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que moviesen sin dalle á él parte cosas tan grandes. So- | bien que con su venida saquearon las casas de los ciubre todo le congojaba que el arzobispo de Toledo estu- dadanos de la parcialidad contraria, que eran en gran viese desabrido; temia, por ser hombre voluntario y número. Zamora al tanto con la misma facilidad le su condicion vehemente, no intentase de nuevo á poner abrió luego que llegó las puertas. Entrególe primero en Castilla rcy de su mano y dar la corona como fuese Francisco

de Valdés una torre que tenian sobre la puensu voluntad. Venia este consejo tarde por estar las vo- te con guarnicion de soldados, principio para allanar los luntades muy estragadas y mostrarse ya el Portugués demás. El alcázar principal no le quiso entregar su á la raya del reino con un grueso campo, en que se alcaide Alonso de Valencia por el deudo que tenia con contaban cinco mil caballos y catorce mil infantes, to el marqués de Villena; usar de fuerza pareció cosa lardos bien armados y con grande confianza de salir con ga. Tampoco no quiso el Rey ir á Toro, ciudad que está la victoria. Perdida pues la esperanza de concertarse, cerca de Zamora, por no asegurarse de la voluntad de lo que se seguia y era forzoso, los nuevos reyes acudie- Juan de Ulloa, ciudadano principal y que se mostraba ron á las armas. Andrés de Cabrera, lo que hasta en aficionado á los portugueses, no tanto por su voluntad tonces dilatara para que el servicio fuese mas agrada como por miedo del castigo que merecia la muerte que ble cuanto mas necesario y las mercedes mayores, les dió á un oidor del consejo real, y otros muchos y feos entregó los tesoros reales; ayuda de grande momento casos de que le cargaban. Vueltos que fueron los reyes para la guerra que se levantaba. En recompensa le hi á Valladolid, la ciudad de Alcaráz se puso en su obecieron merced de la villa de Moya, pueblo principal, diencia; los ciudadanos por no ser del marqués de Viaunque pequeño, á la raya de Valencia, con título de llena tomaron las armas y pusieron cerco á la fortalemarqués. Diéronle otrosí en el reino de Toledo la villa za. Acudieron á los ciudadanos el conde de Paredes y de Chinchon con nombre de conde, y por añadidura la don Alonso de Fonseca, señor de Coca, con el obispo de tenencia de los alcázares de Segovia para él y sus he- Avila, que era del mismo nombre. El de Villena, por el rederos y sucesores; que fueron todos premios debidos contrario, sabido lo que pasaba, vino con gente en soá sus servicios y á su lealtad y constancia, ca si va á corro del alcázar; mas como no se sintiese con basdecir verdad, gran parte fué don Andrés para que don tantes fuerzas, desistió de aquella su pretension de haFernando y doña Isabel alcanzasen el reino y se conser cer alzar el cerco y recobrar la ciudad. Esta pérdida le vasen en él. Partidos los reyes de Segovia con in encendió tanto mas en deseo de persuadir al de Portutento de apercebirse para la guerra, pusieron en su gal que apresurase su venida con cartas que le escriobediencia á Medina del Campo, mercado á que los bió en este propósito. Decíale que en tal ocasion mas mercaderes concurren, y en sus tratos y ferias que alli necesaria era la ejecucion que el consejo; que toda dise hacen, la mas señalada y de las ricas de España, lacion empeceria grandemente; que con sola su ayuda, y por el mismo caso á propósito para juntar dinero de aunque los demás se estuviesen quedos y aflojasen, entre los mercaderes. El de Alba con deseo de seña vencerian a los contrarios. El agravio que juzgaba le larse en servir a los nuevos reyes, luego que llegaron hacian le aguijoneaba para desear que luego se acules entregó el castillo de aquella villa, que se llama la diese á las armas y á las manos. Hallábase el rey de Mola de Medina, y la tenia en su poder. Hacíase la ma Portugal á la frontera de Badajoz por el mes de mayo; sa de las gentes en Valladolid; fueron allá los nuevos en el mismo tiempo, es á saber, á los 18 de aquel mes, reyes; cada dia les venian nuevas compañías de á pié y dia jueves, le nació en Lisboa un nieto, que de su nomde á caballo, con que se formó un ejército, ni muy pe- bre se llamó don Alonso. Vivió poco tiempo, y así no queño ni muy grande. Repartieron los reyes entre si el vino á heredar el reino, dado que le juraron por príocuidado, de suerte que don Fernando quedó en Castilla cipe y heredero de Portugal, aun en caso que su padre la Vieja, cuya gente les era mas aficionada y la tenian el príncipe don Juan falleciese antes que su abuelo. Por de su parte; doña Isabel pasó los puertos para intentar el nacimiento deste niño en esta sazon algunos de los si podria sosegar al arzobispo de Toledo; mas él no portugueses pronosticaban que la empresa seria prósquiso verse con ella, antes por evitar esto, desde Alcalá pera, y que del cielo estaba determinado gozase del se fué á Brihuega, pueblo pequeño, pero fuerte por el reino de Castilla, como hombres que eran livianos los sitio y por sus muros. Alegaba para hacer esto que por que esto decian, y vanos, y que creian demasiado á sus una carta que tomó constaba trataban de matalle. Asi esperanzas mal fundadas. Estaba en Badajoz el conde mismo el condestable Pero Hernandez de Velasco, que de Feria con gente, y era muy aficionado al rey don envió la Reina para el mismo efecto, no pudo con él Fernando; demás que se apoderó de un lugar de aqueacabar cosa alguna. Todavía este viaje de la Reina fué la comarca, que se llama Jerez, que quitó á los contrade provecho, porque aseguró la ciudad de Toledo con rios. Debieran los portugueses echar á manderecha y guarnicion que puso en ella, conforme a lo que el nego- romper por el Andalucía, en que tenian de su parte á cio y tiempo pedia, y con hacer salir fuera al conde de Carmona, á Ecija y á Córdoba, para que ganada Sevilla, Cifuentes y à Juan de Ribera, parciales y aliados del ninguna cosa les quedase por las espaldas que les puarzobispo de Toledo. No entró la Reina en Madrid por diese dar cuidado; torcieron el camino á manizquierestar el alcázar por el marqués de Villena. Concluidas da, en que grandemente erraron, y por tierra de Alestas cosas, volvió a Segovia para acuñar y bacer mo- burquerque y por Extremadura llegaron á Plasencia, neda toda la plata y oro que se halló en el tesoro real, ciudad pequeña y que goza de muy alegre cielo, si bien así labrado como por labrar. En el mismo tiempo el el aire y sitio por su puesto es algo malsano. En aquerey don Fernando aseguró la ciudad de Salamanca, la ciudad se desposó el rey de Portugal con doña Jua

ndente, lo que otros atribuian á miedo ó amor que enia á doña Isabel por el parentesco y ser nieta de su hermano, sentia lo contrario, que no se debian ligeramente tomar las armas. Que el de Villena y sus aliados tran los mismos que poco antes alzaron por rey al ininte don Alonso contra don Enrique, su hermano, y untamente sentenciaron que doña Juana era hija bastarda; lo cual ¿con qué cara ahora, con qué nueva razon lo mudan, sino por ser personas que se venderian al ue diese mas, y que volverian las proas adonde mayor speranzase les representase? ¿Qué castillos daban por eguridad que no se mudarian con la misma ligereza que de presente se mudaban, si don Fernando les prometiese cosas mas grandes? ¿En qué manera podrian desarraigar la opinion que el pueblo tenia concebida en sus corazones que doña Juana era ilegítima? Cosa que el mismo rey don Alonso confirmó cuando pidió por mujer á doña Isabel, y no quiso aceptar en manera alguna el casamiento que le ofrecian de doña Juana. «Mintiendo sin duda y haciendo fieros y gloriándose de las fuerzas que no tienen, hinchan á los otros con el viento de vanas esperanzas, y ellos mismos están hinchados. Los perros cuanto mas medrosos ladran mas, y los pequeños arroyos muchas veces hacen mas ruido con su corriente que los rios muy caudalosos. Afirman que los señores y las ciudades seguirian su opinion, de quien sabemos cierto que con la misma lealtad con que sirvieron al rey don Enrique abrazarán el partido de doña Isabel. Ojalá pudiera yo poner delante de vuestros ojos el estado en que las cosas están Ojalá como los cuerpos, así se pudieran ver los corazones! Entendiérades el poco caso que se debe hacer de las vanas promesas del marqués de Villena.» Bien advertian las personas mas prudentes que todo esto era verdad, todavía prevaleció el parecer de los mas; desórden muy perjudicial que en la consulta no se pesen los votos, sino se cuenten de ordinario, y se esté por los mas votos, aun cuando los reyes están presentes, por cuyo parecer todos pasan y en cuyo poder está todo. Verdades que primero que se declarasen, Lope de Alburquerque, que enviaron para mirar el estado en que todo se hallaha, llevó firmas de muchos señores de Castilla que prometian al rey de Portugal, que á la sazonera ido á Ebora, y le daban la fe, si casaba con doña Juana, que á su tiempo no le faltarian. Para encaminar estas trazas venia muy á cuenta el desabrimiento del arzobispo de Toledo, que con color que residiera muchos años en la torte, enfado que á los grandes personajes hace perder el respeto y que la gente se canse dellos, y con muestra que queria descansar, se salió de Segovia á 20 de febrero. Este era el color, la verdad que claramente se lenia por agraviado de los nuevos reyes. Querellábase le entretenian con falsas esperanzas sin hacelle alguna recompensa de sus servicios y de su patrimonio, que lonia consumido, y hechos grandes gastos para dar de su mano el reino á aquellos príncipes ingratos. Sobre todo llevaba mal la privanza del Cardenal, que iba en oumento de suerte, que los reyes todos sus secretos comunicaban con él, y por él se gobernaban. Procuraron placalle, pero todo fué en vano. Amenazaba haria enoderá sus contrarios lo que era agraviar al arzobispo

de Toledo, y mostraria cuán grandes fuesen sus fuerzas contra los que le enojasen. Tampoco fueron los ruegos de efecto mezclados con amenazas de su hermano don Pedro de Acuña, conde de Buendía, en que le protestaba no empeciese á sí y á sus deudos, y por esperanzas dudosas no se despeñase en peligros tan claros; antes, como él que de suyo era soberbio de condicion, suelto delengua, mas se irritaba con las amonestaciones que le hacian, mayormente que un Hernando de Alarcon, que por ser de semejante condicion tenia mas cabida con él que otro alguno, como le andaba siempre á las orejas, con sus palabras henchia su pecho cada dia de mayor pasion y saña.

CAPITULO VII. Cómo el rey de Portugal se llamó rey de Castilla.

La partida del Arzobispo y su desabrimiento tan grande alteró á los nuevos reyes y los puso en cuidado. Temian, si se declaraba por la parte contraria, no revolviese el reino, conforme lo tenia de costumbre, por ser persona de condicion ardiente, de ánimo desasosegado, demás de su mucho poder y riquezas. Esto les despertó para que con tanto mayor cuidado buscasen ayudas de todas partes, así del reino como de fuera. Sobre todo procuraron sosegar á los grandes y ganallos. El primero que redujeron á su servicio fué don Enrique de Aragon con restituille sus estados de Segorve y de Ampúrias y dalle perdon de todo lo pasado; camino con que quedó otrosí muy ganado el de Benavente, su primo. Fué esto tanto mas fácil de efectuar, que tenia él perdida la esperanza de que aquel casamiento que tenian concertado pasase adelante y se efectuase, á causa que á doña Juana desde Escalona la llevaroná Trujillo para casalla con el rey de Portugal, al cual pretendia el marqués de Villena contraponelle á las fuerzas de Aragon, á la sazon divididas por la guerra de Francia y las alteraciones de Navarra. La villa de Perpiñan se hallaba muy apretada con el largo cerco que le tenian puesto, tanto, que por estar muy trabajada y no tener alguna esperanza de ser socorrida, se rindió á los 14 de marzo á partido que se diese libertad á los embajadores que detuvieron en Francia, como queda dicho, y á los vecinos de aquella villa de irse ó quedarse, como fuese su voluntad. Concertaron otrosí treguas por seis meses entre la una nacion y la otra. Envió el rey don Fernando al de Francia para pedir paces, y que con ciertas condiciones restituyese lo de Ruisellon, cierta embajada. El rey de Francia dió muy buena respuesta, y prometió grandes cosas si venia en que su hija casase con el delfin de Francia. Prometia en tal caso que le ayudaria con tanta gente y dinero cada un año cuanto fuese menester para sosegar las alteraciones de Castilla y apoderarse del reino, en particular que se concertaria sobre el principado de Ruisellon, estaria á justicia y pasaria por lo que los jueces árbitros ordenasen. Para tratar esto envió por su embajador desde Francia á un caballero, llamado Guillelmo Garro. Los reyes don Fernando y doña Isabel daban de buena gana oidos á estos tratos, si bien el rey de Aragon recibia gran pesadumbre y los acusaba por sus cartas

camino rindió el castillo de Baltanas, que está entre que ordenó que cada veinte y cinco años se celebrase Pisuerga y Duero, asentado en lugares ásperos y mon y otorgase a todos los que visitasen aquellos santos lutuosos, y al conde de Benavente que allí halló envió gares, como quier que de antes se ganase de cincuenta preso á Peñafiel. Con esto el Portugués, sea por pare- en cincuenta años. Muchos acudieron á Roma para gacelle habia ganado bastante reputacion, sea por no nar esta gracia, entre los demás don Fernando, rey de tener fuerzas bastantes para contrastar y dar la batalla Nápoles, con la edad mas devoto, al parecer, y religioá don Fernando, alegre y rico con grandes presas que so que solia ser los años pasados. hizo, de repente dió la vuelta sin pasar adelante en la pretension que llevaba de dar socorro al castillo de Búr

CAPITULO IX. gos. Quedáronse doña Juana en Zamora, y doña Isabel

Cómo el rey don Fernando recobró a Zamora. en Valladolid. La primera, fuera del nombre, poco prestaba; doña Isabel, como princesa de ánimo varonil y Al fin deste año el rey de Aragon tuvo Cortes á los presto, sabido el peligro de su marido y lo que los por- aragoneses en Zaragoza; viejo de mucha prudencia y tugueses pretendian, con las gentes que pudo de pres- sagacidad; las fuerzas del cuerpo eran flacas, el ánima to recoger pasó á Palencia, resuelta, si fuese menester, muy grande. Poniale en cuidado la guerra que hacia el de acudir luego á lo de Búrgos. Todo esto y el cuidado rey de Portugal, y no menos la de Francia, porque un de la gente que andaba á la mira de lo en que paraban capitan de ciertas compañías de franceses, llamado Rocosas tan grandes se sosegó con la vuelta que sin pen- drigo Traliguero, sin respeto de las treguas que tenian sar dieron los portugueses. Los reyes de Castilla y de asentadas, por la parte de Ruisellon hizo entrada en Aragon enviaron á Roma sus embajadores, personas de tierras de Cataluña, y tomado un pueblo, llamado Sun gran cuenta, los cuales por el mes de julio en consis Lorenzo, puso espanto en toda la provincia y comarca, torio relataron sus comisiones y dieron la obediencia en tanto grado, que lo que no se suele hacer sino en er en nombre de sus principes, oficio debido, pero que tremos peligros, mandaron en Cataluña por edictos que hicieron dilatar hasta entonces las grandes alteracio- todos los que fuesen de edad se alistasen y acudiesen nes y guerras civiles de aquellos reinos. El Pontífice á la guerra. En Castilla el partido de Portugal y las ar respondió benignamente á estas embajadas, ca estaba mas prevalecian. La esperanza que les daban de que en muy aficionado á los aragoneses á causa que Leonardo, Francia se apercebian nuevas gentes en su ayuda, com su sobrino, hijo de su hermana, prefecto que era de mo lo tenian asentado, los alentaba. Avisaban que part Roma, casó con hija bastarda de don Fernando, rey de acudir mas fácilmente el Inglés y el Francés, que hasta Nápoles. Esta acogida tan graciosa del Pontifice dió entonces tuvieron grandes guerras, en una puente qui pesadumbre a los embajadores de Portugal. Alegaban hicieron en la comarca de Amiens se hablaron y con y decian que antes que se determinase aquella diferen certaron paces en que comprehendian los duques de cia y se oyesen las partes era justo que el Papa estu Bretaña y de Borgoña. Fué esto en sazon que el de Bor viese neutral y á la mira; si ya no queria interponer su goña entregó al rey de Francia el condestable de Fran autoridad para componer aquellos debates, que no se cia Luis de Lucemburg, que andaba huido en Flandes mostrase parte. Por esta causa declaró el Pontifice lo extraña resolucion, si bien el Condestable tenia mere que en semejantes casos se suele hacer, que aceptaba cida la muerte que le dieron por su inconstancia y por aquellos embajadores y recebia la obediencia que por estar acostumbrado á no guardar la fe mas de cuanto er parte de Castilla le daban, sin perjuicio de ningun otro á propósito para sus intentos, con que parecia burlars priucipe y de cualquier derecho que otro pudiese pre de todos; esto dicen los mas; otros afirman que pade tender en contrario. El principal entre los embajadores ció sin razon. Los que tienen mucho poder , riquezas de Aragon era Luis Dezpuch, maestre de Montesa, mando, de unos son envidiados, que la prosperidad cri persona muy conocida en todo el mundo por la fama de de ordinario mas enemigos que la injuria; otros los de su esfuerzo y prudencia que mostró en particular en las fienden; así pasan las cosas, y tales son las opiniones d guerras de Italia en que se halló en tiempo del rey don los hombres. Para acudir a estas guerras no eran bas Alonso de Aragon y de Nápoles. Convidáronle con el tanles las fuerzas de Aragon por estar consumidas co vireinado de Sicilia, vaco por muerte de don Lope de los gastos de una guerra tan larga y ser la provincia n Urrea, que fino por el mes de setiembre, y se goberno muy grande. Determinó pues el rey de Aragon usard en aquel cargo con mucha loa. No quiso el Maestre maña, y por el mes de noviembre concertó treguas co aceptar en manera alguna aquel gobierno por estar de los franceses por lo de Aragon y por espacio de siel terminado de recogerse en algun monasterio y parlir meses. Para la guerra de Portugal procuró tener ball mano, bien así de las cosas de la guerra como de todo con el arzobispo de Toledo ; escribióle con este inteal lo al, y allí acabar lo que le quedaba de la vida en ser una carta muy comedida. Decíale que muy bien sabi vicio de Dios y aparejarse para la partida. En el castillo cuán grandes eran los servicios que habia hecho al de Albalate, á la ribera de Segre, á 19 de noviembre, casa de Aragon; que le pesaba mucho no se le hobie falleció asimismo don Juan de Aragon, arzobispo de acudido como era razon; todavía si olvidados por u Zaragoza, hijo del rey de Aragon, y de parte de su poco los enojos se quisiese ver con él, que en todo ! madre persona noble, prelado de grande autoridad y daria corte y se enmendarian los yerros á su voluntai que tuvo gruesas rentas. Fué este año muy señalado en No quiso el Arzobispo aceptar los ruegos del Rey, pa todo el mundo por el jubileo universal que publicó en ser hombre voluntario y estar determinado de marir é Roma el pontífice Sixto por una nueva constitucion en la demanda ó salir con la empresa. Su coraje llegaba

que muchas veces se desmandaba en palabras hasta muertos, no falta quien les haga agravio. Muchas cosas amenazar y decir : Yo hice reina á doña Isabel, yo la se dijeron de la muerte desta Reina y del achaque de baré volver a la rueca. Los reyes de Castilla no hacian que murió; su poco recato dió ocasion á las hablillas mucho caso de su enojo ni de sus fieros; recelábanse que se inventaron. Entre los coronistas los mas dicen que si él volvia, el cardenal de España, que tanto les que secretamente y con engaño le hizo dar yerbas su ayudaba, se podria desabrir, mayormente que ellos de hermano el rey de Porlugal. Alonso Palentino se inclicada dia crecian en poder y fuerzas y su partido se na á esto, y añade corrió la fama que falleció de parto; mejoraba. Y aun en este tiempo el marqués de Villena tal es la inclinacion natural que tiene el vulgo de echar y el maestre de Calatrava de Castilla la Vieja se partie- las cosas á la peor parte y mas infame. ron para Almagro con intento, segun se entendia, de pasar á Baeza, cuyo castillo tenian cercado sus contra

CAPITULO X. rios. Con esta ocasion los de Ocaña se alborotaron, vi

De la batalla de Toro. la que se tenia por el Marqués. Desde Toledo, el conde de Cifuentes y Juan de Ribera con las gentes que lleva Quedóse el principe don Juan en Portugal para tener ron en favor de los alzados, echaron la guarnicion del cuenta con el gobierno; el brio que le ocasionaba su Marqués y quedó la villa por el conde de Paredes, maes edad y su condicion era grande. Avisado pues de lo que tre que se llamaba de Santiago. El rey don Fernando en Castilla pasaba, y como el partido de los suyos se desde Búrgos secretamente acudió á Zamora por aviso empeoraba a causa que los grandes de aquel reino ayu

, y

, y Rey luego se apoderó de la ciudad. Restaba de comba mas número, mal armados, y poco á propósito y de poco tir el castillo, que, sin embargo, se tenia por Portugal. provecho contra el mucho poder de los contrarios. Con Púsosele sitio con resoluciou de no desistir antes de to estas gentes acordó de acudir á su padre. Pasada la marle. Tratose á esta sazon que el rey de Aragon y don puente de Ledesma, acometió de camino a tomar un Fernando, su hijo, se viesen y que se hallase á la ha- pueblo, llamado San Felices; no pudo forzarle ni renbla la princesa doña Leonor; todo á propósito de sose dirle. Llegó á Toro á 9 dias del mes de febrero, do hagar las alteraciones de Navarra, que resultaban de las padre con tres mil y quinientos de á caballo y parcialidades y bandos que andaban entre biamonteses veinte mil peones alojados y repartidos en los invernay agramonteses, y se aumentaban por tener mujer el deros de los lugares comarcanos. La gente que venia de gobierno. Asimismo les ponian en cuidado los socorros nuevo, como juntada de priesa , daba mas muestra de que les avisaban venian de Francia á los portugueses ánimo y brio que esperanza de que podrian mucho debajo la conducta de un capitan valeroso, llamado Ivon; ayudar. El rey don Fernando estaba sobre el castillo de sospechaban que por la parte de Navarra pretendia en Zamora con menor número de gente, ca tenia solamentrar en Castilla y juntarse con los contrarios. De Vizca te dos mil y quinientos caballos, dos tantos infantes; ya, que les caia mas cerca, la aspereza de la tierra y falta hizo llamainiento de gentes de todas partes por estar de vituallas y tambien el esfuerzo de los naturales ase muy cierto que los portugueses no pararian antes de guraban que los franceses no acometerian á romper por hacer alzar el cerco ó venir á batalla. El de Aragon por aquella parte. Estaba el rey don Fernando ocupado en sus cartas y mensajeros avisaba que en todas maneras lo de Zamora, cuando el castillo de Búrgos, perdida to

le prometia darle
entrada en la ciudad. Hizose así, yet cogió hasta dos

mil de á caballo y ocho mil infantes, los

se excusase, y amonestaba al Rey que por el fervor de da la esperanza de poderse entretener , por el esfuerzo su mocedad se guardase de aventurarlo todo y ponerlo de don Alonso de Aragon y su buena maña, que poco al trance de una jornada ; įá qué propósito poner en antes llegara de Aragon con cincuenta hombres de ar

peligro tan grande el reino de que estaba apoderado? A mas escogidos, por principio del año 1476, se rindió a la que propósito despeñar las esperanzas muy bien fundareina doña Isabel, que avisada del concierto acudió á das por tan pequeño interés, aunque la victoria estula hora para este efecto desde Valladolid. Fué de grande viera muy cierta ? Que enfrenase el brio de su edad con imporlancia para todo echar con esto de todo punto los

el consejo y con la razon y obedeciese á las amonestaportugueses de aquella ciudad real y de su fortaleza. ciones de su padre, á quien la larga experiencia hacia Quedó por alcaide Diego de Ribera, persona a quien la mas recatado. Acompañaban al rey don Fernando el Reina tenia buena volunlad, porque fué ayo de su her cardenal de España, el duque de Alba, el Almirante mano el infante don Alonso. A la misma sazon falleció con su tio el conde de Alba de Liste, el marqués de Asen Madrid, á 17 de enero, la reina doña Juana , mujer torga y el conde de Lemos; todos á porfía procuraban que fué del rey don Enrique, y madre de la que se lla- señalarse en su servicio. Sin estos en Alahejos alojaban maba reina doña Juana , quién dice que el año pasado con buen número de gente don Enrique de Aragon, & 13 de junio. Su cuerpo enterraron en San Francisco primo del Rey, y don Alonso, hermano del mismo, y con en un túmulo de mármol blanco, que se ve con su letre ellos el conde de Treviño, todos prestos para acudir á To junto al altar mayor. Para este efecto quitaron de Zamora, que cerca está. Hasta la misma reina doña Isaallí los huesos de Rodrigo Gonzalez de Clavijo, persona bel para desde mas cerca dar el calor y ayuda mayor que los años pasados fué con una embajada al gran Ta- que pudiese, de Burgos se volvió para Tordesillas. El morlan. Vuelto, labró á su costa la capilla mayor de de Portugal, puesto que se hallaba acrecentado de nueaquel templo para su entierro; así se truecan las cosas, vo con las gentes que su hijo le trajo, como sabia bien es ordinario que á los mas flacos, aun despues de que las fuerzas no eran conformes al número, se lialla

ba suspenso sin saber qué acuerdo tomase, si debia batalla sino que tuvimos miedo? Buen ánimo, señor; no socorrer al castillo, si seria mejor excusar aquel peli- hay que dudar; apenas habrémos venido a las manos, gro; vacilaba con estos pensamientos. En fin, se resol- cuando verémos desbaratarse los enemigos, que están vió en lo que era mas honroso, que era socorrer el cas medrosos y turbados, si bien por fuerza y por no potillo, á lo menos dar muestra de quererlo hacer. En la derlo excusar se aparejan para la batalla.» Esto dijo: parte de Castilla la Vieja que los antiguos llamaron juntamente consultados los grandes y los capitanes, los raceos hay dos ciudades asentadas á la ribera del fueron de aquel parecer. Dióse la señal de acometer. rio Duero, sus nombres son Toro y Zamora. Muchos La gente de á caballo que llevaba don Alvaro se adehan dudado qué apellidos antiguamente tuvieron en lantaron los primeros y cerraron. Recibiólos don Juan, tiempo de los romanos; los mas concuerdan en que príncipe de Portugal, que tenia en la avanguardia ochoToro se llamó Sarabis, y Zamora Sentica , cuyo parecer cientos hombres de armas, y entre ellos mezclados arcano me desagrada. Son los campos fértiles, la tierra buceros, cuya carga el escuadron de Alvaro de Mendofresca y abundante; en el cielo saludable de que gozan za no pudo sufrir, antes se desbarataron y pusieron en no reconocen ventaja á ciudad alguna de España; el huida. Los dos reyes iban cada cual en el cuerpo de su número de los moradores no es grande, y aunque su batalla; allí cargó lo mas recio y la mayor furia de la asiento es llano, son fuertes por sus muros y castillos. pelea, que duró algun tanto y estuvo un rato en peso Zamora es catedral ; en esto se aventaja á Toro, que es sin declararse la victoria por ninguna de las partes. de su diócesi. En lo demás, en policía, número de gen- Combatian, no á manera de batalla; no guardaban sus te y riquezas entre las dos hay muy poca diferencia. ordenanzas, antes como en rebate y de tropel cada uno Báñalas el rio por la parte de mediodía con sendas peleaba con el que podia. Sobre el estandarte del rey puentes con que se pasa. Salió pues el rey de Portugal de Portugal hobo grande debate. Pero Vaca de Sotode Toro. Dió muestra de ir por camino derecho á verse mayor le tomó por fuerza al alférez que le llevaba , llacon el enemigo; mas, como mudado de repente el pare mado Duarte de Almeida; acudieron soldados de amcer, pasó la puente, y por aquella parte fué á poner sus bas partes, que le hicieron pedazos. El mesmo Almeida reales junto al monasterio de San Francisco, que está quedó preso; otros dicen muerto. Sus armas en lugar en frente de Zamora, de la otra parte del rio. A la entra del estandarte pusieron despues por memoria en la da de la puente, por donde desde la ciudad se podia pa- iglesia mayor de Toledo para memoria desta victoria, sar á sus estancias, contrapuso y plantó su artillería. que son las que hoy se ven colgadas en la capilla de los Desta manera, ni podia impedir la batería del castillo, Reyes Nuevos. Por conclusion, los portugueses se puni daba lugar a la pelea. En altercar de palabras, en de sieron en huida, y el mismo Rey con algunos pocos se mandas y respuestas se pasaron trece dias sin hacer recogió á los montes sin parar hasta que llegó á Castroefecto alguno. Despues desto, un viernes, 1.° de marzo, nuño. No quedó rastro ni nuevas dél, y así entendieron antes de amanecer, recogido el bagaje, dió la vuella. que era muerto entre los demás. No pudieron los venPara que el enemigo no le siguiese en aquella retirada, cedores seguir el alcance por las tinieblas y escuridad rompió primero una parte de la puente. Don Fernando, de la noche. Don Enrique, conde de Alba de Liste, lleavisado de lo que su contrario pretendia , se determinógó en seguimiento de los que huian hasta la puente de ir en pos dél con toda su gente. Adobado el puente, en Toro; á la vuelta fué preso por cierta banda de los eneque se gastó mucho tiempo, á la hora dió órden á Al migos, que con don Juan, príncipe de Portugal, sin ser varo de Mendoza que con trecientos caballos ligeros pi- desbaratados, se estuvieron en un altozano en ordenancase la relaguardia de los enemigos y los entretuviese. za hasta muy tarde. No pareció al rey don Fernando, Desta manera y por ir el de Portugal poco á poco á que hizo alto en otro ribazo allí cerca , de acometerlos, causa del carruaje, tuvo tiempo el rey don Fernando de por andar los suyos esparcidos por todo el campo y esalcanzar á los contrarios, como legua y media de Toro, tar ocupados en recoger los despojos; así, á vista los pasada cierta estrechura que en el camino se hace y se unos de los otros, se estuvieron en el mismo lugar alguremata en una llanura bien grande. Era muy tarde y el dos horas. Los portugueses guardaron mas tiempo su sol iba á ponerse. Todavía el enemigo no pudo excusar puesto, que fué algun alivio para el revés y para la pelea por estar don Fernando tan cerca y á causa de afrenta recebida. Los historiadores portugueses encala estrechura de la puente, que les era forzoso pasar. recen mucho este caso, y afirman que la victoria queda Revolvió pues sus baces, puso sus gentes en ordenanza; por el príncipe don Juan; así venzan los enemigos del ayudaba el lugar, la ciudad cerca y el socorro por el nombre cristiano. Don Fernando se volvió a Zamora, ! mismo caso en la mano, y si fuesen vencidos segura la despues de su partida los portugueses se fueron á Toro. acogida, además de la noche, que por estar cercana les Hallóse en esta batalla el arzobispo de Toledo, que no podia en tal caso mucho servir. Todo esto daba ánimo se apartó del lado del príncipe don Juan. La matanza á los portugueses, y por el contrario, ponia en cuidado fué pequeña respecto de la victoria, y aun el núinero al rey don Fernando. Los mas prudentes de entre los de los cautivos no fué grande; la presa mayor , ca sasuyos esquivaban la batalla. Luis de Tovar, encendido quearon en gran parte el bagaje de los portugueses. en deseo de pelear, en voz alta : «O hemos de dejar el Despues desta victoria pasó el rey don Fernando á Me reino, dice, ó venir á las manos. Con la reputacion y dina del Campo; allí, á instancia del Condestable, que con la fama mas que con las fuerzas se ganan los seño tenia su hija desposada con el conde de Ureña, le para ríos; įá qué propósito llegamos hasta aquí sino para donó y recibió en su gracia á él y a su hermano el pelear? ¿Qué otra cosa dará a entender el excusar la maestre de Calatrava, si bien no del todo acababan de

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