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ticó un torbellino de vientos que en Sevilla se levantó, y de sus hermanos. Pasó tan adelante este atreviel mayor que la gente se acordaba, tanto, que llevó por miento, que quebrantó las puertas del aposento real, y el aire un par de bueyes con su arado, y de la torre de por no poder salir con su intento á causa que el Rey y San Agustin derribó y arrojó muy lejos una campana, don Beltran de la Cueva con aquel sobresalto se retiarrancó otrosí de cuajo muchos árboles muy viejos, y raron mas adentro en el palacio y en parte que era mas Jos edificios en muchas partes quedaron maltratados. fuerte, determinó de noche, que fué nueva insolencia, Viéronse en el cielo como huestes de hombres armados llevar adelante su maldad. Ya era llegada la hora, y que peleaban entre sí, quier fuese verdadera represen los sediciosos se aparejaban con sus armas para ejecutacion, quier engaño, como se puede pensar, pues re tar lo que tenian acordado; mas el Rey y los suyos fuefieren que solamente las vieron los niños de poca edad. ron avisados, con que las asechanzas no pasaron adeo Finalmente, tres águilas con los picos y uñas en el aire lante. Estaba don Juan Pacheco, autor de todo esto, ála combatieron por largo espacio; el fin de aquella san sazon en palacio; los mas persuadian al Rey y eran de grienta pelea sué que cayeron todas en tierra muertas. parecer que le debian echar la mano y prenderle. Era Los hombres, movidos destos prodigios y señales, ha tan grande el descuido del Rey, que antepuso una vana cian rogativas, plegarias y votos para aplacar, si pudie muestra de clemencia á su salud y vida. Decia que no sen, la ira del cielo que amenazaba y alcanzar el favor era justo quebrantalle la seguridad que le diera, con que de Dios y de los santos.

escapó entonces de aquel peligro y las cosas se empeo

raron de cada dia mas, mayormente que por el mismo CAPITULO VII.

tiempo por bula del sumo Pontífice don Beltran de la

Cueva fué nombrado por maestre de Santiago, cosa que De una conjuracion que hicieron los grandes de Castilla.

al pueblo dió mucha pesadumbre por el agravio que se El rey don Enrique comenzaba á mirar con mala ca

hacia al infante don Alonso en quitalle aquella dignira al arzobispo de Toledo y al marqués de Villena por dad. Las demasías de don Juan Pacheco no parecia se entender que en las diferencias de Aragon no le sirvie- podian castigar mejor que con levantar por este medio á ron con toda lealtad; por esto ni le hicieron compañía su contrario y competidor don Beltran. Intentó de nuecuando fué al Andalucia , ni se hallaron en la junta que vo el dicho marqués de Villena si podia salir con su pretuvieron los reyes en la Puente del Arzobispo; antes tension y con asechanzas y tratos apoderarse del Rey; por temer que se les hiciese alguna fuerza, ó dallo así á con este deseño le hizo fuese á Villacastin para tener alli entender , desde Madrid se fueron á Alcalá. Luego se habla. Descubrióse tambien el engaño, y con esto se prejuntaron con ellos el almirante de Castilla y el linaje de vino y remedió el daño. Desde Burgos los conjurados

, los Manriques y don Pedro Giron, maestre de Calatra- juntados al descubierto y quitada la máscara, escribieron va; allegáronseles poco despues los condes de Alba y de al Rey de comun acuerdo una carta muy desacatada. Las Plasencia por persuasion del marqués de Villena, que principales cabezas y capítulos eran: que los moros anfué secretamente para esto á verse con ellos. El rey de daban libres en su corte sin ser castigados por maldad Aragon asimismo por grandes promesas que le hicieron alguna que cometiesen; que los cargos y magistrados se se arrimó á este partido. Estos fueron los principios y vendian; que el maestrazgo de Santiago injustamente cirnientos de una cruel tempestad que tuvo á toda Es contra derecho se habia dado á don Beltran; la princepaña por mucho tiempo muy gravemente trabajada. Era sa doña Juana, como habida de adulterio, no debia ser necesario buscar algun buen color para hacer esta con jurada por heredera ; que si estas cosas se reformasen, juracion. Pareció seria el mas á propósito pretender que de buena gana dejarian las armas prestos de hacer lo la princesa doña Juana era habida de adulterio, y por que su merced fuese. Recibió el Rey y leyó esta carta en tanto no podia ser heredera del reino. Procuraron para Valladolid, sin que por ella mucho se alterase; ciega salir con este intento apoderarse de los infantes don sin duda el entendimiento la divina venganza cuando no Alonso y doña Isabel, hermanos del Rey, que residian quiere que se emboten los filos de su espada. A la veren Maqueda con su madre, por parecelles á propósito dad este Príncipe tenia con los deleites feos y malos enpara con este color revolvello todo. Verdad es que á ins faquecidas las fuerzas del cuerpo y del alma. Hallóse tancia del Rey y con rehenes que le dieron para segu presente don Lope de Barrientos, obispo de Cuenca, ridad, el marqués de Villena don Juan Pacheco volvió á que pretendia con grande instancia se debia con las arMadrid. Todo era fingido, y él iba apercebido de menti mas castigar aquel desacato; pero no aprovechó nada, ras y engaños con que apartar á los demás grandes del dado que le protestaba, pues no queria seguir el consejo Rey y de su servicio. Para este efecto le dió por conse saludable que le daba, que vendria á ser el mas misejo hiciese prender á don Alonso de Fonseca, arzobispo rable y abatido rey que hobiese tenido España; que se de Sevilla, que a menos desto él no podria andar en la arrepentiria tarde y sin provecho de la flojedad que de corte seguramente. Despues que tuvo persuadido al presente mostraba. Tratóse de nuevo de concierto, pues Rey, con trato doble avisó á la parte del peligro en que lo de la guerra no contentaba. Para esto entre Cabezon estaba. Dió él crédito á sus palabras, huyóse y ausentó y Cigales, pueblos de Castilla la Vieja, don Juan Pase; traza con que forzosamente se hobo de pasar á los checo, ¿con qué cara, con qué vergüenza? en fin, en alterados. Con esto quedó mas soberbio don Juan Pa un campo abierto y raso habló por grande espacio con checo, en tanta manera, que estando la corte en Segovia el rey don Enrique. Resultó de la habla que se concertaal tiempo de los calores, cierto dia entró con hombres ron y hicieron estas capitulaciones : el infante don armados en el palacio real para apoderarse del Rey Alonso heredase el reino á tal que se casase con la pre

tensa princesa doña Juana; don Beltran renunciase de presteza al cardenal Pedro Barbo, de nacion veneciael maestrazgo de Santiago; que se nombrasen cuatro no, á 30 del mismo mes de agosto. Llamóse Paulo II. jueces, dos por cada una de las partes, y por quinto fray Era de cuarenta y siete años cuando fué electo en lo Alonso de Oropesa , general que era de los jerónimos; mejor de su edad. Mostróse muy aficionado á las cosas lo que sobre las demás diferencias determinase la ma- de España, y así ayudó con su autoridad y diligencia al yor parte destos jueces, aquello se ejecutase. Tomada | rey don Enrique en sus grandes trabajos. esta resolucion, el infante don Alonso, que era de edad de once años, de Segovia fué traido á los reales del Rey.

CAPITULO VIII. Alli le juraron todos por príncipe y heredero del reino;

De las guerras de Aragon. quedó en poder de los grandes, de que resultaron nuefos daños. A don Beltran de la Cueva dió el Rey la villa Con la venida á Barcelona de don Pedro, condestade Alburquerque con título de duque, y juntamente le ble de Portugal, los catalanes cobraron mas ánimo que hicieron merced de Cuellar, Roa, Molina y Atienza, de conforme a las fuerzas que alcanzaban. Mayor era el más de ciertos juros que en el Andalucía le señalaron miedo todavía que la esperanza, como de gente vencida por cada un año en recompensa de la dignidad y maes contra los que muchas veces los maltrataron; la obstitrazgo que le quitaban. Los alterados señalaron por nacion de sus corazones era muy grande , que mas que jueces árbitrus á don Juan Pacheco y al conde de Pla todo los sustentaba. La ciudad de Lérida despues que sencia. El Rey á Pero Hernandez de Velasco y Gon por el Rey estuvo cercada largo tiempo y despues que zalo de Saavedra, enemigos declarados de don Juan le talaron y robaron los campos al derredor, finalmente Pacheco. El arzobispo de Toledo y el almirante se re fué forzada á entregarse. En muchas partes en un misconciliaron con el Rey; la amistad duró poco, 6 como mo tiempo la llama de la guerra se emprendia con dadecia el vulgo, fué invencion y querer temporizar. ño de los pueblos y de los campos, rozas y labranzas; Andaban los cuatro jueces árbitros alterados , y en miserable estado de toda aquella provincia. El princitendíase que si llegaban á pronunciar sentencia, de pal caudillo en esta guerra era don Juan, arzobispo do jarian á don Enrique solo el nombre de rey y le quita Zaragoza, que fue otro hijo bastardo del rey de Aragon, rian todo lo demás. Por esto mandó él de secreto al mas á propósito para las armas que para la mitra y romaestre de Alcántara y al conde de Medellin, perso quete. Filipo, duque de Borgoña, por el contrario, nas de quien mucho se fiaba , que con las mas gentes envió á don Pedro una banda de borgoñones, ayuda de que pudiesen se viniesen á él y desbaratasen aquellos poco momento para negocio tan grande. Con su veniintentos. Gonzalo de Saavedra, que era uno de los jue da la gente y compañías de catalanes se juntaron en la ces, y Alvar Gomez, secretario del Rey, al cual hiciera villa de Manresa hasta en número de dos mil infantes y merced en la comarca de Toledo de Maqueda y de Torre *sobre seiscientos de á caballo. Estaba el conde de Prajon de Velasco y de San Silvestre, fueron por el Rey lla des por parte del rey de Aragon puesto sobre Cervera. mados. Pusiéroples algunos grandes temores, así á ellos El cerco se apretaba , y los cercados, forzados de la como al maestre de Alcántara don Gomez de Solís y al hambre y falta de otras cosas, trataban de rendirse. conde de Medellin; avisáronlos que los querian prender Para prevenir este daño y por la defensa determinó don yque sus malos tratos eran descubiertos; con esto les Pedro de ir en persona á socorrellos. La gente del rey persuadieron se declarasen y públicamente con sus gen de Aragon, lo principal de su ejército y la fuerza so les se pasasen á los conjurados. El Rey, avisado de todo tenia á la raya de Navarra á propósito de sosegar las esto, puso tachas á los jueces árbitros y alegó que los alteraciones de aquella nacion. Mando el Rey á su hijo tenia por sospechosos; mandó otrosí á Pedro Arias, ciu- el príncipe don Fernando que con parte del ejército dadano de Segovia, cuyo padre fué su contador mayor, marchase a toda priesa para juntarse con el conde de que por fuerza se apoderase de Torrejon. Así lo hizo, y

Prades. Era don Fernando de muy tierna edad, tenia dejó aquella villa á los condes de Puñonrostro, sus des solos trece años; la necesidad forzó á que en aquella cendientes. Pedro de Velasco se juntó tambien con los

guerra comenzase su padre á valerse dél, y él á ejerciconjurados, dado que su padre el conde de Haro se que tarse en las armas; por esto no tuvo tiempo para aprenjaba mucho desta su liviandad, tanto, que ni con solda der las primeras letras bastantemente; sus mismas dos ni con dineros le ayudaba, y le era forzoso andar firmas muestran ser esto verdad. Llegaron los del conentre los otros grandes muy desacompañado y desauto destable de Portugal á un lugar llamado los Prados del rizado. Por este mismo tiempo, á 14 de agosto, falleció Rey con determinacion de dar la batalla; así lo avisaen Ancona, ciudad de la Marca, el papa Pio II. Prelen ban las espías. El príncipe don Fernando, que cerca se dia, despues de convocados los príncipes de todo el hallaba , apercebidas todas las cosas y aparejadas, fué mundo para tomar las armas contra los turcos, pasar el en busca del enemigo. Hizo alto en un ribazo, de do se mar Adriático y ser caudillo en aquella guerra sagrada, veian los reales de los catalanes. El Portugués hizo al que fué una grande determinacion; y con este intento, tanto, que se mejoró de lugar y triucheó los reales en bien que doliente, se hizo llevar á aquella ciudad ; ata un collado cercano. Parecia queria excusar la batalla, jóle la muerte y cortóle sus pasos. Duróle poco tiempo bien que ordenó sus haces en forma de pelear. En la el pontificado, solo espacio de tres años; su renombre avanguardia iba Pedro de Deza con espaldas de los borpor sus virtudes y pensamientos altos y por sus letras goñones, que cerraban aquel escuadron. En el segunserá inmortal. Con su muerte todos aquellos apercebi do escuadron iban por capitanes de los soldados navarros mientos se deshicieron. Pusieron en su lugar con gran- ! y castellanos Beltran y Juan Arinendarios. El cuidado

de la retaguardia llevaba el mismo don Pedro de Por- las armas. Tuvo este rey dos mujeres, la una mora de tugal. Las gentes de don Fernando eran menos en nú- nacion, cuyo hijo fué Boabdil, que adelante se llamó el mero, que no pasaban de setecientos caballos y mil in- Rey Chiquito, la otra era cristiana renegada , por nomfantes. Ordenáronlas desta manera : la avanguardia se bre Zoroira; della tuvo dos hijos, llamados el uno Cado, encomendó al conde de Prades; Hugon de Rocaberti, y el otro Nacre , los cuales en tiempo del rey don Fercastellan de Amposta y Mateo Moncada fortificaban los nando el Católico, cuando se ganó Granada , se volviecostados; don Enrique, hijo del infante de Aragon don ron cristianos; el mayor se llamó don Fernando, y el Enrique, quedó de respeto para socorrer donde fuese menor don Juan. Su madre al tanto, movida del ejemnecesario; en el postrer escuadron iba el principe don plo de sus dos hijos, se redujo a nuestra fe y se llamó Fernando, acompañado de muchos nobles. Bernardo doña Isabel. En tiempo deste rey Albohacen hobo por Gascon, natural de Navarra, con la infantería de su algun tiempo paz con los moros. Por frontero á la parcargo llevó órden de tomar la parte de la montaña para te de Jaen estaba Iranzu, el condestable; por la parte que no les pudiesen acometer por aquel lado. Antes de Ecija don Martin de Córdoba. Por el mismo tiempo que se diese la señal de pelear, el principe don Fer don Fernando, rey de Nápoles, vencidos y desbaratanando armó caballeros algunas personas nobles. Co dos sus enemigos, así los de dentro como los de fuera, menzaron á pelear los adalides, que iban delante, con afirmaba su imperio en Italia. Despues que en una bagrande vocería que levantaron; cargaron los demás, y talla muy señalada que se dió cerca de Sarno, en Tieren breve espacio el primero y segundo escuadron de ra de Labor, quedó vencido, se rehizo de fuerzas, y los portugueses fueron forzados á retirarse, y en fin, ayudado de nuevos socorros del Papa y duque de Mitodos se desbarataron por el esfuerzo de los aragone- lan y de Scanderberquio, como arriba queda dicho, el ses. Con tanto, atemorizados los demás que pusieron año siguiente despues que perdió aquella jornada huen la retaguardia, en que se hallaba el mismo don Pe milló al enemigo, que soberbio quedaba, en una batalla dro de Portugal y la fuerza del ejército, poca resisten- que le ganó cerca de Troya, ciudad de la Pulla. No cia pudieron hacer. Volvieron las espaldas y huyeron paró hasta tanto que forzó á Juan, duque de Lorena, i desapoderadamente, la gente de á pié por los montes cer retirarse á la isla de Isquia; de donde, sosegadas las canos, los de á caballo por los llanos. Don Pedro de alteraciones de los barones y apaciguada la provincia, Portugal se valió de maña para escapar; quitóse la sobre perdida toda esperanza, fué forzado con poca honra á veste, y mezclado con los vencedores, el dia siguiente dar la vuelta a Francia. Era este Príncipe igual en 85sin ser conocido se puso en salvo. Los borgoñones, a fuerzo á sus antepasados, y dejó gran fama de su mulos cuales se dió la primera carga, casi todos quedaron cha bondad; la fortuna y el cielo no le fueron mas que en el campo; peleaban entre los primeros, y conforme á ellos favorables. Desta manera el rey don Fernando

, á su costumbre tienen por cosa muy fea volver el pié puesto fin á la guerra de los barones de Nápoles, que atrás. De los demás muchos fueron presos, y entre fué muy dudosa y muy larga, entró en Nápoles como ellos el conde de Pallas, principal atizador de toda esta en triunfo de sus enemigos á 14 del mes de setiembre; guerra. Dióse esta batalla postrero dia de febrero del grande magnificencia y aparato, concurso del pueblo año 1465. La victoria fué tanto mas alegre, que de los y de los nobles extraordinario, que le honraron á porsia aragoneses pocos quedaron heridos, ninguno muerto. con todas sus fuerzas, regocijos y alegrías que se liDon Pedro de Portugal se volvió a Manresa. Beltran cieron muy grandes. La reina doña Isabel, su mujer, Armendario , sin embargo, fortificó con gente el lugar como quier que atribuia la victoria á Dios y á los sande Cervera, en que metió parte del ejército, bien que tos, visitaba las iglesias con sus hijos pequeños que desbaratado, no con menor ánimo que si ganara la llevaba delante de sí; arrodillábase delante los altavictoria. De allí pasó la fuerza de la guerra á la co-res, cumplia sus votos, hacia sus plegarias, hembra marca de Ampúrias, en que llevaban siempre lo me que era muy señalada en religion y bondad, y que mejor los aragoneses, y los portugueses lo peor. Pare recia gozar de mas larga vida para que el fruto de la cia que todas las cosas eran fáciles á los vencedores, victoria fuera mas colmado. Todo lo atajó la muerte; tanto mas, que los alborotos de Navarra estaban casi falleció casi al mismo tiempo que el reino quedaba apaacabados y los biamonteses reducidos á la obediencia ciguado. El rey don Fernando, su marido, fundada la del Rey con el perdon que otorgó á don Luis y á don paz y ordenadas las demás cosas á su voluntad, tuvo el Cárlos, hijos de don Luis, ya difunto, conde de Lerin reino mas de treinta años. Emprendió en lo de adelauy condestable de Navarra, y juntamente les fueron te y acabó muchas guerras felizmente en ayuda de sus restituidos sus bienes, cargos y dignidades que solian amigos y confederados. Fuera desto, a los turcos que tener; lo mismo se bizo con don Juan de Biamonte, se apoderaron pasados algunos años de Otranto y de hermano del dicho Condestable, prior que era de San buena parte de aquella comarca, desbarató y echó de Juan, en Navarra. Declararon otrosí por herederos de Italia por su mandado don Alonso, su hijo, duque de aquel reino á Gaston, conde de Fox, y doña Leonor, Calabria. En conclusion, si este Rey en el tiempo de la su mujer, que ya se intitulaban príncipes de Viana. paz continuara las virtudes con que alcanzó y se manIsmael , rey de Granada, gozaba de tiempo atrás de tuvo en el reino, como fué tenido por muy dichoso, una paz muy sosegada, cuando le sobrevino la muerte, así se pudiera contar entre los buenos príncipes y en á 7 de abril, que fue domingo, año de los árabes 869, virtud señalados; mas hay pocos que en la prosperidad á 10 dias del mes de xavan. Sucedióle Albohacen, sú y abundancia no se dejen vencer de sus pasivnes y sehijo, varon de grande ánimo y de grande esfuerzo en pan con la razon enfrenar la libertad.

ensa princesa doña Juana; don Beltran renunciase el maestrazgo de Santiago; que se nombrasen cuatro

lo que sobre las demás diferencias determinase la mayor parte destos jueces, aquello se ejecutase. Tomada esta resolucion, el infante don Alonso, que era de edad de once años, de Segovia fué traido á los reales del Rey. Allí le juraron todos por príncipe y heredero del reino; quedó en poder de los grandes, de que resultaron nuevos daños. A don Beltran de la Cueva dió el Rey la villa de Alburquerque con título de duque, y juntamente le hicieron merced de Cuellar, Roa, Molina y Atienza, demás de ciertos juros que en el Andalucía le señalaron por cada un año en recompensa de la dignidad y maestrazgo que le quitaban. Los alterados señalaron por jueces árbitros á don Juan Pacheco y al conde de Plasencia. El Rey á Pero Hernandez de Velasco y Gonmalo de Saavedra, enemigos declarados de don Juan Pacheco. El arzobispo de Toledo y el almirante se reconciliaron con el Rey; la amistad duró poco, ó como decia el vulgo, fué invencion y querer temporizar. Andaban los cuatro jueces árbitros alterados, y entendíase que si llegaban á pronunciar sentencia, dejarian á don Enrique solo el nombre de rey y le quitarian todo lo demás. Por esto mandó él de secreto al maestre de Alcántara y al conde de Medellin, personas de quien mucho se fiaba, que con las mas gentes que pudiesen se viniesen á él y desbaratasen aquellos intentos. Gonzalo de Saavedra, que era uno de los jueces, y Alvar Gomez, secretario del Rey, al cual hiciera merceden la comarca de Toledo de Maqueda y de Torrejonde Velasco y de San Silvestre, fueron por el Rey llamados. Pusiéronles algunos grandes temores, asíá ellos como al maestre de Alcántara don Gomez de Solís y al conde de Medellin; avisáronlos que los querian prender y que sus malos tratos eran descubiertos; con esto les persuadieron se declarasen y públicamente con sus gentesse pasasen á los conjurados. El Rey, avisado de todo esto, puso tachas á los jueces árbitros y alegó que los tenia por sospechosos; mandó otrosí á Pedro Arias, ciudadano de Segovia, cuyo padre fué su contador mayor, que por fuerza se apoderase de Torrejon. Así lo hizo, y dejó aquella villa á los condes de Puñonrostro, sus descendientes. Pedro de Velasco se juntó tambien con los conjurados, dado que su padre el conde de Haro se quejaba mucho desta su liviandad, tanto, que ni con soldados ni con dineros le ayudaba, y le era forzoso andar entre los otros grandes muy desacompañado y desautorizado. Por este mismo tiempo, á 14 de agosto, falleció en Ancona, ciudad de la Marca, el papa Pio II. Pretendia, despues de convocados los príncipes de todo el mundo para tomar las armas contra los turcos, pasar el mar Adriático y ser caudillo en aquella guerra sagrada, que fué una grande determinacion; y con este intento, bien que doliente, se hizo llevará aquella ciudad; ataúle la muerte y cortóle sus pasos. Duróle poco tiempo el pontificado, solo espacio de tres años; su renombre por sus virtudes y pensamientos altos y por sus letras será inmortal. Con su muerte todos aquellos apercebimientos se deshicieron. Pusieron en su lugar con gran

de presteza al cardenal Pedro Barbo, de nacion venecia

no, á 30 del mismo mes de agosto. Llamóse Paulo II. jueces, dos por cada una de las partes, y por quinto fray Alonso de Oropesa, general que era de los jerónimos;

Era de cuarenta y siete años cuando fué electo en lo mejor de su edad. Mostróse muy aficionado á las cosas de España, y así ayudó con su autoridad y diligencia al rey don Enrique en sus grandes trabajos.

CAPITUL0 VIII. De las guerras de Arag0m.

Con la venida á Barcelona de don Pedro, condestable de Portugal, los catalanes cobraron mas ánimo que conforme á las fuerzas que alcanzaban. Mayor era el miedo todavía que la esperanza, como de gente vencida contra los que muchas veces los maltrataron; la obstinacion de sus corazones era muy grande, que mas que todo los sustentaba. La ciudad de Lérida despues que por el Rey estuvo cercada largo tiempo y despues que le talaron y robaron los campos al derredor, finalmente fué forzada á entregarse. En muchas partes en un mismo tiempo la llama de la guerra se emprendia con daño de los pueblos y de los campos, rozas y labranzas; miserable estado de toda aquella provincia. El principal caudillo en esta guerra era don Juan, arzobispo de Zaragoza, que fué otro hijo bastardo del rey de Aragon, mas á propósito para las armas que para la mitra y roquete. Filipo, duque de Borgoña, por el contrario, envió á don Pedro una banda de borgoñones, ayuda de poco momento para negocio tan grande. Con su venida la gente y compañías de catalanes se juntaron en la villa de Manresa hasta en número de dos mil infantes y

sobre seiscientos de á caballo. Estaba el conde de Pra

des por parte del rey de Aragon puesto sobre Cervera. El cerco se apretaba, y los cercados, forzados de la hambre y falta de otras cosas, trataban de rendirse. Para prevenir este daño y por la defensa determinó don Pedro de ir en persona á socorrellos. La gente del rey de Aragon, lo principal de su ejército y la fuerza so tenia á la raya de Navarra á propósito de sosegar las alteraciones de aquella nacion. Mandó el Rey á su hijo el príncipe don Fernando que con parte del ejército marchase á toda priesa para juntarse con el conde de Prades. Era don Fernando de muy tierna edad, tenia solos trece años; la necesidad forzó á que en aquella guerra comenzase su padre á valerse dél, y él á ejercitarse en las armas; por esto no tuvo tiempo para aprender las primeras letras bastantemente; sus mismas firmas muestran ser esto verdad. Llegaron los del condestable de Portugal á un lugar llamado los Prados del Rey con determinacion de dar la batalla; así lo avisaban las espías. El príncipe don Fernando, que cerca se hallaba, apercebidas todas las cosas y aparejadas, fué en busca del enemigo. Hizo alto en un ribazo, de do se veian los reales de los catalanes. El Portugués hizo al tanto, que se mejoró de lugar y trincheó los reales en un collado cercano. Parecia queria excusar la batalla, bien que ordenó sus haces en forma de pelear. En la avanguardia iba Pedro de Deza con espaldas de los borgoñones, que cerraban aquel escuadron. En el segundo escuadroniban por capitanes de los soldados navarros y castellanos Beltran y Juan Armendarios. El cuidado

maestre de Alcántara, su hermano, dió la ciudad de Co grandes que estaban con el Rey, aunque no sirvieron, 0 ria con título de conde. Las ciudades de Búrgos y de poco, se dieron en Medina del Campo premios muy Toledo aprobaron sin dilacion lo que hicieron los gran- grandes. Particularmente á don Pedro Gonzalez de des. Al contrario, no pocos señores comenzaron á mos Mendoza, obispo de Calahorra, hizo el Rey merced de trarse con mas fervor por el rey don Enrique; teníanle las tercias de Guadalajara y toda su tierra; al marqués muchos compasion, y parecíales muy mal a todos que le de Santillana, su hermano, dió la villa de Santander en hobiesen afrentado por tal manera. Pensaban otrosí que las Astúrias; al conde de Medinaceli dió á Agreda; al de en lo de adelante daria mejor órden en sus costumbres Alba el Carpio; al de Trastamara la ciudad de Astorga y eso mismo en el gobierno. Don García de Toledo, en Galicia con nombre de marqués, sin otras muchas conde de Alba, ya reconciliado con el Rey, acudió luego mercedes que á la misma sazon se hicieron a otros secon quinientas lanzas y mil de á pié. La Reina y la in- ñores y caballeros. Los alborotados se partieron para fanta doña Isabel fueron enviadas al rey de Portugal Arévalo. Con su ida Valladolid volvió al servicio del para alcanzar por su medio le enviase gentes de socorro. Rey. Tenian al infante don Alonso como preso, y porHabláronle en la ciudad de la Guardia, a la raya de Por que trataba de pasarse á su hermano, le amenazaron de tugal; pero fuera del buen acogimiento que les hizo y matalle; ; miserable condicion de su reinado! Dél estabuenas palabras que les dió, no alcanzaron cosa alguna. ban apoderados sus súbditos, y él, en lugar de mandar, Las gentes de los señores acudieron á Valladolid; las del forzado á obedecellos. Con todo se tornó á tratar de Rey á Toro, mas en número que fuertes. Los rebeldes, hacer paces. Prometian los alterados que si la infanta muy obstinados en su propósito, cargaron sobre Peña doña Isabel casase con el maestre de Calatrava, se renflor. Defendiéronse los de dentro animosamente, que dirian, así el Maestre como su hermano el de Villena, fué causa de que, tomada la villa , le allanasen los mu en cuyas manos y voluntad estaba la guerra y la paz. ros. Querian con este rigor espantar á los demás. Acu Daba este consejo el arzobispo de Sevilla don Alonso de dieron á Simancas; el Rey para su defensa despachó al Fonseca. El Rey vino en ello, y con esta determinacion capitan Juan Fernandez Galindo desde Toro con tres despidieron de la corte al duque de Alburquerque y al mil caballos. Con su llegada cobraron los cercados tanto obispo de Calahorra por ser muy contrarios al dicho brio y pasaron tan adelante, que como por escarnio y Maestre, que para el dicho efecto hicieron llamar. La en menosprecio de los contrarios los mochilleros se Infanta sentia esta resolucion lo que se puede pensar; atrevieron á pronunciar sentencia contra el arzobispo su pesadumbre grande, sus lágrimas continuas; conside Toledo y arrastrar por las calles su estatua, que úl deraba y temia una cosa tan indigna. Su camarera matimamente quemaron; pequeño alivio de la afrenta he yor, llamada doña Beatriz de Bovadilla , con la mucha cha al Rey en Avila y satisfaccion muy desigual, así por privanza que con ella tenia , le preguntó cuál fuese la la calidad de los que hicieron la befa como del á quien causa de tantas lágrimas y sollozos. a ¿No veis, dice se hacia. Alzaron los conjurados el cerco por la resis- ella, mi desventura tan grande, que siendo hija y nieta tencia que hallaron, especial que se sabia haberse jun- de reyes, criada con esperanza de suerte mas alta y tado en Toro un grueso ejército de gentes que acudian aventajada, al presente, vergüenza es decillo, me preal Rey de todas partes, hasta ochenta mil de á pié y tenden casar con un hombre de prendas en mi compacatorce mil de á caballo. Con estas gentes marcharon la racion tan bajas? ¡Oh grande afrenta y deshonra! No vuelta de Simancas; en el camino cerca de Tordesillas me deja el dolor pasar adelante.» «No permitirá Dios, sefué en una escaramuza y encuentro herido y preso el ca- ñora, tan grande maldad, respondió doña Beatriz, no pitan Juan Carrillo, que seguia la parte de los grandes. en mi vida, no lo sufriré. Con este puñal, que le mosYa que estaba para espirar, llamó al Rey y le avisó de tró desenvainado, luego que llegare, os juro y aseguro cierto tratado para matalle. Declaróle otrosí en parti- de quitalle la vida cuando esté mas descuidado !) ¡Doncular y en secreto los nombres de los conjurados; mas cella de ánimo varonil! Mejor lo lrizo Dios. Desde su el rey don Enrique los encubrió con perpetuo silencio villa de Almagro se apresuraba el Maestre para efectuar por sospechar, como se puede creer, que aquel capitan, aquel casamiento, cuando en el camino súbitamente aunque á punto de muerte, fingia aquel aviso, ó por odio adolesció de una enfermedad que le acabó en Villaruque tenia contra los que nombraba, 6 para congraciarse bia por principio del año de nuestra salvacion de 1466. con el mismo Rey. Llegó pues á poner sus reales junto Su cuerpo sepultaron en Calatrava en capilla particuá Valladolid ; no pudo ganar aquella villa por estar for- lar. Dijose vulgarmente que las plegarias muy devotas tificada con muchos soldados, demás que en la gente de la Infanta, que aborrecia este casamiento, alcanzadel Rey se veia poca gana de pelear, y á ejemplo del ron de Dios que por este medio la librase. Estábale que los gobernaba, una increible y vergonzosa flojedad aparejado del cielo casamiento mas aventajado y muy y descuido. Tornaron en aquel campo á mover tratos de mayores estados. En los bienes y dignidades del difunto concierto; acordaron de nuevo de hablarse el rey don sucedieron dos hijos suyos. Don Alonso Tellez Giron, Enrique y el marqués de Villena. Fué mucho lo que se el mayor, conforme al testamento de su padre, queda prometió, ninguna cosa se cumplió; solamente persua por conde de Ureña. Don Rodrigo Tellez Giron, el dieron al Rey que, pues sus tesoros no eran bastantes segundo, hobo el maestrazgo de Calatrava por bula para tan grandes gastos , deshiciese el campo; que en del Papa que para ello tenia alcanzada. Sin estos tuvo breve el infante don Alonso, dejado el nombre de rey, otro tercer hijo, llamado don Juan Pacheco, todos hacon los demás grandes se reduciria á su servicio. Desta bidos fuera de matrimonio. Poco antes de la muerle del manera derramaron los soldados por ambas partes; yálos Maestre se vió en tierra de Jaen tanta muchedumbre do

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