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la afligiesen? No hay para que detenerse en demostrarlo, nuevas conspiraciones en Alejandría , cosas falsas las cada cual puede verlo con los ojos de su fantasía. ¿Qué dos, pero que no temian propalar aquellos infames, han de hacer los criados cuando manden la manceba y la impostores.

mujer cosas contrarias? ¿A cuál se han de ladear? ¿Qué De Teodosio sabemos tambien que promulgó una ley regla ban de seguir para cumplir sus deberes? Embupor la cual se privaba á los lierejes de toda clase de ho- razada por tan graves dificultades, dividiráse la familia nores, se les alejaba de todo cargo público y hasta se en bandos y arderá sin cesar en odios y contiendas. Ses imponia pena de destierro á los que no abjurasen la he- rán mirados con descuido los quehaceres domésticos; rejía. Es sabido que Valentiniano el jóven toleraba en los criados, á ejemplo del amo, no pensarán mas que en occidente á losarrianos por condescender con su madre los placeres, la discordia llegará hasta las entrañas, coJustina, y quedespues de haber sido asesinado en Fran- mo se dice del caballo de Troya , sucediendo aun esto cia su hermano Graciano por las pérfidas intrigas de mucho mas, si armada la concubina con el favor del Máximo, se escapó de Italia y se reunió con ese mismo marido, se atreve á poner en duda la nobleza, la honesemperador Teodosio. Unidos ya los dos, dieron una ley tidad y aun los mismos derechos del matrimonio, como muy parecida contra los herejes en Estobis, ciudad de hicieron Arrio y otros herejes de su tiempo con la Iglela Macedonia , siendo cónsules Teodosio , por segunda sia, teniéndose por mejores cristianos, sosteniendo que vez, y Cinegio, esto es, el año 388 de la Iglesia. A pe- la Iglesia católica era la suya, y repudiando como heresar de estas leyes , sabemos que Amfiloco, obispo de jes á los que pensaban de otro modo. Entre los antiIcona , tuvo ya que valerse de artificios para acusar el guos romanos estaba prohibido que las concubinas endescuido con que era mirada la extirpacion de las he- trasen en el templo de Juno, que presidia las bodas, para rejías de aquel tiempo. Saludó á Teodosio y afectó des- indicar que nada hay mas contrario á ellas que el conpreciar á su hijo, que estaba sentado al lado de su padre. cubinato. Abraham con toda su gravedad y saber no Notólo el Emperador, y le preguntó qué motivos podia pudo establecer la paz entre Agar y Sara , hasta que, haber tenido para guardar tal conducta; á lo cual él, condescendiendo con los deseos de su esposa, obligó sin pretender disimularlos, mal por cierto, juzgas de á atravesar los umbrales de su casa á la esclava y á su las cosas, le dijo; le altera una leve injuria heclia á hijo; hechos y consideraciones todas que prueban que tu hijo , y no las afrentas de los arrianos que recaen ni pueden vivir bajo un mismo techo la mujer y la mansobre el hijo de Dios. Mas cauto con estas palabras y ceba, ni en una misma ciudad ó reino cabe tolerar una aleccionado sobre todo por la desgracia de Valentiniano, religion falsa al lado de la verdadera, Es indispensapasado por la espada de Eugenio, que desde la escuela

ble que choquen cosas de naturaleza contraria , y sahabia invadido el imperio , reprimió con nuevos edic- bemos ya por una larga experiencia que nunca fuo tos In libertad de los herejes, siele años despues de pro- admitida en un pueblouna nueva religion sin que somulgada la ley de Estobis. Siguió Arcadio las huellas brevinieran graves calamidades y trastornos. Echemos de su padre y sancionó con una nueva ley la picdad an- una ojeada sobre la historia, abramos los anales antitigua , oponiéndose además con ayuda de Crisóstomo al

guos y modernos, y veremos que donde quiera que la godo Gaina , que apelaba á las amenazas y al terror para existido este fenómeno, han sido conculcados los dereque se le diese en Constantinopla un templo donde pu- chos de la justicia, ha sido envuello todo en robos y asediesen reunirse los arrianos. Que estos pues bajo el sinatos y se ha ejercido contra los sectarios y ministros reinado de Teodosio celebrasen sus juntas en los arra- de la antigua religion una crueldad mucho mayor que bales, que bajo el de Arcadio conmoviesen la ciudad la que podrian ejercer eneinigos extranjeros. ¿Qué no con sus plegarias nocturnas y sus himnos, creo que hicieron los albigenses en Francia ? Qué ferocidad no debe mas bien atribuirse á lo calamitoso de aquellos desplegaron los husitas en Boliemia ? Qué de sangre no tiempos que á que los principes manifestasen una deci- han hecho derramar las nuevas herejías en Francia y en dida voluntad en contenerlos. Hallamos , por otra parle, Alemania ? Lo estamos viendo y oyendo, no hay para que Marciano, sucesor del hijo de Arcadio, dió una ley qué recordarlo. ¿Habrá tampoco necesidad de menlar por la cual probibió las adulterinas reuniones de los eu- cuánto sufrieron los fieles de los arrianos bajo el reinatiquianos. Se cita lo de Justiniano, mas que no pudo do de Juliano, ya 'en Heliópolis, ya en otras parles del acaso engañarse coino hombre, adoplando una resolu-imperio? Estaba , sin embargo, prevenido por una ley cion que si era en la realidad perjudicial, era prudente que no pudiera ser un crímen para nadie la diversidad en la apariencia? ¿Quién nos dice que las circunstan- de cullos. Las amenazas de los novacianos las sabemos cias de los liempos no le obligasen á tal disimulo? ¿No por cipriano; los estragos que licieron los donatistas parece probarlo su ley grave y dura contra los herejes en Africa por sair Agustio y Optato. ¿Hay acaso quien Antemio y Severo?

ignore los daños que acarrearon á todos los países los Mas pasemos ya de los reyes á los sacerdoles y á los de- arrianos, a pesar de alegar en su principio que su disimás ministros de la Iglesia. Oplalo y Epifanio, por consti- dencia no estribaba mas que en una palabra y llamarles tuir esta un solo cuerpo en toda la tierra, la comparabaná hermanos Optato, considerando cuán poco distaba la la mujer legítima, y las reuniones de los herejes, por ser opinion de ellos de la suya ? Nació de aquí el fiero eninnumerables, á las concubinas. Si en el seno de una fa- cono de los circunceliones, que dieron pié á la cruelmilia viviesen juntas la esposa y la manceba y gozasende dad de Jorje Alejandrino, á la perlidia de Ursacio y de iguales prerogativas, ¿no habria de ser forzosamente Valente, á los sínodos medionalense y ariminense y á grande la confusion, el trastorno y las calamidades que otras mil calamidades. No sin razon se queja la Iglesia

por boca de David de que nunca sufrió mayores males mos insurgentes tendidos en número de mas cien mil que los que sus propios sectarios le han causado. sobre el campo de batalla. Existe aun el discurso con

No es así de extrañar que el emperador Teodosio ve- que Muncer, viendo las legiones de los campesinos dase el apartarse ni en las cosas mas leves de la verila- aterradas y dispuestas a la fuga, los excitó tan lemedera piedad, ni de los deberes de la Iglesia. Aleccio

raria como infelizmente á sostener la libertad cristia. nado por las graves vicisitudes y trastornos de aquellos na, á sacudir el yugo de los tiranos, que así llamaba tiempos, comprendió que de pequeñas causas nacen á á los nobles, y venir á las manos con el enemigo, y veces alteraciones no pequeñas, que no pueden nunca unidos los estandarles, aceptar la lucha donde quiera ser calificadas de tales cuando disuelven los vínculos de que se presentase. Es casi indispensable que junto con la caridad múlua y desgarran la lúnica de Jesucristo, la religion cambie el estado y la faz de las repúblicas. respelada por los soldados romanos, para que no pueda Los poderosos, los que mas abundan en riquezas, tencubrir ni á los del uno ni á los del otro bando. Abru- gan por seguro que en estos casos son los que corren mado el pueblo por el peso de los tributos y envuelto mas inminentes riesgos y caen víctimas del furor de la en gravísimas dificultades , no vacila en estos casos en muchedumbre arınada, que con el ardiente deseo de aprovechar la ocasion que se le ofrece para robar las querer innovarlo todo, no deja nunca de probar si con pingües rentas de los sacerdotes y los tesoros de los la fortuna ajena puede satisfacer su indigencia y su cotemplos que fundaron nuestros antepasados como un dicia. ¿ Bastarán acaso las leyes para contenerla en sus erario sagrado para sacar de sus mas terribles apuros la deberes? En las discordias y movimientos civiles suerepública. No faltará nunca quien capitanee la teme- len callar las leyes, perderse la voz de la justicia entre raria muchedumbre, y si tomando este la religion por el estrépito de las armas , ser débil ó pula la autoridad

escudo ataca las costumbres de los sacerdotes, estallará de los que mandan. Las leyes justas y razonables son ...pronto en la república una sedicion, donde la parte aquellas que mucho antes de desarrollarse el crimen

mas débil, que son los sacerdotes, serán presa de los previenen toda ocasion y motivo de tumulto. Así como amotinados, desapareciendo de los templos las rique- los remales de las torres y las cumbres de los montes zas y ornamenlos acumulados allí por tantos años. Esto son las mas expuestas a las injurias del tiempo y al fulo hemos visto en nuestros tiempos, donde quiera que

ror de la borrasca, así los que ocupan en la república ha penetrado la discordia religiosa. Añádase á esto que los mas altos puestos caen y vacilan los primeros al dividido el pueblo en dos bandos, será pronto preciso soplo de las tempestades civiles y sociales, principalcrear en una misma ciudad dos obispos, contra todo lo mente cuando la religion no sirve ya de freno a los que que se ha hecho en la antigüedad y decretado la Iglesia, las suscitan. Conviene advertir y exhortar mucho á los mal tras el cual ha de seguir pronto toda clase de calami- principes, para que, atendiendo a sus intereses personadades. ¡Qué confusion no habrá entonces! Ninguno de los les, ahoguen en la misma cuna el paciente furor de la dos bandos se atreverá á castigar severamente los deli- herejía, no sea que despues deban lamentar en vano su tos de los suyos por temor de que no abandonen su secta primitiva flojedad y su apatía. y se pasen al campo enemigo, como acoslumbra á suce- Mas sin sentirlo hemos pasado de los argumentos á der eu las guerras intestinas. Crecerán con la impuni- los preceplos, y debemos ceñirnos a las consideraciodad los crímenes y habrá un perpetuo se millero de nes que nos faltan aun hacer sobre este punto. De los ruinas y discordias. No dejará tampoco de padecer la males que nacen sobre el cambio de religion alcanza nobleza de esta perturbacion social y de ese desevfreno una no pequena parte al pueblo, y es preciso que se lo de costumbres; įá qué pues podrá tender esa libertad, demostremos para que no pueda alegrarse del mal ajepor la que abjurará todo temor la plebe, sino á que vio- no. Mudada la religion, la paz pública es, 'como llevaJada ya la religion, lumillado el clero y saqueados é in- mos dicho, del todo insubsistente. En medio de los cendiados los templos, prenda el fuego á la nobleza? Por- tumultos populares, ¿qué goces la de tener le plebe? Del que el mal no se detiene nunca en el primer escalon, sino mismo modo que cuando sentimos enfermo el cuerpo, que a medida que se aumenta la llama , va recorriendo los efectos del mal se han de extender a todas parles. los mas altos, y los que creyendo estar fuera de todo al- Solo entonces rebesa en bienes la república , cuando cance eran pasivos espectadores de la calainidad aje-dependiendo unos de otro

dependiendo unos de otros, sus miembros están unidos na, se ven envuellos en los mismos daños y aun en otros con la cabeza por los vínculos de un amor perfecto; } mayores, pues suele ser siempre mayor el odio que se no sin razon la antigüedad fingia que Pitarquia , esto abriga contra los principes que el que se profesa al es, la obediencia debida al magistrado, era esposa de clero. La prueba la vemos en esa guerra de aldeanos Júpiter Conservador, y de aquel consorcio nacia la feque hace setenta años que estalló contra la nobleza ale- licidad de las naciones. Pretendia con esto indicar la mana en la Alsacia y en los estados vecinos, guerra pro- fábula que estaba el pueblo colmado de bienes cuando movida por Fifer, hombre oscuro, que liadiendo soñado obedecia á los agentes del Gobierno, mas tambien que que estaba reprimiendo una grande invasion de ratones nada bay tan infeliz como una ciudad dividida en facpor los campos, y creyendo que esos ratones no eran ciones que no aceptan una autoridad comun á tódas. sino los magnales, que á manera de lales roen y devoran Ahora bien, destruida la religion; creo que está ya basla suslancia del pueblo, llamó á las armas á los labrie- tantemente demostrado que no es posible entre los gos, y dió principio á una serie de combates en que mu- ciudadanos ni la concordia , ni la obediencia, ni el reschos -pueblos quedaron destruidos, gran parte de la peto. Pero hay aun otro mal ; una vez dividida la repúnobleza muerla , que fué lo mas sensible, y aun los mis- | blica en bandos y debilitada por las discordias civiles,

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es muy fácil que sea víctima de naciones extranjeras; hombres perdidos? No tienen fin los males donde se ha cuando la leña admite ya la cuña en sus rendijas Ó hen- abierto la enlrada á una religion nueva, tanto, que bien diduras se divide fácilmente en parles y sirve de ali- puede asegurarse que el mismo dia en que se da libermento al fuego. Los enemigos exteriores, viendo ya tad á nuevas opiniones se pone término á la felicidad quebrantada la concordia de los ciudadanos , darán la de la república, debiendo resultar forzosamente de mano á una de las facciones para que reducida la otra abi que se encuentre ser falsa y vana la palabra liberá la impotencia, pueda mejor sujetar y tiranizar á en- lad, bella en el nombre y en la apariencia, palabra que Irambas. Así lian venido abajo grandes imperios; así en todos tiempos sedujo á innumerables hombres. Está César sujetó las Galias; así los principes de Turquía esto tan fuera de duda, que seria ocioso referir ejemplos; vencieron la lumultuosa Grecia y conquistaron el im- mas si quisiéramos referirlos baslaria recordar las tráperio de Oriente. Nunca puede predecirse mejor la gicas escenas de nuestros tiempos, los tumultos civiles, ruina de un estado que cuando los ciudadanos empie- las funestas guerras que solo por motivos religiosos zan á discrepar entre si en materias religiosas. Si cayó han sido empezadas y continuadas con una crueldad la floreciente república de los judíos no fué debido sino que espanta , las muchas ciudades que por efecto de á la division del pueblo en fariseos y saduceos, division esas mismas guerras han perdido su antiguo esplendor que no tardó en ponerla bajo el yugo de los romanos. y su belleza; los inlinitos templos tan vencrables por Cuando hay discordia en el seno de un estado ¿cómo la fama de su santidad y por su misma grandeza que han se han de encontrar ciudadanos que rechacen con ac- sido incendiados y destruidos, las muchas esposas del lividad á los invasores y salgan unidos al campo de Señor que han sido estupradas, los millares de sacerbatalla ? La mayor parte solo para hacer mal tercio á doles que han sido muertos, la inmensa multitud de los contrarios, en cuyas manos está todo el poder de la hombres y soldados que han caido bajo el hierro de sus república, dejará de tomar parte en la lucha y preferirá enemigos. Nos vienen sin querer a la memoria aquellos verse vencido á tener que atribuir la victoria al bando versos del poeta. que aborrece. Es sabido que en Roma, siendo Lucio

Heu quantum terrae potuit, pelagique parari Papirio dictador, aconteció que por una causa de mucha

Hoc, quem civiles hauserunt, sanguine dextrae. menos importancia dejó escapar al ejército de los şamnitas, a quienes hubiese podido vencer en una sola Mas omitamos estos y otros gravísimos males, nacihatalla, recibiendo de ellos graves y profundísimas he- dos de las discordias religiosas, males confirmados por ridas. Estaban disgustadas las tropas romanas por la los males de todos, que pasarán á la posteridad en las inoportuna severidad del dictador, y esto bastó para in- páginas de la historia : ¿de qué sirve acusar ya lo ferirles tan grave daño; tanto puede á veces en la guerra pasado? De qué lamentarnos sin dar otro remedio con la enajenacion de voluntades por tan gran motivo. Por nuestras propias lágrimas? Cansados, por otra parte, eslo los mismos romanos deseando prevenir el mal, de esta larga cuestion, es preciso que recojamos velas y creian ilícito disponer sus legiones en batalla sin liaber tomemos puerto, contestando antes, sin embargo, a las antes consultado los auspicios y ofrecido sacrificios. razones de los que pieusan de distinto modo. Objetan Purificado entonces el ejército por la sangre de la estos que el imperio turco contiene en su recinto homvíctima inmolada , satisfeclios los dioses y depuestos bres de distinta religion y de distintas seclas y que no los odios, venian á las manos con sus enemigos ani- obstante, lejos de estar afectados por discordias intesmados de un mismo pensamiento y llenos de entusias- tinas, florece y crece de dia en dia en todo género de mo y de denuedo.

bienes; que en Boliemia bace ya ciento ciucuenta y dos Añádase á esto que existiendo esta discordia que la- años bay dos religiones, y que no hace mucho ha sido mentamos no pueden tener lugar esas asambleas en que admitida públicamente otra, compuesta de las opiniones se ha de deliberar sobre los negocios de la república. de Martin Lutero; que los suizos, gente fuerte en la Turbarán toda deliberacion, altercados y múluas inju- guerra y esclarecida por sus liazañas, han admitido rias, habrá riñas, contiendas y clamoreo, y las mas de en su república diversas religiones; finalmente, que las veces quedarán vencidos por los peores y los mas au- han hecho otro tanto los germanos. Mas á la verdad, daces. Mas para que ni aun las menores cosas descui- los que tal dicen no advierten que están ultrajando grademos, ¿qué no ha de suceder si ta fuerza del mal vemente á nuestros príncipes por el mero hecho de y la ponzona de la discordia penelra hasta en el se- medir los imperios cristianos por la tiranía de los turno de la familia ? ¿Puede imaginarse ya ni una forma cos y hacer tender nuestras piadosas costumbres á la de gobierno mas triste vi un estado mas funesto para crueldad y licreza de las leyes otomanas. Los turcos el pueblo? ¿Qué obediencia ni qué amor puede haber pues no dan participacion alguna en el gobierno de la entre los que discrepan en creencias religiosas? La mu- república á los pueblos que upcieron á su yugo, ni les jer aborrecerá como impío á su marido, el marido acu- conceden siquiera el uso de las armas, antes les obligan sará de adúltera á la mujer que por sí y ante si se á servirles y les gravan con mas onerosos tributos que atreva á asistir á las reuniones de su secta , sospechan- al resto de sus súbditos, llegando hasta el punlo de do, y no sin razon ni sin que haya de ello ejemplos, que arrebatarles los hijos del seno de las madres para reno la mueven tanto su celo religioso como el cebo de ducirlos a la esclavitud y á una torpeza vergonzosa, no impurísimos deleites. ¿Cuántas donceHas no se separa- siendo raro que violen impunemente las mujeres hasta rán de suspadres , .cuántas mujeres de sus maridos en presencia de sus maridos. Si así quisicsen vivir entregándose bajo un pretexto religioso en brazos de en la república cristiana los sectarios de las nuevas her rejías sobrellevando esta pesada carga en gracia de la li- | nado mal la república, ni lo que es aun mas grave, sea bertad de conciencia que tanto desean, podriamos qui- considerado despues de su muerte como reo de los zá consentir en darles una libertad conquislada á costa grandes males que aflijen á su patria, y sea justamente de tan grandes sacrificios. Cuando empero vemos hoy despreciado por haber mirado con descuido la salud que los que abandonan la religion patria solicitan los privada y la pública, saltando á su deber y cometiendo mas altos destinos y deseau ocupar el primer puesto en una maldad gravísima. la república , ¿quién no ha de conocer su maldad en Damos aquí fin á nuestro trabajo. Despues del afany querer defender la liberlad religiosa con el ejemplo de del trabajo en resolver cuestiones , justo es que des. los turcos? Porque en cuanto dicen de la Bohemia y de cansemos. He explicado ya cuál es para mí la mejor forla Germania, me admiro que no lo hayau dicho de Gi- ma del gobierno, cuáles son las mejores instituciones nebra élnglaterra, lugares lodos donde, no solo florecen monárquicas, de cuántas y cuán grandes virtudes nelas nuevas sectas, sino que hasta está prohibida la cesita un principe. Despues de leido este libro, tal vez facultad de profesar libremente su religion á los cató- se enfrien los deseos de muchos que querrán siquiera licos, amenazándoles todos los dias con un porvenir mas intentar lo que han de creer inasequible; mas el que lleterrible, a pesar de ser muchos en número en todos va en sus hombros el inmenso peso de los negocios aquellos países. Los mismos que con tanta impudencia públicos debe con todas sus fuerzas aspirar á todo. Si le pretenden en otras naciones arrancar la libertad de faltan las prendas y el ingenio que reclamamos, no por cultos y achacan á atrocidad y tiranía la negativa de esto se desanime, siga el camino que trazamos hasta los principes siguen una conducta muy distinta de la donde pudiere, seguro de que cumple quedándose en el que exigen luego que están apoderados de los negocios segundo o tercer lugar, con la que no deje nunca el depúblicos, pues no son tan imprudentes que no com- seo de llegar liasta el primero. Se remontarán siempre prendan cuán imposible es alcanzar la concordia y de- mucho mas los que pretendan alcanzar la cumbre que los fender la patria si no se cierra el paso á las disidencias que desconfiando de alcanzarla sigan el camino mas llareligiosas. ¿Hay acaso quien ignore que se han debili- no y mas humilde. Entre los reyes hebreos, no solo son tado mucho las fuerzas de la Alemania y experimenta- celebrados un David y un Salomon, y entre los romanos do esta muchas pérdidas desde que empezaron á agi- solo un Augusto un Vespasiano, un Constantino y un tarla las nucvas herejías? La que en otro tiempo era Teodosio el Grande, sino tambien los que siguen deel lerror de los romanos y no hace mucho tiempo de Irás de estos, y aun los que siguen detrás de los segunJos turcos, enferma hoy y desangrada, no solo no dos. No solo pasan por grandes capitanes Aníbal, Espuede tender la mano á las demás naciones, no cipion, y entre los nuestros, Pelayo , el Cid, Fernan puede siquiera andar por su pié y necesita el auxilio

García , Bernardo del Carpio y el moderno Gonzalo de de otras.

Córdoba , sino tambien otros muchos que no han dejaLlevamos ya pues explicado en este último capítulo do de alcanzar gran prez por sus hazañas. No hay pues todos los mules que nacen de la diversidad de religiones, para que nadie pierda la esperanza ni mengüe sus fuertales como el trastorno de los intereses privados y pú- zas, pues ni hemos de desesperar de alcanzar lo mejor blicos luego que surja la discordia entre los demás ciu

ni hay en los negocios importantes y difíciles nada dudanos, la caida de los reyes y la de los sacerdotes, grande que no esté muy cerca de lo bueno. Tal vez la iufelicidad para la nobleza y para el pueblo. Todo lo tampoco agrade á todos nuestro juicio sobre el rey y la cual, si es ya mas claro que la luz del sol, si procede institucion real; mas sígalo quien quiera , ó esté por el de las fuentes mismas de la naturaleza, si está confir- suyo, si lo halla apoyado en mejores argumentos ! mado por ejemplos antiguos y modernos, si recibe au

razones. Sobre todo lo que lle dicho en estos libros, loridad y fe, así de la razon como de los sentidos, si no nunca me atreveré á asegurar que sea mas verdadera se oye testigo ni voz alguna que no esté acorde en que mi opinion que la contraria. No solo pues puede parenada lian de mudar de la religion antigua los que deseen cerme á mí una cosa y á otros otra, sino que aun yo su salud propia y la salud del reino, ¡cuántas gracias no mismo puedo ver hoy de un modo lo que ayer vi de hemos de dar a los que destruida la impiedad manden otro muy distiulo; y no quisiera ser terco, no digo ya eu que se conserven intactas las formas de nuestra religion estas cuestiones que están al alcance del vulgo, pero ni sagrada! ¡Cuánto no hemos de acusar y cuánto no ban aun en las mas sutiles y mas arduas. Siga cada cual su de ser dignos del odio de la posteridad los inventores de parecer y no el nuestro, solo rogamos al lector que nos las nuevas sectas! Hemos de aconsejar y exhortar ince- lea sin prevencion, pues esta ofusca los ojos del entensantemente al príncipe á que se oponga al mal desde dimiento, y que acordándose de lo que es la condicion el principio y apague desde un principio la llama aun humana, si en algo hemos errado, sea con nosotros becon riesgo de su propia vida, para que no cunda el con- nigno y nos perdone, siquiera porque lo habrémos hetagio ni sea luego inútil el remedio, ni se mauche su cho con la intencion de prestar un servicio a la repúbuen nombre con la nota de haber sido flojo y gober- blica.

FIN DEL LIBRO DEL REY Y DE LA INSTITUCION REAL.

TRATADO Y DISCURSO

SOBRE LA MONEDA DE VELLON

QUE AL PRESENTE SE LABRA EN CASTILLA,

Y DE ALGUNOS DESÓRDENES Y ABUSOS;

ESCRITO POR EL PADRE JUAN DE MARIANA EN IDIOMA LATINO, Y TRADUCIDO EN CASTELLANO POR EL MISMO.

PROLOGO AL LECTOR.

les. Diógenes, desde que vió la ciudad alborotada y que

nadie le llamaba ni empleaba en cosa alguna, por teDios, nuestro señor, quisiera y sus santos que mis tra- nerle todos por inútil, salió de la tinaja en que morabajos fueran tales, que con ellos se hubieran servido ba y comenzó á rodarla cuestas arriba y cuestas abajo; mucho su majestad y todos estos reinos como lo be de- y preguntándole qué era lo que hacia, que parecia se seado; ningun otro premio ni remuneracion apeteciera burlaba del mal y cuita comun, respondió, no es razon ni estimara sino que el Rey, nuestro señor, sus conse-, que solo yo esté ocioso en tiempo que toda la ciudad jos y sus ministros leyeran con atencion este papel en anda alborotada y todos hacendados. De Solon escribe que van pintados, si no con mucho primor, lo menos asimismo Plutarco en su vida que en cierto alboroto mal que mis fuerzas alcanzan , algunas desórdenes y que se levantó en Alénas, como quier que por su larga abusos que se debieran alajar con cuidado, en especial edad no pudiese ayudar en nada, púsose á la puerta de su acerca de la labor de la moneda de vellon que hoy se casa armado con su lanza ó pica en el hombro y su paacuña en Castilla, que ha sido la ocasion de acometer vés en el brazo para que entendiesen que si las fuerzas esta empresa y de tomar este pequeño trabajo. Bien faltaban tenia muy presta la voluntad; que el trompeta veo que algunos me tendrán por atrevido, otros por in- con avisar se descarga al tiempo del acometer y reticonsiderado, pues no advierto el riesgo que corro, y rarse, bien que los soldados hagan lo contrario de lo pues me atrevo á poner la lengua, persona tan particu- que significa la señal, así lo dice Ecequiel. De esto mislar y retirada, en lo que por juicio de hombres tan sa- mo servirá por lo menos este papel, despues de cumbios y experimentados ha pasado ; excusarme lia em- plir con mi conciencia, de que entienda el mundo (ya pero mi buen celo de este cargo, y que no diré cosa al- que unos están impedidos de miedo, otros en hierros guna por mi parecer particular, antes, pues todo el de sus pretensiones y ambicion, y algunos con dones reino clama y gime debajo la carga, viejos y mozos, tapada la boca y trabada la lengua) que no falta en el ricos y pobres, doclos é ignorantes, no es maravilla si reino y por los rincones quien vuelva por la verdad y. entre tantos alguno se atreve á avisar por escrito lo que avise los inconvenientes y daños que á estos reinos anda por las plazas, y de que están llenos los rincones, amenazan si no se reparan las causas. Finalmente, sallos corrillos y calles.

dré en público, bare ruido con mi mensaje, diré lo que Cuando no sirva de otra cosa, yo cumpliré con lo que siento, valga lo que valiere, podrá ser que mi diligencia debe liacer una persona de la leccion que hoy alcanzo, aproveche, pues todos desean acertar, y yo que esta mi y por ella la experiencia de lo que en tanlos siglos en el resolucion se reciba con la sinceridad con que de mi mundo ha pasado. La ciudad de Corinto, así lo cuenta parte se ha lomado. Así lo suplico yo a la majestad del Luciano, tuvo nuevas que Felipe, rey de Macedonia, cielo, y á la de la tierra que está en su lugar, á los ánvenia sobre ella ; turbáronse los ciudadanos, quién acu- geles y santos, a los hombres de cualquier estado y condia á las armas, quién á los muros para fortificarlos, dicion que sean, que antes de condenar nuestro intenquién juntaba almacen, quién piedras ó otros materia- to ni sentenciar por ninguna de las partes, se sirvan

M-11.

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