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langostas, que quitaba el sol. Los hombres atemoriza ban las cosas de Navarra con poco sosiego. En Cataluña dos, cada uno tomaba estas cosas y señales como se le se mejoraba notablemente el partido aragonés. Los antojaba conforme a la costumbre que ordinariamente contrarios en diversas partes y encuentros fueron ventienen de hacer en casos semejantes pronósticos dife cidos, y muchos pueblos se recobraron por todo aquel rentes, movidos unos por la experiencia de casos seme-estado. Lo que hacia mas al caso, don Pedro el Compejantes, otros por liviandad mas que por razones que para tidor, yendo de Manresa á Barcelona , falleció de su enello haya. En este tiempo, Rodrigo Sanchez de Aré fermedad en Granolla un domingo, á 29 de junio. Su valo, castellano que era en Roma del castillo de San cuerpo enterraron en Barcelona en nuestra Señora de tangel, escribia en latin una historia de España mas pia la Mar con solemne enterramiento y exequias. El pueque elegante, que se llama Palentina, por su autor, que blo tuvo entendido que le mataron con yerbas, cosa muy fué obispo de Palencia. Dióle aquella iglesia á instan usada en aquellos tiempos para quitar la vida á log cia del rey don Enrique, al cual intituló aquella histo- príncipes. Yo mas sospecho que le vino su fin por tenet ria, el pontífice Paulo II, con quien, puesto que era el cuerpo quebrantado con los trabajos, y el ánimo español, el dicho Rodrigo Sanchez tuvo mucho trato aquejado con los cuidados y penas que le acarreó aquey familiaridad.

lla desgraciada empresa. Este fué solo el fruto que sacó

de aquel principado que le dieron y él aceptó poco CAPITULO X.

acertadamente, como lo daba á entender un alcotan con De la batalla de Olmedo.

su capirote que traia pintado como divisa en su escudo

y blason en sus armas, y debajo estas palabras: a moMuy revueltas andaban las cosas en Castilla, y todo lestia por alegría. Dejó en su testamento á don Juan, estaba muy confuso y alterado, no la modestia y la ra príncipe de Portugal, su sobrino, hijo de su hermana, zon prevalecian, sino la soberbia y antojo lo mandaban aquel condado, en que tan poca parte tenia; además todo. Veíanse robos, agravios y muertes sin teinor al que los aragoneses con la ocasion de faltar a los cataguno del castigo, por estar muy enflaquecida la autori lanes cabeza, se apoderaron de la ciudad de Tortosa y dad y fuerza de los magistrados. Forzadas por esto las de otros pueblos. Para remedio deste daño los catalaciudades y pueblos, se hermanaron para efecto que las nes, en una gran junta que tuvieron en Barcelona, nominsolencias y maldades fuesen castigadas. A las her braron por rey á Renato, duque de Anjou, perpetuo mandades, con consentimiento y autoridad del Rey, se enemigo del nombre aragonés; resolucion en que sipusieron muy buenas leyes para que no usasen mal del guieron mas la ira y pasion que el consejo y la razon. poder que se les daba y se estragasen. Comunmente la A la verdad poca ayuda podian esperar de Portugal, y gente avisada temia no se volviese á perder España y llamado el duque de Anjou, era caso forzoso que los solos males antiguos se renovasen por estar cerca los mo corros de Francia desamparasen al rey de Aragon, y ros de Africa, como en tiempo del rey don Rodrigo por andar el conde de Fox alterado en Navarra, entenaconteció. La ocasion no era menor que entonces, dian no tendria fuerzas bastantes para la una y la otra menos el peligro á causa de la grande discordia que rei guerra. Por el contrario, por miedo desta tempestad el naba en el pueblo y la deshonestidad y cobardia de la rey de Aragon convidó al duque de Saboya y á Galeazo gente principal. Pasaron en esto tan adelante, que vul en lugar de su padre Francisco Esforcia, ya difunto, garmente llamaban por baldon al arzobispo de Toledo duque de Milan, para que se aliasen con él. Represendon Oppas, en que daban á entender le era semejable y tábales que Renato con aquel nuevo principado que se que seria causa á su patria de otro tal estrago cual acar le juntaba, si no se proveia, era de temer se quisieso red aquel Prelado. Estas discordias dieron avilenteza al aprovechar de Saboya, que cerca le caia, y de los milaconde de Fox, que con las armas pretendia apoderarse neses por la memoria de los debates pasados. Acometió del reino de Navarra como dote de su mujer, y que se asimismo á valerse por una parte de los ingleses; por le hacia de mal aguardar hasta que su suegro muriese. otra, al principio del año de nuestra salvacion de 1467, Conforme al comun vicio y falta natural de los hombres, envió a Pedro Peralta, su condestable , & Castilla para hacia él lo que en su cuñado culpaba , el príncipe don que procurase atraer á su partido y hacer asiento con Cárlos. Y aun pasaba adelante con su pensamiento, ca los señores confederados y conjurados contra su Rey. queria hacer guerra á Castilla y forzar al rey don Enri Y para mejor expedicion le dió comision de concertar que le entregase los pueblos de Navarra, en que tenia dos casamientos de sus hijos, doña Juana y don Fernanpuestas guarniciones castellanas. De primera entrada do, con el infante don Alonso, hermano del rey don Ense apoderó de la ciudad de Calahorra y puso cerco sobre rique, y con doña Beatriz, hija del marqués de Villena; Alfaro. Para acudir á este daño despacho el de Castilla tan grande era la autoridad de aquel caballero poco an& Diego Enriquez del Castillo, su capellan y su coro tes particular, que pretendia ya segunda vez mezclar su nista, cuya corónica anda de los hechos deste Rey. Lle sangre y emparentar con casa real. Ayudábale para ello gado, acometió con buenas razones á reportar al Con el arzobispo de Toledo, clara muestra de la grande flade; mas como por bien no acabase cosa alguna , junta queza y poquedad del rey don Enrique. Verdad es que das que hobo arrebatadamente las gentes que pudo, le ninguno destos casamientos tuvo efecto. Al infante don forzó á que, alzado el cerco de priesa, se volviese y re Alonso asimismo poco antes le sacaron de poder del tirase. Asimismo la ciudad de Calahorra volvió a la obe arzobispo de Toledo con esta ocasion. El conde de Bediencia del Rey, ca los ciudadanos echaron della la navente don Rodrigo Alonso Pimentel, reconciliado guarnicion que el de Fox allí dejó. Desta manera pasa que se hobo con el rey don Enrique, alcanzó dél le his

ni

ciese merced de la villa de Portillo, de que en aquella perdon de su yerro pasado, fué enviado por su padre revuelta de tiempos estaba ya él apoderado. Deseaba con setecientos de á caballo y un fuerte escuadron de servir este beneficio y merced con alguna hazaña seña- gente de á pié. Por este servicio alcanzó se le hiciese lada. El infante don Alonso y el arzobispo de Toledo, merced de los diezmos del mar; así se dice comunmendonde algun tiempo estuvieron, pasaban á Castilla la te y es cierto que se los dió. Era tanto el miedo del Rey Vieja. Hospedólos el Conde en aquel pueblo. El apo- y el deseo que tenia de ganar á los grandes, que para sento del Infante se hizo en el castillo; á los demás die asegurar en su servicio al marqués de Santillana puso ron posadas en la villa. Como el dia siguiente tratasen en su poder a su hija la princesa doña Juana, y así la de seguir su camino, dijo no daria lugar para que el llevaron á su villa de Buitrago, grande mengua. Todos Infante estuviese mas en poder del Arzobispo. Usar de los grandes vendian lo mas caro que podian su servifuerza no era posible por el pequeño acompañamiento cio á aquel Príncipe cobarde ; persuadíanse que con que llevaban y ningunos tiros ni ingenios de batir; aquello se quedarian que alcanzasen y apañasen en sujetáronse á la necesidad. El rey don Enrique , alegre aquellas revueltas. Despues que el Rey tuvo junto un por esta nueva, en pago deste servicio le dió intencion buen ejército, enderezó su camino la vuelta de Medina. de dalle el maestrazgo de Santiago, que el Rey tenia en Llegó por sus jornadas á Olmedo; los conjurados, con administracion por el Infante, su hermano. Merced intento de impedir el paso á la gente del Rey, salieron grande, pero que no surtió efecto por la astucia del de aquella villa puestos en ordenanza. El rey don Enrimarqués de Villena, con quien el de Benavente comu que deseaba excusar la batalla; su autoridad era tan nicó este negocio y puridad. Pensaba por estar casado poca y los suyos tan deseosos de pelear, que no les pudo con hija del Marqués que no le pondria ningun impedi- ir a la mano. La batalla , que fué una de las mas señamento. Engañóle su pensamiento, ca el Marqués quisoladas de aquel tiempo, se dió á 20 de agosto, dia de san mas aquella dignidad y rentas para sí que para su yer- Bernardo. Encontráronse los dos ejércitos, pelearon no; y no hay leyes de parentesco que basten para re por grande espacio y despartiéronse sin que la victoria primir el corazon ambicioso. De aquí resultaron entre del todo se declarase, dado que cada cual de las dos aquellos dos señores odios inmortales y asechanzas que partes pretendia ser suya. La escuridad de la noche el uno al otro se pusieron. El Marqués era mañoso. Hizo hizo que se retirasen. Los parciales se volvieron á Oltanto con el Conde, que restituyó el infante don Alon medo con el infante don Alonso; las gentes del Rey, que so á los parciales. Con esto la esperanza de la paz se

eran dos mil infantes y mil y setecientos caballos, properdió y volvieron a las armas. El rey don Enrique siguieron su camino y pasaron á Medina del Campo. El sintió mucho esto por ser muy deseoso de la paz, en rey don Enrique no se halló en la batalla. Pedro Peralta tanto grado, que sin tener cuenta con su autoridad, de le aconsejó, ya que estaban para cerrar las haces, se nuevo tornó á tener habla con el marqués de Villena, saliese del peligro; algunos cuidaron fué engaño y trato primero en Coca, villa de Castilla la Vieja, y despues en doble á causa que de secreto favorecia á los conjurados, Madrid; y aun para mayor seguridad del Marqués puso á los cuales habia venido por embajador. En particular aquella villa como en tercería en poder del arzobispo era amigo del arzobispo de Toledo, á cuyo hijo, llamade Sevilla. No fueron de efecto alguno estas diligen- do Troilo, dió poco antes por mujer á doña Juaua, su cias, dado que doña Leonor Pimentel, mujer del conde hija y heredera de su estado. Tampoco se halló presente de Plasencia, acudió allí, llamada de consentimiento el marqués de Villena por estar embarazado en el reino de las partes por ser hembra de grande ánimo y muy de Toledo, a causa de la junta y capítulo que tenian aficionada al servicio del Rey; por este respeto juzga- los treces de Santiago, que por el mismo tiempo le nomban seria á propósito para reducir á su marido y á los braron por maestre de aquella órden; debió ser con demás alterados y concertar los debates. Tenia el mar beneplacito del Rey, tal fué su diligencia, su autoridad qués de Villena mas maña para valerse que el rey don y su maña. Con esto él creció grandemente en poder, ! Enrique recato para guardarse de sus trazas. Concerta el recelo y temor de los demás grandes, pues con ser el ron nueva habla para la ciudad de Plasencia. Los gran el principal autor de toda aquella tragedia , al tiempo des que andaban en compañía del Rey llevaban mal es que otro fuera castigado, de nuevo acumulaba nueva! tos tratos. Temian algun engaño, y decian no era de dignidades y juntaba mayores riquezas. En Navarra sufrir que aquel hombre astuto se burlase tantas veces tenia el gobierno por su padre doña Leonor, condes de la majestad real. De Madrid pasó el Rey á Segovia al de Fox, en el tiempo que por diligencia de don Nicolá principio del estío; los rebeldes se apoderaron de Ol-Echavarri, obispo de Pamplona, recobraron los navar medo. Entrególes aquella villa Pedro de Silva, capitan ros á Viana, que hasta entonces quedó en poder de cas de la guarnicion que allí tenia. La Mota de Medina se tellanos. Un hijo desta señora , llamado Gaston, com tenia por el arzobispo de Toledo. Los moradores de su padre, de madama Madalena, su mujer, herman aquella villa por el mismo caso eran molestados, y cor que era de Luis, rey de Francia , hobo á esta sazon ui ria peligro de que los señores no se apoderasen della. hijo, llamado Francisco , al cual por su grande hermo El rey don Enrique, movido por el un desacato y por el sura le dieron sobrenombre de Febo. Otra hija del mis otro, mandó hacer grandes levas de gente. Llamó en mo, que se llamó doña Catalina, por muerte de su her particular á los grandes; acudió el conde de Medinace mano juntó por casamiento el reino de Navarra con é li, el obispo de Calahorra y el duque de Alburquerque estado de Labrit, que era una nobilísima casa y linaj don Beltran, que hasta entonces estuvo fuera de la cor de Francia, como se declara en su lugar. Hacia de or te. Asimismo Pero Hernandez de Velasco, alcanzado dinario su residencia el rey de Aragon en Tarragon

langostas, que quitaba el sol. Los hombres atemorizados, cada uno tomaba estas cosas y señales como se le antojaba conforme á la costumbre que ordinariamente tienen de hacer en casos semejantes pronósticos diferentes, movidos unos por la experiencia de casos semejantes, otros por liviandad mas que por razones que para ello haya. En este tiempo, Rodrigo Sanchez de Arévalo, castellano que era en Roma del castillo de Sanlangel, escribia en latin una historia de España mas pia que elegante, que se llama Palentina, por su autor, que fué obispo de Palencia. Dióle aquella iglesia á instancia del rey don Enrique, al cual intituló aquella historia, el pontífice Paulo II, con quien, puesto que era español, el dicho Rodrigo Sanchez tuvo mucho trato y familiaridad.

CAPITUL0 X. De la batalla de 0lmedo,

Muy revueltas andaban las cosas en Castilla, y todo estaba muy confuso y alterado, no la modestia y la razon prevalecian, sino la soberbia y antojo lo mandaban todo. Veíanse robos, agravios y muertes sin temor alguno del castigo, por estar muy enflaquecida la autoridad y fuerza de los magistrados. Forzadas por esto las ciudades y pueblos, se hermanaron para efecto que las insolencias y maldades fuesen castigadas. A las hermandades, con consentimiento y autoridad del Rey, se pusieron muy buenas leyes para que no usasen mal del poder que se les daba y se estragasen. Comunmente la gente avisada temia no se volviese á perder España y los males antiguos se renovasen por estar cerca los morus de Africa, como en tiempo del rey don Rodrigo conteció. La ocasion no era menor que entonces, ni menos el peligro á causa de la grande discordia que reimaba en el pueblo y la deshonestidad y cobardía de la gente principal. Pasaron en esto tan adelante, que vulgarmente llamaban por baldon al arzobispo de Toledo don0ppas, en que daban á entender le era semejable y que seria causa á su patria de otro tal estrago cual acarreó aquel Prelado. Estas discordias dieron avilenteza al conde de Fox, que con las armas pretendia apoderarse del reino de Navarra como dote de su mujer, y que se le hacia de mal aguardar hasta que su suegro muriese. Conforme al comun vicio y falta natural de los hombres, hacia él lo que en su cuñado culpaba, el príncipe don Carlos. Y aun pasaba adelante con su pensamiento, ca queria hacer guerra á Castilla y forzar al rey don Enrique le entregase los pueblos de Navarra, en que tenia puestas guarniciones castellanas. De primera entrada se apoderó de la ciudad de Calahorra y puso cerco sobre Allaro. Para acudir á este daño despachó el de Castilla Diego Enriquez del Castillo, su capellan y su coronista, cuya corónica anda de los hechos deste Rey. Llegado, acometió con buenas razones á reportar al Conde; mas como por bien no acabase cosa alguna, juntalas que hobo arrebatadamente las gentes que pudo, le oró á que, alzado el cerco de priesa, se volviese y reirase. Asimismo la ciudad de Calahorra volvió á la obediencia del Rey, ca los ciudadanos echaron della la uarnicion que el de Fox allí dejó. Desta manera pasa

ban las cosas de Navarra con poco sosiego. En Cataluña se mejoraba notablemente el partido aragonés. Los contrarios en diversas partes y encuentros fueron vencidos, y muchos pueblos se recobraron por todo aquel estado. Lo que hacia mas al caso, don Pedro el Competidor, yendo de Manresa á Barcelona, falleció de su enfermedad en Granolla un domingo, á 29 de junio. Su cuerpo enterraron en Barcelona en nuestra Señora de la Mar con solemne enterramiento y exequias. El pueblo tuvo entendido que le mataron con yerbas, cosa muy usada en aquellos tiempos para quitar la vida á los príncipes. Yo mas sospecho que le vino su fin por tenet el cuerpo quebrantado con los trabajos, y el ánimo aquejado con los cuidados y penas que le acarreó aquella desgraciada empresa. Este fué solo el fruto que sacó de aquel principado que le dieron y él aceptó poco acertadamente, como lo daba á entender un alcotan con su capirote que traia pintado como divisa en su escudo y blason en sus armas, y debajo estas palabras: « molestia por alegría.» Dejó en su testamento á don Juan, príncipe de Portugal, su sobrino, hijo de su hermana, aquel condado, en que tan poca parte tenia; además que los aragoneses con la ocasion de faltar á los catalanes cabeza, se apoderaron de la ciudad de Tortosa y de otros pueblos. Para remedio deste daño los catalanes, en una gran junta que tuvieron en Barcelona, nombraron por rey á Renato, duque de Anjou, perpetuo enemigo del nombre aragonés; resolucion en que siguieron mas la ira y pasion que el consejo y la razon. A la verdad poca ayuda podian esperar de Portugal, y llamado el duque de Anjou, era caso forzoso que los socorros de Francia desamparasen al rey de Aragon, y por andar el conde de Fox alterado en Navarra, entendian no tendria fuerzas bastantes para la una y la otra guerra. Por el contrario, por miedo desta tempestad el rey de Aragon convidó al duque de Saboya y á Galeazo en lugar de su padre Francisco Esforcia, ya difunto, duque de Milan, para que se aliasen con él. Representábales que Renato con aquel nuevo principado que se le juntaba, si no se proveia, era de temer se quisieso aprovechar de Saboya, que cerca le caia, y de los milameses por la memoria de los debates pasados. Acometió asimismo á valerse por una parte de los ingleses; por otra, al principio del año de nuestra salvacion de 1467, envió á Pedro Peralta, su condestable, á Castilla para que procurase atraer á su partido y hacer asiento con los señores confederados y conjurados contra su Rey. Y para mejor expedicion le dió comision de concertar dos casamientos de sus hijos, doña Juana y don Fernando, con el infante don Alonso, hermano del rey don Enrique, y con doña Beatriz, hija del marqués de Villena; tan grande era la autoridad de aquel caballero poco antes particular, que pretendia ya segunda vez mezclar su sangre y emparentar con casa real. Ayudábale para ello el arzobispo de Toledo, clara muestra de la grande flaqueza y poquedad del rey don Enrique. Verdad es que ninguno destos casamientos tuvo efecto. Al infante don Alonso asimismo poco antes le sacaron de poder del arzobispo de Toledo con esta ocasion. El conde de Benavente don Rodrigo Alonso Pimentel, reconciliado que se hobo con el rey don Enrique, alcanzó dél le hi

de hacer prueba de la lealtad del conde de Plasencia y tenta mil maravedís de juro perpetuo cada un año. El

Obispo asimismo fué forzado á dejar la ciudad. Todo lo allí muy bien recebido, y entretúvose en el alcázar cual se trocó en breve; los ruegos, importunaciones y de aquella ciudad por espacio de cuatro meses. En es lágrimas de su mujer pudieron tanto con el Alcalde, te tiernpo, por muerte del cardenal Juan de Mela, que que arrepentido de lo hecho, dentro de cuatro dias despues de don Pedro Lujen tuvo encomendada la igle tornó á llamar al Rey. Volvió pues, y halló las cosas en sia de Sigüenza, aquel obispado se dió á don Pedro mejor estado que pensaba. Solo por la instancia que hiGonzalez de Mendoza, sin embargo que den Pero Lo zo el pueblo y por su importunidad les confirmó sus pez, dean de Sigüenza desde los años pasados, como antiguos privilegios y les otorgó otros de nuevo. A Peelegido por votos del cabildo, pretendia y traia pleito ro Lopez de Ayala en remuneracion de aquel servicio contra el dicho cardenal Mela. Envió el Papa un nuevo dió título de conde de Fuensalida, y de nuevo le enconuncio para convidar a los grandes que se redujesen al mendó el gobierno de aquella ciudad, con que el Rey servicio de su Rey, y porque no obedecian, últimamente se partió para Madrid. Allí hizo prender al alcaide Pelos descomulgó. No se espantaron ellos por esto ni se dro Munzares por no estar enterado de su lealtad; conemendaron, bien que lo sintieron mucho, tanto, que tentose de quitalle la alcaidía, y con tanto poco despues enviaron á Roma sus embajadores; mas no les fué dado le soltó de la prision. Alteró grandemente la pérdida de lugar para hablar con el Pontífice ni aun para entrar Toledo á los parciales, tanto, que salieron de Arévalo, en la ciudad antes que hiciesen juramento de no dar ti do tenian la masa de su gente, con intento de poner certulo de rey al infante don Alonso. Ultimamente, en co á aquella ciudad. Marchaba la gente la vuelta de consistorio el Papa con palabras muy graves los repre Avila , cuando un desastre y revés no pensado desbahendió y amonesto que avisasen en su nombre a los rató sus pensamientos. Esto fué que en Cardeñosa, rebeldes procederia con todo rigor contra ellos si no se Jugar que está en el mismo camino, dos leguas de Aviemendaban; que semejantes atrevimientos no pasarian la, sobrevino de repente al infante don Alonso una sin castigo; si los hombres se descuidasen debian te tan grave dolencia, que en breve le acabó. Falleció á 5 de mer la venganza de Dios. Añadió que sentia mucho julio; su cuerpo, vuelto á Arévalo, le sepultaron en San que aquel Principe mozo por pecados ajenos seria Francisco; dende los años adelante le trasladaron al castigado con muerte antes de tiempo. No fué vana es monasterio de Miraflores de cartujos de la ciudad de ta profecía ni falsa. Con esta demonstracion del Pontífice Búrgos. De la manera y causa de su muerte hobo parelas cosas del rey don Enrique se mejoraron algun tanto, ceres diferentes; unos dijeron que murió de la peste en especial que por el mismo tiempo se redujo á su obe- que por aquella comarca andaba muy brava; los mas diencia la ciudad de Toledo con esta ocasion. Era Pe sentian que le mataron con yerbas en una trucha, y que ro Lopez de Ayala alcalde de aquella ciudad; su cuñado se vieron desto señales en su cuerpo despues de muerfray Pedro de Silva, de la orden de Santo Domingo, to. Alonso de Palencia en la historia deste tiempo y en obispo de Badajoz, á la sazon estaba en Toledo; el cual, sus Décadas, que compuso como coronista del mismolucomunicado su intento con doña María de Silva, su fante, con la libertad que suele, no dudó de contar esto hermana, mujer del Alcalde, dió al Rey aviso de lo que por cierto, hasta señalar por autor de aquella maldad pensaba hacer, que era entregalle la ciudad. Acudió él y parricidio al marqués de Villena , maestre de Santiasin dilacion, y en dos dias llegó desde Plasencia á To go, lo que yo no creo. Porqué įá qué propósito un seledo para prevenir con su presteza no hiciese el pueblo ñor tan principal habia de mancillar su sangre y casa alguna alteracion. Entró muy de noche, hospedóse en con hecho tan afrentoso? o ¿qué ocasion le pudo dar el monasterio de los dominicos, que está en medio y en para ello un mozo que apenas era de diez y seis años? lo mas alto de la ciudad. Luego que se supo su llegada, Sospecho que las grandes alteraciones y la corrupcion tocaron al arma con una campana; acudió el pueblo de los tiempos dieron ocasion á que la historia en alaalborotado. Pero Lopez de Ayala como supo lo que pa bar á unos y murmurar de otros, conforme a las aficiosaba , pretendia que el rey don Enrique no saliese en nes de cada cual, ande por este tiempo estragada. público ni se pasase adelante en aquella traza. Alegaba que le perderian el respeto; así, pasada la media noche,

CAPITULO XII. cuando el alboroto estaba sosegado, se salió de la ciu Que el principe de Aragon don Fernando fue nombrado por te dad. Partiose el Rey muy triste, y en su compañía Pe

de Sicilia. rafan de Ribera , hijo de Pelayo de Ribera , y dos hijos Renato, daque de Anjou, sin dilacion aceptó el prinde Pero Lopez de Ayala, Pedro y Alonso, Al salir de la

cipado que de su voluntad los catalanes le ofrecian. Mociudad reconoció el Rey el cansancio de su caballo, víale á aceptar la ambicion sin propósito, enfermedad que habia caminado aquel dia diez y ocho leguas. Pidió ordinaria , y el deseo que tenia de vengar en España los á uno de los que le acompañaban le diese el suyo; no agravios que los aragoneses le hicieron en Italia. Verquiso. Vista esta cortedad, los dos hijos de Pero Lopez dad es que él por su larga edad no pudo ir allá; envió á de Ayala á priesa se arrojaron de sus caballos, y de ro su hijo, llamado Juan, duque que era de Lorena, de dillas suplicaron al Rey se sirviese dellos, del uno para quien arriba se dijo fué echado de Italia, para apodesu persona , del otro para su paje de lanza. El Rey los rarse de aquel estado; pretendia ayudarse de sus fuertomó y partió de la ciudad acompañándole á pié aque zas y de los socorros de Francia. El rey Francés, posllos caballeros que le dieron los caballos. Llegados a puesta la confederacion que tenia con Aragon asentaOlías, hizo el Rey merced á Pero Lopez de Ayala de se- 1 da, le envió alguna ayuda despues que bobo puesto fin

cerse de la prision que se hizo en la persona de Pedro

para proveer desde allí á la guerra de Cataluña; y dado que era de grande edad y tenia perdida la vista de ambos ojos, todavía el espíritu era muy vivo y el brio grande. En aquella ciudad concertó de casar una hija suya bastarda, llamada doña Leonor, con don Luis de Biamonte, conde de Lerin. Desposólos, á 22 de enero del año 1468, don Pedro de Urrea, arzobispo de aquella ciudad y patriarca de Alejandría. Señaláronle en dote quince mil florines, todo á propósito de ganar aquella familia poderosa y rica en el reino de Navarra; buen medio, si la deslealtad se dejase vencer con algunos beneficios. Hacíanse las Cortes de Aragon en la ciudad de Zaragoza; presidia en ellas la Reina en lugar de su marido. Allí, de enfermedad que le sobrevino, falleció, á 13 de febrero, con grande y largo sentimiento del Rey. Dolíase que siendo él viejo y su hijo de poca edad, les hobiese faltado el reparo de una hembra tan señalada. Ala verdad ella era de grande y constante ánimo, no menos bastante para las cosas de la guerra que para las del gobierno. Poco antes de su muerte tuvo habla con doña Leonor, su antenada, condesa de Fox, en Egea, á la raya de Aragon, do pusieron alianza en que expresaron que los mismos tuviesen las dos por amigos y por enemigos; palabras de ánimo varonil y mas de soldados que de mujeres. Su cuerpo fué sepultado en Poblete. De sola una cosa la tachan comunmente, que fué la muerte del príncipe don Cárlos, su antenado; así lo hablaba el vulgo. Añaden que la memoria deste caso la aquejó mucho á la hora de su muerte, sin que ninguna cosa fuese bastante para aseguralla y sosegar su conciencia muy alterada. Las revoluciones y parcialidades dan lugará hablillas y patrañas.

CAPITULO XI. Cómo falleció el infante don Alonso.

Llegó la fama de las alteraciones de Castilla á Roma; en especial el rey don Enrique por sus cartas hacia inslancia con el pontífice Paulo II para que privase á los 0bispos sediciosos de sus dignidades y pusiese pena de descomunion á los grandes, si no sosegaban en su servicio. Por esta causa Antonio Venerio, obispo de Leon, enviado á Castilla por nuncio con poderes bastantes, despues de la batalla de Olmedo, en que se hallópresente, primero fué á hablar al rey don Enrique en Medina del Campo, teniendo en esto consideracioná su autoridad real; despues como procurase hablar con los conjurados, apenas pudo alcanzar que para ello le diesen lugar, antes le despidieron primera y segunda vez con palabras afrentosas, y pusieran en él las manos sino fuera por tener respeto á su dignidad. Como amenazase de descomulgallos, respondieron que no pertenecia al Pontífice entremeterse en las cosas del reino. luntamente interpusieron apelacion de aquella descomunion para el concilio próximo, condicion muy propia de ánimos endurecidos y obstinados en la maldad, que siempre se adelante en el mal hasta despeñarse, y quiera remediar un daño con otro mayor, sin moverse por algun escrúpulo de conciencia. Sucedió un nuevo luconveniente para el Rey que mucho le alteró, y fué que don Juan Arias, obispo de Segovia, por satisfa

Arias, su hermano, contador mayor sin alguna culpa suya, solo por engaño del arzobispo de Sevilla, olvidado de los mercedes recebidas y que su hermano ya es-. taba puesto en libertad, se determinó entregar aquella ciudad de Segovia á los parciales. Ayudáronle para ello Prejano, su vicario, y Mesa, prior de San Jerónimo, con quien se comunicó. Es aquella ciudad fuerte y grande, puesta sobre los montes con que Castilla la Vieja parte término con la Nueva, que es el reino de Toledo. Acudieron todos los grandes como tenian concertado. Fué tan grande el sobresalto, que la Reina, que allí se halló, y la duquesa de Alburquerque apenas pudieron alcanzar les diesen entrada en el castillo, á causa que Pedro Munzares, el alcaide, de secreto era tambien uno de los parciales. La infanta doña Isabel, como sabidora de aquella revuelta y trato, se quedó en el palacio real, y tomada la ciudad, se fué para el infante don Alonso, su hermano, con intento de seguir su partido. Estas nuevas y fama llegaron presto á Medina del Campo, do el rey don Enrique se hallaba, con que recibió mas pena que de cosa en toda su vida, por haber perdido aquella ciudad, ca la tenia como por su patria, y en ella sus tesoros y los instrumentos y aparejos de sus deportes. Desde este tiempo, por hallarse no menos falto de consejo que de socorro, comenzó á andar como fuera de sí. No hacia confianza de nadie. Recelábase igualmente de los suyos y de los enemigos, de todos se recataba, y de repente se trocaba en contrarios pareceres. Ya le parecia bien la guerra, poco despues queria mover tratos de paz, cosa que por su natural descuido y flojedad siempre prevalecia. Señaló la villa de Coca para tener habla de nuevo con el marqués de Villena, magüer que los suyos se lo disuadian, y como no fuesen oidos, los mas le desampararon. En Coca no se efectuó cosa alguna; pareció se tornasen á ver en el castillo de Segovia. Allí se hizo concierto con estas capitulaciones, que no fué mas firme y durable que los pasados. Las condiciones eran: el castillo de Segovia se entregue al infante don Alonso; el rey don Enrique tenga libertad de sacar los tesoros que allí están, mas que se guarden en el alcázar de Madrid, y por alcaide Pedro Munzares; la Reina para seguridad que se cumplirá esto esté en poder del arzobispo de Sevilla; cumplidas estas cosas, dentro de seis meses próximos, los grandes restituyan al Rey el gobierno y se pongan en sus manos. Vergonzosas condiciones y miserable estado del reino. Cuán torpe cosa que los vasallos para allanarse pusiesen leyes á su Príncipe, y tantas veces hiciesen burla de su majestad! La mayor afrenta de todas fué que la Reina en el castillo de Alahejos, do la hizo llevar el Arzobispo conforme á lo concertado, puso los ojos en un cierto mancebo, y con la conversacion que tuvieron se hizo preñada, que fué grave maldad y deshonra de toda España y ocasion muy bastante para que el poco crédito que se tenia de su honestidad pasase muy adelante y la causa de los rebeldes ya pareciese mejor que antes. El Rey, cercado de trabajos y menguas tan grandes, desamparado casi de todos y como fuera de sí, andaba por diversas partes casi como particular, acompañado de solos diez de á caballo. Acordó por postrerremedio

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