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su persona a quien quiera que fuese. Replicó el Rey: ses reforzaron su campo de mil suizos y docientas El rey de España no ha de ser mas que yo. Gralla res- lanzas que les vinieron de Francia, junto con cantidad pondió: Ni vos mas que el Rey, mi señor. La verdad es de dineros para paga y socorro de la gente; crecióles que el rey Católico se mostró inclinado á la paz, y es- con tanto el brio. Acordaron con este socorro de romcribió á su general que por todas vias la procurase; per la guerra de nuevo; apoderáronse de Venosa, en que en esto le baria mas servicio que si con guerra le que estaba el capitan Pedro Navarro, que a instancia diese conquistado todo el reino. El primer principio de sus soldados rindió aquella plaza á partido; tomaron que se dió para venir descubiertamente a las manos, & Cuarata, que se la entregó Camillo Caraciolo; el uno fuera de otras cosas menudas, fué cuando el señor de y el otro pueblo están á doce millas de Barleta , do á la Alegre, que se intitulaba lugarteniente de Capitinata, sazon se hallaba el Gran Capitan con la mayor parte de entró con gente de guerra para desbaratar el cerco que su gente. En el mismo tiempo se rebelo Viseli, pueblo los españoles tenian sobre Manfredonia, como queda del principado de Altamura. Acudieron los españoles á apuntado; y no contentos con esto, en el liempo que recobralle con las galeras; pero ya que le habian entrael Gran Capitan se ocupaba en lo de Taranto se apo- do por suerza, fueron rebatidos por los franceses que deraron de la ciudad de Troya, en la Capitinata , y de sobrevinieron en defensa de aquel lugar. El estío en esta otras plazas; que si bien los requirieron las restituye- sazun iba muy adelante, y el campo francés en Cuarata sen y no contraviniesen á lo concertado, no hicieron padecia falta de agua y de mantenimientos, ca nuestra caso. Antes que se pasase mas adelante acordaron los caballería les tomaba los pasos por donde les venian. dos generales de venir á habla. Para esto el Gran Ca- Acordaron salir dende, y por la via que antes llevaran pitan, compuestas que tuvo las cosas de Taranto, vino volvieron a ponerse á la ribera del rio Ofanto. Allí, por á Atela, el duque de Nemurs á Melli, pueblos de la estar muy cerca de Barlela, á los últimos de agosto el Basilicata. Está en medio del camino una ermita de Gran Capilan con su gente muy en órden les presentó San Antonio; allí acordaron de verse. Llevaron el uno la batalla. Como no saliesen á ella, antes continuasen y el otro sus letrados que alegasen del derecho de cada su camino la vuelta de Melfi, algunos capitanes de cauna de las partes. Los franceses decian que la parte ballos les fueron picando en la retaguardia de manera, de España rentaba setenta mil ducados mas que la de que les mataron alguna gente y les tomaron buena Francia, y que era justo, conforme a lo acordado, ho- parte del fardaje y parte de la recámara del duque de biese recompensa. Los españoles replicaban que de- Nemurs y señor de Aubeni, caudillos principales de bian ante todas cosas ser restituidos en la Capitinata, aquel campo. Esperaban los franceses otros mil suizos de que á tuerto los despojaran, y que hecho esto, serian que eran llegados á Nápoles y cuatrocientas lanzas que contentos de cumplir con lo demás que tenian asenta- llegaran á Florencia, y hasta su venida no se querian do. Despidiéronse sin concluir nada, dado que entre aventurar. El Gran Capitan para prevenirse hacia inslos generales hobo toda muestra de amor y todo género tancia con el Rey le enviase con su armada gente y de cumplimiento. Visto que ningunas diligencias eran dineros, en particular pedia cuatrocientos jineles y bastantes para acordarse, determinaron encomendarse dos mil gallegos y asturianos. Al embajador don Juan á sus manos. Escribieron á sus reyes esta resolucion, Manuel avisó en todo caso le encaminase dos mil alehicieron instancia cada cual de las partes para preve- manes para mezclallos con los españoles; y para recepirse de socorros, de gente y de dineros. Junto con es- billos y encaminallos por el mar Adriático envió á An10, el Gran Capitan, por la falla que padecia de man- cona á mícer Malferit. El rey Católico no se descuidaba; tenimientos, repartió parte de sus gentes por las tierras antes mandó aprestar una armada y por su general á del Principado. El capitan Escalada con su compañía Bernardo de Vilamarin, para que llevase dineros y genllegó al lugar de Tripalda; echó algunos franceses que te, en particular docientos hombres de armas y otros allí alojaban, y se apoderó de aquella villa, que está tantos jinetes en algunas galeras, de las cuales le nomtreinta millas de Nápoles. Otros capitanes españoles se bró por almirante. Por otra parte , persuadia al César apoderaron al tanto de otras plazas por aquella comar- liciese la guerra en Italia á que tenia tanto derecho, y ca. Eslo tuvieron los franceses por gran befa, tanto, pusiese en posesion de Milan uno de los hijos del Duque que llegó á oidos del rey de Francia, y mandó embar- despojado, que andaban desterrados y pobres en su gar todos los bieves que los españoles tenian en aquel corte. Venia otrosi en que pusiese en Florencia al dusu reino; resolucion que parecia muy nueva y exorbi- que Valentin para que tuviese aquel estado por el impetante, que sin pregonar la guerra ni dar término á los rio con título de rey; esto por tener al Papa de su españoles para salirse de Francia, les quitasen sus bie- parte, que sumamente lo deseaba, con quien el rey nes y mercadurías. El rey Católico hacia todavía ins- Católico pretendia por medio de su embajador aliarse. tancia que los suyos se concertasen, aunque fuese necesario dejar á los franceses lo que tenian en la Ca

CAPITULO XIV. pitinata, que era la mayor parte. Tornaron pues los

Que el Archiduque partió para Flandes. generales á juntarse de nuevo en aquella ermita de San Antonio, nombraron personas que hiciesen el reparti- Entretúvose el rey Católico algunos dias en Toledo miento de nuevo, de manera que los franceses mostra- para festejar á los príncipes, sus hijos, que dejó allí ban contentarse, ca entraban en division el Principado, con la Reina, y él con intento de allanar los aragoneBasilicata y Capitinata, que era todo lo que podian de- ses, partió la via de Zaragoza á los 8 del mes de julio. sear. Mientras este repartimiento se hacia , los france- Tenia convocadas Cortes de los aragoneses para los 19 poles.

del mismo mes; desde el camino envió prorogacion Rey para que se viniese á concordia, de que por el misdellas. Hallábase en Zaragoza por principio del mes de mo tiempo habia dado intencion y propuesto se restisetiembre. Allí, por la priesa que el Gran Capitan daba tuyese el rey don Fadrique en su reino con ciertas conpor la armada, dió órden que se acabase de aprestar diciones y tributo que queria le pagase; donde no, que otra de nuevo á toda diligencia, y que con parte della los dos reyes renunciasen sus partes, el Católico en su partiese Manuel de Benavides, y en su compañía cua- nieto don Cárlos, y el de Francia en su hija Claudia, para trocientas lanzas, por mitad hombres de armas y jine- que le llevase en dote y se efectuase el casamiento entes, y trecientos infantes. Poco adelante mandó que tre los dos como lo tenian concertado. Todo esto pacon el resto de la armada parliese Luis Portocarrero, reció entretenimiento, y á propósito para descuidar al señor de Palma, caballero que mucho sirvió en toda rey Católico y tomar á sus capitanes desapercebidos. la guerra de Granada, para que con igual poder al En conclusion, el Archiduque partió de Madrid, donde Gran Capitan ayudase en aquella guerra. Fueron en su dejó con sus padres á la Princesa ; tomó el camino de compañía en aquella jornada (recientos hombres de Aragon y de Cataluña y por la villa de Perpiñan. Vínoarmas y cuatrocientos jinetes y tres mil infantes. Todo le allí el salvoconducto del rey Ludovico, con que enfué necesario por el mucho aprieto en que las cosas es- tró en Francia , y siguió su camino hasta Leon, en que taban en aquel reino, especial en Calabria. Junto con á la sazon se ballaba el rey de Francia y el cardenal do esto trató el Rey de ligarse con venecianos, que mos- Ruan, legado del Papa; pero esto fué al fin deste año y traban inclinarse mucho á ello. Para mejor expedicion principio del siguiente. Volvamos á la guerra de Núdeste particular tornó á enviar a Lorenzo Suarez de Figueroa á Venecia para que lo concluyese y ofreciese á aquella señoría de su parte ayuda para lo de Milan ó

CAPITULO XV. del Abruzo, provincias de que mucho deseaban apoderarse. Hizose la proposicion de Cortes en Zaragoza el

Si fuera conveniente que el rey Católico pasara 1 Italia. dia señalado. Pidió el Rey que pues el principe don Continuábase en esta sazon la guerra en el reino do Miguel era muerto, jurasen por príncipes á la archidu- Nápoles, y el fuego se emprendia por todas partes. La quesa doña Juana, como hija mayor suya, y á su ma- mayor fuerza cargaba en lo de la Pulla y en Calabria. rido. Asimismo pedia le sirviesen para la guerra de Los principes de Salerno y de Bisiñano y Rosano y el Nápoles, pues era tan propia de aquella corona. Vinie- conde de Melito estaban en aquella parte muy declararon los aragoneses fácilmente en lo que se les propo- dos por Francia. Acordaron los franceses de acudir á nia. Entre tanto que se trataba de la ayuda para la guer- aquella provincia con mas fuerzas; para esto que en la ra, proveyó el Rey que los principes apresurasen su Capitinata quedase el señor de Alegre con trecientas venida, que aun no eran llegados. Fueron recebidos lanzas, en tierra de Bari monsieur de la Paliza con otras con mucha alegría, y á los 27 dias de octubre les hi- trecientas y mil soldados; para guarda de la Basilicala cieron el homenaje con las ceremonias y prevenciones nombraron á Luis de Arsi con cuatrocientas lanzas y que los aragoneses acostumbran. Así la princesa doña alguna gente de a pié. El duque de Neinurs pretendia Juana fué la primera mujer que en Aragon basta enton- ir á Calabria con docientas lanzas y mil insuntes, y ces se juró por leredera, ca la reina doña Pelronila no que monsieur de Aubeni quedase en Espinazola con 10fué jurada por princesa, ni entonces se usaba , sino re- da la derás gente á veinle y cuatro millas de Barlela. cebida por reina. Parliose poco despues el Archiduque Porsió el de Aubeni que le consignasen lo de Calabria, para Madrid, y tras él la Princesa; hízola el Rey com- ca pretendia el ducado de Terranova, de que hiciera pañía. Para presidir en las Cortes de Aragon hasta que merced el rey Católico al Gran Capitan. Por esta porfia se concluyesen, nombró á su hermana la reina de Ná

concertaron que ambos se enderezasen hacia la parte poles, la cual de meses atrás publicó querer pasar á de Calabria. Con todo, el de Aubeni fué primero á la Italia, y con este intento se partió de Granada, donde á tierra de Bari con ciento cincuenta lanzas y mil infaula sazon residian los reyes. Acordaron que todo el tiem- tes. El de Nemurs, dado que publicaba ir á Calabria, po que en Aragon se deluviese fuese gobernudora de revolvió la via de Taranto. Tomó de camino á Malera y aquel reino como antes lo era don Alouso de Aragon, Castellaneta, pueblos de poca defensa; y desbaraló al arzobispo de Zaragoza, hijo del rey Católico. El Ar- conde de Matera y al obispo de Mazara que balló en Mas chiduque de mala gana se detenia en España; y de peor tera con alguna gente. Con esto se puso sobre Taranto, sus cortesanos, por los cuales se dejaba gobernar, en do pensó ballar al duque de Calabria, que nueve dias especial por el arzobispo de Besanzon que le hizo com- antes de su llegada era ya partido para Sicilia. Salieron pañía en este viaje, y falleció en España los dias pasa- algunas compañías de españoles que alojaban en aquedus, y por el señor de Vere, personas de aficion muy lla ciudad, cargaron con tal denuedo y dieron sobre las franceses. Tomó color para partirse que Flándes quedó estancias de los contrarios, que los forzaron á levantar á su partida desapercebida de gente; que por causa del con vergüenza el campo y pasalle a una casa suerte, rompimiento entre España y Francia podria recebir al- distante á veinte y dos millas de Taranto, y esto con gun daño si él no asistiese. Procuraron los reyes apar- intento de revolver sobre el territorio de Bari y allí juntalle deste propósito, mayormente que la Princesa se tarse con el de Aubeni y apoderarse de Bitonto ó encaballaba muy preñada. No bastó diligencia alguna pi minarse á Calabria. Sucedió que los franceses que alopara detenelle ni para que no pasase por Francia en jaban en la Basilicata, que era el mayor golpe del campo liempo tan revuello. Decia él que seria parte con aquel l francés, enviaron á Barlela un trompela enderezado á

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don Diego de Mendoza , con un cartel en que once ca- | hombre que quiere emprender alguna cosa grande dballeros franceses desafiaban otros tantos españoles be hacer balanzo de lo que en aquella pretension se para hacer con ellos el dia siguiente á hora de nona puede ganar, con lo que se aventura á perder. Porque campo. Señalaron lugar entre Barleta y Viseli y asegu- como no acometer empresas dificultosas es de bajo Cráronle. Ponian por condicion que los vencidos queda- razon, así es temeridad por las de poco momento poner sen por prisioneros de los vencedores. Aceptó el desa- á riesgo lo que es mas. En este negocio si miro la refío el Gran Capitan, si bien el término era muy breve. putacion, que importa mucho conservar , veo que será Escogiéronse los once, y entre los demás el muy famo- mayor si vuestros capitanes salen con la victoria, y si so Diego García de Paredes, que, como muy valiente se pierde, menos daño que ellos sean vencidos que su que era , sirvió en esta guerra muy bien, y al principio señor. Principalmente que la guerra podrá estar condella pasó en Calabria por coronel de seiscientos solda- cluida cuando lleguemos allá, que forzaria á dar la vueldos. El dia siguiente luego por la mañana se pusieron ta con mengua y sin hacer nada ; pues si por los nuesen órden. El Gran Capitan para animallos delante Fa- tros estuviese la victoria, será suya la honra, y nuestro bricio y Próspero Colona y el duque de Termens y trabajo en balde; y si fuesen vencidos, ¿qué fuerz:s otros muchos caballeros les habló en esta manera : «La bastarán á comenzar de nuevo el pleito aunque se haprimera cosa que en el hecho de las armas deben Jos llasen juntas todas las de España? Las potencias de Italia caballeros hacer es justificar su querella. Desta no hay están á la mira, inclinadas á seguir el partido de Espaque dudar, sino que la justicia de nuestros reyes es ña; si se persuaden hay flaqueza de nuestra parte y muy clara, y que por el consiguiente será muy cierta que no bastan las fuerzas, sino que es necesaria la prela victoria. Concertaos por tanto muy bien y ayudaos sencia del Rey, podrán tomar otro camino. Yo no sos en el pelear como lo sabeis hacer, y acordaos que en de parecer que los principes pasen en ociosidad su vida; el trance desta pelea se aventura la reputacion y honra pero tampoco deben poner á peligro sus personas en de nuestra patria, el servicio de nuestros reyes y el casos no necesarios. ¿Quién no ve los peligros del mar bien y alegría de todos los que aquí estamos, títulos en navegacion tan larga ? Quién no mira cuán grande que cada cual dellos obliga al buen soldado á posponer es por la mar el poder de ginoveses y cuán pujantes la vida y derramar por ellos la sangre. Que si no es con están, en especial si con ellos se juntan las armadas la victoria, ¿con qué rostro volveréis, soldados? ¿Quién de Francia, como se puede temer para hacer rostro á os mirará á la cara?» A estas palabras respondieron to- las nuestras? Quién será de parecer que la vida y sados que estaban prestos á perder las vidas antes que lud del Rey se aventure en el trance de una batalla nafaltar al deber. Salieron con cuatro trompetas y sendos val, donde tanta fuerza tiene la ventura y tan poco

el pajes. Entraron en la liza una hora antes que los con- valor? Como se puede considerar en vuestro tio el rey trarios. El combate fué muy bravo; el suceso que de don Alonso cuando fué vencido y preso con sus herm:los franceses quedó uno muerto y otro rendido y nue- nos por pocas naves de Génova. No digo nada del desve heridos , y muertos otros tantos caballos. De los es- gusto de los grandes que podrán alterar el reino si se pañoles uno rendido y dos heridos y tres caballos ausenta el que los enfrena y tiene á raya. Cuando tolo muertos. Llegó el combate hasta la noche; no pudie- lo demás cesase, ¿cómo podréis dejar á la Reina, que ron los españoles rendir á los franceses que peleaban á está doliente y sentirá á par de muerte semejante viaje? pié, porque se hicieron fuertes entre los caballos muer- Si algunos reyes de Aragon pasaron el mar, los tiempos tos; así, aunque el daño que recibieron fué mayor, lo- y ocasiones eran diferentes, y no siempre nuestros mados salieron del palenque por buenos, de que el Gran yores en sus hechos acertaron. Que deseeis vestir arCapitan mostró mucho descontento, que pretendia sa- nés y hallaros en la guerra, no me maravillo, pues as lieran del campo los españoles mas honrados y no de- criastes en ella desde vuestra niñez; pero mi parecer es sistieran hasta tanto que a todos los contrarios tuvieran que si esto pretendeis la rompais por España y forceis rendidos y quedara por ellos el campo. A esta sazon el al enemigo á volver á sus fuerzas á estas partes, traza rey de Francia para dar mas calor á aquella guerra y con que enflaquecerá en lo de Nápoles y aun porná á acudir de mas cerca á todo lo necesario, se determinó riesgo lo de Milan. Este , señor, es mi parecer; si acer« pasar en Italia puesto que se deluvo en Lombardia. Lo tado, sean á Dios las gracias; si contra el vuestro, memismo pretendia hacer el rey Católico, y este intento rece perdon mi lealtad. Lo que vos determináredes esa llevaba cuando fué á Zaragoza á que le convidaban los será lo mejor y mas acertado; y si fuere de ir á Italia, ejemplos de sus antepasados los reyes de Aragon, que yo seré el primero que con esta edad y canas os haré con su presencia en Cerdeña, Sicilia y Nápoles aca- compañía , ca resuelto estoy de aventurar vida y habaron cosas que por sus capitanes no pudieran ó con cienda antes que faltar en lo que soy obligado; mas el gran dificultad. Era este negocio muy grave. Consul- que es consultado, debe libremente decir lo que siente, tóse con grandes personajes. Los pareceres, como sue- y el que consulta oir con paciencia y de buena gam Je acontecer, eran diferentes y contrarios. El comen- al que habla.» Grande fué el aplauso que los que se hadador mayor don Gutierre de Cárdenas, persona muy llaron presentes dieron a las razones del Comendador anciana y de grande experiencia, en una consulta que mayor, que parecicron muy concertadas y dignas de se tuvo sobre el caso hizo un razonamiento en presen- dersona tan avisada. Divulgóse este parecer, y un precia del Rey desta sustancia: «Yo quisiera, señor, lado, cuyo nombre no se dice, sin ser consultado sobre negocio tan grave oir antes que hablar; pero pues soy el caso, dió al Rey escrito un papel desta sustancia: mandado, diré lo que siento con toda verdad. Todo «El atrevimiento que tomo de dar consejo sin ser lla

en

omado merece perdon; pues el negocio es comun, to- »trarios. Que si todavía parece duro que el Rey se halle odos tenemos licencia de hablar. Si los inconvenientes ven las batallas y ponga á riesgo su vida, por lo menos »y peligros se deben considerar tan por menudo como »podrá ir á Sicilia, visitará aquel su reino, y dará asienpel Comendador mayor dicen los ha encarecido, nadie oto en sus cosas, y con mas calor se acudirá como de yacometerá hecho alguno que tenga dificultad. Ni el »tan cerca á la guerra de Calabria y Pulla. Esto es lo que

plabrador se pondrá al trabajo de la sementera, ni el pi- »yo siento en el caso presente; bien sé que mi parecer : ploto á los peligros del mar, ni el soldado embrazará las ono agradará á todos, mas no son peores las medicinas

parmas con riesgo de su vida, finalmente, nadie cum- »que no dan gusto al paladar.» El voto del Obispo, aun»plirá con su oficio. Esta es la miseria de los hombres, que libre, pareció á muchos muy acertado, aun á los oque ninguna cosa grande da Dios ó la naturaleza álos mismos que deseaban lo contrario; y si no se conforvmortales sino á costa de mucho afan. No hay duda sino maban con él, mas era por falta de voluntad que por nque el primer oficio y mas proprio de los reyes es el no aproballe. Siguióse pues el del Comendador mayor scuidado de la guerra, de juntar y gobernar sus huestes, que era mas á gusto de todos y mas recatado; en espe. vsea para defenderse, sea para acometer cuando es ne- cial que se le arrimaron don Enrique Enriquez, tio del »cesario; y nadie puede negar sino que esto se hace me- Rey, don Alvaro de Portugal, presidente del Consejo vjor en presencia del Rey que por otro, sea quien fuere. Real, Garci Laso de la Vega, Antonio de Fonseca y Her»Acúdenle sus vasallos y acompáñanle; los pequeños, nando de la Vega, personas de grande autoridad y comlos medianos y los mayores tienen por cosa vergon- nocida prudencia. El mismo Gran Capitan por sus caruzosa quedarse en casa cuando su cabeza y su Rey se tas se conformaba con esto, y aun daba por muy cierta ppone al trabajo. Nadie se desdeña de seguille, como la victoria, seguridad que en los grandes capitanes no dquier que muchos tengan por afrenta ser gobernados se suele tener por acertada. A la verdad las asonadas »por los que son menos que ellos. El ejemplo está en la de guerra que por las fronteras de Francia se mostra

omano. ¿Cuál de los grandes, decidme, es ido a la guer- ban no daban lugar á que la persona del Rey se ausen: ora de Nápoles con tener el general partes tan aventa- tase. njadas en todo? Fuera desto, el dinero, municiones y

CAPITULO XVI. plodo lo demás se despacha mas en breve. Las determiopaciones en las dificultades son mas acertadas cuando

Que los españoles segunda vez presentaron la batalla

á los franceses. vel Rey ve por sus ojos lo que pasa. Lo que viene de tan plejos determinado y proveido tarde llega , y muchas Al mismo tiempo que en Zaragoza se trataba de la preces fuera de sazon, por no decir que las mas veces jura de los principes archiduques, el partido de Esyra errado. El amor de los soldados para con su princi- paña iba muy de caida en Calabria. Acudió el Virey á øpe es la cosa mas importante en la guerra; este nace Mecina, juntó la gente extranjera que pudo para socorvdel conocimiento, porque son como los perros, y así los rér á los suyos. De Roma, don Hugo y don Juan de Carpllama Platon, que halagan á los que conocen, y ladran dona, hermanos del conde de Golisano, dejado el cópálos extraños. En presencia de su principe que los ha modo que tenian muy honrado acerca del duque Valenode premiar, los valientes se hacen leones, y los cobar- tin en la Romaña, á persuasion del embajador Francisco odes se avergüenzan. Homero aludió á esto cuando fin- de Rojas llevaron á la misma ciudad docientos y cuange que los mismos dioses se hallaban en las batallas, renta soldados, gente escogida. Luego que llegaron al ny que el rey Agamenon llamaba por sus nombres á to- puerto de Mecina, con su gente y la demás que pudieodos los soldados. Por cierto Alejandro y César nunca ron recoger, pasaron el faro á tiempo que el conde de phazañas tan grandes acabaran si quedándose en su Melito, hermano del príncipe de Bisiñano, tomada Teroregalo se encomendaran á sus capitanes. ¿Quién echo ranova, siliaba el castillo y le tenia muy apretado. Don ppor el suelo la grandeza del imperio romano? ¿Los Hugo hizo marchar la gente hacia aquella parte, y dess príncipes que se contentaron de dar órden en las co- baratado el Conde que le salió al encuentro, hizo alzar }sas de la guerra desde su casa ? Y por dejar cuentos el cerco, y aun los principes de Salerno y de Bisiñano, pantiguos, yo creo, señor, que los moros se estuvieran que estaban sobre Cosencia , fueron forzados, dejado phoy en España si vos mismo no fuérades á la con- aquel cerco, por reparar el daño á bajar a la llanura de nquista de Granada. Cárlos, rey de Francia, ¿cuán en Terranova. Sucedió este encuentro cuatro dias antes abreve allanó con su presencia todo lo de Nápoles ? Su que Manuel de Benavides llegase con la gente que traia sausencia fué causa que se volviese á perder lo gana- en quince naves al puerto de Mecina. Entre los demás ndo. Los trabajos no son grandes á causa que á los re- capitanes vino Antonio de Leiva, soldado muy bravo uses nunca falta el regalo y el servicio; y el aplauso y capitan muy prudente, y mas en lo de adelante. Panque todos les dan hace que se sientan menos las inco- saron lo mas en breve que pudieron á Calabria para amodidades. Pues ¿qué diré de los peligros del mar? | juntarse con don Hugo y con los demás. Acordaron los »¿Cuándo vimos algun rey ahogado? Por cierto muy raras principes, que se recogieron en Melito, que el Conde pveces. Y si el rey dou Alonso quisiera excusar aque- con selecientos suizos y algunos caballos y gente de la olla batalla naval con que nos espantan, nadie le forzara tierra fuese á ponerse sobre Cosencia. Llegó á alojar á la ná dalla. La mucha confianza de sí, el desprecio de los Mota de Calamera, que está tres millas de Rosano , do Denemigos fueron ocasion de aquel desastre, del cual alojaba la mayor parte de los españoles, que amanecievsalió tan bien por el respeto que á su persona se tuvo ron sobre aquel lugar, y como era flaco y abierto, le enncomo á rey, que fué casi el todo para allanar sus con- traron. De los contrarios, unos fueron muertos, otros huyeron, algunos con el Conde se retiraron al castillo. allí á Francisco Ursino, duque de Gravina , que se fue Y porque se tuvo nueva que el señor de Aubeni con á ver con él, junto con Pablo Ursino, Vitelocio y Olitodo su poder iba en socorro del Conde, los españoles veroto de Fermo. El Papa, avisado desto al tanto, hiz dieron la vuelta á Rosano. Por el mismo tiempo Fabri- luego en Roma prender al cardenal Ursino. Todo se encio de Gesualdo, hijo del conde de Conza y yerno

del

derezaba á ejemplo de los coloneses , que andaban des principe de Melli, que era frontero de Taranto, fué á terrados y pobres por la violencia del Papa, a destrui correr la tierra de aquella ciudad. Salieron contra él Luis asimismo la casa de los Ursinos y apoderarse de sus de Herrera y Pedro Navarro, capitanes de la guarnicion estados, sin embargo que poco antes hiciera una estre en Taranto. Esperaron en cierto paso á los contrarios, cha confederacion con ellos. Poco despues cobró é en que todos fueron presos ó muertos, que no escaparon mismo á Perosa y Civita Castelli, y aun pretendia aposino tres; el mismo Fabricio quedó cautivo. En lo de- derarse de las repúblicas de Sena, Luca y Pisa. Solo más de la Pulla se hacia la guerra tanto con mayor calor, enfrenaba esta su codicia demasiada el temor del rey de que cada cual de las partes pretendia cobrar la aduana Francia, que tenia eslas ciudades debajo de su protecde los ganados, que es una de las mas gruesas ren- cion, con que podia desde Francia enviar sus gentes tas de aquel reino. Los encuentros fueron diversos, que hasta Nápoles como por su casa sin que nadie le pusiese seria largo el relatallos por menudo; el daño de los na- impedimento; dado que la guerra entre Florencia y Pisa turales muy grande. Españoles y franceses hacian pre- se continuaba, y los pisanos por valerse del rey Catósas en los ganados de la gente miserable. Por atajar lico pretendian poco antes deste tieinpo ponerse debajo estos daños acordó el duque Nemurs en Cunosa , do de su amparo. No quiso él por entonces tratar dello por estaba, de venir con todo su campo á romper una respetos que tuvo; cuando quiso volver a la plática era puente del rio Ofanto, distante cuatro millas de Bar- pasada la coyuntura. De Portugal dos primos, Alouso y leta. Parecíale que, quitada aquella comodidad, los Francisco de Alburbergue, con cada tres naves particcontrarios no podrian con tanta facilidad pasar á hacer ron para la India Oriental. correrías en la Pulla, en especial al tiempo que aquel rio con las lluvias coge mucha agua. Asimismo el señor

CAPITULO XVII. de Aubeni, luego que entró en la Calabria, fué sobre los

Que el señor de la Paliza fué preso. contrarios que se hallaban en Terranova. El lugar era flaco y falto de bastimentos; acordaron dejalle y por El Gran Capitan en Barleta, do tenia sus gentes, se la sierra pasar á la Retromarina. Atajáronles los pasos ballaba en grande aprieto, y era combatido de contralos franceses. Así, en aquellas fraguras hicieron huir de rios pensamientos. Por una parte no queria salir al camlos españoles la gente de a pié, y de los caballos pren- po hasta tanto que asegurase su partido con la venida de dieron hasta cincuenta, parte hombres de armas, parle los alemanes, y el socorro que de España venia , que jinetes, los mas de la compañía de Antonio de Leiva, aguardaba por horas. Por otra parte la falta de basti. que en aquella apretura peleó con mucho esfuerzo; los menlos le ponia en necesidad de desalojar el campo, ! mas empero se retiraron á Girachi y otras fuerzas de ir en busca del enemigo, que tenia su gente repartida en aquella comarca. Con esta rota, que fué segundo dia de Monorbino, donde el general estaba, y Canosa y CiriNavidad, ganó tanta reputacion el señor de Aubeni, que ñola, pueblos mas proveidos de mantenimientos. En esta .casi toda la Calabria se tuvo luego por él. Cuatro dias perplejidad siguió el camino de en medio, que fué enadelante el de Nemurs, como lo tenia acordado , vino viar diversas compañías y escuadrones a correr la cocon su cam po sobre la puente de Ofanto, y con la arti- marca, traza muy á propósito para juntamente conserlleria abatió el arco de en medio junto con una torre var la reputacion, ejercitar su gente y entretenerse con que á la entrada de aquella puente quedó medio derri- las presas. Con esta resolucion, á 15 de enero, salió de bada desde que los dias pasados pasó otra vez por allí.

Barleta. Envió delante al comendador Mendoza con Tuvo el Gran Capitan aviso de la venida del duque de trecientos jinetes para que corriesen la tierra hasta Nemurs. Hizo venir la gente que tenia en Andria, que Labelo, distante veinte y cinco millas de allí, y que era buen golpe. Tardaron algun tanto, pero en fin pudo alcanzaba buena parte de la aduana. El con la demás salir á tiempo que descubrió los contrarios; mas ellos gente se puso á cuatro millas de Monorbino para hacer no quisieron aguardar, antes volvieron por el camino rostro si los franceses saliesen contra los suyos. Arran. que eran idos. Envió el Gran Capitan á decir al Duque caron los corredores en aquella salida mas de cuarenta con un trompeta que ya él iba , que le aguardase. Res- mil ovejas. Salieron de la Ciriñola docientos hombres pondió que cuando Gonzalo Fernandez estuviese tan de armas y otros tantos archeros para juntarse con otros cerca de Canosa como él llegó de Barleta, le daba la tantos que alojaban en Canosa y ir juntos á quitalles palabra de salir á dalle la batalla. A este mismo tiempo la presa. La gente del Gran Capitan los quiso atajar, por la via de Alicante llegó á Madrid, do los reyes se pero con mal órden, que fué causa que se pudiesen hallaban, el duque de Calabria; y magüer que iba pre- entrar en Canosa, aunque con pérdida de alguna gente

. so, el tratamiento y recibimiento que se le hizo fué No salió el de Nemurs, y así los nuestros se pudieron como á hijo de rey. Por otra parte, el duque Valentin recoger con la presa que llevaban. Cuatro dias despues hacia la guerra en la Romaña con grande pujanza , por aviso que tuvieron que el señor de la Paliza salia el primer dia de enero del año de 1503 se lo entregó con quinientos caballos á correr lo de Barleta, salieron Senagalla, que era del hijo del Prefecto, sobrino del el Gran Capitan y don Diego de Mendoza á ponerse en cardenal Julian de la Ruvere. Sobre seguro prendió dos pasos por donde los franceses forzosanjeute habian

ca

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