

Esaul por haber vendido este derecho á su hermano

Jacob, fundiándose en que vendió un poder y un miCAPITULO II.

nisterio sagrados. Moises fué el primer legislador que De los obispos.

se atrevió á mular esta costumbre, a pesar de estar tan

universalmente admitida, pues confió á Aaron el goPodriamos escribir un largo discurso sobre cuánto bierno espiritual, y guardó para si la administracion de sirve para que esté tranquila la república y abunde en la república. Subsistió esta constitucion de Moises en Todo género de bienes el cultivo de la religion cris-- | liempos de los jueces y de los reyes, mas no de modo tiana, en que vienen comprendidas la adoracion de que los sacerdotes estuviesen enteramente inhibidos las cosas del cielo y todas las ceremonias de la Iglesia. de entender en el gobierno del pueblo, pues vemos no .

No con pocas, con muchísimnas razones podriamos pocas veces fueron algunos á la vez pontífices y jefes probar que es la religion un fuerte vínculo para unir del Estado. Por las mismas causas que á Moises y aun estrechamente los ciudadanos con el jefe supreino del por otras mayores, pues el pueblo cristiano habia de Estado, que solo permaneciendo la religion incólume aventajar á los demás en el culto religioso, estableció pueden parecer santas las leyes y subsistir las leyes Cristo, hijo de Dios, que en la nueva Iglesia , mas santa nacionales, que estando en decadencia la religion, de- por estar constituida á la manera de la del cielo, estucaen tambien y vienen á gran ruina todos los intereses viesen enteramente separados los dos cargos, dejando á del Estado. Podriamos además probar cuan latamente se los reyes el poder de gobernar la república que habian quisiese, y para esto no deberiamos seguir sino á Lactan- adquirido sus antepasados y confiando exclusivamente á cio, que agotó en este punto toda la fuerza de su ingenio, Pedro y á los demás apóstoles y obispos que le sucedieque esta religion es en nosotros una facullad natural, ron el cuidado de la religion y la administracion de incapaz de ser destruida por arte ni fuerza alguna, del todas las cosas á eHa anejas, sin que por eso pretendiemismo modo que lo son las demás facultades del alma de se que estuviesen estos enteramente retraidos del goque gozamos desde que nacimos; que el sumo bien del bierno temporal ni los declarase para él completamente hombre no está sino en el sincero culto de la majestad inhábiles. Vemos pues, y nos vemos obligados en este divina ; qne del mismo modo que en el cielo bemos de lugar á repetirlo , que en muchas naciones ya desde adorar a Dios en la tierra con el labio, con el entendi- tiempos muy antiguos han sido concedidos á los sacermiento, con el cuerpo, y que mientras vivimos la presen- dotes vastos estados y grandes riquezas, de que si llete vida, constituidos en sacerdotes de este vasto templo, gan á abusar, solo para ostentar un necio aparato y conhemos de entonar incesantes cánticos de alabanza y quistar los aplausos de la muchedumbre, obran ciertacontemplar el inmenso campo de la naturaleza. Opi- mente muy mal, pues destinan á abusos distintos lo nion es esta que podemos hacer probable y cierta con que les ha sido dado para que alivien la miseria de los solo considerar que cuando sentimos el alma vencida pobres y ayuden á sacar la república de gravisimos por el dolor y abrumada bajo el peso de la ansiedad y apuros: Es gran necedad querer apreciar la naturaleza del cuidado, no experimentamos mayor alivio que el de las cosas por los abusos de los hombres. que nos proporcionan la contemplacion de Dios y la na. En las Cortes del reino, en que se delibera sobre la turaleza , las alabanzas del Señor, y para decirlo en una salud pública, han acostumbrado además muchos puepalabra, el culto religioso. Mas omitimos estas y otras blos á dar un puesto preferente a los obispos. Propomuchas cosas de este género, y vamos ahora á lo que níanse nuestros antepasados, varones muy prudentes, es propio de la materia que hemos reservado para este que estuviesen tan unidas entre sí todas las clases de la capítulo. En nuestros tiempos y en todos sabemos que república , que no mediase entre ellas diferencia ni puhubo ministros especiales, llamados sacerdotes , para diesen hombres profanos alterar las costumbres relos cargos religiosos, sacerdotes que constituyen ahora ligiosas ni destruir la república á su antojo. Conviene junto con los demás administradores de cosas sagradas confiar el cuidado de la república á los sacerdotes y el cuerpo á que acostumbramos á dar el nombre de darles honores y magistraturas para que miren por la Iglesia, limitando la significacion de esta palabra-á de- salud pública como conviene á su estado , y con el missignar aquella parte del pueblo cristiano consagrada á mo celo defiendan los derechos y la libertad de la Iglecuidar de las cosas religiosas. Habiendo visto después sia y la incolumidad de nuestra religion santísima, que, que no puede separarse la religion del gobierno sin la como la razon exige, no ha de consentirse en que sea ruina de entrambos, del mismo modo que no puede nunca violada por hombres maliciosos y profanos. En separarse el alma del cuerpo; en todos los liempos y en otras naciones donde se están promoviendo las antitodas las naciones se lia procurado que los sacerdotes guas creencias religiosas, ignoramos acaso cuán útilha vivan intimamente unidos con los empleados civiles sido que liayan lenido mano en el gobierno de la re

pública y hayan gozado de grandes señoríos las alto s amigos de cuestiones que no sirven para el desempeño dignidades eclesiásticas, contra cuya cabeza se ha de las cosas sagradas. Tenemos en contra de esta idea desencadenado esa tempestad terrible? ¿A qué se debe la costumbre de todas las naciones, robustecida por el sino á su cuidado y celo que no haya perecido todo en uso de mucho tiempo , costumbre que no debem os remedio de tanto furor de innovar y de tan calamitosos probará nuestro antojo. Por los decretos de los concitiempos? Están en un error, y en un error gravísimo, los lios de Trento, no solamente los teólogos sino tambien que, recordando los primeros siglos de la Iglesia, creen los jurisconsullos, han sido reputados dignos de ponerse que seria muy úlil á la república y á la salud de todos al frente de las iglesias. ¿Habrá ahora alguno tan conque se obligase á los prelados á abdicar, á ejemplo de fiado en sí mismo que se atreva á resistir a la fuerza de los apóstoles, todas sus riquezas, todos sus dominios y tan grandes autoridades? Yo á la verdad convengo en todos sus destinos temporales. Están pues ciegos esos que, dadas circunstancias iguales, sirven mucho mas hombres que no ven en cuántos males se caeria y para el gobierno de la Iglesia los teólogos, que los juriscuánto no seria el desenfreno de la plebe y cuánto no consultos, y, en que por lo tanto deben ser elegidos en serian tenidos en desprecio los sacerdotes si se les mayor número aquellos que estos. Los mismos que prequitase de repente esos medios de que ahora disponen teúden con largos discursos que han de ser preferidos con tanta ventaja suya y ventaja de su reino? Si quitán- los jurisconsultos á los leólogos convienen en que los doles la riqueza hubiesen de ser mas virtuosos, tal vez teólogos son mucho mas aptos para refular á los heredeberiamos aprobar el parecer de aquellos; mas tal jes, por no dejar de dia ni de noche las sagradas escomo están los hombres y los tiempos, serian aun ma- crituras, debiéndose por lo tanto apreciar en mas, ya yores los vicios, como podemos juzgar por las naciones cuando crecen las herejías y amenazan destruir con en que los sacerdotes viven mezquinamente, pues léjos nuevas opiniones las verdaderas creencias religiosas, de ser estos mejores, afean á cada paso su conducta y ya hablándose de países vecinos á los de los herejes, se atraen el desprecio del pueblo con gran mengua de caso en que es muy de temer que el mal se propague la religion cristiana.

á manera de peste, y extendiéndose el incendio de unos Soy tambien de parecer que á los principes y ma- techos á otros, dañe a los pueblos descuidados y falios gistrados de la república , con tal que sean de recono- de prelados entendidos que puedan atajarlo. Si es esto cida probidad y prudencia, se les baga participes de verdad, como no lo dudamos, será lanıbien preciso conJos honores y riquezas eclesiásticas, dándose dignida

fesar que los obispos han de ser sacados entre los teólodes y beneficios, ya á ellos mismos, ya á sus hijos y pa- gos, hoy mas que nunca, pues son tantas las herejias rientes, segun sean las inclinaciones de cada uno.

que pululan en la Iglesia cristiana, que creo que desde Movidos por esta esperanza y por el valor de esa recom- los tiempos de Arrio no ha habido en punto á religion pensa , sentirán mas amor por el orden sacerdotal y

mayores disidencias, y vivimos en un país que linda defenderán con mas celo los derechos y riquezas de la con la Francia y no tiene mucho mas lejos el.reino de Iglesia, al paso que si así no se hace, de seguro han de la Gran Bretaña, Será difícil encontrar remedio cuando causarle trastornos y producirle ruina. Enajenadas sus se encuentre agravada la enfermedad; y conviene que voluntades, darán á entender fácilmente al principe todos y cada uno de los ciudadanos estén perfectamente que los tesoros de la Iglesia, que dicen estar estancados, instruidos en la doctrina de Jesucristo y sepan y enpodrian servir para aliviar la riqueza de la república y tiendan de cuánta importancia es obedecer a la Iglesia, cubrir los gastos de la guerra, principalmente ahora enseñanza que es solo propia de leólogos, como acreque está tan apurado el erario y tan abrumado el pue- dilan las sagradas escrituras y los escritos de los escriblo bajo el peso de los tributos y nacen de dia en dia tores ascéticos, ya antiguos, ya modernos. Hemos tantas y tan graves dificultades. Neciamenle pues cier- concedido que un obispo puede delegar algunas veces á tos teólogos de fama y de esclarecido ingenio excluyen otros el ministerio de la predicacion, mas ¿quién ducompletamente de los honores eclesiásticos aquella clase dará , quién podrá negar que entre los demás cargos de ciudadanos, fundándose en que no sirven para sa- sacerdotales este es el principal y el que Jesucrilo encarcerdotes por no saber predicar al pueblo ni estar ver- gó con mayor eficacia á los obispos cuando maniló á los sados en los ritos y ceremonias religiosas. Mientras no apóstoles, cuyos sucesores son nuestros prelados, que les falten otras circunstancias, seria fácil suplir por fuesen á enseñar su doctrina á lodas las naciones? ¿Ni medio de otras estas graves faltas, pues no habrá mas quién ha de negar que nadie puede cumplir con mas que encargar la enseñanza del púlpito á los predica- ventaja este cargo que el que habiendo tomado sobre dores, que afortunadamente abundan. De otro modo, sí el cuidado y la direccion espiritual de los pueblos tendriamos que quejarnos de Valerio, obispo de Zara- se proponga enseñarles por sí mismo? La silla del obispo goza , que no pudo nunca predicar al pueblo por ser no lleva el nombre de trono ni de tribunal, sino de cátartamudo; tendriamos que quejarnos de otro Valerio, tedra , y esto es, á no dudarlo, para que se acuerde de obispo de Hipona, que por ser griego de nacion, delegó que su mas principal deber es la enseñanza, y no osteneste cargo de enseñar á san Agustin, que era á la sazon tar el aparato del principe ni hacer las veces de juez, desolo presbítero; tendriamos que quejarnos de los pon- biendo estar siempre convencido de que seria mas útil tífices romanos que en muchos siglos apenas han subido para la república y aun para sí mismo que si algo hubiese una que otra vez al púlpito. No podemos pues admitir de delegar á varones prudentes, fuesen todas las funciode ningun modo que se rechace de los cargos de la nes anejas á su cargo, menos la de enseñar é instruir $ Iglesia a los jurisconsultos porque sostengan hombres su rebaño. Si nuestros varones confian á otros la facul

tad de dirimir los pleitos de sus súbditos y practican lo predestinacion, del libre albedrío, de la gracia? ¿Podrán mismo aun los mayores principes, ¿ no ha de ser mucho nunca hablar de la dignidad de la virtud ni de la fealmas justo que lo hagan los prelados, movidos principal- dad del vicio de modo que enciendan en el corazon de mente por el deseo de instruir á sus fieles y tratar con sus oyentes la llama de la piedad ni el odio á las fallas el pulso debido las cuestiones religiosas ? ¿O es además y delitos? Yiquerrán luego ser preceptores de una renatural que tomemos color de los lugares en que haya- ligion que nunca aprendieron exactamente y ser nuesmos vivido mucho tier y de las ideas y sentimientos tros guias por un camino que nunca hollaron, bien porcon que hayamos tenido mayor roce? Son verdes los que no pudieron, bien porque no quisieron? Añádase á Jagartos porque viven siempre entre yerbas, y toman esto que, dados á las costumbres de la curia y del palas ciervas el color de la tierra porque andan siempre lacio, gustan mucho de ostenlar fausto y aparato de entre rocas. Los teólogos, como que siempre están dis- tal modo, que creyendo que esto sirve para aumentar cutiendo acerca de las cuestiones divinas, y no dejan su dignidad, van siempre por las plazas y calles públicasi nunca de la mano las sagradas escrituras, tienen cas seguidos de un largo número de criados. Norbrageneralmente mas piedad, mas fervor, mas celo reli- dos obispos, como que aumentan sus rentas, crecen gioso; los abogados, como que siempre andan en dis- tambien en vanidad y en locura con gran perjuicio de putas y pleitos de foro , hacen menos caso de las cosas las renlas eclesiásticas destinadas por nuestros antede Dios, y es muy natural que acoplen costumbres mas pasados á mejores usos, y sobre todo con gran menosprofanas. No quisiera injuriar particularmente á nadie; cabo de los pobres, para cuyo sustento y alivio fueron sé de muchos cuya probidad es reconocida y cuya pic- concedidas. No tengo necesidad de mas que de trasladad está ya acreditada con muchísimos ejemplos; hablo dar las palabras con que san Bernardo en su carta 42 tan solo de lo que es en sí la profesion, procurando ha- acusa esa vanidad tan perniciosa. Alzan su voz los descerine cargo del punto á que tienden las inclinaciones nudos, la alzan los hambrientos y se quejan y exclade esta clase de hombres y sus pensamientos y costum- man: Becid, pontifices, ¿de qué os sirve el oro en el bres. Son poquísimos los jurisconsullos que se ordenan freno de vuestros caballos? Lo que gastais es nuestro, sin que les mueva á ello algun pingüe beneficio, del que lo queinútilmente derrochais nos lo guitais cruelmente. puedan vivir cómoda y esplendorosamente.

A costa de nuestra vida alcanzais esas riquezas superHay mas; si no es lícito crear obispos á los que no lia- fluas, y nos falta para la satisfaccion de nuestras neceyan pasado por los grados iuferiores y no se hayan ejer- sidades todo lo que empleais para vuestra vanidad y citado en ellos conforme previenen los cánones, ¿cómo vuestro lujo. hombres profanos hau de pasar de repente del foro á las Redúcese pues la cuestion á que debemos confiar el prelacías y ser maestros de una doctrina que en nin- gobierno de las iglesias, ya á los icólogos, ya a los juris. gun tiempo aprendieron ? No hay para qué decir si esto consullos, y es sumamente útil para la república que se puede hacerse ó no sin peligro. En la guerra no nom- erijan obispos en las dos clases para que haya mayor bramos general al que nunca vió al enemigo; en el mar union entre ellos y la Iglesia , para que seguu es y ha no confiamos el tinon del buque al que no tenga prác- sido en todos tiempos ia condicion humana se enlutica en el arte de la navegacion; en la organizacion ju- siasmen con la esperanza del premio por la doctrina cidicial hay sus grados para llegar a las mas altas magis- vil y la religiosa, para que en los concilios haya, por fin, traturas, y hemos de confiar el gobierno de la Iglesia varones de uno y otro estado, cosa que no puede menos á hombres que nada entienden en los negocios sa- de ser muy ventajosa para la república y la Iglesia. La grados? Pondrémos al frente de las escuelas de virtud probidad y la reconocida moralidad de un jurisconsulto, y de piedad cristianas al que nunca conoció un arle y sabemos de muchos que las tienen, es claro que he tan delicado y dificil? Estaban antiguamente sujelos á de tenerlas siempre por preferibles á la erudicion del los obispos como maestros y doctores los monasterios teólogo si, por mucha que esta sea, no va acompañada de hombres en que se practicaban con el mayor rigor de una vida ejemplar é integras costumbres. Mas en las mas altas y perfectas virtudes , y aun ahora hay 10 igualdad de circunstancias, creo tambien mas capaces pocos conventos de monjas que están bajo la jurisdić- á los teólogos para el gobierno de las iglesias por las cion de los prelados. No negamos que para regir é ins- razones que hace poco hemos expuesto. Y no se diga truir á esas esposas del Señor son muchas veces inep- tampoco que los teólogos son ineptos para la direccion tos los teólogos; ¿pero no han de serlo naturalımente de los negocios, cosa que si con todo suese cierta , no mucho mas los jurisconsullos, que apenas pueden ha- probaria sino que han de ser tenidos en mas aquellos cerse cargo de aquella disciplina y costumbres, pues conocimientos con que un obispo puede llenar mejor ocupados constantemente en las causas y procesos del las principales funciones de su cargo. Si á la ciencia foro, apenas han abierto, las sagradas escrituras de del derecho se añadiese la ciencia de la leología, ó el donde han de sacarse las reglas y preceptos necesarios teólogo conociera, por lo contrario, el derecho eclepara tan espinosa enseñanza? Sirven aun mucho menos siástico, es evidente que estos habian de ser mas idóneos los abogados para entender y resolverse en lo que toca para el gobierno de las iglesias, como lo asegura con á nuestros deberes, conocer la naturaleza y fuerza de otros autores el abad Panormitano y lo declara la nas cada pecado y determinar sobre ellos lo mejor y mas turaleza misma de las cosas. justo. Acerca de los dogmas de la religion i qué poco saben tambien ! ¿Quién se ha de atrever entre ellos á hablar de la naturaleza de Dios, de los ángeles, de la

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