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descendian de judíos, hombres que eran dados á la co- | antes desto por industria del Maestre y á ejemplo del dicia y acostumbrados á engaños y embustes. Comen- Andalucía se levantó un alboroto contra los que deszóse esta tempestad en Córdoba. El pueblo furioso se cendian de judíos. Procuró Andrés de Cabrera atajalle; embraveció contra aquella miserable gente sin mie- y apenas con su buena maña pudo sosegar la canalla, do alguno del castigo. Hiciéronse robos y muertes sin no sin riesgo de su persona y grande ofension del puenúmero y sin cuento. Las personas prudentes echaban blo encarnizado. Al obispo de Sigüenza trajo el capelo esto y decian era castigo de Dios por causa que muchos un embajador particular que para este efecto envió el dellos de secreto desampararon y apostataron de la re- Papa. Diósele en Madrid, y para que la merced fuese ligion cristiana, que antes mostraron abrazar. A Cór mas cumplida, vino el Rey en que se llamase cardenal doba imitaron otros pueblos y ciudades del Andalucía; de España. Al duque de Segorve don Enrique no delo mas recio desta tempestad cargó sobre Jaen. El con- jaron entrar en Madrid , antes se le dió órden que en destable Iranzu pretendió amparar aquella gente mise Getafe, un aldea muy larga allí cerca puesta en el carable para que no se les hiciese allí agravio y hacer mino por do se va á Toledo, se entreluviese. En el camrostro al pueblo furioso ; esto fué causa que el odio y po de aquel lugar habló con el Rey. Acordóse en la envidia de la muchedumbre revolviese contra él de tal habla que de Getafe se pasase á Odon, que es otra alguisa , que con cierta conjuracion que hicieron un dia dea no lejos de allí. Estaban mudados de parecer ; tole mataron en una iglesia en que oia misa. La rabia y maron por achaque y por color para dilatar el casafuria fué tan arrebatada y tal el sobresalto, que ape- miento que era menester que el Padre Santo dispensanas dieron lugar para que doña Teresa de Torres, su se en el parentesco , por ser los casamientos que se mujer, y sus hijos se recogiesen al alcázar. Por su hacen entre deudos, no solo inválidos, sino desgraciamuerte se repartieron sus oficios; el de chanciller mayor dos. Desta manera quedó burlada la esperanza de aquel que tenia se dió al obispo de Sigüenza ; el conde de Principe, llamado vulgarmente por esta desgracia don Haro Pero Fernandez de Velasco fue nombrado por Enrique Fortuna. El rey don Enrique se partió para condestable, dignidad que, como antes se acostumbra- Segovia. Pretendia proveerse de dinero á causa que se á dar á diferentes casas y linajes, en lo de adelante Andrés de Cabrera acudia con escaseza por dar en esto siempre se ha continuado en los sucesores de aquel sudesgusto al maestre de Santiago , de quien sabia muy estado y en su linaje. Fué esta una gran lástima , y el bien pretendia para si el alcázar de Segovia, como poco rey don Enrique perdió una grande ayuda para sus co antes le quitara el de Madrid con color de asegurarse. sas por la señalada y muy constante lealtad de Iranzu Además que de secreto se inclinaba á don Fernando, y su valor. Por la industria del maestre de Santiago así de su voluntad como por estar casado con doña don Juan Pacheco se buscaron otros reparos; uno fué Beatriz de Bobadilla, que se crió en servicio de la inconcluir que don Enrique, duque de Segorve, viniese fanla doña Isabel. El nuevo Cardenal asimismo creció desde Aragon, como lo hizo, por tierras del reino de en renta y autoridad por la muerte de don Alonso de Valencia a Castilla con intencion cierta que le dieron Fonseca, prelado de grande ingenio y de ánimo ardiende casalle con la princesa doña Juana. Venia en su te; falleció en Coca, villa en que dejó fundado el macompañía su madre doña Beatriz Pimentel. Salióle al yorazgo asaz rico de los Fonsecas, y á instancia y por encuentro hasta Requena el mismo Maestre para rece- suplicacion del Rey el Cardenal fué nombrado en su lubille y acompañalle; no respondió la prueba á lo que de gar por arzobispo de Sevilla con retencion de la iglesia su persona pensaban. Esto fué causa que al que por la de Sigüenza, que fué cosa nueva y ejemplo no de alafama estimaban, luego que le vieron, le menosprecia- bar. La soltura de aquel tiempo y el estrago era tal, sen, en especial le notaron de asaz arrogante, pues á los que lo que á cada cual se le antojaba, eso le parecia ser grandes que llegaban á hacerle mesura extendia la licito, y si podia lo ejecutaba. En el condado de Ruimano para que se la besasen, sin estar efectuado lo que sellon sobre la villa de Perpiñan, á 9 de abril, se puso un pretendia y sin recelarse él de que las cosas podrian ejército francés, en que se contaban como veinte mil trocarse. De aquí procedió que por industria del mismo infantes y mil hombres de armas debajo de la conducta Maestre se impidió aquel casamiento , junto con que de Filipo de Saboya. El rey de Aragon se metió dentro, de secreto no estaba nada aficionado á don Enrique, determinado de ponerse a cualquier riesgo antes que por entender que si venia á ser Rey, recobraria los desamparar aquella plaza, que es muy fuerte y está á pueblos que fueron de su padre. Recelábase asimismo la entrada de Francia. Para animar mas á los cercados del conde de Benavente, tio de don Enrique, el cual los juntó en la iglesia, y allí les hizo juramento de no se tenia por muy agraviado á causa del maestrazgo que partirse ni dejallos antes que el cerco se alzase; gradle quitó. Estas eran las verdaderas causas , dado que de resolucion y demasiada confianza para aquella su usaba de otros colores, como era decir tenian nece- edad, y hecho que no sé yo si se debe aprobar, pues sidad de algun gran príncipe y de mayores fuerzas en el riesgo de su persona le corria todo aquel estado para sosegar las alteraciones del reino. Al Rey pa- si fuera preso por el enemigo dentro de aquel pueblo. recia cosa recia faltar en su palabra y hacer burla de El favor del cielo ayudó para excusar aquel daño, y los aquel Príncipe. A esto replicaba el Maestre que por lo moradores se señalaron en esfuerzo ; todos por estar é menos para hacer la guerra seria necesario apercebirse vista del Rey hacian con todas sus fuerzas lo que pa de mucho dinero. Esto se enderezaba á armar otro lazo dian. La lealtad de Pedro de Peralta , condestable de & Andrés de Cabrera, que tenia á su cargo en el alcá- Navarra, en este caso se señaló mucho, que en hábito zar de Segovia los tesoros reales. En aquella ciudad de fraile francisco y ayudado de la lengua francesa, que

moviesen por el peligro que corria de ser destruida, quemada y saqueada aquella hermosa ciudad, cabeza de aquella nacion, y que no daba ventaja á ninguna de las de España en nobleza, hermosura y arreo; que estaba determinado de no usar de miedo ni de fuerza, sino fuese forzado de la necesidad, de lo cual y deste subuen ánimo para con ellos ponia por testigo á Dios; que nunca los tuvo sino en lugar de hijos, ni los tendria jamás en otra figura; antes determinaba, si ellos no lo impedian, remediar los daños de aquella provincia y principado con todas las fuerzas suyas y de su reino. Ablandados los de la ciudad con esta carta y perdida la esperanza de poderse defender, acordaron de entregarse. Señalaron personas que hiciesen las capitulaciones y determinasen todas las diferencias. La guarnicion de franceses con su capitan el hijo del duque de Lorena dejaron ir libremente. Otorgóse perdon general á todos los que en aquella guerra tomaron las armas contra el Rey; solo quedó excluido deste perdon el conde de Pallas, el cual desde ciertos lugares que tenia en las cumbres de los Pirineos y con ayuda de Francia dió por largo tiempo en qué entender y se conservó en aquella parte. Todas las cosas que los ciudadanos hicieron por espacio de diez años y todo lo decretado por ellos despues que se dió principio á aquella guerra las ratificó el Rey y las aprobó. Desta manera y con estas condiciones se rindió aquella ciudad. El perdon se dió á los postreros de octubre; señalado ejemplo de clemencia y de templanza que este Rey dejó ásus descendientes en conservar aquella ciudad, que le hizo tantos deservicios, trofeo y blason mas esclarecido que todos los demás que ganó. A la verdad arreentido de la muerte de su hijo el principe don Cárlos, consideraba que si tomaron las armas, fué con buen ánimo, primero por la defensa, despues en venganza de su hijo y no en favor de gente extraña. En Nápoles se concertaron dos casamientos, de don Fadrique, hijo de don Fernando, rey de Nápoles, con doña Juana, hija del rey de Aragon, que adelante no tuvo efecto. Asentóse otrosí que doña Leonor, de quien dijimos la tenian concertada con Galeazo María Esforcia, casase sin embargo con Hércules de Este, duque de Ferrara. Esto en Nápoles. En Navarra la princesa doña Leonor residia en Sangüesa, pueblo de Navarra. Allí, despues de la muerte de su marido, que sucedió como poco anles queda dicho, á persuasion del rey de Francia le entregó los castillos de Navarra por entender era esto muy á propósito para asegurar en aquel estado la sucesion de sus nietos, que tambien á él le tocaban por ser sus sobrinos, hijos de su hermana. Esta negociacion dió mucho desabrimiento al rey de Aragon. Por esto y por los demás agravios que por todo el tiempo de la guerra de Cataluña recibió de Francia determinó tomar las armas para efecto de recobrar lo de Ruisellon y de Cerdania. Partió con esta resolucion de Barcelona á los 29 de diciembre, fin deste año en que vamos y principio del siguiente 1473. Elna y Perpiñan luego que llegó le abrieron las puertas. Estaba comunmente aquella gente cansada del gobierno y mando de Francia, y por las victorias ganadas casi todos favorecian al rey de Aragon. Deste principio entendian que los M-la

demás pueblos harian lo mismo y se le rendirian sin dificultad. El Cardenal legado partió de aquellos estados para Castilla. En Madrid le recibieron con grande acompañamiento y solemnidad debajo de un palio; los grandes y prelados iban delante, y el Rey le llevaba á su mano derecha; cortesía, conforme á la costumbre de España, de mucha honra. Tratóse de ciertasuma de dineros que el Pontífice queria se recogiese de las rentas eclesiásticas para gastalla en la guerra contra los turcos. Ofrecíanse en esto graves dificultades, y la principal que con la revuelta de los tiempos todos se hallaban gastados y pobres. Todavía el Legado salió con lo que pretendia por su buena diligencia y maña y porque el Rey le ayudaba. Decretóse pues el subsidio que pedia el Pontífice, si bien algunos murmuraban ser aquella concesion en perjuicio de la libertad de las iglesias, y principio para llevar las riquezas de España fuera della. La ignorancia se apoderara de los eclesiásticos en España en tanto grado, que muy pocos se hallaban que supiesen latin, dados de ordinario á la gula y deshonestidad, y lo menos mal á las armas. La avaricia se apoderara de la Iglesia, y con sus manos robadoras lo tenia todo estragado. Comprar los beneficios en otro tiempo se tenia por simonía, en este por granjería. No entendian los príncipes ciegos y los prelados que esta sacrílega manera de contratacion mucho enoja y ofende á Dios, así bien el disimulallo como el hacello. En la junta que se hizo de los eclesiásticos para acudir á lo que el Legado pedia se trató de poner remedio á estos daños. Entre otras cosas acordaron de hacer instancia con el Papa para que en las iglesias catedrales se proveyesen por voto del obispo y del cabildo dos canonicatos, el uno á un jurista, y el otro á un teólogo. La demanda era tan justificada, que el Padre Santo otorgó con ella; sobre que expidió una bula suya, que ingiriéramos aquí de buena gana si la primera que se ganó se hallara, y si un pedazo que della está en otra segunda que dos años adelante se expidió sobre el mismo caso, y le pusimos en nuestra historia latina, se pudiera cómodamente trasladar en lengua castellana con todos los requisitos y condiciones que en los proveidos y provision manda miren y

guarden.

CAPITULO XIX. Del cerco de Perpiñan.

La diligencia de que el Cardenallegado usó para apaciguar y sosegar las alteraciones y diferencias de Castilla, muy grande, fué toda de poco efecto por estar las voluntades enconadas, y él mismo, como era cosa natural, de secreto mas aficionado al partido de don Fernando, que con todas sus fuerzas pretendia adelantar. Con este intento partió para Alcalá, do estaban el rey don Fernando y doña Isabel, su mujer, con el arzobispo de Toledo. Desde allí pasó á Guadalajara no con otro deseño sino de granjear la casa de los Mendozas y apartallos del rey don Enrique y del maestre de Santiago. Iba confiado de salir con esto por su grande ingenio, acostumbrado á fingir y disimular, propio término de cortesanos. A un mismo tiempo en las ciudades y pueblos se levantaron alborotos contra los que

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mado Augustobriga, movida por el ejemplo de Aranda, da dicho, don Juan de Zúñiga. En Francia fino otrosi que no lejos le cae, se entregó tambien á la infanta doña Nicolao, hijo de Juan, duque de Lorena. Quedaba toIsabel. El sentimiento del Rey se dobló, y en particu- davía en vida Renato, su abuelo, cuyo nieto, hijo de lar del conde de Medinaceli, á quien tenia hecha mer- | una hija suya , llamado asimismo Renato, sucedió en ced de aquel pueblo. En esta misma sazon don Alonso el ducado de Lorena por parte de su abuela materna, Carrillo, arzobispo de Toledo, que acompañó en esta mujer que fué del mismo Renato. Este nuevo duque de jornada á la Infanta, convocó para aquella villa de Aran- Lorena alcanzó gran renombre, mas que por otra cosa da un concilio provincial de los obispos sus sufragáneos. por una famosa batalla que ganó de los flamencos cerca Despachó sus edictos y cartas en esta razon; acudie- de Nanci, ciudad de aquel su estado, en que quedó venron los obispos y arciprestes de toda la provincia sin cido y muerto Carlos, duque de Borgoña, que llamaron otro gran número de personas, así eclesiásticas como el Atrevido. Juan, conde de Armeñaque, despues que seglares. La voz corria que se juntaban para reformar se huyó á España, como queda dicho, nunca entró en las costumbres de los eclesiásticos, muy estragadas con gracia de su Rey ni dél se hizo confianza. Por este desvicios y ignorancias por la revuelta de los tiempos. pecho con ayuda y gentes del duque de Borgoña hizo Puédese sospechar que el principal intento fué afirmar guerra en la Guiena, y en ella prendió la persona de con aquel color la parcialidad de Aragon y granjear Pedro de Borbon, gobernador de aquel ducado, por las voluntades de los que allí se hallasen. A los 5 de trato que tuvo con los suyos. Este insulto ofendió mudiciembre promulgaron cuatro decretos solos, que fue- cho mas al dicho Rey, mayormente que no le quiso ron estos : «Los obispos en público siempre anden con soltar antes de ser restituido en su villa de Lectorio, roquete. Cada cual de los sacerdotes por lo menos diga de que el tiempo pasado le despojaron. El Cardenal almisa tres o cuatro veces al año. Los eclesiásticos no bigense con gentes que le dieron recobró á Lectorio y asienten al servicio ni lleven gajes de ningun señor fue le echó por tierra; y al mismo Conde, sin embargo que ra del Rey. Los beneficios curados y las dignidades no se le rindió á partido, le hizo morir. Dió este caso muse provean á ninguno que no sepa gramática.» Apenas cho que decir, si bien los pareceres eran diferentes; habian despedido el Concilio, cuando el rey don Fer- todos concordaban comunmente en que tenia muy menando llegó á Almazan y Berlanga. Allí el conde de Me- recido aquel desastre y castigo. Sus delitos y desórdedinaceli y Pedro de Mendoza, señor de Almazan, mucho nes eran muy feos; uno en particular y muestra de su le festejaron. Dende pasó á Aranda; con su presencia soltura, que con bulas falsas del Papa en razon de dispretendia dar calor á sus aficionados y adelantar su pensar con él, se casó con su misma hermana, y della partido. Fallecieron en este mismo año en Castilla el se aprovechó; torpeza vergonzosa y afrenta digna y almirante don Fadrique y el maestre de Alcántara don merecedora por justo juicio de Dios de aquella su muerGomez de Cáceres y Solis, á quien sucedió, como que te desgraciada.

LIBRO VIGÉSIMOCUARTO.

CAPITULO PRIMERO.

capacidad del Rey era tan corta, que no entendia estos La Infanta doña Isabel se reconcilia con el Rey, su hermano.

tramas; si las entendia , disimulaba; tal era su poque

dad. En particular deseaba con el alcázar de Madrid No sosegaban las pasiones entre los grandes y nobles juntar el de Segovia. Parecíale si lo alcanzaba tendria de Castilla. El partido de Aragon todavía se adelantaba en su poder como con grillos al Rey, y para todo lo que en fuerzas y reputacion. El maestre de Santiago no se podia suceder se aseguraria mucho por este camino. descuidaba en allegar riquezas, poder y vasallos y Este era su mayor deseo; solo y principalmente Andrés apercebirse de los mayores reparos que pudiese. Crecia de Cabrera por la privanza que tenia con el Rey y ser con el aumento la codicia de tener mas; dolencia ordi persona de grande ingenio, y que no fiaba de las pronaria y sin remedio. El miedo le aquejaba grandemen mesas que te hacia el Maestre, bien que eran muy te si los aragoneses viniesen á tener el mando y el go-grandes, le hacia resistencia; de donde resultaron sosbierno, que á él seria forzoso partir mano de gran pechas y se aumentaron entre ellos los disgustos. Cada parte de su estado, como de herencia que fué de aque cual trataba de usar de maña y derribar al contrario, llos infantes de Aragon y por el mismo caso de sus hijos. como personas que eran el uno y el otro sagaces y as· Por este recelo pretendió desbaratar el casamiento de tutas. El Maestre tenia mas poder y fuerzas; Andrés los principes don Fernando y doña Isabel, y al presente de Cabrera fué mas venturoso y acertado. Puso todas intentaba lo mismo del que tenian concertado entre sus fuerzas y la mira en reconciliar á doña Isabel con don Enrique de Aragon y la princesa doña Juana. Re- el rey don Enrique, su hermano. Venia muy á propópresentaba para entretener grandes dificultades. La sito para esto la ausencia de su competidor; que su hijo

sabia muy bien, por medio del ejército y reales de los enemigos pasó y entró en aquella villa para hacercompañía al Rey en aquel peligro y trance. Era justo, de quien tenia todo lo que era y valia, por su servicio lo arenturase. De los tres hijos del rey de Aragon, don Alonso acompañaba á su padre, el arzobispo de Zaragoza se puso en la ciudad de Elna, que está allí cerca, con buen número de soldados á propósito de hacer lo que le fuese mandado. El rey don Fernando, avisado delo que pasaba, partió de Talamanca con cuatrocientos de á caballo que de Castilla llevó de socorro; por el camino se le juntaron otros ciento. Con esta gente por el mes de junio llegó á ponerse sobre Ampúrias; el miedo que con esto puso á los enemigos fué tal, que alzado el cerco y poco despues hechas treguas que durasen hasta el mes de octubre, desembarazaron la tierra. Por esta manera concluida esta guerra, el rey de Aragon hizo finalmente su entrada en Barcelona á manera de triunfo debajo de un palio, en un carro cubierto de brocado morado, tirado de cuatro caballos blancos; acompañábanle al uno y al otro lado la nobleza y magistrados con grande muchedumbre del pueblo quesalióá este espectáculo y se derramó por aquellos caminos y campos. Entró por la puerta de San Daniel; su aspecto muy venerable por sus canas y por la vista recobrada y por sus grandes hazañas. El cuerpo sin fuerzas sustentaba el brio y valor de su ánimo. Su hijo el rey don Fernando era partido para Tortosa con intento de tener Cortes á los aragoneses y presidir en lugar de su padre; pero desistió deste intento por una dolencia que le sobrevino y porque de Castilla, en que resultaban muchas novedades, le hacian grande instantia que apresurase la vuelta. Por el mismo tiempo los huesos de don Fernando, maestre de Avis, de quien se dijo murió cautivo en Africa, cierto moro de la ciudad de Fez, en que estaban, los hurtó y los trajo á Portugal. Diéronles sepultura en Aljubarrota entre los sepulcros de sus antepasados. Las exequias y honras que le hicieron, á la manera que entre cristianos se usa y acostumbra, fueron solemnes y grandes.

CAPITULO XX.

Del concilio que se tuvo en Aranda.

En las demás provincias de España á esta sazon ninguna cosa aconteció que de contar sea, salvo lo que es mas importante, que gozaban de una grande y alegre paz; solo el reino de Castilla no sosegaba, antes cada dia resultaban nuevos miedos y asonadas de guerra. Las diferencias continuas de los grandes eran ordinarias; el pueblo, perdida por su ejemplo la modestia y todo buen respeto, se alteraba. Las villas y ciudades andaban divididas en bandos. Las fuerzas de don Fernando y doña Isabel iban en aumento; muchos se les arrimaban y seguian su partido; las del rey don Enrique desfallecian y se disminuian por su poquedad y por tener al pueblo disgustado. Sin duda como en el cuerp0, así en la república aquella enfermedad es la mas grave que se derrama y tiene su principio de la cabeza. En Vizcaya se veian alteraciones á causa que el nuevo Condestable pretendia reducir aquella gente feroz y

constante al servicio del rey don Enrique. Por el contrario, el conde de Treviño por estar aficionado al partido de Aragon le hacia resistencia, al cual y á su casa de tiempo antiguo tenian los vizcaínos mas aficion. Con esto se hacian talas y robos por toda aquella tierra de suyo estéril y falta. En Toledo se levantaron nuevos alborotos. El conde de Fuensalida, confiado en que el maestre de Santiago le hacia espaldas, y con intento que tenia de apoderarse de aquella ciudad, se resolvió de entrar en Toledo con gente armada para echar della á Hernando de Rivadeneyra, mariscal, y aficionado al servicio del rey don Enrique. Este atrevimiento reprimió el pueblo con las armas, y la venida del Rey, que avisado del peligro acudió á gran prisa para atajar el alboroto; así las alteraciones del pueblo se sosegaron; dióse perdon á los culpados, con que los malos quedaron mas animados. Despues deste caso el maestre don Juan Pacheco con deseo de quietud se partió para Peñafiel, donde tenia su mujer, además que por los muchos años que anduvo de ordinario en la corte sospechaba, como era la verdad, que tenia á muchos cansados; enfado que queria remediar con ausentarse. En su lugar envió á su hijo don Diego, en cuya persona, como arriba queda dicho, tenia renunciado y traspasado el marquesado de Villena. Recibió el Rey al Marqués con tan grandes muestras de amor como si su padre le hubiera hecho señalados servicios. Tenia buen parecer, la edad en su flor, y el trato y arreo era conforme á sus riquezas. De Toledo volvió á Segovia el Rey; allí se aumentó el amor y privanza con el trato y familiaridad ordinaria. Llegó esto á tanto, que en persona iba cada dia á visitar al Marqués, que tenia su aposento en el Parral de Segovia, monasterio de jerónimos. Tratóse con don Andrés de Cabrera se reconciliase con los Pachecos y que se pusiese en las manos del Rey y entregase el alcázar de Segovia con los tesoros que allí tenia. En recompensa le ofrecian la villa de Moya, que está cerca de la raya de Valencia y no léjos de Cuenca, patria y natural de don Andrés. Daba él de buena gana orejas al partido; pero como se entendiese esta negociacion, los de aquella villa se agraviaron y alborotaron. Pasaron en esto tan adelante, que hicieron venir en su defensa y recibieron soldados aragoneses de guarnicion, cuyo capitan Juan Fernandez de Heredia acudió del reino de Valencia, y se apoderó de aquella villa en nombre de la princesa doña Isabel. Recibió desto pesadumbre el rey don Enrique. Doña Isabel, en ausencia de su marido, desde Tordelaguna, villa en el reino de Toledo, acudió á Aranda de Duero, llamada de comun consentimiento por los moradores de aquella villa por el aborrecimiento que tenian á la reina doña Juana, cuya era antes, por su poca homestidad, de que todo el reino se ofendia, y el mismo Rey, mas que nadie, como al que aquella mengua mas tocaba. Pero hay personas que si bien se ofenden de la maldad, no tienen ánimo para reprimirla ni castigarla; tal fué la condicion deste Príncipe por todo el tiempo de su vida. Tenian á esta sazon á la Reina y á su hija doña Juana en el alcázar de Madrid á cargo del marqués de Villena y en su poder. Agreda, que es una villa situada cerca del sitio en que antiguamente estuvo otro pueblo de los pelendones, llamado Augustobriga, movida por el ejemplo de Aranda, que no léjos le cae, se entregó tambien á la infanta doña Isabel. El sentimiento del Rey se dobló, y en particular del conde de Medinaceli, á quien tenia hecha merced de aquel pueblo. En esta misma sazon don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, que acompañó en esta jornada á la Infanta, convocó para aquella villa de Aranda un concilio provincial de los obispos sus sufragáneos. Despachó sus edictos y cartas en esta razon; acudieron los obispos y arciprestes de toda la provincia sin otro gran número de personas, así eclesiásticas como seglares. La voz corria que se juntaban para reformar las costumbres de los eclesiásticos, muy estragadas con vicios y ignorancias por la revuelta de los tiempos. Puédese sospechar que el principal intento fué afirmar con aquel color la parcialidad de Aragon y granjear las voluntades de los que allí se hallasen. A los 5 de diciembre promulgaron cuatro decretos solos, que fueron estos: «Los obispos en público siempre anden con roquete. Cada cual de los sacerdotes por lo menos diga misa tres ó cuatro veces al año. Los eclesiásticos no asienten al servicio ni llevengajes de ningun señor fuera del Rey. Los beneficios curados y las dignidades no se provean á ninguno que no sepa gramática.» Apenas habian despedido el Concilio, cuando el rey don Fermando llegóá Almazan y Berlanga. Allí el conde de Medinaceli y Pedro de Mendoza, señor de Almazan, mucho le festejaron. Dende pasó á Aranda; con su presencia pretendia dar calor á sus aficionados y adelantar su partido. Fallecieron en este mismo año en Castilla el almirante don Fadrique y el maestre de Alcántara don Gomez de Cáceres y Solís, á quien sucedió, como que

da dicho, don Juan de Zúñiga. En francia finó otros

Nicolao, hijo de Juan, duque de Lorena. Quedaba todavía en vida Renato, su abuelo, cuyo nieto, hijo de una hija suya, llamado asimismo Renato, sucedió en el ducado de Lorena por parte de su abuela materna, mujer que fué del mismo Renato. Este nuevo duque de Lorena alcanzó gran renombre, mas que por otra cosa por una famosa batalla que ganó de los flamencos cerca de Nanci, ciudad de aquel su estado, en que quedó vencido y muerto Cárlos, duque de Borgoña, que llamaron el Atrevido. Juan, conde de Armeñaque, despues que se huyó á España, como queda dicho, nunca entró en gracia de su Rey ni dél se hizo confianza. Por este despecho con ayuda y gentes del duque de Borgoña hizo guerra en la Guiena, y en ella prendió la persona de Pedro de Borbon, gobernador de aquel ducado, por trato que tuvo con los suyos. Este insulto ofendió mucho mas al dicho Rey, mayormente que no le quiso soltar antes de ser restituido en su villa de Lectorio, de que el tiempo pasado le despojaron. El Cardenal albigense con gentes que le dieron recobróá Lectorio y le echó por tierra; y al mismo Conde, sin embargo que se le rindió á partido, le hizo morir. Dió este caso mucho que decir, si bien los pareceres eran diferentes; todos concordaban comunmente en que tenia muy merecido aquel desastre y castigo. Sus delitos y desórdenes eran muy feos; uno en particular y muestra de su soltura, que con bulas falsas del Papa en razon de dispensar con él, se casó con su misma hermana, y della se aprovechó; torpeza vergonzosa y afrenta digna y merecedora por justo juicio de Dios de aquella su muerte desgraciada.

LIBRO VIGÉSIMOCUARTO.

CAPITULO PRIMERO.

La infanta doña Isabel se reconcilia con el Rey, su hermano.

No sosegaban las pasiones entre los grandes y nobles de Castilla. El partido de Aragon todavía se adelantaba en fuerzas y reputacion. El maestre de Santiago no se descuidaba en allegar riquezas, poder y vasallos y apercebirse de los mayores reparos que pudiese. Crecia con el aumento la codicia de tener mas; dolencia ordinaria y sin remedio. El miedo le aquejaba grandemente si los aragoneses viniesen á tener el mando y el gobierno, que á él seria forzoso partir mano de gran parte de su estado, como de herencia que fué de aquellos infantes de Aragon y por el mismo caso de sus hijos. Por este recelo pretendió desbaratar el casamiento de los príncipes don Fernando y doña Isabel, y al presente intentaba lo mismo del que tenian concertado entre don Enrique de Aragon y la princesa doña Juana. Representaba para entretener grandes dificultades. La

capacidad del Rey era tan corta, que no entendia estas tramas; si las entendia, disimulaba; tal era su p0quedad. En particular deseaba con el alcázar de Madrid juntar el de Segovia. Parecíale si lo alcanzaba tendria en su poder como con grillos al Rey, y para todo lo que podia suceder se aseguraria mucho por este camino. Este era su mayor deseo; solo y principalmente Andrés de Cabrera por la privanza que tenia con el Rey y ser persona de grande ingenio, y que no fiaba de las promesas que le hacia el Maestre, bien que eran mu grandes, le hacia resistencia; de donde resultaron sospechas y se aumentaron entre ellos los disgustos. Cada cual trataba de usar de maña y derribar al contrario, como personas que eran el uno y el otro sagaces y o tutas. El Maestre tenia mas poder y fuerzas; Andrés de Cabrera fué mas venturoso y acertado. Puso todas sus fuerzas y la mira en reconciliar á doña Isabel con el rey don Enrique, su hermano. Venia muy á propó. sito para esto la ausencia de su competidor; que sulio

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