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demás ciudades de aquel bando no fuese en algun tiempo imputado ni parase perjuicio el haber seguido el partido de Francia. Tomado este asiento, á la hora se comenzaron á embarcar á toda priesa los que querian ir por mar. Teodoro Trivulcio salió luego con la gente italiana y francesa que pretendia ir por tierra. Hecho esto, miércoles, á 3 de enero, se hizo la entrega de la ciudad y castillo de Gaeta, y los prisioneros de nuestra parte se pusieron en libertad. El cargo del castillo y gobierno de aquella ciudad se encomendó á Luis de Herrera, premio muy debido á sus servicios. La temencia de Taranto que él tenia se dió á Pero Hernandez de Nicuesa. Dos dias despues de la entrega llegó allí monsieur de Aubeni y hasta mil y docientos prisioneros franceses. El de Aubeni se embarcó luego, los demás con salvoconducto se encaminaron por tierra. Los mas murieron por el camino; el mismo marqués de Saluces falleció en Génova. El señor de la Paliza, uno de los prisioneros franceses no entró en esta cuenta por estar ya puesto en libertad á trueque de don Antonio de Cardona, hermano de don Hugo, que prendieron los franceses los meses pasados. Fué don Antonio muy buen caballero, y sirvieron él y sus hermanos muy bien. Por esto el rey Católico le hizo merced de la Padula, que era del conde de Capacho, con título de marqués. Algunos fueron de parecer que el Gran Capitan no se debiera apresurar tanto en el asiento que tomó, y que no fué buen consejo por una ciudad poner en libertad tan gran número de prisioneros, y entre ellos personas de mucha calidad. A la verdad ¿quién podrá contentará todos, enfrenar los juicios y lenguas de tantos? Decian que con paciencia, pues era señor del campo, pudiera sujetar aquella plaza y las demás, y no ponerse al riesgo de que tales capitanes podian ser ocasion si la guerra se renovase. A esto el Gran Capitan respondia que de pólvora y balas se gastaria mas de lo que importaba aquel peligro. Que era mas conveniente cerrar aquella llaga presente que recelar las que el de Aubeni y los otros prisioneros podrian hacer con sus lanzas; que perro muerto no ladra, y huido no hace mal; que de ser muertos, óidos, no podian los prisioneros escapar. En fin, los grandes caudillos tienen sus razones que les hacen fuerza, y nadie sabe dónde les aprieta el calzado. Las razones principales que se puede entender le movieron eran: la primera la falta de dinero para pagar y socorrer á los soldados, y de bastimentos para sustentallos; recelábase por esta causa de alguna nueva borrasca, y deseaba concluir y asegurar su partido; la segunda que el Papa era muy francés, y en Civitavieja tenia armadas dos naves para enviar á los cercados municiones y bastimentos, fuera de otras dos carracas que estaban á la cola en Aguasmuertas para lo mismo. Sobre todo se sabia que daba todo favor á los angevinos, y que tenia enviado el marqués del Finalá Francia con intento de casar el hijo del duque de Lorena con una hija suya, y procuraba por el derecho que pretendia tomase la conquista del reino, y para ello le ofrecia de ayudalle hasta echar los españoles de todo él y aun para cobrará Sicilia. Cuando este casamiento no se concertase, remontaba en su fantasía de casar el Prefecto, su sobrino, con hija del rey don Fadrique,

con oferta de ayudalle para recobrar el reino. La postrera consideracion y mas grave fué que se tuvo por cierto se concluiria la plática tantas veces movida entre los dos reyes de la restitucion del rey don Fadrique, que el Papa apretaba con todas sus fuerzas; nueva que para las cosas de aquel reino hizo increible daño, ca los aficionados á la parte de España se encogian y aun se retiraban como los que pensaban tener en breve otro dueño; y los aversos se desenfrenaban en palabras y aun en obras. Sobre todo que los pagamentos se detenian á causa que las comunidades y oficiales querian reservar aquel dinero para el rey don Fadrique, si allí volviese; así, la falta y necesidad apretaba de cada dia mas. Por esto, concluido lo de Gaeta, con deseo de acabar antes que hobiese alguna novedad que desbaratase todo lo hecho, luego despachó al duque de Termens para gobernar el Abruzo y allanar en él las tierras del marqués de Bitonto. A Bartolomé de Albiano contra Luis de Arsi, que todavía se hacia fuerte en Venosa. Contra el conde de Conversano fueron el conde de Matera y Pedro de Paz. Sitiaron dentro de Laurino al conde de Capacho, Gil Nieto y Pedro Navarro, que le dieron licencia para que con su mujer, hijas y ropa comun de su casa se fuese á Trana, que se tenia por venecianos; pero que dejase los ganados, artillería y municiones. En Calabria Gomez de Solís despojó al príncipe de Rosano de su estado. Solo le quedaba Sanseverina y la ciudad de Rosano, sobre la cual estaba la gente de España, y en ella le tenian cercado. Pretendia otrosí el Gran Capitan acometer el estado que el Prefecto tenia en el reino. Previno él este daño, ca luego se vino á reducir, é hizo alzar las banderas de España en todos sus lugares. Recibióle el Gran Capitan en su gracia, si bien entendia cuán francés era y que venia á la obediencia mas forzado que de grado; en que no se tuvo respecto á sus deméritos, sino á ganaró entreteneral Papa, su tio, para que no hiciese algundaño. La ciudad de Rosano al fin se rindió á partido por los naturales, donde fué preso el Príncipe con otros muchos barones. Sanseverina hizo poco despues lo mismo. A Conversano tomó Pedro de Paz por combate. Con esto toda la Calabria quedó llana; para gobernalla nombraron en lugar del conde de Ayelo, poco á propósito por su vejez, á don Hugo de Moncada.

CAPITULO VII. De las treguas que se asentaron entre España y Francia.

Dado que hobo asiento á las cosas de Gaeta y dejado órden que aquella ciudad por excusar el gasto de guardalla, que fuera mucho, se poblase de españoles, el Gran Capitan se fué sin dilacion á Nápoles, donde le recibieron con tan pública alegría y fiesta como si fuera su rey natural muy amado y qué entrara victorioso. Allí hizo llamamiento general de los barones del reino y universidades, porque muchos, aunque dieron obediencia al Rey, no prestaron los homenajes. A los que sirvieron bien en aquella guerra daba las gracias y los gratificaba; en particular á Bartolomé de Albiano señaló en el principado de Bisiñano ocho mil ducados de renta, y entre sus deudos repartió otros dos mil

docientos conforme á los méritos de cada cual. Estos favores que hacia á los Ursinos escocian á los coloneses grandemente, tanto, que entraron en algunos desgustos. Mas enemigos engendra la envidia que la injuria. Pasó esto tan adelante, que Próspero Colona se determinó ir á España para dar allí sus quejas y hacer mudar el gobierno. Fabricio desde Roma envió á pedir al Gran Capitan licencia para servirá la señoría de Florencia. El la dió, porque no se la tomase y fuese mayor el rompimiento. Tratóse muy de veras de poner en órden lo que tocaba á la buena ejecucion de la justicia, negocio muy necesario, porque las revueltas, enemistades y roturas del tiempo pasado dieran ocasion á que se hiciesen muchos agravios y grandes. Procuraba con agrado de los pueblos que el Rey fuese servido con alguna suma de dineros para ayuda á los grandes gastos pasados y presentes, y pagar la gente que pretendia conservar y entretener y la repartia por los lugares en que cuidaba darian menos molestia. Algunas compañías de españoles que sabia era gente muy perdida y de poco provecho y costaban mucho envió en dos naves á España con algun dinero que les dió y las vituallas necesarias; que fué descargar aquel reino, como cuerpo enfermo, de malos humores. Juntamente con esto entendia en reparar los daños de la guerra, igualar los muros, fortificar los castillos, en especial los de Nápoles, en que puso gran cuidado, y el de Gaeta. A Capua fortificaba de tales reparos y baluartes, que se tenia por mas fuerte que si la ciñeran de muros; todo á propósito de estar apercebido si los enemigos de nuevo acometiesen alguna novedad en aquel reino, en que tenia tanta autoridad, que todo lo hallaba fácil, y salia con todo lo que intentaba; y aun en toda Italia ganara tanta reputacion, que á porfía las ciudades della se le ofrecian para pasarse al servicio de España, en especial Génova, en conformidad de las dos parcialidades de adornos y fregosos queria concertarse con España, y con dos mil soldados que les enviase ofrecian levantarse contra Francia. Julian de Médicis, hermano de Pedro de Médicis el que se ahogó en el Garellano, ofrecia por ser restituido en Florencia, de donde andaba forajido, de servir cada un año entre él y los suyos con cien mil ducados. La comunidad de Pisa por defenderse de florentines, con quien traian guerra, ofrecia darse por vasallos ó meterse debajo de la proteccion del rey Católico, como él mas quisiese. Lo mismo pretendia la ciudad de Arezo en Toscana por salir de sujecion de florentines; y aun por este tiempo el señor de Pomblin se puso y fué recebido en la proteccion de España; ciudad, aunque pequeña, importante, llave y escala para la defensa del reino. Finalmente Pandolfo de Petrucis, por sí y por Sena, su ciudad, y Pablo Ballon, por sí y por Perusa, movieron los mismos tratos. Hasta de Milan se le ofrecieron seiscientos ciudadanos della de ayudar y servir, si quisiese conquistar aquel estado y hacer guerra en Lombardía. Pero todas estas pláticas se atajaron con la tregua que los embajadores Gralla y Antonio Augustino asentaron en Francia por espacio de tres años, en que se comprehendia el reino de Nápoles. Juróla el rey Católico en la Mejorada, do estaba por fin de enero.

Asentóse, entre otras cosas, que la dicha tregua se pre

gonase en Nápoles á los 25 de febrero; no se hizo em

pero á causa que el Gran Capitan quiso se notificase

primero á los que quedaban rebeldes. El príncipe de

Rosano no la quiso aceptar; antes porque el comendador Solís, sabido el asiento, aflojó en el cerco de Ro

sano, él se fué con su gente á poner sobre Cherintia, en que hizo daños y robos. Luis de Arsi, sin embargo que aceptó la tregua, robó los ganados de Andria y Barleta y tomó los prisioneros que pudo. Pretendian los nuestros que conforme á las capitulaciones de la tregua se podia tomar emienda de los barones que de nuevo hiciesen algun exceso; así, apretaron al uno y al otro y tomaron á Venosa con su castillo con facilidad á causa que Luis de Arsiles dejó poco recado cuando pocos dias antes determinó retirarse á Trani y de allí por mará Francia; lo cual hizo con sus soldados, banderas tendidas y á son de sus cajas y pífanos para muestra de braveza. Quedaban con esto por Francia solos seis pueblos en aquel reino, todos apartados de la marina. El rey de Francia pretendia que todo lo que tomaron los españoles despues del dia señalado para pregonar la tregua se debia volver como lugares mal ganados, y sospechaba que la dilacion del pregon se hiciera con malicia, y que no era razon les valiese; en conclusion, se tenia por cosa cierta que en todas maneras no guardaria la tregua, y que solo pretendia entretenerá los contrarios para tomallos desapercebidos. Todo se podia muy bien presumir á causa que al mismo tiempo que se tomó aquel concierto nombró por su general en Italia á Juan Jacobo Trivulcio, persona que ninguna cosa menos deseaba que la concordia. Esperábanse cinco mil suizos y quinientas lanzas que traian de Francia el de Aubeni y el de Alegre. El marqués de Mantua y el duque de Ferrara alistaban toda la gente italiana que podian. El Gran Capitan en esta sazon se hallaba muy aquejado de una dolencia que le puso á punto de muerte. Con esto y con la nueva que se tornó á divulgar de la restitucion del rey don Fadrique, y aun se decia que el Papa pretendia viniese por general del campo francés, se dió ocasion á largos discursos en materia de estado y revoluciones; y brotaron no pocos disgustos que muchos tenian contra el Gran Capitan en sus pechos cubiertos, particularmente los coloneses se dejaron decir palabras y razones descompuestas; pero todo se sosegó ó reprimió con la mejoría que tuvo el Gran Capitan, con que atendió luego á hacer todas las provisiones que pudo y le parecieron necesarias para la guerra, que á juicio de todos muy brava amenazaba á aquel reino, donde, y por toda Italia y España se padeció grande hambre; y á 5 de abril, que fué viérnes Santo, hobo en Castilla y Andalucía grandes temblores de tierra, que hicieron notable estrago en los edificios; la mayor fuerza destos daños cargó en algunos pueblos que están ribera de Guadalquivir. De Lisboa partió para la India con una gruesa armada Lope Suarez Alvarenga para llevar adelante aquella navegacion y trato. Este mismo año el rey Católico hizo su mayordomo mayor á don Bernardo de Sandoval y Rojas, marqués de Denia, en lugar de don Enrique, tio que era del mismo Rey, y suegro del Marqués, donde por cuanto diversas veces se hace mencion de los señores desta casa, será bien poner en este lugar su descendencia, cuyo principio tomarémos, no desde los tiempos muy antiguos, sino desde algunos años y no pocos antes deste en que vamos. Fernan Gutierrez de Sandoval, que dicen fué comendador mayor de Castilla, casó con doña Inés de Rojas, hermana de don Sancho de Rojas, arzobispo de Toledo. Deste matrimonio nació don Diego Gomez de Sandoval, primer conde de Castro y adelantado mayor de Castilla, caballero muy conocido por su valor y tambien por sus desgracias. Casó con doña Beatriz de Avellaneda; sus hijos don Fernando, don Diego, don Pedro, don Juan, doña María, doña Inés. Don Fernando, el mayor de sus hermanos y la cepa de su casa, casó con doña Juana Manrique, de la casa de los condes de Treviño, de do vienen los duques de Najara. Deste matrimonio nació don Diego Gomez de Sandoval, á quien el rey don Fernando dió título de marqués de Denia, estado que ya antes poseian sus antepasados. Casó con doña Catalina de Mendoza, de la casa de Tendilla y de Mondéjar; sus hijos don Bernardo, el que se dijo fué mayordomo del dicho rey don Fernando, en que sirvió hasta la muerte del mismo Rey, y aun adelante lo fué en Tordesillas de la reina doña Juana. Sus hermanas doña Elvira y doña Madalena. Casó el dicho don Bernardo con doña Francisca Enriquez; sus hijos don Luis, don Enrique, don Diego, don Fernando, y seis hijas. Demás destos tuvo fuera de matrimonio en una vizcaína, natural de Fuente-Rabía, donde alguntiempo residió el dicho Marqués, á don Cristóbal de Rojas y Sandoval, que por sus partes fué y murió arzobispo de Sevilla. Hijo de don Luis, hijo mayor del marqués don Bernardo, fué don Francisco, conde de Lerma, que murió en vida de su padre; pero dejó á don Francisco Gomez de Sandoval, hoy duque de Lerma y cardenal de Roma, de quien se hablará en otro lugar. Don Fernando, el menor de los hijos del dicho Marqués, tuvo muy noble generacion, muchos hijos; entre los demás á don Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal y arzobispo benemérito de Toledo. Débele mucho su iglesia y su dignidad por la restitucion que le hizo del adelantamiento de Cazorla á cabo de tantos años.

CAPITULO VIII. Que el duque Valentin fué preso y enviado á España.

Tenian los venecianos diversas ciudades de la R0maña, de que se apoderaron luego que murió el papa Alejandro, y aspiraban á las demás. El duque Valentin, como quier que se viese desamparado del favor de la Sede Apostólica y no tuviese bastantes fuerzas para resistir á venecianos, contrató con el papa Julio que le entregaria las fuerzas que se tenian por él. Hizose el asiento, y con este intento enviaron de comun acuerdo á Pedro de Oviedo, cubiculario que era del Papa, y que fuera ministro del Duque, con los contraseños para que aquellas fuerzas se le entregasen. El Duque era muy vario. Arrepintióse luego de lo concertado, y con trato doble escribió al alcaide que tenia en Cesena, que se llamaba Diego de Quiñones, que prendiese á Oviedo

y le ahorcase. Hízolo así. El Papa tuvo esto por gran desacato, como lo era. Mandó detener al Duque en palacio hasta que con efecto se entregasen aquellas fuerzas, en especial las de Cesena, Forli y Bertinoro. Movióse de nuevo aquella plática, y el Papa ofreció de poner en libertad la persona del Duque luego que aquellas plazas se entregasen á sus nuncios. Entre tanto que esto se cumplia, acordaron estuviese detenido en Ostia en poder del cardenal don Bernardino de Carvajal. El mismo Duque pidió que así se hiciese, ca no se aseguraba en otra parte ni poder por los muchos y poderosos enemigos que tenia, que eran los principales Guido de Montefeltro, duque de Urbino, y el Prefecto, sobrino del Papa. Concertóse que el Papa, entregadas las fuerzas, le diese dos galeras para pasarse á Francia, y caso que no se entregasen, la persona del Duque se restituyese en poder del Papa. El Gran Capitan, luego que supo estos conciertos, envió á Ostia á Lezcano para que tratase con el Cardenal y le advirtiese que seria de grande importancia si pudiese persuadir al Duque se fuese á Nápoles, por excusar que aquel tizon no pasase á otra parte, de do hiciese mas daño, que á la verdad el duque Valentin tenia mejor que nadie entendidos y calados los humores de Italia; era temido do todos, y muy estimado de la gente de guerra, en especial de los mas atrevidos y arriscados. Ofreció el Cardenal de hacer sus diligencias. Con tanto Lezcano le entregó un salvoconducto que traia para el efecto del Gran Capitan. En este medio Cesena y Bertinoro se entregaron sin dificultad. El alcaide de Forli, que se llamaba Gonzalo de Mirafuentes, y era de nacion navarro, no quiso entregar aquel castillo si no le contaban quince mil ducados. El Duque, por verse libre, especial que supo trataban sus enemigos de matalle, libró en Venecia aquella suma de dineros. Con tanto, el Cardenal le puso en su libertad, y él á su persuasion, dejado el camino de Francia, se fué á Nápoles y se puso en poder del Gran Capitan. Recibióle él muy bien y regalóle. Sin embargo, como era bullicioso y inquieto y tenia tanto crédito con la gente de guerra, luego que llegóá Nápoles, trató de enviar gente y dinero para defender el castillo de Forli, que aun no estaba entregado. Tramaba otrosí en un mismo tiempo por diversos caminos de apoderarse de Pomblin y de Perosa y aun de Pisa, dado que estaba en la proteccion del rey Católico, y de Nápoles para su defensa se le enviaria gente de ápié y de á caballo. Comenzó asimismo á sonsacar las compañías de alemanes y españoles que residian en el reino de Nápoles, con muchos

ventajas que les ofrecia. Supo el Gran Capitan estas

tramas; hizo las prevenciones necesarias para que no

fuesen adelante y atajar aquel mal. El Duque mandó

poner caballos en sus parajes para salirse del reino por

la posta muy arrepentido de aquella resolucion que

tomó de irá Nápoles, principalmente cuando supo que

dos dias despues de su partida de Ostia llegóá Roma

el marqués del Final con órden que traia de atraelle al

servicio del rey de Francia, y para esto ofrecelle par

tidos muy honrosos y aventajados. Para atajar todos

estos deseños, que podian acarrear nuevos daños, el

Gran Capitan mandó detener la persona del Duque en

Castelnovo, do estuvo á buen recaudo algun tiempo, sibien el Papa pretendia que se volviese á poner en la prision de Ostia ó en su poder, con color que el castillo de Forli no se entregaba como quedó concertado. Pero el Gran Capitan obró tanto, que para contentar al Papa alcanzó del Duque con buenas palabras que con efecto hiciese entregar aquella fuerza. Para ejecutallo enviaron un camarero del Duque, llamado Artes, y don Juan de Cardona, enderezados al embajador Francisco de Rojas para que siguiesen su órden. Finalmente, aquella fuerza, bien que con alguna dilacion, se entregó al Papa. Poco tiempo adelante el Gran Capitan acordó que don Antonio de Cardona y Lezcano llevasen al duque Valentin á España por quitarse de cuidado, y excusar las novedades que por su ocasion se pudieran intentar en Italia. De la prision del Duque y de envialle á España se dijeron muchas cosas; los mas cargaban la fe y palabra del Gran Capitan, y aun el rey Católico al principio estuvo muy dudoso, y le pesó que se hobiese empeñado en negocio semejante. L0s daños que pudieran resultar, si el Duque estuviera en libertad, fueran notables; por esto mas quiso el Gran Capitan, como tan prudente que era, tener cuenta con lo que convenia para el bien comun, sin hacelle agravio, que con su fama ni con lo que las gentes podian imaginar ni decir. Resolucion que los grandes príncipes deben tener en sus pechos muy asentada, obrar lo que conviene y es justo, sin mirar mucho á la fama y qué dirán. Mucho sintió el rey de Francia la prision del Duque por la falta que hacia en sus cosas; y luego que le avisaron de su ida á España, dijo: De aquí adelante la palabra de españoles y la fe cartaginesa podrán correrá las parejas, pues son del todo semejables. Tratábase en esta sazon por el rey y reina de Navarra con una solemne embajada que sobre ello enviaron á Castilla que Enrique de Labrit, su hijo, príncipe de Viana, casase con doña Isabel, hija segunda del Archiduque. Los Reyes Católicos dieron oidos al principio de buena gana á esta demanda; y parecia medio convemiente para asegurarse de aquella parte de Navarra que tanto cuidado les daba; tanto mas, que poco despues falleció en Medina del Campo doña Madalena, infanta de Navarra, puesta como en rehenes de las alianzas que los años pasados concertaron entre sí los reyes de Castilla y los de Navarra. Don Juan Manuel, embajador del rey Católico acerca del Emperador, por mandado del Archiduque y por su órden vino á Flándes. Adelante tuvo con aquel Príncipe gran cabida, y de presente se ordenó que todos los negocios de Espala se le comunicasen; acuerdo que dió mas contento al Emperador, que pensaba por su medio componer algunas diferencias que con su hijo tenia, que al rey Católico, que pretendia viniese don Cárlos, su nieto, á España por muchas razones y convenientes que para ello representaba. El César y su hijo entretenian su Venida por el deseo que tenian que se efectuase el caomiento con Claudia, hija del Francés, de antes tan rotado, por parecelles este camino el mejor para comPoner todas las diferencias que entre España, Francia Yoorgoña andaban. Demás que el rey de Francia ofreolo que los estados de Orliens, Bretaña, Milan y Bor

goña los jurarian como legítimos sucesores, y para seguridad de todo ofrecia las prendas que pareciesen necesarias. La Reina, madre de la novia, mas se inclinaba á que casase con Francisco Valoes, duque de Angulema, que sucedia en aquel reino; y ningun medio bastaba para asegurar bastantemente que hobiese de permitir, hecho rey, se desmembrasen de aquella corona tantos y tales estados, si no era que desde luego se entregasen en poder de los desposados, de que no se podia tratar.

CAPITULO IX. 0ue los poderes del Gran Capitan se reformarón.

En medio de tanta prosperidad y honra como el Gran Capitan tenia ganada, no le faltaron sus azares y borrascas, por ser cosa natural que tras la bonanza se siga la tempestad, y muy ordinario que los particulares armen lazos de calumnias y de envidia á los que les van delante, y que los príncipes paguen con ingratitud los servicios de los hombres valerosos, especial cuando son tan grandes que apenas se pueden bastantemente recompensar. Míranlos como deudas pesadas, y huelgan de hallar ocasion para alzarse con la paga. No era posible satisfacer á todos los que en aquella guerra sirvieron, especialmente que cada cual se adelanta y engaña en estimar sus cosas y servicios mas de lo que son. Estos formaron grandes quejas contra el Gran Capitan, y por ellas acudieron al rey Católico, quien con sus personas, quién por memoriales que enviaron á España, que hallaron mas entrada de la que fuera por ventura razon. Los capítulos que le pusieron fueron muchos, los mas notables eran: lo primero que ayudó al cardenal Julian de la Rovere para que saliese con el pontificado, por lo menos que tuvo noticia que se trataba por cartas que se tomaron y por una firma en blanco que el dicho Cardenal le envió con grandes promesas de acudir al servicio del rey Católico, y en particular del interese de su persona, que le prometia muy grande si salia con su pretension. La verdad en esto era que él pretendió saliese papa el cardenal don Bernardino de Carvajal, y el embajador Francisco de Rojas el de Nápoles, que era no menos francés que el de la Rovere, porque le prometió, segun se dijo, de dalle el capelo. Como no salió el uno ni el otro, sino el que menos era á propósito para las cosas de España, tuvieron ocasion los maliciosos de cargar al que por ventura no tuvo parte alguna en aquella eleccion. El segundo cargo era que la gente de guerra hacia muchos desafueros y que no eran castigados, por donde la nacion española era muy aborrecida en aquel reino, de que se podia temer algun desman. Respondia el Gran Capitan: Que él no podia alabar aquella gente de religiosos, pues los mas eran tales, que por sus delitos no los podian sufrir en España, y les fué forzado desembarazalla; todavía que la principal causa de sus desórdenes era no tenellos pagados, y que antes era maravilla cómo en tantos trabajos, hambre y desnudez estuvieron tan obedientes, en particular en el Garellano y sobre Gaeta, sazon en que llegaron á debérseles catorce pagas, sin que ningun motin se levantase; sin embargo, que si hacian algun desafuero eran casti

gados, sin permitir algun insulto que no llevase su pa- | de la justicia queria se redujese á los términos que solia go; que acudir a todo en tiempo de guerra era imposi- tener, y que Juan Bautista Espinelo no usase del oficio ble, y mas enfrenar las lenguas de tanta diversidad de de conservador por ser aquel nombre muy odiado en gentes. Cargábanle en tercer lugar que se tenia poca aquel reino. Finalmente, que se abstuviese de entremecuenta con la hacienda del Rey, y que por poco recado | terse en otras cosas sino en aquellas que tocaban al carse desperdiciaban y robaban grandes sumas de dineros, go de virey. Esto postrero sintió mucho el Gran Capipues ni las rentas reales, que eran muy gruesas en aquel tan, que al que conquistó aquel reino con tanta repureino, ni las confiscaciones, que eran muchas y grandes, tacion y gloria de España redujesen á las reformacion y todas aplicadas para los gastos de la guerra, no bas- nes y ordenanzas ordinarias y que atasen las manos al taban para pagar á la gente ; sobre todo, le cargaban que con tanta fatiga les ganó victorias tan señaladas. que no se hallaba cuenta del dinero que se le remitió de Agravióse otrosí grandemente que la tenencia de CasEspaña. Mas esta culpa era de Francisco Sanchez, des- telnovo, que él tenia dada á Nuño de Ocampo, se manpensero mayor del Rey, y de otros oficiales en cuyo po- dase dar á Luis Peijo sin dalle parte dello, que fué noder entraba el dinero y por cuya mano se gastaba. Las vedad y disfavor notable. Tratábase en Francia de murentas reales de Nápoles en limpio no pasaban de cua- dar la tregua en paces. Tornóse otrosí a mover plática trocientos y cincuenta mil ducados, y en solas las pagas de la restitucion del rey don Fadrique, á que mas se de la gente se gastaron en un año pasados de ochocien- inclinaba el rey Católico; pero á tal que el duque de tos mil ducados. De las confiscaciones no se pudo sa- Calabria casase con su sobrina doña Juana, la reina de car tanto dinero á causa de las gratificaciones y merce Nápoles. El Francés queria que si este medio de la res. des que forzosamente se hicieron á tanta gente princi- titucion se tomaba, el Duque casase con Germana de pal como sirvió en aquella guerra. De que resultaba | Fox, su sobrina, dado que le parecia mejor se volviese á otro cargo con el Gran Capitan, y el mayor de todos y lo del matrimonio de don Cárlos, hijo del Archiduque, que mas se sentia, es á saber, que repartia pueblos y es- con Claudia, su hija. Sobre todo hacia mucha fuerza en tados y tenencias como si en efecto fuera dueño de to- que los españoles saliesen de Nápoles y el reino se pudo; que enviaba al Papa suplicaciones para proveer las siese en tercería y en poder del Archiduque. En estos iglesias á quien le parecia; cosas que todas pertenecian | tratados se gastaron algunos meses. El de Francia queal Principe, y no al que tenia su lugar. Por otra parte, ria dejar aquellas diferencias en manos del Papa. El decian no ejecutaba las mercedes que el Rey hacia, co- rey Católico veuia en que con el Papa juntasen el colemo a Juan Claver, que no le dejaba tomar posesion del gio de los cardenales. En fin, en ningun medio se conestado de Alonso de Sanseverino, de que el Rey le hizo formaban, ¿mas cómo podian? La mayor dificultad gracia. Lo mismo en otros órdenes particulares que se que se ofrecia para tomar cualquiera destos medios era le enviaban no los obedecia ui ejecutaba. Que si las la restitucion que se habia de hacer á los angevinos, ca cosas no daban lugar á ello, por lo menos debiera dar el rey de Francia por escritura pública que otorgó á los cuenta y razon de las causas y motivos que para suspen- príncipes de Salerno , Bisiñano y Melli, cuando vencidellos tenia. La verdad era que en esto pudo tener al- dos y despojados vinieron á su corte, se obligó que no gun descuido el Gran Capitan, y como su buen pecho y , se harian paces con España en ningun tiempo sin que mucha lealtad le aseguraba , por ventura se extendió primero les fuesen vueltos sus estados. Anduvieron demas de lo que la malicia de los tiempos sufria y la con- mandas y respuestas. Por conclusion, como quier que dicion de los principes, que quieren se cumpla entera- no se hacia nada en aquello, y por otra parte llegó nuemente su voluntad y que se les dé cuenta de todo ; en va que Pisa tenia alzadas banderas por España, indigfin, no hay hombre que no tenga faltas. Estos capítulos nado el rey de Francia desto, mandó despedir de su encarecieron mucho los coloneses, y en particular Prós-corte á los embajadores Gralla y Antonio Augustin

. Vipero Colona, que se partió para España con intento de sitaron ellos á la Reina y al Legado; otro dia con el reg quejarse al Rey de los agravios que pretendia recibió y don Fadrique pasaron muchas razones en que le asealcanzar que se mudase el gobierno por razones que re guraron de la buena voluntad que el rey Católico tenia presentaba para que se enviase otro en lugar del Gran á sus cosas; que por lo que pasaba podia entender quién Capitan. Lo que mas sentia era que Bartolomé de Al era la causa y por quién quedaba que no volviese á su biano tuviese mejor conducta que él ni su primo Fabri- reino. Hecho esto, se salieron de aquella corte á los 26 de cio Colona y que se le hiciesen mas ventajas. El Gran agosto camino de España. Capitan en esto aconsejaba al Rey que enviase contento á Próspero cuando volviese, mas que fuese sin agravio

CAPITULO X. de los Ursinos, por lo mucho que importaba conservar en su servicio aquellas dos casas. En suma, las quejas

De una liga que se hizo contra venecianos. contra el Gran Capitan menudeaban. Pasaron tan ade Una de las principales causas por que de Francia fuelante, que el Rey se determinó envialle un caballero, ron despedidos los embajadores del rey Católico era criado de la Reina, llamado Alonso Deza, para avisalle porque no impidiesen la concordia que se trataba muy de todos estos cargos que le hacian, encargalle y man de veras de asentar entre el César y el Archiduque, su dalle que en adelante se proveyese que la hacienda real hijo, con el rey de Francia. Del cual intento fué basfuese bien administrada , la gente de guerra reprimida, tante indicio que pocos dias despues de su partida se que mandaba sacar en buena parte para servirse della juntaron en Bles los embajadores de los dos principes en la guerra de Africa que pensaba hacer. La ejecucion i padre y hijo, y á los 22 de setiembre concertaron en su

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