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ceremonias y homenajes que se acostumbran en semejante caso. Lo de Aragon no parecia tan llano á causa que el infante don Enrique, duque de Segorve, era vivo, y pretendia que, conforme á las leyes de Aragon, no podia entrar mujer en aquella corona, y por el consiguiente él y su hijo don Alonso eran los que tenian derecho á la sucesion como nieto y bisnieto que eran del rey don Fernando de Aragon por via de varon, es á saber, por su padre, que fué del mismo nombre que él, y uno de los que en Castilla llamaron infantes de Aragon. Para prevenir esta y otras dificultades y allanar las voluntades de todos, los Reyes Católicos y los de Portugal fueron á Zaragoza con toda brevedad. Allí, á 14 del mes de junio, se hizo la proposicion, y el rey Católico declaró la obligacion y necesidad que corria de jurar á los reyes, sus hijos, por príncipes de Aragon. Hobo sobre esto grande alteracion, ca los aragomeses pretendían que nunca en aquel reino mujer fué jurada por princesa; antes que por la disposicion de muchos reyes no debian ser admitidas á la sucesion; que si bien en esto se hallaba diversidad, por lo menos por el testamento del rey don Juan el postrero constaba que las hijas y nietas no debian ser admitidas á la corona, sino en caso que su hijo, que fué el rey don Fermando, muriese sin dejar mietos, aunque fuesen por via de mujer; y que pues no se sabia lo que Dios haria en este caso, no se debian apresurar, sino aguardar la disposicion divina. Particularmente ponian dificultad en jurar por príncipe al rey de Portugal por los inconvenientes que en Navarra resultaron de hacerse lo mismo con el rey don Juan, por estar casado con doña Blanca, heredera y infanta de aquel reino. Otros eran de contrario parecer, y pretendian que las mujeres podian heredar aquella corona, de que era bastante ejemplo la reina doña Petronila, hija de don Ramiro el Monje, junto con el testamento del rey don Alonso, su hijo, en que se hizo ley perpetua sobre este punto y se admitieron las mujeres á la sucesion. Entre los demás, un famoso jurista aragonés, por nombre Gonzalo García de Santa María, escribió un tratado en esta sustancia, y le presentó al rey don Fernando. En estas altercaciones se gastaba tiempo; la reina doña Isabel lo llevaba con tanta impaciencia, que un dia se dejó decir seria mas honesto conquistar aquel reino que aguardar sus Cortes y sufrir sus desacatos. Hallóse presente á estas palabras Alonso de Fonseca; replicó con libertad: «No tengo yo, señora, que los aragoneses hagan mal en mirar por sus privilegios y procurar de mantenerse en la libertad que sus mayores les dejaron; antes como son considerados en lo que deben jurar, así son en guardar lo que juran constantes, y en el servicio de sus reyes muy leales; que como es esta la primera vez que juran hija de rey por princesa, no es maravilla si reparan algun tanto y se recelan de introducir cosa que para adelante les pueda perjudicar.» Fué nuestro Señor servido que la Princesa, á los 23 de agosto, dia juéves, parió un hijo, que llamaron don Miguel, y del parto murió ella dentro de una hora; que fué alegría mezclada con mucho acíbar. El arzobispo de Toledo, que acompañó á los reyes en esta jornada, se halló presente al parto y á la muerte, y con muy prudentes razones la confortó

en aquel aprieto. Luego el Rey, su marido, se partió

para su reino. El cuerpo de la Princesa se depositó en

San Francisco, y de allí le llevaron á Toledo y sepultaron en Santa Isabel, monasterio de monjas fundado por el Rey, su padre, en unas casas que fueron de su abuela materna. Hechas las exequias de la Princesa, se volvió á lo del juramento, y sin dificultad, sea por la compasion que tuvieron al Rey, sea porque las objeciones propuestas cesaban en gran parte, á los 22 de setiembre juraron todos los estados aquel niño por príncipe de Aragon, entre tanto que el rey Católico no tuviese hijos varones; que en tal caso daban desde entonces aquel juramento por ninguno y de ningun valor y efecto; poco despues le juraron asimismo en Ocaña por príncipe de Castilla. Antes que el rey Católico partiese para Zaragoza despachó á don Alonso de Silva, clavero de Calatrava, para dar el parabien al nuevo rey de Francia, y para que, junto con los demás embajadores que allí tenia, apretase lo de la concordia, en que se dieron tan buena maña, que en breve la asentaron. Lo mismo hizo el Archiduque por su parte, que sin comunicallo con su suegro y padre, hizo sus capitulaciones y acuerdos con aquel Rey. Mucho ayudó para concluir estos conciertos Luis de Amboesa, arzobispo de Ruan, por la gran cabida que tenia con el rey de Francia. El Papa por el mes de setiembre le hizo cardenal por contemplacion de aquel Rey, que mucho deseaba, compuestas las demás cosas, pasar á Italia, por el derecho que pretendia teneral ducado de Milan principalmente y tambien al reino de Nápoles. Desde Zaragoza otrosí envió el Rey á don Iñigo de Córdoba, hermano del conde de Cabra, y al doctor Filipe Ponce, para que requiriesen al Papa restituyese á la Iglesia la ciudad de Benevento y reformase los abusos de aquella corte y la disolucion de su casa, que era grande. El rey de Portugal, vuelto á su reino, á persuasion de su suegro, despachó á Roma para el mismo efecto á don Rodrigo de Castro y don Enrique Coutiño. Hicieron ellos, llegados á Roma, sus diligencias y sus requerimientos segun el órden que llevaban, y llegaron átérmino, que en cierto auto el mismo Garci Laso hizo oficio de notario apostólico para testificar el instrumento y dar fe de lo protestado. El Papa se sintió mucho desto, y amenazó de castigar aquella insolencia; pero en fin

respondió que Benevento, si bien tenia el consentimiento del consistorio para dalle al duque de Gandia,

no le tenia enajenado ni lo queria hacer. Cuanto ála

reformacion de su casa, aunque se mostró áspero en

la respuesta, dentro de pocos dias con cierta ocasion

salieron del sacro palacio y de Roma, á lo que se ell

tendió por órden del Papa, el príncipe de Esquilache y

su hermana Lucrecia con su mujer y marido, que eran

tambien hermanos, es á saber, hijos del rey don Alon

so de Nápoles; y su disolucion y la de César Borgia era

lo que mucho al pueblo escandalizaba. Fué tanto el

odio que el Papa concibió contra Garci Laso por estas

libertades, que hobo de salirse de Roma; y aun los

embajadores de Portugal se partieron poco adelante al

principio del año 1499 de aquella corte con disgusto

asaz de lo poco que allí negociaron. Los del rey Cató

lico se entretuvieron algun tanto hasta que llegase Lor

renzo Suarez de Figueroa, que venia nombrado en lu

gar de su hermano Garci Laso para hacer allí el oficio de embajador, como en Venecia le hacia con mucha satisfaccion por su mucho valor y conocida prudencia.

CAPITUL0 IV. Que Ludovico, duque de Milan, fué despojado de aquel estado.

Muchos y graves cuidados cercaban al rey Católico por todas partes. Lo de Italia corria gran peligro por las pretensiones tan viejas, y á su parecer tan fundadas, que tenia el rey de Francia. Soplábanle por una parte el Pontífice de secreto con intento de satisfacerse del rey don Fadrique, que le tenia ofendido, y de aumentar y engrandecer los de su casa, en particular al duque Valentin. Por otra al descubierto los venecianos, resabiados grandemente contra el duque de Milan, primero compañero en la defensa de Pisa, y despues contra ella amigo de florentines y fautor suyo, hicieron liga con el dicho Rey, y se obligaron de ayudalle con mil y docientos hombres de armas y seis mil suizos ó alemanes contra el duque de Milan. El Rey ofreció de dalles á Cremona y la Geradada, pueblos principales de aquel estado. El Duque, visto el peligro que sus cosas corrian y la poca ayuda que entre cristianos podia tener, acudió al gran Turcó, y negoció con él que con su armada hiciese daño en tierras de venecianos; cosa que puso en cuidado á toda la cristiandad, y al Duque hizo muy odioso. Sucedió en el mismo tiempo que Antonelo, principe de Salerno, falleció en el estado del duque de Urbino, que era su deudo. Sucedióle en el título y pretension de aquel estado y en el odio contra la casa de Aragon Roberto, su hijo. En España por el mes de julio en Zaragoza se cometió cierto insulto contra Gonzalo García de Santa María, letrado insigne. No se pudo averiguar quién lo hizo, dado que todos cargaban al vizconde de Ebol por grandes conjeturas que resultaban. Demás desto los reyes de Navarra movieron una nueva demanda al rey Católico. Fué así, que cuando se vieron cerca de Bayona, Luis XI, rey de Francia, y Enrique el Cuarto, rey de Castilla, el Francés, como juez árbitro nombrado por las partes para componer ciertas diferencias que andaban entre los reyes de Castilla y Navarra, por su sentencia mandó que por los gastos que en defensa de don Cárlos, príncipe de Viana, hizo el de Castilla y su padre el rey don Juan, á la paga de los cuales se obligó el dicho príncipe don Cárlos, se diese al rey de Castilla la ciudad de Estella con toda su merindad. Verdad es que la ciudad nunca se entregó, y otros lugares se recobraron por los navarros; solo quedaron por Castilla los Arcos, y la Guardia y San Vicente. Estos pretendian aquellos reyes se los entregasen por razones que para ello alegaban, es á saber, que la sentencia fué en sí ninguna, y que el rey Católico los años pasados dió intencion de restituir aquellas plaas. Temíase algun rompimiento por la parte de Franola con aquella ocasion; pero el Francés con la pretenson de Italia no tenia lugar de entrar en otras contienlas, ca por el mismo tiempo un grueso ejército de Francia pasó los Alpes, y llegó á la ciudad de Aste, que o años atrás era de los duques de Orliens; diólaá Cár

los, duque de Orliens, el duque de Milan Filipe, su tio, porque le ayudase en la guerra con que al fin de su vida venecianos le trabajaron. Desde allí por el mes de agosto del año 1499 salieron á hacer la guerra aquellas gentes, y por generales el señor de Aubeni y Juan Jacobo Trivulcio; todo lo hallaron fácil, y en pocos dias se apoderaron de Alejandría y de Pavía y Placencia con otros muchos lugares. Por otra parte, los venecianos no con menos prosperidad hacian la guerra; tomaron á Cremona y la Geradada y á Lodi y todo lo que del ducado de Milan por aquella parte caia. Con esto el comun de Milan se alborotó, tocaron al arma, y el pueblo comenzóá apellidar el nombre de Francia. El Duque por no poder mas se retiró al castillo; desde allí envió con su vicechanciller y el Cardenal, su hermano, sus hijos y tesoros á Alemaña, y poco despues, á 2 de setiembre, denoche, sin dar parte á su gente, él mismo los siguió, que parece le faltó el entendimiento y traza en todo. Iban en su compañía el cardenal de Este y Galeazo de Sanseverino, general de sus gentes. Tras esto, á 6 de setiembre se entregó Génova al vencedor sin ponerse en resistencia. Acudió el rey de Francia desde Leon, do se quedó, á gozar de la victoria y componer las cosas de Italia. Hízole compañía el duque Valentin, al cual para la guerra que pretendia hacer en la Romaña ofreció ayudar con trecientas lanzas á su costa, debajo la conducta de monsieur de Alegre, y cuatro mil suizos, al sueldo del Papa. Concertó asimismo de ayudar á los florentines para recobrar á Pisa. Concluida aquella empresa de Milan tan á voluntad del Francés, luego puso la mira en conquistar el reino de Nápoles, empresa á que demás de estar de suyo muy inclinado, el Papa mucho le animaba, dado que para rehacerse de fuerzas primero quiso dar la vuelta á Francia. Dejó en Génova por gobernador á Filipe Ravestain, y en Milan á Juan Jacobo Trivulcio. Llevó consigo al hijo de Juan Galeazo, verdadero duque de Milan, que se llamó Francisco, y hecho clérigo, los años adelante murió en Borgoñade la caida de un caballo, en que andaba á caza. El rey Católico procuraba con todas sus fuerzas estorbar las guerras de Italia, y ofrecia al Francés cualquier buen partido de parte del rey don Fadrique; y como quier que no bastase diligencia alguna, se resolvió de volver álas pláticas que los años pasados se movieron por parte de Francia, es á saber, que pues el rey don Fadrique por la bastardía de su padre no tenia derecho á aquel reino, los dos reyes de España y Francia se concertasen y le conquistasen y repartiesen entre sí. Estaba el rey Católico en Granada en sazon que por el mismo tiempo su hermana la reina de Nápoles doña Juana, que venia de Italia, le halló allí, y la princesa doña Margarita partió para su tierra y pasó por Francia; acompañóla hasta la raya de España don Alonso de Fonseca, arzobispo de Santiago. Desde allí despachó el Rey un contino de su casa con instruccion que junto con Miguel Juan Gralla, su embajador á la sazon en Francia, moviesen como de suyo esta plática. Hizose así, y el cardenal de Ruan, que podia mucho con aquel Rey, la oyó de muy buena gana. Monsieur de Clarius, que podia tambien mucho, terció bien en todo con intencion que se le dió de entregalle áCouron on Calabria, cuyo marquesado pretendia, y aun se llamaba marqués de Cotron. Túvose por cierto que con tales medios en breve se concluiria esta concordia, sin embargo que el rey don Fadrique"amenazaba que si el de Francia le acometia, traeria la armada de los turcos contra Italia para valerse dellos. Y por otra parte intentó de concertarse con el Papa hasta ofrecer al duque Valentin el principado de Teano y ducado de Sesa, que eran del duque de Gandía, con una gran suma de dineros; y á don Alonso de Aragon, su sobrino y yerno del Papa, queria dar á Salerno y Sanseverino con título de príncipe, partidos aventajados; pero desbaratólos el duque Valentin, que escribió al Papa desde Francia, do era ido, la alteracion que allá habia causado la plática de aquella concordia movida tan fuera de sazon. Al fin deste año nació en Flándes doña Leonor, hija primogénita del Archiduque, que fué primero reina de Portugal, y despues de Francia.

CAPITULO V. Los moros de las Alpujarras se levantaron.

Al tiempo que los Reyes Católicos partieron para Granada, el arzobispo de Toledo se quedó en Alcalá con intento de fundar en aquella villa una universidad á la traza y modelo de la de Paris, que salió con el tiempo obra muy señalada. Abriéronse las zanjas del colegio mayor, que se llama de San Ilefonso, y echóse la primera piedra á 14 del mes de marzo. El trazador se llamó Pedro Gumiel, famoso en aquella arte, dado que la obra por entonces fué toda de tapiería, y despues se edificó la delantera de piedra blanca muy hermosa. Los reyes deseaban con cuidado asegurar aquel nuevo reino; parecióles importaria para todo si los moros, que eran muchos, se hiciesen cristianos. Para dar órden en esto llamaron al dicho Arzobispo, y ordenado lo que se debia hacer, le dejaron allí, y ellos se fueron á Sevilla. Juntáronse para adelantar la conversion de los moros los arzobispos de Toledo y Granada, como personas que eran muy semejantes en la reformacion de sus vidas y en el celo del servicio de Dios. Súpose que cierto número de moros, que llamaban elches, fueron primero cristianos. Trataron con permision de los inquisidores, áquien tocaba este caso, de proceder contra ellos, y en particular de tomalles los hijos pequeños y por fuerza bautizallos. Por otra parte, trataron con mucha blandura con los alfaquíes, los cuales vencidos de aquella benignidad y mas de lo que les daban, persuadieron á muchos se hiciesen cristianos. De todo esto se alteraban mucho los moros del Albaicin, que eran muchos. Tomaron las armas que tenian escondidas, barrearon sus calles y salieron un dia ya tarde á cercar al arzobispo de Toledo en sus casas. Fué grande el temor de aquella noche y el alboroto de la gente. Venida el alba, el conde de Tendilla, como el que era capitan general del reino y alcaide del Alhambra, dió órden que entrasen en la ciudad soldados de fuera, para que ni de la parte de los cristianos, ni de la otra de los moros no se pudiesen hacer daño. Avisaron á los Reyes de aquel peligro, en que avino una cosa notable. Dió el arzobispo de Toledo las cartas á un negro, que le dijeron las llevaria á las vein

te leguas, que fué un yerro muy grande, ca el negro en la segunda ó tercera venta comió y bebió de tal manera, que se estuvo durmiendo un dia sin pasar adelante. Las nuevas llegaron por otra via; los Reyes se maravillaban cómo el Arzobispo no avisaba. La Reina estaba corrida, que le favoreció para subir á aquella dignidad. El Rey, enfadado desto, ca pretendió aquella dignidad para su hijo don Alonso de Aragon, como de suso se tocó, dijo á la Reina sobre el caso palabras pesadas. En fin, el negro llegó, y el Arzobispo corrido envióá su compañero fray Francisco Ruiz para que por menudo relatase todo el suceso, porque todos le cargaban que su mal órden fué ocasion de aquel desman. En Granada y en Toledo se hace fiesta de la conversion de tres mil moros que se bautizaron á 18 del mes de diciembre. Envió el Rey un pesquisidor para que hiciese informacion del caso, y averiguada la verdad castigase á los mas culpados. Por otra parte mandó pregonar perdon general á los que se volviesen cristianos. Este justició algunos, prendióá otros que le enviaron á decir querian ser cristianos, y á ejemplo destos, todos los del Albaicin hicieron lo mismo, y sus mezquitas fueron bendecidas en iglesias. Lo mismo hizo otro barrio de moros en Granada y los de las alquerías, por todos hasta en número de cincuenta mil almas. Los moros de las Alpujarras, como se publicase entre ellos que por fuerta los mandaban bautizar, se alborotaron. Los primeros levantarse fueron los de Huejar, que están en lo mas fragoso de la sierra. Acudieron con presteza el conde de Tendilla y el Gran Capitan, que á la sazon se halló allí. Tomaron por fuerza aquel lugar con muerte de algun número de los alzados; los mas, alzada su ropilla, se recogieron á la sierra. Tomaron los nuestros otras plazas; no pudieron empero sosegar aquellos morimientos á causa que poco á poco todas las Alpujarras se levantaron. Pusiéronse los moros sobre Marjena, que era una fortaleza del Comendador mayor. Don Pedro Fajardo, que á la sazon asistia en Almería, con poco gente se puso sobre Alhumilla, pueblo que está cerca de Marjena. Ganóles la villa por fuerza y la fortalen, que fué ocasion que los moros se levantasen de sobre Marjena. Esto sucedió en el principio del año que se contaba de nuestra salvacion de 1500 justamente, en sazon que el rey Católico, dejando á la Reina en Sevillo, dió la vuelta á Granada con deseo de allanar aquellos alborotos, que le tenian en cuidado, así por miedono sucediese algun mal en España por aquella parte o tiene á Africa muy cercana, de donde los levantadoso pensaban valer, como porque le podian embarataro empresas y fines en lo de Italia. Hizo pues llamamielo

general de los pueblos y caballeros del Andalucía, o

que se juntó un ejército muy grande, y con él parto

el mismo Rey en persona, 1.° de marzo, la vuelta de

Lanjaron, que está en un sitio muy áspero. Los moro

estaban obstinados sin dar muestra de quererse allano

Fué aquel lugar entrado por fuerza y puesto á saco, E

conde de Lerin y otros caballeros se derramaron por la

sierra y tomaron á los moros otras plazas, que fuéo

sion de rendirse los alzados. Fueron recebidos ámio

ricordia con condicion que dentro de cuatro dias o

tregarian á Castil de Ferro, á Adra y Buñol, fortalezas

de que se apoderaron al principio de las revueltas, y aunque flacas, las pusieran en defensa; y entregarian todas las armas ofensivas y defensivas, y que en dos pagas contarian cincuenta mil ducados. Para cumplimiento desto pusieron en poder del Gran Capitan hasta treinta y cuatro de los mas principales y ricos moros. Hecho esto, el Rey despidió y derramó la gente. Entretúvose en Granada por dar calorá la conversion, y así poco adelante los moros de las Alpujarras, los de Almería, Baza y Guadix y los de otros lugares se bautizaron. Enviáronse predicadores por todas partes con gente de respeto que los guardase. Esto y tornarse á publicar que los hacian cristianos por fuerza dió ocasion á los moros de Belefique y Nijar, que están en lo mas áspero de las Alpujarras, de se levantar el invierno adelante. Por el atrevimiento destos hicieron lo mismo los mas lugares de aquella serranía. Nombró el Rey, que todavía asistia en Granada, por general contra ellos al alcaide de los Donceles, el cual juntó sus gentes, y con otros señores y caballeros se puso sobre la villa y fortaleza de Belefique. Defendiéronse los de dentro muy valerosamente; murieron muchos de los nuestros, y entre ellos hombres de cuenta. Duró el cerco algunos meses hasta tanto que por la falta de agua que padecian los cercados se rindieron á partido que les dejasen las vidas y que las haciendas y libertadquedasenámerced del Rey. Atemorizados con esto los de Nijar, hicieron lo mismo, que se rindieron y entregaron las armas y pertrechos, las haciendas y libertad á merced del Rey, pero que se pudiesen rescatar por precio de veinte y cinco mil ducados. Con esto y con la diligencia que se ponia en la conversion, se bautizaron mas de diez mil moros de Seron, Tijola y otros lugares comarcanos. Por otra parte, los moros de las serranías de Ronda y de Villaluenga, tierra no menos fragosa, se alzaron. El Rey para acudir á todo, si bien mandó pregonar que los moros de aquellas serranías que andaban levantados, dentro de diez dias saliesen de la sierra y se fuesen á Castilla, de secreto ordenó que los que de su voluntad se volviesen cristianos quedasen en sus casas y haciendas. Por otra parte, se dió órden al conde de Ureña y á don Alonso de Aguilar, hermano mayor del Gran Capitan, y ádon Juan de Silva, conde de Cifuentes, á la sazon asistente de Sevilla, que hiciesen la guerra á aquella gente. Los moros de la tierra fácilmente se sosegaran; pero los gandules que andaban entre ellos, moros de Berbería, procuraban que no se rindiesen. Con todo eso muchos vinieron á Ronda y se bautizaron por miedo de no ser maltratados. Los otros, especial los que vivian en lugares flacos, se recogieron á la sierra Bermeja, que es muy áspera. Acudieron los nuestros hácia aquella parte y asentaron su real cerca de Monarda, pueblo muy fuerte al pié de aquella sierra. Los moros se pusieron en una ladera para defender el paso. Algunos cristianos sin órden ni concierto tomaron una bandera y con intento de robar pasaron un arroyo que allí está, y comenzaron á subir la sierra; siguiéronles los demás porque no recibiesen algun daño. Los moros pretendian defendelles la subida y peleaban con grande esfuerzo. Cuando se veian apretados mejorábanse de lugar, y recogíanse á ciertas partes, que tenian allanadas como

fuertes. Los nuestros los apretaban, y los moros se retiraban hasta un gran llano, que está en lo mas alto de la sierra, en que tenian sus mujeres, hijos y haciendas. Como allí llegaron, sin mucha resistencia, los moros desampararon el puesto por la parte que los nuestros cargaban sobre ellos. Iban en la delantera don Alonso de Aguilar y el conde de Ureña con sus dos hijos, matando y hiriendo en los que huian. Entre tanto la demás gente se puso árobar los despojos sin cuidado de seguir la victoria. Era ya muy tarde, cerró la noche. Acaudillaba los demás un moro muy valiente y diestro, que llamaban el Feri de Benastepar. Este moro recogió los que huian, y visto el malórden de los cristianos, hablóá los suyos en esta sustancia: «Amigos y soldados, ¿dónde vais? Dónde dejais vuestras haciendas, mujeres y hijos? Si no os valen vuestras manos, ¿quién os podrá remediar? ¿Dónde iréis que no os alcancen? Locura es poner la esperanza en los piés los que tienen espadas en sus manos. A los valientes todo es fácil; los cobardes de todo se espantan. Mirad el desórden de vuestros contrarios (acaso un barril de pólvora de los nuestros se encendió, que dió lugaráque se viese lo que pasaba); cerraos pues y herid en los que están derramados y cargados de vuestras haciendas. Yo iré delante de todos y os abriré el camino; si en mí no viéredes obras, nunca mas creais mis palabras.» Animados con esto los moros, vuelven á la pelea y cierran con los cristianos. El caudillo acometió á don Alonso, que solo con pocos todavía peleaba. Tenia las corazas desenlazadas; así el Moro le hirió por los pechos malamente. Acudieron otros y cargaron sobre él tantos golpes, que apenas despues pudieron reconocer el cuerpo muerto, que quedó en poder de los moros; con él fueron muertos mas de docientos hombres, y entre ellos Francisco Ramirez, vecino de Madrid, caudillo muy valeroso, y que sirvió mucho en toda aquella conquista de Granada. Apenas pudieron sacar á don Pedro de Córdoba, hijo de don Alonso, de aquella matanza para recogelle á las banderas del conde de Ureña, que reparó con mas gente para hacer resistencia. El conde do Cifuentes con el pendon de Sevilla reparó un poco mas bajo en la ladera de la sierra. Allí se recogieron muchos de los que huian; él los detuvo y animó, y hizo rostro á los moros que venian en su seguimiento, liasta tanto que venida la mañana, los moros se recogieron á lo alto de la sierra. Desta manera pereció uno de los mas valerosos caballeros que tuvo España en este tiempo; los enemigos le quitaron la vida; la fama de su valor nunca perecerá. Estaba el Rey á la sazon en Ronda; trató de ir en persona á castigar aquella gente. Representábansele dificultades; en fin, se resolvió que el duque de Najara fuese sobre Daidin, que era mas fácil de combatir, y los condes de Ureña y Cifuentes diesen muestra de querer volverá subir la sierra por la parte que antes subieron. Los moros, que se vieron perdidos, acordaron de mover concierto. Asentóse que los que quisiesen pasasen allende con seguro y embarcacion que se les dió en el puerto de Estepona, con tal condicion que por cabeza pagasen diez doblas; los demás que se volviesen cristianos. Hízose así; muchos fueron los que se pasaron á Berbería; muchos mas los que quedaron, puesto que recebido el bautismo, tan malos como los que se ausentaron. Con esto se concluyó esta guerra, que fué larga y amenazaba mayores males y tenia puesta á toda España en mucho cuidado. La muerte de don Alonso sucedió el año siguiente. Volvamos á lo que se queda atrás conforme á la razon de los tiempos.

CAPITULO VI. De las cosas de Milan.

Al mismo tiempo que los moros de las Alpujarras andaban alborotados, el rey Católico mandó aprestar con toda diligencia una armada y por su general el Gran Capitan; esto para ayudar á venecianos contra la armada del Turco que los apretaba y amenazaba á lo demás de Italia. El duque de Milan y rey de Nápoles le habian llamado, segun se decia, para valerse dél contra sus enemigos y defender sus estados. Era asimismo necesario acudir á lo de Sicilia, do decian se enderezaba principalmente esta tempestad. El duque Valentin al tanto con gentes de ápié y de á caballo que trajo de Francia hacia la guerra en la Romaña como general de la Iglesia para quitar los tiranos que de diversas ciudades de aquella comarca estaban apoderados. Tomó á Imola y á Forli, cuya Condesa hobo en su poder. Enderezábase principalmente contra el señor de Pesaro, que estuvo casado con su hermana. El, visto el peligro que corria, puesta en defensa la ciudad, se ausentó y puso en salvo. Principios de grandes revueltas fueron estas, tanto mas que Ludovico Esforcia procuraba con todas sus fuerzas de recobrar su estado; solicitó al emperador y príncipes de Alemaña que le ayudasen. Juntó gentes de suizos y grisones, y con ellos envió delante, por el mes de enero, al cardenal Ascanio, su hermano, que lo halló todo muy llano, tanto, que á porfía se le rendian pueblos y castillos por todo el camino hastala ciudad de Como con todos los pueblos que están junto á aquel lago. A la fama desto los milaneses tomaron las armas en favor del Duque y forzaron á Trivulcio á retirarse al castillo, de donde al tercero dia se salió con la gente de á caballo la via de Pavía. Aquel mismo dia entró el Cardenal en Milan, y tras él el Duque, con grande alegría de todo el pueblo, dado que el castillo se tenia por Francia. Pavía, Lodi, Dertona y Placencia hicieron lo mismo, por lo menos trataban de rendirse al Duque y echar las guarniciones que tenian de franceses. La fuerza del ejército francés se recogió en Novara con intento de reforzarse y si pudiesen hacer rostro al Duque. Allí acudieron al tanto las gentes de Francia que andaban en la Romaña, despidiéndose del duque Valentin, que fué la causa de no proseguir aquella empresa por entonces ni tomar á Pesaro; antes se fué á Roma, do ya eran vueltos sus hermanos. El Papa se le mostraba tan rendido, que ninguna cosa se hacia sino lo que ordenaba ó aprobaba el duque Valentin. Era un estado miserable de las cosas. En Gante la infanta doña Juana parió á don Cárlos, hijo mayor del Archiduque, el mismo dia de santo Matía; el cielo le tenia aparejados muy grandes estados y señoríos. Ocho dias despues de su nacimiento llegó á Gante la princesa Margarita,

y le sacó de pila junto con la duquesa Margarita, segun

da mujer que fué del duque Cárlos. Diéronle título de duque de Lucemburg, como quier que antes los hijos mayores de los duques de Borgoña se intitulasen condes de Caroloes. Esta nueva dió en España mucha alegría, y la reina Católica dijo: Caido ha la suerte sobre Matía. Aludió al dia de su nacimiento y tambien á la poca salud que tenia el príncipe don Miguel, que falleció poco adelante en Granada, por cuya muerte el Archiduque y su mujer quedaron por príncipes de Castilla y de Aragon. Despues de la vuelta de Vasco de Gama para continuar la navegacion de la India partió de Lisboa, á los 8 del mes de marzo, con una flota de trecenaves Pedro Alvarez Cabral. Descubrió de camino el Brasil. Fué bien recebido en Calicutal principio; despues vino á las manos con aquella gente por su poca lealtad. Un hijo bastardo de don Diego, duque de Viseo, hizo el rey don Manuel, su tio, condestable de Portugal, que murió mozo, y una sola hija que dejó casó adelante con el conde de Villareal. La guerra de Lombardía se continuaba, y el Duque poco á poco se hacia señor de todo. Alzóse por él Alejandría, y tomó á Novara, do estaba primero la masa del ejército francés. Deseaba dar la batalla á los enemigos y concluir de una vez. Con este intento sacó su gente fuera de aquella ciudad, que eran todos suizos y alemanes, hasta en número de diez y seis mil. Ordenadas las haces, al romper en los contrarios los suizos no quisieron pelear contra los franceses y contra los que de su nacion seguian su partido, Retiróse el Duque á la ciudad para persuadilles diesen la batalla. Ellos con grande deslealtad le tenian ya vendido por gran dinero á los franceses; así se le entregaron, y fué llevado áFrancia, en que pasó lo que le que dó de la vida en duras prisiones. Con esta triste nuera el cardenal Ascanio, su hermano, alzado el cerco que tenia sobre el castillo de Milan, con quinientos de ácaballo tomó la via de Placencia. Encontróse con Cárlos Ursino, caudillo de la gente que andaba de venecianos en aquella comarca; fueron los del Cardenal rotos y él preso. Estuvo algun tiempo en poder de venecianos, y al fin le entregaron al rey de Francia, que le puso primero en prision en Burges, y despues en libertadalgunos años adelante. Los hijos del Duque, Maximiliano y Francisco, residian á la sazon en Alemaña y en la corte del César; esto les valió para que por entonces no participasen de la ruina y desastre de su padre y de su casa y estado, que quedó con gran facilidad todo por Francia. Las ciudades que con tanta facilidad se dieron al Duque fueroncastigadas en dineros, que era proveer á los franceses del sueldo necesario para se apoderar de

lo que restaba de Italia, y hacerse ella á sí misma la

guerra con sus mismas armas. El cardenal de Ruan re

sidia en Milan; desde allí gobernaba todo lo de Italiaá

su voluntad. El Papa por tenerle de su parte le conce

dió la legacía del reino de Francia, sacada Bretaña, por

tiempo de año y medio. De los reyes de Navarra tenia

el rey Católico sospechas por la aficion que mostraban

á Francia y las muchas alianzas que tenian con aquella

gente. Por tanto, los años pasados fuera de los homena

jes que se concertó hiciesen los alcaides de las forta

lezas de aquel reino á los reyes de Castilla, paramas

seguridad se pusieron en tercería por espacio de ciuco

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