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ces uno de los mas ardientes enemigos del género hu- biladas por la gente impía. Cuando nuestros enemigos mano, pues no hay cosa mas terrible que la guerra , se permiten esa facultad y lodos los años infestan sus que abrasa, saquea y devasta campos, pueblos y ciuda- piratas entrambos mares, cuando tan á menudo nos des; nada mas apreciable que la paz, merced á la cual provocan, cuando nos están robando nuestras naves, se embellecen las ciudades y forecen todas las artes illemos de prohibir tan lerminantemente á nuestros ciuútiles, lodas las que sirven para el recreo y el ornalo de dadanos que hagan otro tanto con ellos? Sabemos que la vida. No estoy tan destituido de razon que pueda siglos atrás los catalanes, a pesar de ser una provincia preferir la guerra á la paz, sabiendo, como sé, que solo corta, luvieron con poderosas escuadras el imperio de se hace con razon la guerra cuando tiene esa misina Jos mares y alerraron y llevaron no pocas veces sus arpaz por objeto , y sé que se ha de buscar, no la guerra mas, no solo al Africa y á 'la Italia , sino tambien á reen la paz , sino la paz en la guerra; mas digo sí y sos- motísimas naciones. ¿Creemos acaso que se les lia agolengo que no puede ser duradera la paz interior si no tado su anliguo valor? ¿Hemos de consentir en que se medimos nuestras armas con los extranjeros, teniendo, extingan del todo condenándoles al ocio y á la falta de como hemos de tener, siempre para ello una causa justa ejercicio? Permitase pues si no ya á cada hombre en y razonable. No debemos consentir nunca en que el sol- particular, cuando menos á cada nacion y provincia de dado languidezca en la inaccion; debernos antes querer España, que defienda á sus espeusas sus costas é invada que se procure, ya por tierra, ya por mar, pingües des- cuando quiera las playas enemigas. De este modo cuanpojos, caiga de rebalo sobre la frontera de olros pueblos do lo exija la necesidail y nos amenace la guerra, nos y saquee las ciudades, principalmente la de los impíos, á será mas fácil organizar con esas escuadras provincia fin de que enriquecido con el botin , no exija crecidos les una armada poderosa , gracias a la cual podamos sueldosni recompensa alguna, persuadido de que están abatir al enemigo y conquistarnos el imperio de la tierra. ya suficientemente pagados sus trabajos y se dé por sa- Este es nuestro parecer , parecer que tenemos ya fortisfecho con que al concluir el tiempo de servicio pueda mado hace muchos años, y que ojalá fuese tan bien recolgar de algun templo sus armas y tenga de qué sus- cibido como hijo es de un ánimo sincero y de un deseo lentar su vida con honradez y con decencia. Lo prime- ardiente de ayudará la patria. ro que ha de procurar el príncipe es que la guerra halle Podrán disminuirse lambien los gastos de la guerra en sí misma su alimento. No por otro motivo el cónsul si se distribuyen con mas prudencia los honores que en Caton al venir por primera vez á España inandó la arma- España son tenidos en mayor aprecio. No se conceda da á Francia y proliibió que le siguieran sus soldados es- la cruz de ninguna órden sino al que, cuando menos, hatipendiarios. Propúsose, en primer lugar, que no te- ya trabajado dos años por la república, ya en el ejército, niendo sus soldados la esperanza de poder regresar a su ya en la armada; obliguese á los que la hayan recibido patria sino vencedores, peleasen con mayor esfuerzo á pasar otro tanto tiempo en la milicia con un sueldo por la salud y la dignidad de la república; en segundo módico, que podria muy bien sacarse de las rentas de lugar, que viviesen del botin del enemigo , pues podian cualquiera de las órdenes. Concédanse premios militavivir de él si no eran cobariles y como tales indignos de res á estos hombres segun exijan sus méritos y permila vida y del nombre romano. Y no salieron por cierlo lan las circunstancias; lo malo, lo perjudicial, lo que fallidas sus esperanzas, pues , gracias á esta medida , debemos evitar á costa de cualquier sacrificio está en desplegaron sus soldados en aquella guerra la mayor que las gracias inventadas y destinadas por nuestros actividad posible.

antepasados para recompensar los trabajos de los conCreo además, no solo que se ha de conceder, sino que ciudadanos vayan á parar precisamente en poder de se ha de mandar á los súbditos que mantengan ar

cortesanos afeininados que no atacaron ni vieron nunca mas y caballos á proporcion de su renta y su fortuna; al enemigo. Sino baslan los honores ya creados, ¿por qué creo que se les ba de obligar á que ejerciten las artes no hemos de crear otros para excitar el valor de nuesde la guerra, á que, bien á pié, bien á caballo, peleen tros hombres del pueblo como hizo Alfonso XI creando entre sí y se disputen el premio del salto, el tiro, la la orden de la Banda? Es la banda una ciola de color lucha y la carrera , lirando además al blanco, ya con encarnado, ancha de cuatro dedos, que rodeaba el cuerdardos, ya con armas de suego. Podria señalar premios po, bajando desde el hombro derecho por debajo del públicos, trajes, piedras preciosas, anillos para el que brazo izquierdo; y no se concedia la insigne honra de acertare ó saliere vencedor en la pelea, y alcanzaria, á llevarla sino á los que por espacio de diez años, cuando no dudarlo, grandes resultados. En el amor y en la des- menos, hubiesen servido, ya en los palacios, ya en los lreza de los ciudadanos, no en los soldados mercena- campamentos. Habia caido casi en desuso aquella órrios ni en servicios comprados, debe hacer consistir el deu de caballería, cuando Juan de Castilla, victo de Alpríncipe la defensa de su digoidad y la conservacion de fonso, inventó olra distincion, que consistia en una pala salud del reino.

loma pendiente de un collar de oro para estimular, ya á Ejercitados ya en estos simulacros, creo que se les pue- los palaciegos, ya á los grandes, á nobles y preclaros da hacer pasar á verdaderas luchas. Permiten nuestras hechos. leyes y era antes costumbre, sin que se sepa ahora el mo- Pero hay aun mas, ¿por qué no se habian de confiar tivo por qué ha caido en desuso, que los particulares, reu- ciertos empleos civiles, principalmente cuando no se niendo en comun sus fuerzas, armasen por su cuenta ga- requiere mucha ciencia para su desempeño, á soldados leras y naves de ligero porte, con que ejercian la piratería de experiencia que no sirven ja para las fatigas de la arrojándose feroces y formidables contra las playas ba- guerra? Por qué no se les lia de conceder beneficios y rentas eclesiásticas con beneplácito de los pontifices familias desgraciadas? Procúrese, por fin, que todos los romanos si los liay entre ellos muy notables por su pro- ciudadanos estéņ persuadidos de que cuanlo mas trabidad y por la severidad de sus costumbres? Por qué bajaren por la república tanto inas serán tenidos por nopidiéndolo ellos no se han de hacer tambien concesio- bles, por ingenuós, no sirviéndules nunca de obstáculo nes, en gracia á sus méritos, á sus deudos y parientes ? las faltas ni la infamia de sus antepasados para alcanzar

El honor y la esperanza sou los que sustentan las ar- los mas altos honores y elevarse á los mas altos puestos. tes militares, y suele ser tenaz el ániino del hombre cuan- No creo que se valiesen de otros medios los princido le inflaman grandes esperanzas.

pes españoles de otros tiempos para extender tanto su Considero tambien, y esto es lo mas importante, que imperio, á pesar de lo bumilde de su erario y de lo cerdeben elegir los principes para el servicio de su palacio canas que estaban sus fronteras; ¿cómo de otro modo á los soldados mas esforzados y valientes, medio efica- hubieran podido llevar sus armas vencedoras á otros císimo para excitar el arrojo de los ciudadanos y al naciones despues de haber arrojado de toda España á mismo tiempo oportunísimo para que los reyes, hablan- los infieles sarracenos ? Si los grandes ejércitos de modo y conversando frecuentemente con aquellos, pudie- ros y africanos sucumbieron al valor de nuestros solsen adoctrinarse en las cosas de la milicia y hacerse dados, no debemos atribuirlo sino á que, animados insensiblemente hombres esforzados, arrogantes, ca

estos con la esperanza de alcanzar grandes premios, á paces de arrostrar y despreciar los peligros y la muer- pesar de ser lodos hombres de bajo nacimiento, se arte. Me confirma en esta idea el ejemplo de David , de rojaban sieros y forinidables como leones contra las aquel rey felicísimo y fuerte que las sagradas escritu

cerradas columnas de los enemigos, y rompian las mas ras proponen como modelo y espejo de los mejores espantosas líneas de batalla, impelidos ardientemenprincipes. Escogió este rey los varones mas esforzados, te por el mismo desprecio de los peligros y el amor 110 sclo para el gobierno de los pueblos, sino tambien para de su querida patria. Hé aquí cómo aun con escasas la administracion del culto; decretó, como atestiguan rentas vemos que se han llevado á cabo, así por mar las mismas escrituras, que los principales capitanes

como por tierra, lan arriesgadas y vastísimas empredel ejército fuesen haciendo alternativamente y por sas. No contaban á la verdad los principes solo con su meses el servicio de palacio, sin que por esto dejasen dinero para hacer la guerra, contaban principalmente de estar encargados de una gran parte de las tropas rea

con sus soldados voluntarios. Los barones, segun su les. Sabiduría verdaderamente admirable y prudencia renta y su furtuna, les acompañaban al campo con ciersobrehumana. No es á la verdad de extrañar que hala- to número de caballos; los concejos de las ciudades les gados así sus sollados, unciesen bajo su yugo muchas

suministraban á sus expensas numerosas legiones de naciones, á pesar de ser tan cortas las rentas del Estado infantes. ¿Por qué en nuestros tiempos y ya en los de y lan estrechos los límites del reino; no es de extrañar

nuestros padres ha debido alterarse una institucion tan que pudiese ya dejar el mismo David á su hijo Salomon oportuna y ventajosamente adoplada por nuestros priaun imperio que tuvo por fronteras la del Egipto , las cipes y pueblos? ¿Será tal vez que desconfian los princide la Mesopotamia y las orillas de rios tan apartados pes de sus ciudadanos, cosa que no dejaria de ser un como el Eufrates y el Nilo, cosa que venia ya anuncia- grave la salul de la patria ? Quieren hoy los da en antiguas profecías. ¿No tenemos, por otra parte, en reyes hacer la guerra á su propia costa, y esto es punto nuestro favor la opinion del prudente filósofo Aristóte- menos que imposible, principalmente cuapdo todos los les, segun el cual habian de ser elegidos los sacer- agentes del poder están robando á porfía de las rentas dotes de entre los soldados y los senadores, quedando reales, con grande mengua y riesgo de toda la repúdel todo excluidos para tan alto cargo todos los que

blica. ejerciesen artes viles ó mercenarias mas que consa- Conviene tambien dar las armas mas á los ciudadagrasen sus brazos al cultivo de la tierra? Pero yo digo nos de una misma nacion que á los extranjeros, pues aun mas; yo digo que gran parle de los senadores de- jas fuerzas propias son las mas seguras, y esto puede berian ser elegidos de entre los soldados para que todos alcanzarse con menores gastos y mayores ventajas. Por los que ejercen la profesion de las armas emprendiesen este camino y solo por este Alejandro Magao y despues con mayor brio los trabajos de la guerra, y ya hechos se- los romanos pusieron el yugo á diferentes gentes y panadores y elevados a las mas altas magistraturas, defen- ciones. Desconfiar de los súbditos, tener desarmada diesen con la mayor constancia los intereses particula- la nacion y comprar luego con oro un ejército extralires y los intereses públicos.

jero no es propio de reyes, es solo propio de tiranos. En resúmen, otorguense los principales premios y ho- No liene este camino ninguna salida buena , y estoy en nores á los soldados, pues los hombres tenemos en mas que es preciso volver á la política de los antepasados

. las esperanzas que el dinero, y arrostramos de mucha Procúrese, que así los grandes como el pueblo, puedan mejor gana los peligros cuando confiamos en que la usar de las armas y recobrar el temple de alma que pervictoria ha de poner lin á nuestros sufrimientos. Aplau- dicron. Procúrese que las riquezas de las ciudades dejen dimos tambien la institucion ateniense, por la cual se de emplearse en espectáculos públicos y sean destinadas encargaba el Estado de las esposas é hijos de los solda- á mejores usos. Procúrese que hasta en tiempo de par dos muertos en batalla. Si estuviera públicamente des- haya en España tropas suficientes para sostener y lletinada para este uso una parte de las rentas eclesiásti- var la guerra á otras naciones. Si así se hiciere, no falcas y cada uno de los mas ricos templos viniese á ser tarán en todos tiempos numerosos y esclarecidos paraotro Pritaneo, ¿qué no se podria hacer en bien de esas nes que sepan conservar su propia dignidad y conser

daño para

var la salud pública. Resucitarán de nuevo en el pecho que nada menos que su príncipe va al campo entre de nuestros valientes las antiguas virtudes militares, el polvo y el peligro por la salud de la república. A los extinguidas mas bien por culpas de los tiempos que ojos del príncipe cada soldado arrostra los mas graves por culpas de los liombres; será nuestro nombre, co- peligros, y llega hasta juzgar impío dejar de emprender mo en otro tiempo, el terror de vecinas y apartadas re- ningun trabajo vi de derramar su sangre por un monargiones, y reprimida la audacia de nuestros enemigos, ca tal y por su patria. Las dificultades que se ocurren aumentarémos nuestra riqueza y dignidad y extenderé- en la manera cómo se ha de llevar la guerra se resuela mos hasta donde quepa nuestro vasto imperio. Ojalá ven con facilidad estando el príncipe presente; ausente nos concedan algun dia los cielos que nuestros prín- él, ¿cuántas veces ha pasado ya la oportunidad de cipes sigan mejor camino, y desplegando fuerzas pro- obrar antes que hayan podido resolverse ? Las dificulporcionadas al mando, seamos mas felices, apiadado lades de la guerra son siempre del momento. ya el cielo de nuestros errores y peligros.

Podria decir sobre este punto mucho mas, pero creo

mas oportuno trasladar las palabras del eminente filóCAPITULO VI.

sofo Sinesio al emperador Arcadio. «Las palabras, dice,

que salen de boca del rey despues que ha dejado su paEl príncipe debe hacer la guerra por sí mismo.

lacio le familiarizan con sus soldados, que llegan á ser Llevo ya dichas sobre la guerra muchas cosas, que no entonces sus amigos y le constituyen, apenas ha bajado podrán tal vez merecer la aprobacion de nuestros hom- al campamento, inspector y juez de hombres, armas y bres de Estado; mas creo aun deber añadir dos reglas, caballos. Habla con el jinele sobre las condiciones del arque no por apartarse del sentir del vulgo ni por dejar ma de caballería, y con el infante sobre la velocidad, de ser conformes á nuestras actuales costumbres, son viste sus armas con los que van armados, embraza el menos útiles y saludables para los individuos y los pue- escudo con los que lo embrazan, dispara con el flechero blos. Recorriendo la historia desde los mas remotos dardos, y comunicados así los trabajos de uno y otro, forpueblos, observo que cuando se las ha seguido ha flo- ma en torno suyo una especie de sociedad llena de vida. recido la república y abundado en todo género de bie- Nace de aquí que no parezca hacer burla de ellos cuannes, y cuando se las ha violado, ha venido á una com- do Hama á sus soldados camaradas, pues corresponden pleta ruina. A mi modo de ver, debe el principe , alir á las palabras á los liechos. Pesado será tal vez el trabajo estallar una guerra , ceñir su espadla y salir en busca de que te encomiendo, mas créeme, el cuerpo de un rey desus enemigos; á mi modo de ver, sus cjércitos deben be ser superior a la fatiga, y es ya cosa natural que el estar siempre compuestos de sus propios súbditos, y que se acostumbra á ella sienta mucho menos la molestia nunca de extranjeros. Puédese á la verdad en esto pecar que produce, principalmente cuando contribuyen tanto por ambos extremos, pues ni conviene que pase todo à suavizarla los aplausos de muchos ciudadanos. El rey el tiempo en los campamentos ni que se exponga conti- pues, bien ejercite su cuerpo, bien recorra simplemente nuamente á los peligros el hombre de cuya vida depen- el campamento, bien vaya armado, bien sin armas, está den todas las clases del Estadoy la salud de todos; ni siempre como en un teatro, rodeado de una muchedumnegaré, pues es innegable, porque está confirmado por bre inmensa que constantemente tiene en él fija la miramuchos ejemplos antiguos y modernos, que en diferen- da. Todo lo que hace á la luz del dia no solo merece el tes ocasiones fueron llamados á la sombra de nuestras aplauso popular, sino que anda pronto en cantos que rebanderas soldados de otras naciones. Sé además que suenan en todos los vidos. Nace además de esta famies de principes prudentes buscar en cada nacion el ar- liaridad y trato del rey cierto amor fuertemente arraima en que mas sobresale; en una la caballería, la in- gado en el corazon de sus tropas, amor que es el mas firfantería en otra, en olra la destreza en tirar del arco o me y poderoso apoyo. ¿Hay acaso en el mundo un pode la honda, á fin de procurar por todos los medios po- der mayor que el que está escudado por ese amor del sibles la integridad de su imperio y la derrota de sus ejército ó del pueblo? ¿Quién, ni aun entre los partienemigos; mas sé tambien que, como podrá ser esto culares, obrará con mas seguridad que un rey, por el venlajoso haciéndose con tacto y con medida, podrá cual temen los ciudadanos sin temerle? Una nacion ser perniciosísimo llevándolo, como se puede llevar, compuesta de hombres lales es imposible que deje avahasta el abuso.

sallarse fácilmente por ásperas palabras y sí solo por la Si el rey es débil y aborrece las armas, empiezan á familiaridad y la dulzura. Llámalos Platon guardas del tenerle en menosprecio, primero los soldados, mas tar- reino, y los compara con los perros por tener estos el sude los ciudadanos todos, y es ya sabido que tras el ficiente conocimiento para distinguir siempre á sus amidesprecio viene el daño, pues la majestad de los reyes gos de sus adversarios. depende menos del poder y de la fuerza que de la opi- » No hay ahora para qué decir cuán vergonzoso es que nion y el respeto de los hombres. Si, por lo contrario, los soldados no conozcan á sus reyes mas que por sus sale el principe á la guerra y sale á los campamentos, retratos. Pero no son estas las solas ventajas que resulle veneran como un dios sus súbditos, ó cuando menos tan de este trato. Todo el ejército está compacto y unicomo un liéroe superior al resto de los hombres, cor- do y forma un solo cuerpo. Los ejercicios militares ren con fervor al templo á rogar por su salud y su for- vendrán á ser entonces como cierto ensayo y preludio tuna, muévense todos á su ejemplo á tomar las armas, de la guerra, y los meros simulacros servirán de estujuzga cada cual ilícito y vergonzoso permanecer en sus dio para las verdaderas luchas. Podrá el rey nombrar hogares y gozar en medio de los deleites cuando ven por su nombre al general, al teniente general, á los M-11.

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jefes de escuadron y de colorte, al simple soldado bárbaros proponiéndoles grandes recompensas. ¿Era raso, conocerá personalmente á ciertos veteranos, á acaso poco peligroso traer á las provincias del imperio quienes pueda confiar alguna parte de la administracion hombres de tan sieras naciones y tan distintos en idiomilitar con utilidad del agraciado y con ventaja públi- mas, en costumbres, en instituciones y en el sistema de ca. Hace entrar Homero en batalla á cierto dios de los vida? ¿Cómo ban de poder evitarse colisiones entre genaqueos, y supone que da con su cetro en la cabeza de les de diversas costumbres y diverso pensamiento? los jóvenes para inflamar mas y mas los ánimos á sin de Se sublevaron, y como era de esperar, fué despedazado que peleen con mayor impetu y no puedan dar tregua miserablemente el imperio que mas habia florecido; y á pié ni mano. ¡Qué otra cosa puede significar aquello la misma Roma, la señora del mundo, fué saqueada é de «están arrebatados de furia los piés, están arrebata- incendiada, vejada de mil modos, débil juguete de la das de furia las manos, cuán á su placer se arrojan á la inconstancia de las cosas humanas, terrible ejemplo Jucha !» Añádese á esto que llamando el rey á cada uno para que aprendan en él los principes cuán imprupor su nombre los enciende mas y mas por la pelea, dente es confiar la salud y la dignidad á gentes bárbaras haciéndoles mas efecto aquella palabra que el sonido у fieras ! Mas séame tambien lícito trascribir sobre este de la mejor cornela. En la presencia del rey todos de- punto las palabras de Sinesio al emperador Arcadio, sean distinguirse, cosa tan úlil en la guerra como en la aunque algo largas. « Debe el rey, dice, familiarizarse paz, como nos demuestra el mismo Homero, que pinta á con sus sollados, mas principalmente con los que han Agamenon lamando por su nombre al simple soldado, salido de los campos y ciudades de las provincias sujetas y persuadiendo á su hermano de que los vaya llamando, al imperio, pues estos son los que han de defenderle, no solo por sus nombres, sino por el de sus mayores y estos los que van de guardar la república y las leyes los honre á todos y no se deje llevar de su orgullo. Todo bajo cuya influencia se han desarrollado é instruido, lo cual no viene a ser mas que ir mentando á cada uno estos los que Platon ha comparado con los perros. lo bueno que hubiese hecho ó le hubiese acontecido. Guárdese el pastor de unir nunca con esos perros á los ¿No ves pues cómo el gran poeta griego quiere que sea lobos, pues si aciertan á ser los perros débiles ó cobarel rey panegirista hasta del último hombre de la plebe? des, es muy fácil que terminen los lobos por devorarles ¿Y quién viéndose a la bado por un rey ha de perdonar ni á ellos, al rebaño y al pastor mismo. No debe el legisel mismo sacrificio de su vida? Con el frecuente roce lador dar armas á hombres de quienes no tenga recibiconocerá además la vida y las costumbres de los solda- da ninguna prenda de amor, de hombres que no hayan dos y qué es lo que puede confiar al cuidado de cada nacido ni se hayan educado bajo sus mismas leyes. Es uno. El rey es artesano de guerras como el zapatero lo ya temeridad, no atrevimiento, entregarse á opa jues de los zapatos , y si nos reiriamos con razon de este ventud extranjera que se ha educado en otra parte porque ignorase los instrumentos de su arte, no deberia- vive sin leyes ni costumbres; es ya temeridad, no atremos reirnos menos del rey que no conociese á los sol- | vimiento, dejar de conocer que con esto tenemos pendados, que son sus instrumentos.»

cliente de un hilo sutil sobre la cabeza el peñasco de Esle juicio de Sinesio debe de ser de tanto mayor Tántalo, pues los soldados extranjeros nunca dejarán peso cuanto que lo escribió por los tiempos en que el de aprovechar cualquier coyuntura que se les presente imperio romano bajaba precipitadamente á su ruina y para hacernos daño. Y tenemos ya sobre tan grave mal se hundió del todo, principalmente por la cobardia de tristes preludios, y sufren los miembros de la república sus principes, que confiaban á sus generales los cuida- como los del cuerpo. No cabe reunir miembros extraños dos de la guerra, temiendo que no habian de ser fe- con miembros naturales, y por esto los emperadores, lices, si abandonabap los muros de palacio. Tales eran prudentes lo mismo que los médicos, son de parecer las circunstancias de aquellos tiempos. Extinguido el que se corten y se eliminen de la república y del cuerpo, genio militar de los romanos por los placeres y el nuevo si se quiere que los otros se conserven sanos. ¿Cuán aire que respiraban, corrompidos los pueblos á ejemplo grave mal no es ya que no tengamos dispuesto ejército de sus principes, y no acordándose mas que de pasar el alguno contra esa peste que nos amenaza, y licencietiempo en los banquetes satisfaciendo su gula, dista- mos, por lo contrario, á los demás para que sea mas ban mucho de pensar siquiera en los negocios de la cierta nuestra ruina? ¿No seria acaso mas oportuno guerra. Aconteció lo mismo con los reyes francos, que que para combalir á los escitas llamásemos a las armas echados al fin de sus dominios, dejaron abierto el ca- á todos los ciudadanos, haciendo que dejasen los labramino del trono á Pepino y á sus descendientes, en cu- dores el arado y la azada, los filósofos sus escuelas, los yas manos estaba ya la administracion del imperio, artesanos sus talleres, y sus teatros la plebe? No seria gracias a la desidia y llojedad de aquellos príncipes;, ni mas oportuno persuadirles a todos de cuánto importa cayeron tampoco por otro motivo los reyes moros de que dejen por algun tiempo sus negocios, antes po deba Córdoba, que vegetaban en sus palacios en medio del la risa convertirse en llanto, haciéndoles ver que en ocio y del deleite, delegando los cuidados de la guerra nada es indecoroso mauisestar sus fuerzas y que el raá sus hadgibes, que eran los verdaderos reyes. Tuvie- lor militar ha sido siempre propio de la sangre y linaje ron el mismo fin que los romanos los que quisieron de los hijos de Roma? Cuando sabemos que, ya en la reimitar sus vicios.

pública, ya en el hogar doméstico, la lucha es para el En Roma empero se incurrió aun en otro error no varon, para la mujer el cuidado de los negocios intemenos lamentable. Llamaron para las guerras que te- riores, ¿cómo hemos de poder consentir en que se connian en muchas partes á los soldados extranjeros y á los i fie á extranjeros precisamente el desempeño de las fun

ciones que nos constituyen hombres? ¿Puede ya darse valor, de menos generosas prendas. Dícese que es difialgo mas vergonzoso que poner en manos ajenas los cil arrojar ya de nosotros tan inmundas heces; mas cargos mas varoniles, los mas altos puestos de la mili- créeme, menguará la dificultad si aumentas el número cia? Yo á la verdad no podria menos de sonrojarme si de tus soldados, si excitas el valor de los romanos, si te esos escilas saliesen muchas veces vencedores de nues- dejas caer con ímpetu y con grandeza de alma sobre tros enemigos; y entiendo, cosa que no ha de negar este aluvion de bárbaros. No les quedará entonces otro quien tenga uso de razon, que si varon y mujer no recurso que cultivar nuestros campos ó marcharse por cumplen cada cual con los deberes propios de su sexo, donde vinieron, y anunciarán á cuantos habitan mas ha de suceder forzosamente que en un momento dado allá del Istro que no es ya fácil poner los pies en los se crean los escitas dueños de la república por tener las dominios de Roma, que hay ahora en ellos un emperaarmas, y los que nunca las han manejade se vean pre- dor noble, jóven y esforzado, capaz aun de castigar á cisados, si quieren salvar su libertad y su honor, á batir- los que los han invadido hasta ahora impunemente.» se con hombres que tienen por profesion ese mismo Esto y algunas cosas mas, que en obsequio de la breejercicio de la guerra. Antes pues que esto suceda, de- vedad omitimos, escribió Sinesio al emperador Arcabemos recobrar el valor de los antiguos romanos y dio cuando hubo tomado las riendas del gobierno desacostumbrarnos á vencer por nosotros mismos, sin-en- pues de la muerte del gran Teodosio, consejos todos trar en relaciones con los bárbaros. Privemos, en primer que, si se hubieran considerado seriamente, hubieran lugar, á los extranjeros de los empleos y honores que con sido bastantes para detener por mucho tiempo, con regran mengua nuestra les han sido dados, honores que medios oportunos, la caída de aquella gran república. entre nosotros eran estimados en mucho. Creo que Dieron entonces los bárbaros algunas treguas; mas luehasta deberiamos velar la faz de Temis, que preside el go, tomadas ofra vez las armas, invadieron las provinSenado, y la de Belona , que preside la guerra, para que cias del imperio y no pararon del todo hasta verlo del novieran que es hoy jefe de los que visten la clámide un todo vejado y humillado, devastadas casi todas las nahombre que lleva aun su capa de pieles, ni le oyesen ciones que lo componian. Lo pasado no es ya susceptideliberar sobre los altos negocios del Estado cerca del ble de mudanza, esta es, como sabemos, una de las mismo cónsul, lejos del cual están hoy sentados los que tristes condiciones de la naturaleza humana; mas yo mas merecian esta honra. Viste este jefe la toga para me daria por satisfecho con que, escarmentando en ir al Senado, y no bien ha salido de él, cuando volviendo cabeza ajena, siguiéramos una política mas saludable á tomar sus pieles, hace burla entre los suyos de ese para los negocios de la guerra. No pretendo que se retraje romano, considerándolo incómodo para manejar la chace del todo de nuestros tercios á los soldados extranespada. Tenemos grandes ejércitos, y no sé por qué fa- jeros, pues sé que en nuestros tiempos no puede haber talidad han venido al imperio romano jefes intrusos de un ejército bueno y poderoso que no esté compuesto ese linaje de bárbaros que gozan de grande autoridad, de soldados de distintas naciones. Sobresale una nacion no ya entre los suyos, sino hasta entre nosotros. Nace en tirar el arco, otra en manejar el caballo, otra es mas este mal de nuestra propia desidia, y si no queremos fuerte para venir á las manos y pelear cuerpo a cuerpo que se agrave, hemos de temer mucho que no se vayan con la espada. El príncipe prudente recoge tropas de con ellos nuestros esclavos, pues pertenecen á esa mis- una y otra y aprovecha esa misma diversidad de puema raza. Hemos de prevenir el peligro, lemos de lim- blos para sostener una noble emulacion entre sus solpiar nuestros campamentos del mismo modo qùe lim- dados. Pretendo si que el príncipe debe emplear las piamos el trigo quitando la cizaña. ¿Será esto lan dificil fuerzas extranjeras de modo que tenga puesta su mayor cuando los romanos aventajan á los escitas, no solo en esperanza en el amor y en las armas de los suyos. Siringenio, sino en valor y fuerza? Herodoto nos decia ya vannos de prueba muchos y graves ejemplos de calaque los escilas eran cobardes, y así lo ha confirmado la midades ajenas; no debemos confiar nunca en los exexperiencia; en todas partes tenemos esclavos de esa tranjeros hasta el punto de que no tengamos en nuesraza. Sin patria, sin hogar, arrojados del país en que tro campamento mas apoyo y fuerzas propias que exnacieron, bajaron en nuestros mismos tiempos al impe- trañas, como viene á decirnos Tito Livio haciéndose rio, no como conquistadores, sino como suplicantes, y cargo de hechos semejantes. Voy ahora a terminar dinos dieron en cambio de nuestros sentimientos de lu- ciendo que no sin razon se pinta la justicia con una manidad para con ellos el pago de todo beneficio qué espada desnuda en la mano, y ni sin razon se la pone se olvida. Hicieron pagar caro el error á tu padre, y vol- entre Marte y Minerva. Quiso con esto indicarse que la vieron otra vez con sus mujeres á rogarle que fuese con justicia necesita principalmente para su guarda de la ellos benigno. Tu padre los levantó por segunda vez, sabiduría y de las armas, y es para mi indudable que les dió armas, les confirió los derechos de ciudadanos, si existieran ambas cosas, cumpliria mucho mejor con les hizo partícipes de todos los bienes del imperio, les - el cargo que pesa sobre sus hombros. Es claro que en dió hasta una parte de la propiedad romana. Sírveles un imperio tan dilatado no puede asistir a todas las ahora esa humanidad de tu padre para que tengan oca- guerras, mas debe procurar con mucha maña que no sion de reirse de nosotros, sin que esto sea aun lo peor se promuevan muchas á la vez, que no se acometa uno que nos sucede. Pueblos que consinan con ellos y son sin tener antes vencidos á loś otros, y habiendo a la diestros en el manejo de armas y caballos bajan á nues- vez guerras exteriores en países fronterizos y en natro imperio con iguales esperanzas, no tolerando que ciones remotas, ha de entender en las primeras por sí , se les niegue lo que hemos concedido á otros de menos ha de confiar las otras á sus generales.

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