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yos y tambien para esperar en qué paraban y qué tér que, sin embargo, se pasase adelante en la cobranza. mino tomaban aquellas alteraciones, se fortifico dentro Alborotóse el pueblo, y con una campana de la iglesia de Coimbra. Sufren mal los grandes ánimos cualquiera mayor tocaron al arma. Los primeros atizadores fueron injuria , y mas cuando no tienen culpa ; así, con intento dos canónigos, llamados el uno Juan Alonso, y el otro de apoderarse de Lisboa , se concerto con los ciudada Pedro Galvez. El capitan del populazo alborotado fué un nos de aquella ciudad que se la entregasen ; pero como odrero, cuyo nombre no se sabe; el caso es muy averiquier que cosa tan grande no pudiese estar secreta, en guado. Cargaron sobre las casas de Alonso Cota y peel camino en que iba para allá con número de soldados gáronles fuego, con que por pasar muy adelante se le pararon una celada, con que le fué forzoso venir á quemó el barrio de la Madalena, morada en gran parlas manos. Dióse esta batalla año de nuestra salvacion te de los mercaderes ricos de la ciudad; saqueáronles de 1449. Sobre el mes no concuerdan los autores, y hay las casas, y no contentos con esto , echaron en prision. diversas opiniones; la suma es que en ella murió el mis á los que allí hallaron, gente miserable , sin tener resmo don Pedro con muchos de los suyos. Sus émulos y peto ni perdonar á mujeres, viejos y niños. Sucedió este gente curiosa de cosas semejantes decian fué castigo feo y cruel caso á 26 de enero. Unos ciudadanos maltradel cielo, ca le hirieron el corazon con una saeta enher taban a otros no de otra manera que si fueran enemigos, bolada; de la herida murió; persona digna de mejor que fué un cruel espectáculo y daño de aquella nobleciusuerte y de mas larga vida , si bien vivió cincuenta y dad. En especial se enderezó el alboroto contra los que siete años. Fué de grande ánimo, de aventajada pru por ser de raza de judíos el pueblo los llama cristianos dencia por la grande experiencia que tuvo de las cosas. nuevos. El odio de sus antepasados pagaron sin otra Dijose que el Rey sintió mucho la muerte de su tio y causa los descendientes. El alcalde Pero Sarmiento y suegro; la fama mas ordinaria y el suceso de las cosas su teniente el bachiller Márcos García, á quien por desconvence ser esto engaño, pues por mucho tiempo le precio llama el vulgo hasta hoy Marquillos de Mazafué negada la sepultura; verdad es que adelante le en rambroz, que debieran sosegar la gente alborotada, terraron en Aljubarrota , entierro de los reyes, y le hi antes los atizaban y soplaban la llama. Tras la revuelta cieron sus honras y exequias. Su hijo don Diego fué pre se siguió el miedo de ser castigados; por entender les so en la batalla, y adelante se fué á Flandes; desde alli harian guerra cerraron las puertas de la ciudad, que su tia la duquesa doña Isabel le envió á Roma para que fué lo que solo restaba para despeñarse del todo y refuese cardenal. Doña Beatriz, su hermana, pasó otrosí mediar un delito con otro mayor. Así, en breve la aleá Flándes y casó con Adolfo, duque de Cleves. Despues gría que tenian por lo hecho se les trocó en pesadumdesto, en Portugal gozaron de una larga paz; el Rey bre y les acarreó muchos daños. Don Alvaro no tenia entrado en edad gobernó el reino sabiamente, si bien bastantes fuerzas ni autoridad para sosegar aquellas alfué mas afortunado en la guerra que hizo contra los teraciones tan grandes y castigar á los culpados, espemoros mas mozo que en la que tuvo contra Castilla en lo cial que el dicho Pero Sarmiento le era contrario. Dió postrero de su edad. Mostróse muy señalado en la pie aviso al Rey de lo que pasaba , el cual á instancia suya dad; en el rescate de los cautivos que tenian los moros y habiéndose en este medio tiempo apoderado de Benapresos en Africa gastó y derramó grande parte de sus vente, acudió á apagar aquel fuego por temor que te rentas y tesoros, si se puede decir que la derramó, y no nia de aquellos principios no resultasen mayores daños. mas aína que la empleó santísimamente en provecho de Por negalle la entrada se alojó en el hospital de San Lámuchos. Táchanle solamente que se entregó á sí y á zaro. Tiráronle algunas balas desde aquella parte de la sus cosas al gobierno de sus criados y cortesanos. Creo ciudad que llaman la Granja con un tiro de artillería que fué mas por llevallo así aquellos tiempos y por al que allí pusieron. Cuando disparaban decian : «Tomad guna fuerza secreta de las estrellas que por falta par esa naranja que os envian desde la granja ); desacato ticular suya; daño que fué causa de grandes desgustos notable. Con la venida del Rey tomó Pero Sarmiento y desastres, así bien en las otras provincias como en la ocasion de hacer nuevas crueldades y desafueros; pren. de Portugal

dió muchos ciudadanos con color que trataban de eoCAPITULO VIII.

tregar al Rey la ciudad. Púsolos á cuestion de tormen

to, en que algunos por la fuerza del dolor confesaron Del alboroto de Toledo.

mas de lo que les preguntaban. Robáronles sus bienes, Quedose don Alvaro de Luna en Ocaña, segun se ha y á muchos deHos quitaron las vidas; cruel carnicería, tocado, para apercebir lo necesario para la guerra de hacer delito y castigar como á tal la lealtad y el deseo Aragon. Trataba con gran cuidado de juntar dineros, de quietud y reposo, cosa que entre amotinados de orde que tenian la mayor falta. Ordenó que Toledo , ciu dinario se suele tener y contar por alevosía y gravísima dad grande y rica , acudiese con un cuento de marave maldad. El Rey se fué á Torrijos. Allí fueron algunos cadís por via de empréstido repartido entre los vecinos; balleros enviados por la ciudad, cuyos nombres aquí se cantía y imposicion moderada asaz, sino que cosas pe callan, para que le dijesen en nombre de Toledo y de queñas muchas veces son ocasion de otras muy grandes. las demás ciudades que si no apartaba de sí á don AlvaDió cuidado y cargo de recoger este dinero á Alonso Co ro de Luna y mandaba que a las ciudades se guardata, hombre rico, vecino de aquella ciudad. Opusiéron sen sus franquezas, darian la obediencia y alzarian por se los ciudadanos. Decian no permitirian que con aquel señor al príncipe don Enrique, su hijo. Fué grande es « principio las franquezas y privilegios de aquella ciudad te desacato, y el sentimiento que causó en el Rey no -fuesen quebrantados. Avisaron á don Alvaro ; mando menor; así, sin dar alguna respuesta, despidió aquellos

caballeros. Mandó poner sitio sobre la ciudad; los na ció empero se debia referir aquí por ser cosa tan notaturales llamaron en su ayuda al Principe, con cuya lle ble, tomado de ciertos memoriales y papeles de una gada se alzó el cerco. Pero sin embargo de babellos li persona muy grave. Cuál de las partes tuviese razon y brado del peligro y habelle acogido en la ciudad, no le justicia, y cuál no, no hay para que disputallo; quede entregaron las llaves de las puertas ni del alcázar. La al lector el juicio libre para seguir lo que mas le agramuchedumbre del pueblo alborotado nunca se sabe dare, que podrá, por lo que aquí queda dicho y por templar, ó temen ó espantan, y proceden en sus cosas otros tratados que sobre este negocio por la una y la desapoderadamente. Hicieron, á los 6 de junio, un esta otra parte se han escrito, sentenciar este pleito, á tal tuto en que vedaban á los cristianos nuevos tener oficios que sea con ánimo sosegado y sin aficion demasiada & y cargos públicos; en particular mandaban que no pu- ninguna de las partes. diesen ser escribanos ni abogados ni procuradores, conforme á una ley 6 privilegio del rey don Alonso el Sabio,

CAPITULO IX. en que decian y pretendian otorgó á la ciudad de Tole

De otras nuevas revueltas de los grandes de Castilla. do que ninguno de casla de judíos en aquella ciudad 6 en su tierra pudiese tener ni oficio público ni benefi No cesaba el de Navarra de solicitar a los grandes de cio eclesiástico. En todo se procedia sin tiento y arre Castilla para que se alborotasen. Las ciudades de Murcia batadamente; no daban lugar las armas y fuerza para y de Cuenca no se mostraban bien afectas para con su mirar qué era lo que por las leyes y costumbres estaba Rey, de que alguna esperanza tenian el de Navarra y los establecido y guardado; sola una grave tiranía se ejer- otros sus parciales de recobrar sus antiguos estados. citaba y atroces agravios. Un cierto dean de Toledo, na Hacian los de Aragon diversas correrías en tierras de tural de aquella ciudad, cuyo nombre y linaje no es ne- Castilla, y en la comarca de Requena robaron gran cocesario declarar aquí, confiado en sus riquezas y en sus pia de ganados. Demás desto, los moradores de aqueletras, en especial en la cabida que tenia en Roma, ca lla villa , como saliesen á buscar los enemigos con mafué datario y adelante obispo de Coria, como algunos yor ánimo que prudencia, fueron vencidos en una pelea dicen habello oido á sus antepasados, y es así, se retiró que trabaron. Sin embargo, la esperanza que tenian los á la villa de Santolalla. Allí puso por escrito con mayor contrarios de apoderarse de Murcia les salió vana. coraje que aplauso un tratado en que pretendia que Acometieron los aragoneses á entrar en Cuenca debajo aquel estatuto era temerario y erróneo. Ofrecióse de de la conducta de don Alonso de Aragon, hijo del rey más desto de disputar públicamente y defender siete de Navarra. Llamólos Diego de Mendoza, alcaide de la conclusiones que en aquel propósito envió a la ciudad. fortaleza que en aquel tiempo se veia en lo mas alto de No contento con esto, sobre el mismo caso enderezó una la ciudad; al presente hay solamente piedras y paredodisputa mas larga á don Lope de Barrientos, obispo de des, muestra y rastros de edificio muy grande y muy Cuenca, en que señala por sus nombres muchas fami fuerte. Estos intentos salieron tambien en vacío en esta lias nobilísimas con parientes del mismo y otros de se parte a causa que el obispo Barrientos defendió con mejante ralea emparentadas; si de verdad, si fingida-grande esfuerzo la ciudad. Pasado este peligro, en Aramente por hacer mejor su pleito, no me parece con gon se movieron nuevos tratos con ocasion de la vuelta viene escudriñallo curiosamente. Basta que no paró en del almirante de Castilla, de quien se dijo que pasó en esto su desgusto y alteracion, antes fué causa, como Italia. Convocaron los procuradores de las ciudades y yo pienso, que el pontifice Nicolao expidiese una bula los demás brazos para que se juotasen en Zaragoza ; eo que reprueba todas las cláusulas y capítulos de aquel leyéronse los órdenes é instrucciones y mandatos que estatuto el tercero año de su pontificado, es á saber, el el rey de Aragon enviaba , y conforme á ellos pretenmismo en que sucedió el alboroto de Toledo de que va dian que se juntasen las fuerzas del reino y se abriese la mos tratando; cuya copia no me pareció seria conve- guerra con Castilla. Esquivaban los procuradores el niente poner en este lugar; solo diré que comienza por rompimiento. Decian no estaba bien al reino trocar estas palabras traducidas de latin en castellano : «El fuera de sazon la paz que tenian con Castilla con la Denemigo del género humano, luego que vió caer en guerra, especial ausente el Rey y los tesoros del reino sbuena tierra la palabra de Dios, procuro sembrar ciza acabados ; por esto intentaron otros medios y ayudas, vña para que ahogada la semilla, no llevase fruto algu- tratose de casar al príncipe de Viana con hija del conde ono. La data desta bula fué en Fabriano, año de la En de Haro. Procuraron otrosi que los grandes de Castilla carnacion de 1449 á 24 de setiembre. Otra bula que tuviesen entre sí habla, y sobre todo y lo mas principal expidió el mismo pontífice Nicolao dos años adelante, convidaron al príncipe de Castilla don Enrique para li1 29 de noviembre, tampoco será necesario engerilla garse con los que fuera del reino y dentro andaban desaquí por ser sobre el mismo negocio y conforme a la pa- contentos. Atreviéronse á intentar esta prática por no sada. Tampoco quiero poner los decretos que consecuti- haberse aun el Príncipe reconciliado con su padre, anvamente hicieron en esta razon los arzobispos de Toledo tes en su deservicio estaba apoderado de Toledo. La don Alonso Carrillo, en un sínodo de Alcalá , y el car- | muchedumbre del pueblo le entregó la ciudad. Los modenal don Pero Gonzalez de Mendoza en la ciudad de vedores del alboroto pasado querian darse al Rey. Por Victoria algunos años despues deste tiempo de la misma esto y por sus deméritos grandes fueron presos dentro sustancia. Casi todo esto que aquí se ha dicho de la de la iglesia mayor, donde se retrajeron. A los principarevuelta y estatuto de Toledo dejaron los coronistas de les alborotadores, que eran los dos canónigos de Tocontar, creo con intento de no hacerse odiosos, Pare- | ledo, enviaron presos á Santorcaz para que en aquella

yos y tambien para esperar en qué paraban y qué término tomaban aquellas alteraciones, se fortificó dentro de Coimbra. Sufren mal los grandes ánimos cualquiera injuria, y mas cuando no tienen culpa; así, con intento de apoderarse de Lisboa, se concertó con los ciudadanos de aquella ciudad que se la entregasen; pero como quier que cosa tan grande no pudiese estar secreta, en el camino en que iba para allá con número de soldados le pararon una celada, con que le fué forzoso venirá las manos. Dióse esta batalla año de nuestra salvacion de 1449. Sobre el mes no concuerdan los autores, y hay diversas opiniones; la suma es que en ella murió el mismo don Pedro con muchos de los suyos. Sus émulos y gente curiosa de cosas semejantes decian fué castigo del cielo, ca le hirieron el corazon con una saeta enherbolada; de la herida murió; persona digna de mejor suerte y de mas larga vida, si bien vivió cincuenta y siete años. Fué de grande ánimo, de aventajada prudencia por la grande experiencia que tuvo de las cosas. Díjose que el Rey sintió mucho la muerte de su tio y suegro; la fama mas ordinaria y el suceso de las cosas convence ser esto engaño, pues por mucho tiempo le fué negada la sepultura; verdad es que adelante le enterraron en Aljubarrota, entierro de los reyes, y le hicieron sus honras y exequias. Su hijo don Diego fué preso en la batalla, y adelante se fué á Flándes; desde allí su tia la duquesa doña Isabel le envióá Roma para que fuese cardenal. Doña Beatriz, su hermana, pasó otrosí á Flándes y casó con Adolfo, duque de Cleves. Despues desto, en Portugal gozaron de una larga paz; el Rey entrado en edad gobernó el reino sabiamente, si bien fué mas afortunado en la guerra que hizo contra los moros mas mozo que en la que tuvo contra Castilla en lo postrero de su edad. Mostróse muy señalado en la piedad; en el rescate de los cautivos que tenian los moros presos en Africa gastó y derramó grande parte de sus rentas y tesoros, si se puede decir que la derramó, y no mas aína que la empleó santísimamente en provecho de muchos. Táchanle solamente que se entregó á sí y á sus cosas al gobierno de sus criados y cortesanos. Creo que fué mas por llevallo así aquellos tiempos y por alguna fuerza secreta de las estrellas que por falta particular suya; daño que fué causa de grandes desgustos y desastres, así bien en las otras provincias como en la de Portugal.

CAPITULO VIII. Del alboroto de Toledo.

Quedóse don Alvaro de Luna en Ocaña, segun se ha tocado, para apercebir lo necesario para la guerra de Aragon. Trataba con gran cuidado de juntar dineros, de que tenian la mayor falta. Ordenó que Toledo, ciudad grande y rica, acudiese con un cuento de maravedís por via de empréstido repartido entre los vecinos; cantía y imposicion moderada asaz, sino que cosas pequeñas muchas veces son ocasion de otras muy grandes. Diócuidado y cargo de recoger este dinero á Alonso Cota, hombre rico, vecino de aquella ciudad. Opusiéronse los ciudadanos. Decian no permitirian que con aquel principio las franquezas y privilegios de aquella ciudad fuesen quebrantados, Avisaron á don Alvaro ; mandó

que, sin embargo, se pasase adelante en la cobranza.

Alborotóse el pueblo, y con una campana de la iglesia

mayor tocaron al arma. Los primeros atizadores fueron dos canónigos, llamados el uno Juan Alonso, y el otro Pedro Galvez. El capitan del populazo alborotado fué un odrero, cuyo nombre no se sabe; el caso es muy averiguado. Cargaron sobre las casas de Alonso Cota y pegáronles fuego, con que por pasar muy adelante se quemó el barrio de la Madalena, morada en gran parte de los mercaderes ricos de la ciudad; saqueáronles las casas, y no contentos con esto, echaron en prision. á los que allí hallaron, gente miserable, sin tener respeto ni perdonará mujeres, viejos y niños. Sucedió este feo y cruel caso á26 de enero. Unos ciudadanos maltratabaná otros no de otra maneraque si fueran enemigos, que fué un cruelespectáculo y daño de aquella noble ciudad. En especial se enderezó el alboroto contra los que por ser de raza de judíos el pueblo los llama cristianos nuevos. El odio de sus antepasados pagaron sin otra causa los descendientes. El alcalde Pero Sarmiento y su teniente el bachiller Márcos García, á quien por desprecio llama el vulgo hasta hoy Marquillos de Mazarambroz, que debieran sosegar la gente alborotada, antes los atizaban y soplaban la llama. Tras la revuelta se siguió el miedo de ser castigados; por entender les harian guerra cerraron las puertas de la ciudad, que fué lo que solo restaba para despeñarse del todo y remediar un delito con otro mayor. Así, en breve la alegría que tenian por lo hecho se les trocó en pesadumbre y les acarreó muchos daños. Don Alvaro no tenia bastantes fuerzas ni autoridad para sosegar aquellas alteraciones tan grandes y castigará los culpados, especial que el dicho Pero Sarmiento le era contrario. Dió aviso al Rey de lo que pasaba, el cual á instancia suya y habiéndose en este medio tiempo apoderado de Benavente, acudió á apagar aquel fuego por temor que tenia de aquellos principios no resultasen mayores daños. Por negalle la entrada se alojó en el hospital de San Lázaro. Tiráronle algunas balas desde aquella parte de la ciudad que llaman la Granja con un tiro de artillería que allí pusieron. Cuando disparaban decian: «Tomad esa naranja que os envian desde la granja»; desacato notable. Con la venida del Rey tomó Pero Sarmiento ocasion de hacer nuevas crueldades y desafueros; prendió muchos ciudadanos con color que trataban de entregar al Rey la ciudad. Púsolos á cuestion de tormento, en que algunos por la fuerza del dolor confesaron mas de lo que les preguntaban. Robáronles sus bienes, y á muchos dellos quitaron las vidas; cruel carnicería, hacer delito y castigar como á tal la lealtad y el deseo de quietud y reposo, cosa que entre amotinados de ordinario se suele tener y contar por alevosía y gravísima maldad. El Rey se fué á Torrijos. Allí fueron algunos caballeros enviados por la ciudad, cuyos nombres aquí se callan, para que le dijesen en nombre de Toledo y de las demás ciudades que sino apartaba de síá don Alvaro de Luna y mandaba que á las ciudades se guardasen sus franquezas, darian la obediencia y alzarian por señor al príncipe don Enrique, su hijo. Fué grande este desacato, y el sentimiento que causó en el Rey no menor; así, sin dar alguna respuesta, despidió aquellos caballeros. Mandó poner sitio sobre la ciudad; los na

turales llamaron en su ayuda al Príncipe, con cuya llegada se alzó el cerco. Pero sin embargo de habellos librado del peligro y habelle acogido en la ciudad, no le entregaron las llaves de las puertas ni del alcázar. La muchedumbre del pueblo alborotado nunca se sabe templar, ótemenó espantan, y proceden en sus cosas desapoderadamente. Hicieron, á los 6 de junio, un estatuto en que vedabaná los cristianos nuevostener oficios y cargos públicos; en particular mandaban que no pudiesen ser escribanos ni abogados niprocuradores, conforme áuna leyó privilegio del rey don Alonso el Sabio, en que decian y pretendian otorgó á la ciudad de Toledo que ninguno de casta de judíos en aquella ciudad ó en su tierra pudiese tener ni oficio público ni beneficio eclesiástico. En todo se procedia sin tiento y arrehntadamente; no daban lugar las armas y fuerza para mirar qué era lo que por las leyes y costumbres estaba establecido y guardado; sola una grave tiranía se ejercitaba yatroces agravios. Un cierto dean de Toledo, matural de aquella ciudad, cuyo nombre y linaje no es necesario declarar aquí, confiado en sus riquezas y en sus letras, en especial en la cabida que tenia en Roma, ca fué datario y adelante obispo de Coria, como algunos dicen habello oido á sus antepasados, y es así, se retiró álavilla de Santolalla. Allí puso por escrito con mayor coraje que aplauso un tratado en que pretendia que aquel estatuto era temerario y erróneo. Ofrecióse demás desto de disputar públicamente y defender siete conclusiones que en aquel propósito envió á la ciudad. No contento con esto, sobre el mismo caso enderezó una disputa mas larga á don Lope de Barrientos, obispo de Cuenca, en que señala por sus nombres muchas familias nobilísimas con parientes del mismo y otros de semejante ralea emparentadas; si de verdad, si fingidamente por hacer mejor su pleito, no me parece conviene escudriñallo curiosamente. Basta que no paró en esto su desgusto y alteracion, antes fué causa, como y0 pienso, que el pontífice Nicolao expidiese una bula en que reprueba todas las cláusulas y capítulos de aquel estatuto el tercero año de su pontificado, es á saber, el mismo en que sucedió el alboroto de Toledo de que vamostratando; cuya copia no me pareció seria conveniente poner en este lugar; solo diré que comienza por estas palabras traducidas de latin en castellano : «El penemigo del género humano, luego que vió caer en obuena tierra la palabra de Dios, procuró sembrar cizavña para que ahogada la semilla, no llevase fruto alguon0.» La data desta bula fué en Fabriano, año de la Encarnacion de 1449 á 24 de setiembre. Otra bula que empidió el mismo pontífice Nicolao dos años adelante, á 29 de noviembre, tampoco será necesario engerilla aquí por ser sobre el mismo negocio y conforme á la pasada. Tampoco quiero poner los decretos que consecutivamente hicieron en esta razon los arzobispos de Toledo don Alonso Carrillo, en un sínodo de Alcalá, y el cardenal don Pero Gonzalez de Mendoza en la ciudad de Victoria algunos años despues deste tiempo de la misma sustancia. Casi todo esto que aquí se ha dicho de la revuelta y estatuto de Toledo dejaron los coronistas de contar, creo con intento de no hacerse odiosos. Pare

ció empero se debia referir aquí por ser cosa tan notable, tomado de ciertos memoriales y papeles de una persona muy grave. Cuál de las partes tuviese razon y justicia, y cuál no, no hay para que disputallo; quede al lector el juicio libre para seguir lo que mas le agradare, que podrá, por lo que aquí queda dicho y por otros tratados que sobre este negocio por la una y la otra parte se han escrito, sentenciar este pleito, á tal que sea con ánimo sosegado y sin aficion demasiada á ninguna de las partes.

CAPITULO IX. De otras nuevas revueltas de los grandes de Castilla.

No cesaba el de Navarra de solicitar á los grandes de Castilla para que se alborotasen. Las ciudades de Murcia y de Cuenca no se mostraban bien afectas para con su Rey, de que alguna esperanza tenian el de Navarra y los otros sus parciales de recobrar sus antiguos estados. Hacian los de Aragon diversas correrías en tierras de Castilla, y en la comarca de Requena robaron gran copia de ganados. Demás desto, los moradores de aquella villa, como saliesen á buscar los enemigos con mayor ánimo que prudencia, fueron vencidos en una pelea que trabaron. Sin embargo, la esperanza que tenian los contrarios de apoderarse de Murcia les salió vana. Acometieron los aragoneses á entrar en Cuenca debajo de la conducta de don Alonso de Aragon, hijo del rey de Navarra. Llamólos Diego de Mendoza, alcaide de la fortaleza que en aquel tiempo se veia en lo mas alto de la ciudad; al presente hay solamente piedras y paredones, muestra y rastros de edificio muy grande y muy fuerte. Estos intentos salieron tambien en vacío en esta parte á causa que el obispo Barrientos defendió con grande esfuerzo la ciudad. Pasado este peligro, en Aragon se movieron nuevos tratos con ocasion de la vuelta del almirante de Castilla, de quien se dijo que pasó en Italia. Convocaron los procuradores de las ciudades y los demás brazos para que se juntasen en Zaragoza; leyéronse los órdenes é instrucciones y mandatos que el rey de Aragon enviaba, y conforme á ellos pretendian que se juntasen las fuerzas del reino y se abriese la guerra con Castilla. Esquivaban los procuradores el rompimiento. Decian no estaba bien al reino trocar fuera de sazon la paz que tenian con Castilla con la guerra, especial ausente el Rey y los tesoros del reino acabados; por esto intentaron otros medios y ayudas, tratóse de casar al príncipe de Viana con hija del conde de Haro. Procuraron otrosí que los grandes de Castilla tuviesen entre sí habla, y sobre todo y lo mas principal convidaron al príncipe de Castilla don Enrique para ligarse con los que fuera del reino y dentro andaban descontentos. Atreviéronse á intentar esta prática por no haberse aun el Príncipe reconciliado con su padre, antes en su deservicio estaba apoderado de Toledo. La muchedumbre del pueblo le entregó la ciudad. Los movedores del alboroto pasado querian darse al Rey. Por esto y por sus deméritos grandes fueron presos dentro de la iglesia mayor, donde se retrajeron. A los principales alborotadores, que eran los dos canónigos de Toledo, enviaron presos á Santorcaz para que en aquella estrecha cárcel, que lo es mucho la que en aquelcastillo hay, pagasen su pecado. No les quitaron las vidas, como merecian, por respeto que eran eclesiásticos. Márcos García y Hernando de Avila, uno de los principales delincuentes, fueron arrastrados por las calles y de muchas maneras maltratados hasta dalles la muerte; agradable espectáculo para los ciudadanos cuyas casas y bienes ellos robaron; castigo muy debido á sus maldades. La soltura de los moros á la sazon era grande; con ordinarias cabalgadas que hacian trabajaban, quemaban y robaban los campos del Andalucía á su reino comarcanos. Hicieron grandes presas, llegaron hasta los mismos arrabales de Jaen y de Sevilla, que fué grande befa, afrenta de los nuestros y mengua del reino. Su orgullo era tal, que el rey Moro prometió al de Navarra, el cual hacia gente en Aragon, que si por otra parte acometia á las tierras de Castilla, no dudaria de asentar sus reales y ponerse sobre Córdoba, sin cesar de combatilla hasta della apoderarse. Dió el Navarro las gracias á los embajadores por aquella voluntad; pero dilatóse por entonces la ejecucion, sea por no ser buena sazon, sea por no hacer mas odiosa aquella su parcialidad si pasaba tan adelante. En Coruña cerca de Soria se juntaron muchos grandes de Castilla á 26 de julio; halláronse presentes los marqueses de Villena y de Santillana, el conde de Haro, el almirante de Castilla y don Rodrigo Manrique, que se intitulaba maestre de Santiago. No falta otrosíquien diga que se halló en esta junta el príncipe de Castilla don Enrique. Quejáronse del mal gobierno de don Alvaro; que por su causala nobleza de Castilla andaba, unos desterrados, otros en prisiones despojados de sus estados; que en ningun tiempo tuvo con el Rey tanta cabida y privanza como al presente tenia; si no se ligaban entre sí, ninguna esperanza les quedaba ni á los afligidos ni á los demás para que no viniesen á perecer todos por el atrevimiento de don Alvaro, que de cada dia se aumentaba. Acordaron que hasta mediado el mes de agosto cada cual por su parte con las mas gentes que pudiese juntar acudiese á los reales del príncipe don Enrique; pero aunque al tiempo señalado estuvieron puestos cerca de Peñafiel, villa de Castilla la Vieja, los grandes se iban poco á poco sin hacer mucha diligencia para acudirá lo que tenian concertado. Detenia á cada uno su particular temor; acordábanse de tantas veces que semejantes deseños les salieron vanos. Demás que no se fiaban bastantemente del príncipe don Enrique, por ser poco constante en un parecer, y aun el rey de Navarra, que acaudillaba á los demás descontentos, sabian estar por el mismo tiempo embarazado en sus cosas propias y en las de Francia. Poseia este Príncipe en la Guiena un castillo, llamado Maulison, que le entregó el rey de Inglaterra, y tenia puesto en su lugar para guardalle su mismo Condestable. Este castillo acometió á tomar el conde de Fox con un grueso ejército, en que se contaban doce mil hombres de ápié y tres mil de á caballo. Fortificó sus estancias en lugares á propósito con sus fosos y trincheas; comenzó luego despues desto á batir las murallas. El de Navarra con las gentes que arrebatadamente pudo juntar acudió al peligro. Puso sus reales en un llano poco distantes de los del contrario. Hobo

habla entre el yerno y el suegro; pero por mucho que supo decir el de Navarra, no persuadió al de Fox que levantase el cerco; excusábase que tenia dada palabra y prometido al rey de Francia de serville en aquella empresa; que no podia alzar el cerco antes de salir con su intento y tomar el castillo. Por esta manera, como quier que el de Navarra se volviese á España, los cercados fueron forzados á rendirse á partido que dejaseir á los soldados de guarnicion libres á sus casas. La tardanza del rey de Navarra y poco brio de los grandes dió en Castilla lugará tratar de reconciliar al príncipe don Enrique con su padre. Con la esperanza que se concluiria la paz, derramaron las gentes que por una y otra parte tenian levantadas. Tras esto concertaron las diferencias entre los dos príncipes, padre y hijo. Hecho esto, el Rey se quedó en Castilla la Vieja; el príncipe don Enrique volvióá Toledo, do fué recebido con grande aplauso del pueblo con danzas y regocijos á la manera de España. Allí finalmente Pero Sarmiento, porque trataba de dar aquella ciudad al Rey y por no p0ner fin y término á los robos y agravios que hacia, fué privado de la alcaidía del alcázar y del gobierno de la ciudad por principio del año 1450, Quejábase él mucho de su desgracia, imploraba la fe y palabra que el Príncipe le diera. No le valió para que no se ejecutase la sentencia y saliese de la ciudad. Llevaba consigo en docientas acémilas cargados los despojos que robara, tapices, alhombras, paños ricos, vajilla de oro y de plata; hurto vergonzosísimo, demasías y cohechos exorbitantes. Bramaba el pueblo, y decia era justo le quitasen por fuerza lo que á tuerto robó. No pasaron de las palabras y quejas á las manos; nadie se atrevió á dalle pesadumbre por llevar seguridad del Príncipe. Verdad es que parte de la presa le robaron en el camino, lo mas dello en Gumiel, do su mujer y hijos estaban; poco despues por mandado del Rey fué confiscado. El mismo Sarmiento se retiróá Navarra, y adelante, alcanzado que hobo perdon de sus desórdenes, en la Bastida, pueblo de la Rioja, cerca de la villa de Haro, el cual solo de muchos que tenia le dejaron, pasó la vida sujeto á graves enfermedades y miedos, torpe por las fealdades que cometió, despojado de sus bienes y tierras por mandado del Padre Santo, con quien este negocio se comunicó. Los compañeros que tuvo en los robos fueron mas gravemente castigados. En diversas ciudades los prendieron y con extraordinarios tormentos justiciaron; castigo cruel, pero con la muerte de pocos pretendieron apaciguar el pueblo alterado, aplacar la ira de Dios y reprimir tan graves maldades yercesos. Juntamente se dió aviso á los demás puestos en gobierno que en semejantes cargos no usen de violen cia ni empleen su poder en cometer desafueros y desaguisados. CAPITULO X.

De las cosas de Aragon.

Apenas se habia sosegado la ciudad de Toledo, cuando en Segovia, donde el príncipe don Enrique era ido, se levantó un nuevo alboroto por esta ocasion. A don Juan Pacheco, marqués de Villena, achacó un delito y exceso, por el cual merecia ser preso, Pedro Portocaro

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