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tro y Gonzalo Pizarro, otro hermano de Francisco, y con sus gentes vencieron en batalla y dieron la muerte al dicho don Diego. Con esta victoria y por sus muchas riquezas quedó Gonzalo Pizarro tan ufano, que pretendió hacerse señor de aquella tierra. Acudió desde España por mandado del Emperador primero Blasco Nuñez Vela, con nombre de virey, al cual prendieron y mataron en el Perú los mismos españoles. Despues el licenciado Pedro de la Gasca, dado que era clérigo de profesion y del consejo de la general Inquisicion, sosegó aquellos movimientos, mas por maña que con fuerzas; castigóé hizo morirá Gonzalo Pizarro y las demás cabezas principales de aquellas revueltas. Hecho esto, volvióá España, donde fué obispo, primero de Palencia, y despues de Sigüenza hasta lo postrero de su edad, que fué muy larga. Hernando Pizarro, que solo de los tres hermanos quedaba vivo, estuvo mucho tiempo preso en España, ca antes que su hermano se levantase, vino para dar razon de la muerte de Almagro, primera ocasion de aquellas revueltas. Por esta manera castigó Dios la muerte dada contra razon al emperador Atabalipa, sin dejar ninguno de sus enemigos que no fuese castigado, y las riquezas mal ganadas perecieron juntamente con sus dueños. Las costumbres de todas estas gentes que descubrieron en aquellas partes eran extrañas, y todas las mas cosas muy extraordinarias. Los animales, las aves, que se crian de muchas raleas y muy vistosos colores; los peces, los árboles, las yerbas, todo extraño y de lo de acá diferente. No tenian letras, notable mengua. No usaban de moneda ni de pes0. No sabian fabricar naves con sus jarcias, velas y gobernalle; solo navegaban en barcas como artesas, cavadas en un solo madero, que llaman ellos canoas. Para el vestido y arreo no tenian lino, lana ni seda; sus telas y ropa de algodon, que se da muy bien en la tierra sin teñillo, de diferentes colores. Carecian del uso del hierro, de las armas y herramientas que dél se forjan; de trigo y de molinos para moler su maíz, que es el grano de que se sustentan. Faltábales aceite y vino de uvas, si bien las producia de suyo la tierra, y ellos usaban de otros brebajes de diversas maneras para sus borracheras, á que son muy dados. Del sebo y de la cera no sabian hacer candelas para alumbrarse. Ningunas bestias de carga ni para cabalgar, no carros ni literas. Sacrificaban hombres cautivados en guerra y esclavos en número tan grande, que se tiene por cierto en sola la ciudad de Méjico pasaban de veinte mil por año, cuya carne comian sin asco ninguno. Pasaban con muchas mujeres, y sin escrúpulo usaban del pecado nefando; tan sucios y deshonestos eran. Su traje muy diferente, y por la mayor parte desnudos. Gran bien les hizo Dios y gracia en traellos á poder de cristianos, y para que los buscasen y conquistasen, repartir con ellos con larga mano el oro y la plata en tanta abundancia, cebo para codiciosos. Sobre todo dalles su conocimienlo para que dejada la vida de salvajes viviesen cristianamente. Mas merced fué sujetallos que si continuaran en su libertad. Adelante se descubrió el Chille hácia el mar del Sur y polo Antártico, do hallaron indios belicosos y malos de sujetar, y hácia nuestro mar, pasado el Brasil y el rio de la Plata, el Paraguay y el Tu

cuman, que se extiende hasta el estrecho de Magallanes. Las Filipinas, islas no léjos de la China, con diversas ocasiones se descubrieron, y llamaron así del nombre de don Filipe II, rey de España. La de Luzon, que es la cabeza, con su ciudad Manila conquistó el adelantado Miguel Lopez de Legaspi á 18 de mayo, año de 1572. Ultimamente, el año 1598, de Méjico salió un buen número de soldados, y su general el adelantado don Juan de 0ñate á la conquista del Nuevo Méjico. Cae esta provincia hácia nuestro polo en altura de mas de treintagrados; la tierra fértil, la gente mas política que lo demás de las Indias, las casas de tres, cuatro y siete sobrados. Teníase della noticia desde el tiempo de Hernan Cortés, y diversas veces acometieron á conquistalla, pero esta fué la de masconsideracion. Del suceso della y todo el efecto que se hizo, que para tanto ruido fué corto, el capitan Gaspar de Villagra, que se halló presente, escribió un libro en metro castellano. De la conquista toda de las Indias han resultado provechos y daños. Por lo menos las fuerzas flaquean por la mucha gente que sale y por estar tan derramadas; el sustento que la tierra nos daba, y no mal con sus frutos, ya todos los años le esperamos en gran parte de los vientos y de las olas del mar; el príncipe mas necesidades que antes, por acudir forzosamente á tantas partes; la gente muelle por el mucho regalo en comidas y trajes.

CAPITULO IV. De la restitucion que se hizo de Ruisellon.

Ardia Cárlos VIII, rey de Francia, en un vivo deseo de acometer la conquista del reino de Nápoles, para lo cual pretendia tener derecho muy fundado, sin otras causas diferentes que á ello le movian. No le faltaban gentes ni riquezas para llevar al cabo una empresa tan grande; solo se recelaba por una parte del Rey de romanos, que le tenia malamente agraviado con quitalle su esposa la duquesa de Bretaña, y dejará su hija Margarita, con quien estaba concertado. Por otra temia al rey don Fernando no le acometiese por la parte de España en defensa de los reyes de Nápoles, que eran de la casa de Aragon. Por esta causa le pareció en primer lugar de hacer confederacion con el dicho rey de España; y para este efecto se trataba muy de veras por comisarios que de una y otra parte se nombraron de restituir los estados de Ruisellon y Cerdania, que tenia en su poder el Francés por empeño que se hizo los años pasados. Apretábase muy mucho este tratado, tanto, que los reyes don Fernando y doña Isabel para estar mas cerca y procurar la conclusion de cosa que tanto deseaban, con dejará don Iñigo Lopez de Mendoza, conde de Tendilla, por alcaide del Alhambra y capitan general de aquel nuevo reino, por principio del mes de junio partieron de Granada la vuelta de Aragon. Llevaban en su compañía sus hijos el Príncipe y las infantas. Entraron en aquel reino por la parte de Borgia, para donde tenian concertada la junta de la hermandad. De allí pasaron á Zaragoza, donde dieron órden que los jurados y otros oficiales del regimiento fuesen puestos en aquellos oficios, no por eleccion de los ciudadanos, como antes se acostumbraba, sino por nombramiento del Rey, órden que no duró mucho tiempo. Llegaron

á Barcelona por el mes de octubre. Allí sucedió un caso atroz; tenia costumbre el rey don Fernando de dar audiencia pública por lo menos un dia en la semama; sucedió que un viérnes, á 7 de diciembre, se entretuvo en ella mas de lo acostumbrado. Al salir de la audiencia, un hombre, llamado Juan Canamares, catalan de nacion, natural de Remensa, sin ser sentido se llegó al Rey, y con la espada desnuda le tiró un golpe para matalle, del cual quedó herido debajo de la oreja. Fué grande la turbacion de la ciudad; prendieron al malhechor por saber si alguno se lo habia aconsejado. Averiguóse que estaba loco y que acometió aquel caso por haber soñado que muerto el Rey, le sucederia en la corona; sin embargo, le atenacearon vivo, y despues de muerto le quemaron. Tenia el Rey grande deseo de concluir el asiento que se trataba con Francia. Juntáronse los comisarios diversas veces, que eran los principales, por Francia Luis de Amboesa, obispo de Albi, y por España el secretario Juan de Coloma. Tratóse de las condiciones, primero en Figueras en los confines del Ampurdan y Ruisellon, despues en la ciudad de Narbona. Allí últimamente, á 18 del mes de enero del año 1493, se asentó amistad entre España y Francia, y della excluian á todos los demás príncipes, excepto solo el Pontífice romano. Las condiciones fueron que el rey don Fernando no pudiese casar sus hijas con ningun Príncipe sin consentimiento del rey de Francia, y que con esto el Francés le restituyese lo de Ruisellon y Cerdania. Sin embargo, en la ejecucion hobo algunas dificultades, y se entretuvieron algunos meses antes que se efectuase. Restaba solamente al Francés concertarse con el rey de romanos Maximiliano de Austria, que aunque con dificultad, al fin se hizo con restituille á su hija Margarita, que todavía se la entretenian en Francia, y el condado de Artoes, dote de aquella señora, y con seguridad que le dieron de volvelle el condado de Borgoña y lo demás del ducado que por fuerza y contra razon le tenian usurpado; cosa muchas veces tratada y concertada, pero que nunca se cumplió de todo punto. Concertóse esta paz en sazon que el emperador Federico se hallaba muy al cabo, de una pierna que se le encanceró y al fin fué menester cortársela, de que en breve murió á 19 del mes de agosto. Por su muerte le sucedió en el imperio y en los demás estados su hijo Maximiliano, que ya era rey de romanos. Luis Esforcia, duque de Bari, tio de Juan Galeazo, duqe de Milan, con increible tiranía é inhumanidad por apoderarse del estado de su sobrino, trataba con el nuevo César que casase con Blanca María, hermana del dicho duque Juan Galeazo, con tal que le diese para él y sus sucesores la investidura de Milan y de todo aquel estado; ambicion ciega y perjudicial que fué ocasion de revolverá toda Italia. Por esta investidura y por el dote se obligó Luis Esforcia, y lo que mas es, hizo obligar al Duque, su sobrino, contra quien se enderezaba toda esta trama, de dar cuatrocientos mil ducados al emperador Maximiliano. El color que se tomó para cosa tan exorbitante fué que ni Francisco Esforcia ni Galeazo, su hijo, fueron por los emperadores investidos de aquel estado, y por tanto,

como vaco le daba al dicho Ludovico. Entreteníase en este tiempo el rey don Fernando en las partes de Aragon y Cataluña hasta tanto que, como tenian asentado, le restituyeron por el mes de setiembre lo de Ruisellon y Cerdania, y las gentes francesas que tenian de guarnicion, salieron de aquellos estados. Resolucion que dió á muchos que decir, y que los historiadores extranjeros, y particularmente los franceses, nunca acaban de reprehender, que aquel Rey por esperanza incierta se desposeyese de aquellos estados. Muchos cargan al obispo de Albi que se dejó cohechar con el oro de España.

CAPITULO V

Que los tres maestrazgos militares se incorporaron en la corona real de Castilla.

Por el mismo tiempo que el rey don Fernando recobró lo de Ruisellon, en la otra parte opuesta y mas distante de España se apoderó de la isla de Cádiz con su puerto, que es uno de los mas señalados del mundo. El rey don Enrique el Cuarto los años pasados con la facilidad que tenia en hacer mercedes, la habia dado con título de marqués á don Juan Ponce de Leon, conde de Arcos. Por cuya muerte, que sucedió algunos meses despues de la toma de Granada, quitaron aquella isla á don Rodrigo Ponce, su nieto, que le sucedió en sus estados, y volvió á la corona real, si bien en recompensa le dieron la villa de Casares en Africa, y que en lugar de conde, de allí adelante se intitulase duque de Arcos. Asimismo la isla de Palma, que es una de las Canarias, ganó Alonso de Lugo que enviaron los reyes á aquella conquista. Pero la cosa de mayor consideracion que en este año sucedió fué apoderarse el Rey de los maestrazgos de las tres órdenes militares de Castilla. Eran los maestres exemptos de la juridiccion real; tenian tanto poder y parte en el reino á causa de sus muchas riquezas y aliados, que se hacian temer de los mismos reyes. Por esto el papa Inocencio VIII concedió al rey católico don Fernando que tuviese en administracion aquellos maestrazgos. Ganóse esta bula por el mismo tiempo que don García de Padilla, maestre de Calatrava, pasó desta vida, que fué el fin del año 1487; y porque en el presente falleció el maestro de Santiago don Alonso de Cárdenas, tomó asimismo posesion de aquel maestrazgo; y por concluir luego el año siguiente se negoció y acabó con el maestre de Alcántara don Juan de Zúñiga que renunciase en favor del Rey, y permutase aquella dignidad con el arzobispado de Sevilla. Con esto el Rey quedó maestre de aquellas tres órdenes por todo el tiempo de su vida; y aun el papa Alejandro le dió por compañera y con derecho de suceder en esta administracion á la reina doñalso bel. Ultimamente, el papa Adriano los años adelante, por contemplacion del rey don Cárlos, su discípulo, lo concedió á él y á sus sucesores autoridad de presentar los obispos de España, que antes se proveian á suplico cion de los reyes; asimismo sin limitacion de tiempo les concedió perpetuamente la dicha administraciondo los maestrazgos, que fué una notable resolucion o este maestre postrero de Alcántara, que fué despuo

cardenal, dedicó su diccionario el maestro Antonio de Nebrija, varon de inmortal renombre, y digno que quede su memoria en las historias de España, así por el principio que dióá todo lo que en su tiempo de la lengua latina se supo en España como por los muchos libros que escribió llenos de erudicion y doctrina. Entre otros dejó escritas en latin dos guerras, la de Granada y la de Navarra, que sucedió algunos años adelante, si bien en las dichas historias usó de mas diligencia y verdad que elegancia. Al mismo tiempo que fallecieron clmarqués de Cádiz y el maestre de Santiago, murieron don Enrique de Guzman, duque de Medina Sidonia, y don Pedro Enriquez adelantado del Andalucía. Al Duque sucedió su hijo don Juan; poco antes al condestable Pero Hernandez de Velasco habia sucedido su hijo Bernardo de Velasco, que casó con doña Juana de Aragon, hija bastarda del rey don Fernando.

CAPITULO VI. Del principio de la guerra de Nápoles.

Ninguna cosa por estos tiempos sucedió mas notable nique en mayor confusion pusiese las cosas de Italia y aun de toda la Europa que la guerra muy famosa de Nápoles, que emprendió Cárlos VIII, rey de Francia, con los preparamentos que arriba quedan apuntados. De la cual será bien declaremos de raíz por qué vias se haya encaminado. El papa Urbano VI desde Hungría hizo pasar en Italia con gentes á Cárlos, príncipe de Durazo, contra Juana, reina de Nápoles, que habia favorecido la eleccion de Clemente VII, su competidor, con que en gran manera se perturbó la paz de la Iglesia. Ella para su defensa llamó desde Francia á Ludovico, duque de Anjou, hijo menor de Juan, rey de Francia. Para esto le adoptó por hijo para que le sucediese en aquel estado. Hijo deste Ludovico fué otro de su mismo nombre, que hizo guerra con Ladislao, rey de Nápoles, hijo del sobredicho Cárlos, pero no con mayor ventura que su padre, ca el uno y el otro fueron en aquella guerra desgraciados. El nieto, que asimismo se llamó Ludovico, fué llamado por el papa Martino V contra Juana, la mas moza, hermana de Ladislao y reina de Nápoles. Este Ludovico echó de aquel reino á don Alonso, rey de Aragon, al cual la dicha Juana habia primero adoptado por hijo, y despues, arrepentida de lo hecho, revocado aquella adopcion. A Ludovico por fallecer sin hijos sucedió Renato, su hermano, con quien el rey don Alonso por largo tiempo tuvo guerra con mejor ventura que la pasada, tanto, que forzó á su contrario á que se volviese en Francia. Hijo deste Renato fué Juan, duque de Lorena, el que despues que en la guerra de los Barones revolvió grandemente el reino de Nápoles y puso en gran aprieto al rey Fernando de Nápoles, adelante en la guerra de Cataluña fué capitan de los catalanes alzados contra el rey de Aragon don Juan, y por su muerte, que sucedió en Barcelona, como queda dicho, vino á suceder en los estados de Renato Cárlos, sobrino suyo, hijo de su hermano. Cárlos en su testamento nombró por su heredero á Ludovico XI, rey de Francia, por parecelle que Renato, duque de Lorena, sobrino suyo, y nieto

de parte de madre de Remato, duque de Anjou, no tenia bastantes fuerzas contra los aragoneses y su poder. Este fué el primer principio de la guerra de Nápoles. Allegóse otra segunda causa, y fué que por la muerte de Galeazo Esforcia, duque de Milan, que le mataron sus vasallos los años pasados, Luis Esforcia, su hermano, se apoderó del gobierno de aquel estado con color que Juan Galeazo, hijo del muerto, por su pequeña edad no era bastante para gobernar. Estaba casado Luis Esforcia con Beatriz, hermana de Hércules, duque de Ferrara. Item, don Alonso, duque de Calabria, hijo del rey de Nápoles, tenia por mujer á Hipólita, hermana del susodicho Luis Esforcia; del cual matrimonio nacieron don Fernando y doña Isabel; don Fernando fué rey de Nápoles despues de su abuelo y padre; doña Isabel casó con Juan Galeazo, verdadero duque de Milan. Esta señora por ver á su marido desposeido, dado que ya tenia dos hijos en ella, por sus cartas persuadió á su padre que fuese parte para que, quitado aquel estado al tirano, su marido tomase la posesion de aquel señorío de sus antepasados. Luis Esforcia, vista la tempestad que desde Nápoles se le ar

maba, por sus embajadores y cartas convidó á Cár

los VIII, rey de Francia, para que tomase aquella empresa del reino, que decia pertenecelle de derecho. Ayudaba á esto Estéfano de Vers, gran privado de aquel Rey, que le hizo senescal de Belcaire, y Guillen Brisoneto, obispo de San Maló; allegábanseles muchos barones de Nápoles, que, desterrados de su patria por la crueldad de Fernando, rey de Nápoles, buscaban algun remedio para volverá sus casas y estados. Eran los principales Antonelo y Bernardino de Sanseverino, príncipes de Salerno y de Bisiñano. Fué así, como lo testifica Filipe de Comines, que aunque aquellos señores fueron bien vistos y recogidos en Francia, el tratamiento no fué tal que no pasasen muchas necesidades y menguas; por donde fueron forzados á hacer tambien recurso á España para suplicar al rey don Fernando tomase aquella empresa por ser su derecho mas cierto á causa de la bastardía de los que poseian aquel reino de Nápoles; pero el Rey, por entender que aquellos barones pretendian solamente sus particulares, y que acudirian con sus fuerzas al que primero llegase, no quiso por entonces embarazarse en aquella guerra; solo pretendia con buenos medios y sin rompimiento divertir al Francés de aquella conquista; mas teníanla tan adelante, que con gran dificultad se pudiera volver atrás. Acudieron de una y de otra parte á buscar valedores é ayudas. El Francés y el de Milan para ofender se confederaron con todos los demás potentados de Italia, fuera de los florentines, que al principio estuvieron de parte de los aragoneses, y los venecianos que, conforme á su costumbre, quisieron mas estarse á la mira que mostrarse por ninguna de las partes. Asimismo el pontífice Alejandro, si bien al principio se mostró averso de aquellos reyes de Nápoles, últimamente con intencion que se le dió y concierto que se hizo poco adelante de heredará sus hijos en aquel reino y acudir al mismo Papa con cierta pension cada un año, acordó mudar partido y mostrarse por los que le tenian tan obligado. Por otra parte, los reyes de Nápoles no se descuidaban en aprestarse para la defensa y solicitar á todos los que podian para que los valiesen en aquel peligro. En particular con un embajador que enviaron á España hicieron instancia con el rey Católico para que se declarase contra Francia. Alegaban para movelle el deudo grande, que era ser primo hermano y juntamente cuñado del rey de Nápoles don Fernando. Proponíanle el peligro que correria lo de Sicilia si los franceses se viesen señores de Nápoles. Todo csto no bastó para que el rey Católico rompiese con Francia; solo se determinó de enviar al Papa á Garcilaso de la Vega para aseguralle en la proteccion y buena voluntad que mostraba á los reyes de Nápoles; y á don Alonso de Silva, hermano del conde de Cifuentes y clavero de Calatrava, despachó para Francia con intento de divertir aquel Rey del propósito que tenia y avisalle que si otra cosa hiciese, él no podia desamparará sus deudos y aliados. Todo esto pasó al principio del año de nuestra salvacion de 1494, cuando los reyes don Fernando y doña Isabel, que hasta entonces se habian entretenido en Aragon, de Zaragoza, do estaban, partieron para Tordesillas, y desde allí pasaron á Valladolid y á Medina del Campo; allí les llegó aviso que el rey don Fernando de Nápoles era pasado desta vida. Falleció á 25 de enero cargado de años y cuidadoso del remate de aquella guerra; desgraciado por una parte á causa del peligro en que dejaba sus cosas, ocasionado principalmente de su áspera condicion, por otra parte dichoso por no haber visto echado por tierra aquel su reino poco antes muy florido y muy rico. Sucedióle don Alonso, su hijo, en ninguna cosa mas agradable á sus vasallos que lo fué su padre. Coronóle el cardenal Juan de Borgia, al cual el Papa, su tio, para este efecto envió por su legado á Nápoles. Asimismo el Papa este año concedió por su bula á los reyes de Castilla perpetuamente las tercias, no solo de Castilla y de Leon, sino tambien del nuevo reino de Granada, con condicion que se gastasen en la guerra contra los moros. En Tordesillas, á 7 del mes de junio, se tomó asiento sobre la diferencia que tenian Castilla y Portugal en sus navegaciones de las Indias, de tal manera, que la conquista y descubrimiento de los castellanos comenzase treinta y seis grados mas adelante de Lisboa hácia el poniente; desde allí todo el medio mundo hácia levante perteneciese á Portugal, como queda arriba tocado. Asimismo en la conquista de Africa, sobre que tenian tambien diferencia, se dió traza por este tiempo que la conquista del reino de Fez perteneciese á Portugal, y á Castilla la del reino de Tremecen; si bien no se señaló la línea por do se dividiesen, que fué ocasion de nuevos debates.

CAPITULO VII. Que el rey de Francia se apoderó del reino de Nápoles.

Juntaba el rey de Francia todas sus fuerzas resuelto de pasar en persona á Italia; hacíase la masa del ejército en Leon de Francia. Acudió allí desde Ostia, do por miedo del Papa estaba retirado, el cardenal de San Pedro para dar calor á aquella empresa. Por el contrario, don Alonso de Silva, conforme al órden que llevaba,

hizo de parte de su Rey sus protestaciones para que no pasasen adelante. Sin embargo el Francés, dejando por gobernador de Francia á Pedro, duque de Borbon, su cuñado, partió con toda su gente de aquella ciudad un mártes á 22 de julio. Llevaba en su compañía toda la nobleza de Francia. El ejército era de hasta veinte mil infantes y cinco mil caballos; para pagar esta gente tomó dineros prestados de los señores, demás de ciento y cincuenta mil francos que recibió de un cambio ginovés; pequeña suma para gastos é intentos tan grandes. Acometió el rey don Alonso á alterar el estado de Génova con una gruesa armada que envió para este efecto, y por almirante á su hermano don Fadrique; por tierra despachó á su hijo el duque de Calabria para que hiciese la guerra en las tierras de Milan. Todo le sucedió al revés, porque don Fadrique no hizo cosa de momento, y al de Calabria no dejaron pasar de la Romaña las gentes de Francia y de Milan que acudieron á estorballe el paso. El rey de Francia no paró hasta que por sus jornadas pasó las Alpes, y llegó á la ciudad de Aste á 9 de setiembre, principio del estado de Milan, y sujeta al duque de Orliens, que entre los demás iba á aquella empresa, y pretendia tener derecho muy cierto á todo aquel estado. Andaba el embajador de España don Alonso en aquella corte muy desfavorecido y mal mirado, tanto, que en Viena de Francia le mandaron despedir; pero él pasaba por todo con gran disimulacion como persona que era muy sagaz, puesto que pasaron tan adelante, que en la ciudad de Aste no le dieron aposento, y le fué forzado salirse de aquella corte y partirse para Génova; desde do trató con Luis Esforcia, que ya comenzaba á estar arrepentido de lo hecho, que se confederase con el rey Católico con intencion que le dió de que una de las infantas casaria con su hijo mayor, atento que no podian casar con otros príncipes por el asiento que se puso con Francia. Cebóso Luis Esforcia tanto con esta plática, que desde entonces se resolvió en mudar partido, dado que acudió á Aste para festejar al rey de Francia, y le dió cantidad de dinero para el sueldo de la gente de guerra. Con tanto y con dejar en Aste al duque de Orliens, que pretendia aprovecharse de aquella buena ocasion para apoderarse del estado de Milan, el Rey pasó con su gente á Pavía; allí visitó al duque Juan Galeazo, que se hallaba muy al cabo de una grave enfermedad, y era su primo hermano; porque las madres de los dos eran hermanas, hijas de Luis, duque de Saboya. Partido el Rey la via de Placencia, falleció el Duque á21 de

octubre con claras señales del veneno que le dieron; co

sa que, fuese verdad ó mentira, aumentó en gran mamera el odio que tenian contra su tio. Todos condenaban y maldecian un caso tan atroz, pues no contento con habelle quitado el estado, le despojó de la vida con tanta crueldad. Llegó el rey de Francia á Placencia el mismo dia que murió el Duque, y en su compañía el mismo Luis Esforcia; mas sabida la muerte de susobrino, á la hora dió la vuelta á Milan. Allí públicamelte y sin ningun empacho tomó el nombre é insignias de duque de aquella ciudad, sin embargo que su sobrino dejaba un hijo de cinco años, llamado Francisco Esforcia, y otros dos hijos y la mujer preñada. Cuán

HISTORIA DE ESPAÑA.

poderosa es y perjudicial la desenfrenada codicia de mandar! Todo lo atropella sin tener temor de Dios ni vergüenza de las gentes, en tanto grado, que el mismo dia escribió al rey don Alonso sobre la muerte de su sobrino, en que le avisaba que la nobleza y pueblo de Milan le habian forzado á llamarse Duque; que entendia le daria esta nueva contento, pues sabia con cuanta voluntad acudiria á las cosas suyas y de aquel reino. De Placencia pasó el Rey á Toscana; acudíanle de todas partes embajadores, en particular los venecianos le enviaron los suyos para ofrecelle toda buena amistad; y el Papa le envió por su legado al cardenal de Sena, que llegó hasta Pisa, pero el Rey no le quiso ver. Los florentines despacharon áPedro de Médicis para el mismo efecto, el cual como sin guardar la comision que llevaba concertase de entregar al Francés á Sarazana, Sarazanela y á Piedra Santa, fuerzas que tenia aquella señoría en el Apenino, y los castillos de Pisa y de Liorna, con otras cargas muy graves; fué tan grande la indignacion del pueblo, que le desterraron á él y á sus hermanos el cardenal Juan de Médicis y Julian con tan grande furia, que pusieron á saco sus casas, y les confiscaron sus bienes, que eran muy grandes. Llegó el Rey áPisa, donde se detuvo algunos dias, y á instancia de los ciudadanos, dió libertad á aquella ciudad y la sacó de la sujecion de florentines, en que la tenian de muchos años atrás. En Florencia hizo su entrada el mismo dia que Pico Mirandula falleció en ella, en edad de treinta y cuatro años, persona de raro ingenio y excelente erudicion, por donde le dieron renombre de Fénix. Concertóse el Rey con los florentines en que, acabada aquella guerra, les restituiria sus fortalezas, y que ellos por contemplacion suya perdonarian á Pedro de Médicis y á sus hermanos, y para el gasto de la guerra contribuirian con ciento y veinte mil florines. Estaba á la sazon Roma muy alborotada, los cardenales poco conformes, la nobleza dividida porque Próspero y Fabricio Colona seguian el partido de Francia, y Virginio Ursino el de Nápoles, y los coloneses, junto con el cardenal Ascanio Esforcia, se habian los dias pasados apoderado de la ciudad de Ostia, por donde tenianá Roma puesta en grande aprieto y falta de bastimentos, que no le podian entrar por el mar. Todos tenian entendido que el Papa se concertaria con el rey de Francia, ó que pretendia salirse de Roma; por esto el pueblo comenzó á alterarse, y el Papa fué forzado en consistorio á desengañar los cardenales y caballeros romanos con decilles que su intento era favorecer la justicia, y si el rey de Francia porfiase á entrar con el ejército en Roma, hacelle rostro y defendérselo hasta morir en la demanda. Todas sus razones eran de poco momento para animar la gente, que tenian atemorizada las nuevas que cada dia venian de la llegada del Rey, yde los pueblos de la Iglesia de que los franceses continuamente se apoderaban. El mismo Pontífice, visto que no era parte para defender la entrada á enemigo tan poderoso ni con sus fuerzas ni con las de Nápoles, dado que don Fernando, duque de Calabria, estaba á la sazon aposentado en el Burgo con buen número de gente, despedido el Duque porque no le fuese hecho algun agravio, se retiró al castillo de Santangel. Final

249 mente, el Rey con toda su gente entró en Roma, postrero de diciembre, principio del año 1495, con grandes demostraciones que todo aquel pueblo y aun algunos de los cardenales hicieron de alegría y contentamiento. Aposentóse en el palacio de San Márcos. En esta sazon el cardenal de España don Pedro Gonzalez de Mendoza falleció en Guadalajara, á 11 dias del mes de enero, en edad de sesenta y siete años y tres meses, persona de mucha nobleza y partes aventajadas, y que todo el tiempo que vivió tuvo gran mano en el gobierno del reino. En vida edificó un colegio en Valladolid; en su testamento mandó se fundase á sus expensas un hospital en Toledo, y le nombró por su heredero. El título de ambas fábricas, de Santa Cruz. Vacó por su fin la iglesia de Toledo. Quisiérala el Rey para don Alonso, su hijo, arzobispo de Zaragoza; la Reina no vino en ello; ofrecióla al doctor Pedro de Oropesa, del su consejo, persona de virtud muy aventajada, natural de Torralva, aldea de Oropesa; no aceptó por mucha instancia que sobre ello le hicieron. Finalmente, se dió á fray Francisco Jimenez de Cisneros, fraile menor, de virtud muy conocida y de altos pensamientos. Su natural Tordelaguna, sus padres pobres; estudió derechos, adelante fué capellan mayor y provisor de Sigüenza por el cardenal de España. Tomó el hábito de san Francisco en San Juan de los Reyes en Toledo; vivió tiempo en el Castañar y en la Sazeda, monasterios recoletos de aquella órden. Cuando le nombraron por arzobispo era confesor de la Reina; algunos años adelante le dieron el capelo y le hicieron cardenal. En Roma se trataba de concierto entre el Papa y el rey de Francia; intervinieron personas de autoridad, por cuyo medio se concertó que el cardenal de Valencia fuese en compañía del Rey con título de legado, y que le entregase el hermano del gran Turco, y que se pusiesen en su poder los castillos de Civitavieja, Terracina y Espoleto para que durante aquella guerra se tuviesen por él. Con esto se obligó el Rey, fenecida aquella guerra, de hacer restituir la ciudad de Ostia á la Iglesia, y que antes de su partida daria en persona la obediencia al Papa, como lo hizo poco dias adelante en el palacio de San Pedro. Ayudó mucho á facilitar estos conciertos el capelo que se dió entonces á Brisoneto, obispo de San Maló. Hecho esto, el Rey partió de Roma á 28 dias de enero la via de Nápoles, donde tenia aviso que la ciudad del Aguila y otros muchos lugares sin ponerse en resistencia ni esperar los enemigos se le habian rendido y alzado por él banderas. El rey don Fernando, avisado de lo que pasaba y particularmente del poco respeto que se tuvo al Papa, determinó declararse; para este efecto desde Ocaña, do estaba fin del año pasado, despachó á Antonio de Fonseca y á Juan de Albion para requerir al Francés que desistiese de hacer guerra á Roma y á las tierras de la Iglesia, pues sabia que en el asiento que se tomó el año pasado exceptuaron la persona del Papa y sus cosas. Juntamente despachó al conde de Trivento para que fuese general del armada que tenia aprestada en Alicante; por otra parte, enviaba á Gonzalo Fernandez de Córdoba con quinientas lanzas para que hiciese la guerra por tierra. Los embajadores llegaron á Roma

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